Economía

Hasta la ley quiere reducir el cambio climático

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Mal que nos pese, el cambio climático es todavía un espacio social sin alerta contundente, a pesar de sus riesgos, algunos muy graves y de difícil gestión. Debe abordarse con un gran compromiso social. En España se acaba de aprobar una Ley de Cambio Climático y Transición Energética. Se trata de poner en marcha transformaciones que hagan más racional la movilidad, la generación energética y su consumo o la industria turística; entre otras muchas cosas.

Si la ley fuese perfecta, si en su desarrollo se implicasen todas las fuerzas sociales, las administraciones y la ciudadanía, nos acercaría a esa utopía que quiere detener buena parte de las afecciones del cambio climático en todo el mundo. Gente de ciencia, ONGs y cada vez más entidades públicas y privadas son conscientes de que su aspiración nunca debe parecer inalcanzable, por más que ahora mismo sean visibles múltiples transgresiones que la dificultan demasiado.

Pero toda ley tiene tramitaciones que la despojan de parte de su ser. Se cuenta que al final las leyes se convierten en el máximo posible o en el mínimo común. De ahí que no lleguen a la ciudadanía las mejoras buscadas. Si lo hiciese es posible que se entendiesen los protocolos del camino a recorrer, para acelerar el paso si se intuye que la resolución de la crisis climática se ve cada vez más lejos, para demandar cambios a los poderes públicos y comerciales.

Los medios de comunicación no se han ocupado del tema, con escasas excepciones. En general han estado más pendientes de los argumentos de laboratorio mesiánico de algunos negacionistas exhibidos en los diferentes ámbitos legislativos, de partido y mediáticos.

Desde diversas instancias se ha criticado la escasa ambición de la ley, que le falta velocidad en sus fases y deseos más contundentes, que no lleva pareja una educación ambiental que sostenga a los gestores y anime a la ciudadanía. Aún así, habrá un antes y un después a partir de esta Ley, por más que su andadura no sea fácil. Por lo tanto, gracias a quienes han luchado por sacarla adelante. Apetece imaginarse, a pesar de sus imperfecciones, que la mayoría de los países del mundo tuviesen algo similar.

Pero para salir de esta situación de crisis climática se necesita algo más que una ley, hay que convertir la lucha contra el cambio climático en una especie de utopía que suponga la modificación del estilo de vida. Costará, sí, tampoco será fácil, pero no hay otra opción de futuro.

Leer artículo completo en el blog La Cima 2030 de 20minutos.es.

El cuento de las macrogranjas no puede tener un final feliz

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Lleva tiempo Greenpeace avisando a cualquiera que quiera escuchar que las macrogranjas suponen una práctica con agresiones múltiples (animales, suelo, agua, cultura global alimentaria, cambio climático, etc.). En fin un riesgo innecesario que tiene en vilo a los lugareños de enclave en donde se construyen, también en territorios limítrofes en donde el agua de los acuíferos empieza a sentir ya a los peligrosos nitratos y muchas más cosas.

Ahora mismo, el ejemplo de Caparroso (Navarra) con las vacas de protagonistas obligadas quiere extenderse a Noviercas (Soria), como poniendo en valor el modelo lechero norteamericano. Tal es el asunto que hasta ha merecido la atención de un Informe Semanal. Cuidado porque el proyecto supone la granja más grande de Europa y la quinta del mundo. El Moncayo, que envía sus aguas a Soria y Aragón, se estremece solo de escucharlo. Además, el modelo productivo, con la tecnología como estandarte, pone en cuestión buena parte de las pequeñas explotaciones que pueden vivir de su trabajo. Luego está el asunto de si el valor económico añadido de estos desperfectos se queda en el territorio que los soporta.

