Economía

La letanía de los crédulos climáticos; apenas practicantes

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Debo reconocer que me quedé sorprendido con los resultados de la encuesta realizada por Simple Lógica para elDiario.es. Los analistas encuentran en ella que «casi el 70% de la población respalda medidas como regular o limitar el consumo de energía, restringir el uso del coches en las ciudades o aumentar los impuestos a las actividades más contaminantes». Además, una gran mayoría de los españoles y españolas, el 83%, cree (no se dice que piense a carta cabal), «que el cambio climático es una amenaza que hay que combatir con urgencia».

Debo reconocer que me ha sorprendido que los votantes de casi todos los partidos, excepción hecha de los del NO a todo, no se diferencian en exceso en sus creencias (re)climatizadoras. Porque claro, asombra esa casi unanimidad al valorar la existencia del cambio climático, la necesidad de actuar para aminorarlo y la urgencia en ponerse manos a la obra. Es más, hasta se cree en la medidas de ahorro de diverso tipo (coercitivas por parte de las administraciones), para combatir la emergencia climática en la que nos encontramos. La cosa es que los resultados van en consonancia con los de aquella encuesta que hace un poco más de un par de años hizo Sigma Dos para El Mundo.

La ficha técnica del muestreo me hace ser precavido, sin dudar para nada de la idoneidad de la empresa que hace la encuesta. Claro que por lo que veo afecta a la sustancia de lo aprobado por el Gobierno el 1 de agosto para hacer frente a la crisis climática. No sé si se alude a la implicación personal en apoyo a las medidas que marcaba el Gobierno. Si así fuese, o si no, los dirigentes de los partidos en la contienda negacionista de todo lo que propone el Gobierno, fundamentalmente el PP y el otro, deberían reunirse con sus votantes (que no sé si solo creen y además piensan y actúan). Por si fuese el caso, cambiar de estrategia.

Debo reconocer que no tengo idea precisa de la percepción ciudadana real del cambio climático, a pesar de la cantidad de artículos e informes que he leído y comentado, algunos en este blog. Me lo confirmó «El día sin coches» último, que en una observación parcial en un nudo viario conflictivo normalmente de la ciudad donde vivo, sin valor estadístico, no noté en absoluto. Es más, según decían las televisiones el día se celebró con muchos coches y la mayor parte ocupados por una sola persona. Seguramente pertenezco al grupo de NS/NC, que en todos los casos es considerable. Ya me lo adelantó Sócrates hace unos 2.400 años.

Por eso lo del título: una letanía con escasos practicantes, un atrevimiento personal sin duda, a la vista de los resultados de un simple observador; y de la reposada lectura de los datos de los consumos del combustible y en general la energía. Por eso no me cuesta afirmar que el asunto de la crisis climática y su enfoque es aquí, en España, un drama político y social, con un amplio elenco de personajes. 

¿Y si hubiese ocurrido lo del diluvio universal? Los dioses buscan un nuevo Noé

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Desde hace unos días leo y veo los rastros de las inundaciones. Imágenes de tierras arrancadas, ríos urbanos nuevos y personas dolientes. Sus caras son el espejo de algo inesperado. Veo en la mayoría de toda esa gente anónima el futuro incierto en un presente desolador. Alguien se lamenta del infortunio, otros culpan a la naturaleza. Por cierto, las inundaciones son la catástrofe natural que más daños causa en España. Por eso, algunos defienden que debería construirse más pantanos para laminar la tempestad casual. Pero da la casualidad de que este año, a pesar de tantos desbordamientos de cauces que han causado daños personales y materiales, los embalses se encuentran bajo mínimos. Y es que la lluvia torrencial no entiende todavía dónde caer y cómo hacerlo. Piensen un poco dónde se dan y se producirán este verano-otoño las danas catastróficas. Por eso, hay quien defiende otras gestiones del agua y la liberación de los barrancos y llanuras de inundación de recorridos fluviales. La lista de las inundaciones en España es larga en este 2022; lo que nos faltaba después de la pandemia. Andalucía, Euzkadi, Castilla-La Mancha, Galicia y así el mapa autonómico completo se llena de paisajes inundados por lluvias torrenciales. 

No solo suceden en España. Seguir las inundaciones que han asolado el mundo durante este verano nuestro, invierno para otros, es toda una lección de Geografía. A primeros de julio hubo hasta una orden de evacuación en Sidney y Nueva Gales del Sur (Australia). Señalemos en el mapa Kentucky que soportó una de las más grandes de su historia. En el Valle de la Muerte, en California, cayeron en tres horas de un día de agosto el equivalente al 75 % de la lluvia anual de media. El río Yellowstone, que da nombre a uno de los lugares más biodiversos del mundo subió de nivel unos 4 metros (desconocemos si el oso Yogui habrá tenido algún problema. El enorme Brasil ha sufrido varias, ahora solo me acuerdo de las de Pernambuco pero hay otras. En Alemania llevan una año tremendo. Si no que lo pregunten a los ribereños del valle del Ahr. 

En  Pakistán y Bangla Desh los monzones descargaron hace unos días lo nunca visto. Se llevaron muchas vidas, destruyeron pueblos enteros y motivaron desplazamientos de cientos de miles de personas. Porque ya se sabe las desgracias siempre se ceban con la gente más humilde de los países pobres. Córcega, Italia, Austria, Reino Unido y un etcétera que no cabe en este chispazo. ¿Cómo se explica todo esto? 

