Ética universal

El hambre castiga cada vez a más gente sin que la ética global nos aturda

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Hubo unos años en que descendió el número de las personas que pasan hambre, verdadera necesidad alimentaria. Creíamos que el camino de la justicia alimentaria se acortaba cada vez más; pero no. Según el informe La seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo de varias agencias de la ONU, durante el año 2017, 821 millones de personas se iban a la cama cada día sin haber ingerido las calorías mínimas para su actividad diaria, lo cual supone unos 15 millones más que el año anterior, y se aproxima a los niveles de 2010. Para la FAO, la multiplicación de los conflictos bélicos y sociales, los eventos climáticos extremos y sus repercusiones en forma se sequías y otras catástrofes y las crisis económicas son los principales responsables de esta tendencia regresiva, van ya varios años así. ¿Qué podemos hacer cada uno de nosotros para mejorar el estado del hambre mundial?

En pie por el clima; no nos queda otro remedio

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Dicen que mañana, 8 de septiembre, todas la personas debemos levantarnos para salvar lo que podamos del clima; bueno mañana es el seguimiento de algo que debería haber empezado hace mucho tiempo y el día del impulso definitivo para hacer realidad una idea global: el cambio climático nos ha sobrepasado y hay que actuar con contundencia. Pero este llamamiento va dirigido a la gente normal, a la que cada día con sus acciones mejora o no las perspectivas climáticas. ¿Cómo piensa ponerse de pie? Anote en su casa o en el trabajo estas acciones; póngales plazo y revise cómo va la cosa cada cierto tiempo. Y recuerde: lo que usted no haga otros no lo harán en su lugar. Si tiene dudas de como empezar acuda a las sugerencias de los proyectos Comunidad #PorElClima

Por cierto, al pasado mes de agosto fue el más cálido agosto de los últimos 53 años.

 

 

Hubo un país llamado Siria; y vivía gente como nosotros

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El olvido es un antídoto contra el sufrimiento pero también una manera de esconderse de las responsabilidades, o desdeñar los afectos. Hace 7 años empezó la guerra en Siria; un desastre humanitario que no ha dejado de crecer. Un país roto en el sufrimiento de los muertos, desplazados, damnificados y que ya no será una comunidad. Hace unos años, una foto del niño ahogado en la playa nos conmocionó, pero eso no ha sido suficiente para lograr el milagro de restituir una parte de lo perdido. Ahora los gobiernos de los países que acogen a millones de sirios les invitan a volver a lo que queda del que fue su país, pero tienen miedo. Tan cerca pero tan lejos. La presión internacional habrá tenido sus efectos pero dudamos de su eficacia. Los niños y niñas sirios, como los otros niños refugiados que hay por no se sabe dónde, suponemos que volverán a la improvisadas escuelas en los campamentos de acogida después del verano. ¡Presionemos a nuestros gobiernos para que no olviden que Siria existió alguna vez! Pues hemos escuchado que no es imposible que haya una nueva explosión de migrantes siriostras la que se espera sea la batalla definitiva de Idlib.

El agua potable escasea cada vez más ante la impasible mirada de los que mandan o consumen

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El agua cristalina era un espejo donde mirarse quienes usaban sensibilidades literarias para trasmitir sus emociones, pero perdió aquel don que la naturaleza tardó tantos años en dibujar. Llegó gente, después mucha más gente; consumió agua, cada vez mucha más agua. La naturaleza le mandó avisos de que el ritmo frenético de consumo impedía su regeneración; al final dijo basta, en algunos sitios y momentos, y redujo su presencia hasta que la escasez se convirtió en normalidad. ¿Pero qué es escasez y para qué? Por este despiste colectivo, gobernantes y consumidores tienen la necesidad propia y el deber moral con los demás de hacer un uso adecuado de un recurso que cada vez será más limitado en cantidad y calidad para los usos que se le demandaran; incluso llevársela a la boca.

Me gusta el titular del artículo de El País: La escasez del agua, una nueva normalidad. Léanlo, se enterarán de las prevenciones de los expertos reunidos la semana pasada en la World Water Week. Quizás lo que dicen les invite a gestionar la escasez y a reclamar a sus gobernantes una acción comprometida. Es España andan muy liados en reprocharse cosas; para ellos el agua no existe.

