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El desarrollo humano es un compendio de incertezas y desigualdades

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Hasta hace unos años, el PIB nos decía si un país era rico o pobre, no hablaba de las personas. Ya está desfasado, aunque en términos económicos siga teniendo su tirón. Ahora le ha restado protagonismo el IDH (Índice de Desarrollo Humano) porque habla de personas (acceso a la educación, desigualdad, género, pobreza multidimensional, etc.) más que de dineros, productos elaborados y vendidos y esas cosas. Nos da una foto más nítida de los países y así podemos comparar los niveles de bienestar. En el último IDH conocido, referido a 2019, Noruega, Irlanda, Suiza, Islandia, Alemania, Suecia, Australia, Países Bajos, Dinamarca y Finlandia ocupan las diez primeras posiciones; España se encuentra en el lugar vigésimo cuarto.

Pero la lectura de los datos no puede ser unidireccional: si hay países que lo tienen mejor, en conjunto y sus habitantes, es a costa del planeta en su conjunto y del resto de las personas de otros países y de los seres vivos. Noruega  cae 15 posiciones en la lista si se incluye la presión que ocasiona al planeta por sus emisiones de dióxido de carbono y la huella ecológica de su elevado consumo, que por supuesto no se queda encerrada en su territorio. Otro tanto se podría decir de Islandia, la cuarta en la lista, que retrocede 25 lugares o Australia, que interconectada con el mundo occidental y formando parte de él pero situada en la antípodas, retrocedería más de 70 puestos.

Resulta que los nórdicos europeos, como el resto de los países ricos, son igualmente depredadores de un planeta que no es propiedad de nadie. Por todo esto, ¡más justicia universal ya!, para que el IDH refleje menos diferencias. Se decía que “el desarrollo desarrolla la desigualdad”, quién sabe si el argumento camina colgado de índices como el PIB, los del banco Mundial o la OCDE, e incluso el IDH 2019. ¡Es hora de cambiar el modelo de crecimiento, desarrollo, vida personal y en común! La pandemia nos lo ha demostrado claramente.

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El plástico no se desplastifica, falla el sistema

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La afirmación viene de la presencia continuada que tiene el plástico en nuestras vidas, más ahora con la pandemia. Todo se ha plastificado para defendernos del agresivo virus y sus consecuencias. Diríamos que se ha revitalizado el papel del plástico. Según un estudio de Environmental Science & Technology, cada mes se emplean en el mundo unos 129.000 millones de mascarillas desechables y 65.000 millones de guantes. Cómo debe ser la odisea de manipular estos residuos es un hospital. Pero claro, la gestión de esos incrementados residuos plantea problemas para los que no estábamos preparados. Consumer y otras ONG han dado alerta y consejos sobre este asunto. También WWF con su campaña «Recoge el guante».

El consumo del plástico ilustra una de las paradojas de la vida: algo que nos causa beneficios puntuales, que nos protege incluso de virus, daña la casa donde vivimos, el medioambiente global. En problema viene porque, como denuncia Greenpeace una parte considerable de los residuos plásticos, ya mucho antes de la pandemia, escapa a su razonable gestión. Cifra en un 25% el total de lo recuperado en España procedente en envases, que son más del 10% de nuestros residuos. Cabe preguntarse que si los envases, que se ven y se usan para guardar algo necesario, escapan a la adecuada gestión, ¡qué pasará con el resto de los plásticos! El reto de desplastificar poco a poco nuestra vida sigue pendiente, cuando han pasado ya tantos años desde que se empezó a hablar del reciclaje. 

 

Qatar y Luxemburgo ya han vaciado su despensa de 2021

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Estos pequeños países son, por las noticias que tenemos emitidas desde el Banco Mundial y organismos similares, dos de los más afortunados en renta per cápita del mundo. Allí hay bastante gente que debe vivir muy bien, o poca que vive muy mal. Pero claro, como en esto del PIB entran variables ligadas a movimientos dinerarios y comerciales, a la hora de prorratear por habitante, son pocos, la cosa sale bien. Digamos que desmesuradamente elevada para lo que sucede en otros lugares.