Lo del bíblico diluvio universal no está claro tal cual lo cuentan, como un castigo divino, y dónde aconteció aunque el Arca quedase anclada en el monte Ararat. Me da por preguntarme quién sería el nuevo Noé (podría ser un equipo de demócratas quien decidiera, porque lo de alguien puesto a dedo no os convence) y qué o a quién se llevaría en su arca para hacer renacer la estirpe humana. Si haría una encuesta o algo así, si elegiría a quienes más sufren, a la gente que más poder y dinero tiene, a los presidentes de las grandes tecnológicas, a los líderes del G20, a los presidentes de las ONG socioambientales, a la gente sabia de las Universidades e Institutos de Investigación, a los artistas, a la gente de la lista de los más ricos para que pagasen la reconstrucción. Se supone que no haría discriminación por razón de sexo, raza o religión. ¡Vaya papeleta! Por cierto, ¿se llevaría animales, plantas y seres vivos de todo tipo para recuperar lo perdido? Unas palomas habría que llevar, por eso de si volvían con una rama de olivo. Aunque pensándolo bien las palomas están desprestigiadas desde que dejaron de intervenir en la paz mundial.

¿Y si estuviéramos asistiendo a nuevos episodios del diluvio universal? Tantos años de historia aprendida para encontrarnos a estas alturas en semejante situación. Una pregunta sin mala intención: ¿Por qué está la naturaleza tan enfadada con la gente? ¿O el asunto sigue siendo un castigo divino?

La nostalgia del futuro se reimagina en el presente

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Miramos atrás para tirar hacia delante. Los tiempos dulces, no para todos, se rompieron definitivamente con la expansión de la pandemia. Más bien se mostraron elocuentes. Como siempre, los pobres del mundo apenas salieron en los noticiarios. Buscar ahora mismo, escuchar o leer, una referencia a los desastres bélicos, ambientales y humanitarios que soportan los países pobres es una aventura sin final. 

Nosotros a lo nuestro, que los pobres ya tienen bastante con sus desgracias y poco podemos hacer desde aquí; eso dicen pero el asunto daría para muchas conversaciones. Tras el paréntesis veraniego vendrán los lamentos de antes, prioritariamente los nuestros: bienestar real, agua a discreción, inflación controlada, salud de las de verdad, viajes y fiestas sin limitaciones, trabajo digno, etc. ¿Y si el mundo nuestro ya no es como era? Tenía guardada en mi cuaderno de esperanzas lo que Bauman llama las retrotopías. Que más o menos querrá decir algo así como que la nostalgia nos hace volver al pasado sin exabruptos pandémicos, bélicos, ambientales o inflacionistas; como si nada hubiera sucedido; aunque Bauman lo ajusta más diciendo que es «la negación de la negación de la utopía». Pero la nostalgia es un cofre con doble fondo. Se aflora lo brillante o menos malo y se esconde aquello que no encaja; algo así leí que dijo G. García Márquez. Pero pocas veces se usa la nostalgia para separar lo que hicimos mal y no volver a equivocarnos.

Dicen que en el mundo rural pervive la nostalgia, que ilumina los horizontes mañana y tarde. La idealización de lo rural no va a detener las huidas permanentes, en todo caso las suavizará un poco. Si la gente se fue de los pueblos es porque alguien o algo los echó; acaso las nulas expectativas de futuro. Los grandes rebaños no tenían quien les llevase el morral. Al irse dejaron que la naturaleza retomase el espacio perdido. Campos del olvido que escondieron sus márgenes a pesar de la sequías. Márgenes que los incendios que ha padecido Europa, España donde más, alumbraron para eliminar otras nostalgias. Pongamos cuidado porque la nostalgia es a menudo una seductora inquietante.

Los poderes políticos grandes y los entes con dineros a mansalva incrementan la nostalgia en sus consejos de mandamases por mantener su papel en el mantenimiento de un orden estricto, como antes. ¿De qué nos sirven las nostalgias del pasado si se centran en las relaciones económicas y totalmente subjetivas dirigidas a preservar privilegios económicos, de género, de raza/origen, de país, etc.? Lo macro nunca tuvo en cuenta lo micro. Lo veremos en el mundo, también en Europa, cuando el verano sea la entrada de un otoño social y económico. Acaso más grave en invierno. Nostalgias del pasado de nuevo. Un intento de idilio con lo que antes veíamos bien, o quizás mirábamos mal.

Utopía de volver a un cierto paraíso, estilo Tomás Moro, que antes no cesábamos de criticar. Solo es necesario leer alguno de mis antiguos chispazos para comprobrarlo, o buscar en Internet. Pero el horizonte lejano es un espacio vacío que hay que rellenar. Nos lo han recordado las incertidumbres emergentes. Volviendo a Bauman: ¿No será que los poderes establecidos nos supieron vender, y nosotros compramos sin pensarlo mucho, que la individualización del progreso era una forma de liberación? ¡Vaya chasco si fue así!

Acaso, cuando llegue septiembre, el recorrido del camino al futuro podamos convertirlo en un recorrido de limpieza de esos daños que se hicieron en la búsqueda de las promesas. Nos quedan los presentes. Aprovechemos para 

P.D.: ¿Qué pensarían si leyesen esto los pobres de todo el mundo, las mujeres oprimidas de Afganistán o cualquier país, los sin techo, los inmigrantes sin futuro que enlace con la nostalgia, los pensionistas que no acaban ningún mes sin deudas, los damnificados por las inútiles guerras, etc.? También les podríamos preguntar a los chicos y chicas de nuestros institutos de secundaria, a los universitarios o a quienes se tuvieron que conformar con ningún título.

La rebelión de la naturaleza explosionó, y nosotros en medio

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Parece que todo se ha aliado para hacernos la vida más complicada, hasta la naturaleza está en nuestra contra. Se ha alejado de aquello que Dante decía de que era el arte de Dios; luego los dioses no nos quieren, o nos alertan de que todo es posible y nada es improbable. Llegó la COVID-19, atribuida por gente de ciencia a la liberación vírica de los bosques eliminados. Después de resistir a la pandemia el calor asfixiante nos envuelve, todos metidos en una multicrisis climática que nos sofoca y nos hurta el agua que magnánimamente nos daba. Olas de calor por todo el mundo, el dios del fuego bajó a la tierra. Tierra reseca cada vez más que sin la lluvia que la naturaleza enviaba de vez en cuando arde con el olor del fuego: incendios que la naturaleza generaba pero ahora llevan el mensaje de rebelión por tanta destrucción de hábitats. Destrucción, contaminación, desamparo y pérdidas irreparables. La naturaleza sufre y llora, las personas afectadas blasfeman contra ella, porque el mundo parece otro. Muchos la acusan de una rebelión a destiempo, sin ver que otras circunstancias acechan. 

