Ética universal

Amargores veraniegos para el mundo ecosocial

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Nos refugiamos en el verano para huir de los desastres anteriores. Pero sin darnos cuenta se asomó el apocalipsis del mundo. El colapso no viene en forma de meteorito, como aquel que se llevó a los dinosaurios hace unos 66 millones de años. Hoy las amenazas son más sutiles o distintas. Las advertencias del tiempo pasado ahí están en forma de dilemas del presente: olvidos éticos, desastres ambientales, récords de temperaturas que se quedarán en anécdotas, evidencias científicas, disgresiones políticas y desigualdades crecientes, entre otras. El miedo atenazó meses pasados por momentos con episodios muy sonados por su intensidad y recurrencia. Pero en verano los nubarrones se disipan pronto, aunque descarguen tormentas y agobios por el calor. Las emisiones olímpicas alejaron al medioambiente de nuestras ataduras mentales.

El verano no consiguió limpiar la(s) crisis ambiental(es). Quedaron en forma de incendios en los países ribereños del Mediterráneo, en California o Siberia y sequías varias. Anteriormente en inundaciones porque los ríos quisieron recuperar sus cauces usurpados. Las máximas mandatarias europeas Der Leyen y Merkel se acordaron momentáneamente del cambio climático. Pero pasó el ruido mediático y la preocupación se disipó.La malla mediática apenas se hizo eco del deshielo de Groenlandia o de las liberaciones gaseosas del permafrost en Siberia. Otros iconos veraniegos acapararon la audiencia, como la publicación del informe del IPCC culpando a los humanos del desatino climático, pero su eco se apagó enseguida. O el caso anunciado de Mar Menor muerto.

Lo que dicen los aguafiestas, por más que sean científicos o ecologistas razonadores, no es bien recibido. No hay nada mejor que taparlo con todo un santoral de iconos placenteros alejados de los daños ambientales. La gente recuperaba la playa y las vacaciones en la liberación pospandémica. Casi al final ha estallado el drama social de Afganistán, que también es medioambiente con borrones humanitarios difíciles de digerir.

Continuará aumentando la fragilidad del medioambiente ecosocial y después…

Leer artículo completo en La Cima 2030 de 20.minutos.es

La fábula inconsistente del botón arreglatodo

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Érase un mundo difícil de verdad. Costaba entender la magnitud de cada esquina de la vida. El singular oscurecía al plural, cual capa mágica al estilo Potter. Una mirada alrededor desvanecía a los seres incómodos, esos que forman el ejército de los transparentes del pensamiento. En realidad no eran grupo, venían y se iban sin ton ni son. El desorden se convertiría en rutina. El pensamiento prefiere encasillar. Así se evita las nostalgias.
Alguien miraba. Veía a las personas como deberían ser frente a como son. Quería llegar a ellas 
para plantearles como podrían ser si pensasen en plural. Antes de abordarlas se pensó por qué decir del mundo lo que no hay, cuando ya se hacen esfuerzos imaginativos para desfigurar lo que hay. Quería asegurarse de hablarles con propiedad. Si es que se puede estar seguro de la objetividad realista. Dudaba si apoyarse en la plasmación de la alienación social como punto de partida para lanzarse a experiencias colectivas que renovasen el futuro. Incluso se le pasó por la mente recurrir a la variopinta naturaleza presentándola en forma de compleja simplicidad. Se ilusionaba pensando que eclosionaría una avalancha realista como en la segunda mitad del siglo XIX. Acaso demasiado fabulada y poco fabulosa.
Se lanzó en busca de la reconciliación de la gente con la existencia colectiva. No lo tenía claro. Otros muchos intentos habían fracasado. Al final se decidió. Pulsó el botón arreglatodo, ese que soluciona de inmediato los problemas del planeta y sus criaturas. El mismo que sirve para olvidar las guerras,las desigualdades o el cambio climático, las hambrunas y pobrezas, xenofobias y otras lacerantes menudencias, etc. 

¡Qué pena que se le olvidase dejarnos escrita la(su) moraleja!

 

La trascendente necesidad de la acción humanitaria

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Hoy nos llaman la atención sobre la acción humanitaria, a la que se le dedica este día. El panorama mundial no puede ser más desolador. La necesidades crecen de manera exponencial mientras que los recursos menguan. Si no fuera por la personas y organizaciones que se dedican a paliar las graves carencias de millones de gente, el mundo hubiera perdido ya totalmente su ética, si es que existe algo que se pueda llamar así.

