Ética universal

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Da Vinci y Humboldt, también Bunge, de completa actualidad

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La escuela se nutre, como la vida, de las enseñanzas que dejaron en el tiempo personas y hechos. Por eso, en muchos momentos se celebran días o semanas dedicadas a algo especial. Sin duda, esas fechas sirven para medir el tiempo vivido, lo hecho o no en un año; pero también para recordar deseos, conjeturas o avances sociales, para reconocer qué hay detrás de muchas ideas, de algunos eventos y al lado de personajes. Siempre, en años o días concretos, en momentos más o menos críticos, es conveniente pararse a imaginar lo que hubiera sido del mundo sin determinados eventos o celebraciones; también sin las ideas de personajes plagados de espíritu crítico y creatividad, con deseos renovadores, globales, etc.

Hay años de suerte, como este 2019, en el que se cumplen 500 de la muerte de Leonardo da Vinci, y 250 del nacimiento de Alexander von Humboldt. Entre los artilugios e ideas que transmitió el primero y los viajes e investigaciones del segundo cambiaron la historia universal y la ciencia aplicada. 

Puestos a recordar efemérides hay que felicitar al filósofo argentino Mario Bunge, que este 2019 cumple 100 años, que nos ha legado reflexiones trascendentes: entre ellas, la importancia de la originalidad del pensamiento -cuando la verdad poco importa, atropellada por el éxito- y la solución de los problemas inversos, que ayudarían a entender mejor el mundo actual; para desarrollar nuestra capacidad de vivir lo cotidiano. Contrasten lo que piensan en ese momento con la preocupación de Bunge, expresada hace varias décadas, de que “los grandes males de la Humanidad eran el belicismo, la contaminación ambiental, la explotación de recursos y una superpoblación que nos aboca a un excesivo consumo de los recursos naturales”. ¿Les suena a ODS? Hay tema para el debate.

Para leer el artículo completo visiten el blog Ecoescuela abierta de El Diario de la Educación.

Palabras del medioambiente y ética para ensordecer silencios

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El medioambiente habla, cada vez más y con más fuerza; en ocasiones se desespera y grita, en otras castiga nuestros silencios. Aunque no tenga palabras asimilables a nuestro vocabulario, hay muchas voces que hablan sobre él. Le piden prestadas su desvelos e imágenes y las convierten en susurros o lamentos, también en esperanzas. Algunos medios de comunicación quieren ecocomunicar. Hay muchos, seguro que quienes esto leen podrían hablarnos de ellos. Si lo desean, póngalo en un comentario. Mientras nos llegan, queremos recordar que la revista Ethic, en un compendio de resonancia crítica y actual sobre temas que comentamos constantemente aquí: medioambiente y sociedad sobre todo. No dejen de moverse por ella con curiosidad, anoten sus informes, caminen con ella hacia el futuro más compartido, anótense a sus compromisos y, al final, hagan llegar a otros lo que aquí vieron, aprendieron y sintieron. 

Hablando de ética: Qué siente cuando oye hablar de la tantas veces silenciada Guerra del Yemen?

Los ODS por ahora: un bálsamo cargado de plática, prédica y estética

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El titular tiene algo de lamento, porque la búsqueda de compromisos para conseguir esos logros que anuncian los ODS debería ir más rápida. Cada vez el tiempo de reponer una parte de los deterioros que sufren las personas, y de paso contentar al planeta, se nos acorta más. Por eso, cada cual debe esforzarse en la tarea colectiva. 

Cuenta la leyenda que el planeta era un edén terrenal en un tiempo remoto; la ciencia dice ahora que pudo estar en Botsuana. Nos encontramos en el año 2019. El sistema conexo tierra-aire-agua con la vida se agota; ya no es el paraíso colectivo del que hablan los crédulos y bienintencionados. Cada vez las situaciones límite, que nos hablan más del infierno que del cielo, son más frecuentes. Sin embargo, esos episodios críticos conviven con actitudes de desapego muy presentes en nuestra sociedad y gobiernos. Esto, a pesar de su incongruencia, nos invita a la reflexión continua, no nos deja refugiarnos en la ignorancia. Vivimos cerca de la intemperie.
Frente al caos visible, surgen iniciativas globales. Estas ya no buscan retornar al jardín exuberante de Adán y Eva, tampoco vivir aquí como si fuera un edén, como se vendió a la gente a principios del siglo XXI cuando solo se hablaba del omnipresente estado del bienestar, para más inri globalizado. Solamente, y ya es bastante, se trata de recuperar un poco la Tierra para que quepamos todos, en unas condiciones más saludables. Entre estos proyectos, si se quiere frágiles todavía en su génesis y recorrido, están los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). No son la panacea ni un bálsamo que todo lo cura con solo nombrarlos, como por ahí se publicita por parte de administraciones y anunciantes, sino más bien un parapeto para evitar la sexta extinción masiva, de la cual hace tiempo que nos vienen avisando/amenazando.