Todo en el mismo lote. La sabiduría sobre el papel de la naturaleza la expresaba Francis Bacon en aquello de que solamente podemos «dominar» la naturaleza si la obedecemos. Ni aun así, le diríamos al filósofo y mucho menos si hemos hecho de la tierra un infierno para sus habitantes. ¿Quién no se rebelaría? Muchos de nosotros que seguimos empeñados en dominarla, cueste lo que cueste, aunque sea nuestra existencia. Era Julio Verne quien nos dijo aquello de que podemos desafiar las leyes humanas pero nunca las de la naturaleza, que tiene sus propios códigos no escritos pero visibles en sus formas. Incluso tras los incendios de estos días quedará algo maravilloso que será el rebrote de nuevas semillas, la vuelta de invertebrados y pájaros.

Todo en el mismo lote como aquellas filosofías críticas que hablaban que incluso en el año 2022 la naturaleza sería una necesidad del espíritu humano, como estamos comprobando estos años. En el momento en que nos han dejado visitarla ahí hemos estado. Pero nos han pillado de lleno explosiones no controladas de la naturaleza. En las anteriores rebeliones de la naturaleza, ha habido muchas, no ha incluido el papel incendiario de la especie humana. Le quita la razón a Lao Tzu que decía que la naturaleza nunca se apresuraba; nos gustaría saber lo que pensaría sobre la situación actual el sabio chino. Lo más probable es que se rebelara.

Además, la utilización torticera de la naturaleza lleva a algunos al improperio social de dejar de proporcionarnos el combustible clásico -manipulado por el hombre y cada vez más escaso o difícil de obtener en la naturaleza- y se rebela; como diciendo: basta. Pero, ¿quién escucha esa advertencia? Será alguien que consiga que entendamos que la naturaleza no es un lugar para visitar, sino para quedarse. Por eso no está solo en el campo, en el mar o lejos de las ciudades. Porque estas son hoy parte de la naturaleza, o deberían serlo sin tantos aspavientos.

Para terminar la llamada del artículo, o comenzar a entender algo de nuestra existencia, me quedo con aquello que decía Blaise Pascal, pues me sirve para entender la rebelión inducida y la explosión actual: «La naturaleza es una esfera infinita cuyo centro está en todas partes y la circunferencia en ninguna». Añado, dentro tiene muchos círculos y planos cruzados con matices siempre cambiantes que la someten a rebeliones varias; especialmente cuando los humanos pretendieron a la vez sofocar los desastres que ellos u otros provocaban. Ahora son tierras calcinadas en donde el negro parece maldecir el futuro. También valdría como ejemplo el agua que no tendrán, ni para beber -por su deteriorada calidad- ni para los usos que se van inventando. Pero son tantas las escenas olvidadas, los peligros que nos acechan, las palabras huecas de quienes tienen el mando de las cosas, que tardamos en entender las espoletas o detonantes, pero nuestra pólvora esta perfectamente identificada. Ahora en forma de incendios y problemas en el abastecimiento de agua, pero mañana…

Aprovechemos la rebelión de la  naturaleza para reclamar más atención y recursos a nuestras autoridades.

La maldición de ser pobre, enésimo capítulo sin final

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Cómo estará la cosa que hasta el BCE (Banco Central Europeo) ha tenido que llamar la atención de que el dinero (medidas fiscales incluidas) que se dio a los países europeos para paliar las desgracias pandémicas, bélicas y energéticas no ha llegado a los hogares más pobres; solamente el 12 %. pero es que el Fondo Monetario Internacional ha alertado sobre lo mismo. Pero aún hay más: lo destinado a acelerar la transición energética apenas llega al 1 %.

Tomemos nota del algo más a añadir a la desgracia de los pobres: entre las ayudas no vinculadas al nivel de renta de los hogares y las que se destinan a empresas suponen el 88 %. Eso es de lo que se quejan los dos extremos de los dineros: dinero y deducciones (son cuestionables los ayudas universales para mitigar el cambio climático y no adecuarlas a los niveles de renta) para los ricos y las migajas para los pobres.

No digamos ya con el asunto de la inflación galopante. Interfiere en la vida de los más pobres mucho más que en la de los ricos. Cuando hay expertos gabinetes de economía que dicen que habría que dedicar la mitad de los dineros a parar la inflación de quienes viajan en transporte público y son economías familiares muy débiles. Lo peor, que nos descalabra del todo es que más del 54 % de los dineros se vayan a subvencionar el empleo de combustibles fósiles. Suponemos que será una medida «muy transitoria» pues al paso que vamos el cambio climático se frotará sus apéndices con estas medidas. Lo de impulsar el gasto militar con estos dineros parece una aventura de alcance equívoco, pero dejamos la interpretación para posteriores fases de la guerra de nunca acabar desarrollada por Rusia en Ucrania. También se ceba con los más pobres y no hace sino aumentar desigualdades por el mundo donde extiende sus tentáculos.

NOTA: En EAPN encontrarán detallada la cuestión de la pobreza y el riesgo de exclusión. 

El evaporado poder del agua, versión 2022

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Cuenta la leyenda que una vez se reunieron en torno a una jarra de agua varios pensadores ilustres y cada cual expresó el valor del agua en una frase corta. Uno de los presentes, Leonardo da Vinci (en excelso pintor y dibujante del alma, además de ingeniero) decía que era la fuerza motriz que movía todo en la naturaleza. Lo razonada en que no solo los ingenios hidráulicos lo demostraban, sino cada gota que sube por los vasos leñosos de las plantas y vivifica las células que almacena en sus vacuolas.

