Ética universal

Armas disparando flores; con el 2,5% del presupuesto militar mundial se salvaría la biodiversidad

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No es exagerado decir que ha aumentado enormemente la superficie protegida en el mundo –alrededor del 15% de la terrestre y un 3% de la marina- , esa que guarda celosamente el tesoro que es la biodiversidad. Pero es obligado avisar que esos espacios pierden cada vez más calidad. El rendimiento y potencial de las áreas protegidas se publicó hace un par de años en Nature. En él los científicos constataban que cantidad es muy diferente a calidad, que a veces tener más espacios protegidos se convierte en un problema porque se destina el mismo dinero –o menos- para atender a más necesidades, además de que los políticos y gobiernos ya se ven satisfechos con declarar protegida una zona y la desatienden, aunque los Organismos Internacionales les amenacen con retirarles la distinción de enclave de biodiversidad, como está sucediendo en Doñana y en otros muchos lugares. En el mismo artículo, los científicos aseguraban que dedicar un 2,5 % del gasto anual en material bélico en el mundo supondría asegurar la salud de los enclaves protegidos y esparcir los beneficios ambientales por todo el mundo. Uno se pregunta si la humanidad se ha olvidado de su sabiduría; no querríamos pensar que el mañana no tiene retorno, pero ya empezamos a dudar. Por cierto, por aquellas fechas España gastaba tres veces menos que Europa en protección de la biodiversidad (49 € frente a 172). Así seguimos; así nos irá. Mientras, bueno anteayer mismo, la UNESCO lanzaba un ultimátum a España por la conservación del Parque Nacional de Doñana.

Acción global para las personas migrantes y refugiadas: conveniente e imprescindible

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Hoy 11 de mayo es el día marcado por Amnistía Internacional y Oxfam Intermón (ver su propuesta Conectando mundos: derechos sin fronteras) para que en muchos centros educativos de toda España se desarrolle una acción simbólica que llame la atención sobre la necesidad de apoyo hacia las personas migrantes y refugiadas. Consistirá en derribar un muro de tetrabriks construido previamente. Pero ese muro estará plagado de mensajes en los que chicas y chicos de esas escuelas habrán colgado palabras de denuncia para defender los derechos de las personas migrantes y desplazadas. Para quienes no puedan construir el muro, aquí van una serie de propuestas para trabajar en las aulas. No estaría de más construir puentes como recomiendan organizaciones que luchan por los refugiados y migrantes.

Por cierto, Oxfam Intermón denuncia que el Gobierno de España, como sucede en Europa, incumple sus compromisos de acogida (17.387 comprometidos; faltan por acoger 16.083). La ONG nos demanda la adhesión a esta campaña y a otras que denuncien la situación. Infórmese. Aquí la tiene por si quiere colaborar.

Quisimos hacernos verdes y en eso estamos. ¡Éramos tan jóvenes! Ahora somos todavía más necesarios

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El movimiento ecologista es una esperanza que nunca llega al final de sus deseos. El escenario de la vida cambia tan rápidamente que obliga a una continua readaptación: ¡Éramos y estábamos tan verdes! Éramos muchos muy jóvenes cuando empezamos a mirar la naturaleza, porque ella fue nuestro gran amor, de una manera diferente: quererla por ser ella misma, no por servirnos a nosotros. El movimiento anti nuclear, junto con espíritus naturales como el de Félix Rodríguez de la Fuente, Cousteau o Sagan estuvieron en el origen y posterior desarrollo del movimiento ecologista español. La televisión nos acercó el planeta. Apetece recordar aquellos momentos en este documental de Rtve: Corazón verde. No se lo pueden perder; enséñenlo a su amigos, a sus hijos.