Hoy se honra a hombres y mujeres que ponen su vida al servicio de los demás. Por ejemplo desde Save the Children, ACNUR, UNICEF, Oxfamtantas entidades bajo cuyo nombre están las personas comprometidas, nacionales o extranjeras, que socorren allí donde se necesita. Las hay que surcan los mares para rescatar a quienes huyen de graves penurias. Otras como Cruz Roja y organizaciones locales menos conocidas prestan ayuda básica a los recién llegados a los puertos. También merecen ser recordadas las personas que desde las instituciones dirigen una parte de los recursos presupuestarios al socorro de los vulnerables. A menudo teniendo que luchar contra partidos políticos que predican xenofobia y otros que la permiten. Hablamos tanto de España como de Europa.

Ahora mismo nos llaman especialmente a la acción humanitaria desde Haití o Afganistán, por poner solo dos ejemplos. Pero qué podemos hacer a escala personal. Seguro que algo se nos ocurrirá. ¡Qué el Día de la Acción Humanitaria sea permanente!, hasta que las desigualdades queden reducidas a la mínima expresión. Cueste lo que cueste. Deberíamos comenzar redefiniendo cada cual lo que significa “humanidad” y “humanitarismo”, en todas sus dimensiones. Pero urge darle contenido práctico y comprometido.

 

El mundo social se hace pedazos en un verano catárquico

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Cuesta mirar los informativos o leer las noticias. El verano ya no es anodino. Siberia y California siguen ardiendo; en Europa mediterránea España se suma a Grecia, Turquía e Italia. Olas de calor convertidas en océanos. Groenlandia perdiendo aceleradamente sus hielos fósiles. Más razones para creer en el calentamiento global. Tiembla de nuevo Haití a la espera de un nuevo ciclón que haga más difícil la vida. Parece que la corteza terrestre tiene una lista de lugares malditos que quiere eliminar. Afganistán entra en demolición; en realidad nunca salió de ella. Ya dudábamos que las potencias occidentales recompondrían el puzle étnico de aquella zona. La pandemia sigue campando a sus anchas en países más o menos ricos. Los inmigrantes continúan su calvario, aunque sean niños. Se anuncian nuevas riadas por el dominó afgano.

Un noticiario televisivo se ha convertido en una película de terror, en un escaparate de la negrura. Si sigue así la cosa dudaremos del futuro. Más todavía para esa gente que se acumula en el aeropuerto de Kabul y la que no se ve de Afganistán, donde mujeres e infancia serán quienes más pierdan. Las vacunas atemperan la vida de los países ricos a la vez que desesperan la mirada de los pobres, en una mezcla de miedo y petición angustiosa. A este paso deberemos dejar de hablar del mundo y escribir sobre los muchos mundos, que son la conjugación del verbo vivir con muchos complementos detrás. Malo será cuando el grito unánime se lamente de la situación y suene mucho el ¡tanto para tan poco!

La economía parece que se recupera, aunque no sepamos hacia dónde va. La gente rica o media rica sale de vacaciones más o menos largas hacia lugares más cercanos, pero se mueve. Las petroleras aprovechan para hacer su agosto elevando el precio de los combustibles fósiles. En España y otros países la luz sube sin parar; dicen que por el precio del gas. Casi nadie lo cree.

El verano ya no es la estación del relax sino un paréntesis ocupado por la preocupación: salud, economía, ecología, ética universal, educación, sociedad, infancia, etc. Incluso la gente positiva u optimista duda del futuro. La maniobras de quienes dominan el conjunto de los mundos se mantienen oscuras, puede que lleguen a ser perversas.

Por todos los lados surge la pregunta: ¿Qué vendrá después? Ojalá el fin del verano nos despeje alguna de las muchas incertezas, y que sea para bien.