Si lo desean, lean un artículo, siempre subjetivo e interesado, sobre este asunto en La Cima 2030.

El cambio climático aumenta las cifras del hambre mundial

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Se sabía que los desastres naturales asociados a los fenómenos meteorológicos extremos tenían repercusión en la alimentación de las personas vulnerables y en las economías de los productores. Cosechas arruinadas y baja calidad de los productos castigan la economía, una y otra vez. Antaño eran noticia las sequías del Sahel y las hambrunas que llevaban asociadas. También nos congratulábamos de que desde el año 2000 había mejorado la situación mundial, si bien los progresos no llegaban igual a los distintos territorios.

Hoy, los desastres siguen impidiendo que más de 800 millones de personas se alimenten bien. Adaptarse al cambio climático es imprescindible para alimentar a la población mundial, asegura el último Índice Global del Hambre (GHI). Hoy más personas se alimentan peor que hace 5 años. El mapa del hambre, que se incluye en el estudio que da fundamento a esta entrada, castiga a África especialmente y a los países en guerra en Asia, pero a la vez cuestiona la nutrición de muchas personas en países americanos. Las sequías todavía influyen, pero también los monocultivos en los que han caído muchas zonas pobres que producen lo que el mundo rico les demanda, pero han dejado de producir aquello que aseguraba su subsistencia. La ONU se pregunta si se podrá asegurar en unos años la alimentación del mundo entero.

Hay que adaptarse al cambio climático, pero si la temperatura sigue subiendo…

El yoísmo se ha viralizado, sin tiempo reflexivo

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Dícese que dentro de esa tendencia, bastante focalizada en su seno identitario y a la vez multiforme en sus manifestaciones -más ahora con su trasmutación política- se mueven, en cantidad y calidad no siempre medibles, cosas buenas y malas: unas son origen y otras final, también las hay intermedias. Alguna señal de todas se mezcla en su esencia: realidades y quimeras, amores y odios, acompañamientos y soledades, causas y consecuencias, entusiasmo y pesimismo,  principios y finales, alegrías y tristezas, diálogos y monólogos, idealismo y materialismo, religión y credo, juventud y madurez, país y nación.  En su trayectoria política no faltan: certezas e incertidumbres viajando entre las dudas, utopías y distopías, pasados y futuros, derechos y deberes, ganancias y pérdidas, usos y abusos,  paseos triunfales y viacrucis, mesura y desmesura, libertad y sometimiento, convivencia y exclusividad, comedimiento y escándalo, éxtasis y agonía, placeres y dolores, conocimientos y falsas verdades, política y ciudadanía, acatamientos y rebeldías, mente y cuerpo, ocio y negocio, clarividencia y ocultación, chascarrillos y verdades universales o eternas, confianzas y recelos, libertad y libertinaje, etc.

El yoísmo político se ocupa, en una subasta de culpabilizaciones mutuas, en realidades convivenciales para clasificar a los individuos en buenos y malos, nosotros y los otros, naturales y forasteros, dirigentes reflexivos y ayatolás,  feligreses y descreídos, vocingleros y silenciosos, aprovechados y damnificados, privilegiados y excluidos, modernos y antiguos, aceleradores y retardantes, pioneros y rezagados, creyentes y oportunistas, apóstoles y negacionistas, entusiastas y apenados, exaltados y pacíficos, demócratas y no tanto, patriotas y traidores, etc. 