Ahora lo verde, apelativo que nos vino perfecto, ha cambiado a lo global, a lo sostenible, se ha adornado de una participación más razonada impulsada por Greenpeace, Ecologistas en Acción, WWF y muchos otros que harían interminable la lista. Quisimos hacernos verdes; después de tantos años todavía necesitamos creer que es posible conseguir los Objetivos del Desarrollo Sostenible. No nos podemos parar. Desde aquí un recuerdo y homenaje a quienes han puesto una parte de su vida en entender la ecología en su interacción natural y social. De su nacimiento y desarrollo se han escrito bastantes libros, hasta tesis doctorales. Aunque todavía hay mucha gente que los mira con mala cara, que los acusa de ir contra el “desarrollo”; también contra eso deben luchar. No cejan en su empeño. Saben que la Tierra solo seguirá siéndolo si hay muchas personas aquí y en todo el mundo que piensan y actúan como ellos.

La lucha contra el hambre necesita más dinero, pero no solo eso. Nos espera a nosotros

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Necesita nuestra permanente denuncia y una verdadera implicaciónNo hay dinero para luchar contra el hambre, denuncia el Programa Mundial de Alimentos porque la tragedia humanitaria se ha hecho crónica en Sudán del Sur, Yemen, Nigeria, Somalia y en otros lugares escondidos por las noticias. El ciclo infernal de la desnutrición elimina las posibilidades de futuro a mucha gente.  Normal que esto suceda cuando el 1% de la población tiene el mismo patrimonio que el 99%, y el 70% de la población pobre son mujeres. Pero para resolver esta lacra colectiva no solo se necesita dinero. En la página 617 de su libro El hambre, un par antes del final, Martín Caparrós dice: “Sería bueno separar la acción de los resultados de la acción. No hacer lo que quiero hacer por la posibilidad del resultado sino por la necesidad de la acción: porque no me soporto si no hago”. En el epígrafe de introducción a su libro recoge una frase de Samuel Beckett: “Intenta de nuevo, falla de nuevo, falla mejor”. Hay una idea “en común” que fluye desde que la humanidad se hizo tal, es decir, se socializó. Figura en cada lugar del planeta, se olvida a cada instante. Es la paradoja de vivir: todos y uno somos lo mismo, pero nos empeñamos en olvidarlo. Hay alguien que nos recuerda que nuestro futuro será en común o no existirá. Demos ya un paso hacia adelante y hagámonos partícipes de la mejora. Reconforta, seguro.

Desarrollo (casi) humano para (casi) todas las personas; ¡No hay manera de hacerlo universal!

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Las prioridades globales del desarrollo siguen dejando atrás a las personas más marginadas del planeta. Lo afirma el PNUD | UNDP en su último informe “Desarrollo humano para todas las personas”. Mira que estamos contentos de que en los últimos 25 años las cosas, globalmente, hayan ido a mejor: se ha reducido la pobreza extrema, ha habido una mejora en el acceso a la educación, la salud y el saneamiento y las mujeres y niñas han visto ampliadas sus posibilidades de ser ellas mismas. Pero la media global esconde que “Las mujeres y las niñas, los habitantes de las zonas rurales, los pueblos indígenas, las minorías étnicas, las personas con discapacidad, los migrantes y refugiados y la comunidad de personas lesbianas, gais, bisexuales, transgénero e intersexuales (LGBTI) se encuentran entre los grupos excluidos de manera sistemática por obstáculos que no son simplemente económicos, sino también políticos, sociales y culturales”. Podemos completar la información, encontrar las razones de los desafíos que tenemos pendientes, en los nubarrones que planean sobre la cooperación internacional. Nos falta bastante para cumplir los objetivos; lo ha dicho hace unos días la OCDE.

Elogio del inodoro, delante del cual todos nos damos cuenta de que somos iguales, ¿o no?

