Ética universal

La esperanza de la odisea odsiana para alumbrar un mundo nuevo

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El mundo está pendiente de muchos retos. Quizás los ODS sean la guía del cambio de dinámica social. Resumen de nuestros deseos odsianos:

La renovación de la vida colectiva no es sencilla. Las necesidades están identificadas. Tiene por delante la búsqueda de remedios consistentes a la necesaria nueva realidad: la amortiguación de las desigualdades; la reforma del capitalismo para que congenie más con una democracia participada; la transformación de las estructuras de poder para que la élite de quienes deciden y gobiernan se aproxime a la comunidad de afectados; la amenaza de la polarizaciones, esas que la pandemia no ha hecho más que evidenciar e intensificar; el ejercicio de la discrepancia para encontrar coincidencias; el creciente desafío del cambio climático; la revolución sanitaria permanentemente pendiente; la consolidación de una sociedad que valore y potencie el papel de los cuidados sanitarios y sociales porque han alcanzado el estatus de responsabilidad colectiva; el aseguramiento de una educación de calidad en todo el mundo; la coherencia entre la presión para producir y el derecho a un consumo más justo y sostenible; las ciudades del futuro y sus estrategias de movilidad sostenible; la recuperación de papel sanador de una naturaleza olvidada; y muchos más, siempre distinguiendo entre los soportables por el momento y los que no lo son. Algo así, al menos en el espíritu, de lo que decía la campaña sobre sostenibilidad de una gran cadena comercial: Instrucciones para dar vida a un mundo más justo. O si lo preferimos “Estímulos para la compleja respuesta al estado del malestar”, que se extiende como una plaga a diferentes niveles, con variadas intenciones.
Se trata, en suma, de asegurar unos mínimos vitales irrenunciables, conscientes de que estamos sometidos a limitaciones y dependemos cada día más los unos de los otros. Alguien lo simplifica que hay que repartir mejor los riesgos y la riqueza. Habría que explorarlo. En cualquier caso, se necesita más que nunca un pensamiento social que lance la odisea colectiva
. Mirar al futuro nos inquieta, pero hay que seguir.

Leer artículo completo en La Cima 2030, de 20minutos.es

Cambio de época en una sociedad de desigualdades

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Ulrich Beck publicó hace ya 35 años ‘La sociedad del riesgo: hacia una nueva modernidad’. En el libro se insiste en la idea de que el riesgo, que acompaña durante toda la existencia a poblaciones vulnerables, iba a extenderse con distinta intensidad a las hasta entonces privilegiadas, esas que aparentemente disfrutaban de un Estado de bienestar. El tiempo lo confirmó: crisis sociales, económicas y sanitarias acechan al mundo en este momento.

Albert Einstein nos avisó de que el mundo creado es proceso de nuestro pensamiento. Si el estado actual de las cosas no nos convence deberemos cambiar nuestra manera de ver sucesos y estadios sociales; cambiar los horizontes del pensamiento, y hacerlo más colectivo y compartido.

Sucede ahora mismo con los riesgos ambientales, que no son percibidos en su razonable dimensión, siendo que surgen en el contexto de las relaciones entre naturaleza y sociedad. Tanto que la vulnerabilidad aparece como la gran amenaza de la confiada sociedad del siglo XXI; la pandemia ha venido a ponerlo en evidencia.

El  escritor israelí Yuval N. Harari, nos ha dejado ‘21 lecciones para el siglo XXI’. Parece que la covid-19 es solo un aviso de lo que vendrá, máxime si ‘el sapiens’ no aborda el entramado medioambiental. Propone, dada la capacidad de pensamiento de la especie, transiciones hacia la gestión de los riesgos, basadas en el conocimiento científico, por parte de quienes gobiernan y hechas suyas por una ciudadanía cada vez más comprometida, por pasiva y por activa.

A pesar de todo, el año nuevo podemos hacerlo mejor, que suponga un verdadero cambio de época que atempere las desigualdades. ¡Suerte colectiva!

¿A quién pertenece el cambio climático?

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Semejante pregunta solamente se le puede ocurrir a una de esas personas que se imaginan, están seguras, de que el cambio climático es una de las más importantes emergencias sociales, sí no solo naturales, a las cuales la humanidad entera necesita hacerle caso. La pregunta casi es un absurdo, cercana a un oxímoron pues cómo puede pertenecer algo que en sí no puede tener propiedad. ¿O sí?

