!Bien venido Humboldt, adiós Leonardo!

Las fechas sirven para medir el tiempo, sin duda. También para reconocer ideas, eventos y personajes. Siempre, en años o días concretos, es bueno pararse a imaginar lo que hubiera sido del mundo sin eventos concretos, sin las ideas de personajes plagados de ideas creativas, renovadoras, globales, etc., que tanto han cambiado la historia universal y la ciencia aplicada. Hay años de suerte, como este 2019, en el que se cumplen 500 de la muerte de Leonardo da Vinci, y 250 del nacimiento de Alexander von Humboldt. 

¿Qué sabe de ellos? Del primero se podrían decir tantas cosas que hablarían de su genio que no cabrían en este blog; nos quedaremos con su percepción sistémica del mundo y su acercamiento a la botánica. Del segundo habría que resaltar su anticipación a la comprensión de las variaciones climáticas, de su amor por la naturaleza -ya hemos alabado su figura en este blog- y las consecuencias de sus pulsiones.

Lean cosas de ellos, sumérjase en su tiempo y traigan al actual sus pensamientos. Comenten en sus tertulias lo que dijeron sobre asuntos científicos/ecológicos, pero también hablen de cuestiones del pensamiento práctico moral que son clave de la vida actual. Leonardo nos legó aquello de que “El placer más noble es el júbilo de comprender”; de Humboldt podríamos anotar “No hay razas inferiores, todas ellas están destinadas a alcanzar la libertad”.

La cultura colectiva los necesita, 500 o 250 años después, para deambular por el complejo mundo en el que vivimos, en el que crisis ambientales, sociales y económicas nos mantienen temerosos de algún colapso.




La escucha atenta del constante olvido vs los desbarajustes meteorológicos

Todos sabemos que volverán; los científicos pretenden demostrar que serán más intensos, más recurrentes. Pronostican mayores desgracias. El impacto será grave. Los gobiernos prometieron mucho; el tiempo dirá si fue verdad el sentimiento de pérdida, porque la alerta crítica se la lleva el viento. Pasado un tiempo solo quedan rastros en quienes se vieron más golpeados, en aquellos que perdieron vidas o enseres.

Difícil gestionar del todo situaciones tan críticas como una intensa DANA, que descargó centenares de litros en poco tiempo, o los rigores extremos de las olas de calor; también las sequías, de las muy pocos dicen algo. No basta con echar todas las culpas al “errático” devenir del clima. Cabe reflexionar sobre qué se puede hacer para mitigar sus efectos. La ocupación antrópica del espacio ha menospreciado sus posibles consecuencias; las fuerzas de la naturaleza no piensan en nosotros. En los episodios del actual septiembre en el levante y sur de España, la AEMET alertó bien y a tiempo, los protocolos funcionaron pero no podemos dejar todo así de incierto.

El deseo de que sea algo excepcional no va a salvarnos de la incertidumbre, máxime para lugares cercanos al cauce o situados en zonas bajas de casi todas localidades. Le hemos dado la espalda al riesgo natural. ¡Hace falta ser presuntuosos en estos tiempos de turbulencias climáticas!, que volverán a producirse cada vez con más frecuencia, con más intensidad, con más riesgos.

En todo caso, en esto de las DANA, habrá que adaptarse a los nuevos tiempos: eliminando las peligrosas construcciones en cauces para que el agua fluya atemperada por la vegetación protectora, respetando las llanuras de inundación y el pasado deambular de las aguas, compartiendo una atenta escucha con algunos que miran al futuro y alertando a otros de su atronador olvido, para que la mitigación y la adaptación vayan de la mano en la gestión del territorio y, en consecuencia, en la vida colectiva. También teniendo previstos serios protocolos de acción.

¡Se puede hacer mucho más y bastante mejor!, para evitar los olvidos y prepararnos ante los desbarajustes climáticos.