Pues bien, no es oro todo lo que reluce. El primero consumió los recursos generados por el planeta para el año 2021 en relación con sus habitantes, llamámosle la huella ecológica permitida si hubiera una cosa que se podría llamar estrategia de supervivencia global, el día 9 de febrero; Luxemburgo el 15 del mismo mes. Si todos los países del mundo hiciesen lo mismo ahora mismo nos encontraríamos al borde de una grave extinción. Las diferencias de los niveles de vida entre países es abismal, más todavía en este 2020 que la pandemia ha hecho estragos en muchos. Echemos una mirada a la previsión del Earth Overshoot Day (Día de Sobrecapacidad de la Tierra) para el año presente; en la asignación de días no se tienen todavía en cuenta el impacto de la pandemia, que por lo que se dice va está siendo brutal y se verá reflejada en los datos de los años 2020-2021. 

Tenemos siempre la duda ética de si esto es justicia universal; también hasta cuándo durará el planeta si las prácticas no se detienen. Los países pobres, que tienen huellas menos dañinas para el planeta, no pueden proporcionar una vida digna a sus habitantes, aunque les quede algo en la despensa. Qatar y Luxemburgo, y muchos de los que están representados en la parte derecha de la esfera planetaria y parte de la izquierda, consumen en demasía. Pero claro, unos cuantos guardan en su despensa/bancos muchos dineros que les sirven para comprar el futuro de aquellos que tienen una huela ecológica más llevadera. Para colmo, se nombran muchas veces como modelo y no faltan reportajes televisivos que nos muestran sus derroches/bienestares. No pasa un día sin que dudemos si nos acercaremos a aquello que decía Wangari Maathai: El mundo necesita una ética global con valores que den sentido a la experiencia de vivir. En fin.

La piel del planeta, el arte de las emociones

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Esta entrada quiere ser un reconocimiento a la gente que interpreta el planeta desde las emociones, algo imprescindible en tiempos de crisis. El detonante de su escritura fue el corto Cambio a flor de piel elaborado por el Instituto Pirenaico de Ecología del CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas), de la mano de Graja Producciones. Con sus mensajes hemos compuesto los nuestros, algunos pueden ser de todos, ahora mismo o dentro de poco. Los hay que hablan de que con nuestro calor y humo estamos elevando su temperatura, tanto que el planeta está en alerta pues ya calza otras huellas nuestras. Además el agua grita. El planeta vivo tiene una memoria que está escrita en las páginas de su libro, prestas a ser leídas e interpretadas; un resumen escrito del confuso camino de la vida. El planeta tiene muchas bibliotecas por los lagos, la tierra o en las montañas. También luces visibles u ocultas en los bosques que fueron y no son; en estos nuestros ojos se sorprenden con las heridas de la tierra.

En un artículo que publicamos ayer en La Cima 2030 de 20minutos.es, decimos que el planeta presenta imágenes plenas de estética o contradictorias, por las que viajan placeres y desastres, naturaleza y personas; parece saludable o peligroso, previsible o incierto, etc. En “La sal de la Tierra” se recoge una visión emocionada de la piel del planeta de Sebastiao Salgado, dibujada con trazos diversos. Está accesible en HBO y varias plataformas.

Por esto, y muchas más cosas nos atrevemos a decir, copiando a Vicente Huidobro que «el planeta que atravesó la noche no se reconoce al salir por el otro lado, y mucho menos al entrar en el día».

