Cambio climático

Ecodependientes, para siempre

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La mirada triste, el lamento amargo de quienes lo pierden todo ante un grave episodio natural, ahora mismo en la isla canaria de La Palma  con la erupción del volcán, expresa en cierta manera la ecodependencia que siempre nos acompañará. Un hecho de estos supone una quiebra en el calendario social de quienes se ven más afectados.

A lo largo de este año hemos visto como ardía California y el noroeste de América, Siberia, Brasil, Australia, grandes extensiones aledañas al Mediterráneo. Antes la borrasca Filomena nos hizo tiritar en enero y convulsionó la vida cotidiana, además de producir graves daños. Haití volvió a temblar. Inundaciones en EE.UU., Alemania, China, India, Brasil, etc. Terremotos en América del Sur o Indonesia. Huracanes y ciclones azotan las zonas costeras de todo el mundo. Qué decir de las danas que se acumulan ahora cerca del Mediterráneo con una frecuencia nunca vista. Por ahí se dice que los desastres naturales se han incrementado casi un 50% en los últimos diez años.Todos estos episodios no hacen sino recordarnos una y otra vez que vivimos en un inestable equilibrio. Por fortuna, los sistemas de alerta han logrado salvar muchas vidas.

Pero hay catástrofes silenciosas, que van minando sin llegar a ser percibidas por la población porque no son tumultuosas. Buena parte de estas están incentivadas por la acción humana. Por no hacer prolija la lista nos referiremos solamente a la contaminación del aire. Las concentraciones atmosféricas de GEI han alcanzado récords en 2020 y van camino de superarlos en 2021. Ayer mismo, la OMS lanzaba una alerta mundial sobre la contaminación del aire y revisaba varios parámetros que afectan gravemente a la salud por sus efectos acumulativos. Hay una crisis climática de incentivación antrópica que tardamos en asimilar y tratar de mitigar sus efectos en la salud. Ver https://twitter.com/WHO/status/1440671322602819596 

Dado que siempre vamos a ser ecodependientes, e interdependientes, no dificultemos más las condiciones que marcan nuestra vida actual y el futuro global. Sería una muestra de la inteligencia humana teñida de ética global.

Movilidad sostenible en un mundo hiperviajero dominado por los objetos

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Movilidad sostenible es permanecer un rato sin moverse, pensando lo viajera que es o no nuestra vida. También preguntarse cosas tan sencillas como; a dónde nos vamos a dirigir después y en qué medio de transporte; si utilizamos a menudo los pies y piernas que nos llevan a muchos lugares o acaso preferimos hacerlo en un medio de locomoción; a dónde va esa camiseta que tiramos a un contenedor que a su vez hizo un largo viaje hasta llegar a nuestra casa; de dónde vienen las cosas que comemos y el viaje largo o corto que hemos hecho para aprovisionarnos; anotar las veces que compramos por Amazon y esos sitios aunque sea una bagatela que no necesitamos; si en alguna ocasión el deseo de aventura nos ha llevado lejos en low cost; si cierto día nos dedicamos a contar el número de personas que viajaban en un coche y calculamos la media; las veces que utilizamos el vehículo personal para cosas innecesarias; si nos parece bien o mal esos megaaeropuertos que hay por el mundo y ahora quieren construir en Barcelona y Madrid; si pagaríamos la gasolina al precio que fuera con tal de tener la libertad de ir donde queramos en cada momento; si la movilidad tendrá algo que ver con lo del cambio climático; si la salud y la movilidad están relacionadas; si el lugar donde vive aprobaría o no en movilidad sostenible; si le cuesta mucho poco practicar la ciudadanía sostenible en una movilidad responsable; si antepone el disponer de cualquier cosa de inmediato al desplazamiento sostenible para lograrlo, etc. Por último, ¿cómo definiría movilidad? Lo de responsable es cosa suya.

Seguro que después de responder a estas preguntas y otras muchas podremos participar con más fundamento en la Semana Europea de la Movilidad. Tenga siempre en cuenta  cuando acabe el sonido de las bellas intenciones y el ruido del lavado de cara de la semana si la vida seguirá en un circunloquio permanente.