La grave perspectiva climática se confirma. La emergencia crece aceleradamente

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Tanta murga sobre el cambio climático y sus impulsos antrópicos apenas ha servido para lavados de imagen en la economía y en la gobernanza nacional o mundial. Los mandamases presidenciales de las naciones todas han ninguneado, desde Rayoy con su primo de Sevilla hasta Trump pasando por Bolsonaro, los avisos. El resto tampoco se ha esforzado mucho, o ha preferido mirar a la economía egoísta antes que a la ecología previsora. Las sucesivas llamadas de la ONU en boca de Guterres (ha calificado de código rojo la situación actual) y compañía han tenido menos eco que el papel de embalar. Tampoco la ciudadanía, perezosa o ignorante, acierta a ver por dónde le llegan las amenazas. Tanto hablar y la gente se ha pasado a la incredulidad permanente. Ha faltado liderazgo, o atrevimiento de los dirigentes para hacer caso a lo que afirman las investigaciones científicas. ¡Si hasta se han reído de lo que decía el IPCC y lo han llamado pesado alarmista!

Cualquiera que piense un poco no puede sorprenderse de las pésimas noticias climáticas. Los episodios meteorológicos con altas repercusiones abundan cada vez más. Tal multiplicación no puede ser fruto de la casualidad. Los optimistas/despreocupados climáticos aluden a que siempre ha habido cambios, se olvidan en su argumentación de que la magnitud y recurrencia sirven para ajustar las cosas a su importancia. Si lo coyuntural se hace estructural cambia mucho la vida. 

Pero en el Informe de ayer, el IPCC pone las cosas muy feas. Se confirman las peores perspectivas. Lean cualquier medio de comunicación solvente y comprobarán que el más completo informe científico sobre el cambio climático llevado a cabo hasta ahora «responsabiliza a la humanidad del calentamiento global». Ese asunto tan complejo que está detrás de los fenómenos extremos que hacen tan complicada la vida y anuncian tiempos peores. Cada vez queda menos tiempo, del calendario, para aminorar los efectos. De hecho, si lo hacemos muy bien a partir de ahora nuestros hijos y nietos notarán algunos efectos beneficiosos pasadas unas décadas. Démonos una vuelta por el Atlas interactivo para entender lo que se nos viene encima.

Lamentablemente, otras situaciones apenas tienen vuelta atrás. La emergencia crece aceleradamente. Hay una idea contundente en el informe: los anteriores episodios críticos calificados «del siglo» pasarán a ocurrir casi todos los años. Una pregunta estúpida: ¿Cuánto durarán los ecos del Informe y qué efectos tendrán? Puede que nos suceda como al escritor Juan José Millás, que en el baño se le «desocurren» las ideas.

Megaaeropuertos 2030 en la incierta puja del recambio climático

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Hubo quien dudó de aquello de la movilidad sostenible que se deducía de los ODS. Se preguntaba cómo se compaginaba el deseo comercial de inundar el mundo de mercancías viajeras y la inclinación de las personas al viaje perpetuo con el uso racional de las energías, y que estas fuesen cada vez más limpias. El recambio climático planea como un nexo regulador de los ODS. Sin él la vida será muy complicada. parecía que las ciudades se implicarían en la movilidad sostenible. Ahora hasta de eso duda. 2030 se aparecerá enseguida y pedirá cuentas. En realidad ya lo está haciendo con respecto a los aeropuertos King Fahd de Arabia Saudí; los estadounidenses del Denver, Dallas, Atlanta, Washington o Houston; los chinos de Shanghai, Beijing y Guangzhou; ese de Dubai que hace de parada universal; Tokio, …; en Europa, Amsterdan, Londres o el parisino De Gaulle. Eso solo por citar unos cuantos de los grandes. El mapa de vuelos en tiempo real es para asustarse si pensamos en los millones y millones de gases de efecto invernadero que lanzan al aire; y sus consecuencias acumulativas. El ODS 11 (Meta 11.2) en entredicho y muchas metas de otros ODS con los que tiene relación.

El verano es la época de la movilidad, del turismo. Hacer ambas cuestiones sostenibles es imprescindible en el contexto global. ¿Pueden serlo de verdad y si es así bajo qué condiciones? Por eso sorprende el anuncio de que el Gobierno de España quiere convertir en el año 2030, qué fecha tan mal avenida con los macroaeropuertos, en el del despegue masivo de la aviación mastodóntica en Barcelona y Madrid. Parece incuestionable que el incremento de la movilidad mundial recalienta el cambio climático. ¿Qué objetivo tiene acumular entradas y salidas de mercancías y personas en unos pocos nodos?

