Ética universal

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Entre las DANA y los calores ilustran la crisis climática que la escuela debe entender

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Empecemos emitiendo una hipótesis: Si la escuela permanece adormecida, resignada, ante el complejo mundo exterior, no es escuela, sino un lugar por el que se pasa; de ahí su permanente levedad.

Habrá que reflexionar si sirve la escuela tradicional; la de hoy debería ser ya el escenario de lo deseable para la vida, donde se comparta experiencia y búsqueda de lo cotidiano, pero también el lugar en el que se cuestionen definitivamente bastantes abstracciones con poco recorrido, como no sea para justificar las viejas materias curriculares. Para vigorizarse debería recoger más y mejor la trama de la vida y dejarse de los contenidos poco útiles, por inservibles u obsoletos. Pero no puede hacerlo por sí sola; necesita el comprometido impulso de las autoridades educativas, junto con el incentivo y el acompañamiento de la sociedad que la sostiene, de ha de despertar de su despreocupación. 

Es evidente que la vida se construye en interacción personal y colectiva con el mundo exterior. De esa relación surgen los temas de interés personal y social, que podrían ser también los del trabajo escolar. Cuando en todo el mundo gente se revuelve ante la crisis global que padece el planeta, solo cabe que la educación emerja como escenario múltiple y diverso, tanto en la educación informal o no formal como en las escuelas. Por desgracia, la mayoría de estas permanecen calladas o levemente alerta, ocupadas en el estricto cumplimiento de los mandatos curriculares, muy vigilados por los departamentos de Educación respectivos, que sin embargo ni siquiera atienden a las demandas de la imprescindible gestión ambiental que les formulan desde sus centros.

¿Quién sabe si los argumentos para la hipótesis son ciertos? Lo que parece probable es que si las escuelas hablasen más de los asuntos de la vida, los escolares (ciudadanos del mañana mismo) sabrían afrontar mejor asuntos como la repetición de los fenómenos atmosféricos, sobre todo adaptándose a los nuevos tiempos y tratando de mitigar sus efectos.

Seguir leyendo en El Diario de la Educación.

La alfabetización universal como quimera posible, necesaria

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Por ahora eso de disponer de habilidades para saber leer y escribir es una quimera; al que resolverla pues la educación es un derecho humano. Aunque parezca mentira, alrededor de la mitad de los niños de 10 años en el mundo no pueden leer ni comprender una historia simple; puede que algunos de ellos sepan repetir signos, pero no basta. Demasiados adultos, que puede que sí aprendieran lectoescritura en su niñez, no conservan esas habilidades. Se puede contar con vergüenza que son unos 750 millones de adultos en el mundoson analfabetos.

Piense cómo se enfrentaría a la vida, a la búsqueda del sustento económico y al mantenimiento de su familia, a sus relaciones sociales, a su ocio, a su previsión de futuro, etc. , si no supiese leer y escribir con soltura para entender un texto o emitir un razonamiento crítico sobre él.

La semana pasada se celebró el Día Mundial de la Alfabetización, que pasó sin pena ni gloria por los medios de comunicación, tan dados a catástrofes, politiqueos y desgracias.

Dicen que la alfabetización universal es una condición clave para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) dentro del marco de la Agenda 2030 Documento PDF. Hay que recordar casi cada día que los ODS, aprobados por los mandatarios mundiales en septiembre de 2015, promueven el acceso universal a una educación de calidad y oportunidades de aprendizaje a lo largo de la vida de las personas. Hay que consolidar y mejorar los avences conseguidos en esta encomienda. Pues eso. 

Nos tenemos que “tragar” nuestra caca plástica; no seamos ilusos

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Empezaron los chinos con dejarnos de comprar nuestra caca plástica. Ahora van muchos países asiáticos y no quieren echar en sus wáteres nuestra occidentalizada basura. En teoría, los millones de toneladas plásticas que hacían el largo crucero marítimo desde Europa hasta China, Filipinas, Malasia o Vietnam, se reciclaban. Pero no se lo crean; es una mentira podrida. La mayor parte acababan contaminando sus suelos, las aguas continentales y marinas o eran quemados, emitiendo al aire su tóxica carga.

