Ética universal

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Diario, más o menos apócrifo, de un jubilado recluido

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La defensa cerrada contra el coronavirus nos está permitiendo comprobar si la solitud tiene ventajas, si se ha podido encontrar el espacio justo de las rutinas, si hemos sido capaces de disciplinarnos en los horarios. Cuesta empezar el día pensando en rellenarlo de cosas (escribir sensaciones sin expresar amargor, leer sin convicción, echar mano de unas dosis de pantallas sin fijación concreta, relajarse limpiando una y otra vez la casa, caminatas por el pasillo y otras extensiones gimnásticas, etc.) para alimentar la esperanza de que todo esto acabe cuanto antes. En cierto modo, cada cual trata de sustituir los pensamientos cruzados por tareas relajantes.

A menudo estos días, todos -poco importa en este caso la edad- acudimos a la conexión telemática para reconectar afectos, bien sea por la convencional llamada de teléfono o por otros medios. Al menos el confinamiento ha tenido de positivo que nos ha ayudado a reducir distancias no percibidas antes, ocupados como estábamos en resolver lo nuestro. Esos momentos afectuosos casi llegan a reemplazar a las distancias cortas, recomponer las miradas. Pero no, nos juramentamos para recuperarlas cuando esto acabe.

En su diario, el jubilado quiere escribir renglones de confianza y optimismo, alentado por las variadas muestras de solidaridad que muchos profesionales derrochan estos días. Por más que lo intenta, no logra encontrar una situación  anterior que se le parezca a esta, que le ayude a entender lo que pasa. En ocasiones, se consuela pensando que vivir es capear incertidumbres, que la sociedad es casi tan entrópica como el sistema energético que nos mantiene. Mira varias veces al día por la ventana, más que nada para que los rayos del sol lo iluminen y le ayuden a demostrarse a sí mismo que sigue vivo. Este ejercicio real es algo mental, muy parecido a lo que hace toda esa gente que cada día a las ocho de la tarde aplaude al infinito, identificado o no, para escucharse también, para sentir latir sus emociones. Desde su atalaya observa el ir y venir de la urraca -aparentemente despreocupada- al platanero que tiene debajo de su ventana. Pero algo intuye el córvido pues no trajina en su nido antiguo, simplemente se posa cerca de él, como ausente y solitaria; será que barrunta algo porque parece que hasta las palomas han huido. La única gente -enmascarillada- que transita por la calle da la sensación que huye de sí misma. El parque verdea como si fuera una primavera normal; al menos cambia el horizonte del mirón que alarga su vista hacia el parque, lugar de encuentro antes, ahora cercado por unas cintas que lo delimitan. Ni un niño por la calle, y esta vez no se los ha llevado el Flautista de Hamelin. La ciudad sin niños es un espectro de sí misma. Al jubilado le gustaría conocer qué siente ante esta situación Francesco Tonucci; otro jubilado, en este caso ilustre, que siempre pensó y vivió para los niños.

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¿Qué pensarán las hormigas europeas de nosotros como especie socializada?

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Decía una fábula que propagaron en sus tiempos Esopo y Jean de la Fontaine -este incluso se atrevió a decir que debían instruir a los humanos- que las laboriosas hormigas en nada se parecían a las ociosas cigarras. Félix  M. de Samaniego también abordó el asunto. Sin ir tan lejos,  Disney les dedicó un corto. No es extraño; unos y otros defendían que el esfuerzo y el trabajo aseguraban la vida. Ese principio ha formado parte de la cultura universal como una estrategia de supervivencia. Asunto que no hubiera venido muy bien en la actual pandemia, en la que se echa de menos previsión y solidaridad entre semejantes.