El sí de las niñas a la ciencia no puede esperar

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Sabemos que ya pasó su día dedicado, pero por eso queremos volver a decirlo: sí valen, disponen de valiosas capacidades, las necesitamos, a las mujeres en puestos de relevancia científica. Unas pocas han llegado, otras muchas, muy preparadas, se vieron obligadas a dejarlo porque el entramado social no se esfuerza en colocarlas donde merecen. El pasado día 11 se recordó en todo el mundo la aportación de las mujeres a la investigación científica, la necesidad de acercar a las niñas a ese campo de cultura e investigación. Dado el retraso que llevamos en ese cometido, urge darle un impulso general. Cuesta vencer los estereotipos, pero la ciencia es universal, no caben en ella desigualdades de género. Quienes lo duden que visiten en Youtube la cantidad de aportaciones que provocó ese día, muchas impulsadas por las universidades. Conocerlas todas nos llevaría varios días. Guardémonos una copia para revisarlas de vez en cuando y no olvidar el asunto.

No estaría de más que se leyese el artículo «La ciencia necesita a las mujeres (y los datos lo demuestran)« publicado en Ethic. Escuchemos lo que dijo Margarita Salas, enterémonos de algo sobre lo que trabajó, que ha tenido un alcance universal: eso del ADN y algo de proteínas. No siempre lo tuvo fácil, por el hecho de ser mujer. O disfrutemos del mensaje de Jane Goodall. Son sólo dos ejemplos. Además, quienes sean docentes o madres o padres de familia, pueden revisar con sus hijas e hijos la selección sobre mujeres y medio ambiente que ha realizado el Cdamaz (Centro de Documentación del Agua y Medio Ambiente del Ayuntamiento de Zaragoza). 

La entropía planetaria y nosotros en medio; ya lo intuyó Mafalda

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El planeta Tierra es algo multiforme. Cada cual lo percibe a su manera, según intereses concretos y saberes más o menos cultivados. Mafalda lo veía achacoso, le hacía muchas preguntas para resolver cuestiones para ella incomprensibles. El personaje de Quino no había caído en la cuenta, lo barruntaba pero nadie se lo había explicado, que la Tierra se encuentra en una entropía permanente, cambia (evoluciona, se transforma) a cada instante. Quino, Mafalda, se ocupó de ella en muchas viñetas: le adhirió un cartel donde ponía irresponsables trabajando; le dio la vuelta colgada del polo Sur para imaginarla diferente; le colocó macetas con plantas al lado para hacerle la vida más placentera y restituirle un poco la masa vegetal perdida; también quiso embellecerla con cremas para darle otro aspecto a su ajada piel. En una ocasión le pidió que parase de girar porque ella quería bajarse del mundo. Incluso la imaginó tan enferma, después de escuchar las noticias en la televisión, que le puso el termómetro para ver si tenía calentura. 

Por ahí se dice que es un conjunto unitario –formado por una infinidad de seres vivos, relaciones, intereses y muchas más cosas geológicas y astronómicas-. Con tanta complejidad no puede ser perfecta cada día, al menos no tiene la prestancia que querríamos para cada uno o para todos. Es más, nosotros no hacemos otra cosa que añadir nuevas variables, antrópicas, a su deambular entrópico. Los ciclos se combinan con episodios. 

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STOP: biodiversidad amenazada clama oportunidades

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Conocemos que el paso del tiempo ha cambiado innumerables veces la imagen global de biodiversidad; seguro que enseguida nos vienen a la memoria los dinosaurios y otras extinciones espectaculares. En cualquier momento y lugar se manifiesta, exhibe tanto su potencial como una belleza que complace los ojos, a la vez asoma una vulnerabilidad creciente. Lo bello, que es el acuerdo entre el contenido y la forma en palabras del dramaturgo noruego del XIX Henrik Ibsen, es frágil. No podemos resignarnos a perder lo bello o lo útil.

Pues bien, está en serio peligro. WWF, en su informe Planeta vivo 2020, alerta de la caída de un 68% en “21.000 poblaciones salvajes (de mamíferos, aves, peces, reptiles y anfibios) monitorizadas entre 1970 y 2016”. La FAO, con una mirada diferente, hacía hincapié en El estado de la biodiversidad para la alimentación y la agricultura en el mundo, en que se detectan “pruebas crecientes y preocupantes de que la biodiversidad que sustenta nuestros sistemas alimentarios está desapareciendo, lo que pone en grave peligro el futuro de nuestros alimentos y medios de subsistencia, nuestra salud y medio ambiente”. Ecologistas en Acción habla de que España fracasa en la meta para detener la pérdida, sobre las relaciones entre biodiversidad y cambio climático, de luces y sombras de la estrategia europea, de la enorme y creciente tasa de extinción de los insectos. Hay muchas más voces que claman por lanzar políticas que limiten las extinciones, para que el saber el estado real se convierta en oportunidad de actuar ya.