 




Entre las DANA y los calores ilustran la crisis climática que la escuela debe entender

Empecemos emitiendo una hipótesis: Si la escuela permanece adormecida, resignada, ante el complejo mundo exterior, no es escuela, sino un lugar por el que se pasa; de ahí su permanente levedad.

Habrá que reflexionar si sirve la escuela tradicional; la de hoy debería ser ya el escenario de lo deseable para la vida, donde se comparta experiencia y búsqueda de lo cotidiano, pero también el lugar en el que se cuestionen definitivamente bastantes abstracciones con poco recorrido, como no sea para justificar las viejas materias curriculares. Para vigorizarse debería recoger más y mejor la trama de la vida y dejarse de los contenidos poco útiles, por inservibles u obsoletos. Pero no puede hacerlo por sí sola; necesita el comprometido impulso de las autoridades educativas, junto con el incentivo y el acompañamiento de la sociedad que la sostiene, de ha de despertar de su despreocupación. 

Es evidente que la vida se construye en interacción personal y colectiva con el mundo exterior. De esa relación surgen los temas de interés personal y social, que podrían ser también los del trabajo escolar. Cuando en todo el mundo gente se revuelve ante la crisis global que padece el planeta, solo cabe que la educación emerja como escenario múltiple y diverso, tanto en la educación informal o no formal como en las escuelas. Por desgracia, la mayoría de estas permanecen calladas o levemente alerta, ocupadas en el estricto cumplimiento de los mandatos curriculares, muy vigilados por los departamentos de Educación respectivos, que sin embargo ni siquiera atienden a las demandas de la imprescindible gestión ambiental que les formulan desde sus centros.

¿Quién sabe si los argumentos para la hipótesis son ciertos? Lo que parece probable es que si las escuelas hablasen más de los asuntos de la vida, los escolares (ciudadanos del mañana mismo) sabrían afrontar mejor asuntos como la repetición de los fenómenos atmosféricos, sobre todo adaptándose a los nuevos tiempos y tratando de mitigar sus efectos.

Seguir leyendo en El Diario de la Educación.




La alfabetización universal como quimera posible, necesaria

Por ahora eso de disponer de habilidades para saber leer y escribir es una quimera; al que resolverla pues la educación es un derecho humano. Aunque parezca mentira, alrededor de la mitad de los niños de 10 años en el mundo no pueden leer ni comprender una historia simple; puede que algunos de ellos sepan repetir signos, pero no basta. Demasiados adultos, que puede que sí aprendieran lectoescritura en su niñez, no conservan esas habilidades. Se puede contar con vergüenza que son unos 750 millones de adultos en el mundoson analfabetos.

Piense cómo se enfrentaría a la vida, a la búsqueda del sustento económico y al mantenimiento de su familia, a sus relaciones sociales, a su ocio, a su previsión de futuro, etc. , si no supiese leer y escribir con soltura para entender un texto o emitir un razonamiento crítico sobre él.

La semana pasada se celebró el Día Mundial de la Alfabetización, que pasó sin pena ni gloria por los medios de comunicación, tan dados a catástrofes, politiqueos y desgracias.

Dicen que la alfabetización universal es una condición clave para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) dentro del marco de la Agenda 2030 Documento PDF. Hay que recordar casi cada día que los ODS, aprobados por los mandatarios mundiales en septiembre de 2015, promueven el acceso universal a una educación de calidad y oportunidades de aprendizaje a lo largo de la vida de las personas. Hay que consolidar y mejorar los avences conseguidos en esta encomienda. Pues eso. 




Nos tenemos que “tragar” nuestra caca plástica; no seamos ilusos

Empezaron los chinos con dejarnos de comprar nuestra caca plástica. Ahora van muchos países asiáticos y no quieren echar en sus wáteres nuestra occidentalizada basura. En teoría, los millones de toneladas plásticas que hacían el largo crucero marítimo desde Europa hasta China, Filipinas, Malasia o Vietnam, se reciclaban. Pero no se lo crean; es una mentira podrida. La mayor parte acababan contaminando sus suelos, las aguas continentales y marinas o eran quemados, emitiendo al aire su tóxica carga.

