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Disfrutar del canto de los pájaros desde nuestras temporales jaulas

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De “Actividades para vivir el medioambiente desde casa”

Es difícil encontrar algo más bello que el poema Pájaro del agua de Juan Ramón Jiménez. Dice así: Pájaro del agua/ ¿qué cantas, qué encantas?/ A la tarde nueva/ das una nostalgia/ de eternidad fresca,/ de gloria mojada./ El sol se desnuda/ sobre tu cantata./ ¡Pájaro del agua!/ Desde los rosales/ de mi jardín llama/ a esas nubes bellas,/ cargadas de lágrima./ Quisiera en las rosas/ ver gotas de plata./ ¡Pájaro del agua!/ Mi canto también/ es canto de agua./ En mi primavera,/ la nube gris baja/ hasta los rosales/ de mis esperanzas./ ¡Pájaro del agua!/ Amo el son errante/ y azul que desgranas/ en las hojas verdes,/ en la fuente blanca./ ¡No te vayas tú,/ corazón con alas!/ Pájaro del agua/ ¿qué encantas, qué cantas?

Todos sabemos que en una ribera nunca faltan los sonidos de los pájaros. Se puede oír sin más o realizar una escucha atenta. Incluso hay alguien que logrará identificarlos. Quien lo desee puede viajar sin moverse de casa hasta el Museu del Ter para conocer a los pájaros del río, para identificar alguno, para disfrutar de sus cantos e incluso competir con quienes nos acompañan en casa para identificarlos. Pero la riqueza interactiva de este museo no acaba ahí. Los ríos son como la paleta de una artista llamada naturaleza. Al Ter también le pintó una variada vegetación de ribera, en la que colocó múltiples macroinvertebrados, bastantes peces, varios anfibios y algunos mamíferos. Esta Web es muy interesante. Hay que detenerse a mirar. Habla de los pájaros invernantes, estivales, residentes todo el año. Por cierto, se puede descargar el contenido en PDF.

Más de una vez nos habremos preguntado qué querrán decir los pájaros con sus cantos. Imaginémoslo: se contarán lo que hicieron el día de antes, o los planes que tienen para ese día. Otras veces emitirán llamadas de aviso, de búsqueda, o se sentirán contentos simplemente y querrán que el resto lo sepan. En más de una ocasión advierten a otros colegas de que están en territorio privado, o eso creen, pues en la naturaleza no hay fronteras. Escucha el canto de algunos de estos pájaros; y juega en familia a adivinar lo que quieren decir es un placer que nadie se debería perder. Con ellos se podría componer una bella sinfonía que titularíamos “La naturaleza alada habla”. Para quien no lo sepa, los pájaros son protagonistas en la música clásica como se explica Julio Andrade en este artículo; quién lo desee, seguro que enlazará fácilmente con las obras citadas. Por ahora facilitamos la entrada a la soberbia interpretación de Emmanuelle Bertrand de El canto de los pájaros de Pau Casals, símbolo de la paz y libertad en todo el mundo, de la cual también se puede disfrutar en otras versiones orquestadas. También a El lenguaje de los pájaros de Jean Sibelius por la NHK Shympony Orchestra.

Quienes amen la literatura no pueden perderse el poema El vuelo de Pablo Neruda, y el relato El príncipe feliz de Oscar Wilde. El multiforme canto de los pájaros, que sin duda expresa tanto esperanzas como temores, se expresa de muchas maneras.

Disfrutar de los pájaros sin salir de nuestra jaula/casa, por ahora. 

Ver artículo completo en Ecoescuela abierta de El Diario de la Educación.

Diario, más o menos apócrifo, de un jubilado recluido

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La defensa cerrada contra el coronavirus nos está permitiendo comprobar si la solitud tiene ventajas, si se ha podido encontrar el espacio justo de las rutinas, si hemos sido capaces de disciplinarnos en los horarios. Cuesta empezar el día pensando en rellenarlo de cosas (escribir sensaciones sin expresar amargor, leer sin convicción, echar mano de unas dosis de pantallas sin fijación concreta, relajarse limpiando una y otra vez la casa, caminatas por el pasillo y otras extensiones gimnásticas, etc.) para alimentar la esperanza de que todo esto acabe cuanto antes. En cierto modo, cada cual trata de sustituir los pensamientos cruzados por tareas relajantes.

