La vida en las megalópolis deja de ser vida para mucha gente; y su futuro viene lleno de incógnitas

Ya resulta difícil para los pobres vivir en una ciudad grande, incluso en el mundo rico. Imaginen lo que será hacerlo en las megalópolis como Kinshasa, Lagos o Nueva Delhi. Pero es que la perspectiva dice que estas, y otras ciudades del mundo menos favorecido, van a crecer hasta superar los límites de convivencia y gobernabilidad –en muchos casos ya lo han hecho- de aquí a 2050. No se pierdan el artículo de La Vanguardia. Cuenta las previsiones, muestra mapas por países (Nigeria, Congo, India) que convierten a estos en una incógnita de futuro. Pues uno se sigue preguntando qué ventajas o inconvenientes tiene vivir tanta gente junta: protección, acceso al trabajo, la salud y la vivienda, o acaso problemas de convivencia, desigualdades y marginalidad. ¡Qué difícil es ordenar las relaciones sociales para que la mayoría de la gente viva mejor!

Si quieren saber muchos más, si trabajan en la enseñanza y quieren trabajarlo en sus clases, no pueden perderse World Urbanization Prospects 2018, la web de la ONU donde se ve retratada la población mundial,  su presente y su futuro, con datos actualizados por países.




Hay un diálogo entre medioambiente y sociedad expresado en la pintura

De Ecoescuela abierta en El Diario de la Educación. 

El medio ambiente ha condicionado el devenir de las civilizaciones y estas, a su vez, lo han marcado desde siempre y, sobre todo ahora, tienen un impacto importante en cómo es o puede ser. El reconocimiento de cómo ha podido desarrollarse la interacción sociedad-territorio cabe hacerlo mediante estudios científicos o también de la mano del arte, más bien de una serie de pinturas que muestran una parte de los ritmos de la sociedad junto con la naturaleza. 

Los frescos murales del Panteón Real de la Colegiata de San Isidoro de León que representan el calendario agrícola sugieren que el medio dominaba la vida social, marcaba los ritmos; sin duda, la agricultura y la ganadería empezarían a hacer mella en los primitivos bosques. Unos siglos más tarde, Pieter Brueghel mostraba con sus cuadros que la vida había adquirido algo de dominio social, sus escenas del quehacer cotidiano resultan ilustrativas. Por aquellos tiempos, el pintor italiano Giuseppe Archimboldo creó cabezas fantásticas compuestas con los vegetales de cada estación, también las hizo con animales. 

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Treinta años ya del Protocolo de Montreal, un acuerdo básico para la vida

En ocasiones triunfa el sentido común, incluso en las relaciones entre países, y se conciertan iniciativas globales para proteger a la gente y a la compleja biosfera en la que esta vive. El Protocolo de Montreal -negociado largo tiempo antes tuvo su antecedente en el Convenio de Viena para la Protección de la capa de ozono y fue firmado en 1987- entraba en vigor del 1 de enero de 1989, al ser ratificado por los países necesarios. Supuso un hito en las relaciones internacionales, un ejemplo que podría haberse seguido en otras muchas problemáticas ambientales y sociales, una lección para la lucha contra el cambio climático. Después se han hecho correcciones que han mejorado estrategias y compromisos. La realidad es que se ha salvado la capa de ozono, tan importante para nuestra vida. De la destrucción de la capa de ozono ahora casi nadie habla, pero hace cuarenta años las perspectivas eran muy sombrías. Si no las recuerda, si quiere saber más, aquí tiene dónde mirar.




Acabar con la pobreza severa infantil parece un objetivo del Gobierno de España

De ser cierto supondría un salto importante. Primero hay que ser consciente del problema, después creer en que tiene remedio si existe una verdadera implicación, a continuación organizar políticas que activen los derechos de la infancia -sea un proyecto de Estado como propone UNICEF– y saquen de la pobreza severa a cada vez más niñas y niños –un 7,5 % se encuentran en esta situación, un 28,3 % en pobreza moderada, según la Encuesta de Condiciones de Vida del INE-. Si la mejora llega a ser realidad o no, el tiempo dirá. Por ahora debemos considerar como muy positivo que un Gobierno de España -se nota ya la acción del Alto Comisionado para la Pobreza Infantil-, por fin tras tantos años de inacción y de aumento de las desigualdades entre los niños hijos de los ricos y los de las familias más vulnerables, ponga la mirada y recursos en la infancia, quiera sacar de la pobreza severa a más de 82.000. Pero alguien que mira el dinero presupuestado ya avisa de que se quedará muy corto. Estaremos atentos para ver si es posible y quién o quiénes se lo impiden.