Ahora, estos países asiáticos ya no quieren nuestra caca plástica; aunque les paguemos mucho. Se quieren volver más cuidadosos, y de paso recibir alguna ayuda por ello. Hacen bien; ya tienen bastante con sus plásticos, que inundan una buena parte de sus suelos, ríos y mares. Su gestión de los residuos deja bastante que desear.

La ONU dice que en 2017 España fue el séptimo país exportador mundial de desechos, desperdicios y recortes de plástico. El Ministerio de Industria nuestro cuenta que, entre 2010 y 2018, España “envió” a China/Hong Kong casi un millón de toneladas plásticas, más de la mitad de las generadas en ese periodo. ¡Qué barbaridad!

Los espabilados gestores de la basura española, y europea, decían que les preparaban el crucero marítimo a nuestros plásticos porque aquí no compensaba reciclar la caca. ¡Vaya caradura! Imaginamos que lo de compensar se refería solo a lo económico, que se desdeñaban las mejoras ambientales y a la salud de las personas.

Hay quien se pregunta qué haremos ahora con nuestra basura plástica. Algunos apuestan (Federación Española de Recuperación y Reciclaje) por reciclarla; en realidad ahora apenas se hace con un tercio de la utilizada de la cual no llega un tercio a los contenedores amarillos. Otros como Greenpeace por no generarla, lo explica bien esta ONG en Maldito plástico.

¿En qué grupo se encuadra usted para “eliminar” esa caca plástica que cada día produce? Seguro que no consigue adquirir los productos que come libres de envoltorios plásticos; por más que haga pesquisas detectivescas. Así, la bolsa amarilla es siempre la más voluminosa de casa; hay que descargarla casi cada día.

Si se le ocurre alguna idea interesante para ser menos “plasticantes” dígalo a su familia o practíquela en su centro de trabajo. La cosa está muy fea. Mientras piensa le invitamos a que vea “El iluso“, el corto de Rodrigo Sorogoyen; va sobre contenedores amarillos y personas.

 




Quo vadis Groenlandia?

Eras uno de nuestros seguros de vida, al reflejar la mayor parte de la luz que te llega; nos procurabas una proporción de agua dulce y fría a la corriente global termohalina; retenías hielo y así evitabas la subida de los mares. Hoy te ves sumida en desastres anunciados, que nada bueno preludian, ni para ti ni para nosotros. Hasta hace poco, compensabas las pérdidas acuosas del verano con las nieves retenidas en invierno. Te admirábamos por tu capacidad de retener hasta 2-3 kilómetros de espesura de hielo, a la vez que temíamos que algo sucediera y te derritieses, pues podrías elevar unos 7 metros el agua de todos los mares del mundo.

Te miramos, también al conjunto del Ártico, y sentimos pena; en realidad tememos por nuestro futuro. Tememos a quienes te quieren comprar para desenterrar una parte de tus tesoros ocultos. Nos irritan aquellos que no sienten nada mientras te derrites a marchas forzadas, incluso en invierno. Los científicos están asustados con lo que te sucede. Nos cuesta creer a quienes aseguran que entre todos hemos firmado tu sentencia de muerte.Te diremos lo que sentimos cuando tus aguas lleguen a nuestras costas e inunden una parte de nuestras ciudades y pueblos.

¡Dinos que podemos hacer por ti!




Tome una buena dosis de ecología cada día

Todas las personas vivimos interconectadas con lo que nos rodea, seamos o no conscientes de ello, queramos o no; incluso los (in)crédulos negacionistas. Lo que cada cual, todos, hacemos y vivimos tiene mucho que ver con la ecología.

