Sociedad

La observación meteorológica asegura, con datos rigurosos, que estamos ante un calentamiento global

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Hoy es el día señalado en el calendario para recordar el Día Meteorológico Mundial que este año tiene por mensaje “Entendiendo las nubes”, porque tienen un papel decisivo en las predicciones y avisos, porque no solo guardan humedades sino que condicionan todo el sistema climático. La observación del tiempo nos dice que el quinquenio 2011-2015 fue el más cálido desde que se tienen registros. A través de la página de inicio de la WMO (Organización Meteorológica Mundial) puede acceder a datos sobre los años/meses más cálidos, fríos, húmedos, etc. Queda lejos aquel 23 de marzo de 1950, en el que entró en vigor el Convenio de la Organización Meteorológica Mundial. Pero también es un día para reflexionar sobre los datos que nos aportan las estaciones de observación referidas a la temperatura global: el Planeta sufrió un calentamiento global en 2016 cercano a 1.5 °C, según el programa de observación Copérnicus de la Unión Europea. Parece que se nos escapan los acuerdos de la cumbre de París. Sorprende lo preocupados que estamos por el tiempo que hará mañana –todas la cadenas de televisión europeas y americanas que seguimos emplean muchos minutos cada día a hablar de este asunto, además hay muchas Web especialmente dedicadas a ello- y nos despistamos del clima que preparamos/tendremos en el futuro, el que dejamos a nuestros hijos. En piensaenclima nos dan claves para observarnos a nosotros mismos en nuestros comportamientos, aunque no sea con tantos datos como los que proporcionan los datos a las agencias estatales, pero con más afecto climático y participación solidaria. Si quiere saber mucho más de las nubes visite la página de la Aemet (Agencia estatal de meteorología).

Como el día va de nubes, mientras piensan en el cambio climático, ahí va como obsequio un fragmento de “Nubes blancas” de la poetisa chilena Gabriela Mistral.

Ovejas blancas, dulces ovejas de vellones/ que subieron del mar,/ asomáis en mujeres los gestos preguntones/ antes de remontar. Se diría que el cielo o el tiempo consultaseis/ con ingenuo temor,/ o que, para avanzar un mandato esperaseis. /¿Es que tenéis pastor?/ Sí que tenemos un pastor:/ el viento errante es él./ Y una vez los vellones nos trata con amor,/ y con furia otra vez./ Y ya nos manda al Norte o ya nos manda al sur./ El manda y hay que ir…

La disposición del agua vital marca una de las fronteras de la dignidad global

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Día Mundial del Agua para recordar olvidos: esos casi 700 millones de personas que viven sin un suministro de agua segura cerca de su casa, que dedican diariamente muchas horas de su vida haciendo colas o caminando a fuentes lejanas para conseguir una garrafa de agua, mientras nosotros la tenemos simplemente con girar un grifo. Día para volver a pensar en quienes beben y utilizan agua contaminada -dicen que unos 1.800 millones de personas- que se exponen a contraer enfermedades como cólera, disentería, fiebre tifoidea o poliomielitis, que muchas figurarán en la lista de las 850.000 muertes inducidas por la mala calidad del agua. Por si se nos había olvidado, casi el 80 % de las aguas residuales de todo el mundo vuelve a las corrientes o cauces sin ser tratadas o reutilizadas. ¿Por qué desperdiciar agua? es el lema de este día, o si lo prefieren “Aguas residuales”. Invertir en la reutilización del agua supondría un ahorro del 90% de energía y 70% de agua. Debemos ponernos en marcha para responder al desafío: “Habrá suficiente agua para todos”; agua para vivir dignamente, una de las muchas quimeras no resueltas desde que la humanidad se extendió por la tierra. Todavía viven sus “Sueños del agua”.

Tantas aguas hay que forman un todo –limpio de residuos y consecuencias- al que debemos prestar atención para tenerla con los atributos de aquella que cantaba Mario Benedetti:

 “La del grifo/ la mineral/ la tónica/ la del río/ la dulce/ la salada/ la del arroyo/ la del mar/ la regia/ la de las cataratas/ la del pozo. La de la lluvia/ la de aguanieve/ la de fuentes o la del rocío/ la del océano/ la de aljibe/ la del diluvio o la de la cascada. Toda el agua del mundo es una abuela/ que nos cuenta naufragios y regatas/ que nos moja la sed y da permiso/ para seguir viviendo otro trimestre.”

