La brecha de género en educación todavía no tiene fecha de caducidad

Los países más pobres serán aquellos que no consideren que la educación de las niñas es el mejor recurso para la mejora social, también para su economía. No lo decimos nosotros; es una afirmación documentada del informe GEM en su edición “Los diez países más pobres en cuanto a la educación de las niñas”. Recoge la Base de Datos Mundial sobre la Desigualdad en la Educación, WIDE (por sus siglas en inglés), del GEM y el Instituto de Estadística de la UNESCO, que la influencia del género es poderosa, pues su intrínseca importancia se combina con otros factores como la etnia y la ubicación en un territorio o zona urbana determinada. Solamente entre estas premisas, aun hay alguna más que se deja ver en unas zonas y no en otras, desempeñan un papel importante, digamos que trascendental. El mundo será otro dentro de unas décadas, seguro que mucho mejor, si se dan oportunidades de educación a las niñas. Nadie lo dude: cambiarán su vida con respecto a la que tuvieron sus madres y abuelas, con ese bagaje transformarán su sociedad próxima, y a poco que las dejen las de sus países.

Cuesta creer sin sonrojarse algunas afirmaciones del Informe, como esa que asegura que en nueve países del mundo, las niñas más pobres de allí pasan de promedio menos de dos años en la escuela. El asunto no se queda ahí, se lacera con otro tan grave o más: en 10 países, ninguna de las niñas más pobres ha terminado la enseñanza secundaria superior. Seguro que ya se imaginan que casi todos esos lugares se localizan en el África Subsahariana: Burundi, Chad, Costa de Marfil, Guinea, Malí, Senegal, la República Unida de Tanzania y Zimbabwe; los otros dos son Belice y Nepal.

¿Por qué la desgracia se cebó de tal forma en África?