Héroes educativos en las ondas; merecen un aplauso unánime

Estamos en España, uno de los países más castigados por el COVID-19.

Cerraron las escuelas y universidades. La educación formal (en todas sus etapas) entró en un receso. Cayeron principios básicos que antes fundamentaban los aprendizajes: la relación personal y el aprendizaje en grupo. El tamaño de la tarea de sustitución entrañaba múltiples dificultades. Las autoridades educativas apelaron a las ondas para hacer llegar los mensajes al alumnado de todos los niveles. El profesorado se vio inmerso en unos quehaceres para los que no estaba totalmente preparado, o no en la dimensión que se le exigía. Hizo un enorme esfuerzo por enviar reclamos educativos para el alumnado interconectado, no siempre en el formato aconsejado pero la cuestión admite disculpas. Una parte diseñó actividades diferentes a las que se realizaban de forma presencial, más atractivas y en formatos diversos. Otra parte se decantó por mandar trabajos sobre lo tradicional, en formato cansino. Pero las autoridades y el alumnado les exigían corrección rápida de lo propuesto, ahí estuvo un trabajo extra que los mantuvo al borde del enfado. Las cadenas televisivas y plataformas diversas inundaron las ondas de tareas y entretenimientos, un buen ensayo ante otros episodios de estilo parecido. Es pronto para enjuiciar la calidad de la respuesta al cierre de las aulas. ¿Qué parámetros objetivos se podrían emplear para ello cuando nada estaba previsto? Pero después hay que hablar del asunto.

Tras el receso toca evaluar: qué y cómo, para qué y a quién. Algunas autoridades, empeñadas en que la nota al alumnado es lo único que importa, quieren mantener el sistema clásico, como si existiera una obligatoriedad de aparentar que nada ha sucedido; corren el riesgo de verse ofuscadas por la razón, pero dudamos que esta se pueda concretar ahora, mucho menos que sea pedagógica. Harían mejor en atender qué ha supuesto el tránsito arrasador desde el libro de texto a lo digital, multiforme y más disperso, variablemente útil y entretenido, pero siempre limitado por la inconcreción de objetivos. 

El profesorado y el alumnado (desde Infantil hasta la Universidad) merecen ser añadidos a esos que se llama héroes frente a la pandemia. No les llegan aplausos. ¡Qué pena!, con lo bien que les hubieran venido para incentivarlos. A partir de ayer los pequeños pudieron salir al recreo, pasear por el mundo exterior sin dejar en casa el temor; pesada carga. ¿hasta dónde llegaremos en esta carrera? Nadie lo sabe. No será el fin de la escuela física, pero sí puede ayudarnos a un cambio de ciclo, a revisar qué es importante aprender y cómo, si las TIC estaban engrasadas. Para que esta emergencia no recidive, ni cambie de cepa, hace falta una seria reflexión sobre lo acontecido.