Al final, o en medio, en España y en el mundo, ahora mismo, el yo no se lleva bien con el tú ni el él, porque a menudo se refugian en argumentaciones especiosas y cavilaciones dialécticas. La empresa colectiva de vivir es más difícil todavía si se quiere amalgamar en una dirección a millones de yoes propios al lado/frente a otros yoes parecidos o diversos. Seguro que no les cuesta situar algunos yoísmos en el espacio vital, próximo o lejano. ¿Quién sabe cómo crecerá el yoísmo de hoy, o con qué argumentos se le podría condicionar para desenmascararlo, ahora que se ha hecho tan exageradamente viral? ¿Y si nos queda tiempo?

Reciclaje de la (in)con(s)ciencia colectiva

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Llevo un tiempo preguntándome si existe, o ha existido a lo largo de la historia, una especie de consciencia/conciencia de pertenecer a uno o muchos colectivos, de compartir deseos y perseguir metas juntos. Si antes sí y ahora no, o en menor medida. Se me ocurre pensar si la ecuación que es vivir debería hacernos conscientes de sus términos: un poco de aquí y algo de allá, multiplicado por el cada día, elevado a la potencia de lo colectivo y, quizás, con alguna o muchas restas y divisiones. Eso, más o menos, valdría para poner cara a la conciencia colectiva, enfocada a la coexistencia ambiental y social, empeño harto difícil por lo visto hasta ahora. Recononozcámoslo: nuestra educación está multiorientada, al menos tremendamente condicionada, por el consumo; este la nubla y le impide imaginar, conscientemente, horizontes diversos con respecto a sociedad y su interactivo medioambiente. Necesita un reciclaje urgentemente.

Seguir leyendo en La Cima 2030, el blog de 20minutos.es y anoten si les sucede lo mismo. Coméntenlo con las amistades y la familia, con gente del trabajo. Háganse conscientes de la situación.

Tras unos días memorables, hay que cuidar la resaca climática

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Por todo el mundo se dijo muy fuerte a los poderes públicos y empresariales que ya basta de no hacer nada, que su necesaria acción por el clima puede asegurar el futuro. Pancartas y consignas hablaron de esperanza, de compromisos, de demandas a quienes mandan, que son los que más pueden hacer por mitigar los efectos de esta emergencia climática.

Ahora viene el día después; ese en el que hay que mantener la presión, como en el siguiente y todos los demás hasta que llegue la COP25 de Chile, que debería ser el arranque verdadero de políticas reclimatizadoras. Las noticias sobre el clima y sus efectos se evaporarán pronto, puede que los compromisos se relajen. Por eso, ahí debemos estar quienes estos días levantamos nuestras voces.

No podemos callar, debemos demandarnos nosotros mismos más compromiso para decir y vivir en consonancia con lo que pedimos. Para que no nos atrape la complacencia por el éxito en la convocatoria del 27 de septiembre, que quedará en los calendarios globales como el día en el que empezó todo; para apoyar el creciente interés de los jóvenes y pedirles que conserven su compromiso. Porque, si, todo o una parte, viene seguido del progresivo silencio, será utilizado por los gobiernos negacionistas o despistados, por las gentes incrédulas o perezosas para recordarnos lo que nos han dicho muchas veces: ¡No se puede hacer nada ante el devenir de los tiempos!

Por si se relaja, o desfallece, no deje de releer United in Science

La movilización por el clima es el compendio de muchas biografías interrelacionadas

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Por si no había reparado en ello hoy es 27 de septiembre. Mucha gente, en muchos sitios, está invitada a participar en algún acto que explicite la situación de crisis/emergencia climática en la que nos encontramos. El clima, antaño independendiente, lo hemos antropizado; al menos eso aseguran miles de informes científicos elaborados por miles de científicos. Parece lógico que si nosotros somos parte de las causas seamos actores de sus consecuencias, para bien o para mal.

Dicen que los resultados de la Cumbre de Nueva York han sido pobres. Hace unos días publicamos en la Cima 2030 de 20.minutos.es “La trabajosa huelga de la acción el cima“. Échele un vistazo y subraye lo que encuentre interesante, motivador. Si se quiere movilizar hoy, ahí va un mapa de los actos previstos por ahora.

Por cierto, de verdad, cuáles son las razones por las que se moviliza por el clima. Otra pregunta indiscreta: ¿Piensa continuar por el camino revoltoso hacia la mejora de la emergencia? Anímese con esta canción, ya circula por ahí hace años para acompañar rebeliones. Si la prefiere Bella Ciao sin letra, le recomendamos la versión del Zaratustra Trío

No sabemos si decirle ánimo, suerte o gracias; mejor las tres cosas.

