Reflexivas condolencias de la Madre Tierra

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Hoy era su día, pero seguramente pasará desapercibido en todo el mundo, ocupado en la lucha contra la pandemia vírica. Se me ocurre imaginar los mensajes que nos enviaría para reconfortarnos y a la vez ponernos sobre aviso de nuevos peligros.

Querría negarlo, pero se ve en un mundo de soledad. Apenas escucha sonidos fuera de las ciudades. Ve menos luces en la noche pero siguen luciendo; por eso está segura de que nos encontramos ahí. De hecho, desde su marcado periplo de traslación y rotación, cada día ve más estrellas que pueden guiarnos, antes ocultas tras el aire contaminado. Recuerda, sin resquemor, el pasado compartido con la gente; incluso parece que lo escucha y quiere entender no se qué del futuro. Seguro que le gustaría adentrarse en la mente de los humanos para advertirles que se enfrentan al mayor desafío desde hace muchas generaciones, que a la vez les permitirá entrenarse para el futuro, que no tardará en llegar pues las frecuencia se van a reducir; al menos eso ha escuchado decir a los científicos que la auscultan.

Aprovecharía para ofrecernos su sentido deseo de reconciliación, alertándonos de que nunca debemos separar los caminos tal cual sucedía hasta anteayer. A pesar de que la han acusado de haber liberado el maldito virus que ahora nos mantiene atrapados. Incluso sabedora de que algunos malpensados han entendido la pandemia como una venganza de la Madre Tierra; una madre nunca actúa así. Para quienes lo quieran entender, explica que tenía retenido a este coronavirus, como a otros muchos, en sus ecosistémico mundo, pero la gente empezó a darle dentelladas, abrir trozas y de allí partieron sus bichos que ahora atacan a una parte, sufridora, del conjunto humano que bien podría calificarse como especulador.

Por experiencia sabe que  el futuro es distópico, siempre la entropía ha tenido sus caprichos. Por eso, lanza un entrañable aviso: Aislarse de la Madre Tierra es una aventura de alto riesgo. A la vez nos pide que celebremos su día o mejor una semana, una vez que el agobio pandémico nos deje pensar, pues hay suficientes motivos  para la reflexión terrícola y social, aunque haya transcurrido mucho tiempo desde este 22 de abril de 2020.

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