A menudo estos días, todos -poco importa en este caso la edad- acudimos a la conexión telemática para reconectar afectos, bien sea por la convencional llamada de teléfono o por otros medios. Al menos el confinamiento ha tenido de positivo que nos ha ayudado a reducir distancias no percibidas antes, ocupados como estábamos en resolver lo nuestro. Esos momentos afectuosos casi llegan a reemplazar a las distancias cortas, recomponer las miradas. Pero no, nos juramentamos para recuperarlas cuando esto acabe.

En su diario, el jubilado quiere escribir renglones de confianza y optimismo, alentado por las variadas muestras de solidaridad que muchos profesionales derrochan estos días. Por más que lo intenta, no logra encontrar una situación  anterior que se le parezca a esta, que le ayude a entender lo que pasa. En ocasiones, se consuela pensando que vivir es capear incertidumbres, que la sociedad es casi tan entrópica como el sistema energético que nos mantiene. Mira varias veces al día por la ventana, más que nada para que los rayos del sol lo iluminen y le ayuden a demostrarse a sí mismo que sigue vivo. Este ejercicio real es algo mental, muy parecido a lo que hace toda esa gente que cada día a las ocho de la tarde aplaude al infinito, identificado o no, para escucharse también, para sentir latir sus emociones. Desde su atalaya observa el ir y venir de la urraca -aparentemente despreocupada- al platanero que tiene debajo de su ventana. Pero algo intuye el córvido pues no trajina en su nido antiguo, simplemente se posa cerca de él, como ausente y solitaria; será que barrunta algo porque parece que hasta las palomas han huido. La única gente -enmascarillada- que transita por la calle da la sensación que huye de sí misma. El parque verdea como si fuera una primavera normal; al menos cambia el horizonte del mirón que alarga su vista hacia el parque, lugar de encuentro antes, ahora cercado por unas cintas que lo delimitan. Ni un niño por la calle, y esta vez no se los ha llevado el Flautista de Hamelin. La ciudad sin niños es un espectro de sí misma. Al jubilado le gustaría conocer qué siente ante esta situación Francesco Tonucci; otro jubilado, en este caso ilustre, que siempre pensó y vivió para los niños.

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¿Qué pensarán las hormigas europeas de nosotros como especie socializada?

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Decía una fábula que propagaron en sus tiempos Esopo y Jean de la Fontaine -este incluso se atrevió a decir que debían instruir a los humanos- que las laboriosas hormigas en nada se parecían a las ociosas cigarras. Félix  M. de Samaniego también abordó el asunto. Sin ir tan lejos,  Disney les dedicó un corto. No es extraño; unos y otros defendían que el esfuerzo y el trabajo aseguraban la vida. Ese principio ha formado parte de la cultura universal como una estrategia de supervivencia. Asunto que no hubiera venido muy bien en la actual pandemia, en la que se echa de menos previsión y solidaridad entre semejantes.

Volviendo a las hormigas y su espíritu colectivo, recuerdo un trabajo publicado por la revista “Behavioral Ecology and Sociobiology” en su número de septiembre de 2015  que recogía un estudio de la Universidad de Arizona que afirmaba que la mitad de los individuos del hormiguero son unos ociosos/ poco previsores y despreocupados; o sea, que ni su sociedad es perfecta. Los investigadores trataban de encontrar fundamento a esta inactividad: pereza, no hay trabajo para todos, ociosidad programada, son los privilegiados los que no hacen nada, algunos son reservistas, hay algo de falta de previsión, se desconoce el concepto de incertidumbre, un poco de chulería ante el enemigo, etc. Uno se acuerda de La Fontaine y trata de ver si en la sociedad actual hay individuos poco previsores, egoístas, reservistas o simplemente ineptos. las hormigas actúan como especie socializada pero no parece que tengan líderes; lo de la hormiga reina es otra categoría.