Además, si se hiciese realidad implicaría evidentes desequilibrios territoriales: varios nodos superpoblados frente a la España vaciada, prácticamente en paulatina extinción. El medioambiente ecosocial convertido cada vez más en parcelas excluyentes. Nos preguntamos si no sería mejor dedicar los miles de millones que nos van a costar estos vuelos en recuperar una red ferroviaria sostenible que interconectase la España abandonada. ¿No vendrán los dineros del Pacto Verde europeo?, porque sería el acabose. Por cierto, las poblaciones cercanas a los aeropuertos gigantes verían afectada su salud por ruidos y otros peajes.

Por otra parte, parece que la ampliación del aeropuerto de Barcelona amenaza con agravar el frágil espacio natural que lo rodea. También el de Madrid tiene sus peros, y no solo es por la contaminación sonora. Hay muchas voces que claman por llevar a cabo una reflexión profunda de estos proyectos para que no tengamos que lamentar «el falso 2030», aquel año que se nos vendió como el del lanzamiento universal de una nueva convivencia global. Las desilusiones lastiman la esperanza social y anulan los compromisos particulares.

La teoría ambientalista tarda en ser asimilada por la población. Seguro que en 2030 no será mayoritaria. Por eso debe estar condicionada a un discurso coherente, progresivo, comprometido, reflexivo; no movido por impulsos partidistas ni globos sonda que al final se desinflan o explotan. En el necesario y potente recambio climático no caben estas maniobras. Piénsenlo nuestros gobernantes y dejen de atufarnos. 

La crisis ambiental veranea en el olvido

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Suponía que andaba todo el mundo buscando a los culpables del cambio climático y del resto de crisis ecológicas. Ahora me doy cuenta de que era una mera impresión. Dado que soy un preocupón pienso que cada persona es una sucursal del medioambiente. Así no despego nunca hacia la ilusión transformadora. Hacemos y deshacemos a nuestro albedrío. No tenemos un foco iluminador de lo coherente, de lo conveniente. Si así fuera, haríamos cola para penetrar en el medioambiente. Pero no como consumidores sino como una especie de franquicia. Pero claro, en ese estadio mental o sitio físico nos empeñaríamos en vender un pretendido orden ecológico. No es fácil. Mejor poner carteles o imágenes para que la gente entre simplemente a leer. Un rótulo grande, para leer al principio y al final, avisaría de que somos ecodependientes. Pagarían una prenda los que se manifestasen negacionistas. Permanecería custodiada allí hasta que un suceso ecosocial que los hubiese zarandeado les demostrase la incerteza hecha realidad.

Las ciudades se llenarían de franquicias pues el asunto ambiental está que arde, o inunda, o quema, o emponzoña el aire, o se filtra en los suelos, o enmierda las masas de agua. Llegó el verano y la mente ambiental se tomó un descanso. El pensamiento perdió su trascendencia, o arrinconó su presencia. Además lo hizo con simetría universal. Llamativa esa unanimidad. La desidia ecológica dejó de ser un asunto de lesa humanidad. Gente que va y viene. No se sabe adónde ni para qué. Tampoco importa mucho al resto. No se trata de dar un paso hacia el más allá seguro sino de no olvidar el presente ascendente. ¿Acaso será un plan de fuga del territorio habitual?

Hubo algunos ilusos a quienes les dio por darse una vuelta por los medios de comunicación. Buscaron el rincón ambiental. Si lo encontraron fue exiguo, reducido casi al mínimo. Como si no tuviera importancia. A pesar de eso, se dieron cuenta de que el verano se había limpiado de la(s) crisis ambiental(es). Bueno, de todas no, quedaron en forma de incendios y sequías varias. También en inundaciones porque los ríos quisieron recuperar sus cauces usurpados. Las máximas mandatarias europeas Der Leyen y Merkel se acordaron momentánemente del cambio climático.

Algo se dijo de la huella ecológica y del día de sobrepaso del Planeta. Quienes buscan los olvidos se preguntan si están en el sitio que les corresponde. También si eso es el medioambiente. Y lo peor es que no dejan de darle vueltas al asunto. Como en una noche de insomnio incómodo. Al lado, alguien ronca.

Doble de calor en diez años pero ¿a qué coste?

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Los cálculos realizados por la NASA y la Agencia Nacional Atmosférica de EEUU (NOAA) referidos al periodo 2005-2019 demuestran que el calor que absorbe el sistema Tierra se ha duplicado en diez años. es algo así como el combustible que incrementa el cambio climático a marchas aceleradas. Y lo que es peor todavía, un 90% recalienta los océanos, con todas las repercusiones que sabemos que esta circunstancia tiene en la dinámica climática global.

