«Enmascarillarse» ante el móvil

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La palabra entrecomillada es fea de narices; de eso va este artículo: de narices, bocas y manos. No para hablar de ellas sino para protegerlas de la hipotética transmisión del maldito coronavirus que nos persigue. Viene todo esto a cuento de una duda, todo lo que rodea a la pandemia lo es, no satisfecha del todo: ¿Cuánto y cómo actúa el móvil de vehículo de transmisión del coronavirus?

A decir verdad, hay artículos que hablan de que sí mientras que otros callan sobre el asunto. Una hipótesis sensata, pendiente de confirmar, defiende que hagamos un precavido uso de los dispositivos terminales si queremos protegernos de la llegada del virus. En demasiadas ocasiones, el móvil se pone en contacto con manos, cara y boca. La mascarilla que debía protegernos puede no cumplir su función si nos la quitamos para hablar con el móvil, si este reposa en una superficie potencialmente no limpia, si la conversación con el móvil nos aísla tanto del mundo próximo que no reparamos en la llegada de potenciales transmisores o conductas adecuadas. No queda otra que «enmascarillarse» más y mejor.

De esta hipótesis se habla mucho más en «Mi estimado y ahora antipatizado móvil pandémico» de 20minutos.es.

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