Esta palabra tiene muchas variantes léxicas: concepto y sentimiento, acción e interacción, compromisos y olvidos, urgencia y permanencia, etc.; también algún exabrupto. Bastantes, mucha gente y las marcas comerciales cada vez más, la utilizan como etiqueta: lo ecológico vende y mola; otros como una especie de mantra, para emocionarse ellos mismos o para enfrentarse a los demás.

Un sustantivo tan importante que, a poco que nos aproximemos a él, llega a ser un adjetivo, acabándolo simplemente en -ica o –ico. También alcanza su expresión coloquial en forma de ecologismo o ecologista, variables nuevas de una vida antigua. Estas dos últimas acepciones identifican a las personas que toman una buena dosis de ecología cada día y así reconfortan la vida propiay un poco la de las demás, también la del planeta y los seres vivos que con los que conviven. Si bien no faltan quienes utilizan los vocablos como insulto hacia los defensores o propagadores de la vida en armonía en/con la casa común.

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Turismo depredador con el medioambiente

Los espacios naturales se configuran a lo largo del tiempo a partir de interacciones entre energía, materia y biodiversidad. Sus ritmos estuvieron marcados durante milenios por la propia entropía; nada mandaba más ni menos en su libertad errante. Tampoco se daban obediencias para asegurar supervivencias: algunas triunfaron mientras que otras no. Así, entre sucesos y ciclos se ubicaron los ecosistemas en lugares concretos, no prefijados; en ello reside su grandeza. 

Entre ellos destaca sin duda, por su prestancia física, el complejo espacio pirenaico. Combinando geología con meteorología y biodiversidad se expresa ahora en valles y crestas, con sus aguas y vientos, que definen a la vez su accesibilidad. Hasta hace unas décadas, solamente en verano los ganados lo hacían suyo en sus partes más altas. Pero ahora late de otra forma. En pocos años, el Pirineo escondido salió a la luz, buscado como lugar de esparcimiento por cada vez más personas. Allí acuden para el disfrute físico y mental. Sin embargo, esta práctica provoca una masiva ocupación de enclaves singulares; en ocasiones dándose codazos, como diría el naturalista Eduardo Viñuales. No solo en la temporada de esquí se provocan las servidumbres en este territorio, frágil siempre. Ahora están proliferando prácticas deportivas variopintas. De todos son conocidas, y por muchos criticadas, las procesiones al Aneto, que emulan las del Everest. Allí coincide demasiada gente para derrotar al gigante pétreo y a la vez fortalecer su autoestima competitiva.

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El Mediterráneo hace de sima en donde se precipita la ética

Cunde entre la gente, los gobiernos son sus representantes y educadores, una práctica desconcertante: Los esfuerzos y compromisos que en otros tiempos estaban encaminados a cambiar el mundo son ahora empleados en proteger lo que tenemos, llámese bienestares o idiosincrasia. Incluso así, no estamos seguros de encontrarnos  a salvo de ciertas contingencias, por más que muchas sean difíciles de identificar.

Los flotadores provisionales que los barcos de Open Arms y Médicos sin Fronteras han procurado este mes de agosto a los náufragos mediterráneos en peligro de ahogarse nos obligan a posicionarnos. Más allá del sentimiento emocional, ya de por sí relevante, está el asunto de la acogida o no por parte de los países ribereños del Mediterráneo, que tuvo su momento álgido en 2015 cuando se tendieron endebles pasarelas entre Turquía y Grecia. Ante este drama, hay gente despreocupada, otra que piensa una cosa y dice otra, gente que conscientemente se manifiesta a favor de que España los acoja; no faltan difuminaciones de los representantes gubernativos y recriminaciones a las ONG cuyos barcos han rescatado a los náufragos. Cada una de estas posiciones tiene una parte opinable, otra más grave censurable desde el punto de vista ético, pues se ponen en juego los conceptos del bien y del mal que, en buena manera, dicen que sostienen la civilización democrática que lleva tantos años bañando el norte mediterráneo.