Volviendo a las hormigas y su espíritu colectivo, recuerdo un trabajo publicado por la revista “Behavioral Ecology and Sociobiology” en su número de septiembre de 2015  que recogía un estudio de la Universidad de Arizona que afirmaba que la mitad de los individuos del hormiguero son unos ociosos/ poco previsores y despreocupados; o sea, que ni su sociedad es perfecta. Los investigadores trataban de encontrar fundamento a esta inactividad: pereza, no hay trabajo para todos, ociosidad programada, son los privilegiados los que no hacen nada, algunos son reservistas, hay algo de falta de previsión, se desconoce el concepto de incertidumbre, un poco de chulería ante el enemigo, etc. Uno se acuerda de La Fontaine y trata de ver si en la sociedad actual hay individuos poco previsores, egoístas, reservistas o simplemente ineptos. las hormigas actúan como especie socializada pero no parece que tengan líderes; lo de la hormiga reina es otra categoría.

Viene todo esto a cuento del sálvese quien pueda que han entonado los países de la UE, del escaso eco que nos aquí nos hicimos de la pandemia de Wuham porque era cosa de chinos, de que creíamos tener suficiente llena la despensa de lo básico, de la tardanza en reaccionar a estímulos que no entendíamos -no solo es cosa de las hormigas-. En fin, que nos faltó el principio de precaución desde hace décadas y en esa tesitura cualquier enemigo hará estragos en una sociedad globalizada en múltiples fragmentos. Se destrozó de forma estrepitosa, bueno una vez más, la ilusión colectiva que en algún momento se llamó Unión; dicen que en unos 15 días van a encontrar una solución al egoísmo magnificado. Lo más grave es que barruntamos que solos no nos iría mejor, haríamos como las cigarras del cuento: cantar y cantar. Solamente tenemos que atender a las polémicas de algunos regidores y regidoras de las CC.AA. contra cualquier decisión que toma el Gobierno de España, que por supuesto puede estar equivocado o no, pero vaya papelón que le ha tocado. ¡Qué tenga suerte!, nos irá bien a todos. Como vemos, en esta colonia europea ahora debilitada hay muchos tipos de hormigas.

NOTA FINAL: Tras el día después deberemos dejar de formar parte de las hormigas egoístas, pero necesitaremos líderes, al menos en Europa, para demostrarles a las hormigas que no nos ganan en eso de ser especie socializada, y sin embargo solidaria.

El Covid-19 contagia gravemente a la educación en el mundo

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No te rindas que la vida es eso,/ continuar el viaje, /perseguir tus sueños,/ destrabar el tiempo,/ correr los escombros y destapar el cielo. Nos dijo Benedetti.

DECIMOTERCER DÍA DEL ESTADO DE ALARMA EN ESPAÑA, Y EL MUNDO TAMBIÉN SE ESTREMECE

Tal es así que ha expulsado de las aulas a más de 1.300 millones de estudiantes, lo cual supone el 80 % de la población estudiantil mundial. Este hecho, en unos casos dura más que en otros, supone un grave quebranto para ellos, sus familias y cada país en su conjunto. La UNESCO alerta en su último trabajo GEM de que las respuestas son muy diferentes en unos países y en otros. En unos casos se ha fortalecido la educación a distancia, en otros se ha hecho mediante MOOC o por televisión. Pero hay muchos niños y niñas, incluso estudiantes universitarios que no tienen pantallas, ni si quiera disponen de electricidad en sus casas. Siempre los pobres se llevan la peor parte de todo. Padecen la fatiga anticipada de la negación educativa, que destruye la humana ambición de huir de la miseria, que siempre resulta más fuerte si es iletrada.

El cierre de las escuelas no solo trastoca los calendarios escolares, que serán adaptados mejor o peor según se alargue la pandemonia. En las familias pobres impide el acceso a comidas nutritivas que les proporcionaba la institución escolar. El aislamiento social que supone la reclusión lleva pareja una sobrecarga de familias y cuidadores, muchos de los cuales no pueden/saben ayudar en las tareas sustitutivas que les mandan los centros escolares. No se sabe la duración de estos cierres; sí se puede intuir que el curso escolar ha acabado ya en algunos sitios. ¿Consecuencias visibles? El tiempo dirá. Seguro que los países ricos saben encontrar cuidados paliativos. Vaya desde aquí el homenaje a tantos profesores y profesoras empeñados en no romper los lazos educativos a través de la red.

