Los eructos de las vacas aceleran el cambio climático; pero, ¿a quién sirven las vacas?

Coincidiendo con el Día sin carne.

De Ecoescuela abierta en El Diario de la Educación.

Los animales domésticos ocupan un lugar importante en nuestras lecturas. Los encontramos tanto en los primeros cuentos infantiles como en los libros empleados en los primeros cursos de primaria. Además, disfrutan de una atención continuada en nuestras vidas. Nos acompañan, nos dan cariño y también muchos servicios.

Con el tiempo, la ganadería se industrializó. Podíamos estudiar si eso está bien o mal desde el punto de vista de los derechos de los animales –asunto importante para debatir–, pero en este caso vamos a hacerlo desde la vertiente contaminante de las granjas intensivas. Utilizan mucha agua, necesitan una enorme cantidad de materias primas para la alimentación y producen muchos residuos sólidos, líquidos y gaseosos.

Hemos de decir, en primer lugar, que la culpa de estas enormes emisiones no la tienen los animales, que se limitan a vivir, sino aquellos que los crían y aprovechan. Por supuesto que las emisiones no son solo de las vacas –en particular sus eructos–, como dice el titular del artículo. A esos seres tan simpáticos que salen en muchos cuentos, que además nos dan leche, se añaden los pedos de otros muchos animales como caballos, ovejas y cerdos (estos últimos son hoy día la mayor fuente de carne del mundo a pesar de su prohibición en algunas religiones), son básicamente los que están acelerando de forma significativa el cambio climático

Nuestro gran consumo de carne ha disparado la ganadería industrial y con ella diferentes problemas que podemos debatir en clase: gases de efecto invernadero, derechos de los animales, utilización de antibióticos de manera masiva y preventiva… 

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Apoyo activo a la juvenil ansia reclimatizadora del 15 de marzo, para que la euforia se consolide en forma de cambios

Congratula ver a los jóvenes reclamar sus derechos de vida, mancillados durante tanto tiempo por los intereses económicos y políticos. La euforia que pueda surgir a partir de ahora no es un bálsamo reparador, sino que debe empujarlos a la insistente y continuada acción; en primer lugar hacia la búsqueda de más cómplices jóvenes. Han de evitar que los actos del día 15 actúen de placebo y enmascaren el largo camino que queda por recorrer. Esto complacería a empresas y gobiernos, que solo entienden el desarrollo acumulativo y confían en que el tiempo atempere la rebelión juvenil, por eso tratarán de despistarlos. 

Paso a paso, con contundencia y perseverancia, tendrán un futuro mejor, menos incógnito y contaminado del que ahora se adivina. Pero aunque ellos y ellas deben ser los protagonistas, necesitan nuestro comprometido apoyo para que aumente la sensibilidad vital en los rebeldes y en quienes pasaron del tema el 15 de marzo, esa rebelión ideológica y comprometida que ayude a superar las claves tan vacías que sustentan a la sociedad consumista y apócrifa en la que vivimos. Es necesario para que la ingenuidad o la mansedumbre no los confunda. Con ellos, los adultos podemos renovar nuestra rebeldía y capacidad de acción, que hace demasiado tiempo que nos pasan desapercibidas. Nos hace falta asediar con argumentos a quienes tienen el poder, pues el tiempo de respuesta se acorta cada vez más.

¡Gracias por estar ahí y suerte!




Previsiones alarmantes para una Tierra inhóspita. Hacerlas o no realidad compete a todos

El Pulso al Planeta es un documental que plantea de forma sencilla lo que podría ser futuro por habernos olvidado del presente, elaborado por el Canal tiempo de Univisión. Busca las causas y los efectos del calentamiento global, en particular con episodios críticos en las zonas costeras. Aunque mañana mismo se parase el atropello climático, la cuestión ya no tiene retorno. Las aguas oceánicas aumentarán y perderán una buena parte de su función como pulmón de la Tierra, y se irán acidificando, con todo lo que esto implica. La carrera contra el tiempo nos aleja de la meta; las vallas del pesimismo se elevan varios centímetros cada poco tiempo. ¿Cuándo reaccionaremos? Los gobiernos siguen dormidos, a pesar de la insistencia de los científicos y de las ONG ambientalistas. Los jóvenes se concentran hoy contra los efectos del cambio climático. Échenle una mirada al documental divulgativo, comprensible, y llévenlo a las aulas si tienen competencias educativas. Pero no le dediquen un día solo.