“The Ecologist” se asoma al mundo despoblado para rescatar sus pequeños detalles

Hay publicaciones que se dedican a ponernos delante los detalles que dan argumento a la vida; The Ecologist es una de esas. En este caso aborda la despoblación y explora caminos para salir de ella. ¿valdrán para el caso de España? A lo largo de los años nos presenta argumentos para cuestionar la vida atropellada en la que nos hemos (han) metido, sin saber realmente hacia dónde vamos (nos llevan). Merece la pena leer de vez en cuando  (cada día más) palabras críticas, pensamientos razonados, denuncias de atropellos, etc., para entender que la visión del mundo no solo admite miradas forzadas, que es mejor el pensamiento lento y compartido para retomar algo sencillo que nos permita vivir mejor en conjunto y retomar una parte de la satisfacción personal; quizás un poco de la vida más sana que está por llegar si todos nos empeñamos.

Por cierto, ¿qué opinan del anuncio que vende un pueblo abandonado? Mejor lean el artículo completo. Tiene miga.




La contaminación del aire cabalga sin rumbo en las conversaciones de la gente, a la vez que daña la salud y tiene autoría

Quién contamina el aire es corresponsable de la pérdida de salud y las vidas de mucha gente; lo sabe hasta el más ignorante voluntario. Sin embargo, gobiernos y ciudadanos vivimos en el elixir de la nula conciencia, o de la vagancia ignorante y egoísta. El caso de Nueva Delhi es paradigmático pues la contaminación de partículas tóxicas en el aire es unas 35 veces las recomendadas. En esta ciudad vive gente: más de 20 millones. Pero el aire mortífero lo padecen también 14 ciudades de la India, que figuran entre las más contaminadas del mundo y en las que viven otros 20 millones de personas. 

No vayamos tan lejos y miremos a Oviedo, Gijón o Avilés , o las restricciones por las mismas causas en otras muchas grandes ciudades. Anímense a leer lo que sucede en Madrid. Por lo que se ve es más sencillo invertir en gastos sanitarios y vidas que en limitar la contaminación. ¿Qué pensaría de nosotros Sócrates, que se preguntaba hacia dónde iba la sociedad de su tiempo? O simplemente Mafalda, que también le daba mucho al coco ante la insensatez del mundo mundial. Ambos encontrarían la autoría de semejantes estupideces colectivas.

Por cierto, ¿respira la vida?




Historias de futuro, deseadas para una sociedad compleja

Dicen que en la vida corriente, ahora mismo, aquí cerca o más lejos, hay mucha historia. En unos casos su presencia se escribe con mayúscula, cuando se habla de monumentos, gestas o personas célebres, símbolos o banderas, venerados todos para engrandecer la patria. Aseguran que es una forma de reafirmar las raíces de la gente en el territorio. Sin embargo, la historia es en buena parte la realidad posible, mucho más próxima y con minúscula; está formada por retazos de las personas. Estas van dejando una serie de deseos y afectividades en su círculo social, en las cosas y en el territorio.

Las historias del pasado son utilizadas para imaginar futuros y atraer a la gente. Lo comprobarán si leen los periódicos o escuchan la radio. Asómense a los medios nacionales o internacionales. No tardarán en comprobar que se utiliza lo glorioso que se fue –ahora en forma de nacionalismos fronterizos y de verdades inventadas– y lo que se posee en el presente para construir lo que se quiere ser, por más que mucha gente quede al margen.Hay que asegurar historias de futuro multidiversas entre todos.

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“Mi vecino Totoro” recuerda, después de 30 años, el valor del medio natural y la vida tranquila

No lo vamos a explicar mejor que el artículo de Francesc Miró en eldiario.es. Acérquese al cine a ver la película cuyo argumento sigue vivo después de 30 años. Algunos la tacharán de sensiblera pero otros la consideramos un canto a la naturaleza, al valor de la amistad y al poder de las relaciones familiares. Y, ¡por qué no?, a creer en el mundo mágico de los duendes y deseos. Vayan a verla y comenten en familia lo que dice sin utilizar sobresaltos, y debatan si no haríamos bien en retomar la vida tranquila. Si quiere saber más entre en Generación Ghibli.