En estos momentos en los que pocos se siente a gusto en su piel, en estos episodios de cierre escolar, hemos de acordarnos de todos esos niños y niñas refugiados y desplazados de Siria, Afganistán, Yemen; Eritrea o el África subsahariana, etc., para los cuales la escuela es un simulacro, como denunciaba UNESCO hace unos meses; cifraba en más de 250 millones los niños y jóvenes privados de escuela. Lo más probable es que el Covid-19 no tenga en cuenta desgracias previas y también se cebe con sus familias y con ellos. Nadie los protegerá de la posible hecatombe.

Hace falta un concierto mundial que ayude a la humanidad entera al cambio de era.

El patógeno de la osadía humana reclama un antiséptico colectivo

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OCTAVO DÍA DEL ESTADO DE ALARMA EN ESPAÑA

No sabe a ciencia cierta cómo surgió, si fue fruto de la casualidad o una consecuencia de la inteligencia acumulada, de la complejidad cerebral. Quizás fue la fuerza para derrotar a sus múltiples enemigos, al amparo del paso del tiempo de los tiempos, desde las armas prehistóricas hasta la nuclear barbarie. No falta quien dice que el descuido estuvo en su génesis. La realidad es que la especie humana se convenció del lugar que ocupaba en la pirámide de la vida, incluso desbancó a las deidades. Tuvo sus puntos de inflexión, luchas por el territorio la llevaron a guerras aniquiladoras;  maldades diversas diezmaron su población. ¿Quién ha olvidado la peste de 1348? Tal fue la mortandad general que casi elimina a la especie en Europa. Nos hubiésemos quedado sin la revolución cultural y comercial del Renacimiento.

Vinieron después otras fuerzas ocultas, en forma de nuevas pestes o de guerras malditas impulsadas por demonios exterminadores. ¡Que les pregunten a los europeos del siglo XX, o a aquellos japoneses que sintieron derrumbarse el cielo por efectos de las bombas atómicas! ¡Qué decir de los desastres provocados por la peste de 1918! Dicen los científicos que tras todos efectos exterminadores hay detrás un patógeno -virus u otro-, que cuando se trata de invadir la especie humana se apoya en mucho desconocimiento, algo de envidia, una parte de prepotencia y no falta el miedo al otro; o que en realidad unos y otros vectores pandémicos son los genes del patógeno. Eso al menos comentaban cuando los presidentes de unas poderosas naciones estaban a punto de pulsar el botón nuclear.

Llegó la era tecnológica y nos convenció del dominio del mundo; todo se conseguía al momento a golpe de un clic. Sin embargo, ahora mismo la superpoderosa especie humana vive acosada por un invisible “no ser” que trata de aniquilarla, como si fuesen enemigos declarados. ¿Por qué razón? La gente normal no entendemos; hay científicos que defienden que detrás de la pandemia vírica está la pretenciosa osadía humana de sentirse invulnerable, porque tuvo avisos recientes en forma de ébola, sers u otros. Demasiado precio a pagar por la imprevisibilidad. ¡Suerte a quien debe luchar contra el coronavirus!, desde dentro o con cuidados a otros. Seguramente, ni unos ni otros son osados; su culpa no les pertenece, más bien es cosa del descuido o la imprevisión de otros, o de que todos nos creímos que ya podíamos dominar el planeta a nuestro antojo.

Dice la gente de buena fe que saldremos fortalecidos de emergencia mundial, que la osadía (pretencioso atrevimiento) será apartada de las relaciones humanas internacionales y comerciales y trucará en resolución colectiva, aquella de la que se echa mano cuando todo lo previsto falla. ¿Quién sabe? ¡Ojalá! Para los que creen y también para quienes dudan vendría bien recordar algo de lo que Heráclito nos dijo hace 2.500 años: si no esperas lo inesperado, no lo reconocerás cuando llegue.

Para la gente curiosa: la RAE dice que osadía significa tanto atrevimiento como resolución. Hay que aprovechar esta última como antígeno colectivo, en este momento tan doloroso.

