Del estado de alarma al escaparate de la vulnerabilidad

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Llegó el verano astronómico y trajo muchos cambios. Con él abandonamos en España el estado de alarma, en Europa se abren fronteras, pero no por eso abandonamos nuestros temores, nos sentimos vulnerables. El verano invita al jolgorio, pero en este hay menos cosas que celebrar. No sabemos cómo será cada día, ni si habremos de cortar una parte de nuestros deseos de expansión, después de tanto tiempo confinados. Acaso nos llegará algún otro susto. Parece que el verano ha venido para acabar con la larga monotonía del pasado reciente; ya podemos viajar y recuperar afectos perdidos, disfrutar de expansiones varias.

Cada día que pase nos acercará al futuro, cada día pasado nos enseñó cosas si quisimos aprender. Nos habremos dicho que lo de hoy no daría lo mismo mañana pues teníamos la voluntad de aprender. En este verano atípico, temeroso del otoño e invierno futuros, cada día nuevo nos recordará en su escaparate social que cerca o lejos, ayer o antes, pasó algo relacionado con la fragilidad de la especie reinante del mundo, o con la vulnerabilidad de una parte de sus miembros. Ambas propiedades de uno o muchos se usan indistintamente, será porque cada día marcan la existencia colectiva, pero ahí están expuestas para quien las quiera ver.

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