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Mientras el hombre fue nómada, el campo fue su lugar de expansión intestinal. Pero se hizo sedentario y las deposiciones en calles y sitios públicos estropearon el tránsito cotidiano, y además eran acumulativas. Por eso se empezaron a construir letrinas, retretes, wáteres o inodoros, con diferentes versiones en cada lugar y país. Dicen que las primeras estancias para deposiciones controladas estuvieron en el valle del Indo, o en Chipre, y que fueron los romanos quienes proporcionaron “latrinae” compartidas a sus ciudadanos. Pero llegaron tiempos malos y en Europa se perdieron esos buenos usos y cada uno se las arreglaba como podía. Los arroyuelos de agua sucias eran comunes en las urbes y en ocasiones el ”agua va” regaba a los transeúntes. Hubo que esperar al siglo XVI para que se fabricase un aparato especial, “el Áyax” para la reina Isabel I de Inglaterra, aunque las malas lenguas de aquellos tiempos aseguran que no lo utilizaba mucho. No fue hasta 1755 cuando un relojero inglés le puso un sifón que evitase las emanaciones de olores: nació el inodoro, que tardó bastante en hacerse universal. Tanto que todavía no lo es en muchos lugares del mundo, como en algunas zonas de la India. Por eso, aunque aquí parezca llamativa la noticia de que en el distrito de Delhi Sur las autoridades obligan a que los hoteles y restaurantes faciliten el libre acceso a sus baños a toda la gente que sienta estos menesteres, allí mejorará la salud pública y protegerá a las mujeres que sufren agresiones cuando salen fuera de las viviendas para hacer sus necesidades. 

GREGUERÍA AÑADIDA: “La taza del inodoro, demasiada taza para tan poco chocolate.” (Ramón Gómez de la Serna)

La esclavitud de los pobres encadenada por los cultivos para los ricos: la entrada a su tragedia alimentaria

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Los códigos socio ontológicos deberían servir para regular las relaciones entre países, productores con consumidores, empresas con trabajadores, etc., y también las de los ricos con los pobres. Hemos hablado aquí varias veces de la soberanía alimentaria, de la belleza de la frase y de la magnitud de sus significados. No deben perderse “La tierra esclava” de eldiario.es, en donde se realiza una clarificadora radiografía económica y humana de algunos productos que consumimos en el mundo rico -no disponemos de las condiciones necesarias para producirlos- procedentes de grandes plantaciones en las que manos pobres -que perdieron su soberanía alimentaria como personas y países- nos preparan, en condiciones penosas, nuestra mesa. Después de leer todo esto, y de reflexionar sobre el asunto de los cárteles del azúcar, de la explotación de niños con el cacao, las tierras robadas por los bananeros de Colombia y la agonía de su café, o la sustitución de los bosques por las plantaciones de palma, uno se pregunta qué es la globalización. Lo peor es que estos casos son solamente unos pequeños ejemplos. Por cierto, no se pierdan la ilustración de los flujos comerciales de estos productos.

P.D.: Un recuerdo para las personas que perdieron la vida en el incendio del Plaza Rana, en Bangla Desh. Cuatro años después las condiciones laborales de muchos países se siguen basando en la explotación en talleres de miseria.

Infancias irrespirables traen muertes prematuras; la contaminación no cesa pese a las alertas

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Hay que seguir insistiendo en este tema. Sócrates nos dijo: habla para que yo te conozca. Hablamos y escribimos, se publican cantidad de informes avisando de los riesgos por la calidad del aire pero no sabemos si la gente desconoce o no quiere conocer, o acaso no puede. A quienes hacen oído sordos –en particular a las administraciones que no son diligentes- los animaríamos a pensar y actuar con otra frase del filósofo: “Sólo hay un bien: el conocimiento. Sólo hay un mal: la ignorancia”. Si esta última es premeditada, recuerden el deterioro de salud y las muertes infantiles –son más vulnerables– provocadas por la contaminación del aire, cabe que la sociedad actúe en rebeldía. En un reciente comunicado, la OMS cuantifica en más de 1,7 millones las muertes infantiles relacionadas con la contaminación ambiental. No piensen que los suyos están exentos de estos peligros. ¡Protéjanlos y despierten en ellos una conciencia crítica acerca del aire que respiran! No dejen de leer La herencia de un mundo sostenible: Atlas sobre Salud Infantil y Medio Ambiente y también  ¡No contamines mi futuro! El impacto de los factores medioambientales en la salud infantil. No dejen de consultar el artículo de The Lancet que recoge la incidencia de la contaminación del aire en determinadas enfermedades que aceleran la muerte.