A lo que Lao Tzu, el del Tao y sus virtudes, hubiera respondido (vivió casi 2.000 años antes) que en el mundo no hay nada más sumiso y débil que el agua. Sumiso porque siempre va hacia abajo y parece que deja que la gente hagamos lo que queramos con ella, incluso penetra en el suelo formando grandes almacenes freáticos. Sin embargo, para atacar lo que es duro y fuerte nada puede superarla. De esto no hemos encontrado la razón documentada pero imaginamos que se referiría a que desgasta hasta a las rocas y vence al fuego, a los incendios, haciendo una especie de cápsula alrededor de lo que arde para evitar que el oxígeno del ambiente reavive los fuegos. Benjamin Franklin, hubiera dicho de vivir en aquellos tiempos lo de que cada paisano del mundo árido conoce: el valor del agua si el pozo se seca a menudo. Si pudiéramos haber asistido a la reunión hubiésemos precisado que eso antes sucedía en lugares extremadamente secos pero que ahora pasa en sitios muy castigados por el cambio climático y la falta de precipitaciones. Como ahora en España, el país de Europa que más embalses tiene (ahora mismo están al 40 % de su capacidad, 8 puntos menos que el año pasado y 19 que la media de los últimos 10 años), donde ya han empezado las restricciones, y lo que nos queda por delante. También en Francia andan secos y con restricciones y en…

Después de escuchar decir a Henry Thoreau que el agua es la única bebida del hombre sabio, llenaron sus vasos y bebieron la parte que les tocó, no sin antes haberla bendecido Nelson Mandela deseando que hubiera siempre trabajo, pan, agua y sal para todos. No se ha cumplido porque una parte de la población no tiene de casi nada de eso, otra desprecia el agua porque en su proyecto de vida no parece que falte. Otros porque ya culparán al Gobierno respectivo, en España al Presidente preferentemente, o pensarán que lo arregle el sursuncorda. Por cierto, no lo habíamos dicho pero la jarra estaba medio vacía o medio llena como cada cual prefiera, incluso puede que tuviese algún agujero que minaba su contenido.

NOTA: No sabemos si la reunión fue virtual. Por eso esta versión es provisional, ni siquiera si se celebró. Aun así, los cenizos, entre los que se encuentra quien esto escribe que nació y se crió en la reseca estepa, piensan que la cosa irá a peor en su país y limítrofes. para hacer semejante conjetura se ha informado en la Aemet  y en la OMM. Sin embargo estamos de vacaciones, y no es conveniente anunciar cosas malas a la gente. Por eso que quede entre los que leen estos chispazos. Por cierto, si quieren saber un poco más lean este artículo de eldiario.es.

 

 

La guerra del trigo azuza el (des)orden mundial

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La alimentación es la clave principal de la supervivencia de la especie. Tanto que ha provocado grandes convulsiones a lo largo de los siglos. Se anuncia que Ucrania y Rusia, bajo mediación de la ONU y Turquía, han firmado un acuerdo para dar salida al trigo que una parte de la población mundial necesita para no sucumbir. Queda ver cómo discurre su cumplimiento.

El amarillo de la bandera de Ucrania viene del alto valor que allí tiene el trigo y otros cereales, cultivados en tierras negras (chernozem). Estas cubren una parte de ese país, que a la vez suponen la cuarta parte de las existentes en el mundo que todavía conservan su fertilidad. Como retienen mucha humedad y el clima todavía les es propicio, los rendimientos por hectárea son muy elevados. De ahí aquel dicho que afirmaba que «Ucrania es el granero de Europa».

Eso sucedía antiguamente, hasta que los rusos decidieron invadirla, era uno de los principales graneros del mundo. Lo saben bien los países del este africano y todo el Oriente Medio en los cuales han comenzado ya las hambrunas. Se teme que este nuevo escenario tenga que ver en posibles revueltas en los países árabes. Ya sabemos que las guerras del pan han estado presentes siempre a lo largo de la historia. En España se recuerdan las algaradas causadas por la carestía del pan en Requena (1748 y 1766), año este en el que sucedió el motín de Esquilache, en donde se mezclaron granos con vestimentas. Se extendió como la harina impulsada por el viento y adoptó diversas dimensiones, como el «Motín de los broqueleros» en Zaragoza. Fuertes fueron las revueltas de 1904 en Valladolid, antes ya hubo otras en 1856. Por eso, en la FAO andan muy preocupados se la actual invasión rusa se prologa durante mucho tiempo. Tanto es así que avisan de que estamos ante una crisis alimentaria sin precedentes en la historia.

Todo lo anterior venía a cuento para insistir una vez más en que cualquier desarreglo mundial en la cadena de producción y consumo, llega hoy a todos los confines del mundo. La interdependencia es hoy total. Cada obús que explota en Ucrania imposibilita la alimentación de mucha personas situadas a miles de kilómetros de la acción bélica. Tenemos la demostración en los sufrimientos de muchos pobres de países ricos, y países pobres de solemnidad, a algunos de los cuales se forzó al abandono de los cereales que les procuraban proteínas, en el desorden mundial. Detrás vino la inseguridad alimentaria y de nutrición que la FAO lleva tantos años denunciando. Esto, dicen algunos, no ha hecho nada más que empezar y vaticinan migraciones en bandada o revueltas generalizadas, que también expulsarán a mucha gente de su territorio. No se pierdan el último número de EOM (El Orden Mundial) especialmente preocupado en ilustrarnos sobre los desórdenes mundiales de plena actualidad.

Y no solo es el trigo.