Viene todo esto a cuento del sálvese quien pueda que han entonado los países de la UE, del escaso eco que nos aquí nos hicimos de la pandemia de Wuham porque era cosa de chinos, de que creíamos tener suficiente llena la despensa de lo básico, de la tardanza en reaccionar a estímulos que no entendíamos -no solo es cosa de las hormigas-. En fin, que nos faltó el principio de precaución desde hace décadas y en esa tesitura cualquier enemigo hará estragos en una sociedad globalizada en múltiples fragmentos. Se destrozó de forma estrepitosa, bueno una vez más, la ilusión colectiva que en algún momento se llamó Unión; dicen que en unos 15 días van a encontrar una solución al egoísmo magnificado. Lo más grave es que barruntamos que solos no nos iría mejor, haríamos como las cigarras del cuento: cantar y cantar. Solamente tenemos que atender a las polémicas de algunos regidores y regidoras de las CC.AA. contra cualquier decisión que toma el Gobierno de España, que por supuesto puede estar equivocado o no, pero vaya papelón que le ha tocado. ¡Qué tenga suerte!, nos irá bien a todos. Como vemos, en esta colonia europea ahora debilitada hay muchos tipos de hormigas.

NOTA FINAL: Tras el día después deberemos dejar de formar parte de las hormigas egoístas, pero necesitaremos líderes, al menos en Europa, para demostrarles a las hormigas que no nos ganan en eso de ser especie socializada, y sin embargo solidaria.

El Covid-19 contagia gravemente a la educación en el mundo

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No te rindas que la vida es eso,/ continuar el viaje, /perseguir tus sueños,/ destrabar el tiempo,/ correr los escombros y destapar el cielo. Nos dijo Benedetti.

DECIMOTERCER DÍA DEL ESTADO DE ALARMA EN ESPAÑA, Y EL MUNDO TAMBIÉN SE ESTREMECE

Tal es así que ha expulsado de las aulas a más de 1.300 millones de estudiantes, lo cual supone el 80 % de la población estudiantil mundial. Este hecho, en unos casos dura más que en otros, supone un grave quebranto para ellos, sus familias y cada país en su conjunto. La UNESCO alerta en su último trabajo GEM de que las respuestas son muy diferentes en unos países y en otros. En unos casos se ha fortalecido la educación a distancia, en otros se ha hecho mediante MOOC o por televisión. Pero hay muchos niños y niñas, incluso estudiantes universitarios que no tienen pantallas, ni si quiera disponen de electricidad en sus casas. Siempre los pobres se llevan la peor parte de todo. Padecen la fatiga anticipada de la negación educativa, que destruye la humana ambición de huir de la miseria, que siempre resulta más fuerte si es iletrada.

El cierre de las escuelas no solo trastoca los calendarios escolares, que serán adaptados mejor o peor según se alargue la pandemonia. En las familias pobres impide el acceso a comidas nutritivas que les proporcionaba la institución escolar. El aislamiento social que supone la reclusión lleva pareja una sobrecarga de familias y cuidadores, muchos de los cuales no pueden/saben ayudar en las tareas sustitutivas que les mandan los centros escolares. No se sabe la duración de estos cierres; sí se puede intuir que el curso escolar ha acabado ya en algunos sitios. ¿Consecuencias visibles? El tiempo dirá. Seguro que los países ricos saben encontrar cuidados paliativos. Vaya desde aquí el homenaje a tantos profesores y profesoras empeñados en no romper los lazos educativos a través de la red.

En estos momentos en los que pocos se siente a gusto en su piel, en estos episodios de cierre escolar, hemos de acordarnos de todos esos niños y niñas refugiados y desplazados de Siria, Afganistán, Yemen; Eritrea o el África subsahariana, etc., para los cuales la escuela es un simulacro, como denunciaba UNESCO hace unos meses; cifraba en más de 250 millones los niños y jóvenes privados de escuela. Lo más probable es que el Covid-19 no tenga en cuenta desgracias previas y también se cebe con sus familias y con ellos. Nadie los protegerá de la posible hecatombe.