Duele que personajes como Salvini, o Trump, pretendan a(re)sumir la moralidad global, con la excusa de que quienes sufren en una barcaza o en un desierto están allí porque la redes mafiosas los han transportado. De vez en cuando, hay que sentarse a pensar cuál es la escala personal y social de valores, implicarse en diálogos razonados sobre estos temas respetando las opiniones y conductas ajenas, y formar un juicio moral. Incluso no estaría de más colocarse en alguna ocasión en el lugar de los otros.

No se trata de resolver para siempre un problema complejo con muchos intereses en interacción; de esta tarea deben hacerse cargo los Gobiernos y organismos internacionales, en lugar de dejar que la sima se agrande, por más que digan que las conversaciones para resolver este caso son frenéticas. Es necesario remediar puntualmente estos episodios de agosto –barcos llenos de gente rescatada de la muerte probable, hacinada en penosas condiciones, deambulando por el Mediterráneo o detenidos a escasos metros de un puerto en el que no dejan desembarcar, etc.- representan un esperpento de la condición humanitaria, un frenético estorbo para la convivencia.

Mucha gente no duda de la estrategia, no le supone ningún dilema el asunto: primero salvarlos y acogerlos, después dialogar para encaminar las cosas.




Me estoy quitando de pensar

Es como cuando se tiene un vicio, no hay forma de dejarlo, y casi siempre acaba produciendo daños o sufrimientos. El pensamiento lo mueve tanto el interior como lo que pasa por el mundo, a veces coinciden los dos ámbitos, para bien y para mal. Nos avisó, hace mucho tiempo, Antoine de Saint-Exupéry: El mundo entero se aparta cuando ve pasar a alguien que sabe adónde va. En esos momentos uno siente, no sé si piensa, que hay que dejarlo, ya sea poco a poco o de golpe.

No me sucede a mí únicamente. Se está extendiendo la tendencia, aunque tiene varias formas. Unos nos rebelamos contra el despiste ético que nos abruma y hemos de protegernos. Otros, ciudadanía y políticos españoles, deben estar dejando de pensar porque solo miran el mundo para sí mismos. A esos últimos, que simulan un esperpento malo de la realidad dura, los invitaría a pensar aquello que decía Quino de que “no es necesario decir todo lo que se piensa, lo que si es necesario es pensar todo lo que se dice”.

Me sabe mal no pensar en la gente que piensa en sobrevivir: toda la que sufre desigualdades, hambre, guerras, falta de trabajo, enfermedades, acosos y similares. Pero hay momentos de desánimo y he decidido dejar de pensar en estos meses veraniegos, a ver si con la vuelta global al trabajo y otros menesteres hay más gente con la que se puedan compartir pensamientos, plasmarlos en deseos renovadores y empezar a hacerlos realidad.

Aunque me resultará difícil olvidar Siria, África, Centroamérica, los migrantes multipresentes  o los trabajadores pobres en los países ricos. Dudo si no habrá una recaída.




A partir de hoy vivimos de rentas ambientales

Imaginemos que el mundo es una familia, difícil ya lo sabemos. La familia tiene sus ahorros. Son de todo tipo: económicos, sociales y ambientales. O sea, dineros, convivencia y recursos que toman forma de propiedades naturales. La experiencia les dice que han de vivir los 365 días del año con lo que generen en esos días. Últimamente no lo hacen, por lo que deben acudir a su hucha de recursos.  Esto les genera discusiones porque no todos los miembros de la familia ven la necesidad de ajustarse a los presupuestos de convivencia o económicos. Cada año adelantan la fecha del calendario en la que “se han comido” lo que entre todos y su entorno han podido generar, digamos también que lo que la Tierra pone a sus disposición pues ella también trabaja lo suyo y tenía su despensa más o menos llena. Lo que está claro es que su despensa va menguando.