Caso de que no le apetezca, le invitamos a leer despacio y pensar aquello que dijo Jean Baudrillard, filósofo y sociólogo francés (1929 – 2007) y feroz crítico de la sociedad de consumo, que veía la movilidad desde la esfera de los objetos y necesidades:
„El mundo de los objetos y de las necesidades será así el de una histeria generalizada…, en el consumo, los objetos se convierten en un vasto paradigma donde se declina otro lenguaje, donde habla otra cosa. Y podría decirse que esta evanescencia, que esta movilidad continua que hace imposible definir una especificidad objetiva de la necesidad …, que esta huida de un significante al otro, no es más que la realidad superficial de un deseo que es insaciable porque se basa en la falta y que este deseo, por siempre insoluble, es lo que aparece representado localmente en los objetos y las necesidades sucesivas.“

Se nos ocurre una pregunta después de leer esto: ¿La movilidad se consume o se consume movilidad?

Amargores veraniegos para el mundo ecosocial

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Nos refugiamos en el verano para huir de los desastres anteriores. Pero sin darnos cuenta se asomó el apocalipsis del mundo. El colapso no viene en forma de meteorito, como aquel que se llevó a los dinosaurios hace unos 66 millones de años. Hoy las amenazas son más sutiles o distintas. Las advertencias del tiempo pasado ahí están en forma de dilemas del presente: olvidos éticos, desastres ambientales, récords de temperaturas que se quedarán en anécdotas, evidencias científicas, disgresiones políticas y desigualdades crecientes, entre otras. El miedo atenazó meses pasados por momentos con episodios muy sonados por su intensidad y recurrencia. Pero en verano los nubarrones se disipan pronto, aunque descarguen tormentas y agobios por el calor. Las emisiones olímpicas alejaron al medioambiente de nuestras ataduras mentales.

El verano no consiguió limpiar la(s) crisis ambiental(es). Quedaron en forma de incendios en los países ribereños del Mediterráneo, en California o Siberia y sequías varias. Anteriormente en inundaciones porque los ríos quisieron recuperar sus cauces usurpados. Las máximas mandatarias europeas Der Leyen y Merkel se acordaron momentáneamente del cambio climático. Pero pasó el ruido mediático y la preocupación se disipó.La malla mediática apenas se hizo eco del deshielo de Groenlandia o de las liberaciones gaseosas del permafrost en Siberia. Otros iconos veraniegos acapararon la audiencia, como la publicación del informe del IPCC culpando a los humanos del desatino climático, pero su eco se apagó enseguida. O el caso anunciado de Mar Menor muerto.

Lo que dicen los aguafiestas, por más que sean científicos o ecologistas razonadores, no es bien recibido. No hay nada mejor que taparlo con todo un santoral de iconos placenteros alejados de los daños ambientales. La gente recuperaba la playa y las vacaciones en la liberación pospandémica. Casi al final ha estallado el drama social de Afganistán, que también es medioambiente con borrones humanitarios difíciles de digerir.

Continuará aumentando la fragilidad del medioambiente ecosocial y después…

Leer artículo completo en La Cima 2030 de 20.minutos.es

Desde el espacio, el clima terrícola despierta curiosidades y lanza amenazas

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Vuelo muy alto para ver el planeta entero. Para imaginar el reto cambiante de lo vivo. Para entender un poco las imágenes que dicen que demuestran lo del cambio climático. Desde tan lejos no veo personas, pero sí sus rastros en el suelo. El aire se me hace imperfecto en su comprensión. El Planeta se mueve, lo sabía Galileo. El planeta en una conjunción que se conjuga consigo mismo. Pero no solo. Al mismo tiempo tiene complementos humanos, más o menos concordantes. ¿Lo verían de igual modo los dioses griegos que sabían alejarse hasta el infinito?
El planeta de El Principito resultaba enigmático. Tan pequeño y difícil de abarcar. La Tierra, con sus ropajes de agua y aire resulta bella. Así es para quien la mira en positivo porque la belleza se busca dentro de sí mismo. La Tierra acoge el mundo de las relaciones, que le confeccionan sus ropajes. Cambia de moda y a la vez permanece desnuda. 
Desde lejos, esta esfera parece querer decir algo. La miro una y otra vez en las imágenes de la ESA, sin salir de ella. Me paseo por sus distintas entradas y no dejo de maravillarme. A cada una de la imágenes, alarmantes o no, le pongo un título de película: Amanece que no es poco, Apocalipsis trescientos, Los grandes dictadores del consumo, Alicias maravillándose, El amor en los tiempos del cambio climático, Gravity pero mucho, La conquista del oeste de algo que gira hacia el este, En busca del fuego, La quimera del agua, Odisea 2030, El clima del carbono no es para el verano,  y así hasta llenar la infinita página de los deseos no satisfechos.
¿Dónde estarán los dioses que “crearon” el planeta sin asegurarle un clima perfecto, universal y para siempre?  Se olvidaron de que debían acondicionarlo para las personas y las otras biodiversidades. La sucesión temporal hizo de las suyas; millones de años es mucho tiempo. Ahora tenemos delante un menguante calendario. Los humanos se pusieron en su contra. No se sabe la razón.
Con todo me pregunto qué hago yo para cambiar el clima. ¿Quedarme en el espacio o volver a la Tierra? Personas y meteoros se miran con desconfianza.