Habrá que pensar qué somos nosotros cuando hablamos de la Madre Tierra

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Dicen que aquel 22 de abril de 1970 en el que 20 millones de norteamericanos unieron sus voces para denunciar la escasa conciencia de la fragilidad del planeta pudo ser el inicio del movimiento ecologista y del espíritu proteccionista. Treinta y siete años después, en el “Día Mundial de la Tierra” seguimos alzando voces en la misma dirección. Son más los que escuchan; muy pocos frente a los que callan. Este año tiene unos lemas diferentes según quienes los proponen, pero todos son atractivos, necesarios y concluyentes: “Alfabetización ambiental y climática” hemos leído en unos portales, “Salva el suelo” en otros. Lo del lema es lo de menos, importa difundir el mensaje por si hay gente a la escucha, porque falta mucho para hacer realidad los deseos. Porque la Tierra es un espacio físico y social; ambos son indisolubles y en estos momentos suman sus padecimientos. Hay que enverdecer la sociedad y la escuela, quizás empezando con una variada información, como se puede ver en la página “Planeta Tierra” de Huffintong Post. Después obrando en consecuencia, sin dilación. Prepárense, el día del comienzo puede ser mañana. Si quieren convencerse escuchen “Hermana Tierra” de Laura Pausini. O si lo prefieren quédense con el poema de Gloria Fuertes:

El corazón de la Tierra
tiene hombres que la desgarran.
La Tierra es muy anciana.
Sufre ataques al corazón
—en sus entrañas—.
Sus volcanes,
laten demasiado
por exceso de odio y de lava.
La Tierra no está para muchos trotes
está cansada.
Cuando entierran en ella
niños con metralla
le dan arcadas.

La felicidad es un estado en el que la acumulación de momentos siempre es efímera

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Hace unas semanas se publicó el “Informe Mundial de la Felicidad 2017”, el quinto ya. En él se clasifica a 155 países según una serie de indicadores, entre los cuales se pueden resaltar la renta per cápita, ayudas y apoyo social, esperanza de vida, percepción de la corrupción, prevalencia de generosidad y libertad para tomar decisiones, además de cuestiones de salud física y mental. Como casi siempre, los países del norte de Europa (con Noruega a la cabeza) ocupan 7 de los 10 primeros puestos; a la cola los del África central más Siria, Haití o Yemen. España se sitúa en el puesto 34. La felicidad siempre es relativa, si bien se puede acercar a una medición si se pregunta –varias veces- a mucha gente que dice poseerla. Dicen quienes de esto saben que para enterarse utilizan seis claves de lectura: si la gente tiene objetivos claros, lleva una vida saludable (en relación al ejercicio, nutrición y pautas de sueño), es optimista desde el realismo, se centra en las fortalezas de uno y no en las debilidades, aprovecha el presente, además de otros factores relacionados con las relaciones sociales. Preguntan si hay diferencias entre la casa y el trabajo. El Índice del planeta feliz que elabora la Fundación de Nuevas Economías (Nef) se hace a partir de la consideración de otras claves como la esperanza de vida, la experiencia personal de sentirse bien y la huella ecológica. Ahí los primeros van los costarricenses. Entre unas cosas y otras se nos había olvidado preguntarle si es feliz, si piensa que también lo es la mayoría de la gente.