Ahora, estos países asiáticos ya no quieren nuestra caca plástica; aunque les paguemos mucho. Se quieren volver más cuidadosos, y de paso recibir alguna ayuda por ello. Hacen bien; ya tienen bastante con sus plásticos, que inundan una buena parte de sus suelos, ríos y mares. Su gestión de los residuos deja bastante que desear.

La ONU dice que en 2017 España fue el séptimo país exportador mundial de desechos, desperdicios y recortes de plástico. El Ministerio de Industria nuestro cuenta que, entre 2010 y 2018, España “envió” a China/Hong Kong casi un millón de toneladas plásticas, más de la mitad de las generadas en ese periodo. ¡Qué barbaridad!

Los espabilados gestores de la basura española, y europea, decían que les preparaban el crucero marítimo a nuestros plásticos porque aquí no compensaba reciclar la caca. ¡Vaya caradura! Imaginamos que lo de compensar se refería solo a lo económico, que se desdeñaban las mejoras ambientales y a la salud de las personas.

Hay quien se pregunta qué haremos ahora con nuestra basura plástica. Algunos apuestan (Federación Española de Recuperación y Reciclaje) por reciclarla; en realidad ahora apenas se hace con un tercio de la utilizada de la cual no llega un tercio a los contenedores amarillos. Otros como Greenpeace por no generarla, lo explica bien esta ONG en Maldito plástico.

¿En qué grupo se encuadra usted para “eliminar” esa caca plástica que cada día produce? Seguro que no consigue adquirir los productos que come libres de envoltorios plásticos; por más que haga pesquisas detectivescas. Así, la bolsa amarilla es siempre la más voluminosa de casa; hay que descargarla casi cada día.

Si se le ocurre alguna idea interesante para ser menos “plasticantes” dígalo a su familia o practíquela en su centro de trabajo. La cosa está muy fea. Mientras piensa le invitamos a que vea “El iluso“, el corto de Rodrigo Sorogoyen; va sobre contenedores amarillos y personas.

 

Tome una buena dosis de ecología cada día

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Todas las personas vivimos interconectadas con lo que nos rodea, seamos o no conscientes de ello, queramos o no; incluso los (in)crédulos negacionistas. Lo que cada cual, todos, hacemos y vivimos tiene mucho que ver con la ecología.

Esta palabra tiene muchas variantes léxicas: concepto y sentimiento, acción e interacción, compromisos y olvidos, urgencia y permanencia, etc.; también algún exabrupto. Bastantes, mucha gente y las marcas comerciales cada vez más, la utilizan como etiqueta: lo ecológico vende y mola; otros como una especie de mantra, para emocionarse ellos mismos o para enfrentarse a los demás.

Un sustantivo tan importante que, a poco que nos aproximemos a él, llega a ser un adjetivo, acabándolo simplemente en -ica o –ico. También alcanza su expresión coloquial en forma de ecologismo o ecologista, variables nuevas de una vida antigua. Estas dos últimas acepciones identifican a las personas que toman una buena dosis de ecología cada día y así reconfortan la vida propiay un poco la de las demás, también la del planeta y los seres vivos que con los que conviven. Si bien no faltan quienes utilizan los vocablos como insulto hacia los defensores o propagadores de la vida en armonía en/con la casa común.

Seguir leyendo en La Cima 2030.

El Mediterráneo hace de sima en donde se precipita la ética

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Cunde entre la gente, los gobiernos son sus representantes y educadores, una práctica desconcertante: Los esfuerzos y compromisos que en otros tiempos estaban encaminados a cambiar el mundo son ahora empleados en proteger lo que tenemos, llámese bienestares o idiosincrasia. Incluso así, no estamos seguros de encontrarnos  a salvo de ciertas contingencias, por más que muchas sean difíciles de identificar.

Los flotadores provisionales que los barcos de Open Arms y Médicos sin Fronteras han procurado este mes de agosto a los náufragos mediterráneos en peligro de ahogarse nos obligan a posicionarnos. Más allá del sentimiento emocional, ya de por sí relevante, está el asunto de la acogida o no por parte de los países ribereños del Mediterráneo, que tuvo su momento álgido en 2015 cuando se tendieron endebles pasarelas entre Turquía y Grecia. Ante este drama, hay gente despreocupada, otra que piensa una cosa y dice otra, gente que conscientemente se manifiesta a favor de que España los acoja; no faltan difuminaciones de los representantes gubernativos y recriminaciones a las ONG cuyos barcos han rescatado a los náufragos. Cada una de estas posiciones tiene una parte opinable, otra más grave censurable desde el punto de vista ético, pues se ponen en juego los conceptos del bien y del mal que, en buena manera, dicen que sostienen la civilización democrática que lleva tantos años bañando el norte mediterráneo.