 

La fábula inconsistente del botón arreglatodo

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Érase un mundo difícil de verdad. Costaba entender la magnitud de cada esquina de la vida. El singular oscurecía al plural, cual capa mágica al estilo Potter. Una mirada alrededor desvanecía a los seres incómodos, esos que forman el ejército de los transparentes del pensamiento. En realidad no eran grupo, venían y se iban sin ton ni son. El desorden se convertiría en rutina. El pensamiento prefiere encasillar. Así se evita las nostalgias.
Alguien miraba. Veía a las personas como deberían ser frente a como son. Quería llegar a ellas 
para plantearles como podrían ser si pensasen en plural. Antes de abordarlas se pensó por qué decir del mundo lo que no hay, cuando ya se hacen esfuerzos imaginativos para desfigurar lo que hay. Quería asegurarse de hablarles con propiedad. Si es que se puede estar seguro de la objetividad realista. Dudaba si apoyarse en la plasmación de la alienación social como punto de partida para lanzarse a experiencias colectivas que renovasen el futuro. Incluso se le pasó por la mente recurrir a la variopinta naturaleza presentándola en forma de compleja simplicidad. Se ilusionaba pensando que eclosionaría una avalancha realista como en la segunda mitad del siglo XIX. Acaso demasiado fabulada y poco fabulosa.
Se lanzó en busca de la reconciliación de la gente con la existencia colectiva. No lo tenía claro. Otros muchos intentos habían fracasado. Al final se decidió. Pulsó el botón arreglatodo, ese que soluciona de inmediato los problemas del planeta y sus criaturas. El mismo que sirve para olvidar las guerras,las desigualdades o el cambio climático, las hambrunas y pobrezas, xenofobias y otras lacerantes menudencias, etc. 

¡Qué pena que se le olvidase dejarnos escrita la(su) moraleja!

 

El mundo social se hace pedazos en un verano catárquico

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Cuesta mirar los informativos o leer las noticias. El verano ya no es anodino. Siberia y California siguen ardiendo; en Europa mediterránea España se suma a Grecia, Turquía e Italia. Olas de calor convertidas en océanos. Groenlandia perdiendo aceleradamente sus hielos fósiles. Más razones para creer en el calentamiento global. Tiembla de nuevo Haití a la espera de un nuevo ciclón que haga más difícil la vida. Parece que la corteza terrestre tiene una lista de lugares malditos que quiere eliminar. Afganistán entra en demolición; en realidad nunca salió de ella. Ya dudábamos que las potencias occidentales recompondrían el puzle étnico de aquella zona. La pandemia sigue campando a sus anchas en países más o menos ricos. Los inmigrantes continúan su calvario, aunque sean niños. Se anuncian nuevas riadas por el dominó afgano.

Un noticiario televisivo se ha convertido en una película de terror, en un escaparate de la negrura. Si sigue así la cosa dudaremos del futuro. Más todavía para esa gente que se acumula en el aeropuerto de Kabul y la que no se ve de Afganistán, donde mujeres e infancia serán quienes más pierdan. Las vacunas atemperan la vida de los países ricos a la vez que desesperan la mirada de los pobres, en una mezcla de miedo y petición angustiosa. A este paso deberemos dejar de hablar del mundo y escribir sobre los muchos mundos, que son la conjugación del verbo vivir con muchos complementos detrás. Malo será cuando el grito unánime se lamente de la situación y suene mucho el ¡tanto para tan poco!

La economía parece que se recupera, aunque no sepamos hacia dónde va. La gente rica o media rica sale de vacaciones más o menos largas hacia lugares más cercanos, pero se mueve. Las petroleras aprovechan para hacer su agosto elevando el precio de los combustibles fósiles. En España y otros países la luz sube sin parar; dicen que por el precio del gas. Casi nadie lo cree.

El verano ya no es la estación del relax sino un paréntesis ocupado por la preocupación: salud, economía, ecología, ética universal, educación, sociedad, infancia, etc. Incluso la gente positiva u optimista duda del futuro. La maniobras de quienes dominan el conjunto de los mundos se mantienen oscuras, puede que lleguen a ser perversas.