 

 

La semana por el clima se hace presente en nuestras vidas

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Digamos que París 2015 fue ayer, o será en 2030, mañana. Todo no va a ser en una semana. 

“Digamos” de Mario Benedetti

1.
Ayer fue yesterday
para buenos colonos
mas por fortuna nuestro
mañana no es tomorrow
2.
Tengo un mañana que es mío
y un mañana que es de todos
el mío acaba mañana
pero sobrevive el otro.

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Eche un vistazo a las preocupaciones del mañana, incluidas las climáticas, expresadas en una investigación del Centro de Investigaciones Pew ( Pew Research Center , PRC) recogidas hace unos meses en La Vanguardia. Escuche lo que trae la prensa estos días; empápese de razones para llevar la acción climática a su agenda. ¡Y no se refugie en la inactividad!

PENÚLTIMA HORA: Setenta países, la mayoría en desarrollo y poco contaminadores pues apenas suponen el 6,8% de las emisiones, se re-comprometen a restituir aceleradamente  sus débitos climáticos. Sin duda están alarmados -no como los contaminantes EEUU, China y demás- al conocer los datos de la Organización Meterorológica Mundial que alerta de que estos cinco últimos años la temperatura global se ha incrementado como nunca (récords de temperaturas desde que hay registros).
Digamos sí, pero esperemos a ver si es ayer, hoy, mañana o sine die.

Retrato personal frente a la crisis climática

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Lo que empezó llamándose calentamiento global, se mudó a cambio climático, después a crisis climática y ahora se enuncia en forma de emergencia climática. Plántese delante del espejo y mire si sabe bien de qué va la cosa, lo que hace para acompasar su vida a la situación, aquello que tiene pendiente, lo que ve que hacen los demás, etc. Congratúlese de los pasos dados, de aquello que está cerca de conseguir y, sobre todo, no se flagele por lo que todavía no hace bien. Tome nota escrita del acercamiento que le falta para sentir satisfacciones, y vaya tachando sus deseos conseguidos. Ya sabe a dónde se dirige el asunto; otra gente también, pero prefiere esperar a ver qué pasa.

Le invitamos a que, para celebrarlo o ponerse en marcha si es una persona perezosa, se una, cual partisano-a a quienes entonan esa canción que dice: necesitamos despertarnos (espabilarnos), abrir los ojos rápido para construir un mundo mejor; hemos de hacerlo ahora ya…

Reflexione en familia, con los amigos y en el centro educativo, o en su trabajo, sobre este asunto del calentamiento global y de la crisis/emergencia climática. Sin duda habrá determinadas situaciones o indicadores que le preocupan. Entre todas ellas compondrá su retrato, físico y del pensamiento. Seguro que  le hace ponerse en marcha con energía y compromiso. 

 

Entre las DANA y los calores ilustran la crisis climática que la escuela debe entender

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Empecemos emitiendo una hipótesis: Si la escuela permanece adormecida, resignada, ante el complejo mundo exterior, no es escuela, sino un lugar por el que se pasa; de ahí su permanente levedad.

Habrá que reflexionar si sirve la escuela tradicional; la de hoy debería ser ya el escenario de lo deseable para la vida, donde se comparta experiencia y búsqueda de lo cotidiano, pero también el lugar en el que se cuestionen definitivamente bastantes abstracciones con poco recorrido, como no sea para justificar las viejas materias curriculares. Para vigorizarse debería recoger más y mejor la trama de la vida y dejarse de los contenidos poco útiles, por inservibles u obsoletos. Pero no puede hacerlo por sí sola; necesita el comprometido impulso de las autoridades educativas, junto con el incentivo y el acompañamiento de la sociedad que la sostiene, de ha de despertar de su despreocupación. 

Es evidente que la vida se construye en interacción personal y colectiva con el mundo exterior. De esa relación surgen los temas de interés personal y social, que podrían ser también los del trabajo escolar. Cuando en todo el mundo gente se revuelve ante la crisis global que padece el planeta, solo cabe que la educación emerja como escenario múltiple y diverso, tanto en la educación informal o no formal como en las escuelas. Por desgracia, la mayoría de estas permanecen calladas o levemente alerta, ocupadas en el estricto cumplimiento de los mandatos curriculares, muy vigilados por los departamentos de Educación respectivos, que sin embargo ni siquiera atienden a las demandas de la imprescindible gestión ambiental que les formulan desde sus centros.