Martes de pasión en Siria; un recuerdo para los que sufren

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La Semana Santa que celebra el mundo cristiano es tiempo de recogimiento espiritual, también de turismo y vacaciones. Hagamos un alto en el camino para acordarnos de los que sufren, de los que si tienen un día sin bombardeos, explosiones y hambre piensan que se encuentran en el paraíso. La comunidad internacional, ajena al sufrimiento, los ha abandonado. A la mayor parte de los occidentales poco nos preocupan. Siria en el pensamiento, para otros un maldito tablero de ajedrez. Reflexionen con las frases de Jean Paul Sastre “Cuando los ricos se hacen la guerra, son los pobres los que mueren”, Albert Camus “Para la mayoría de los hombres la guerra es el fin de la soledad. Para mi es la soledad infinita”, o Cicerón ” Preferiría la paz más injusta a la más justa de las guerras”. Mañana será ya tarde, siempre es tarde cuando se trata de evitar sufrimientos a los que nada pueden contra ellos. Piensen si se encuentran entre los ricos, si las guerras los sumen en soledades infinitas y si preferirían la paz aunque fuese injusta. Escuchemos cómo resume el holocausto sirio esta presentadora israelí.

La hora del Planeta no acabó el 25 de marzo. No se mide en minutos sino en compromisos

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WWF nos invita cada año a pensar durante 60 minutos que nos encontramos en la hora del Planeta, a que cambiemos nuestra forma de vida para rescatar al Planeta de su deriva. Este año el lema iba más allá “El Planeta primero. Que nadie te pare”. El mensaje tiene un alto contenido de universalidad, también de complejidad porque abarcar su comprensión se nos hace difícil. Pero focalizar el mensaje en ese destino universal que es defender la casa común -el Planeta- es todo un acierto. La segunda parte del mensaje incide en el papel que cada uno de nosotros de forma particular tenemos en la defensa del algo global, universal, que a todos incumbe y de nadie es, porque tiene entidad en sí mismo. No consiste solo en apagar la luz, en apuntarse de manera anecdótica -dicen que al acto del sábado se habían anotado 150 países y más de 3.000 ciudades- en la campaña, sino en creer y practicar sus mensajes: que nadie te pare, no hay planeta B, el cambio personal está en marcha, todos somos imprescindibles, etc. Hay que leer despacio el apartado “Actualidad en la hora del Planeta” o ver el vídeo en youtube para debatir en nuestra casa, en las escuelas y en los centros de trabajo u organizaciones si cada uno somos conscientes y responsables de que el Planeta esté consumiendo sus últimas horas, o va a tener una prórroga porque hemos llenado sus minutos de compromisos. Habrá que empujar para que nuestros gobiernos, esas ciudades que se han anotado, no se queden en la celebración. Tampoco nosotros, autosatifechos por apagar una bombilla durante sesenta minutos. Empecemos a llenar nuestro calendario de contenido ecológico para conseguir que el Planeta vaya primero.

La disposición del agua vital marca una de las fronteras de la dignidad global

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Día Mundial del Agua para recordar olvidos: esos casi 700 millones de personas que viven sin un suministro de agua segura cerca de su casa, que dedican diariamente muchas horas de su vida haciendo colas o caminando a fuentes lejanas para conseguir una garrafa de agua, mientras nosotros la tenemos simplemente con girar un grifo. Día para volver a pensar en quienes beben y utilizan agua contaminada -dicen que unos 1.800 millones de personas- que se exponen a contraer enfermedades como cólera, disentería, fiebre tifoidea o poliomielitis, que muchas figurarán en la lista de las 850.000 muertes inducidas por la mala calidad del agua. Por si se nos había olvidado, casi el 80 % de las aguas residuales de todo el mundo vuelve a las corrientes o cauces sin ser tratadas o reutilizadas. ¿Por qué desperdiciar agua? es el lema de este día, o si lo prefieren “Aguas residuales”. Invertir en la reutilización del agua supondría un ahorro del 90% de energía y 70% de agua. Debemos ponernos en marcha para responder al desafío: “Habrá suficiente agua para todos”; agua para vivir dignamente, una de las muchas quimeras no resueltas desde que la humanidad se extendió por la tierra. Todavía viven sus “Sueños del agua”.