El concepto de pertenencia que enmarca esta entrada tiene más de una cara. Otra vez hay que acudir a la RAE para que nos centre. Afirma que que dicho de una cosa es tocarle a alguien o ser propia de él, pero también a ser parte integrante de algo más grande. Me da que ese alguien es la sociedad entera, con sus diferencias según responsabilidades y afecciones sufridas. Ahí vamos, porque ya casi nadie niega que en buena medida el cambio climático ha sido inducido o acelerado por ciertas prácticas antrópicas crecientes desde la revolución industrial, e implacables en los últimos cien años, con un corolario estruendoso desde hace algo más evidente en la última cincuentena, más o menos. 

Ser de alguien ya está razonado, ser propia de él también. Queda repasar que el cambio climático es una parte de algo más grande: una sociedad global que prioriza el desarrollo desmesurado y el consumo desaforado a pesar de sus consecuencias ambientales y sociales.

Una de las variables que evidencian el cambio climático es el aumento global de las temperaturas. Muchos lo han dicho ya, con lo que no hace falta insistir. Por si alguien tiene dudas de lo que ha acontecido en las últimas décadas en la Unión Europea, puede entrar en Global Climate Change y enterarse si su localidad aparece referenciada, que será que sí porque la Web está bien enlazada. Quienes tengan tiempo y ganas pueden darse una vuelta por el mundo; de verdad que es interesante. Piensen que detrás de lo cuantitativo, 1,9 ºC de aumento por ejemplo, está lo cualitativo: no es lo mismo ese incremento en una localidad tradicionalmente cálida (Leciñena, en España, en una zona semidesértica como Los Monegros) que en otra que siempre había sido muy fría ( Helsinki, en Finlandia). Una vez hecha la búsqueda, además de la cantidad, se detalla «saber más» en donde se ve por años cómo ha ido evolucionando desde 1960 a 2018, se pueden adivinar tendencias consolidadas.

Por cierto, ¿a quién pertenece más y menos el cambio climático? La cosa se complica aun más si lo llamamos como realmente es: una emergencia ambiental y social, además de económica.

Canción de escuela, con melodía comprometida

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La escuela, demasiadas veces callada, orillada por olvidos, pero siempre viva en su interior compartido. Desde aquí quisimos escribirle una canción para decirle que es importante, que aunque transite demasiadas veces entre el silencio y la pena se merece canciones de aliento. La que escribimos para El Diario de la Educación está redactada gracias a un aliento múltiple; invitamos al profesorado a leerla para reconocer momentos, quizás remover pensamientos, acaso añadirle estrofas o cambiarle una parte de la melodía. En primer lugar quiere reconocer al profesorado y al alumnado de todas las escuelas del mundo, que han sabido dar ejemplo a pesar de las dificultades pandémicas. Se merecen unas vacaciones plenas de naturaleza y libres de virus.

Para componerla hemos utilizado saberes y pensamientos, frases cogidas al vuelo si se quiere, de personajes que hablaron de educación a lo largo del tiempo pasado, más o menos cercano. Desde aquella educación como arte de Kant, tomando un apuntes de Benito Pérez Galdós -se cumplen cien años de su muerte-, aprovechando lo manifestado por el equipo Delors en su informe La educación encierra un tesoro, apoyándonos en la letanía de los Informes GEM y en Alice Albright de la Alianza Mundial por la Educación; también recurrimos a Emilio Lledó.

Al final, la cancioncilla declamada incluye el poema Educar de Gabriel Celaya y como epílogo recuerda a Quino, que tantas acertadas lecciones educativas nos regaló durante muchos años. Donde quiera que esté se dará cuenta de que sigue dentro de la educación: nos quedan las acertadas reflexiones de Mafalda, Miguelito y compañía. Quizás, acudiendo a los recuerdos de los citados, de muchas más mujeres y hombres, hayamos sido capaces de entonar una canción comprometida con la educación.

El artículo completo «La educación se canta para orillar sus dificultades» se puede leer en El Diario de la Educación, que exhibe de manera gratuita toda su producción, pero al que no le vendría nada mal que el profesorado se inscribiese para asegurar con la aportación económica de muchos su independencia, y seguir ejerciendo de altavoz educativo y de repositorio escolar.