Hace falta un concierto mundial que ayude a la humanidad entera al cambio de era.

Bosques desaparecidos, privados de biodiversidad interrelacionada vs virus expandidos

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DECIMOSEGUNDO DÍA DEL ESTADO DE ALARMA EN ESPAÑA:

De Nicolás Guillén : Mire la calle. /¿Cómo puede usted ver/ indiferente a ese gran río/ de huesos, a ese gran río/ de sueños, a ese gran río/ de sangre, a ese gran río?

¡Vaya! Se nos olvidó dar las gracias a los bosques el día 21 de marzo, que era antes el día del calendario que no señalaba por qué nuestra vida tiene todavía una cierta confortabilidad. La FAO lo había preparado recordar con un título de alerta global: Los bosques y la biodiversidad. Demasiado preciosos para perderlos; algunas organizaciones ecologistas también. No nos resistimos a copiar algo de la Web del Día Internacional de los Bosques de este año:

“Cuando bebemos un vaso de agua, escribimos en un cuaderno, tomamos medicamentos para la fiebre o construimos una casa, no siempre relacionamos estas acciones con los bosques. Sin embargo, estos y muchos otros aspectos de nuestras vidas están vinculados a los bosques de una manera u otra. Los bosques cubren un tercio de la superficie terrestre y juegan un papel fundamental en la vida del planeta. Más de 1 000 millones de personas —incluidas más de dos mil pueblos indígenas— dependen de los bosques para sobrevivir: les proporciona alimentos, medicinas, combustible y abrigo. Son fundamentales para combatir el cambio climático

Tantas palabras bellas, tantas ideas reconfortantes para perderlas oscurecidas por la pandemia del COVID-19, que en pocos días ha tapado el resto de nuestras preocupaciones; las retomaremos en cuanto nos dejen un poco de hueco en el pensamiento. Acabamos de leer que la pérdida de los bosques puede tener bastante relación con la propagación de los virus. Se destapó la capa protectora ecosistémica y de allí partieron los inductores del Ébola, el VIH o el dengue. Los virus se liberan de sus huéspedes originales por la acción humana.

Cuidado con la alerta: El Centro de Prevención y Control de Enfermedades de Estados Unidos (CDC, en sus siglas en inglés) estima que el 75% de las enfermedades nuevas emergentes que infectan a los humanos proviene de animales.

Si alguien no lo cree solamente debe escuchar el tiempo. Seguro que esta asociación será silenciada pero aquí queda escrita. Acostumbrémonos a pensar que lo increíble puede ser probable, o posible.

¡Salud a los bosques! Dejemos en paz su salvaje biodiversidad. ¡Qué la pesadilla del último virus salvaje acabe pronto!

No sé qué decir frente al contagio del patógeno humano

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UNDÉCIMO DÍA DEL ESTADO DE ALARMA EN ESPAÑA

Ante el naufragio vírico que nos está castigando no cabe sino protegerse de sus impactos. La descontrolada irrupción del COVID-19 ha puesto en cuarentena la multiforme economía mundial, derrotando incluso al dinero. ¡Quién lo iba a decir! Pero además ha limitado las libertades personales, ¿Dónde ha dejado tantas luchas sociales?; y está haciendo estragos en la sanidad colectiva, el gran logro universal del siglo XX. ¿Qué se puede argumentar ante semejante cataclismo? De tal calibre ha sido el envite, que algunos se sintieron dentro de un nuevo “apocalipsis bíblico”. Parecía una cosa remota cuando empezó, lo veíamos como imposible de llegar hasta nuestras súper protegidas sociedades. Quienes sufrieron al comienzo vivían tan lejos, eran tan diferentes a nosotros. Sin embargo, la distancia se hizo nada y el tiempo se constriñó. En estos momentos Italia y España se han colocado en el epicentro del coronavirus, donde más golpea. Los servicios sanitarios no dan abasto para limitar sus efectos; a pesar de ello, decenas de miles de personas enfermarán y demasiadas morirán.