Duele que personajes como Salvini, o Trump, pretendan a(re)sumir la moralidad global, con la excusa de que quienes sufren en una barcaza o en un desierto están allí porque la redes mafiosas los han transportado. De vez en cuando, hay que sentarse a pensar cuál es la escala personal y social de valores, implicarse en diálogos razonados sobre estos temas respetando las opiniones y conductas ajenas, y formar un juicio moral. Incluso no estaría de más colocarse en alguna ocasión en el lugar de los otros.

No se trata de resolver para siempre un problema complejo con muchos intereses en interacción; de esta tarea deben hacerse cargo los Gobiernos y organismos internacionales, en lugar de dejar que la sima se agrande, por más que digan que las conversaciones para resolver este caso son frenéticas. Es necesario remediar puntualmente estos episodios de agosto –barcos llenos de gente rescatada de la muerte probable, hacinada en penosas condiciones, deambulando por el Mediterráneo o detenidos a escasos metros de un puerto en el que no dejan desembarcar, etc.- representan un esperpento de la condición humanitaria, un frenético estorbo para la convivencia.

Mucha gente no duda de la estrategia, no le supone ningún dilema el asunto: primero salvarlos y acogerlos, después dialogar para encaminar las cosas.

Me estoy quitando de pensar

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Es como cuando se tiene un vicio, no hay forma de dejarlo, y casi siempre acaba produciendo daños o sufrimientos. El pensamiento lo mueve tanto el interior como lo que pasa por el mundo, a veces coinciden los dos ámbitos, para bien y para mal. Nos avisó, hace mucho tiempo, Antoine de Saint-Exupéry: El mundo entero se aparta cuando ve pasar a alguien que sabe adónde va. En esos momentos uno siente, no sé si piensa, que hay que dejarlo, ya sea poco a poco o de golpe.

No me sucede a mí únicamente. Se está extendiendo la tendencia, aunque tiene varias formas. Unos nos rebelamos contra el despiste ético que nos abruma y hemos de protegernos. Otros, ciudadanía y políticos españoles, deben estar dejando de pensar porque solo miran el mundo para sí mismos. A esos últimos, que simulan un esperpento malo de la realidad dura, los invitaría a pensar aquello que decía Quino de que “no es necesario decir todo lo que se piensa, lo que si es necesario es pensar todo lo que se dice”.

Me sabe mal no pensar en la gente que piensa en sobrevivir: toda la que sufre desigualdades, hambre, guerras, falta de trabajo, enfermedades, acosos y similares. Pero hay momentos de desánimo y he decidido dejar de pensar en estos meses veraniegos, a ver si con la vuelta global al trabajo y otros menesteres hay más gente con la que se puedan compartir pensamientos, plasmarlos en deseos renovadores y empezar a hacerlos realidad.

Aunque me resultará difícil olvidar Siria, África, Centroamérica, los migrantes multipresentes  o los trabajadores pobres en los países ricos. Dudo si no habrá una recaída.

A partir de hoy vivimos de rentas ambientales

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Imaginemos que el mundo es una familia, difícil ya lo sabemos. La familia tiene sus ahorros. Son de todo tipo: económicos, sociales y ambientales. O sea, dineros, convivencia y recursos que toman forma de propiedades naturales. La experiencia les dice que han de vivir los 365 días del año con lo que generen en esos días. Últimamente no lo hacen, por lo que deben acudir a su hucha de recursos.  Esto les genera discusiones porque no todos los miembros de la familia ven la necesidad de ajustarse a los presupuestos de convivencia o económicos. Cada año adelantan la fecha del calendario en la que “se han comido” lo que entre todos y su entorno han podido generar, digamos también que lo que la Tierra pone a sus disposición pues ella también trabaja lo suyo y tenía su despensa más o menos llena. Lo que está claro es que su despensa va menguando.