 

La agricultura de calidad, bien regulada, podría atemperar los flujos migratorios

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La FAO sigue perseverando en el asunto: crear oportunidades de empleo en el sector agrícola en África puede reducir notablemente la migración joven desde el continente -entre el 65 y 75 % del total que buscan el paraíso europeo lo son-. La FAO está decidida a demostrar que si los jóvenes mantienen esperanzas de una vida digna permanecerán en sus países de origen y para eso va a comenzar un programa piloto en Ruanda. Anoten los puntos fuertes que forman su proyecto: “intervenciones normativas dirigidas por jóvenes, institucionalización de la conferencia juvenil (bienal), desarrollo de nuevas capacidades, reforzamiento de los entornos institucionales y propicios, equipar las zonas rurales con servicios esenciales para la agricultura moderna, ayuda a los agronegocios y a las cadenas de valor, cambiar la imagen negativa de la agricultura y apoyar a las plataformas nacionales para compartir conocimientos y mejores prácticas. Y sobre todo, romper con el acceso limitado a líneas de crédito. Se estima que el sector de la agroindustria y su logística moverá un billón de dólares USA en 2030. ¿Se imaginan que una buena parte lo manejasen los jóvenes empresarios africanos? Lean el artículo completo en La Vanguardia.

 

Una duda metódica: ¿pertenece la tierra a quien la trabaja?

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La pregunta surgió tras la lectura de una investigación La tierra esclava publicada por eldiario.eselfaro. Se refería a los métodos de producción de varios productos alimenticios presentes en nuestros mercados pero que no se obtienen en occidente; más bien son los países pobres los que nos los procuran. Azúcar, cacao, banana, café, palma africana y otros siguen oscuros procesos en su producción y comercialización. Se podrían nombrar otros muchos que se producen en los países de donde proceden los emigrantes que tratan de llegar a Europa. Una buena parte de esos cultivos provocan la esclavitud del suelo y de sus productores, que para nada regulan su precio en los mercados sino que estas maniobras se hacen desde ciudades del mundo rico. Échenle un vistazo, nada cuesta estar informados y así intentar actuar en consecuencia. ¡Ánimo!

Clamoroso suspenso para España en el cumplimiento de los ODS

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Debería dar vergüenza al Gobierno de España que como país no apruebe ninguno de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). La puntuación es especialmente baja en los Objetivos 9 (innovación), 12 (consumo y producción), 13 (cambio climático) y 14 (vida submarina). Al final se sitúa en el puesto 25 en el ranking mundial. Así lo cuenta el informe Índice ODS 2018 (SDG Index & Dashboards) que dice también que ningún país está por el buen camino para alcanzar los Objetivos en 2030. Solamente Suecia, Dinamarca y Finlandia se aproximan. Esperemos que el reciente nombramiento de una alta comisionada para la Agenda 2030 por el Gobierno y la creación de un ministerio de Transición Ecológica ayuden a recorrer con rapidez el trayecto pendiente.

Educación para los migrantes; una apuesta con sentido

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Acaba de publicarse Perspectiva Internacional de Migración 2018,  un informe de la OCDE que se centra en corrientes y políticas migratorias. Recoge que el año pasado una de cada diez personas que vivían en la OCDE había nacido en el extranjero y que las cifras se incrementarían pues se debían contabilizar 5 millones más de migrantes permanentes. Por cierto, no dejen de leer el último informe de la ACNUR  y la apuesta de GEM por la educación. Ante esto solo cabe mejorar para integrar: ayudarse a los niños a integrarse en el sistema educativo de cada país, mejorar el reconocimiento de las cualidades educativas de los adultos llegados, y un apoyo financiero para hacer de la educación un vehículo de integración.

La ayuda española al desarrollo no se desarrolla; se queda en buenas palabras

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Se acuerdan de aquellas acciones de demanda colectiva del 0.7 % del PIB para ayuda a los países necesitados. La AOD de España dista mucho de llegar a esas cifras, en este momento en que las necesidades de los más pobres siguen aumentando, los recortes sucesivos la han dejado exhausta. Según Oxfam Intermón se observa un cambio de tendencia pero sin hacerse realidad. La ONG también muestra hacia dónde va la ayuda, cuánto se ejecuta en realidad de lo presupuestado, qué CC.AA. dan más y cuáles menos. Si quiere conocer los datos oficiales entre en Cooperación española. A ver si con el nuevo Gobierno se cambia la tendencia. Permaneceremos atentos porque prometer sale gratis pero ayudar es otra cosa.

¿Ciudadanía global en un mundo globalizado? Por ahora nada de eso

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Como cada verano, como cada mes, miles de personas huyen de la barbarie o de la falta de recursos en sus países de origen. Sufren toda serie de penalidades en su recorrido terrestre, después se embarcan en condiciones miserables para cruzar el Mediterráneo. No todos llegan a su tierra prometida. No leerán estos chispazos pero aun así hemos de avisarles que por aquí cada vez hay más gente que los repudia, incluidos los gobiernos que se comprometieron a ayudarlos. Por cierto, sus ciudadanos no deben estar disconformes con sus discursos racistas y xenófobos pues les dan cada vez más votos. Quien dude de esto consulte los periódicos italianos. Una pregunta indiscreta: ¿Lo de la globalización incluía la ciudadanía global? Si no era así vaya engaño: viajan las mercancías de los de allá pero no las personas de allá. La respuesta de la UE a la actual crisis cabe calificarla siendo muy generosos como penosa.