Por cierto, hablando de biodiversidad nunca debemos olvidar a Rachel Carson y su Primavera silenciosa, de cuya primera edición se van a cumplir pronto 60 años. Ella iluminó al ecologismo protector de la biodiversidad, entre otras cosas, para transitar desde las amenazas a las oportunidades.  Su luz todavía continúa encendida. En nuestra mano está la búsqueda de oportunidades, la manera de limitar las amenazas.

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Los humedales, museos y catedrales de biodiversidad; pero con agua

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El titular viene a cuento del lema del Día Mundial de los Humedales del año 2020. Como después pasó lo que pasó, las buenas intenciones quedaron en suspenso por la maldita pandemia. Por eso volvemos a recordar lo que se decía ese febrero del año 2020. Lo de catedrales no va es gratuito; estamos hablando de los humedales, que son lugares representativos de la biodiversidad, como algunos lugares no religiosos a los que se asigna el atributo. Lo de museos tampoco debe tomarse en sentido estricto, de acumulación de obras artísticas, que lo son todas las que por allí están o transitan. En este caso nos referimos a espacios en donde se puede observar la biodiversidad en interacción entre distintas especies, entre ellas y el lugar físico. Esto es, el ecosistema acuático y sus aledaños; El agua facilita mucho las cosas a la vida diversa. Las obras de arte vital van y vienen, siguen sus ritmos estacionales, se ven acompañadas de la meteorología y dedican todo su tiempo a asegurar que la especie sobreviva. Frente a ellas estamos nosotros, también cabría decir a su lado.

Dicen que hoy es el día de los humedales; bueno, el que se recuerda que se firmaron una serie de protocolos que deberían protegerlos. La Convención sobre los Humedales, Ramsar para abreviar debe su nombre a esa ciudad iraní, sede en el año 1971 de las conversaciones y firmas consiguientes. Aquí un vídeo que lo explica. Por si lo quieren mostrar en clase los maestros y maestras que nos siguen.

La misión de salvaguarda va lenta, unos humedales tienen más suerte que otros. A decir verdad hemos mejorado bastante en la protección pero a la vez las masas vivas ligadas al agua soportan tropelías que crecen sin parar, en cualquier lugar del ancho mundo. Se cometen también con el agua, el eje alrededor del que gira todo. Cualquiera que piense sobre el asunto dirá con razón: si se cargan el continente, como se podrá albergar el contenido. Debe ser por eso que este año 2021 se ha elegido como lema «Los humedales y el agua«.

Para quienes no están muy enterados del asunto, aquí va un resumen preparado por WWF. Pero a nosotros nos gusta especialmente el mensaje que ya en el año 2013 se lanzó a la consideración mundial: los humedales cuidan el agua. Aunque solamente fuera por eso, siendo tan egoístas como somos los humanos y cerrando los ojos al escenario de biodiversidad que atesoran los humedales, merecerían una atención especial. ¡O no? Pues eso, que la celebración no se quede en un simple gesto. Viajen por Internet en su busca y disfrute. Échenle una ojeada a nota informativa de Ramsar y entenderán porque la gente ligada a la ecología está tan preocupada. A este paso ni museos ni catedrales, y casi sin agua que pueda llamarse tal.