Microplástico llegó en 2018 a ser una estrella de la lengua española; ojalá sea para bien

La lengua española se enriquece por el uso que se da a nuevas palabras, por más que algunas de estas delaten lo alejados que estamos de ser coherentes en nuestra vida individual y colectiva. Cuando la Fundéu elegía las 12 que iban a competir por ser la palabra del año 2018, se encontró con nuevos formatos de hablar en lo social (mena o menores no acompañados, los nadie, micromachismo, dataísmo, nacionalpopulismo, etc.) y en el medioambiente (ecocidio, alargascencia, ecoimpostura  o ecopostureo, esmog, Hora del Planeta). Todas ellas cargadas de sentido y trascendencia. Al final la elegida ha sido microplástico, que designa a aquellos fabricados de forma diminuta –presentes en muchos productos- o a los trozos degradados de otros más grandes. La palabra está ya en nuestra vida, como en todo el medioambiente. ¿Por qué no hablar del asunto y de paso restarle protagonismo actuando para reducir al máximo los perjuicios que ya nos causa? Por cierto, los microplásticos nos pertenecen, los hemos generado nosotros; ¿Misión nuestra será recogerlos? Digo.

Cómo no vamos a insistir si hasta la sal está plastificada. Acabo de darle acomodo en el procesador de textos, para que no me dé error de escritura, a pesar de que la RAE no lo tenga en su diccionario. Pero claro, así deja de recordarme la necesidad de hacer un uso más razonable de los plásticos y esos otros productos que contienen los “micro”. Mejor lo dejo. Por cierto, varios países ya los han prohibido en los cosméticos.




Descarbonizar, se hizo célebre en 2018 por necesidad

Era una de las palabras nominadas a la celebridad por la Fundeu en este 2018 que acaba hoy. Mañana empieza la maniobra para cerrar las explotaciones de carbón, combustible que tiene una parte de la culpa de la notoriedad de la palabra. El cierre de las minas provoca un desastre de empleo y vida en algunas poblaciones. Los administradores de lo público lo sabían y poco o nada han hecho; habrá que actuar con premura para devolver la esperanza a la gente de esos territorios, que la hay fuera del carbón.

Pero descarbonizar puede ser tan famosa o más en el año que mañana comienza; queda pendiente una  transición energética que reduzca los combustibles fósiles en la movilidad, que fomente las energías renovables y vaya elininando de nuestras vidas la dependencia de las fósiles. Un consejo: celebre la entrada del año nuevo con el propósito de descarbonizarse a partir del 1 de enero, para acabarlo con un futuro menos negro. Su salud se lo agradecerá.




El bono social para aminorar la pobreza energética aun espera resolver laberintos

La crisis, junto con unas regulaciones comerciales abusivas de la energía que han llevado a un encarecimiento de la electricidad de un 70 % en los últimos 10 años según Facua, llevó a mucha gente a la pobreza energética, más visible en invierno pero patente todo el año. Alrededor de 4,5 millones de personas (un 10 % de la población la padecen en España); entre 50 y 125 millones en la UE, las cifras bailan por los baremos de concreción. Para limitar esta tragedia, diversas ONG impulsaron medidas paliativas y consiguieron del Gobiernos y de las eléctricas pactos en esa dirección, que se concretaron en el bono social, del que ya disponen más de un millón de hogares. Pero ahora acaba el plazo para renovarlo y adaptarlo a las nuevas normas y el asunto no debe ser muy sencillo o hay muchos despistados. De todas formas, hay que preguntarse si algo no marcha bien en esta sociedad consumista cuando tantas personas no pueden consumir la energía necesaria para tener un hogar confortable en invierno; circunstancia que se produce incluso en hogares en donde algún miembro trabaja. Vienen los fríos y mucha gente en pobreza energética carece de bono social




Axioma naciente para compartir universalmente: los residuos no son basura

Por más que durante estas fechas navideñas falle con estrépito el axioma, créanlo de una vez: los residuos no son basura. En este asunto hay una clave previa: producir menos residuos ayuda a la gente a valorarlo y no falta quien deja de asimilarlos con basura; también puede generar menos en Navidad. Aunque las referencias sean antiguas, sirven para estas fechas. Lo llaman The circular Lab . ¿Qué habrá sucedido desde su creación hace un año?

Cuesta convencer a la gente de algo tan simple como la correcta utilización de los contenedores de residuos; ahora mismo son basureros en muchas zonas de la ciudad de Madrid porque los ciudadanos que vierten allí mezclan vidrios con poliespan, papeles y latas. Contra esto, ¿qué pueden hacer los ayuntamientos? Algunas veces multan a unos pocos vecinos pero el asunto no se arregla. El de Madrid amplía la recogida a la materia orgánica. Veremos.

