Verkhoyansk en la memoria meteorológica, para recordarnos el presente climático

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En los inviernos fríos de la estepa, cuando las temperaturas podían alcanzar alguna noche los 10 grados bajo cero, aquel estudiante adolescente que esto escribe recuerda el pueblo de la URSS, muy cerca del Círculo Polar Ártico, donde el 7 de febrero de 1892 se había alcanzado la mínima temperatura registrada en todo el mundo: -70 ºC. Cualquiera puede entender el asombro de la gente de entonces -a pesar de conocer que Siberia era una tierra helada- que este dato generaba. La incredulidad mostrada por los mayores de mi pueblo era total, pues más de uno recordaba inviernos extremos en la estepa monegrina en donde soportaron aquel gélido inicio de febrero de 1956, pero con temperaturas distantes a ese cifra. Lógico, dado que sus escasos termómetros no estaban preparados para registrar esos valores. Ni siquiera servía mostrar en el atlas la situación de la mencionada localidad en el norte polar, encontrarla en la bola del mundo que había en la escuela, lo cual hablaría de su importancia.

El presente climático nos sorprende mucho más que el pasado. Dicen las noticias que el 20 de junio de 2020 se alcanzaron en esa pequeña localidad rusa los 38 ºC, cuando por allí apenas se rebasaban en verano los 15 ºC. Al margen del hito de la temperatura alcanzada, lo preocupante es que los veranos duran cada vez más y con valores más altos, como sucede en toda la Europa septentrional. Esta tendencia, mantenida desde hace unos años, nos alerta de los riesgos añadidos al cambio climático en forma de emergencia global. El suelo helado ha perdido su albedo, ya no refleja la luz que le llega y la mayor parte se convierte en calor del suelo y atmosférico; con él viene la rápida descongelación del permafrots, su debilitamiento permanente en muchos lugares, y la liberación del metano escondido en el suelo; se ponen en marcha varias espoletas del cambio climático que tienen repercusiones muy serias en la dinámica atmosférica global.

Verkhoyansk en el memoria y en el presente, que ya es futuro; un aviso para los incrédulos.

NOTA:
En realidad, en Oymyakon, también en la Siberia recóndita, se registraron -71,2 C el 16 de enero de 2018, lo que la convertiría en el récord en un lugar habitado. No nos sirven los -89,2 C medidos en la base rusa Vostok de la Antártida oriental.

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