El bosque: algo más que muchos y bonitos árboles

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Los bosques cubren casi un tercio de la superficie del planeta, aunque desigualmente repartidos y con desarrollos muy diferentes. Tienen unos beneficios evidentes, que aprovechan directamente quienes viven cerca: alrededor de 1.600 millones de personas –que sostienen con ellos parte de su economía y dulcifican el día a día– y los animales, plantas y otros seres vivos que en ellos se acomodan (casi el 80% de las especies conocidas). Pero los bosques extienden sus beneficios sociales y ecológicos por todo el mundo. Procuran materias primas imprescindibles para ciertas tareas constructivas o de consumo, protegen el suelo y evitan la desertificación, atemperan el clima y limpian el aire. Pero los incendios forestales y las talas masivas relacionados con intereses económicos de grandes multinacionales están acabando con ellos –por ejemplo en Indonesia- y dañan la vida de las poblaciones que allí se asientan y custodian  el territorio. La FAO propone para este año “Los bosques y la energía”, un buen tema para el debate.

“Al bosque mío entro con raíces,/ con mi fecundidad: De dónde/ vienes?, me pregunta
una hoja verde y ancha como un mapa./ Yo no respondo. Allí/ es húmedo el terreno
y mis botas se clavan, buscan algo,/ golpean para que abran,/ pero la tierra calla.
Callará hasta que yo comience a ser/ substancia muerta y viva, enredadera,/ feroz tronco del árbol erizado/ o copa temblorosa.
Calla la tierra para que no sepan/ sus nombres diferentes, ni su extendido idioma,/ calla porque trabaja/ recibiendo y naciendo:/ cuanto muere recoge/ como una anciana hambrienta:/ todo se pudre en ella,/ hasta la sombra,/ el rayo,/ los duros esqueletos,/ el agua, la ceniza,/ todo se une al rocío,/ a la negra llovizna/ de la selva.
El mismo sol se pudre/ y el oro interrumpido/ que le arroja/ cae en el saco de la selva y pronto/ se fundió en la amalgama, se hizo harina,/ y su contribución resplandeciente
se oxidó como un arma abandonada.

Vengo a buscar raíces,/ las que hallaron/ el alimento mineral del bosque,/ la substancia
tenaz, el cinc sombrío,/ el cobre venenoso./ Esa raíz debe nutrir mi sangre./ Otra encrespada, abajo,/ es parte poderosa/ del silencio,/ se impone como paso de reptil:
avanza devorando,/ toca el agua, la bebe,/ y sube por el árbol/ la orden secreta:/ sombrío es el trabajo/ para que las estrellas sean verdes.”

Pablo Neruda

NOTICIAS DE ÚLTIMA HORA: La sequía planea sobre todos los bosques del planeta, asegura una reciente investigación.

La AOD (Ayuda Oficial al ¿desarrollo?) en África tiene muchas caras, no todas sonrientes

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La buena cara se aprecia en que se han mejorado las tasas de escolarización, que determinadas enfermedades como la malaria y el VIH han sido frenadas, que la esperanza de vida crece. La mala es que la educación no llega a la mitad de los jóvenes africanos entre 15 y 17 años, que las niñas no encuentran en la escuela su mejora social, y que las desigualdades se cronifican en el complejo continente. Parece que la AOD de los países occidentales –que ha caído vertiginosamente según Oxfam– es interesada: para sus amigos y si pueden sacar rédito de ella. Hay quien aboga por darle a la AOD un giro completo -las corrupciones hacen perder millones de dólares por el camino-, por que se vigilen los neocolonialismos como los que han puesto en marcha los chinos, pero no solo ellos. Se cuenta hoy que las remesas de los migrantes a los países pobres suponen más dinero que los que les llegan por parte de la AOD –que muchos países donantes “engordan” con maniobras vergonzosas-. Por ahí ha visto alguien una puerta para favorecer la acogida; otros le han puesto muchas cerraduras de seguridad. Pero no debemos olvidar que si los estados frágiles se convierten en fallidos todos tendremos un problema. Lo dijo Bill Gates. Los incumplimientos de los compromisos de los donantes son clamorosos.