Qué ironía, la España vaciada sirve para ubicar las macrogranjas; quienes las defienden aluden a que ayudan a fijar población (sic) y a que contaminan más muchas granjas pequeñas, difíciles de controlar que una grande, sujeta en principio a protocolos más severos, según se cuenta en un artículo del Diario de Castilla y León, a propósito de «la fiebre de las macrogranjas de cerdos» y el poderío de las exportación al mercado  chino. Ante esto, solo cabe exigir el cumplimiento de las leyes, que las hay y de recorrido amplio. Ya ha habido algún partido político que quiere llevar al Congreso español el asunto, que no afecta solamente a España sino que es una estrategia productiva más presente en muchos países. 

La España vaciada se rebela contra las macrogranjas, decía el titular periodístico. Y no hemos dicho nada de las de pollos o gallinas. En el blog La Crónica verde de 20minutos.es pueden encontrar más información sobre las macrogranjas. El cuento no puede acabar bien, aunque le hubiéramos encargado un final romántico a Gustavo A. Bécquer, visitante temporal de Noviercas.

 

Agua libre en España: escasa y podrida. También en el mundo

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La incoherencia en la gestión del agua ha adquirido desde hace años un carácter de pandemia, con mejoras parciales en algunos casos y desastres globales en otros. Siempre se ha hablado de que es debido a la escasez o la mala distribución espacial y temporal. Pero además, la desidia, la falta de interés o el mal uso de recursos económicos, junto con el despilfarro acuático, que cunden por todo el mundo, han limitado el derecho humano al agua. En el caso de España, los reservorios de agua (ríos, lagunas, humedales o acuíferos, etc.) incumplen la normativa vigente. Unos están sobreexplotados, otros tremendamente contaminados o deteriorados ecológicamente. Así no debe extrañarnos que se diga que un 40% de las aguas continentales se encuentran en mal estado.

Bien es cierto que los planes hidrológicos, por lo que se ve en permanente elaboración en algunas cuencas, están al acecho. Saben que se da un grave desequilibrio entre el reservorio de agua disponible y el volumen que se capta, que la calidad para según que usos es muy pobre, que los vertidos de restos agroganaderos a cursos y acuíferos viajan en permanente libertad, que la degeneración de los ecosistemas acuáticos es en algunos casos muy grave. Por eso, Bruselas (la UE) impone multas continuadas a España que suponen casi dos millones de euros mensuales.

Estamos hablando de un país de los privilegiados en recursos económicos y de gestión más o menos consensuada de los recursos públicos. Imaginemos lo que sucederá a muchos ciudadanos en los países que no gozan de estos privilegios. Cuando se redactaron los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) se tuvo en cuenta que Agua Limpia y Saneamiento era algo pendiente. Pero es que el ODS núm. 6 dice que se debe garantizar la disponibilidad de agua y su gestión sostenible y el saneamiento para todos. Si revisamos los datos, las metas de este ODS de hace unos años y lo comparamos con la situación reciente (2017) sentimos pena y enfado. El año 2030, el de la Agenda de los ODS, está cerca; mucho más que las metas que en él se habían fijado. 

Una muestra de anteayer en España. Nos viene a la memoria aquella frase atribuida a A. Einstein, en la que hemos introducido una breve distorsión: ¿Qué sabe el pez (el género humano) del agua donde nada (que le da) toda su vida? 

La escuela olvidada, versión Latinoamérica y el Caribe

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Mientras aquí por Europa docentes, alumnado y familia esperan las vacaciones de Semana Santa, en otros sitios quieren volver a la escuela. Pronunciar escuela es abrir una puerta a la esperanza en Latinoamérica y el Caribe. Cerrar una escuela es limitar una parte importante de la vida, acaso negar un recorrido básico para millones de niñas y niños; siempre los más desfavorecidos. Algunos países latinoamericanos y del Caribe llevan un año con sus escuelas cerradas. Cabe pensar en las graves repercusiones que eso tendrá en sus vidas, en países en donde la desigualdad y la vulnerabilidad acamparon hace tiempo.

¿No les podríamos ayudar un poco desde los países ricos? Parece que no porque merman la ayudas desde buena parte de los ayuntamientos y gobiernos autonómicos (incentivados por el partido de los localistas excluyentes- y el Gobierno de España tampoco anda muy listo en eso de la Ayuda al Desarrollo de los que menos tienen. 