No sé si lo que otros dicen me sirve; hay tantos mensajes que se superponen unos a otros que lo más que logran es acrecentar agonías;los avisos se convierten en necrológicas si alguien se engancha a los continuos informativos televisivos.

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Homenaje al agua, que hace de vehículo de antisépticos contra el coronavirus

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“Toda el agua del mundo es una abuela/ que nos cuenta naufragios y regatas/ que nos moja la sed y da permiso/ para seguir viviendo otro semestre”, al decir de Mario Benedetti.

Pocos se acordaron de su día, el 21 de marzo, que es cuando se le rinde todos los años un homenaje universal. Este año no, pasó sin hacer ruido, como siempre porque fluye delicadamente, pero prestando un servicio universal. Ya antes de consumirla, cada uno de los días de esta plaga del coronavirus, se alió con el hipoclorito y otros desinfectantes para destruir los posibles patógenos que pudiera tener en origen. También dentro de ella viaja el hipoclorito que lanzan los equipos de personas que desinfectan nuestra calles, ciudades y estancias; en ella se combina el jabón (con sus sales y triglicéridos) que protege nuestras manos una y otra vez de las posibles trazas del coronavirus. Con ella, convenientemente calentada y con los aditivos necesarios, lavamos buena parte de los materiales reutilizables para luchar contra la pandemia; las lavanderías de los hospitales saben de qué hablamos. Seguro que el personal sanitario se acuerda de ti cada vez que se enjabona las manos, cuando se ducha en casa tras una jornada agotadora, porque le acercas antisépticos o desinfectantes útiles. Sin ti no podrán protegerse ni siquiera las manos los pobres, los más pobres de los países ricos y quienes carecen de abastecimiento y saneamiento en el mundo.

Portadora de antisépticos y desinfectantes añadidos se lleva los patógenos víricos no se sabe dónde; tampoco nos importa mucho ahora si dañarán o no a alguien. Algo de esto sabremos con el tiempo. Tendremos que reflexionar sobre ello, porque el mundo se nos está haciendo multivírico, y nos ha sumido en el despiste total. Pero seguro que algo aprenderemos, seguro que te valoraremos cada día más; tú también necesitas cuidados.

Imaginamos que las aguas limpiadoras llegarán por las alcantarillas a las estaciones de depuración; allí nuevos tratamientos les devolverán una parte de aquella salud que en tiempos tuvieron, o no; los ríos nos dirán si los seres vivos encontraron rastros en su vida. El agua, siempre al agua, olvidada y a la vez objeto de adoración, como otras muchas cosas que nos pasan desapercibidas en esta vida acelerada. Ahora mismo, merece ese aplauso, al menos con el pensamiento, que lanzan en España los ciudadanos confinados.

Cuando todo esto pase recuperaremos tu fiesta, también la hemos dejado apartada para evitar las aglomeraciones.

El patógeno de la osadía humana reclama un antiséptico colectivo

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OCTAVO DÍA DEL ESTADO DE ALARMA EN ESPAÑA

No sabe a ciencia cierta cómo surgió, si fue fruto de la casualidad o una consecuencia de la inteligencia acumulada, de la complejidad cerebral. Quizás fue la fuerza para derrotar a sus múltiples enemigos, al amparo del paso del tiempo de los tiempos, desde las armas prehistóricas hasta la nuclear barbarie. No falta quien dice que el descuido estuvo en su génesis. La realidad es que la especie humana se convenció del lugar que ocupaba en la pirámide de la vida, incluso desbancó a las deidades. Tuvo sus puntos de inflexión, luchas por el territorio la llevaron a guerras aniquiladoras;  maldades diversas diezmaron su población. ¿Quién ha olvidado la peste de 1348? Tal fue la mortandad general que casi elimina a la especie en Europa. Nos hubiésemos quedado sin la revolución cultural y comercial del Renacimiento.