Por todos los lados surge la pregunta: ¿Qué vendrá después? Ojalá el fin del verano nos despeje alguna de las muchas incertezas, y que sea para bien.

El precio de la luz y sus componendas vs la pobreza energética

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No llegamos a entender casi nada de lo que tiene que ver con la energía que consumimos en nuestras casas. Tampoco con la que utilizamos para movernos. La ignorancia sale cara porque quienes manejan los hilos en el mundo sí que saben qué hacer con ella y cómo vendérnosla. Porque aquí se trata, como casi todo de la vida actual, de comprar y vender, de mercados y mercaderías, de productores y consumidores, de quienes pueden pagarla y de los que sobreviven a su pobreza energética. 

Llegó el verano y el precio de la luz se puso por las nubes; no sabemos hasta dónde llegará. El lema «apaga la luz» describe a las claras la necesidad de regular nuestros consumos, para que no nos electrocuten la economía doméstica. Dicen que todo se debió a maniobras de las grandes operadoras mundiales de combustibles como el gas y otros asuntos como la compensación por el CO2. Como es cosa internacional poco se puede hacer, justifican algunos que dicen saber.

La gente corriente, que no entiende de los manejos internacionales, ve dispararse el precio de la luz a la vez que los parques eólicos y huertos solares inundan el territorio español. Se dijo que las energías renovables daban independencia energética, que los precios se abaratarían. El mapa de la energía renovable en Europa crece sin parar. Pero el axioma se rompió de pronto y nada es como nos lo venden. La credibilidad ciudadana desciende a la vez que el compromiso con la reducción del consumo, si se puede pagar lo que nos venden. En muchos hogares han puesto en marcha el avisador eléctrico para que les diga cuándo deben poner el lavavajillas, la lavadora y otros electrodomésticos. ¿Y aquéllos que precisan una conexión permanente?

Echemos un vistazo a los gráficos de EOM. En el primero se puede ver la evolución de precios de la electricidad puesta en los hogares en algunos países desde el año 2008 al 2020. En el de más abajo aparece el desglose del precio: qué porcentaje paga cada país europeo por la energía consumida, la red que la conduce, su suministro, impuestos, tasas y cargos. Aquí se observan unas enormes disparidades, tanto en el precio del kilovatio-hora desde 0,27 de Rumanía hasta 0,12 de los Países Bajos como en los porcentajes de cada partida. Desconocemos si la causa viene de la mayor o menor generación nacional (compárese con el mapa al que hacemos alusión aquí), de las características de la red, de las políticas impositivas o de que en algunos países piensan que la luz asequible para toda la ciudadanía es un derecho universal.

Podríamos buscar el país en el que más porcentaje supone cada una de las partes, contraponerlo con el que menos. Quizás encontremos razones que lo expliquen. La realidad es que vivimos presos de las maniobras comerciales y de las reglas reguladoras de los respectivos gobiernos, seguramente presionados por lo monopolios eléctricos. Mientras tanto, el ciudadano es el pagano, da igual que sea rico que su renta esté por debajo de los niveles de exclusión social. ¡Cómo lleguemos en este plan al invierno! La pobreza energética es una amenaza creciente sin respuesta contundente. Por cierto, la luz batió ayer otro récord histórico en el mercado mayorista. Preparémonos para el siguiente recibo de la injusticia eléctrica. 

 

La grave perspectiva climática se confirma. La emergencia crece aceleradamente

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Tanta murga sobre el cambio climático y sus impulsos antrópicos apenas ha servido para lavados de imagen en la economía y en la gobernanza nacional o mundial. Los mandamases presidenciales de las naciones todas han ninguneado, desde Rayoy con su primo de Sevilla hasta Trump pasando por Bolsonaro, los avisos. El resto tampoco se ha esforzado mucho, o ha preferido mirar a la economía egoísta antes que a la ecología previsora. Las sucesivas llamadas de la ONU en boca de Guterres (ha calificado de código rojo la situación actual) y compañía han tenido menos eco que el papel de embalar. Tampoco la ciudadanía, perezosa o ignorante, acierta a ver por dónde le llegan las amenazas. Tanto hablar y la gente se ha pasado a la incredulidad permanente. Ha faltado liderazgo, o atrevimiento de los dirigentes para hacer caso a lo que afirman las investigaciones científicas. ¡Si hasta se han reído de lo que decía el IPCC y lo han llamado pesado alarmista!