 

Resistir en las burbujas escolares

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No debe resultar sencilla la gestión diaria en un centro escolar, da lo mismo de enseñanza obligatoria que universitaria, y en las escuelas infantiles. Por allí conviven miedos con alertas varias, prevenciones con despreocupaciones. Cada día será diferente, por más que el entramado anti covid sea parecido. El fugaz tránsito por los lugares comunes se convierte en una experiencia laberíntica; salir de un sitio más o menos protegido para llegar a otro con similares características. Cuesta relajarse para disfrutar de lo que se hace, en este caso enseñar y aprender. El placer de ambas sensaciones tiene ahora armadura, no solamente en forma de mascarilla en las caras del profesorado y el alumnado. Todos conocemos el valor de una sonrisa en el cometido educativo.

Dicen que se van incrementando el número de aulas cerradas. Dicen, porque la información se gestiona de forma distinta según su emisor, tanto que los receptores apenas escuchan; desconfían. En unos sitios un simple caso es motivo para cerrar la escuela, en otros no se sabe nada. En unos centros todas las clases son presenciales en secundaria y bachillerato, en otros las familias presionan y el profesorado no encuentra un lugar físico para ubicar con garantías de seguridad al alumnado. Hay recomendaciones por ahí que aconsejan al alumnado no formar corrillos en los recreos, otras piden no apelotonarse en las universidades para acudir a los cuestionados exámenes. Pero cuidado cuando las cifras van para récord como recoge hoy mismo El Diario de la Educación

Todo esto es nuevo, y lo nuevo a la vez que previene asusta. En algunos países como Portugal cierran las aulas, a la espera de tiempos mejores o porque desconfían de que las burbujas escolares se rompan por la entrada de punzantes virus. Resistir es vencer, dijo alguien, pero cuesta tanto.

Mientras otros sectores sociales o laborales esgrimen sus afecciones y pérdidas y claman por soluciones varias, algunas contrarias a las normas sanitarias, el entramado educativo permanece silencioso, intentando aportar lo que mejor conoce: la profesionalidad en la tarea bien hecha. ¡Qué decir de las maestras y auxiliares que atienden en guarderías a niños y niñas de 0 a 3 años!

Sin duda la educación merece más atención social y parlamentaria, máxime si junto con las prevenciones llegan recursos suficientes y algunos afectos; y una continuada información veraz. Desde aquí no nos cansaremos de repetir nuestra gratitud al profesorado y al alumnado por implicarse en el mantenimiento de las burbujas, en la confección de paredes más sólidas en su idealizada estancia para laminar los contagios y evitar posibles fallecimientos de fuera de las aulas. Se merecen que la suerte acompañe.

La calidad del aire deteriora la salud, más en las ciudades

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En la crisis pandémica que tanto nos golpea se está demostrando que en su propagación tiene una alta incidencia la calidad del aire respirado. Se ha escrito mucho sobre la permanencia de aerosoles en espacios cerrados, de cómo el virus se ha propagado desde el aire espirado al inspirado, de la peligrosidad de ciertas concentraciones, como ha insistido una y otra vez el investigador José Luis Jiménez. Se ha evidenciado su incidencia con contagios y problemas posteriores, incluso con fallecimientos. También se ha conocido que la calidad del aire urbano tiene una carga en la salud, incluso se han relacionado ciertos parámetros a muertes evitables. Además, no han faltado investigaciones que relacionan lo uno con lo otro. Por eso en esta entrada queremos proponer un esfuerzo colectivo para mejorar el aire urbano, es decir, la salud colectiva.

El Ranking ISGlobal de ciudades, cuyos resultados se han publicado en The Lancet Planetary Health concreta la contaminación en ciudades de más de 31 países europeos debida a partículas finas (PM2,5) –en este caso afirma que el 84% de los habitantes de estas ciudades están expuestos a niveles superiores a los que marca la OMS-  y en dióxido de nitrógeno (NO2). Se estimó que, en 2016, más de 400.000 muertes (equivalentes al 7% de la mortalidad anual) en Europa se podían atribuir a la exposición acumulada a las partículas citadas mientras que más de 70.000 muertes (equivalentes al 1% de la mortalidad anual) fueron atribuibles a la exposición al dióxido de nitrógeno. Es más, el informe afirma que reduciendo drásticamente los niveles de las primeras se podrían evitar 125.000 fallecimientos al año y otros 80.000 limitando el porcentaje del segundo. Muchas capitales fallan, lastiman la salud de sus habitantes; Madrid y Barcelona entre ellas. Pero no se quede ahí. Chequee cómo está el aire de su ciudad.