El tiempo no siempre está de buen humor; expande sin orden tormentas y silencios

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Un día empieza cuando otro acaba. Si se accede a las noticias de lo que sucede en el mundo se percibe una mezcla de ironía negra -escrita en muchas lenguas- con algunos paisajes agradables –trazados por gente especial-; todo ello sin orden aparente y cargado con tintes de melancolía por lo que en ese día nos vamos a perder. Al momento la noticia deja de serlo; lo efímero es un distintivo de nuestro tiempo. La redes sociales amontonan tiempos de otros y se comen el nuestro; imposible huir de ellas, mejor es sobrellevarlas. El tiempo es imperfecto, incluso en su misma polisemia; hasta la naturaleza tiene los suyos. Hay varios tiempos, o este tiene diversas dimensiones, vino a decir Zubiri. Contamos el tiempo alternando días y noches, inviernos y veranos; cada cierto tiempo nos lanza sus exabruptos. Las tormentas y las riadas se suceden, con una cadencia sin tino con las sequías; todas son producto de muchos tiempos entremezclados. Las televisiones aumentan el tiempo de sus programas dedicados a explicarnos el tiempo que ha hecho o el que va a hacer. Se nos amontonan los tiempos, que dejan de medirse pues entre ellos se desvanecieron las pausas, y nos quedamos sin tiempo. No sé de qué tiempo escribo. Quizás debería empezar por preguntarme si el tiempo existe. Lo dejo; no tengo tiempo. Bueno, me queda un poco para releer “Tiempo sin tiempo” de Mario Benedetti.

El consumo responsable es una lucha permanente contra la algarabía de mensajes que nos incitan a lo contrario

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Seguramente mienten quienes dicen ser consumidores-as responsables. Porque un despiste los hará caer en un momento u otro. La vida es un consumo; llevarla sin que se pisoteen la inteligencia y los derechos es una tarea compleja, siempre inacabada y de la cual no podemos apartarnos. El consumo esconde desigualdades sociales en la producción de lo que consumimos, en el “disfrute” de los productos o derechos. El comportamiento consumista incentiva a las redes distribuidoras, que no dudan en “explotar” sus posiciones de privilegio y pueden originar atropellos en los lugares de producción. El híper consumo actual provoca el deterioro y agotamiento de los recursos naturales (como el suelo, el agua, aire, etc.), incrementa enormemente la contaminación industrial, provoca la generación de residuos innecesarios, significa un claro derroche de recursos, con el consiguiente deterioro del entorno próximo o lejano y esconde múltiples situaciones de desigualdad social. Consumiendo bien se expresan posiciones personales, se reivindica que otra vida es posible, incluso se actúa socialmente. Si quieren algunos espejos en donde mirarse, ahí van: ¿Necesitamos todo lo que compramos? ¿Hacemos regalos excesivos a niños y adultos en alguna ocasión? ¿Sabe dónde y cómo ha sido fabricada esa ropa que ahora porta o las zapatillas que tanto le gustan? ¿La da más de un uso a productos que otras personas utilizan solo una vez?, y así podríamos llegar hasta el infinito. Dicen que hoy es el Día Internacional del Consumidor, que hace hincapié en los derechos. Nosotros nos quedamos con el Día del Consumo Responsable, que habla mucho más de economía solidaria, comercio justo y preservación del medio ambiente. Por citar solo alguna de sus caras.  Si quieren una buena guía del consumo responsable, Oxfam Intermón se la proporciona gratis. Para leerla despacio. Porque ya es hora de pasar del “Homo consumus al homo responsabilus”.

No vamos a dedicarle una oda al papel higiénico, pero sí una mirada de agradecimiento y una propuesta de reducción