No se pierdan la entrada de Planeta Futuro «Un año sin pisar mi escuela» es como un espejo donde deberían mirarse quienes no ven más allá de sus fronteras. ¡Qué todavía no se convencen! Revisen lo que dice el Banco Mundial sobre el asunto de la desigualdad en educación.

 

Esta primavera viene con flores dañadas por la incertidumbre

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Cada primavera acude a su cita, este año lo hizo el 20 de marzo. Cada primavera trae sus flores, deseos, sensaciones, sentimientos, más horas de luz. La mitología griega cuenta que Deméter  ejercía una gran responsabilidad vivificadora con la naturaleza y la agricultura. Tuvo una hija con Zeus a la que llamaron Perséfone, Proserpina para los romanos. En una ocasión estaba recogiendo flores en un praderío o en un bosque, allí fue raptada por el enamoradizo Hades, dios del mundo subterráneo. La madre enfadada maldijo la tierra y todo se torno oscuro, se cayeron las hojas y se marchitaron las flores, además de otros desastres. Se desvaneció de golpe lo que podría significar la exultante primavera. Zeus acordó con su hermano Hades que Perséfone viviese al menos seis meses con su madre para disfrutar de la cálida luz del sol y de toda la eclosión natural que este hecho ocasionaba y ejerce hoy mismo.

Así, tal fotoperiodo se convirtió en un bien apreciado por toda la gente,como esa primavera deseada que canta la Ronda de Boltaña, que recuerda que el país la espera cada año impaciente. La gente del Sobrarbe la recibe con un ramo de flor de aliagas, que aunque son bien pinchudas y no huelen a jazmín son las que mejor representan a su tierra, anclada a los Pirineos. Tanto aprecian los montañeses que la invitan a quedarse de huésped en su casa permanentemente, para no tener que lamentar su marcha, esa que se suele producir en junio. No quieren que les suceda como a Perséfone.

Primavera diversa que el pintor renacentista Sandro Boticelli plasma en La primavera (1477-1482) una celebración alegórica con personajes de la mitología. Por allí danzan sensualidad y deseo primaveral, con un barniz de neoplatonismo. Estampa diferente la que plasmó Brueghel en su La cosecha de heno.

Musicada por Vivaldi en su Cuatro estaciones. Alegoría de muchas sensaciones en La primavera porteña de Ara Malikian, otra secuencia musical del talento del libanés de origen y ciudadano del mundo. Ruptura melódica en La consagración de la primavera de Igor Stabrinscky, en donde lo bello y sentimental al uso hasta entonces en la música se esconde tras lo sublime.

Recibamos con prevención a la primavera de 2021 que llega tras un crudo invierno sanitario y social, que quebró ilusiones y esperanzas. Ojalá sea una primavera de las múltiples emociones, convertida en sí misma en un misterio inefable, a la vez que deseamos algo grandioso en sus expresiones, para mucha gente y en especial allí donde la vulnerabilidad se asentó hace tiempo. Eso querrá decir que habrá sido más amable que la anterior de 2020 –quién se acuerda ya de cómo la recibimos- que nos dejó maltrechos.

En los enlaces de «Bienvenida primavera, aunque para cada cual seas diferente«, de La Cima 2030 de 20minutos.es, podrán disfrutar de la música de Vivaldi, La Ronda de Boltaña, Ara Malikian y Strabrinscky; y de la contemplación de las obras pictóricas aludidas.

El Índice de desperdicio alimentario engorda. ¿Cómo lo novelaría Auster?