Quienes no somo científicos empezamos a sospechar que los episodios extremos de precipitación torrencial (Europa central y oeste, China) y sequía e incendios acaecidos en este mes de julio de 2021 (América y Siberia por la creciente megasequía) algo querrán decir. Sin duda son consecuencia de los síntomas climáticos de los que tantas veces se ha hablado. Quienes somos observadores de las actitudes globales de las personas nos preguntamos hasta cuándo podremos aguantar sin cambiar drásticamente las prácticas generadoras de aumentos demostrados de calor. O si lo miramos de otra forma ¿qué tiene que suceder para que se ponga en marcha la revolución social climática? Hasta ahora solamente se dan pequeñas escaramuzas.

Según la OMM (Organización Meteorológica Mundial) «todos los indicadores climáticos han ido a peor en 2020«. Se suponían que la reducción de la movilidad y de la actividad económica iban a provocar lo contrario. Pero ya se sabe, el clima no es cosa de un año; sus causas y consecuencias son acumulativas.

Hipótesis no deseada enunciada por la NASA Y NOAA en el citado informe: «podemos esperar cambios aún más grandes en el clima en las próximas décadas» si no se revierte este fenómeno. Hipótesis nuestra: como sigamos al mismo ritmo puede suceder ya en los próximos diez años un grave conflicto social, económico y ambiental de consecuencias inabarcables.

No se trata de alarmar, más bien de despertar el pensamiento y tramitar cambios personales duraderos. De este asunto sabe mucho la inteligencia humana. Por eso, para quienes quieran conocer más les recomendamos este artículo de Delia Gutiérrez Rubio, meteoróloga de la Aemet: Entonces, ¿es verdad que el clima está cambiando?

El apetito cárnico atraganta hasta al planeta

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La vida es extremadamente compleja. Se pudo constatar hace unos días cuando una declaración del Ministro español de Consumo recomendaba la reducción del consumo de carne por su relación con problemas de salud de las personas. Originó un aluvión de críticas. Vertía varios comentarios reflexivos sobre la alimentación, a la vez que aportaba sugerencias no muy diferentes a las que desde hace años recomiendan la OMS y organismos y entidades diversas de reconocido prestigio científico; también la mayoría de nutricionistas. Pasados unos días merece la pena volver a ellas.

En primer lugar porque fueron tomadas como un ataque al sector comercial y ganadero. Me da la impresión de que quienes así lo vieron no atendieron al discurso completo, diseccionando cada parte para analizarla bien. Es imprescindible porque mejora la convivencia colectiva.

Digamos de entrada que la necesaria crianza ganadera es muy variada. En ella no habrá solo vacuno, de donde parece que procedía un chuletón alabado por el Presidente del Gobierno español para defender el sector. Debería haber concretado si su defensa iba dirigida a la ganadería extensiva que muchas mujeres y hombres practican con profesionalidad en la España vaciada. Con sus iniciativas agroganaderas pequeñas o medianas realizan un ejercicio de custodia del territorio cuyos beneficios sociales y naturales trascienden fuera del espacio concreto. A modo de ejemplo serviría lo contado en «El campo es n(v)vuestro» de la Televisión de Aragón

Consumir una carne de cercanía de esas explotaciones no tiene comparación con esa elaborada en las macrogranjas estilo EEUU, en las que no faltan incentivos medicinales supuestamente peligrosos. O la procedente de Sudamérica criada en extensas zonas deforestadas, por ejemplo la Amazonía, que tantos daños ambientales provoca en suelos, acuíferos y aire. Además deja de lado a los pequeños campesinos de allí. Así no asfixiaría a las otras y facilitaría que el conjunto ecosocial se pueda ir gestionando para las generaciones futuras.  Algo de esto de consumo de carne y salud de las personas se decía en el Plan para la España 2050 del Gobierno, que el Presidente prologaba curiosamente con «España: un país con hambre de futuro».

Ojalá las manifestaciones del ministro Garzón, se vean o no oportunas, sirvan para impulsar la sosegada búsqueda de una sociedad informada en su nutrición y alimentada más equitativamente en conjunto. Además, tal que reflexiva se puede convertir en cuidadora del Planeta. Pero claro, quién se mete en estas controversias. Es mejor disimular o lanzar cortinas de humo. Aplazar la respuesta sine die, transferir los problemas presentes al futuro. 