Si el mundo fuese una familia, hoy 29 de julio habría acabado con lo que el sistema Tierra (aire, agua, suelo, biodiversidad, etc.) sería capaz de generar en 2019; en 2018 fue el 1 de agosto. Es lo que se llama “Eart Overshoot Day”, o si lo prefieren Día del Rebase de la Tierra, en una traducción libre pero contundente.  Luego a partir de ahora quitamos recursos no generados en el año. Estamos restando vida para el futuro.

Como todos los miembros de la familia global no son igual de derrochadores a la hora de vivir, algunos países acabaron con lo que la Tierra da hace muchos días. Anoten algunos. Los habitantes de la UE ya habíamos gastado lo nuestro el 10 de mayo, lo cual significa que necesitamos 2,8 Tierras cada año para vivir. Si quiere tener una información más detallada por países pinche aquí. Por cierto, ¿Sabía que usted, su ciudad y su país pueden retrasar la fecha? Infórmese.

La educación puede impulsar la igualdad de género hacia la Cima 2030

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En un contexto de crisis como el actual, se necesitan todas las energías posibles. Las mujeres, mucho más proactivas que los hombres, han dado muestras de sus grandes capacidades en múltiples casos. Echen un vistazo a los ejemplos que nos dan en África y Latinoamérica para comprobarlo; también pueden mirar a su alrededor. Por eso, aunque nada más sea por egoísmo social, la progresiva y contundente igualdad de género es un requisito indispensable de futuro para alcanzar la Cima 2030; como queda formulado en el ODS 5. Si se logra llegar a hacerlo universal, tirará de los demás.

El camino más adecuado para conseguir la igualdad de género lo marca la educación recibida y atesorada,tanto en un sistema reglado como en una sociedad culturalmente positiva. Desde hace unos años la UNESCO se empeña en demostrar que una educación continuada y de calidad constituye la mejor estrategia para enfrentarse a los complejos desafíos del futuro mundial, que cada día llega antes. Para ello es necesaria una educación universal, permanente a lo largo de la vida. La educación está en el centro de los ODS para 2030.

Veamos lo que dice el reciente informe GEM 2019 de la UNESCO. Lleva un subtítulo tan sugerente que aboga por construir puentes para la igualdad de género. Resalta que, en el conjunto mundial, “más de la mitad de la ayuda a la educación del G7 se destina a la consecución de la igualdad de género“, con países especialmente involucrados como Canadá. Pero esto no deja de ser una cifra.

Seguir leyendo en La Cima 2030.

Derechos humanos en retirada

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Hace un par de décadas mucha gente creía, pensaba con criterios razonados, que los derechos humanos serían el futuro de la humanidad. A la vez, el derecho humanitario internacional se afanaba en trazar el camino a seguir para llegar a ellos.
Hoy mismo, parecen el pasado encubierto. A la vista de los episodios bélicos, África se desangra por los cuatro costados, y de las crecientes desigualdades, junto con la gobernanza populista que se extiende por todo el mundo, el horizonte humanitario aparece sombrío. También por aquí se acabó la ilusión porque el siglo XXI fuese el de los derechos humanos universales..

Los damnificados son siempre los mismos: los pobres y las clases desfavorecidas. Da lo mismo que lo observemos dentro de un país concreto que en el conjunto mundial; los derechos humanos transitan por una desganada retirada.

Se acaba de cumplir un año desde que EE.UU. se retiraba del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, al que calificaba de hipócrita. Vaya calificativo, viniendo de donde viene. Otros muchos países se van retirando por dejación.

Por eso, conviene conocer cuáles son esos derechos, entenderlos mirando a la gente que vive en nuestro país, echando una mirada crítica fuera para ver si nuestros Gobiernos son corresponsables de lo que pasa por ahí.

Erradicar la pobreza, el primer ODS

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En demasiadas ocasiones, porque no nos afecta o incomoda, lo evidente se hace imperceptible. Sucede a menudo con la pobreza. En su dimensión, múltiple y concreta, se combinan dos interrogantes básicos sobre los que nos gustaría decir algo.  

Uno el hecho de que no sea natural; de que al ser creada por los seres humanos pueda ser revertida, ser erradicada por ellos mismos. Así se expresaba el Nobel sudafricano Nelson Mandela.  