La brecha de género en educación todavía no tiene fecha de caducidad

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Los países más pobres serán aquellos que no consideren que la educación de las niñas es el mejor recurso para la mejora social, también para su economía. No lo decimos nosotros; es una afirmación documentada del informe GEM en su edición “Los diez países más pobres en cuanto a la educación de las niñas”. Recoge la Base de Datos Mundial sobre la Desigualdad en la Educación, WIDE (por sus siglas en inglés), del GEM y el Instituto de Estadística de la UNESCO, que la influencia del género es poderosa, pues su intrínseca importancia se combina con otros factores como la etnia y la ubicación en un territorio o zona urbana determinada. Solamente entre estas premisas, aun hay alguna más que se deja ver en unas zonas y no en otras, desempeñan un papel importante, digamos que trascendental. El mundo será otro dentro de unas décadas, seguro que mucho mejor, si se dan oportunidades de educación a las niñas. Nadie lo dude: cambiarán su vida con respecto a la que tuvieron sus madres y abuelas, con ese bagaje transformarán su sociedad próxima, y a poco que las dejen las de sus países.

Cuesta creer sin sonrojarse algunas afirmaciones del Informe, como esa que asegura que en nueve países del mundo, las niñas más pobres de allí pasan de promedio menos de dos años en la escuela. El asunto no se queda ahí, se lacera con otro tan grave o más: en 10 países, ninguna de las niñas más pobres ha terminado la enseñanza secundaria superior. Seguro que ya se imaginan que casi todos esos lugares se localizan en el África Subsahariana: Burundi, Chad, Costa de Marfil, Guinea, Malí, Senegal, la República Unida de Tanzania y Zimbabwe; los otros dos son Belice y Nepal.

¿Por qué la desgracia se cebó de tal forma en África?

Consumir cada vez antes todo lo que la Tierra generará en 2020

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El día en el que en su país desbordaría, si toda la humanidad consumiera per cápita lo mismo,  todo lo que la tierra generará en 2020 cambiará seguro en relación con 2019. Recordemos lo que sucedió el año pasado, que adelantó la fecha del anterior. Con datos de 2016, los países tardan bastante en remitirlos a la ONU, ahora nos dicen que la biocapacidad global era 1,63 gha (Una hectárea global es la cantidad anual mundial de producción biológica para uso humano y asimilación de desechos humanos, por hectárea de tierra y pesquerías biológicamente productivas). En Suiza, para el mismo año fue 4,64 gha por persona. es decir, si toda la gente del mundo mundial viviera como los suizos se necesitarían 2.8.  planetas. Digamos también que en algunos países no sobrepasan lo que les correspondería por persona para que todo se mantuviese más o menos igual que el año anterior; no llegan a 1,63 gha.

Piense, viendo esta imagen, dónde harán más y donde menos (no olvide que son previsiones) por restañar la ética global, esa que en algún punto dice que hay que caminar coordinados para no dejar a nadie atrás, que debemos preservar el planeta para las generaciones futuras. Aquí va la tabla de Global Footprint Network si quiere verlo de otra manera, si le apetece enterarse de cómo se realizan los cálculos. Por cierto, la misma institución ha organizado un concurso para que cada cual, usted mismo, aventure qué día será realmente cuando su país sobrepase la huella ecológica personal que le correspondería. Participe.

La odisea “ODSiana” de las CC.AA. va para largo

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El Informe 17 ODS x 17 CCAA es el primer estudio que se lleva a cabo en estos ámbitos de forma conjunta. Analiza unos 200 indicadores para “tratar de dilucidar la aproximación diferencial a las Metas de cada ODS en las 17 CC AA, a la vez que evaluar el desempeño comparado de cada CC AA en todos los ODS, en los diferentes bloques temáticos y a nivel general de la Agenda 2030”. En el informe se establecen rankings. En realidadintenta detectar carencias y pretende focalizar el grado de cohesión territorial en la transición hacia los presupuestos de sostenibilidad y de equidad establecidos en la AgendaImaginamos que con el informe se pretende que a partir de él cada administración se mire en el espejo.