Vinieron después otras fuerzas ocultas, en forma de nuevas pestes o de guerras malditas impulsadas por demonios exterminadores. ¡Que les pregunten a los europeos del siglo XX, o a aquellos japoneses que sintieron derrumbarse el cielo por efectos de las bombas atómicas! ¡Qué decir de los desastres provocados por la peste de 1918! Dicen los científicos que tras todos efectos exterminadores hay detrás un patógeno -virus u otro-, que cuando se trata de invadir la especie humana se apoya en mucho desconocimiento, algo de envidia, una parte de prepotencia y no falta el miedo al otro; o que en realidad unos y otros vectores pandémicos son los genes del patógeno. Eso al menos comentaban cuando los presidentes de unas poderosas naciones estaban a punto de pulsar el botón nuclear.

Llegó la era tecnológica y nos convenció del dominio del mundo; todo se conseguía al momento a golpe de un clic. Sin embargo, ahora mismo la superpoderosa especie humana vive acosada por un invisible “no ser” que trata de aniquilarla, como si fuesen enemigos declarados. ¿Por qué razón? La gente normal no entendemos; hay científicos que defienden que detrás de la pandemia vírica está la pretenciosa osadía humana de sentirse invulnerable, porque tuvo avisos recientes en forma de ébola, sers u otros. Demasiado precio a pagar por la imprevisibilidad. ¡Suerte a quien debe luchar contra el coronavirus!, desde dentro o con cuidados a otros. Seguramente, ni unos ni otros son osados; su culpa no les pertenece, más bien es cosa del descuido o la imprevisión de otros, o de que todos nos creímos que ya podíamos dominar el planeta a nuestro antojo.

Dice la gente de buena fe que saldremos fortalecidos de emergencia mundial, que la osadía (pretencioso atrevimiento) será apartada de las relaciones humanas internacionales y comerciales y trucará en resolución colectiva, aquella de la que se echa mano cuando todo lo previsto falla. ¿Quién sabe? ¡Ojalá! Para los que creen y también para quienes dudan vendría bien recordar algo de lo que Heráclito nos dijo hace 2.500 años: si no esperas lo inesperado, no lo reconocerás cuando llegue.

Para la gente curiosa: la RAE dice que osadía significa tanto atrevimiento como resolución. Hay que aprovechar esta última como antígeno colectivo, en este momento tan doloroso.

Si la contaminación del aire fuese un coronavirus

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Seguramente saldríamos con mascarillas de las buenas, o estaríamos confinados en casa. Se habrían suspendido no solo la circulación de coches por las calles sino el transporte de mercancías. Las autoridades sanitarias se reunirían todos los días y en le tele y las tertulias no se hablaría de otra cosa. ¿Por qué cuesta reconocer que respiramos un aire que envenena, que enferma y mata más lentamente que un coronavirus pero se extiende por todos los lados? La Fundación Española del Corazón alerta de que unas 30.000 muertes anuales en España están vinculadas a la contaminación al aire respirado, buena parte de las cardiovasculares entre ellas. Ante semejante emergencia, que lo es claramente, los gobiernos miran para otro lado; la gente calla y no se alarma como con el coronavirus dichoso, incluso se sienta a tomar algo en terrazas situadas en calles con niveles de contaminación alarmantes. Una pregunta bienintencionada. ¿Cómo cambiaría la vida si las autoridades, sanitarias o no, tomasen este asunto como una pandemia “coronavírica” y desarrollasen serios protocolos de prevención y atención? Es posible que las urgencias de los hospitales se aligerasen. Otra cuestión que se nos escapa: ¿La autoridades sanitarias de cada CC.AA. informan a la ciudadanía de cuántas muertes se producen en su territorio ligadas a la contaminación del aire? Pues eso.