El otro habla de que no son más pobres quienes tienen poco, sino aquellos que desean más y más y nunca les alcanza, que decía José Mújica, el expresidente de Uruguay. Reversibilidad y percepción son dos claves en el ADN de los ODS (Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).  

Conseguir el fin de la pobreza, es el que podría ser más determinante, y por algo se habrá colocado en el primer lugar, como si su erradicación fuera el ADN de los ODS. No hay que desdeñar la relación consustancial que tiene con los demás. 

Seguir leyendo en La Cima 2030 de 20minutos.es.

¿Ayuda internacional para llevar la igualdad de género a la educación? Algo sí, pero falta tanto!

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Dice el informe GEM 2019,  lleva un subtítulo tan sugerente que aboga por construir puentes para la igualdad de género. Resalta que “Más de la mitad de la ayuda a la educación del G7 se destina a la consecución de la igualdad de género”, con países especialmente involucrados como Canadá.  Desde hace unos años  la UNESCO se empeña en demostrar que una educación continuada y de calidad constituye la mejor estrategia para enfrentarse a los complejos desafíos del futuro mundial. Para ello es necesaria una educación universal, permanente a lo largo de la vida. La educación está en el centro de los ODS para 2030. Dentro de ella, la educación de género tiene una doble intención: por un lado, la completa educación de niñas, jóvenes y mujeres es un derecho humano universal, todavía no logrado. Por otro, es un requisito indispensable para cualquier país que quiera un desarrollo sostenible y que aspire a que este se consolide en un espacio de paz. 

Anotamos algunas cuestiones del informe y les invitamos a profundizar en él:

  • La paridad educativa en primaria todavía está lejos en más de un tercio de países, en más de la mitad en secundaria, especialmente en el segundo ciclo de esta.
  • Demasiados países soportan altas tasas de abandono escolar, y de graduación, de niñas y jóvenes en enseñanza obligatoria.
  • La violencia sexista deteriora el acceso a la escuela de las niñas en más del 25% de países.
  • Una buena parte de niñas y jóvenes ve deteriorada su educación por la necesidad de atender a tareas domésticas familiares.
  • Son muchas las escuelas que no disponen de instalaciones adecuadas para resolver la higiene menstrual de las jóvenes, lo cual dificulta su asistencia y aumenta el abandono escolar. Otras ni siquiera están equipadas con baños para el lavado de manos con agua y jabón. 

También habrá que insistir mucho para conseguir que la igualdad de género sea visible en la reforma curricular y queda recogida en los libros de texto, para que haga hincapié en la participación de las niñas en los programas de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas; pero sobre todo, para que persiga el acceso seguro a las escuelas.

Por ahora, la igualdad de género es un horizonte difuso, también con perfiles poco nítidos en ciertas escalas de los países ricos. Por cierto, no se pierdan los informes GEM de los años precedentes.

El paraíso antártico amenazado por el turismo

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Dicen por ahí que a la Antártida viajan ya más turistas que personal científico. Este, compuesto por mujeres y hombres con grandes recursos científicos, llega allí cargado de interés por conocer más cosas que lleven a entender nuestra vida y a preservar los tesoros que atesora el austral desierto de hielo. A pesar del encomiable valor de lo que hacen, de la relevancia de sus descubrimientos, no tienen el acompañamiento social que se merecen; deben estar perplejos del asalto que se avecina por aquellas tierras. 

Para la vorágine comercial, turística y depredadora nada importa; bueno sí, el negocio. Cuentan que durante estos días, medio centenar de países, los que tienen algo que decir en el gobierno de la Antártida, están reunidos en Praga para ponerse de acuerdo en qué hacer y cómo, en la manera de preservar y mejorar el Tratado Antártico, para detener la acelerada pérdida de su masa helada. El turismo masivo lo estropea todo; miren cerca de ustedes y lo comprobarán. Pero claro, el santuario antártico es algo más que un espacio, es un cofre para la investigación y nuestro seguro de vida.

Por eso, únase al grito que desde aquí lanzamos: ¡Fuera el turismo de la Antártida!