Leer artículo completo en el blog La Cima 2030 de 20minutos.es. 

Que la pobreza extrema no sea el epitafio de la sensatez democrática

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España duele, a poco que la observemos con sentimiento. No cuenta mucho la idea que tengamos del territorio. Son más importantes las gentes que lo habitan. Uno solo de los datos de la Encuesta de Condiciones de Vida (ICV) del INE (Instituto Nacional de Estadística) sobre pobreza severa pone exactitud a la vida colectiva, tantas veces inefable y dispersa. El 7% de la población se encontraba en riesgo de pobreza y exclusión social en 2020 frente al 4,7% antes de la crisis; uno de cada tres niños lo padecen. Otro detalle: El porcentaje de población en riesgo de pobreza o exclusión social (tasa AROPE) aumentó al 26,4%, desde el 25,3% de 2019. La estampa social la observamos ahora mucho peor que la habíamos dejado la noche anterior, antes de la pandemia. Parece que fue ayer este largo día que nunca acaba. Sin embargo, en alguna CCAA como Aragón esa deriva se ha corregido.

Cuesta creerlo en un país dotado de instituciones democráticas. Nos remontamos al pasado para romper los sinsentidos del presente. Algo que redima las negruras de la gente pobre, severamente pobre. Su existencia está llena de fragmentos que no hay forma de encajar entre sí. Tratar de mejorarlos se convierte en un juego de azar, muchas veces solitario. El presente se les derrumbará, cuál castillo de naipes marcados. En según que territorios mucho más

Personas y familia sorprendidas por el infortunio. A cada paso que dan, algo les golpea en el tobillo y les hace caer de nuevo. No es extraño que nunca acaben de maldecir. Por más que escuchen gritos de gente empeñada en un cometido cívico digno de la mejor democracia. Son voces que poco a poco se diluyen en la infusión de nublado escenario político. Un solo rostro de la aséptica pobreza detrás del cual hay muchos nombres, pero no forman nómina. Pueden más los gestos de absoluta indiferencia de quienes están en el camino del triunfo y alejados más o menos de la amenaza.

Pobres que sueñan que no viven sueños. Poco a poco se dan cuenta que permanecen anclados en el retardo. Se lo recuerdan otras pesadillas cada vez que se levantan para enfrentarse a la realidad.

Se oye más de una vez lo de estamos perdidos. Dicho ya sin énfasis, como si sirviese para recordar algo ajeno. Las cosas de siempre ya no son objeto de conversaciones hilvanadas, quedan truncadas por silencios y pesares. Una fotografía las presenta en un ambiente galdosiano de perdedores. Dicen que es el nuevo (sur)realismo globalizado.

Mientras, por poner solo un ejemplo de lo caro que resultar vivir, la energía no hace más que subir, incluso la que es derecho humano. Qué será de ellos. A este paso, la democracia les va a escribir un epitafio. Aparentando que todo este silencio esconde un orden eternizado. Acaso los grandes problemas del imaginario político son el epitafio de la misma democracia. Lo cual sería una insensatez.

Ya se escuchan algunas elegías, de signo y contenido variado. ¿Serán capaces de hacer renacer los sentimientos y convertirlos en acciones que despierten a las ausentes democracias?

Ropaje ambiental para estar a la moda

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Queremos pensar que toda esa gente que dice sentir como propia esa inclinación por la sostenibilidad seguirá en el empeño pasado un tiempo. Nos gustaría que así fuese, que no hubiese cambiado de ropaje por haber sucumbido sin reflexión a la sostenibilidad publicitada y escasamente interiorizada. Tenemos esta prevención porque tal como se disemina el término se corre el riesgo de que termine desgastado, como otros muchos que afectaban al pensamiento y bienestar colectivo. Más o menos lo que antes se llamaba ética, pero ahora lleva añadida la dimensión ecosocial.

Las astutas empresas, gobiernos y todo quisqui también nos la venden. Se adelantan a nuestras modas con su protagonismo reverdecedor. ¿No será que nos las crean? Ante tal aluvión de ambientalismo no falta gente suspicaz. Le cuesta creer que los perezosos gobiernos y las empresas nos vayan a impulsar cambios profundos en nuestros estilos de vida. Algo de razón tienen. Son los mismos poderes que han permitido o provocado ‒o al menos ayudado por acción u omisión negando evidencias‒ una buena parte de los desastres del descabellado modelo de crecimiento. Por eso se duda de la publicidad ambiental con que ahora abruman día sí y otro también. 