París +5 y el perturbador riesgo climático sigue en emergencia

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Se van a cumplir 35 años desde que Ulrich Beck publicó La sociedad del riesgo. En el libro/manifiesto/reflexión alertaba de que las sociedades no identifican ni adoptan un modelo de riesgo; se acomodan al que les ha conducido el desarrollo industrial. Bauman, Touraine y Sennett –se preguntaba qué tipo de sociedad hemos construido y qué somos ahora- le acompañaron es su intento de esclarecer los rasgos de la enorme transformación social que se estaba operando en el mundo y anticipaban algo de lo que estaba por venir; cuestionaban los pilares básicos que por entonces se limitaban al concepto progreso. 

Van a ser casi 60 años desde que Rachel Carson publicó La primavera silenciosa, un enfoque de la vida visto desde los atropellos que le lanzaban los plaguicidas. Su lucha continua, apoyada en la ecología y la biología, y por la cual sufrió los ataques de la industria química, tuvo mucho que ver en el nacimiento de la conciencia ecológica. 

Todas las personas citadas ya vieron que la vulnerabilidad aparecía como la nueva amenaza de la confiada sociedad del siglo XX y más todavía del XXI; lo sabemos bien si nos miramos en el espejo del cambio climático. Se cumplen ahora cinco años desde la Cumbre del Clima de París 2015, uno desde la COP 25 Madrid-Chile y los objetivos de reducción de la temperatura global siguen lejos. Estos días hemos escuchado noticias un poco alentadoras: el presidente americano Biden quiere recomponer los desaguisados del negacionista Trump, la UE aumenta su compromiso para la reducción de gases de efecto invernadero hasta el 55%. Harían bien todos los países en declarar la emergencia climática en sus territorios, como recomienda la ONU. Pero atentos, que no nos engañen una vez más. Porque todo esto no ha surgido de la nada. Albert Einstein vino a decir que el mundo que hemos creado es proceso de nuestro pensamiento. Difícilmente se cambia sin modificar nuestra forma de pensar; si seguimos pensando y justificando lo mismo (progreso sin límites, a costa de lo que sea) no saldremos del atolladero catastrófico. 

Así pues, ante esta emergencia, lleva varias décadas avisándonos, cada individuo cuenta. Al menos debe posicionarse para que los siniestros que vendrán queden un poco amortiguados, sabedores de que siempre dependen de magnitudes numerosas, de la población afectada y también están sujetos a incertidumbres; hay cosas predecibles pero otras no lo son tanto. Hagamos de la necesidad virtud: París bien vale un esfuerzo. O si lo preferimos decir de otra forma, descifremos el significado de lo que apuntaba uno de los fabulistas por excelencia, Félix M. de Samaniego: “si al evitar los riesgos la razón no nos guía, por huir de un tropiezo, damos mortal caída”.

Leer artículo completo en La Cima 2030 de 20minutos.es. 

La masa antropogénica desborda a la biomasa

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Hace unas décadas parecería imposible pero a día de hoy la masa total de lo fabricado por los humanos supera a toda la masa de las biodiversas criaturas: la biomasa. Se veía venir pero nunca pensamos en que se haría realidad tan pronto. En realidad parece que se aceleró tras la segunda guerra mundial, pero es que ahora el ritmo es brutal. Dicen que en el año 1900 la masa antropogénica apenas suponía el 3% de la biomasa global. 

Pensándolo un poco parece imposible, o no. No se equivoquen en una primera interpretación: no es que los humanos hayan convertido en gigantescos seres vivos (apenas suponen el 0,01% de la biomasa) sino que la masa de sus obras (carreteras, edificios privados o públicos, botellas y demás recipientes, mobiliarios, medios de transporte y para el trabajo, ropa, juguetes y otras cosas para divertirse, y todo el etcétera que quieran) es ya mayor que toda la biomasa. Quienes afirman semejante noticia no son gente cualquiera. Hay un resumen de sus investigaciones en donde fundamentan por qué hablan así; lo ha publicado la prestigiosa revista Nature pero para entenderlo hay que saber inglés. Si no se lo cree puede leer los argumentos que se explican en el artículo que sobre el tema incluyó El País recientemente. También lo han recogido otros medios de comunicación, aunque casi a escondidas; de sobras sabemos que estas informaciones no se suelen priorizar.