Contra el tiempo y la desesperanza, diversas raciones de rebeldía social

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Vivimos tiempos difíciles. Se podría resumir diciendo que no se encuentra una solución que reduzca las desigualdades y atempere las incertezas. Las plagas que azotan el mundo tienen nombres comunes (hambre, pobreza, desigualdad, guerras, genocidios, limitación de derechos universales, persecuciones por causas subjetivas, falta de alimentos y agua, desnutrición, alzas aceleradas de precios, etc. Pero detrás, esos nombres comunes llevan lugares concretos, muchas personas anónimas. A poco que nos esforcemos vemos el planisferio entintado, con colores en rojo y matizados. Pero estas calamidades se distribuyen de manera desigual también dentro de cada país. El Índice Gini así lo confirma. Ya sucedía antes de que la COVID-19 y la guerra expansionista de Rusia y otras olvidadas en el mundo destruyesen una parte de la esperanzas en los lugares expuestos. Ahora se han incrementado.

Cabe esperar a que las cosas cambien a mejor por algo indefinido; quién sabe si sucederá y cuándo. Casi siempre, si ocurre, beneficiará a los ricos, de ingresos altos o medio altos. En cualquier país de mundo. No podemos resignarnos, nunca es demasiado tarde para no hacer nada. El nada ya nos hubiera convertido en no ser. La vida es una aventura por la que se transita mejor amparado en la ética, removiendo la personal y pensando en la ecosocial. En ese caso, cualquier avance conmueve a quienes escuchan el latir del mundo. En otras ocasiones se ha demostrado que la capacidad de resistir las contrariedades puede ser infinita y nos aproxime a la tabla de salvación. Tocará compartirla y agrandarla con ciertas dosis razonadas de rebeldía social. Pues desconocemos si el tiempo sicológico dura más o menos que el real.

Hasta hace poco se predicaba que la esperanza es universal, incluso los pobres la atesoran por si en algún momento pueden intentar dar el salto definitivo. Pero para ello hay un componente básico. Se identifica con la rebeldía, con la lucha contra los infortunios. No solamente los propios sino los ajenos;  nos lo dice la supervivencia de la especie. Contra el tiempo y la desesperanza no cabe resignarse. Sin embargo, vemos con preocupación que, como recoge EOM, el mundo se rearma para las que llaman paces armadas. No es buena noticia. Por eso, hay que demandar acciones a las administraciones, más en los países llamados democráticos. Máxime cuando los gobiernos, no sólo de la OTAN que ahora se va a rearmar de obuses contra la esperanza, de muchos países que hacen de las cosas de las guerras una parte importante de sus presupuestos. Rebeldía frente a aquellos países, pero también empresas y partidos políticos cercanos, o ciudadanos de aquí que los aplauden; empeñados en “explotar su libertad” sin importarles para nada la de los demás. Para entender esos comportamientos leamos detenidamente “De la necesidad y la esperanza” de María Zambrano, escrito en Roma en 1949. Tan actual como desconocido.

Busquemos contenido y acción, curiosidad y posibilidad de actuar, en aquello que decía A. Schopenhauer: quien ha perdido la esperanza es que ha perdido también el miedo, eso es lo que distingue a las personas desesperadas. Qué si no impulsa a los migrantes africanos que buscan el infinito a pesar de verse sometidos a tantas maldades en el camino. Un recuerdo especial para quienes mueren en el intento, como los fallecidos la última semana en la frontera entre la pobre África y la deseada Europa. También para la gente humanitaria que se rebela e insiste en socorrerlos, trata de apagar el miedo y alargar la esperanza de un mundo menos injusto.

Ecovestimenta para rescatar la ética olvidada; menos «fast fashion»

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Dicen por ahí, seguro que lo ha escuchado, que la moda de usar y tirar puede resultarnos cara. Pensemos en esa ropa barata, que se vende en esas grandes cadenas, que nos compramos cada año. Dado que el coste económico no ha sido grande podemos desecharla a los cuatro días. Quienes están influidos por la recuperación y el reciclaje la lleva en bolsas a los puntos de recogida que han puesto en marcha ayuntamientos o algunas instituciones de socorro colectivo ligadas a las iglesias. 

Hasta ahora todo parecerá bien, comparado con quienes se deshacen de ella en el contenedor de residuos donde va el «resto» o directamente la amontonan en sus repletos armarios. Pues sí y no. Vivimos en el denominado fast fashion, que más o menos se podría traducir con indulgencia diciendo que es una renovación constante y acelerada de la vestimenta. Por si se había olvidado, las industrias que elaboran esa ropa son de las más contaminantes del planeta (responsables de casi un 10 % del CO2) y de las que más agua utilizan. Marcan a demasiadas personas «el estilo tendencia» y mucha gente se apunta a esa corriente. 

Tanto cuestan tanto duran puestos en un cuerpo, dirían los más viejos del lugar. Pero hay otra cuestión de esclavitud encubierta. De igual valor son los derechos humanos y sueldos de las trabajadoras y trabajadores de esas fábricas de lo efímero. Seguro que saben cuáles son pero los voy a recordar: Bangladesh, India, Camboya, Indonesia, Malasia, Sri Lanka y China, etc..

Apuntemos estas razones para abandonar la moda de la brevedad, según cuenta una investigación divulgada por Greenpeace México: Entre 2000 y 2015 la producción de esa ropa se duplicó (unos 100 millones de prendas), las veces que se ha usado una ropa ha decrecido un 36 %, hay muchas prendas que se usan 7 o 10 veces como máximo, un 75 % de esa ropa recogida termina incinerada (no admite un 2º uso), y un etcétera muy largo.

Según leemos en la revista Ethic «el sector textil genera más de un millón de toneladas de residuos solo en España, situándose entre las cuatro industrias más contaminantes del mundo y siendo la segunda en mayor consumo de agua (con una reutilización, además, de apenas el 1%)». parece ser que la UE, en Bruselas, están trabajando para reducir y, si pueden, eliminar esta lacra del consumismo. Quieren revisar el vigente «Reglamento de la Directiva de Ecodiseño» para que la economía circular mande y el ciclo de la vida de los productos sea razonable. De hecho la UE calcula que estas modas, generalizadas en consumos de ropa y productos en general suponen el 80% de impacto medioambiental. Es decir, rescatar un carácter más sostenible en toda la cadena de valor. Dicho de otra forma: evitar el nacimiento de «la ropa muerta que mata», que podría ser una traducción muy libre de la versión inglesa de la ropa efímera que nos han vendido con el único atractivo del costo para el bolsillo del quien la compra (quizás se desconocía lo anteriormente escrito), pero deudora y derrochadora de la ética global. 