Si el mundo fuese una familia, hoy 29 de julio habría acabado con lo que el sistema Tierra (aire, agua, suelo, biodiversidad, etc.) sería capaz de generar en 2019; en 2018 fue el 1 de agosto. Es lo que se llama “Eart Overshoot Day”, o si lo prefieren Día del Rebase de la Tierra, en una traducción libre pero contundente.  Luego a partir de ahora quitamos recursos no generados en el año. Estamos restando vida para el futuro.

Como todos los miembros de la familia global no son igual de derrochadores a la hora de vivir, algunos países acabaron con lo que la Tierra da hace muchos días. Anoten algunos. Los habitantes de la UE ya habíamos gastado lo nuestro el 10 de mayo, lo cual significa que necesitamos 2,8 Tierras cada año para vivir. Si quiere tener una información más detallada por países pinche aquí. Por cierto, ¿Sabía que usted, su ciudad y su país pueden retrasar la fecha? Infórmese.




Cuando un monte se quema deja una cicatriz en el alma

La naturaleza tiene sus ritmos, va y viene y sufre acelerones y contratiempos. Entre estos, los incendios son una parte de la vida cuando los provocan causas propias. Cuando llevan el rastro de la negligencia o intencionalidad humana lastiman el entramado de los ecosistemas y atentan contra las emociones colectivas. Sucede en todo el mundo, pero ahora ha ocurrido en donde uno nació, el territorio monegrino, una joya de la estepa mediterránea. Este ecosistema árido representa un escenario en donde seres vivos y personas viven en condiciones duras, pues la climatología los somete al calor tórrido en verano y al frío y las nieblas en invierno; todo en el contexto de la escasez de precipitaciones. Un lugar pleno de belleza, aunque no dominen los verdes exultantes, y resistencia. Ahora se ha quemado una parte. Una supuesta competición deportiva en “buggys” provocó que uno de estos cacharros ardiera y encendiera la mecha; la negligencia o el descuido portan siempre el apellido humano. Como también la lucha que desplegaron ante las llamas los habitantes del lugar, junto con las brigadas forestales, para evitar que el fuego se extendiera.

El monte no pertenece a nadie, solo a sí mismo y a sus pobladores vegetales y animales. Es de uso colectivo transitorio, respetando sus ritmos para que siga viviendo y nuestros descendientes puedan disfrutarlo. Cuando las condiciones meteorológicas del verano son extremas, altísimas temperaturas con escasa humedad y vientos, el horno está preparado. El incendio de la Sierra de Alcubierre cercó el Santuario de la Virgen de Magallón, nuestro icono afectivo; acabó con el intento de reverdecer sus alrededores que algunos acometimos hace 40 años. ¡Qué no habrá visto este edificio en sus más de seis siglos de existencia! Este enclave físico y sentimental queda aislado en un fondo negro, con una cicatriz en los afectos de mucha gente. Algo se nos ha muerto en el alma de los lugareños de Leciñena, Robres y Perdiguera.

Los bosques se seguirán quemando, en su errante devenir entrópico. En este caso, por fortuna, las llamas fueron controladas tras quemar 1200 hectáreas, justo delante de la principal masa boscosa de la Sierra de Alcubierre, imagen y reverso del transcurrir de milenios de vida. Su desaparición hubiera sido un irreversible golpe para el territorio monegrino y, por extensión, para la ciudad de Zaragoza. Por eso, urgen políticas activas de protección del monte y los bosques, impidiendo también que los urbanitas los empleen sin respeto para sus caprichos expansivos. 




Seguimos empapelando la vida; otra tarea inconclusa para conseguir los ODS

Hemos avanzado mucho en nuestros hábitos, ya sabemos que los contenedores azules están pidiendo a gritos nuestros papeles y cartones. Hacia ellos viajamos cada vez más. Sí más no todo funciona correctamente. Si bien hemos disminuido el papel de uso personal, escribimos e imprimimos menos y la prensa física está disminuyendo, resulta que consumimos más para embalajes, el cartón ondulado ha aumentado un 4,3%. Así pues, ahí tenemos nuestra tarea pendiente para situarnos más cerca de los ODS. En España registramos un incremento del 11,6% en papeles para envases y embalajes (bolsas, sacos, tubos, celulosa moldeada, etc.), tanto se va incrementando la cosa que al final casi consumimos medio millón de toneladas anuales; sí, medio millón. No debe extrañarnos que España sea el quinto consumidor de papel de la UE en volumen, tras Alemania, Italia, Francia y Reino Unido, posicionándose el consumo per cápita en 147,5 kilos, frente a los 146 kilos del año anterior. 