¿Quién sabe si los argumentos para la hipótesis son ciertos? Lo que parece probable es que si las escuelas hablasen más de los asuntos de la vida, los escolares (ciudadanos del mañana mismo) sabrían afrontar mejor asuntos como la repetición de los fenómenos atmosféricos, sobre todo adaptándose a los nuevos tiempos y tratando de mitigar sus efectos.

Seguir leyendo en El Diario de la Educación.

La alfabetización universal como quimera posible, necesaria

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Por ahora eso de disponer de habilidades para saber leer y escribir es una quimera; al que resolverla pues la educación es un derecho humano. Aunque parezca mentira, alrededor de la mitad de los niños de 10 años en el mundo no pueden leer ni comprender una historia simple; puede que algunos de ellos sepan repetir signos, pero no basta. Demasiados adultos, que puede que sí aprendieran lectoescritura en su niñez, no conservan esas habilidades. Se puede contar con vergüenza que son unos 750 millones de adultos en el mundoson analfabetos.

Piense cómo se enfrentaría a la vida, a la búsqueda del sustento económico y al mantenimiento de su familia, a sus relaciones sociales, a su ocio, a su previsión de futuro, etc. , si no supiese leer y escribir con soltura para entender un texto o emitir un razonamiento crítico sobre él.

La semana pasada se celebró el Día Mundial de la Alfabetización, que pasó sin pena ni gloria por los medios de comunicación, tan dados a catástrofes, politiqueos y desgracias.

Dicen que la alfabetización universal es una condición clave para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) dentro del marco de la Agenda 2030 Documento PDF. Hay que recordar casi cada día que los ODS, aprobados por los mandatarios mundiales en septiembre de 2015, promueven el acceso universal a una educación de calidad y oportunidades de aprendizaje a lo largo de la vida de las personas. Hay que consolidar y mejorar los avences conseguidos en esta encomienda. Pues eso. 

Nos tenemos que “tragar” nuestra caca plástica; no seamos ilusos

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Empezaron los chinos con dejarnos de comprar nuestra caca plástica. Ahora van muchos países asiáticos y no quieren echar en sus wáteres nuestra occidentalizada basura. En teoría, los millones de toneladas plásticas que hacían el largo crucero marítimo desde Europa hasta China, Filipinas, Malasia o Vietnam, se reciclaban. Pero no se lo crean; es una mentira podrida. La mayor parte acababan contaminando sus suelos, las aguas continentales y marinas o eran quemados, emitiendo al aire su tóxica carga.

Ahora, estos países asiáticos ya no quieren nuestra caca plástica; aunque les paguemos mucho. Se quieren volver más cuidadosos, y de paso recibir alguna ayuda por ello. Hacen bien; ya tienen bastante con sus plásticos, que inundan una buena parte de sus suelos, ríos y mares. Su gestión de los residuos deja bastante que desear.

La ONU dice que en 2017 España fue el séptimo país exportador mundial de desechos, desperdicios y recortes de plástico. El Ministerio de Industria nuestro cuenta que, entre 2010 y 2018, España “envió” a China/Hong Kong casi un millón de toneladas plásticas, más de la mitad de las generadas en ese periodo. ¡Qué barbaridad!

Los espabilados gestores de la basura española, y europea, decían que les preparaban el crucero marítimo a nuestros plásticos porque aquí no compensaba reciclar la caca. ¡Vaya caradura! Imaginamos que lo de compensar se refería solo a lo económico, que se desdeñaban las mejoras ambientales y a la salud de las personas.

Hay quien se pregunta qué haremos ahora con nuestra basura plástica. Algunos apuestan (Federación Española de Recuperación y Reciclaje) por reciclarla; en realidad ahora apenas se hace con un tercio de la utilizada de la cual no llega un tercio a los contenedores amarillos. Otros como Greenpeace por no generarla, lo explica bien esta ONG en Maldito plástico.

¿En qué grupo se encuadra usted para “eliminar” esa caca plástica que cada día produce? Seguro que no consigue adquirir los productos que come libres de envoltorios plásticos; por más que haga pesquisas detectivescas. Así, la bolsa amarilla es siempre la más voluminosa de casa; hay que descargarla casi cada día.