No tengo ni idea de quien es Vivienne Westwood, ni cómo vivía ni a qué se dedicaba pero me gustaría que su frase fuese el nuevo estilo de vestimenta, su tarjeta de pago: “Compra menos, elige bien, hazlo durar”. Y añado: piensa un rato antes en los costes ecosociales de su ciclo de vida.

Por cierto, vienen días de REBAJAS en casi todos los comercios. Saque la mano del bolsillo y olvídese del tarjetero. Compre solamente aquello que de verdad necesite. Gracias globales.

 

Si juegas con el calor te expones a quemaduras

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En pleno ola de calor, tan adelantada que casi quema el calendario, mucha gente sigue comportándose como si tal cosa. Tal cual si no fuera con nosotros, excepto para iniciar conversaciones, maldecir el asunto o el lugar donde vivimos o dotarnos de sistemas climatizadores del aire. Este gente no se habrá dado cuenta de que no solo cuenta el calor encerrado en los lugares habitados. Puede que desconozca que el calor de lo que se llaman olas se refiere a la energía acumulada en la atmósfera, más presente en la troposfera, que es ahí donde vivimos nosotros y el resto de las criaturas del planeta. 

La vida no es un juego, y aquí jugamos al escondite cuando nos toca esforzarnos por algo que no se ve pero de lo que más o menos podemos defendernos. La ciencia asegura, ya no dice probablemente, que la frecuencia de las olas de calor tiene mucho que ver con el cambio climático incentivado por los modelos de vida. Ahí estamos nosotros. El IPCC viene avisando del peligro del aumento del calor en el aire, de lo que ha dado en llamar cambio climático, después crisis, y últimamente emergencia. En su sexto informe afirma que las cosas de la energía en el aire y lo de los gases contaminantes van a peor. Es más apuntan que las temperaturas extremas serán frecuentes en los valles del Guadiana, Guadalquivir y Ebro si persiste la inacción.

Mientras esto acelera, los Parlamentos apenas se ocupan de las consecuencias, no aprueban normativas contundentes. Prefieren emplear el tiempo en maldecirse los unos-as a los otros-as. Imaginemos que existiera una justicia social que vigilase la no protección parlamentaria de la población a la que representan. Entonces se iniciarían expedientes judiciales por la dejación de responsabilidades climáticas. Así los jueces dedicarían menos esfuerzos en castigar los presuntos delitos o faltas que cometieron gente ecologista, científicos y científicas lanzando agua con tintes disueltos a la fachada y puerta del Parlamento español; si es que se han abierto expedientes. Así querían denunciar la inacción comprometida de las Cortes ante el cambio climático y la falta de apoyo a la ciencia en general. La pena es que se recordará el hecho en sí mismo, no las razones que lo provocaron.

Asamblea ciudadana por el clima, una experiencia comparativa

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La existencia de cada uno de nosotros está plena de deseos pero es escasamente visible fuera de nuestro círculo próximo. Solo cuenta lo que expresen la celebridades, aunque no digan cosa comprensible, más que nada por lo que ocultan. Asomarse a ciertas redes sociales es una manera segura de flagelarse por el diluvio de vacuidad que expulsan.

Frente a esas hay experiencias renovadoras e ilusionantes de las que tenemos ejemplo por toda Europa y el mundo: las Asambleas Ciudadanas por el clima. La que se ha puesto en marcha recientemente en España (100 mujeres y hombres anónimos, elegidos al azar) se ha reunido, debatido, acordado, ilusionado, leído con compromiso, etc. Sus integrantes, mujeres y hombres sin especiales vínculos con acciones contra el clima, han compartido sus visiones. Fruto de ellas se han «atrevido» a presentar 172 propuestas a este gobierno y los que vengan detrás. Seguro que la actual Ministra ha tomado buena nota; a ver si las circunstancias la dejan ser valiente y le dan tiempo a serlo. A veces los mensajes del Ministerio son interpretados de forma «peculiar» por quienes gobiernan en las CCAA, provincias, ayuntamientos, etc. No digamos ya del mundo empresarial, excepción hecha de unas cuantas empresas que han interiorizado que no hay otro camino. Pero la mayoría son incrédulas o directamente negacionistas. A ver si va a ser verdad aquello que dicen que dijo el filósofo y escritor británico Bertrand Rusell, Nobel de Literatura,  sobre que “Los científicos se esfuerzan por hacer posible lo imposible. Los políticos (influenciados por sus creencias y por las empresas multipoderosas) por hacer imposible lo posible». Afortunadamente para nosotros no son todos.

Las conclusiones de la Asamblea Ciudadana, por ahora, están en las antípodas de las que hacen los poderes públicos y empresariales. Para estos últimos las palabras enmudecen a las obras, mientras que los primeros proponen palabras de esperanza. Pero de entrada, gracias al Ministerio de Transición Ecológica por promoverla. Ha querido crear un laboratorio sin contaminar que debía imaginar la mejor manera de hacer que España sea climáticamente neutra. O casi, por que a nuestro modo de ver hay probables que resultan en sí mismos imposibles. A la vez que se dan improbables cercanos a lo posible. Albert Einstein hubiera dicho que “Los que dicen que es imposible no deberían molestar a los que lo están haciendo». 

Los procesos de deliberación ciudadana son necesarios siempre, ahora todavía más que los problemas aumentan y da la sensación de que nos hemos vuelto tan «exclusivistas» con nuestros ideales. Más ahora que en España los procesos de deliberación han huido de muchos parlamentos, qué es parlamentar sino escuchar con respeto para llegar a acuerdos, en los que se practica mucho más el «tiro al plato», con proyectiles verbales. 