El asunto va en la línea de lo que bastantes investigaciones afirman: hemos entrado en la era del Antropoceno, del que la BBC ya hacía un avance de su significado en 2016. Para muchos, esta situación hace peligrar el futuro tal cual lo queríamos o habíamos imaginado. Una curiosidad: hasta se crean minerales nuevos, más de doscientos según cuentan.

Estamos en guerra contra la naturaleza, allí donde nada es superfluo

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La primera afirmación la acaba de lanzar Antonio Guterres, el Secretario General de la ONU; la segunda la pudo formular el cordobés Averroes (s. XII), que andaba ocupado en discernir el sentido de algo dicho por Aristóteles, hacía casi 1.500 años, sobre el asunto de lo natural. 

Hace unos días se publicó en Covering Climate Now, una iniciativa periodística global de 400 medios de comunicación comprometida con los sucesos y mentalidades que gobiernan nuestro tiempo, una entrevista al Secretario General de la ONU, Antonio Guterres. En ella, este denuncia los atropellos continuados que sufre la naturaleza por parte de todos. Tan dura es su visión que no duda en decir que la especie humana, debido al conjunto de sus desmedidas apetencias, se encuentra en una guerra permanente con aquello que le da la vida.

Como dice Guterres, vamos a ver las cosas desde el rincón de lo posible, sabiendo que el resto del escenario está en penumbra. Entender la naturaleza no significa que seamos inmunes a sus operaciones, por activa y por pasiva. Lo que sí resulta una estupidez es estar en guerra continuada con la naturaleza, consigo mismo porque todos somos naturaleza. Henry D. Thoreau, el polifacético pensador americano autor entre otras obras de Walden, la vida en los bosques, dijo hace casi 170 años aquello de que en la naturaleza está la representación del mundo.

De vez en cuando queremos ver destellos de esperanza en acabar con esa guerra inútil. Por eso, no hay que desdeñar el poder de la sociedad civil, demandante de un mundo nuevo; los jóvenes tienen mucho que decir en este sentido y cada vez son más los que no quieren estar en guerra con la naturaleza. Al final hemos de creernos el deseo de Guterres, manifestado en la entrevista, de que el año 2021 tiene que ser el de la reconciliación con la naturaleza, e implicarnos en su consecución.

Leer el artículo completo en el blog La Cima 2030 de 20minutos.es. 

Congeniar mentalmente con el Ártico, aunque sea invierno

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Congeniar para salvaguardar. El Ártico, tan nombrado y bastante desconocido; es a la vez tutela de buena parte de la vida global, tapas que guardan el tesoro helado y cumplimiento de un destino que había desempeñado desde hace millones de año. Acepciones parecidas asigna la RAE a la palabra salvaguarda. 

Hace unos días nos dirigíamos a las escuelas que nos siguen para proponerles que hiciesen al Ártico un hueco en sus aprendizajes. La primera identidad del Ártico la marca su inmensidad. Si solamente consideramos la superficie de sus aguas alcanza más o menos los 14 millones de kilómetros cuadrados, que dicho así no nos hacemos a la idea pero si la comparamos con los poco más de 10 millones de toda Europa es mucho.

Dicen quienes investigan el cambio climático que dentro de unos años se modificará su dinámica, que variará la duración de las estaciones y los fenómenos meteorológicos serán diferentes, más fuertes y episódicos; además del previsible aumento del nivel de los mares. Buena parte de lo que nos ofrecían generosamente esos espacios helados se está perdiendo, se esfuma la salvaguarda de la que hablábamos al principio. Cabe una reflexión crítica sobre los atropellos ambientales que acechan al océano Ártico y sus tierras limítrofes. Groenlandia, la tierra olvidada que retrata la serie Borgen se derretirá este siglo más rápido que en los últimos 12.000 años. Como en la serie, algunos países y compañías comerciales están preparando el asalto a los tesoros del Ártico.