Cualquiera que piense un poco no puede sorprenderse de las pésimas noticias climáticas. Los episodios meteorológicos con altas repercusiones abundan cada vez más. Tal multiplicación no puede ser fruto de la casualidad. Los optimistas/despreocupados climáticos aluden a que siempre ha habido cambios, se olvidan en su argumentación de que la magnitud y recurrencia sirven para ajustar las cosas a su importancia. Si lo coyuntural se hace estructural cambia mucho la vida. 

Pero en el Informe de ayer, el IPCC pone las cosas muy feas. Se confirman las peores perspectivas. Lean cualquier medio de comunicación solvente y comprobarán que el más completo informe científico sobre el cambio climático llevado a cabo hasta ahora «responsabiliza a la humanidad del calentamiento global». Ese asunto tan complejo que está detrás de los fenómenos extremos que hacen tan complicada la vida y anuncian tiempos peores. Cada vez queda menos tiempo, del calendario, para aminorar los efectos. De hecho, si lo hacemos muy bien a partir de ahora nuestros hijos y nietos notarán algunos efectos beneficiosos pasadas unas décadas. Démonos una vuelta por el Atlas interactivo para entender lo que se nos viene encima.

Lamentablemente, otras situaciones apenas tienen vuelta atrás. La emergencia crece aceleradamente. Hay una idea contundente en el informe: los anteriores episodios críticos calificados «del siglo» pasarán a ocurrir casi todos los años. Una pregunta estúpida: ¿Cuánto durarán los ecos del Informe y qué efectos tendrán? Puede que nos suceda como al escritor Juan José Millás, que en el baño se le «desocurren» las ideas.

Megaaeropuertos 2030 en la incierta puja del recambio climático

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Hubo quien dudó de aquello de la movilidad sostenible que se deducía de los ODS. Se preguntaba cómo se compaginaba el deseo comercial de inundar el mundo de mercancías viajeras y la inclinación de las personas al viaje perpetuo con el uso racional de las energías, y que estas fuesen cada vez más limpias. El recambio climático planea como un nexo regulador de los ODS. Sin él la vida será muy complicada. parecía que las ciudades se implicarían en la movilidad sostenible. Ahora hasta de eso duda. 2030 se aparecerá enseguida y pedirá cuentas. En realidad ya lo está haciendo con respecto a los aeropuertos King Fahd de Arabia Saudí; los estadounidenses del Denver, Dallas, Atlanta, Washington o Houston; los chinos de Shanghai, Beijing y Guangzhou; ese de Dubai que hace de parada universal; Tokio, …; en Europa, Amsterdan, Londres o el parisino De Gaulle. Eso solo por citar unos cuantos de los grandes. El mapa de vuelos en tiempo real es para asustarse si pensamos en los millones y millones de gases de efecto invernadero que lanzan al aire; y sus consecuencias acumulativas. El ODS 11 (Meta 11.2) en entredicho y muchas metas de otros ODS con los que tiene relación.

El verano es la época de la movilidad, del turismo. Hacer ambas cuestiones sostenibles es imprescindible en el contexto global. ¿Pueden serlo de verdad y si es así bajo qué condiciones? Por eso sorprende el anuncio de que el Gobierno de España quiere convertir en el año 2030, qué fecha tan mal avenida con los macroaeropuertos, en el del despegue masivo de la aviación mastodóntica en Barcelona y Madrid. Parece incuestionable que el incremento de la movilidad mundial recalienta el cambio climático. ¿Qué objetivo tiene acumular entradas y salidas de mercancías y personas en unos pocos nodos?

Además, si se hiciese realidad implicaría evidentes desequilibrios territoriales: varios nodos superpoblados frente a la España vaciada, prácticamente en paulatina extinción. El medioambiente ecosocial convertido cada vez más en parcelas excluyentes. Nos preguntamos si no sería mejor dedicar los miles de millones que nos van a costar estos vuelos en recuperar una red ferroviaria sostenible que interconectase la España abandonada. ¿No vendrán los dineros del Pacto Verde europeo?, porque sería el acabose. Por cierto, las poblaciones cercanas a los aeropuertos gigantes verían afectada su salud por ruidos y otros peajes.