La advertencia no llega solamente de las ONG sino que también la formula la ciencia y la señalan organismos internaciones. Si lo pensamos bien esa publicidad es de por si insostenible si se queda en la laminación de las preocupaciones ambientales, vía emoción exprés. Somos poco constantes, tendentes al olvido. No extrañe que decaiga el interés por el cambio de estilo de vida si asoma la autosatisfacción no razonada en algo que la publicidad ambiental nos marca. Es más sanatorio comprometerse con la sostenibilidad que solo comprarla. En consecuencia, dejemos abierta la posibilidad por si se le ocurre asomar la cabeza a la esperanza y la moda se convierte en renovación vital.

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El Gobierno francés recula y no llevará la lucha climática a la Constitución

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La pretensión era admirable. El Presidente Macron manifestó que quería llevar al artículo 1 de la Constitución la protección del medioambiente y la lucha contra el cambio climático.

https://www.lemonde.fr/politique/article/2021/07/07/referendum-climat-l-executif-contraint-d-enterrer-la-promesse-d-emmanuel-macron_6087284_823448.html?xtor&&M_BT=35298898330415#x3D;EPR-32280629-[a-la-une]-20210707-[zone_edito_1_titre_1]

Todo se andará. Por lo que parece, las necesidades serán tan grandes que entre o no en las constituciones de los países democráticos habrá que actuar como si ambos cometido fueran un derecho universal. ¿Acaso no lo son? Tiempo al tiempo, estamos seguros de que la gobernanza se desatará de las leguleyas trabas y mirará la vida colectiva. Como es su obligación.

Corresponsabilidad comprometida ante la COVID-19

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Vivir con otros es un ejercicio complejo, que no se resuelve de la misma manera un día y el siguiente. Lo propio manda demasiado, a no ser que tengamos los cinco sentidos bien abiertos y un buen acopio de sentimientos, emociones y sensibilidad. A vivir se aprende porque se enseña en ámbitos familiares y escolares; a veces con el ejemplo en otras con el razonamiento. La sociedad también muestra detalles, a menudo contradictorios, de lo que conviene a todos o beneficia solamente a uno mismo.

La corresponsabilidad podría ser una capacidad para situarse ante los problemas propios o colectivos. La emergencias ecosociales se afrontarían desde dentro. Durante estos días dominan en los medios de comunicación noticias de desenfoques de responsabilidad. Afectan, entre otras, a las llamaradas del cambio climático: arde el NO de América del Norte o el petrolero Golfo de México, crecen las migraciones climáticas y parece ser que la temperatura global aumenta más de lo previsto. 

Debemos decir con pena que las crisis ecosociales no se arreglan apenas. El hambre mundial pierde los retoques de los últimos años, en muchos países se restringen derechos que costó mucho conseguir. Tampoco las relacionadas con la salud; ni siquiera aquellas en las que es evidente que la corresponsabilidad tiene efectos positivos casi inmediatos. Vemos con estupor conductas desarregladas de la gente con respecto a la COVID-19, en España y en el mundo.

El espíritu colectivo que creíamos haber potenciado en las escuelas y en las sociedades avanzadas se esfumó, o se diluye en lo particular con el tiempo. Sirvan como ejemplo las expansiones de parte de la gente joven que ahora provoca el aumento peligroso de los casos pandémicos. Las estadísticas los sitúan entre 15 y 40 años. Sin rubor, se autonombran los más perjudicados por las restricciones y desean liberarse de estampida. ¿Qué pensarán de ellos sus mayores, sanitarios, profesorado, trabajadores esenciales y un largo etcétera golpeado en la economía y la salud a lo largo de este año y medio?

En principio, sus maestros habíamos hablado de valores compartidos en la escuela democrática -muchos de ellos y ellas habrán cursado Educación en Valores o Ética-, las familias parecían estar en la misma sintonía hace unas décadas. Por lo que se ve, en ninguno de los dos ámbitos supimos enseñar con acierto el significado comprometido de la corresponsabilidad. Quizás pudo más la satisfacción rápida de los deseos individuales antes que la reflexión ética para ver si ciertos comportamientos particulares lastimaban la vida de todos. 