Desde muchos sectores se intenta luchar contra el cambio climático. Creámoslo: es un problema serio de atención urgente que implica cambios de estilos de vida profundos. Lo expresaba con una rotunda claridad la gran filósofa y poeta María Zambrano: No se pasa de lo posible a lo real, sino de lo imposible a lo verdadero. Al menos, que los políticos se esfuercen en mirar con ese planteamiento las 172 propuestas y las clasifiquen según su urgencia. 

Las bombas de la guerra de Ucrania caen en África

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No solo en África sino en otros muchos países del mundo. El alza generalizada de materias primas y de productos de consumo básicos amenaza la economía global, pero especialmente en los países pobres de África. Una sola cuestión explota y sus esquirlas afectan en todo el mundo. La subida de los combustibles y otras materias primas ahoga la economía mundial. Pero detengámonos en la crisis alimentaria que se ha generado con la imposibilidad de exportación del trigo ucraniano o ruso a los países africanos. Si no se garantiza la salida del trigo desde el puerto de Odesa se vislumbran consecuencias graves que se alargarán varios años. 

Como denuncia Oxfam, en países como Kenia, Somalia, Etiopía y Sudán del Sur, castigados ahora mismo por una sequía sin precedentes en los últimos 40 años, se ven privados del trigo que les llegaba regularmente desde Ucrania y Rusia. No solo esos sino que también otros del norte de África (Egipto, Libia, Argelia…) y Oriente Medio (Yemen, Líbano, Irak), y algo afecta al África subsahariana (Nigeria, Sudán, Senegal…) o central (R.D. del Congo y Madagascar, y en Asia (Bangladesh). En total cientos de millones de personas.

Las guerras son crueles y malditas para todas las personas pero en especial para las más vulnerables. Durante estos días se ha celebrado en Estocolmo una conferencia de la ONU para abordar las tres graves emergencia que amenazan el presente y futuro del planeta y sus habitantes: climática, de contaminación y pérdida de biodiversidad. En ella, Antonio Guterres, el Secretario General de la ONU ha dejado claro que el mundo sabe qué hay que hacer y dispone de las herramientas necesarias, pero faltan liderazgo, cooperación y compromiso. La primera ministra sueca, Magdalena Andersson, defendió la necesidad de hablar menos y hacer más, y más rápido. 

Volvió a plantearse como en la primera conferencia mundial que tuvo lugar en Estocolmo ahora hace 50 años aquello que predicaba una y otra vez Olof Palme, el primer ministro sueco entonces: «No hay ningún futuro individual, nuestro futuro es común. Debemos compartirlo y darle forma juntos». Los ecos de la inacción global llegan a todo habitante del planeta, no solo las personas, pero se ceban especialmente en los más vulnerables y entonces causan más daños que el simple eco de que algo ocurre. Nos quedamos con las palabras de Teresa Ribera, Vicepresidenta del Gobierno de España y Ministra de Transición Ecológica: Necesitamos una transformación profunda y radical, los retos de hace cincuenta años se han transformado ahora en crisis». Considera que «estamos muy lejos de los objetivos marcados o de diseñar las respuestas que necesitamos» porque «los retos de entonces se han convertido en emergencias», por lo que es ineludible una transición profunda y radical a la hora de plantear la vida global. 

El estruendo de las bombas ha impedido la escucha del socorro demandado por las ONG y organismos internacionales. La espigas del cereal están huecas o quemadas. ¿Ahora o nunca? Ya. Acuerdos internacionales para abrir corredores que permitan la salida de alimentos básicos para el mundo desde Rusia y Ucrania. El tiempo corre más deprisa que los dirigentes mundiales. 

Crisis alimentaria a la vista: más pobres y con menos salud

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La tranquilidad mundial, es un decir, que reinó durante unos años en Europa a comienzos del siglo XXI dejó a los países ricos al margen de las penurias alimentarias, con la excepción de las derivas de incertidumbre de la crisis de 2008. A todos sus habitantes no, porque también tenían ciudadanos pobres y hambrientos, particularmente en las grandes ciudades. Pero, aunque no llegasen a todos, tenían sistemas de protección social que aminoraban en parte las tragedias de determinadas familias. Si no que se lo pregunten a muchos de los inmigrantes, que desde su llegada a Europa, los que no murieron en el intento, sufren penalidades económicas que palían con economías de corto alcance.

El descontrol en el precio de los alimentos tiene muchas caras. La COVID nos enseñó la más amarga, porque mezclar hambre con una epidemia, en un contexto de pobreza nacional, desestabiliza hasta a las ratas, con perdón por poner en medio a estos animales. Las rutas comerciales se rompieron, los compromisos se anularon, las globalizaciones alimentarias cayeron por su propio desastre conceptual. La FAO lleva tiempo avisándonos. Aunque eso que pasa en muchos países africanos, asiáticos o de América no se nombra en los noticiarios. Por si acaso ahí va un resumen de Rtve.

Después, más bien enseguida, los rusos decidieron invadir Ucrania, el granero de Europa se decía cuando el que escribe estudiaba el Bachillerato, y de eso han pasado ya muchos años. Dado que se han establecido vetos a la exportación rusa en respuesta a la guerra que han provocado, los canales comerciales se han roto. Se han cumplido las profecías de los simples: a menos oferta, si la demanda se mantiene, escalada de precios y escaseces de alimentos en quienes no los pueden pagar. La segunda dice: las personas mayores y la infancia serán los mayores damnificados. Ver lo que dice Unicef.

Quienes quieran entender mejor lo que aquí expongo que entren en el International Food Policy Reseach Institute, que titula de una forma clara su artículo: De mal en peor en el asunto de la seguridad alimentaria. Incluyen una comparativa entre la crisis de 2008 y la de 2020. Habla de la diversidad de factores que motivan la percepción de que la crisis alimentaria se llevará por delante parte de los amargos recuerdos que nos dejó la COVID-19. Atentos a la falta de fertilizantes. Uno, que es ignorante, suponía que ese asunto estaba resuelto en los países ricos.