Por otra parte, parece que la ampliación del aeropuerto de Barcelona amenaza con agravar el frágil espacio natural que lo rodea. También el de Madrid tiene sus peros, y no solo es por la contaminación sonora. Hay muchas voces que claman por llevar a cabo una reflexión profunda de estos proyectos para que no tengamos que lamentar «el falso 2030», aquel año que se nos vendió como el del lanzamiento universal de una nueva convivencia global. Las desilusiones lastiman la esperanza social y anulan los compromisos particulares.

La teoría ambientalista tarda en ser asimilada por la población. Seguro que en 2030 no será mayoritaria. Por eso debe estar condicionada a un discurso coherente, progresivo, comprometido, reflexivo; no movido por impulsos partidistas ni globos sonda que al final se desinflan o explotan. En el necesario y potente recambio climático no caben estas maniobras. Piénsenlo nuestros gobernantes y dejen de atufarnos. 

La crisis ambiental veranea en el olvido

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Suponía que andaba todo el mundo buscando a los culpables del cambio climático y del resto de crisis ecológicas. Ahora me doy cuenta de que era una mera impresión. Dado que soy un preocupón pienso que cada persona es una sucursal del medioambiente. Así no despego nunca hacia la ilusión transformadora. Hacemos y deshacemos a nuestro albedrío. No tenemos un foco iluminador de lo coherente, de lo conveniente. Si así fuera, haríamos cola para penetrar en el medioambiente. Pero no como consumidores sino como una especie de franquicia. Pero claro, en ese estadio mental o sitio físico nos empeñaríamos en vender un pretendido orden ecológico. No es fácil. Mejor poner carteles o imágenes para que la gente entre simplemente a leer. Un rótulo grande, para leer al principio y al final, avisaría de que somos ecodependientes. Pagarían una prenda los que se manifestasen negacionistas. Permanecería custodiada allí hasta que un suceso ecosocial que los hubiese zarandeado les demostrase la incerteza hecha realidad.

Las ciudades se llenarían de franquicias pues el asunto ambiental está que arde, o inunda, o quema, o emponzoña el aire, o se filtra en los suelos, o enmierda las masas de agua. Llegó el verano y la mente ambiental se tomó un descanso. El pensamiento perdió su trascendencia, o arrinconó su presencia. Además lo hizo con simetría universal. Llamativa esa unanimidad. La desidia ecológica dejó de ser un asunto de lesa humanidad. Gente que va y viene. No se sabe adónde ni para qué. Tampoco importa mucho al resto. No se trata de dar un paso hacia el más allá seguro sino de no olvidar el presente ascendente. ¿Acaso será un plan de fuga del territorio habitual?

Hubo algunos ilusos a quienes les dio por darse una vuelta por los medios de comunicación. Buscaron el rincón ambiental. Si lo encontraron fue exiguo, reducido casi al mínimo. Como si no tuviera importancia. A pesar de eso, se dieron cuenta de que el verano se había limpiado de la(s) crisis ambiental(es). Bueno, de todas no, quedaron en forma de incendios y sequías varias. También en inundaciones porque los ríos quisieron recuperar sus cauces usurpados. Las máximas mandatarias europeas Der Leyen y Merkel se acordaron momentánemente del cambio climático.

Algo se dijo de la huella ecológica y del día de sobrepaso del Planeta. Quienes buscan los olvidos se preguntan si están en el sitio que les corresponde. También si eso es el medioambiente. Y lo peor es que no dejan de darle vueltas al asunto. Como en una noche de insomnio incómodo. Al lado, alguien ronca.

Doble de calor en diez años pero ¿a qué coste?

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Los cálculos realizados por la NASA y la Agencia Nacional Atmosférica de EEUU (NOAA) referidos al periodo 2005-2019 demuestran que el calor que absorbe el sistema Tierra se ha duplicado en diez años. es algo así como el combustible que incrementa el cambio climático a marchas aceleradas. Y lo que es peor todavía, un 90% recalienta los océanos, con todas las repercusiones que sabemos que esta circunstancia tiene en la dinámica climática global.

Quienes no somo científicos empezamos a sospechar que los episodios extremos de precipitación torrencial (Europa central y oeste, China) y sequía e incendios acaecidos en este mes de julio de 2021 (América y Siberia por la creciente megasequía) algo querrán decir. Sin duda son consecuencia de los síntomas climáticos de los que tantas veces se ha hablado. Quienes somos observadores de las actitudes globales de las personas nos preguntamos hasta cuándo podremos aguantar sin cambiar drásticamente las prácticas generadoras de aumentos demostrados de calor. O si lo miramos de otra forma ¿qué tiene que suceder para que se ponga en marcha la revolución social climática? Hasta ahora solamente se dan pequeñas escaramuzas.