La crisis climática reduce el derecho universal a la vida

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La crisis climática afecta a todo el mundo, pero no de manera uniforme. Los ricos sabrán/lograrán adaptarse a ella y mitigar sus efectos; los pobres no podrán escapar a sus más graves efectos. Opinan algunos, Philip Alston, relator especial de la ONU sobre pobreza extrema y derechos humanos lo describe muy acertadamente en su último informe:  “los impactos del calentamiento global probablemente socavarán no solo los derechos básicos a la vida, el agua, los alimentos y la vivienda de cientos de millones de personas, sino también la democracia y el gobierno de ley”. ¡Ahí es nada!

Si buscan los responsables no tardarán en encontrarlos: van desde la propia ONU, todos los países, las empresas e incluso las ONG. Sus acciones y omisiones son inadecuadas a la urgencia y magnitud del problema. Lean despacio este artículo de The Guardian en el que defiende su fundamentación sobre el “aparheid climático”. Piensen lo hecho y lo que queda por hacer.

¡Suerte para todos, pero especialmente para los pobres! Seguro que se pueden hacer mejor las cosas y rescatar a mucha gente de los malos presagios de Alston.

Si la educación fuese el camino

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Para algunos, la duda casi ofende; para otros es un tema etéreo, de esos que se dice que preocupan pero que nunca se ponen en primera plana en medios de comunicación ni en encomiendas políticas. Para unos pocos es la salvación global.

Llegan las vacaciones escolares; las familias se afanan en organizar el tiempo libre de su prole. En España, el curso que ahora termina tuvo sus momentos señalados para el profesorado y el alumnado: más o menos exitosos, reflexivos o no, compartidos o individuales, novedosos o monótonos, etc.; puede que no se reflexionase sobre ellos porque la dinámica diaria es atropellada. Demasiadas veces, la educación obligatoria transita en el silencio, también social, para quien no la viva en directo; acaso alguna vez se la menciona, pero tiene escasa persistencia en día a día social. Después de tantas controversias políticas como las que hemos vivido en el último año, no ha quedado claro si existe en los distintos partidos un compromiso de prestar este servicio social; ni siquiera conocemos los principios éticos que lo moverían. Poco importa, llegó el silencio veraniego que hará olvidar lo bueno o malo que haya acontecido en nuestras escuelas.

Para algunas personas, en otros contextos y países, la educación es el camino que marca el futuro con señales de esperanza. Escuchen con atención la entrevista que le hacen a Muzzoon Almellehan. Para ella, la educación es el único camino, aunque tenga imperfecciones; porque la educación le da esperanza y futuro.

En fin, felices vacaciones a todos; el silencio les guardará algunas ilusiones y se las susurrará en septiembre, para que las comunidades educativas las asuman o las hagan llegar con fuerza a los callados referentes políticos y a la perezosa administración educativa. 

 

Poner cara a la pobreza para conseguir que muestre satisfacción

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Llevamos mucho tiempo hablando de la pobreza en España; tanto que ya demuestra que es un problema estructural, para nada coyuntural. Las cifras no engañan, pero no tienen cara. Será por eso que no hacemos visibles los colectivos que están en riesgo de exclusión o padecen pobreza severa. 

La pobreza es algo así como una insustancia que se extiende; su supuesta incorporalidad se adueña de las personas. Se la nombra una y otra vez, asociada a veces a números y porcentajes; concluyendo la necesidad de asignar una cantidad económica a aquellas personas, identificables fácilmente con estudios rigurosos, que padecen pobreza severa. Pero ahí sigue, creciendo en España sin ser escuchada, al menos reduciendo sus impactos. 

Bueno, en realidad alguien sí dice algo, por más que la escucha política no sea atenta. Lean despacio el artículo de eldiario.es en donde desgrana la propuesta valiente de la autoridad fiscal: “Una renta mínima reduciría la pobreza severa un 60% con un coste de 3.500 millones”, en relación con una Iniciativa Legislativa Popular presentada por UGT y CCOO en 2016, con 700.000 firmas, para establecer una prestación de ingresos mínimos (426 euros) en el ámbito de la protección de la Seguridad Social. 

Póngale rostro al asunto. Valore su pulsómetro de la pobreza: emocional o no, alta o baja, espacial, de cerca o de lejos, conocida o ignorada, de ayer y de mañana, etc. Recuerde: eliminarla es uno de los Objetivos de Desarrollo Sostenible.