Las conclusiones del estudio advierten de una enorme disparidad en el cumplimiento de los ODS por CC AA Esto se produce a pesar de que los organigramas de los Gobiernos de muchas Comunidades aparecen cargos que llevan el apellido ODS. Habremos de darles tiempo. Porque, mal que nos pese, ninguna de esas se podría calificar como totalmente sostenible, pues no alcanzan buena nota en el conjunto de los cerca de 200 indicadores que se tienen en cuenta. Hay que resaltar que no todas las CC AA avanzan igual de rápidas hacia la meta de la Agenda 2030. Hay que denunciar que algunas se contentan con poco, o partieron desde muy atrás.

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La educación debe circular impulsando la justicia social de los ODS

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Se ha puesto de moda hablar de la economía circular, esa que busca un sistema más sostenible y humano. Imaginemos por un momento que, como propaga en su página el Parlamento Europeo, la economía del mundo se basa en un modelo de producción y consumo cuyo lema es usar los ajustados recursos materiales o energéticos para hacerlo lo mejor posible. Necesariamente, habrá que compartir usos, reutilizar máquinas y materiales, reparar utensilios y destrozos, renovar procesos para usar menos y reciclar una y otra vez materiales y productos existentes, de tal forma que se logre darles un valor casi infinito; en algunos casos se puede. Si así se obra, el ciclo de vida de los productos se extiende; incluso los beneficios llegarán a las personas, más baratos y mejores, y al medio ambiente.

Repasemos estas ideas, tanto en la escuela como en la vida que es escuela sin pupitres. Comparémoslas con el modelo económico que domina en este momento: “usar y tirar”, referido no solo a lo material sino a lo aprendido dentro y fuera de las aulas. Si es aprendido, la mayor parte se desvanece una vez ha perdido el estímulo, o se ha pasado con éxito el examen o la eficacia del momento particular. La educación es un escenario social; no entenderlo así nos encamina al fracaso.

Se podría hablar mucho de este asunto en la escuela, del derecho a tener y compartir, a reutilizar lo que se tiene, a que el beneficio de los recursos convierta las relaciones económicas en convivencia entre iguales, a que impere la justicia social. Por eso, vamos a intentar emerger el poder no aprovechado de la educación circular.

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La educación de calidad, ODS Núm. 4, es el camino para un futuro compartido, más justo

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La escuela de los ricos tiene que mirar fuera de sí misma, darse una vuelta por la educación en el mundo, para ver si esta palpita o no, para ver su propia imagen comparada con la de otros, para poder compartir esperanzas sin fronteras y sentirse parte de un medioambiente común.

La lectura del mundo actual tiene que ser forzosamente ecosocial para entender lo que en él acontece. Las múltiples interacciones entre las personas y el lugar donde viven es lo que constituye el medioambiente: un espacio sin fronteras espaciales ni temporales, multidimensional, por donde circulan afectos y compromisos, encuentros y competencias, desidias y acciones positivas.

Ese medioambiente sin fronteras es también emocional, pues transfiere y aporta llamadas a los sentidos que empujan a la gente a ser y actuar de una u otra manera, en cualquier lugar del mundo. Por eso, cómo los grupos sociales gestionan sus intereses, sus deseos e incertidumbres, supone un argumento principal. En este artículo, dedicado a mirar la educación de calidad en el mundo, intentamos llamar la atención sobre el hecho de que esa forma parte indisoluble del medioambiente del futuro. Con ese mismo sentido se concreta en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), un sueño que necesita mucho de todos para servir de algo a casi todos. Por eso, le abrimos aquí la puerta de la escuela de par en par.

En la anterior entrada hacíamos alusión a la reciente publicación del Informe de Seguimiento de la Educación en el Mundo  por parte de la UNESCO. ODS núm 4. Educación de calidad.