De todos estos datos, además de los beneficios industriales, se da cuenta en la memoria de Aspapel (la patronal del sector papelero). Échele un vistazo y piense si es su domicilio se sigue consumiendo mucho papel en sus distintas formas. Como seguramente recogerá todo en bolsas para llevarlo al contenedor azul, analice cuántas veces las vacía por semana y qué tipos de papel contienen exactamente. 

¡Quítese de encima ese empapelamiento!  Porque no sabemos qué hacer con tanto papel. Si bien el Gobierno y la asociación de recuperadores del papel tienen en proyecto nuevas ideas para considerar la fibra como una materia prima secundaria, y no un residuo. El asunto es importante.




El patrimonio natural soporta graves presiones, tremendas en verano

El informe anual (2017) sobre el estado del Patrimonio Natural y de la Biodiversidad en España contiene inventarios diversos: ecosistemas en general, fauna y flora, recursos genéticos, recursos naturales, espacios protegidos y/o de interés, etc. También habla de los impactos negativos  sobre dicho patrimonio. Contiene muchos datos curiosos junto con gráficos y figuras explicativos. Merece la pena echarle un vistazo, enterarse de los diferentes modelos de gestión de los espacios naturales.

En este asunto vital, por encima de datos estadísticos y similares, está la apropiación social, determinada por los usos de los diferentes territorios que componen ese patrimonio: algunos respetuosos, otros exclusivos y depredadores. Este espacio común solamente es propiedad de sí mismo, por más que lo llamemos patrimonio; lo tenemos en préstamo conservador nosotros y las futuras generaciones. El verano es la estación en donde especies y territorios se sienten más vulnerables; unas y otros tienen miedo, por eso claman por regulaciones más severas frente al turismo avasallador.

Por si esto fuera poco, por ahí anda el cambio climático, con veranos abrasadores y largos. Así, crecen y crecen las hectáreas que se transforman en desiertos. Hay quien asegura que estos pueden llegar a alcanzar al 80% del territorio; con las consiguientes afecciones a las especies y desplazamientos de las personas. No entonemos el réquiem por el patrimonio.

¡Queda dicho!




La canícula volverá una y otra vez; la hemos provocado a propósito

El escritor y periodista Ramón Gómez de la Serna tuvo la ocurrencia de decir que el ventilador afeita al calor. Seguro que ahora disfrutaría, o no, viendo a los europeos agobiados con calores termométricos inauditos que llevan consigo un sinfín de contratiempos.

La canícula de este año no ha respetado el calendario. Antiguamente la temperatura extrema coincidía en el Hemisferio Norte cuando Sirio (estrella brillante de la constelación de Can Mayor, de ahí viene lo de canícula) salía y se ponía a la vez que el Sol, más o menos entre el 22 de julio y el 23 de agosto. Pero los tiempos mudan una barbaridad; alguien asegura que nosotros contribuimos, y mucho a que cambien tanto, sin ritmos comprensibles y un mínimo de estabilidad. Hace unos días las tormentas sacudían media España.

A finales de junio se han batido récords de temperatura por media España. Seguro que el reciente tostadero no nos asombra; oímos una y otra vez a los científicos asegurar que los últimos veranos han sido los más cálidos desde que los romanos dominaban lo que sería Europa, que los últimos 30 años presentan un calentamiento sin precedentes. Repasen la agenda y recuerden los calores vividos en España en 2003, 2010 y 2015.

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