Aquí les dejamos el asunto para debatir en las tertulias familiares, o de amigos, de estas fiestas. Después pueden callejear por su ciudad hoy mismo y ver cómo están de llenos, comprobar si sus habitantes saben al menos depositar los residuos separados donde deben. 




Conocer los perfiles de la contaminación industrial también es cultura ciudadana

Hay quien defiende que las cuestiones técnicas del medio ambiente no tienen por qué interesar a la gente; desde aquí opinamos lo contrario: son cultura general, imprescindible para entender los tiempos en que vivimos. Por eso, hay que aplaudir que la Agencia Europea del Medio Ambiente (EAA, por sus siglas en inglés) nos muestre los perfiles de los países miembros en lo que se refiere a la contaminación industrial. Su último informe 2018 Industrial pollution country profiles contiene muchos datos de interés. Cada cosa que consumimos o empleamos tiene su relevancia con respecto a las contribuciones económicas -para los individuos y el país en su conjunto-, implica un consumo más o menos elevado de energía y agua, emite una serie de contaminantes al aire y al agua, genera una enorme cantidad de residuos que hay que gestionar. Dese una vuelta por la web y entérese de los efectos nombrados en los diferentes asuntos o mire país por país. Ante estos datos, uno se pregunta si podremos resolver todas las cuestiones ambientales que tenemos encima y dejarles a nuestros hijos y nietos una Europa más limpia. 




¡Ojalá disfrutéis de la vida casi descarbonizada, incluso del transporte, en 2050!

Uno piensa en sus hijos y nietos, en aquellos chicos y chicas a quienes dio clase y mareó con aquello del cambio climático y de la necesidad de descarbonizar la movilidad; así los animaba a venir al instituto en transporte público o en bicicleta. Uno debe reconocer que le costaba creer que eso sería posible, como le hacían ver los estudiantes escépticos, en realidad la cosa no les inquietaba mucho, excepto a unos pocos, la mayoría chicas. Pero mira por donde, las cosas parece que empiezan a cambiar y algo habremos conseguido entre todos los insistentes; de hecho, ahora pueden verse más de cien bicis aparcadas a la entrada del centro. La UE se propone, cuesta mucho decir se compromete, a que el transporte esté descarbonizado en 2050. Si la apuesta llega a ser verdad, disfrutaréis de un aire más saludable, significará que las personas han recuperado el espacio urbano, que las ciudades son más amigables. Debemos congratularnos porque parece que, ahora sí, los gobiernos se ponen en marcha y los grandes grupos de transporte también, según nos cuenta Transport & Environment ¡Feliz viaje! Desde aquí animaremos cuando la velocidad sea la adecuada o criticaremos los parones mientras podamos.




Las abejas vuelan y no vuelven; la escuela de la vida debe protegerlas

ECOESCUELA ABIERTA de El Diario de la Educación

En los textos sagrados de varias religiones la miel, su producto más valorado, se asemeja al conocimiento que empuja a la felicidad humana. En la mitología griega la abeja está asociada a la diosa del amor, Afrodita, (Venus, en la mitología romana), y también a Deméter (diosa de la agricultura), como símbolo de fecundidad. Sin duda, el mundo hubiera sido diferente sin la cera y la miel de las abejas, como ya supieron apreciar los pobladores neolíticos; no es extraño que hasta don Quijote ensalzase a las abejas por ofrecer sin interés alguno la fértil cosecha de su trabajo. Más recientemente, su sabiduría provocó la admiración de los científicos. Tanto que la interpretación de sus códigos de comunicación para explorar el territorio le valió al naturalista austriaco Karl von Frisch el Nobel de Fisiología en 1973.

No es extraña esa adoración secular, pues estos insectos provocan la fecundación de muchas especies vegetales. Cada primavera árboles frutales, leguminosas forrajeras, plantas silvestres y todos los cultivos hortícolas lanzan desde sus flores COV (compuestos orgánicos volátiles) para atraerlas; esperan ansiosos la incesante actividad polinizadora de las diosas aladas. Su poder fecundante llega hasta la economía: la UE les asigna un rédito anual de 15.000 millones de euros por su influencia en las producciones agrarias. Desde el PNUMA (Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente) se recuerda que limitan el hambre en el mundo pues de las cien especies de cultivos que proporcionan el 90% de la alimentación mundial, un 70% son polinizados por las abejas.

Pero están en peligro…

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