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El pin sostenible se viraliza

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Los flamantes Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) han provocado una cantinela generalizada. Se los han aplicado por todos los lados: desde los calendarios y las marcas de coches hasta el turismo; en la última Fitur celebrada en Madrid incluso vendían destinos de aire sostenible (sic). Qué decir de los recientemente celebrados Premios Goya del cine español. Se ha hecho público que Aenor los certifica como evento cero emisiones lo mismo en el consumo energético que en el transporte y alojamiento de invitados, también en el consumo de agua y en la gestión de residuos, el merchandising, la seguridad y otras cosas; incluso algunas invitadas al evento han reutilizado vestidos de otras personas. Dice la nota de prensa emitida que la compensación se ha llevado a cabo mediante los mecanismos establecidos por la ONU; pero no los especifica. Algo se mueve todo para dar valor al ODS. Núm. 11, Acción por el clima.

Sea postureo o no, empieza a sonar el hecho de que la vida tal cual la llevamos es insostenible, que el pin sostenible debe ser visible permanentemente para recordárnoslo; lo más conveniente es portarlo en el interior de nuestro pensamiento, pero mientras tanto… Nos gustó que lo exhibiese el actor Jesús Vidal, o el director Javier Fresser, premiados por la excelente película “Campeones” en la entrega de los goyas del año pasado.

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Educación de calidad vs ODS 4. Los progresos no llegan igual a todos

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Las escuelas de todo el mundo acogieron con expectación disimulada, dada la experiencia previa tan llena de olvidos, la formulación de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), esos que buscan que ninguna persona se quede atrás en el camino hacia una vida digna en relación amistosa con el medioambiente que es el planeta y sus moradores. Algunos actores del mundo educativo, de forma interesada las escuelas que desde Latinoamérica nos siguen, mirarían con más detalle lo que venía a decir el ODS. Núm. 4; en general suelen tener más carencias a la vez que esperanzas. Su mismo enunciado “Educación de calidad” ya dice algo, pero cada una de sus metas merece la lectura e interpretación reposada; diríamos que sacude un poco las adormecidas ilusiones de cambiar el paso errático del mundo a través de la educación. Los ODS están pensados para las personas; la educación también. Este axioma se olvida a menudo. La educación lo es cuando mejora el pensamiento y la vida de las personas, hoy y mañana, cerca y lejos; poca trascendencia adquiere para sí misma como no sea su cordura.

Ahora acaba de conocerse el Informe de Seguimiento de la Educación en el Mundo, publicado por la UNESCO. Se detiene de forma especial en cinco escenarios fundamentales para conocer qué debemos hacer en nuestro ámbito si queremos mantener la ilusión educativa global: acceso, equidad, aprendizaje, calidad y financiación.

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Todos tenemos un primo en Sevilla que niega el cambio climático

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Hace unos años, esta frase, pronunciada por el Presidente del Gobierno de entonces sirvió para justificar la incredulidad y la acción de los gobiernos frente/contra el cambio climático que ya era evidente para los científicos y línea de acción preferente de las organizaciones ecologistas. Pasados unos años, el presidente de los EE.UU Trump afirmaba sobre el asunto que era “un cuento chino“. Es bien cierto que los chinos son parte importante de la generación del cambio climático, que ahora mismo los tiene en parte atrapados, quebrando la salud colectiva y haciendo toser a su economía y la sociedad que la soporta. Ahora, cuanto todo el mundo empieza a ver que el problema es grave, es tal la emergencia que algunos científicos nos ven cerca del apocalipsis, uno se pregunta, ante la falta de acción colectiva, frente a la política contradictoria de gobernantes y gobernados, si cada uno no tendremos un primo en Sevilla susurrándonos que la cosa no es tan grave, que no hay que tener prisa y se puede seguir viviendo descuidadamente, que la naturaleza es muy sabia y ya repondrá los desajustes que a algunos hacen dudar de lo que dicen los primos.

Los gobiernos y los empresarios, algunos trabajadores, dicen estar muy preocupados pero a la vez no quieren saber casi nada de lo que algunos llaman transición ecológica justa, y manifiestan la imposibilidad de llevar a cabo las intenciones de la actual Ministra de cambiar el ritmo de la energía y hacer transiciones acordes con el problema que tenemos encima. En conciencia: ¿Se cree lo del primo o no? Si es que no, empiece a demostrarlo.

