Hasta la arena quiere ir al Himalaya

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No es un asunto baladí, ni un chiste malo. La realidad es que el polvo que viaja con el aire ventoso y recorre largas distancias acaba posándose allá donde la física le manda. Ya se sabía que ciertas partículas contaminantes que la combustión genera ennegrecían la nieve y los hielos y alteraban el efecto albedo (manera de reflejar la radiación solar). Era de todos conocido que las tierras amazónicas proceden en buena parte de los desiertos africanos, llevadas allí por los vientos que van de este a oeste por el Atlántico. Pero a veces los vientos cambian de dirección.

Los vientos primaverales que circulan en sentido contrario llevan el polvo desértico -sahariano pero también arábigo y del enorme desierto indio del Thar- hasta el Himalaya, el Karakórum o el Hindú Kush (HKH); sube más allá de los 3.000 metros, altura a la que llegan las emisiones antrópicas. El hecho de que el polvo desértico se acumule en las nieves de las citadas montañas reduce el albedo de estas masas heladas, que se calientan y se deshielan. Si a esto unimos los estragos del cambio climático, tenemos recorridas varias fases de la tragedia que por aquellos lugares ha escrito ya bastantes páginas. Si desean ampliar la información solamente tienen que visitar el estudio publicado en Nature Climate Change.

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