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Sonroja conocer que el 17% de los alimentos acaban en la basura. Duele saber que el dato viene referido a los hogares (61%), los servicios de servicios de alimentación como restaurantes (en torno al 26%) y el pequeño comercio (13%). Ese porcentaje se traduce en unos 74 kg de derroche anual en cada hogar. Supone unos 931 millones de comida desperdiciada en todo el mundo, y no solo en los países ricos sino también en megaciudades símbolo de las desigualdades. Todo esto viene en el informe del Índice de desperdicio alimentario elaborado por analistas del Pnuma (Programa de las Naciones Unidad para el Medio ambiente) y de la ONG británica WRAP. A la vez, o por eso mismo, millones de personas pasan hambre y padecen inseguridad alimentaria, según la FAO. Sin tapujos: la sociedad tiene una seria necesidad de aprendizaje vital, de reescribir sus idearios; la mayor parte de los gobernantes y los mandamases de las empresas deberían dimitir ya, o reciclarse con convicción y compromiso. La situación ética es preocupante: a mucho se le da el valor de casi nada, con lo que cuesta todo.

Hace más de 30 años, Paul Auster publicaba El país de las últimas cosas. Un libro enigmático, para algunos apocalíptico y distópico, que habla de sobre un universo social sórdido, degradado y con niveles de violencia y miseria extremos. En la ciudad descrita, no queda casi nada de lo anterior, pero a la vez que lo sórdido campea, por otro lado poco se desecha sin más. De una forma u otra se buscan aplicaciones para dar segundas y terceras vidas a cosas que antes se desterraban en forma de basura. El desperdicio convive con la entropía y el ingenio. Hay gente, organizada en patrullas, que recoge por la noche los desperdicios de todo tipo; son los «fecalistas». 

Ahora mismo, en nuestras ciudades, mucha gente rebusca en los contenedores algo de valor, que dejó de tenerlo para otras personas. La pandemia ha trastocado la cesta de los alimentos en muchas familias; nada queda en sus despensas y por eso acuden a centros de ayuda. Y mientras tanto el desperdicio alimentario engorda. ¿Qué enfoque le daría Auster a la novela si el escenario fuese el año 2020? Nos gustaría pensar que los protagonistas habían aprendido a reducir a la mitad el desperdicio mundial de alimentos per cápita a nivel de los minoristas y los consumidores, así como a reducir al mínimo las pérdidas a lo largo de las cadenas de producción y suministro. Es la meta 12.3 de los ODS (Objetivos de Desarrollo Sostenible).

Leer el artículo completo «Entre el desperdicio alimentario y los fecalistas de Paul Auster» en La Cima 2030, de 20minutos.es.

 

Un día de consumo sostenible, mejor toda la semana. Y si es la vida…

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Y se me apuran muchos días, porque todos es imposible. Vivimos rodeados de trampas consumistas, entrampados con consumos más o menos deseados, muchos son de otros pero el espíritu es débil y caemos en la trampa. Quienes no consumen sin parar parecen asociales.

Algunos no somos muy entusiasta de los días de…, porque en cierta manera se convierten en un fraude afectivo. Sirve para esos días ser mejores, o comportarnos más razonablemente, y lavarnos un poco la envoltura de la conciencia. Hoy mismo todas las empresas que nos venden y los gobiernos que dictan leyes dirán que su intención básica es la protección de los consumidores. 

Pero no, esos días también son importantes pues las organizaciones de consumidores, nuestra conciencia colectiva, no repasan cariñosamente lo que no hacemos bien y podemos mejorar, nos alertan para que no nos dejemos engañar. La OCU nos anima hoy a unirnos al consumo sostenible, esa esperanza global difícil de gestionar. Hoy, realmente, es el día de los derechos de los consumidores-as. Parece ser que la pandemia ha cambiado tanto el consumo que habrá que reflexionar sobre el asunto. Especialmente este año en el uso de los plásticos.

Lo dicho, no se olviden de los derechos. ¡Hay tanto que conquistar todavía! Ah, y no se consuma consumiendo. No sea como esa gente que se siente más atraída por comprar que por dedicar atención y uso a aquello que compra.

Como pregonaba un eslogan publicitario de una valla desconchada de un pueblecito de un querido país centroamericano: Con-sumo j(g)usto.