Puede ver el artículo completo en La Cima 2030, de 20minutos.es.

Calentarse con las olas de calor durante una de frío

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Nos nos dejemos engañar, como pregona cuando ve un copo el innombrable americano que no acepta las leyes democráticas. La actual ola de frío que sufre Europa es un episodio dentro del calentamiento global que amenaza la vida planetaria.  esto último certifica la Aemet pues recoge que las olas de calor en España se han duplicado en la última década, la misma progresión se ha medido en los días al año con episodios extremos en relación a décadas anteriores.En 2020, los cinco primeros meses han sido los más cálidos desde que hay registros para llegar a un verano que había supuesto el de mayor estrés térmico en el sur peninsular, que a la vez fue el sexto año consecutivo en el que se dieron temperaturas extremas más altas de lo normal; en él se produjeron dos olas de calor. Otra: nueve de los diez veranos más cálidos desde 1965 han tenido lugar en el siglo XXI.

Pero el aumento medio varía. En Global Climate Change se puede explorar lo que más o menos sucede en cualquier localidad. En “saber más” se ve por años cómo ha ido evolucionando el asunto desde 1960 a 2018, y las posibles tendencias. Pero ojo, detrás de lo cuantitativo -por ejemplo los 1,9 ºC que se ha incrementado tanto en una localidad tradicionalmente cálida (Leciñena, zona semidesértica de Los Monegros, en la España desalojada de gente pero rica en biodiversidad) como en otra que siempre había sido muy fría (Helsinki, en Finlandia, con unos 660.000 habitantes, con otra biodiversidad)- está lo cualitativo.

De olas de calor hablamos en una entrada reciente en La Cima 2030, de 20minutos.es. 

 

¿A quién pertenece el cambio climático?

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Semejante pregunta solamente se le puede ocurrir a una de esas personas que se imaginan, están seguras, de que el cambio climático es una de las más importantes emergencias sociales, sí no solo naturales, a las cuales la humanidad entera necesita hacerle caso. La pregunta casi es un absurdo, cercana a un oxímoron pues cómo puede pertenecer algo que en sí no puede tener propiedad. ¿O sí?

El concepto de pertenencia que enmarca esta entrada tiene más de una cara. Otra vez hay que acudir a la RAE para que nos centre. Afirma que que dicho de una cosa es tocarle a alguien o ser propia de él, pero también a ser parte integrante de algo más grande. Me da que ese alguien es la sociedad entera, con sus diferencias según responsabilidades y afecciones sufridas. Ahí vamos, porque ya casi nadie niega que en buena medida el cambio climático ha sido inducido o acelerado por ciertas prácticas antrópicas crecientes desde la revolución industrial, e implacables en los últimos cien años, con un corolario estruendoso desde hace algo más evidente en la última cincuentena, más o menos. 

Ser de alguien ya está razonado, ser propia de él también. Queda repasar que el cambio climático es una parte de algo más grande: una sociedad global que prioriza el desarrollo desmesurado y el consumo desaforado a pesar de sus consecuencias ambientales y sociales.

Una de las variables que evidencian el cambio climático es el aumento global de las temperaturas. Muchos lo han dicho ya, con lo que no hace falta insistir. Por si alguien tiene dudas de lo que ha acontecido en las últimas décadas en la Unión Europea, puede entrar en Global Climate Change y enterarse si su localidad aparece referenciada, que será que sí porque la Web está bien enlazada. Quienes tengan tiempo y ganas pueden darse una vuelta por el mundo; de verdad que es interesante. Piensen que detrás de lo cuantitativo, 1,9 ºC de aumento por ejemplo, está lo cualitativo: no es lo mismo ese incremento en una localidad tradicionalmente cálida (Leciñena, en España, en una zona semidesértica como Los Monegros) que en otra que siempre había sido muy fría ( Helsinki, en Finlandia). Una vez hecha la búsqueda, además de la cantidad, se detalla «saber más» en donde se ve por años cómo ha ido evolucionando desde 1960 a 2018, se pueden adivinar tendencias consolidadas.

