¿Y si hacemos algo por el Ártico?, antes de que desaparezca.

Publicado el

Se dice que el griego Piteas se atribuía haber llegado a zonas que podían ser las costas noruegas hace unos 300 y pico años a.C., acaso los vikingos también lo visitaron pronto.  O, puestos a fantasear, el Capitán Trueno, un aventurero español que tuvo gran difusión entre mediados de la década del 50 y la siguiente del siglo pasado. Ese personaje de finales del siglo XII nos llevaba hacia Thule, Groenlandia, en donde reinaba su novia Sigrid.

Otros muchos viajaron hacia la zona ártica. El Renacimiento impulsó expediciones que ideaban otras rutas para buscar comercio o lo que fuese; el flujo expedicionario siguió durante muchos años, en especial a lo largo del siglo XIX . Sin duda en esos viajes se inspiraría Julio Verne para escribir Las aventuras del Capitán Hatteras, que fue publicado hacia 1866. Después, otros se empeñaron en llegar al Polo Norte, unas veces con intereses científicos y otras más aventureros. ¡Vaya usted a saber quién fue el primero en llegar! Hay un libro La batalla por el Polo Norte que trata de las peleas de Peary con Cook, de nombre Frederick A. Incluso Georges Méliès, el gran impulsor de la cinematografía, realizó un cortometraje mudo en 1912 sobre el asunto À la conquête du Pôle. Hace un par de años se estrenó la película Artic, una semblanza de la difícil vida que ese entorno plantea a un hombre solitario.

El Ártico ejerce una gran atracción. Pero no todo es belleza allí: El Ártico se derrite, de ahí los temores de mucha gente por si le sucede algo. A eso íbamos. Esa es la principal señal que queremos lanzar desde aquí. Sin ir más lejos, el pasado 15 de septiembre el hielo ártico alcanzó su mínima extensión de este año, como certifica la NOAA (National Oceanic and Atmospheric Administration) estadounidense. Supone el segundo valor más bajo desde que existen registros; solo fue menor en 2012. Allí se sienten con especial crudeza los efectos del cambio climático. El grandioso Ártico se merece un compromiso colectivo, aunque solamente fuera por el egoísmo antropocéntrico que nos mueve la mayor parte de las veces . O también para ayudar a quienes sufren de cerca su pérdida, sean seres vivos de cualquier especie, incluidos los lapones o inuit.

El Ártico, tan lejos y a la vez tan cerca. Sus dolencias alterarán su antigua e idílica semblanza; casi al momento nos llegarán a nosotros. ¡Qué pena! Hace unos años, Bendt, un inuit que hizo de guía en una expedición de Greenpeace por Groenlandia expresaba sus temores diciendo que “como el Ártico se deshiele tendrán que aprender a nadar en el resto del mundo”. No especificó si eso lo temía para el año 2030, antes o después. Pero ahí queda.

  • Resumen de un artículo publicado en el blog La Cima 2030 de 20minutos.es

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Ecos de Celtiberia