 

La marca España destaca en las infracciones ambientales de la UE

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Los expedientes a países por infracciones ambientales en la UE oscilan entre los 481 del año 2008 y los 284 de 2016; el año pasado 451. La mayoría de las infracciones tienen relación con la gestión de residuos (un 36%), aunque también la calidad del aire (16%), las agresiones a la naturaleza (14%) o la calidad de las aguas (14%). En este asunto, España ya está pagando una multa por el deficiente tratamiento de la depuración de las aguas residuales de las grandes urbes. Ya recibió un ultimátum, que a este paso se convertirá en denuncia,  por la contaminación de aguas superficiales y subterráneas por los restos de la agricultura y la ganadería intensiva. Ahora se ha sumado el asunto de la caza de la tórtola europea.

El año pasado por estas fechas, Rtve publicaba un reportaje sobre estos descuidos, dejaciones graves más bien, en el que situaba a España en segundo lugar, vamos a peor. No se pierdan la fuerza expresiva de la foto en donde las garzas comen la mierda de las aguas residuales y todo lo que en el reportaje se cuenta. 

Visto como van las cosas, los 30 expedientes que colocan a España en primer lugar de la UE por infracciones ambientales, aumentarán. A nuestro pesar y el de mucha gente que desearíamos que España tuviesen un distintivo ambiental fuerte, los planes por riesgo de inundación están empantanados, el asunto de la costa enladrillada está esperando la llegada de otro temporal, ¡qué decir de la gestión de residuos! Como la tramitación de la UE es tan lenta puede que alguno de estos asuntos haya mejorado en el año 2030, o no. Mientras esto suceda, las diferentes administraciones (Gobierno, CC.AA., ayuntamientos) agotarán las etiquetas de verde que llevan prendidas en sus estandartes. La mayor parte de la ciudadanía calla, no sabemos si porque quien calla otorga o por otras razones. Las ambientalizaciones empresariales se cuentan con cuentagotas: más lavados de cara que apuestas firmes por evitar el deterioro ambiental. Y eso en cada lugar hay gente bien intencionada, que desea transiciones ecológicas verdaderas. En fin, esto es lo que hay: marca España. 

 

La pandemia reduce aún más el gasto educativo en los países pobres

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El recorte presupuestario dedicado a educación va en contra de los nuevos retos que ha traído la pandemia por la COVID-19, especialmente en los países más pobres. Duele conocer que dos tercios de los países de ingresos bajos y medios-bajos lo han hecho ya. Esto sucede a pesar de las crecientes necesidades de financiación adicionales. Por contra, apenas un tercio de los países de ingresos medios-altos y altos han reducido sus presupuestos, por ahora. Existe el temor de que aumenten los descuidados educativos pues se espera que la pandemia siga degradando la economía, que la situación fiscal empeore. Y ya se sabe, cuando hay que recortar la tijera se emplea especialmente en aquellos ámbitos que no elaboran un producto visible, competitivo en la economía global.

Esas tendencias diferenciadas entre los países de ingresos bajos y altos, no hacen sino aumentar las desigualdades. Todo esto lo asegura Education Finance Watch(EFW), un informe que han elaborado conjuntamente el Banco Mundial y la UNESCO. Allí se recoge que el año anterior a la pandemia los países de ingresos altos dedicaban anualmente unos 8.500 dólares en la educación de cada niño o joven, mientras que en los países de ingresos bajos no llegaban a 50 dólares. ¿Dónde se esconden los derechos humanos y la justicia universal que permiten semejante desatino?

Es más, si bien el acceso a la educación había mejorado en los últimos diez años, la tasa de pobreza de aprendizaje –la proporción de niños de 10 años incapaces de leer un texto corto y apropiado para su edad– era del 53% en los países de ingresos bajos y medios antes de la COVID-19, en comparación con solo el 9% en los países de ingresos altos. Es altamente probable que el cierre de escuelas por la pandemia aumente esta proporción del 53% hasta un 63%.» Copiamos textualmente de la nota de prensa que habla del EFW en el blog de la Educación Mundial.

Todo lo anterior es una muestra más de las desigualdades, inequidades, injusticia educativa y social, etc., con las que van a vivir las generaciones jóvenes después de que se logre rebajar todo este cúmulo de golpes a la salud, la economía y la sociedad. Está por ver cómo aumentará la tasa de pobreza de aprendizaje después de tantos cierres escolares, incluso en los países de ingresos medios o altos.