Según la OMM (Organización Meteorológica Mundial) «todos los indicadores climáticos han ido a peor en 2020«. Se suponían que la reducción de la movilidad y de la actividad económica iban a provocar lo contrario. Pero ya se sabe, el clima no es cosa de un año; sus causas y consecuencias son acumulativas.

Hipótesis no deseada enunciada por la NASA Y NOAA en el citado informe: «podemos esperar cambios aún más grandes en el clima en las próximas décadas» si no se revierte este fenómeno. Hipótesis nuestra: como sigamos al mismo ritmo puede suceder ya en los próximos diez años un grave conflicto social, económico y ambiental de consecuencias inabarcables.

No se trata de alarmar, más bien de despertar el pensamiento y tramitar cambios personales duraderos. De este asunto sabe mucho la inteligencia humana. Por eso, para quienes quieran conocer más les recomendamos este artículo de Delia Gutiérrez Rubio, meteoróloga de la Aemet: Entonces, ¿es verdad que el clima está cambiando?

El apetito cárnico atraganta hasta al planeta

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La vida es extremadamente compleja. Se pudo constatar hace unos días cuando una declaración del Ministro español de Consumo recomendaba la reducción del consumo de carne por su relación con problemas de salud de las personas. Originó un aluvión de críticas. Vertía varios comentarios reflexivos sobre la alimentación, a la vez que aportaba sugerencias no muy diferentes a las que desde hace años recomiendan la OMS y organismos y entidades diversas de reconocido prestigio científico; también la mayoría de nutricionistas. Pasados unos días merece la pena volver a ellas.

En primer lugar porque fueron tomadas como un ataque al sector comercial y ganadero. Me da la impresión de que quienes así lo vieron no atendieron al discurso completo, diseccionando cada parte para analizarla bien. Es imprescindible porque mejora la convivencia colectiva.

Digamos de entrada que la necesaria crianza ganadera es muy variada. En ella no habrá solo vacuno, de donde parece que procedía un chuletón alabado por el Presidente del Gobierno español para defender el sector. Debería haber concretado si su defensa iba dirigida a la ganadería extensiva que muchas mujeres y hombres practican con profesionalidad en la España vaciada. Con sus iniciativas agroganaderas pequeñas o medianas realizan un ejercicio de custodia del territorio cuyos beneficios sociales y naturales trascienden fuera del espacio concreto. A modo de ejemplo serviría lo contado en «El campo es n(v)vuestro» de la Televisión de Aragón

Consumir una carne de cercanía de esas explotaciones no tiene comparación con esa elaborada en las macrogranjas estilo EEUU, en las que no faltan incentivos medicinales supuestamente peligrosos. O la procedente de Sudamérica criada en extensas zonas deforestadas, por ejemplo la Amazonía, que tantos daños ambientales provoca en suelos, acuíferos y aire. Además deja de lado a los pequeños campesinos de allí. Así no asfixiaría a las otras y facilitaría que el conjunto ecosocial se pueda ir gestionando para las generaciones futuras.  Algo de esto de consumo de carne y salud de las personas se decía en el Plan para la España 2050 del Gobierno, que el Presidente prologaba curiosamente con «España: un país con hambre de futuro».

Ojalá las manifestaciones del ministro Garzón, se vean o no oportunas, sirvan para impulsar la sosegada búsqueda de una sociedad informada en su nutrición y alimentada más equitativamente en conjunto. Además, tal que reflexiva se puede convertir en cuidadora del Planeta. Pero claro, quién se mete en estas controversias. Es mejor disimular o lanzar cortinas de humo. Aplazar la respuesta sine die, transferir los problemas presentes al futuro. 

Leer artículo completo en el blog La Cima 2030 de 20minutos.es. 

La dana que ha ahogado al oeste de Europa convive con los incendios de Siberia

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Las catástrofes naturales nos recuerdan que vivimos tiempos complejos. Alemania, Bélgica, Países Bajos y Luxemburgo padecen inundaciones y destrozos no vistos o recordados. Llueve demasiado en poco tiempo y los drenajes naturales se colapsan. Las causas son diversas, entre ellas la ocupación del espacio inundable por construcciones y la antropización general de territorios frágiles. También dicen las autoridades alemanas y la Presidenta de la UE que el cambio climático puede estar detrás, o al lado, de la virulencia de estos episodios. La comunidad científica tiene sus fundadas sospechas, como el hecho de la alteración de la corriente en chorro o el aumento de la temperatura global, cada cierto tiempo alumbra nuevos estudios para certificarlo. Se avanza que va a haber una reflexión sobre esta amenaza. La Canciller Merkel ha prometido reparar lo destruido. Esperemos que no lo dejen tal cual estaba antes porque la repetición está servida.