Por cierto, ¿a quién pertenece más y menos el cambio climático? La cosa se complica aun más si lo llamamos como realmente es: una emergencia ambiental y social, además de económica.

Canción de escuela, con melodía comprometida

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La escuela, demasiadas veces callada, orillada por olvidos, pero siempre viva en su interior compartido. Desde aquí quisimos escribirle una canción para decirle que es importante, que aunque transite demasiadas veces entre el silencio y la pena se merece canciones de aliento. La que escribimos para El Diario de la Educación está redactada gracias a un aliento múltiple; invitamos al profesorado a leerla para reconocer momentos, quizás remover pensamientos, acaso añadirle estrofas o cambiarle una parte de la melodía. En primer lugar quiere reconocer al profesorado y al alumnado de todas las escuelas del mundo, que han sabido dar ejemplo a pesar de las dificultades pandémicas. Se merecen unas vacaciones plenas de naturaleza y libres de virus.

Para componerla hemos utilizado saberes y pensamientos, frases cogidas al vuelo si se quiere, de personajes que hablaron de educación a lo largo del tiempo pasado, más o menos cercano. Desde aquella educación como arte de Kant, tomando un apuntes de Benito Pérez Galdós -se cumplen cien años de su muerte-, aprovechando lo manifestado por el equipo Delors en su informe La educación encierra un tesoro, apoyándonos en la letanía de los Informes GEM y en Alice Albright de la Alianza Mundial por la Educación; también recurrimos a Emilio Lledó.

Al final, la cancioncilla declamada incluye el poema Educar de Gabriel Celaya y como epílogo recuerda a Quino, que tantas acertadas lecciones educativas nos regaló durante muchos años. Donde quiera que esté se dará cuenta de que sigue dentro de la educación: nos quedan las acertadas reflexiones de Mafalda, Miguelito y compañía. Quizás, acudiendo a los recuerdos de los citados, de muchas más mujeres y hombres, hayamos sido capaces de entonar una canción comprometida con la educación.

El artículo completo «La educación se canta para orillar sus dificultades» se puede leer en El Diario de la Educación, que exhibe de manera gratuita toda su producción, pero al que no le vendría nada mal que el profesorado se inscribiese para asegurar con la aportación económica de muchos su independencia, y seguir ejerciendo de altavoz educativo y de repositorio escolar.

París +5 y el perturbador riesgo climático sigue en emergencia

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Se van a cumplir 35 años desde que Ulrich Beck publicó La sociedad del riesgo. En el libro/manifiesto/reflexión alertaba de que las sociedades no identifican ni adoptan un modelo de riesgo; se acomodan al que les ha conducido el desarrollo industrial. Bauman, Touraine y Sennett –se preguntaba qué tipo de sociedad hemos construido y qué somos ahora- le acompañaron es su intento de esclarecer los rasgos de la enorme transformación social que se estaba operando en el mundo y anticipaban algo de lo que estaba por venir; cuestionaban los pilares básicos que por entonces se limitaban al concepto progreso. 

Van a ser casi 60 años desde que Rachel Carson publicó La primavera silenciosa, un enfoque de la vida visto desde los atropellos que le lanzaban los plaguicidas. Su lucha continua, apoyada en la ecología y la biología, y por la cual sufrió los ataques de la industria química, tuvo mucho que ver en el nacimiento de la conciencia ecológica. 