El nuevo orden mundial: armados hasta las cejas para defender los nacionalismos exclusivistas

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Cuesta creer que el año pasado se gastasen en todo el mundo 1,693 billones de dólares en armarse los países, según datos del Instituto Internacional de Estocolmo para la Investigación de la Paz (SIPRI, por sus siglas en inglés). Cuesta creer que los mayores vendedores, casi todos, sean los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU. Cuesta creer que mientras tanto se recorte la Ayuda Oficial al Desarrollo, como en España. Eso sí, nuestra España es el séptimo vendedor de armas del mundo, algunas a países tan “cuidadosos en generar conflictos” como Arabia Saudí, pero no es el único. Cuesta tanto creer en el destino global. Ante esta situación, el Gobierno español calla y la ciudadanía está más preocupada por el inminente Mundial de Fútbol y las cuestiones de los fogones de los partidos políticos, que huelen a chamusquina y echan chispas.

Cuesta creer en la paz, en la ciudadanía global, en la ética universal, y en tantas cosas. Pero no podemos rendirnos; nos esperan tiempos difíciles.

Nuevo delito europeo revisable: socorrer al que se va a ahogar

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La justicia europea persigue a bomberos que salvan vidas, afortunadamente absueltos, a ONG como Proactiva Open Arms cuyo lema es salvar vidas, exponiendo la suya por cierto. Queda en el ambiente una sensación de desamparo para quienes aspiramos a la ciudadanía global. La sociedad no puede permanecer callada, inquieta solamente cuando una episodio de este tipo salta a los medios de comunicación. Cabe preguntarse si tienen derechos humanos los que huyen de sus países, los más de 3000 que perdieron sus vidas en el Mediterráneo en 2017. 

El contador del cambio climático global no se detiene. Ha sonado ya la tercera alarma pero pocos la escuchan

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Muchos ciudadanos andan despistados ante la poca insistencia del Gobierno en la lucha contra el cambio climático; lo único que invierte son palabras. Ahora ha rebajado las asignaciones en los todavía “no presupuestos”. Casi un 20 % de lo que destinó en 2017, que tampoco fue mucho. Comparen los 21,8 millones previstos con las indemnizaciones a tropelías como el almacén Castor y cosas por el estilo. Así los ciudadanos comodones pierden estímulos y miran para otro lado en la reducción de sus contribuciones al desastre global. Los Gobiernos saben que invertir en la reducción del cambio climático tiene unos enormes beneficios en la salud de los ciudadanos, y en el dinero que en preservarla o mejorarla deben gastar. Se lo acaban de recordar unos investigadores en The Lancet Planetary Healt ¿A qué esperan?

Ecoescuelas sociales. ¡Sí, por favor!

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El simple hecho de utilizar un libro, encender una luz o manejar una tablet enlaza una malla de consecuencias múltiples. Reconocer el entramado de la vida debería ser un argumento principal en la enseñanza escolar. Sin embargo, la tendencia de manejar los contenidos aislados hace que las distintas dimensiones que tiene la vida activa y pensada todavía se mantengan alejadas de los intereses curriculares. Pero el tiempo apremia; hay que actuar sin demora para que la escuela sea ecosocial.

No se trata de fomentar un adoctrinamiento nuevo sino de preparar ciudadanos críticos que sepan entender las problemáticas sociales y ambientales. Frente a la múltiple y variada crisis ecológica y social que tenemos planteada, ya son pocos los que la niegan, se necesitan chicos y chicas que se ejerciten en el pensamiento crítico para que hagan de este un argumento de vida. Anotemos algunos ámbitos de trabajo escolar que nos sugiere la Fundación FUHEM: la superación del antropocentrismo, el cambio climático, la energía y los materiales, la alimentación, el capitalismo y las economías alternativas, la ciudadanía y la desigualdad de género, los conflictos y valores ecosociales. Es tiempo de mudanza, de hacer de la escuela un escenario de vida real que necesitará considerables cambios metodológicos.

La contaminación del aire asfixia a la salud y es una rémora para la economía, local y global

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Atentos a cómo encabezaba Philip J Landrigan (2018) su artículo. “Las olas de calor, las inundaciones, el aumento del nivel del mar, las tormentas violentas y los rangos ampliados de enfermedades transmitidas por vectores asociados con el cambio climático global y las enfermedades y muertes prematuras causadas por la contaminación son responsables de enormes pérdidas económicas. Sin embargo, a pesar de la gran magnitud de estos costos, con frecuencia se pasan por alto y generalmente no se contabilizan, …, no son reconocidos”, y así va el mundo. Sigan leyendo, merece la pena. Pero quienes tienen el poder no lo quieren ver ni escuchar, aunque se lo digan investigadores que lo han publicado en la revista The Lancet.