Los incendios australianos como símbolo, a la vez que aviso

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Decir que han ardido en Australia 11 millones de hectáreas significa un desastre sin precedentes; ¡Desde octubre y tantos millones! Algo así como toda Bulgaria, que en los mapas de Europa se ve de buen tamaño; o si lo prefieren lo equivalente a una quinta parte de España. Semejante magnitud asusta, nos coloca ante la intemperie pues algo así podría suceder en otro lugar. Pocas veces somos conscientes del reto ambiental que tenemos por delante, algo enorme que cuestiona el futuro ambiental, económico y social. Los incendios son a la vez símbolo de una naturaleza entrópica, de un calentamiento global, de unas dinámicas climáticas extremas con episodios rápidos y graves, pero ante todo evidencian un desprecio grave de gobiernos y ciudadanos ante lo que supone vivir al límite de lo desconocido. Las autoridades australianas, que desprecian eso del cambio climático, han reaccionado tarde y mal; en Australia del Sur se han cargado a los dromedarios salvajes para que no se bebiesen el agua superficial. Pasado unos días, si los incendios se llegan a apagar, las cenizas del olvido laminarán la catástrofe, a pesar de haber tenido que suspender los entrenamientos del Open de Australia por la mala calidad del aire. El olvido y la dejadez reinarán hasta que llegue otra catástrofe de mismo signo o no, allí o en cualquier parte del mundo. Poco importarán los daños ambientales y a la salud de las personas, poco habremos aprendido lejos de Australia, ni siquiera nos quedará el aviso de uno de los símbolos de la incertidumbre: se nos quema la casa. 

¿De quién es el planeta Tierra?

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Este planeta, el lugar que nos procura vida y felicidades varias, es algo único, que se sepa. Nadie tiene la propiedad, que se conozca. No vale la pena perder el tiempo en saber si es mío, tuyo; acaso nuestro, vuestro o más bien suyo (de él mismo queremos decir). ¿O sí? Si ocurriese esto último, siempre deberíamos darle las gracias por prestarnos, que no darnos, una parte de sí mismo cada día. La pena es que quienes saben de estas cosas, los científicos, aseguran que está maltrecho. Para confirmar los malos augurios basta leer la prensa o escuchar las noticias: durante el año 2019 sufrió, si se puede hablar así refiriéndose al planeta, varios varapalos que nos demuestran que el planeta evoluciona, no sabemos si hacia delante o hacia atrás, si crece o se desarrolla.

En esta tesitura, para complicar un poco más nuestros pensamientos, nos surge una duda: ¿No se aplicarán el “suyo” quienes mueven los hilos, o las ondas, los comercios, de la vida de todos, de la gente?

Ver artículo completo en La Cima 2030.

La inhumana desgracia del olvido selectivo: Haití

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Parece que fue ayer, o no siquiera parece. ¿Quién se acuerda ya de aquel fatídico 12 de enero de 2010?, cuando la tierra le dio por temblar allá donde menos debía. Se llevó por delante, además de las vidas de unas 300.000 personas, mucho de la subsistencia de los supervivientes, porque eso era la vida entonces -sobrevivir cada día-para la mayor parte de la población haitiana en un país de los más pobres del mundo. Del dinero prometido entonces, cuando el corazón mundial se estremeció, casi nada ha llegado; ha fracasado estrepitosamente, si bien no nos hemos enterado de nada, acaso nos hemos despreocupado del sufrimiento ajeno. Ahora, en Haití la nada reina en forma de miseria, porque es el estado de los pobres cuando mucha más desgracia se ceba con ellos. Haití se encuentra en un terremoto vital interminable, titula La Vanguardia , para añadir que “la vida es peor que antes de la destrucción”. Ya era previamente al terremoto de 2010 una nación “paria”, titula la BBC en este artículo. ¿Qué será ahora? Si hay una deidad que protege a los humanos seguro que no es negra, o no sabe dónde está el Caribe para extender su mano benefactora. 

Una pregunta que es a la vez un ruego: ¿Los ODS están pensados para Haití? Por último un lamento que deshumaniza a esas administraciones y partidos de España que están pensando, o lo han hecho ya, en retirar toda ayuda a la Cooperación, no en mejorarla, que haría falta.