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Se cuenta que los chinos fueron los primeros en emplearlo, unos siglos antes de nuestra era, pero no debía estar muy extendido en aquellos años. En Roma no parecía un invento necesario, pues la gente, quién sabe si toda o no, se limpiaba con una esponja amarrada en el extremo de un palo, que se guardaba, cual si fuera una escobilla como las de hoy, en un cubo de agua salada. Durante muchos siglos la historia no se ocupó de este menester –parecería un poco escatológico y se llevaban más las guerras y esas cosas- aunque se supone que los pobres harían uso de lo que tuviesen más a mano mientras que la aristocracia se limpiaría con paños de algodón humedecidos en agua de rosas; eso sí, hasta que apareció en algunos baños el bidé. Cuentan los británicos que un paisano suyo, Joseph C. Gayetty empezó a comercializar allá por 1857 unas láminas de papel humedecidas con aloe, papel medicinal lo llamaban, que lógicamente estaba reservado para unos pocos por su prohibitivo precio; el resto de la gente seguía utilizando lo que tenía a mano, ya fuera vegetal o no. En 1880, los hermanos Scott, ¿seguro que les suenan porque los han visto en su baño” empiezan a comercializar un papel en rollo que se vendía casi a escondidas –ellos ni siquiera le pusieron su nombre- y que no debía ser muy fino todavía y erosionaba la salida del tubo digestivo, casi como aquel de la marca “El elefante” que hizo furor en la autárquica España. Dicen los mal pensados que la generalización del uso del papel higiénico fue un detalle de mejora social, vamos que como si hubiera ido parejo a la democracia. Incluso hemos leído que una marca ha creado la primera boutique del papel higiénico. Así se explica que hoy se puedan producir diariamente más de 80 millones de rollos, lo cual tiene un coste ambiental considerable en árboles cortados, clorados de agua en su producción, depuración de agua antes de verterla, etc. Después de dedicarle una mirada por el servicio prestado, no estará de más utilizar menos –puede que en España gastemos unos 3.000 millones de rollos al año- y apuntarse a la moda del chorrito que tan bien llevan los japoneses, o darle protagonismo al despreciado bidé que tenemos en los baños españoles.

La crisis global ha raspado el significado de la palabra “humanitaria”; hay que quitarla del diccionario

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Cuesta entender que en otro tiempo ese adjetivo significase que tiene la finalidad de aliviar los efectos que causan la guerra u otras calamidades en las personas que la padecen, como decía la RAE. Incluso se ha perdido el matiz de benigno, caritativo o benéfico, que también portaba. Qué decir de aquella otra acepción que postulaba todo aquello que mira o se refiere al género humano. Decimos esto con tristeza, mientras escuchamos la enésima llamada de la ONU -qué debería hacer más, nos preguntamos- ante la situación que se está cronificando en Sudán del Sur, Yemen, Somalia o una parte de Nigeria. La indiferencia mata más que el subdesarrollo, incluso la guerra. Cuesta reconocer que no se haga nada para detener esa catástrofe que ha llevado a la inanición a millones de personas. Los titulares son dramáticos: “El mundo padece la hambruna más grave de los últimos 70 años” dice El Periódico. “La hambruna ataca en Sudán del Sur” titula El País. Como “Catástrofe humanitaria” lo califica la revista mexicana Siempre. “No los mató la guerra, pero los está ahorcando el hambre” dice eldiario.es. Cuesta entender que como sociedad no presionemos a nuestro gobierno para que presione en la esfera internacional y se detenga el holocausto que está en marcha. Acostumbrarnos a ver los padecimientos de los demás –vean el noticiario de la cadena colombiana-, aunque sean negros y vivan lejos, es uno de los motivos por los que hay que borrar del diccionario la palabra humanidad. ¡Cómo es posible que aumente la producción de alimentos y mueran más personas de hambre!, muchos de ellos niños. Reflexionemos sobre lo que dice este documental de DW. Recordemos mientras tanto el descenso de las ayudas de España y otros muchos países para socorro internacional. Una anécdota: cuenten el tiempo y el espacio que le dedican los medios de comunicación hoy mismo a este asunto y compárelo, por ejemplo, con el que emplean para desgranar pequeñeces de eventos o competiciones deportivas del fin de semana. Es un decir. 

ÚLTIMA HORA: Por lo que se conoce, el Gobierno español NO se plantea enviar ayuda urgente.