Al mismo tiempo arde la región siberiana de Saja-Yakutia, allí donde lo normal es que haya temperaturas bajas casi todo el año y moderadas en verano pues el territorio está dentro de los límites del Círculo Polar Ártico. El calor registrado este mes no tiene precedentes. Yakutsk, a más de 8.000 kilómetros de la capital rusa y que en invierno roza los 50 grados bajo cero, ha estado a 35 grados. Incluso la zona se está calentando 2,5 veces más rápido que la tasa promedio mundial. Hasta ahora han ardido más de millón y medio de hectáreas. Los incendios han existido siempre como alternancia natural de los ciclos de la biomasa, pero no con la dimensión y recurrencia de ahora.

Humos y más gases dificultan la vida de allí pero es que el deshielo del suelo, permafrost, por el calentamento global y la desaparición de las masas vegetales es una amenaza al clima mundial. El metano retenido en los suelos helados se liberará, añadiendo nuevos incentivos al inquietante cambio climático, a la crisis ambiental que tenemos ya presente. Y lo peor es que arde por los cuatro costados la Siberia rusa. Hace poco se quemó el NO americano y otros lugares. Así crecen los temores de que los episodios se repitan.

¿Qué podemos hacer? Para empezar creernos de verdad la influencia antrópica como generadora de la crisis climática. A continuación cambiar nuestro estilo de vida para no echar más fuego al problema, que también nos trae danas erráticas que descargan donde antes eran desconocidas. A la vez respetar los caminos del agua, que libre como quiere sentirse siempre no entiende de daños provocados sino que busca sus itinerarios ancestrales.

El Gobierno francés recula y no llevará la lucha climática a la Constitución

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La pretensión era admirable. El Presidente Macron manifestó que quería llevar al artículo 1 de la Constitución la protección del medioambiente y la lucha contra el cambio climático.

https://www.lemonde.fr/politique/article/2021/07/07/referendum-climat-l-executif-contraint-d-enterrer-la-promesse-d-emmanuel-macron_6087284_823448.html?xtor&&M_BT=35298898330415#x3D;EPR-32280629-[a-la-une]-20210707-[zone_edito_1_titre_1]

Todo se andará. Por lo que parece, las necesidades serán tan grandes que entre o no en las constituciones de los países democráticos habrá que actuar como si ambos cometido fueran un derecho universal. ¿Acaso no lo son? Tiempo al tiempo, estamos seguros de que la gobernanza se desatará de las leguleyas trabas y mirará la vida colectiva. Como es su obligación.

La desertificación avanza pero no afecta al debate político

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Podría calificarse como uno de los más graves problemas ecosociales y, a la vez, colocarlo en la trastienda donde se arrinconan los grandes ausentes de conversaciones privadas y no digamos del debate político. O si estos últimos hablan de ello no nos lo dicen, con lo cual la posiblemente inducida  preocupación ciudadana no puede existir, a no ser que brote como planta efímera del desierto. El asunto es más incomprensible si pensamos que la desertificación es algo así como un libro escrito en la tierra en el que se pueden leer muchas historias, leyendas y anécdotas. 

Hablamos de España para no perdernos en latitudes de los trópicos. Advierten Greenpeace y otra gente sensible con el asunto de que más del 75% de la superficie de España está en riesgo de desertificación. No solo eso es preocupante ya que el 70% de las demarcaciones hidrográficas presentan niveles de estrés hídrico alto o severo. Apremia el Observatorio Ciudadano de la Sequía de FCyT (Fundación para la Ciencia y la Tecnología) de que es urgente acabar con la sobreexplotación y contaminación de los recursos hídricos. Tampoco este asunto merece la atención de la política española actual, y el problema ya es añejo. Pero ahora se ha visto amplificado por el cambio climático. Así lo asegura el informe Impactos y riesgos derivados del cambio climático en España (2021)

Cómo estará el asunto que hasta el Tribunal de Cuentas redactó su informe especial núm. 33 en 2018 con un título expresivo La lucha contra la desertificación en la UE: una amenaza creciente contra la que se debe actuar más intensamente.

En el artículo publicado en el blog La Cima 2030 de 20minutos.es hablamos más sobre el avance de la desertificación en España.