Si se quieren enterar de las ciudades españolas donde más se enfermará por respirar miren aquí

La odisea “ODSiana” de las CC.AA. va para largo

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El Informe 17 ODS x 17 CCAA es el primer estudio que se lleva a cabo en estos ámbitos de forma conjunta. Analiza unos 200 indicadores para “tratar de dilucidar la aproximación diferencial a las Metas de cada ODS en las 17 CC AA, a la vez que evaluar el desempeño comparado de cada CC AA en todos los ODS, en los diferentes bloques temáticos y a nivel general de la Agenda 2030”. En el informe se establecen rankings. En realidadintenta detectar carencias y pretende focalizar el grado de cohesión territorial en la transición hacia los presupuestos de sostenibilidad y de equidad establecidos en la AgendaImaginamos que con el informe se pretende que a partir de él cada administración se mire en el espejo.

Las conclusiones del estudio advierten de una enorme disparidad en el cumplimiento de los ODS por CC AA Esto se produce a pesar de que los organigramas de los Gobiernos de muchas Comunidades aparecen cargos que llevan el apellido ODS. Habremos de darles tiempo. Porque, mal que nos pese, ninguna de esas se podría calificar como totalmente sostenible, pues no alcanzan buena nota en el conjunto de los cerca de 200 indicadores que se tienen en cuenta. Hay que resaltar que no todas las CC AA avanzan igual de rápidas hacia la meta de la Agenda 2030. Hay que denunciar que algunas se contentan con poco, o partieron desde muy atrás.

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Para qué depurar las aguas. Es mejor pagar multas, aunque se enferme

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Eso es lo que deben pensar las administraciones españolas pues su demora en acometer algo tan básico como la depuración de las aguas residuales está costando, a todos nosotros, multas millonarias de la UE y trastornos en la salud, que tardaremos mucho más en reponer, o puede que no lo logremos. No se entiende este asunto que está resultando hediondo, dañino y denunciable en los juzgados. Increíble pero cierto, las mayores multas que impone la UE a sus estados miembros están relacionadas con problemas ambientales, esos que se dice que tanto preocupan. España tiene en trámite cinco posibles sanciones por no depuración o calidad de las aguas, ¡Solo hay 1.100 aglomeraciones urbanas implicadas! La directiva comunitaria, aprobada en 1991, obliga a todas las aglomeraciones de más de 15.000 habitantes a depurar correctamente sus aguas residuales. Que nadie olvide el caso del Mar Menor, el icono del mal gobierno en España, de la despreocupación de agricultores y ciudadanos de todas las sensibilidades.

Por cierto, hay imputados varios regidores y otras gentes por la mala gestión del asunto, además de por los dineros escamoteados. Ecologistas en Acción lleva años luchando contra la desidia depuradora. A ver si logra sus objetivos.

Quién paga el peaje contaminante de los que viajan en avión

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Volar es un deseo compartido por mucha gente; ya lo quiso Ícaro, pero se acercó demasiado al sol y acabó en el abismo. Viajar en avión hace realidad más de un sueño, aunque semejante placer individual tiene un alto coste ambiental. Se sabe que incluso un vuelo de corta distancia (poco más de 2 horas entre Madrid y Roma) produce más contaminación por pasajero que la provocada en todo un año por un habitante de países como Mali, Congo, Etiopía, etc. Quienes viajen desde aquí a Nueva York, sepan que generan semejantes emisiones a las que se surgen de calentar una casa normal europea durante todo un año.

Los expertos climáticos avisan de la dependencia del aumento de temperaturas medias con las emisiones aerotransportadas. Mal va la cosa, pues la Organización Mundial de Turismo (OMT) pronostica que en 2019 se voló un 5% más que el año pasado, que ya supuso un incremento respecto al anterior. Ahora, las emisiones totales ya representan un 300% más que en 1990 y se prevé que podrían triplicarse en las próximas tres décadas; normal, pues se esperan 40 millones de vuelos, más de 100.000 diarios. Solo un detalle: por los aeropuertos españoles se movieron en julio unos 30 millones de viajeros. Se entenderá el gran revuelo que ha organizado la gente de ‘Flygfritt 2020’, por ejemplo, comprometiéndose a no coger aviones en todo el año, o los deseos de algunos suecos que se han inventado el ‘flygskam’ (vergüenza de volar en avión) y el ‘tagskryt’ (orgullo de viajar en tren).