Salud infantil en riesgo permanente es igual a futuro comprometido

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Aseguran quienes piensan que cuidar la infancia de una sociedad la engrandece. La historia nos ha dado muchos ejemplos pero nos quedamos con tres estrategias sociales determinantes para la infancia: educación, protección y salud. Sobre este querríamos llamar la atención de ciudadanos y autoridades. Mira que los estudios dicen una y otra vez que poner el empeño en conseguir ambas es un seguro de futuro, al menos de que sea más llevadero; pero ni aún así. Lo afirmamos taxativamente: La contaminación de las ciudades es la plaga del siglo XXI. Se sabe con certeza que sus efectos no son esporádicos; se acumulan con el tiempo. Los niños de hoy serán unos adultos con muchos registros negros en su vida. En la prevención de la salud infantil están implícitas las tres funciones sociales antes aludidas, que interaccionan y se hacen cíclicas: hemos de protegerla, debemos educarnos para llevar una vida más saludable y ambas nos llevan a una mejor protección de la infancia, que crece más sana y educada. El proyecto INMA, en el que han participado más de 70 científicos, ha concluido que la contaminación es el principal riesgo para la salud infantil, pues tiene influencia desde el desarrollo del feto. Se acumula en su vida diaria. El Ministerio de Sanidad y los Departamentos siguen mudos, a pesar de que los últimos datos de la OMS sobre la relación entre contaminación y muertes de niños y niñas son escalofriantes. Echen un vistazo a las infografías que se muestran en esta página y difúndanlas. ¿A qué esperan para intervenir de verdad?

 

Reciclaje en el medallero olímpico: ¿Un cambio de tendencia o una guirnalda para tapar las afecciones ambientales?

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Hace unos días nos sorprendió gratamente la noticia de que en Tokio 2020 las medallas estarían fabricadas con metales reciclados de los móviles desechados. Los organizadores quieren reducir así el impacto ambiental del evento. Van a instalar contenedores en las ciudades con el objeto de que la gente deje allí sus dispositivos electrónicos. Así piensan recoger 8 toneladas de metales con lo que elaborar las 5.000 medallas que van a entregar en los juegos olímpicos y paralímpicos. Este asunto, con ser una buena noticia, es solo un detalle en la necesaria tarea de disminuir los efectos ambientales y sociales que los dispositivos electrónicos generan. Aseguran las cifras que hay circulando por el mundo unos 7,9 mil millones, más que personas. En España ya los poseen, de última generación, el 98% de los jóvenes de 10 a 14 años. Piensen la cantidad de conversaciones que se generarán durante Tokio 2020, lo que crecerá la venta de los dispositivos de ultimísima generación en el país nipón, avanzado en la modulación electrónica de la vida. Seguro que los efectos ambientales negativos –tanto de la fabricación como de su uso- serán mucho mayores que los generados por el reciclado de las medallas. Pero los japoneses han sabido darle un “toque moderno” a su interés económico. Porque aunque el móvil necesite poca energía para cargarse, su utilización genera gastos energéticos allí donde la nube de Internet esté enchufada. No hemos hablado de los múltiples derroches ambientales que lleva implícita la celebración de las comercializadas olimpiadas; daría para muchos chispazos.

El menaje de plástico en el punto de mira ambiental; Francia ya lo ha prohibido

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Francia será el primer país del mundo que prohíba el uso de platos y vasos de plástico, desde 1 de enero de 2020. A partir de entonces, los utensilios de las fiestas y barbacoas habrán de fabricarse, al menos en parte, con otros materiales, más biodegradables. Recordemos que desde 1 de julio del año pasado están prohibidas las bolsas de plástico; en España lo serán a partir del año próximo. Como siempre sucede en los asuntos colectivos, la medida gusta a unos y desagrada a otros, en particular a la industria. La medida francesa obedece a una ley que busca la transición energética para el crecimiento verde. Asunto este del que aquí poco se habla, no sea que quienes contaminan produciendo -o producen contaminando si se prefiere- se enfaden. La ministra francesa impulsora de la medida, Ségolène Royal, ha repetido varias veces que los franceses no se pueden permitir que solamente el 1% de los vasos de plástico se reciclen. Aquí, en España, todavía preocupa poco que algunos de los materiales plásticos sigan contaminando 400 años después de ser utilizados.