Por cierto, ¿qué opinan del invierno primaveral, extremadamente seco, que estamos viviendo en la Península Ibérica? ¿Tendrá algo que ver con el pulso al planeta que por ahora le van ganando quienes lo deterioran? 

Piensen en el pulso al deterioro planetario que emiten hoy los jóvenes. ¿Lo escucharán los gobiernos, empresas y la sociedad entera? ¿Hasta dónde están dispuestos ellos mismos a cambiar sus estilos de vida? Detrás de las palabras deben ir los hechos; el tiempo apremia. 




La enriquecedora biodiversidad se esfuma ante la presión antrópica y la dejadez universal

Suele decirse que la biodiversidad es una garantía de futuro para la alimentación humana. Supongamos que tal o cual catástrofe acaban con una serie de especies vegetales que están en el origen de cadenas alimentarias básicas. Mal asunto cuando la población mundial no hace más que crecer. A los naturalistas, ecologistas y gente que piensan en general en una entropía global llevadera, les preocupa también solamente por el hecho de que biodiversidad significa ética global, disfrute compartido y respeto a todos los seres vivos. Volvamos al primer supuesto. El informe que acaba de presentar la FAO El estado de la biodiversidad para la alimentación y la agricultura en el mundo”. Alerta sobre el riesgo que supone que solo 200 plantas de las 6000 cultivadas para producir alimentos aportan bastante a la producción alimentaria mundial; de hecho 9 representan el 66 por ciento del total de la producción agrícola. Además, solo unas 40 especies ganaderas proporcionan la mayor parte de la carne, leche y huevos; o que casi un tercio de las poblaciones de peces están sobreexplotadas y más de la mitad han alcanzado su límite de explotación sostenible.

Copiamos textualmente “Menos biodiversidad significa que las plantas y los animales sean más vulnerables a plagas y enfermedades. La pérdida creciente de biodiversidad para la alimentación y la agricultura, agravada por nuestra dependencia de cada vez menos especies para alimentarnos, está llevando nuestra ya frágil seguridad alimentaria al borde del colapso”. Semejante entropía provocará convulsiones en el resto de la biodiversidad. Atentos.
Lean el artículo de The Guardian. Recoge el asunto de forma sencilla y a la vez contundente.




Ha comenzado la rebelión reclimatizadora de los jóvenes. El 15 de marzo tendrá el impulso definitivo

De Ecoescuela abierta en El Diario de la Educación.

Por una vez se escucha el quejido de una parte de los sectores “invisibilizados”: aquellos adolescentes y jóvenes que se verán muy afectados por el cambio climático. Demandan al sistema político-económico que empiece a limpiar el desastre en el que nos han metido. La sociedad ha pasado mucho tiempo ajena al medioambiente global. Por eso, las marchas o concentraciones de jóvenes que tendrán lugar el 15 de marzo de 2019 contra la inacción climática de los políticos de todo el mundo –recordemos aquí la denuncia de 21 adolescentes estadounidenses contra el presidente Trump o la iniciativa de los jóvenes colombianos contra la deforestación–, nos refrescan. Las queremos ver como una alegoría del futuro. Ese mundo imaginado y demandado por ellos llegará o no pronto, adornado de esperanza o teñido de incógnitas climáticas; de una forma u otra se verán afectados. Por eso, los escolares que desde hace varios viernes se manifiestan, tienen prisa por cambiar las políticas gubernativas y económicas, principales causantes del incremento de las emisiones de GEI (Gases de Efecto Invernadero) y sus efectos colaterales.

Las redes sociales habrán acercado a los jóvenes de su centro educativo la propuesta de celebrar el “Fridaysforfuture”. La huelga de esos “viernes por el futuro” –que tanta carga alegórica encierran– recorrerá grandes capitales de Europa al menos. Esta protesta no puede ser vista como una simple maniobra de relajación escolar. Quienes no la aprueben, al menos, que observen y se pregunten qué querrán decir los chicos y chicas con esos posicionamientos críticos, apoyados desde fuera de la escuela, como ha sucedido en España por medio centenar de académicos e investigadores. 

Cada día que permanezcamos impasibles, aumentarán los riesgos para los niños y jóvenes en el presente y en el futuro. ¿Acaso no merece la pena intentar (re)climatizar el cambio climático?