Quienes transitan ahora por las escuelas tienen derecho a saberlo; los adultos que ya no estudian también. Decíamos en la invitación a los escolares que el libro ártico está abierto, para que cada cual congenie mentalmente con ese inmenso y sorprendente territorio, escriba algo en ese libro sobre la acción personal comprometida o acerca de las demandas exigibles. Las tapas que lo salvaguarden surgirán por sí mismas, y seguramente sobrevivirán al paso del invierno. 

Leer el artículo completo en el blog Ecoescuela abierta, de El Diario de la Educación.

Discapacidades educativas pandemiadas

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Lo cierto es que el término discapacidad se presta ya a una renovación, pero como hace unos días se celebró el Día Internacional de las Personas con Discapacidad vamos a dejarlo como está y dedicarnos a hablar de cómo afecta la pandemia a aquellos niños y niñas que solían verse incluidos en la disminución de ciertas potencialidades que podríamos agrupar dentro de este término. No está de más enterarse en qué consiste la Estrategia de la Naciones Unidas para la Inclusión de la Discapacidad y preguntarse si en el entorno próximo se pueden apreciar mucho o poco de sus argumentos. Entre otras cosas, allí se dice que en torno al 15% de la población mundial, unos 1.000 millones de personas, viven con alguna discapacidad. También que el 80 por ciento de estas son ciudadanos-as de países en «desarrollo difícil». Además, 7 metas de los ODS hacen relación explícita con las personas con discapacidad.

Para no extendernos mucho, recogeremos casi tal cual la entrada del Blog de la Educación Mundial y sus Informes GEM. El último, qué papel  más interesante hace UNESCO en la protección educativa y cultural de la infancia, se introduce con un título para escribir en letras grandes y colocarlo como mural en todos aquellos despachos de la gente importante que toma decisiones. Dice así: Los planes de recuperación del aprendizaje y de financiación tras la pandemia no deben ignorar a las personas más desfavorecidas . El enlace llevará a quienes tengan interés a la llamada completa. Aquí vamos a señalar simplemente algunos aspectos:

  • El alumnado con alguna discapacidad se ha visto mucho más afectado que el resto con la pandemia, luego ahora merece una atención mayor.
  • Los estragos durante estos largos meses todavía son mayores en los países de ingresos bajos y medios bajos, si bien los sufren quienes se encuentran en situaciones de vulnerabilidad en cualquier continente o país.
  • La diversidad y la identidad, en sus múltiples formas, tienen diferentes atenciones en buena parte de los sistemas educativos.

Acaba con un ruego, más bien una demanda que debe ser asumida por quienes tienen cualquier interés educativo y ético: «No podemos aplazarlo. Debemos salvar nuestro futuro y seguir trabajando incansablemente para alcanzar nuestro objetivo educativo mundial, el ODS 4, y garantizar una educación de calidad inclusiva y equitativa y promover las oportunidades de aprendizaje permanente para todos y todas.»

Inodoro para unos, retrete para otros; nada para demasiados

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El pasado 19 de noviembre se celebraba el Día Mundial del Retrete. La posesión de una zona saludable para evacuar, que  para ciertas personas es un lujo con múltiples y sofisticados componentes añadidos, es una necesidad para otras en forma de un simple retrete. Tan complicada está la cosa hoy día que incluso ni siquiera es de uso familiar, sino colectivo. En algunas zonas rurales y grandes urbes del mundo proporciona ‘servicio’ –cabría preguntarse por qué en España llamamos así al retrete o cuarto de baño, aseo o excusado- a todo un edificio o barrio.

Por eso se entenderá que la ONU se empeñe en dedicar un Día Mundial al Retrete. No va descaminada pues se calcula que más de 4.000 millones de personas carecen de servicios de saneamiento gestionados de forma segura. El empeño de la ONU va en garantizar disponibilidad de agua y saneamiento para todos con el horizonte del año 2030, aquí al hito lo hemos titulado cima. En el año 2017 el portal de iagua incluyó para la fecha una serie de entradas que no debe perderse quien tenga un mínimo interés por entender el derecho universal al saneamiento. Allí se recogen deseos y pretensiones que pueden parecer sorprendentes para los que miramos el mundo desde la terraza de los ricos.

En algunos países como la India el problema es grave. De este asunto trataba la película made in Bollywood estrenada en 2017 Toilet: A Love Story. La recién casada protagonista deja la casa de su marido al descubrir que esta no tiene baño. Ocurren más asuntos, como la reivindicación del protagonista de que cambien las cosas. Dicen que está basada en una historia real. Para la gente curiosa existe una síntesis en Ecos de Asia, donde han traducido su título y dice Sin retrete no hay amor. 