 

Ya estamos en primavera, al menos eso anuncian las recién llegadas golondrinas

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Ajenas al calendario que usamos los humanos, las golondrinas han adelantado su llegada a la península Ibérica. Se ve que por sus tierras africanas también se siente lo del calentamiento global y el subsiguiente cambio climático. Porque ellas no ven la tele, ni leen, pero sienten como nadie las alteraciones de su hábitat. Algunos estudios aseguran que ahora llegan un mes antes de lo que lo hacían hace un siglo. Nos son las únicas que se han puesto en marcha; aviones y vencejos, esos que algunos despistados confunden con ellas por sus plumajes y la presencia veraniega, también están por aquí. También va algo adelantada la cigüeña blanca europea, que cada vez regresa antes de su invernada africana. No sabemos si esa brújula magnética que les sirve para guiarse también se alterará con el tiempo. Observar cómo se comportan las aves sirve para entender el tiempo global. La Sociedad Española de Ornitología (SEO/BirdLife) dispone de una red fenológica, anota y estudia cada temporada eventos que tienen que ver con la vida natural, en la que todos podemos participar. ¡Anímense!

Un Sáhara verde fue posible, pero las variaciones climáticas modifican las perspectivas de vida

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Parece que fue una sequía prolongada, pudo llegar a los mil años, la causa de que las en otro tiempo fértiles tierras fuesen perdiendo el color verde y se tornasen poco a poco en un desierto. Hace unos diez mil años todavía era verde, pues llovía unas diez veces lo que lo hace ahora. Lo saben los científicos testeando el polvo sahariano que llegaba a las costas americanas, que dicen tienen que ver también en la riqueza amazónica. Hace unos años se conoció la existencia de un cementerio de la Edad de Piedra, lo que confirmaría la hipótesis del Sáhara verde. No cuesta mucho imaginarlo. Como vemos, a lo largos de los siglos el clima cambia; se adivinan desiertos diferentes a los que conocíamos hasta ahora. Dicen que no tardarán 5.000 años en formarse; que con la influencia antrópica todo se acelera. ¿Ustedes qué piensan?

Si los grillos desaparecen, quién nos cantará las nuevas certidumbres

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Aquel insecto constante y clandestino que como un constante obrero entonaba, desde un mágico rincón de sombras, en el poema de Mario Benedetti. O esos otros que cantaban a la luna, desdeñados por Antonio Machado. Acaso uno más presente en Unamuno, que en sus “Trece lunas” lo que quería era volver a la infancia: “El grillo asierra la siesta / con serrucho; / para él todo el día es fiesta / poco o mucho”. Quienes en la estepa hemos vivido sabemos cuál es el ritmo de la vida porque los machos marcan raspando –grillando o estridulando estaría mejor expresado- sus alas contra las patas. En el monte libre jamás la poesía de la vida se extingue (Rasca un grillo el silencio perfumado de rosas nos diría el uruguayo Julio Herrera), ya sea interpretada por el grillo y la cigarra o por cualquier otro habitante animal. Así nos lo contó el romántico John Keats. Ahora conocemos que corremos el riesgo de encontrarnos en un mundo sin grillos. Sin ellos la estepa morirá de silencios, pero será el presagio de algo peor. ¿Qué quiere escuchar su canto? Aquí está

La conciencia social todavía no cotiza en la cuenta de resultados de las empresas

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Las empresas tienen mucho que decir y hacer en la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, tanto o más que los gobiernos. Pueden cambiar ellas mismas, incentivar a sus empleados y elaborar productos o dar servicios que mejoren la sostenibilidad de la vida. La acción coordinada es la única manera de sacar estos ODS que tenemos delante, en cuyo logro está nuestra tabla de salvación. En un reciente Barómetro de empresas elaborado por Deloitte para Negocios se ha sondeado a los directivos de muchas compañías, grandes y pequeñas. Ocho de cada diez directivos manifiestan conocer los ODS pero solamente 1 de cada 4 dice que está formalmente comprometida. Eso sí, una tercera parte adicional afirmó que pese a no estar implicada su empresa, sus políticas de compromiso y sostenibilidad serían homologables a las que promueve la ONU. Acaban reconociendo su responsabilidad en los ODS pero la ponen por detrás de la del Gobierno y las Administraciones públicas, de los líderes de opinión e incluso de las ONG. Habría que saber la razón. Sin embargo, hemos encontrado algunas que publicitan su intervención. Incluso desde la Red Española de las Naciones Unidas se las anima diciendo que sería una oportunidad de negocio. Circula por ahí una publicación mexicana que les dice cómo. Si quieren conocer más sugerencias lean este artículo de Cinco Días.