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Escuchar el latido del corazón de la naturaleza para sentir la sociedad en su conjunto

El metabolismo de la biosfera terrestre se parece a un corazón que late, cual si fuera un organismo, que lo es pero en este caso extremadamente complejo. Entren en World Mapper y verán un cartograma animado de la NASA elaborado con las informaciones de satélites que detectan la Producción primaria bruta (GPP) acumulativa de la biosfera en tierra. Esta productividad, diferente según zonas y países, es el combustible para la vida de la naturaleza. Nos da una idea de cómo todos los organismos de la biosfera están utilizando la energía del sol, en particular las plantas, esas plantas productoras de biomasa que encaminan las cadenas tróficas y nuestra malla alimenticia.

No se pierdan el resto de los mapas, buceen en ellos y pasarán un rato entretenido. De paso aprenderán muchas cosas; alguna les puede cambiar su forma de afrontar pasajes de su vida diaria.

P.D.: No olvide que hoy es 8 de marzo. Reflexione sobre lo que significa para usted y aquello que hace para verlo representado en la vida colectiva, sobre todo en femenino.




Revoltijo conceptual para mantenernos ocupados: libertad, utilidad, virtud, dinero, tiempo y necesidad

Si la libertad fuese lo primero cabría contrastarla con la virtud que vendría empujando en forma de necesidad. Si esa imprescindible virtud dominase sobre el resto de atributos sociales se haría visible en forma de meditados dinero y tiempo; así se podría poseer y usar ambos con libertad, y hacer de su uso una virtud. Pero ante todo, o sobre todo, habrá que ver la utilidad de la libertad, la virtud, del tiempo y de la necesidad del dinero en el mundo vivido y virtual de 2019. Todas estas hipótesis están escritas sin fundamento, ¿o con él?, para que las hablen en familia, con sus amistades o, incluso, para que engrasen sus pensamientos. Si es posible expliciten estos por escrito, aunque sea para uso personal. A veces la mano no sigue bien al cerebro y se trompica, o lo hacía ese al pensar. ¡Quién sabe! Manténganse ocupados en desentrañar las interacciones de esas ideas/ conceptos, tanto en el escenario personal como en el colectivo.

Me lo sugirió Michael J. Sandel.




Menores migrantes en tránsito permanente: otra lamentable desidia social

UNICEF denuncia con fuerza, otras muchas ONG también, la lamentable gestión política de un asunto que podría ser de grandeza ética y es de vergüenza colectiva:  la “acogida” de unos 13.000 niños y jóvenes migrantes sin familia. Según Acnur unos 13.000 son los menas que transitan por España en silencio social cómplice. Envueltos en mil inseguridades, esperan un plan Estado-CCAA que los atienda, una política integral y coordinada de todos los niveles de gobierno. Unicef denuncia que desde que traspasan la frontera  por el sur (Ceuta, Melilla o Andalucía) “prácticamente no cuentan con asistencia jurídica gratuita ni representación letrada en los procesos en los que sus derechos están en juego”. Además, se producen “demoras injustificadas” en los procedimientos de tutela y en la gestión de los permisos de residencia. Y cuando cumplen los 18 años empieza lo peor.

Atentos: el problema acaba de empezar, a no ser que haya mucha voluntad política, que en periodo electoral no se la espera. Aunque palabras sí que puede que escuchemos alguna, incluso más de una éticamente perniciosa. 




Verdades calenturientas: los gobiernos deambulan hacia los 3 ºC de calentamiento global

La sociedad, ente anónimo cuando se trata de poner remedio a males globales, de vez en cuando escucha. Una parte de ella está asustada por las previsiones de Climate Action Tracker (CAT) de diciembre del año pasado; otra parece desdeñarlas. Incluso los gobiernos de muchos países siguen anclados en políticas contra el cambio climático obsoletas o poco exigentes; hay que comprometerse con acciones urgentes e importantes pues las componendas ya no sirven. El CAT publica el ranking de países incumplidores de los acuerdos de París. Pronostica que de seguir así la temperatura global se habrá incrementado 3 ºC en 2100. Detecta movimientos reales en la buena dirección, limitados, pero en general detecta generalizados incumplimientos.  Muévase por su página, analice los gráficos que aporta (brechas en 2030 y proyecciones para 2100) y valore si los gobiernos deben hacer más, mucho más, para limitar los efectos del calentamiento global. Coméntelo con sus amistades y en su familia; dígales que hasta la Antártida nos lo dice y llora de desesperación pues se derrite a un ritmo trepidante y nos avisa de que pronto estarán sus recalentadas aguas cerca de nosotros. Piensen en algo para obligar a sus gobiernos a ser más diligentes y evitar el fraude ético en el que están metidos.