¡Cómo se puede consentir semejante desatino! Algo se podrá hacer para reducir las diferencias. El peor estadio social es la indiferencia, venga de donde venga. Hay un camino por recorrer que se llama Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Hay que avanzar más rápido hacia ellos, a pesar de las dificultades. De lo contrario…

El desarrollo humano es un compendio de incertezas y desigualdades

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Hasta hace unos años, el PIB nos decía si un país era rico o pobre, no hablaba de las personas. Ya está desfasado, aunque en términos económicos siga teniendo su tirón. Ahora le ha restado protagonismo el IDH (Índice de Desarrollo Humano) porque habla de personas (acceso a la educación, desigualdad, género, pobreza multidimensional, etc.) más que de dineros, productos elaborados y vendidos y esas cosas. Nos da una foto más nítida de los países y así podemos comparar los niveles de bienestar. En el último IDH conocido, referido a 2019, Noruega, Irlanda, Suiza, Islandia, Alemania, Suecia, Australia, Países Bajos, Dinamarca y Finlandia ocupan las diez primeras posiciones; España se encuentra en el lugar vigésimo cuarto.

Pero la lectura de los datos no puede ser unidireccional: si hay países que lo tienen mejor, en conjunto y sus habitantes, es a costa del planeta en su conjunto y del resto de las personas de otros países y de los seres vivos. Noruega  cae 15 posiciones en la lista si se incluye la presión que ocasiona al planeta por sus emisiones de dióxido de carbono y la huella ecológica de su elevado consumo, que por supuesto no se queda encerrada en su territorio. Otro tanto se podría decir de Islandia, la cuarta en la lista, que retrocede 25 lugares o Australia, que interconectada con el mundo occidental y formando parte de él pero situada en la antípodas, retrocedería más de 70 puestos.

Resulta que los nórdicos europeos, como el resto de los países ricos, son igualmente depredadores de un planeta que no es propiedad de nadie. Por todo esto, ¡más justicia universal ya!, para que el IDH refleje menos diferencias. Se decía que “el desarrollo desarrolla la desigualdad”, quién sabe si el argumento camina colgado de índices como el PIB, los del banco Mundial o la OCDE, e incluso el IDH 2019. ¡Es hora de cambiar el modelo de crecimiento, desarrollo, vida personal y en común! La pandemia nos lo ha demostrado claramente.

Leer artículo completo en La Cima 2030 de 20minutos.es.

Qatar y Luxemburgo ya han vaciado su despensa de 2021

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Estos pequeños países son, por las noticias que tenemos emitidas desde el Banco Mundial y organismos similares, dos de los más afortunados en renta per cápita del mundo. Allí hay bastante gente que debe vivir muy bien, o poca que vive muy mal. Pero claro, como en esto del PIB entran variables ligadas a movimientos dinerarios y comerciales, a la hora de prorratear por habitante, son pocos, la cosa sale bien. Digamos que desmesuradamente elevada para lo que sucede en otros lugares.

Pues bien, no es oro todo lo que reluce. El primero consumió los recursos generados por el planeta para el año 2021 en relación con sus habitantes, llamámosle la huella ecológica permitida si hubiera una cosa que se podría llamar estrategia de supervivencia global, el día 9 de febrero; Luxemburgo el 15 del mismo mes. Si todos los países del mundo hiciesen lo mismo ahora mismo nos encontraríamos al borde de una grave extinción. Las diferencias de los niveles de vida entre países es abismal, más todavía en este 2020 que la pandemia ha hecho estragos en muchos. Echemos una mirada a la previsión del Earth Overshoot Day (Día de Sobrecapacidad de la Tierra) para el año presente; en la asignación de días no se tienen todavía en cuenta el impacto de la pandemia, que por lo que se dice va está siendo brutal y se verá reflejada en los datos de los años 2020-2021. 

