Relanzar la educación obligatoria como operación de alto riesgo

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Otra vez se anuncia una nueva Ley que va a regular la educación obligatoria y post. Otra vez se preparan los contendientes para defender lo suyo, que, por mucho que lo digan, nunca es lo de todos. Una ocasión más en la que se va a perder la oportunidad de hacer renacer la esperanza educativa. Porque sí, enseñantes y no, todos estamos hartos de que se peleen por algo que no es suyo. Nos pertenece porque les pagamos entre todos su puesto de vigías sociales. A los Gobiernos indudablemente, a los políticos también. Para la contienda recuperarán su viejas armas: privilegios, ideologías, fantasías, etc. Se olvidarán de lo básico: hacer más creíble un sistema educativo que busque enseñar a aprender, que saque de la vida los contenidos que se enseñan, que consiga que todos lleguen sin distanciarse demasiado hasta el final, que elimine del quehacer social el llamado fracaso educativo, que elija y forma al mejor profesorado, que se evalúe a sí mismo y no solo al alumnado, que evite de verdad que la segregación social no se transfiera a las aulas como sucede ahora. etc. En fin, se podrían decir tantas cosas. Habrá tiempo. Por cierto, ayer fue presentado por la señora Celaá el proyecto de Ley Orgánica de modificación de la LOE (Lomloe), que acabará, por fin, con la Lomce. No decimos suerte, que sí la deseamos, preferimos reclamar constancia, acuerdos, rigor, cuestionamiento de la distribución curricular, resistencia y escucha al profesorado, que tiene mucho que aportar y nunca es consultado. Lo que en otros países puede resultar fácil aquí es una operación del alto riesgo. Ya verán como enseguida salen los francotiradores a eliminar lo que no les interesa. No lo olviden: la educación es de todos y para todos.

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