Los españoles muy preocupados por el medioambiente; sí, pero…

Decía uno de los últimos barómetros del Centro de Estudios Sociológicos de España (CIS), el de noviembre pasado, que, a propósito del cambio climático, el 83,4 % de los españoles son conscientes de que existe y que el 94,4 % lo relacionan mucho o bastante con la actividad humana. Seis de cada diez opinaban que no podemos dar marcha atrás y detenerlo; preocupante asunto para la acción colectiva. Personalmente, se manifestaban por realizar algunas acciones para limitarlo; directas unas, tangenciales otras y muy alejadas algunas.  Sobresalían el reciclado de productos, el control del consumo de energía en la vivienda y de agua, la utilización de transportes alternativos, la reutilización de productos de consumo cotidiano como ropa, la instalación de placas solares en su vivienda y unas cuantas cosas más de las que pueden enterarse aquí, pág. 6 y siguientes. Sorprende que solamente el 0,4 % asigne a la promoción de la cultura ecológica aquello que debe cambiar en su vida cotidiana, y por extensión en la colectiva.

El 88 % manifestaba que los partidos políticos prestan escasa o nula atención al tema. A este respecto, el 81 % opinaban que debería ser bastante o mucha. Sin embargo, solo el 32 % decían que la problemática ambiental o ecologista influye a la hora de darles su voto. Entonces, ¿dónde estamos y hacia qué destino nos dirigimos? Háganse la pregunta y coméntenlo con la gente que conocen, para cotejar si los datos del CIS pueden ser ciertos o no.

Aquí tienen la versión de lo dicho en términos más periodísticos.




El prodigioso vidrio tiene muchas vidas si la gente colabora. ¿Cómo lo hace usted?

De Ecoescuela abierta en El Diario de la Educación.

Seguro que en algún momento nos han atraído las botellas de vidrio, más ahora que las fabrican de tantas formas y colores. Como muchos de los antiguos adelantos, su historia es apasionante desde que aparecieron en Egipto o Mesopotamia hace unos 3.000 años. A partir de ahí llegó la revolución, primero se emplearon para guardar cosmética; después los antiguos romanos adoptaron esas vasijas para servir sus vinos en la mesa de los ricos. Quizás estas dos funciones (ser contenedores de perfumes y vino), además de su transparencia, estuvieron en el origen de la alta consideración que las botellas de vidrio han tenido siempre. 

Pocos dudan hoy que la sociedad tiene que volverse ecologista, a la vez realista, y no puede malgastar materias primas ni energía. Recoger el vidrio para darle una segunda vida, y muchos más usos, supone la no emisión de millones de toneladas de gases de efecto invernadero y se evita la extracción de millones de toneladas de materias primas. El vidrio de ida y vuelta emite destellos de una sociedad coherente, en forma de botellas y envases de distintos tipos y colores, que parece que están diciéndonos: úsame de nuevo o llévame al contenedor verde. Semejante logro daría sentido a lo que en nuestra sociedad es una tarea pendiente: la economía circular, de la que hay gente que “no ha oído hablar”. Hay que educar a los ciudadanos en este nuevo modelo de producción y vida.

De esto se debe hablar en las escuelas, al alumnado de cualquier edad. Uno de los temas del desarrollo curricular de muchos cursos trata de los materiales en la vida diaria. Por cierto, no estaría de más conocer qué materias primas y cantidad de energía se emplean para fabricar inicialmente el vidrio –junto con las emisiones que conlleva–, y cuáles si se hace mediante el reciclado de los frascos y botellas triturados.

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La semana contra la pobreza energética se alarga para algunos a todos el año

La pobreza energética acecha a muchas familias. El alto coste económico de disponer de una energía que garantice al derecho humano que es vivir impide a bastante gente lleva una vida digna. En esta semana de “La pobreza energética” interesa conocer la realidad española, también la europea y la del mundo en donde hay muchas personas en semejante situación. Debemos ser conscientes del problema, saber lo que se está haciendo por disminuirlo, por si queremos apuntarnos a semejante reto. Visite esta página de la Asociación de Ciencias Ambientales y se enterará por qué se eligió esta semana; mi padre hablaba cada vez que las temperaturas eran muy bajas durante días seguidos del duro febrero de 1956 en Los Monegros aragoneses, que no fue tan horrible como en 1891 pero casi. No deje de visitar Ecodes para saber mucho de lo que supone y se hace en este cometido, tampoco estaría de más que leyese algunos artículos de la página especial de El País. Hemos de conseguir entre todos que no haya ningún hogar sin energía, el chispazo ético que no ayudará a acometer más proyectos colectivos. Por cierto, ¿ha hecho cuentas de cuánto gasta en energía eléctrica o para la calefacción un año entero en su casa? Divídalo por semanas o días. ¿Qué le parece?




