Trampantojos de la vida para disimular lo que parece que no es

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La pandemia actual nos ha pillado descolocados. Son pocos quienes entienden la vida de hoy que es mañana. Se ha escrito mucho sobre el asunto, quizás como una manera de desvelar las dudas porque certezas no parece que haya muchas. Bueno, sí, las lanzan los acérrimos que detonan explosivos contra todo que no sea ellos mismos. La realidad es que nada de lo que pasa parecería real hace unos meses; acaso es un sueño. No faltan quienes se preguntan si estos apocalipsis no formarán parte del curso real de la historia futura. Lo que sí parece cierto es que se ha extendido entre mucha gente una sensación de fragilidad, propia y compartida.

Acaso sea cierto. “En lo más profundo de sí mismo, Tsukuru Tazaki lo comprendió: los corazones humanos no se unen sólo mediante la armonía. Se unen, más bien, herida con herida. Dolor con dolor. Fragilidad con fragilidad. No existe silencio sin un grito desgarrador, no existe perdón sin que se derrame sangre, no existe aceptación sin pasar por un intenso sentimiento de pérdida. Ésos son los cimientos de la verdadera armonía.“, dice una secuencia novelada Los años de peregrinación de un chico sin color de Haruki Murakami. O será aquello que el mismo autor dice “el destino siempre se lleva su parte y no se retira hasta obtener lo que le corresponde”, Crónica del pájaro que da la vuelta al mundo.

Hay quien sugiere que el trampantojo nos los presentó el progreso, PIB o como se llame, que logró hasta la deshumanización de la vida. Se engrandeció en todos los ámbitos, cargado de ironías y privilegios. No faltan voces autorizadas que afirman que es reversible pues la pandemia nos ha servido para darnos cuenta de que el aumento ilimitado del “nivel de vida”, con parámetros engañosos y escenarios multiplicadores diferentes, cada vez tiene más límites.

El despiste es global, muchas vidas escondidas en imágenes similares o diferenciadas. Por ellas circula la autonomía personal, inestable pues en ella convive el deseo de seguridad propio con la sensación de mayor o menor pertenencia a un grupo concreto, a un colectivo que va desde la comunidad de vecinos hasta el mundo.  La salvación vista como una epopeya.

Habremos de ser capaces de reconocer las debilidades y fortalezas de estas imperfectas sociedades; solo así se podrán concertar y universalizar sus valores más esenciales.

 

Un comentario sobre “Trampantojos de la vida para disimular lo que parece que no es

    Jlc dijo:
    16/04/2020 at 12:39

    Triste en su justa medida,pero hermoso y verdadero.

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