Los más damnificados serán los de siempre. Se adivinarían fácilmente, pero para evitarles pensar los citamos aquí: India, Egipto, Asia central y África sahariana, Mongolia, etc. En el artículo se recuerda que “muchas restricciones a la exportación no son prohibiciones absolutas, sino impuestos u otros costos de transacción que elevan los precios de las importaciones de productos básicos pero no las impiden per se”. Total, el efecto es parecido.

La UE, que tiene bolsas de pobreza, capea como puede por ahora las crisis. Pero el alza, entre otros, de los precios de los alimentos llevará a tiempos peores, a los que habrá que hacen frente con desembolsos comunitarios y personales ingentes. No se pierdan los pronósticos del Banco Mundial. Se me olvidaba: tampoco en España la seguridad alimentaria está asegurada, por ahora los precios de los alimentos han subido como la espuma. Los ricos protestan, los pobres (6 millones en riesgo y 2,4 con falta de recursos) tiemblan.

Ahora a vivir de la despensa ecológica

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El pasado día 12 habríamos consumido en España todo lo que el sistema tierra-aire-agua y social que nos corresponde habría sido capaz de generar durante el año 2022 completo. O dicho de otro modo: si todos los habitantes de la Tierra llevasen nuestro tren de vida ese día se deberían cerrar los supermercados de recursos ambientales. Lo dicen los cálculos del Global Footprint Netword, criticados por ciertas entidades que tienen intereses varios en la dinámica comercial. Nuestra huella ecológica no debería haber ido tan allá, pero aquí estamos echando mano de la despensa, bien sea propia o ajena. Cada año que pasa la fecha del sobrepaso se adelanta, la de España y la mundial. Y claro, hay que utilizar para vivir el remanente que durante tantos centenares de años fue generando el sistema global, que no sabemos cuánto durará.

La despensa ambiental es la depositaria del tiempo. En algunos lugares nació con esplendores varios mientras que en otros solamente exponía limitaciones. Para quienes no estén muy puestos diremos que para calcular el día del sobrepaso se tienen en cuenta dos cuestiones básicas: la biocapacidad de la Tierra (cantidad de recursos que el planeta puede generar ese año en las grandes áreas como las tierras de cultivo, las dedicadas al pastoreo, los enclaves forestales, las zonas de pesca y también las tierras edificadas. El segundo concepto que se emplea para ese cálculo es la huella ecológica, es decir, cuánta superficie de estas áreas productivas necesita determinada población (la de un país o la mundial) para “producir todos los recursos que consume y al mismo tiempo absorber los desechos que genera”.

Entre todas las despensas, que se rellenaban más o menos según lugar y otras circunstancias, componían el ecosistema Tierra, que cada vez se siente más vacío de valor. El asunto no afecta solamente a España, por desgracia. Si mal no recuerdo, hace unos 50 años, ese día del sobrepaso mundial se establecía alrededor del 30 de diciembre. Desde entonces la fecha se ha adelantado más de 200 días. 

Vamos a suponer, aunque sea mucha benevolencia, que gobiernos, empresas y ciudadanía quieren ponerse a trabajar para devolverle parte de lo robado al planeta. Hagan todo lo posible, pero sepan que las ONG ambientalistas no tienen dudas en que este déficit de esperanza de vida global es debido, entre otras causas, al actual modelo de producción y consumo. Generador además de buena parte de la crisis/emergencia climática y de la destrucción a ritmos acelerados de la biodiversidad.

Ahora viene la moraleja: si sabemos qué lo provoca cómo somos incapaces de reducir esos qué. La fábula de Jean de La Fontaine «La encina y la caña» venía a decir, más o menos, que en momentos de adversidad y problemas, la soberbia tumba incluso a los menos débiles. Por contra, el ejercicio sencillo y comprometido de la vida que practican los sensatos y humildes la sostiene.

El gas consumido como moneda de pago ético

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Las atrocidades que están cometiendo los proyectiles rusos se difuminan en el gas consumido por las economías europeas de la UE, que tantas amenazas han lanzado contra la economía rusa. En casos como este, el pensamiento, por más altruista que sea, no da de comer, no mueve la industria ni los transportes, no incrementa las cuentas de resultados de las grandes multinacionales. Por cierto, algunas de ellas se están enriqueciendo a manos llenas con la guerra y sus consecuencias.

En bastantes ocasiones, la sociedad que pretende ser ética se mantiene sin caer a plomo a costa de mirar hacia otro lado cuando el espectáculo la contradice. Pero el asunto no es sencillo. Planteemos la siguiente hipótesis: se celebra una consulta popular en los países de la UE. Solo con tres cuestiones: A su juicio: A. Se debería priorizar el mantenimiento económico, o el crecimiento del PIB, de su sociedad; B. Habría que renunciar al consumo de gas ruso aunque supusiese posibles desgracias (los precios más caros, imposibilidad de viajar en determinados casos, cierre de muchas industrias, aumento del paro, etc.); C. No sabe, no contesta. Es posible que el resultado no fuese favorable a la segunda posibilidad. Quien busca la verdad corre el riesgo de encontrarla, vino a decir alguna vez Manuel Vicent. La ética no es una amiga permanente; si lo fuera no fallaría cuando más necesidad tenemos de ella.

Demos tiempo al tiempo. La ética global y sostenible, ahora con mil caras y adornos, se materializa en dineros a nada que nos descuidemos. Pero mientras el cielo se derrumba sobre nosotros, explórense todas las posibilidades para mantener una ética global de la que nos sintamos un poco más orgullosos. No vaya a sucedernos aquello que temía Jean Paul Sartre: Como todos los soñadores, confundí el desencanto con la verdad.