Si se le ocurre alguna idea interesante para ser menos “plasticantes” dígalo a su familia o practíquela en su centro de trabajo. La cosa está muy fea. Mientras piensa le invitamos a que vea “El iluso“, el corto de Rodrigo Sorogoyen; va sobre contenedores amarillos y personas.

 

Tome una buena dosis de ecología cada día

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Todas las personas vivimos interconectadas con lo que nos rodea, seamos o no conscientes de ello, queramos o no; incluso los (in)crédulos negacionistas. Lo que cada cual, todos, hacemos y vivimos tiene mucho que ver con la ecología.

Esta palabra tiene muchas variantes léxicas: concepto y sentimiento, acción e interacción, compromisos y olvidos, urgencia y permanencia, etc.; también algún exabrupto. Bastantes, mucha gente y las marcas comerciales cada vez más, la utilizan como etiqueta: lo ecológico vende y mola; otros como una especie de mantra, para emocionarse ellos mismos o para enfrentarse a los demás.

Un sustantivo tan importante que, a poco que nos aproximemos a él, llega a ser un adjetivo, acabándolo simplemente en -ica o –ico. También alcanza su expresión coloquial en forma de ecologismo o ecologista, variables nuevas de una vida antigua. Estas dos últimas acepciones identifican a las personas que toman una buena dosis de ecología cada día y así reconfortan la vida propiay un poco la de las demás, también la del planeta y los seres vivos que con los que conviven. Si bien no faltan quienes utilizan los vocablos como insulto hacia los defensores o propagadores de la vida en armonía en/con la casa común.

Seguir leyendo en La Cima 2030.

El Mediterráneo hace de sima en donde se precipita la ética

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Cunde entre la gente, los gobiernos son sus representantes y educadores, una práctica desconcertante: Los esfuerzos y compromisos que en otros tiempos estaban encaminados a cambiar el mundo son ahora empleados en proteger lo que tenemos, llámese bienestares o idiosincrasia. Incluso así, no estamos seguros de encontrarnos  a salvo de ciertas contingencias, por más que muchas sean difíciles de identificar.

Los flotadores provisionales que los barcos de Open Arms y Médicos sin Fronteras han procurado este mes de agosto a los náufragos mediterráneos en peligro de ahogarse nos obligan a posicionarnos. Más allá del sentimiento emocional, ya de por sí relevante, está el asunto de la acogida o no por parte de los países ribereños del Mediterráneo, que tuvo su momento álgido en 2015 cuando se tendieron endebles pasarelas entre Turquía y Grecia. Ante este drama, hay gente despreocupada, otra que piensa una cosa y dice otra, gente que conscientemente se manifiesta a favor de que España los acoja; no faltan difuminaciones de los representantes gubernativos y recriminaciones a las ONG cuyos barcos han rescatado a los náufragos. Cada una de estas posiciones tiene una parte opinable, otra más grave censurable desde el punto de vista ético, pues se ponen en juego los conceptos del bien y del mal que, en buena manera, dicen que sostienen la civilización democrática que lleva tantos años bañando el norte mediterráneo.

Duele que personajes como Salvini, o Trump, pretendan a(re)sumir la moralidad global, con la excusa de que quienes sufren en una barcaza o en un desierto están allí porque la redes mafiosas los han transportado. De vez en cuando, hay que sentarse a pensar cuál es la escala personal y social de valores, implicarse en diálogos razonados sobre estos temas respetando las opiniones y conductas ajenas, y formar un juicio moral. Incluso no estaría de más colocarse en alguna ocasión en el lugar de los otros.

No se trata de resolver para siempre un problema complejo con muchos intereses en interacción; de esta tarea deben hacerse cargo los Gobiernos y organismos internacionales, en lugar de dejar que la sima se agrande, por más que digan que las conversaciones para resolver este caso son frenéticas. Es necesario remediar puntualmente estos episodios de agosto –barcos llenos de gente rescatada de la muerte probable, hacinada en penosas condiciones, deambulando por el Mediterráneo o detenidos a escasos metros de un puerto en el que no dejan desembarcar, etc.- representan un esperpento de la condición humanitaria, un frenético estorbo para la convivencia.

Mucha gente no duda de la estrategia, no le supone ningún dilema el asunto: primero salvarlos y acogerlos, después dialogar para encaminar las cosas.