Tenemos siempre la duda ética de si esto es justicia universal; también hasta cuándo durará el planeta si las prácticas no se detienen. Los países pobres, que tienen huellas menos dañinas para el planeta, no pueden proporcionar una vida digna a sus habitantes, aunque les quede algo en la despensa. Qatar y Luxemburgo, y muchos de los que están representados en la parte derecha de la esfera planetaria y parte de la izquierda, consumen en demasía. Pero claro, unos cuantos guardan en su despensa/bancos muchos dineros que les sirven para comprar el futuro de aquellos que tienen una huela ecológica más llevadera. Para colmo, se nombran muchas veces como modelo y no faltan reportajes televisivos que nos muestran sus derroches/bienestares. No pasa un día sin que dudemos si nos acercaremos a aquello que decía Wangari Maathai: El mundo necesita una ética global con valores que den sentido a la experiencia de vivir. En fin.

El caro cambio climático, ruinoso en salud y para la economía

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No resulta sencillo reconvertir una vida global, dentro de la inercia internacional, para disminuir la velocidad del cambio climático, que ya está aquí. Cómo será dentro de un tiempo, difícil de prefijar, depende del valor que demos a nuestras acciones u omisiones. Siempre resultará caro, por el esfuerzo que supondrá después de tantos años de manga ancha en la percepción colectiva de las afecciones ambientales.

Hay un escenario muy visible y a pesar de eso menospreciado: los graves perjuicios a la salud humana. De ello se ocupaba un artículo publicado en The Lancet hace poco más de un año en unos escenarios que valoraban tanto la adaptación, planificación y resiliencia para la salud como las actuaciones de mitigación y cobeneficios para la salud, además del análisis de indicadores en otros tres aspectos básicos: impactos, exposiciones y vulnerabilidad del cambio climático; economía y finanzas; y participación pública y política.

Decía el mismo artículo que El costo económico proyectado de la inacción para abordar el cambio climático es enormePor ejemplo, en comparación con mantener un límite de 2 ° C, se espera que los costos de calentamiento de 3 ° C alcancen los cuatro  billones de dólares por año para 2100 (alrededor del 5% del PIB mundial total en 2018), y los costos económicos totales de un aumento de 4 ° C se estiman en 17,5 billones de dólares (más del 20% del PIB en 2018)”. Insistía, como se ha hecho desde muchos ángulos de la ciencia y la economía que “la inversión para mitigar el cambio climático reduce sustancialmente estos riesgos y genera más beneficios económicos”. ¿Por qué no se hace?

Leer el artículo completo en La Cima 2030 de 20minutos.es.

Los ODS desfilan en la pasarela de las tendencias empresariales y económicas

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Esta entrada es corta y además es casi una copia de otra publicada en la Web del Pacto Mundial. Allí se dice que el ritmo de los ODS depende de las tendencias marcadas en 2021, que será el año 5 y a la vez el -10 para alcanzar el deseado 2030. La verdad es que esperamos tanto de este año, por comparación con el pasado, que corremos el riesgo de vernos defraudados. Pero aun así, o precisamente por eso hay que intentar convertir 2021 en una lanzadera social y ambiental. 

Vamos a exponer las tendencias económicas y empresariales -son las que marcan nuestra vida por más que nos empeñemos en negarlo- que imagina el Pacto Mundial. Ordénenlas por orden de preferencia y asignen a cada una sus esperanzas de logro (alto, medio, bajo). Aquí las tiene:

  • La sostenibilidad será el propósito de la alta dirección.
  • Las financias apuestan por al sostenibilidad.
  • Aumentarán las Normativas y políticas públicas relacionadas con los ODS.
  • Cada ves son más las empresas que publicitan sus compromisos por los ODS y los cuantifican.
  • La gestión empresarial tendrá muy en cuenta los derechos humanos.
  • Nos dirigimos hacia una economía baja en carbono.
  • Está aumentando el modelo de economía circular. 
  • Cunden las alianzas pata lograr los ODS.
  • La resiliencia empresarial aumanta mes a mes.