¿Quién sabe si no está detrás el desapego por el bien común que muestran ciertos iconos políticos o mediáticos? Sea por lo que fuere necesitamos la ayuda de la gente joven. Máxime en estos tiempos de tanta interdependencia. Usemos la pedagogía de lo posible, de lo necesario, para que se haga corresponsable de la mejora pandémica. ¡Qué bien haríamos en releer lo que manifiesta Adela Cortina sobre el ejercicio de la corresponsabilidad!, y llevarlo al debate público. También a los escenarios parlamentario y político.

Si la alimentación fuera ya un derecho humano en España

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El uso del condicional marca los tiempos vividos o por vivir. Expone circunstancia y permite aventurar causas. En España, como en otros muchos países del mundo, la alimentación universal todavía no es un derecho humano real, consolidado por hechos y no solo por palabras o leyes. Por eso, quienes se preguntan por el significado de la ética social aspiran a saber qué hay que hacer para que lo sea. 

Según se cuenta en el Observatorio sobre el derecho a la Alimentación en España, los paisajes alimentarios son muy diversos. Casi tantos como los que señala el reciente Informe mundial 2021 sobre crisis alimentarias (GRFC 2021) Aterra conocer que en el conjunto mundial estamos peor que hace 5 años. Bastantes de las causas tienen que ver con los conflictos bélicos y religiosos permanentes, con los efectos económicos relacionados con la COVID-19, pero también con fenómenos meteorológicos extremos. 

En España también hay que mejorar con urgencia el derecho a la alimentación. En este cometido tienen mucho que hacer las administraciones. Si bien no todo es responsabilidad suya, pero fallan demasiado. Basta mirar lo sucedido desde que empezó la pandemia. Cáritas alertaba de que durante 2020 alrededor de medio millón de personas de las que recurrían a su ayuda alimentaria lo hacían por primera vez. Algo estaba mal planteado cuando “las colas del hambre” han sido una imagen dolorosa en varias ciudades españolas; se han convertido es estampas de vergüenza social. Chefs y restaurantes, junto con muchas entidades sociales como los bancos de alimentos y alguna administración especialmente sensible,  han colaborado en dar un ligero y temporal remedio a este problema. Pasarán unos meses y quizás desaparezcan las imágenes más duras. Nos queda tiempo para recapacitar por qué es tan necesaria la adopción de una “Carta contra el hambre” y la dotación de suficientes recursos. Si la alimentación fuera ya un derecho humano universal, en España, significaría que la humanitaria ética colectiva estaba despertando de uno de sus permanentes letargos.

Leer el artículo completo en La Cima 2030, un blog de 20minutos.es.

Aprender por/para el planeta es imprescindible

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Conviene leer la publicación de la Unesco Aprender por el planeta. Revisión global de cómo los temas relacionados con el medio ambiente están integrados en la educación, por ahora solo está disponible en inglés . En este informe se realiza una lectura comparada de cómo la educación reglada de diversos países ha incorporado la temática ambiental a sus planes de estudio. El informe se ha dado a conocer coincidiendo con la Conferencia Mundial sobre la Educación para el Desarrollo Sostenible, un evento virtual celebrado entre el 17 y el 19 de mayo de 2021, en Berlín.

Es conveniente conocer muchos detalles sobre el planeta.  Así podemos completar nuestra educación, de la que una buena parte tiene relación con él. En cierta manera con nuestro interés le devolvemos el préstamo vital que nos ha hecho. Pero además, si nos implicamos en saber detalles de su estado realizamos una lectura reposada y crítica de la vida propia. Posiblemente revolveremos, o generaremos un cierto compromiso ecológico y social, que también se aprende y de tanta utilidad nos sería en este momento. 

En el informe, del cual existe un resumen en español, se aconseja que educar para el planeta (el medioambiente global) ha de ser una prioridad absoluta en los planes de estudio. En ellos debe figurar en lugar preeminente el cambio climático y biodiversidad, pero no solo. Hay que huir del mero conocimiento de conceptos más o menos importantes. El conocimiento generado mediante aprendizajes múltiples ha de ser mucho más holístico pues permite que se movilicen deseos y emociones en los estudiantes.

Aprender por/para el planeta es hacerlo sobre nosotros/para nosotros. Por eso debe formar parte importante de los currículos educativos, superando el mero conocimiento de conceptos, buscando entender interacciones y la generación de compromisos.