Leer el artículo completo en  La Cima 2030 de 20minutos.es.

Idolatría de lo intangible en formato de balón

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Cuando alguien goza de tanto reconocimiento universal como sucedió a Maradona, cierta deidad lo ha acogido bajo su protección. Seguramente reuniría como futbolista cualidades acreedoras a semejante reconocimiento. Su balompédico arte quedará fijado en lo intangible, que siempre está sujeto a la opinión y las emociones. El dorado de los ídolos se nos queda en las mentes, pudo haber dicho Flaubert. No somos nadie para cuestionarlo. Así que, descanse en paz Maradona allí donde more.

Cuesta mucho digerir la adoración universal de la que ha sido objeto en vida y tras su muerte; se ha asemejado a aquella historia/leyenda del vellocino de oro. Parece que por todo el mundo sus pormenores han alcanzado más comentarios en medios audiovisuales, más artículos y páginas que cualquier otro asunto de alcance universal, que esos múltiples peligros que amenazan el porvenir de tanta gente. Normal, en diversos ambientes se le comparaba con un dios terrenal. Varios periódicos, incluso de tirada restringida a un territorio, le dedicaron 8 páginas al día siguiente de su lamentado fallecimiento. Es como si cada articulista o comentarista quisiesen verse retratados en él, con el debido respeto. Pero a veces la idolatría tiene la basamenta de barro, como cuenta el profeta Daniel que sucedía en tiempos de Nabucodonosor.

Ante esa unanimidad sobre el futbolista, puede que de perseverancia limitada, más de uno nos preguntamos cuáles son los asuntos que más deberían ocupar a los medios de comunicación: si los hechos ligados a tal o cual persona, casi siempre del ámbito deportivo -especialmente a los futbolistas se les disculpa cualquier yerro o desmán- o musical, o los valores que sostienen lo que podríamos titular como ética universal. 

Aún así, quédense los amantes del fútbol con su arte, que dicen que tuvo como nadie; revisemos entre todos el sentido de los ídolos, su persistencia como elementos clave para la esperanza en el futuro. Quizás convendría fijarnos más en las desigualdades sociales, cambio climático, hambre y pobreza, salud universal, y todas cuantas queramos añadir. En este contexto, hablando del intangible colectivo, el cual se puede admirar pero nunca es conveniente idolatrar, nos viene a la memoria, y nos encamina el pensamiento, aquello que su paisano Jorge L. Borges decía: no he cultivado mi fama, que será efímera. ¡Y bien que este la conserva por hechos tan diferentes! Esos que han llenado de poemas, ensayos y cuentos el mundo literario universal. Por cierto, su poema «La Fama» merece una reposada lectura.

El derroche alimentario como signo de la sociedad actual

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El expresidente uruguayo José A. Mújica, que en octubre pasado acaba de formalizar su renuncia al Senado uruguayo, empujado por los temores ante la pandemia, ha sido un defensor de la ética social universal. Durante su paso por la política ha dejado evidentes muestras de sencilla sensatez, aventura harto difícil hoy. Durante una entrevista que la Agencia Efe le hacía en 2014 mostraba sus preocupaciones por la impotencia de mundo contemporáneo. Denunciaba que en todo el mundo se tiraba un tercio de la comida que se produce. Decía que era posible que los perros de Europa comiesen mejor que los niños africanos, esos que arrastrarán tremendas deficiencias de por vida. También alertaba el expresidente de que no podemos escudarnos en la falta de dinero para semejante inequidad, dados los enormes dispendios que se hacen en armas de guerra.

En síntesis, lo que vino a decir Mújica es que el derroche alimentario manda en nuestras vidas y amenaza la supervivencia de mucha gente. Recordemos que la FAO ya avisaba de este desastre hace casi una década en las Pérdidas y desperdicio alimentario en el mundo, que incluía el alcance en aquel momento, analizaba las causas y daba pautas para la prevención. Aquí estamos, produciendo hoy un 60% más de los alimentos necesarios para satisfacer a los 7.600 millones de habitantes que somos, buena parte de ellos hambrientos o malnutridos. Sin escrúpulos se nos puede llamar la sociedad del despilfarro.