Todas las personas citadas ya vieron que la vulnerabilidad aparecía como la nueva amenaza de la confiada sociedad del siglo XX y más todavía del XXI; lo sabemos bien si nos miramos en el espejo del cambio climático. Se cumplen ahora cinco años desde la Cumbre del Clima de París 2015, uno desde la COP 25 Madrid-Chile y los objetivos de reducción de la temperatura global siguen lejos. Estos días hemos escuchado noticias un poco alentadoras: el presidente americano Biden quiere recomponer los desaguisados del negacionista Trump, la UE aumenta su compromiso para la reducción de gases de efecto invernadero hasta el 55%. Harían bien todos los países en declarar la emergencia climática en sus territorios, como recomienda la ONU. Pero atentos, que no nos engañen una vez más. Porque todo esto no ha surgido de la nada. Albert Einstein vino a decir que el mundo que hemos creado es proceso de nuestro pensamiento. Difícilmente se cambia sin modificar nuestra forma de pensar; si seguimos pensando y justificando lo mismo (progreso sin límites, a costa de lo que sea) no saldremos del atolladero catastrófico. 

Así pues, ante esta emergencia, lleva varias décadas avisándonos, cada individuo cuenta. Al menos debe posicionarse para que los siniestros que vendrán queden un poco amortiguados, sabedores de que siempre dependen de magnitudes numerosas, de la población afectada y también están sujetos a incertidumbres; hay cosas predecibles pero otras no lo son tanto. Hagamos de la necesidad virtud: París bien vale un esfuerzo. O si lo preferimos decir de otra forma, descifremos el significado de lo que apuntaba uno de los fabulistas por excelencia, Félix M. de Samaniego: “si al evitar los riesgos la razón no nos guía, por huir de un tropiezo, damos mortal caída”.

Leer artículo completo en La Cima 2030 de 20minutos.es. 

Discapacidades educativas pandemiadas

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Lo cierto es que el término discapacidad se presta ya a una renovación, pero como hace unos días se celebró el Día Internacional de las Personas con Discapacidad vamos a dejarlo como está y dedicarnos a hablar de cómo afecta la pandemia a aquellos niños y niñas que solían verse incluidos en la disminución de ciertas potencialidades que podríamos agrupar dentro de este término. No está de más enterarse en qué consiste la Estrategia de la Naciones Unidas para la Inclusión de la Discapacidad y preguntarse si en el entorno próximo se pueden apreciar mucho o poco de sus argumentos. Entre otras cosas, allí se dice que en torno al 15% de la población mundial, unos 1.000 millones de personas, viven con alguna discapacidad. También que el 80 por ciento de estas son ciudadanos-as de países en «desarrollo difícil». Además, 7 metas de los ODS hacen relación explícita con las personas con discapacidad.

Para no extendernos mucho, recogeremos casi tal cual la entrada del Blog de la Educación Mundial y sus Informes GEM. El último, qué papel  más interesante hace UNESCO en la protección educativa y cultural de la infancia, se introduce con un título para escribir en letras grandes y colocarlo como mural en todos aquellos despachos de la gente importante que toma decisiones. Dice así: Los planes de recuperación del aprendizaje y de financiación tras la pandemia no deben ignorar a las personas más desfavorecidas . El enlace llevará a quienes tengan interés a la llamada completa. Aquí vamos a señalar simplemente algunos aspectos:

  • El alumnado con alguna discapacidad se ha visto mucho más afectado que el resto con la pandemia, luego ahora merece una atención mayor.
  • Los estragos durante estos largos meses todavía son mayores en los países de ingresos bajos y medios bajos, si bien los sufren quienes se encuentran en situaciones de vulnerabilidad en cualquier continente o país.
  • La diversidad y la identidad, en sus múltiples formas, tienen diferentes atenciones en buena parte de los sistemas educativos.

Acaba con un ruego, más bien una demanda que debe ser asumida por quienes tienen cualquier interés educativo y ético: «No podemos aplazarlo. Debemos salvar nuestro futuro y seguir trabajando incansablemente para alcanzar nuestro objetivo educativo mundial, el ODS 4, y garantizar una educación de calidad inclusiva y equitativa y promover las oportunidades de aprendizaje permanente para todos y todas.»