Tantas aguas hay que forman un todo –limpio de residuos y consecuencias- al que debemos prestar atención para tenerla con los atributos de aquella que cantaba Mario Benedetti:

 “La del grifo/ la mineral/ la tónica/ la del río/ la dulce/ la salada/ la del arroyo/ la del mar/ la regia/ la de las cataratas/ la del pozo. La de la lluvia/ la de aguanieve/ la de fuentes o la del rocío/ la del océano/ la de aljibe/ la del diluvio o la de la cascada. Toda el agua del mundo es una abuela/ que nos cuenta naufragios y regatas/ que nos moja la sed y da permiso/ para seguir viviendo otro trimestre.”

La AOD (Ayuda Oficial al ¿desarrollo?) en África tiene muchas caras, no todas sonrientes

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La buena cara se aprecia en que se han mejorado las tasas de escolarización, que determinadas enfermedades como la malaria y el VIH han sido frenadas, que la esperanza de vida crece. La mala es que la educación no llega a la mitad de los jóvenes africanos entre 15 y 17 años, que las niñas no encuentran en la escuela su mejora social, y que las desigualdades se cronifican en el complejo continente. Parece que la AOD de los países occidentales –que ha caído vertiginosamente según Oxfam– es interesada: para sus amigos y si pueden sacar rédito de ella. Hay quien aboga por darle a la AOD un giro completo -las corrupciones hacen perder millones de dólares por el camino-, por que se vigilen los neocolonialismos como los que han puesto en marcha los chinos, pero no solo ellos. Se cuenta hoy que las remesas de los migrantes a los países pobres suponen más dinero que los que les llegan por parte de la AOD –que muchos países donantes “engordan” con maniobras vergonzosas-. Por ahí ha visto alguien una puerta para favorecer la acogida; otros le han puesto muchas cerraduras de seguridad. Pero no debemos olvidar que si los estados frágiles se convierten en fallidos todos tendremos un problema. Lo dijo Bill Gates. Los incumplimientos de los compromisos de los donantes son clamorosos.

La crisis global ha raspado el significado de la palabra “humanitaria”; hay que quitarla del diccionario

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Cuesta entender que en otro tiempo ese adjetivo significase que tiene la finalidad de aliviar los efectos que causan la guerra u otras calamidades en las personas que la padecen, como decía la RAE. Incluso se ha perdido el matiz de benigno, caritativo o benéfico, que también portaba. Qué decir de aquella otra acepción que postulaba todo aquello que mira o se refiere al género humano. Decimos esto con tristeza, mientras escuchamos la enésima llamada de la ONU -qué debería hacer más, nos preguntamos- ante la situación que se está cronificando en Sudán del Sur, Yemen, Somalia o una parte de Nigeria. La indiferencia mata más que el subdesarrollo, incluso la guerra. Cuesta reconocer que no se haga nada para detener esa catástrofe que ha llevado a la inanición a millones de personas. Los titulares son dramáticos: “El mundo padece la hambruna más grave de los últimos 70 años” dice El Periódico. “La hambruna ataca en Sudán del Sur” titula El País. Como “Catástrofe humanitaria” lo califica la revista mexicana Siempre. “No los mató la guerra, pero los está ahorcando el hambre” dice eldiario.es. Cuesta entender que como sociedad no presionemos a nuestro gobierno para que presione en la esfera internacional y se detenga el holocausto que está en marcha. Acostumbrarnos a ver los padecimientos de los demás –vean el noticiario de la cadena colombiana-, aunque sean negros y vivan lejos, es uno de los motivos por los que hay que borrar del diccionario la palabra humanidad. ¡Cómo es posible que aumente la producción de alimentos y mueran más personas de hambre!, muchos de ellos niños. Reflexionemos sobre lo que dice este documental de DW. Recordemos mientras tanto el descenso de las ayudas de España y otros muchos países para socorro internacional. Una anécdota: cuenten el tiempo y el espacio que le dedican los medios de comunicación hoy mismo a este asunto y compárelo, por ejemplo, con el que emplean para desgranar pequeñeces de eventos o competiciones deportivas del fin de semana. Es un decir. 

ÚLTIMA HORA: Por lo que se conoce, el Gobierno español NO se plantea enviar ayuda urgente.