Leer el artículo completo en La Cima 2030 de 20minutos.es.

La pandemia puso a África en el norte de la esfera terrestre

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Desde siempre, el norte europeo y americano ha sido la zona rica del planeta, la parte mejor preparada y allá dónde los problemas colectivos se dominaban y alcanzaban una menor dimensión social. Pero la pandemia ha revuelto todo. Solamente hay que echar un vistazo a la tabla que proporciona la OMS para entender lo que queremos decir: la pandemia se ha cebado con los países ricos, alguien sugiere que con los más prepotentes, pero dejamos eso a la interpretación de cada uno. En la citada tabla se habla de África en términos de incidencia y muertes por la covid-19. Los más incrédulos dirán que allí los datos son tan bajos porque no realizan pruebas, habida cuenta de las carencias médicas y hospitalarias que padecen. ¡Quién sabe?

Invitamos a fijarse en que según los datos de la OMS, si sumamos Marruecos, Sudáfrica, Egipto, Etiopía y Túnez no alcanzan las cifras de España. Con las salvedades que se quieran en el cuenteo, no deja de ser terrible que si a fecha 7 de noviembre, según la OMS, en África se contabilizan 1.868.000 en España estemos en más de 1.300.000. ¿Qué decir si comparamos los números de África con los de Europa? Cuando esto pase un poco, dentro de unos meses, habrá que analizar lo hecho en Europa.

Por una vez, el «sur africano», débil y convulso, no ha sido tan perjudicado como el «norte europeo», tan poderoso y bien organizado. ¿Habrá que darle la vuelta a los hemisferios? Nos tememos que dentro de unos meses «las cosas volverán a su secular sitio».

Día Internacional contra el cambio climático

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Mañana 24 de octubre se «celebra» en todo el mundo este día. De celebrar poco, más bien recordar lo que deberíamos hacer para mitigar sus efectos, para adaptar nuestras condiciones de vida a la emergencia climática que ya tenemos delante. Piense en positivo. Analice aquello que ya ha hecho por disminuir su carga ecológica en forma de consumo desmesurado, movilidad innecesaria y otras muchas cosas. Valore los beneficios que sus actos positivos han tenido en le salud propia y en la del planeta. Consolide estos actos y promuévalos entre sus amigos, la familia o en el trabajo. Demande a la administración de su ciudad o país que se ponga a la tarea. Únase a asociaciones ecologistas u otras ONG sociales que buscan la reducción de los efectos del cambio climático en las personas y en el planeta. Celebre de verdad aquello que ya está haciendo, todos los días.

Échele un vistazo a los artículos que los medios de comunicación traen ese día sobre el tema. Visione algún programa en la televisión o en las plataformas. Dedique un tiempo de ese sábado a pensar en clima. En esta u otras plataformas. 

Pregúntese si le queda algo por hacer. Y no se desanime; la tarea es larga y siempre quedará incompleta. Pero en algún lugar, no se sabe quién ni porque, ya le está dando las gracias por sus esfuerzos.

De salud alimentaria también se vive

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Digamos que en esta ocasión la concesión de un Nobel ha sido un acierto. Se ha otorgado al Programa Mundial de Alimentos, en realidad a todas las personas que por el mundo hacen realidad su existencia y, por qué negarlo, a los países donantes. Pero no es un premio cualquiera, habla de Paz, así con mayúsculas. 

Dentro del marasmo pandémico en el que estamos metido, países y personas deberíamos ser conscientes de que en algunos lugares se juntan falta de alimentos y conflictos bélicos con la pandemia. Afirma el GNR (Informe Global de Nutrición) que la malnutrición se acelerará durante y tras la pandemia actual. Esta situación niega el derecho a la vida en paz que figura ya en el preámbulo de la declaración Universal de los Derechos Humanos, de la cual se van a cumplir 72 años. 

Mientras el hambre y la malnutrición azotan a más de 800 millones de personas en todo el mundo, se desperdician un tercio de los alimentos que se producen. Lo recordaba la FAO el pasado 26 de septiembre, Día Internacional de la Concienciación de la Pérdida de Alimentos.

Seguramente otro mundo es posible. ¡A ver cuándo encontramos el camino!