Episodios meteorológicos extremos, recurrentes; ¿La evidencia del cambio climático?

Recuerden los finales de enero y principios de febrero, cuando las televisiones nos traían imágenes de temperaturas invernales extremas en EE.UU. y Canadá -un vórtice polar que dicen no tiene relación con el cambio climático-, o nos hablaban de los elevados calores veraniegos de Australia. La diferencia de temperaturas entre algún lugar de un país y otro puedo estar en el mismo día en 100 ºC. Vale, pensemos que ha sido una casualidad -nos da pie a tonterías como la que expresó esos días Donald Trump-, pero los científicos aseguran, ya no solo opinan, que esta polarización meteorológica/climática irá en aumento. ¿Recuerdan The day after tomorrow (El día de mañana)? Claro que las cosas no suceden igual por todo el mundo, que hay regiones más “tranquilas” que otras. En casi todas hay un creciente número de periodos anormalmente cálidos al comienzo de la primavera, con los consiguientes efectos en el ciclo biológico de las plantas que no utilizan el fotoperiodo para regular sus floraciones, con los despistes vitales del resto de las criaturas. ¡Qué decir de los efectos en las personas! The Lancet publicó que en 2017 había acontecido más de 712 fenómenos climáticos extremos, que costaron, entre otras cosas, unos 285.000 millones de euros. Imaginen lo que sufrirían las personas y el resto de los seres vivos. ¿Estamos dispuestos a que siga el carrusel? Pues eso.




La escuela olvida a menudo el escenario habitado, que es muy diferente de lo que se estudia en ella

La enseñanza reglada habla poco del mundo cercano que nos rodea, o al menos no logra interconectar lo cotidiano y lo escolar. Así es difícil la motivación continuada, encontrar sentido a lo que se aprende. Lo que interesa al alumnado a menudo no coincide con lo que cada materia necesitaría para ser bien aprendida como tal. Cada persona construye muchos aprendizajes, de forma particular, en la vida, y sin embargo la escuela es muchas veces despersonalizada; todo el alumnado de un curso concreto debe aprender de manera similar y con parecidos argumentos lo que dicen los currículos y llegar juntos a la meta. ¡Hay que encontrar sentido a lo que obligamos a aprender en la escuela! Hay que buscar qué parte de lo que se enseña es trascendente, para las diversas materias y para el alumnado de una determinada edad que las disfruta o soporta. No todo lo que es conveniente saber se aprende en la escuela, no solo se aprende en la escuela; por eso hay que lanzar una mirada hacia los contenidos del escenario cotidiano.

CODA: Un par de preguntas para sincerarse, pertenezcan o no al ámbito profesional de la educación: ¿Cuándo iban a la escuela dudaban alguna vez de si les servían o no los contenidos que les obligaban a aprender? ¿Cuánto tardaron en olvidar una buena parte? Pues eso; los conocimientos son una construcción personal motivada. ¡Nuevos currículos ya!, pero dejando una parte importante a la opcionalidad.




Antártida en deshielo acelerado; presagio de problemas globales

De Ecoescuela abierta en El Diario de la Educación.

La Antártida apenas tiene cabida ni en la vida ni en la escuela, tanto que mucha gente duda si es un continente o no. Está tan lejos y es tan desconocida que solo sabemos de ella por fotos, y porque hace más de 100 años Scott y Amudsen se lanzaron a recorrerla. Pero tiene una importancia trascendental en el presente y en el futuro. El también llamado desierto helado –por la escasez de precipitaciones básicamente– resulta ahora un poco más cercano porque cada año lo visitan varias expediciones científicas en los meses de enero y febrero; allí es verano como en el mayor parte de América del Sur; cuesta explicar esto en clase pues los argumentos científicos chocan con las ideas desordenadas que el alumnado -la gente normal también- utiliza para interpretar la esfericidad de la Tierra y sus movimientos elípticos. Quienes están allí ahora, algunos compañeros de quien esto escribe, científicos de la UAM, rastrean marcas que sirvan para entender el pasado, que saben que está conectado con el futuro, pues conocen que el hielo acumulado atrapó restos, semillas, granos de polen, etc., a lo largo de tiempos remotos. También se asombran de la pérdida de una buena parte de su hielo.

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