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El pin sostenible se viraliza

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Los flamantes Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) han provocado una cantinela generalizada. Se los han aplicado por todos los lados: desde los calendarios y las marcas de coches hasta el turismo; en la última Fitur celebrada en Madrid incluso vendían destinos de aire sostenible (sic). Qué decir de los recientemente celebrados Premios Goya del cine español. Se ha hecho público que Aenor los certifica como evento cero emisiones lo mismo en el consumo energético que en el transporte y alojamiento de invitados, también en el consumo de agua y en la gestión de residuos, el merchandising, la seguridad y otras cosas; incluso algunas invitadas al evento han reutilizado vestidos de otras personas. Dice la nota de prensa emitida que la compensación se ha llevado a cabo mediante los mecanismos establecidos por la ONU; pero no los especifica. Algo se mueve todo para dar valor al ODS. Núm. 11, Acción por el clima.

Sea postureo o no, empieza a sonar el hecho de que la vida tal cual la llevamos es insostenible, que el pin sostenible debe ser visible permanentemente para recordárnoslo; lo más conveniente es portarlo en el interior de nuestro pensamiento, pero mientras tanto… Nos gustó que lo exhibiese el actor Jesús Vidal, o el director Javier Fresser, premiados por la excelente película “Campeones” en la entrega de los goyas del año pasado.

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Todos tenemos un primo en Sevilla que niega el cambio climático

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Hace unos años, esta frase, pronunciada por el Presidente del Gobierno de entonces sirvió para justificar la incredulidad y la acción de los gobiernos frente/contra el cambio climático que ya era evidente para los científicos y línea de acción preferente de las organizaciones ecologistas. Pasados unos años, el presidente de los EE.UU Trump afirmaba sobre el asunto que era “un cuento chino“. Es bien cierto que los chinos son parte importante de la generación del cambio climático, que ahora mismo los tiene en parte atrapados, quebrando la salud colectiva y haciendo toser a su economía y la sociedad que la soporta. Ahora, cuanto todo el mundo empieza a ver que el problema es grave, es tal la emergencia que algunos científicos nos ven cerca del apocalipsis, uno se pregunta, ante la falta de acción colectiva, frente a la política contradictoria de gobernantes y gobernados, si cada uno no tendremos un primo en Sevilla susurrándonos que la cosa no es tan grave, que no hay que tener prisa y se puede seguir viviendo descuidadamente, que la naturaleza es muy sabia y ya repondrá los desajustes que a algunos hacen dudar de lo que dicen los primos.

Los gobiernos y los empresarios, algunos trabajadores, dicen estar muy preocupados pero a la vez no quieren saber casi nada de lo que algunos llaman transición ecológica justa, y manifiestan la imposibilidad de llevar a cabo las intenciones de la actual Ministra de cambiar el ritmo de la energía y hacer transiciones acordes con el problema que tenemos encima. En conciencia: ¿Se cree lo del primo o no? Si es que no, empiece a demostrarlo.

El negacionismo contaminante reduce la salud y daña la vida colectiva

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Tras las muchas evidencias científicas, la OMS las recuerda una y otra vez, que relacionan la contaminación del aire inspirado con la pérdida de calidad de vida, con el asma y las alergias, con riesgos añadidos en los nacidos, con la muerte de unas 10.000 personas en España y millones en el mundo, llega una política y las niega. Esa postura menoscaba las alertas de los científicos y los sanitarios, puede provocar una cierta desatención ciudadana a sus hábitos reductores de contaminación y, al final, dañar la salud colectiva y aumentar considerablemente los gastos en salud colectiva. ¿Existe alguna figura en el derecho universal o español que persiga ese tipo de manifestaciones? ¿No merece el caso siquiera una reprobación política? Los neumólogos ya han respondido. Pues eso. 

Por cierto, la infancia y las personas mayores están más expuestos que nadie. Suponemos que pronto habrá un rectificado, unas disculpas y una acción en sentido contrario de la “responsable” política, que ha empezado 2020 con mal pie.