Sociedad

Ilusión interesada: la etiqueta ecológica es el emoticono más querido y utilizado

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ECOESCUELA ABIERTA  de El Diario de la Educación 

La escuela es un conjunto diverso y cambiante, un magnífico caleidoscopio de la vida cotidiana, tanto por lo que recoge del mundo exterior, sobre todo próximo, como por lo que puede proyectar sobre él. Por eso no estaría de más que acogiese, como tema de estudio o debate, cuestiones que pueden parecer ajenas al aprendizaje. Alguien pensará que es una audacia sin sentido hablar en las escuelas e institutos de las etiquetas, pero dado que tienen una potencialidad plena en la sociedad actual nos atrevemos a proponerlo. Además, las portamos tanto las personas como lo animales o los objetos. Son marcas resistentes -se convierten en señales de comportamiento con el tiempo- que resultan difíciles de separar de alguien o algo; tanto es así que nos previenen o nos dicen qué debemos hacer ante esa señal, incluso cómo debemos sentirnos.

Nos hemos acostumbrado a ello y no sabríamos vivir de otra forma. En el diario de una jornada de cualquiera de nosotros tienen un papel importante. ¿Cómo podrían vivir nuestros abuelos sin ellas? 

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Millones de toneladas de alimentos a la basura; parece que la cordura se tomó un largo descanso en España

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No por decirlo más veces se torna creíble: los españoles tiran a la basura unos 1250 millones de toneladas de alimentos, aprovechables sin riesgos para la salud, cada año. El ranking de nuestros desatinos lo encabezan frutas, verduras y hortalizas. Piensen los millones de litros de agua que habrán sido necesarios para cultivarlas, los abonos utilizados, la tierra ocupada, los dineros y horas invertidos, lo gastado en su transporte, etc. Dicen que cada semana son 24 millones de kilos que deben recoger los servicios de basura, transportar a donde sea, gestionarlos como pueden, llenar vertederos, etc. Son datos del “Informe del consumo de alimentación en España” del Ministerio de Agricultura, Pesca, Alimentación y Medio Ambiente del año pasado referidos a 2016. Todavía no hemos leído los de este año. ¿Dirán que hemos mejorado el despilfarro? Por cierto, se está escribiendo una enciclopedia titulada “La frugalidad de la España opulenta. Tomo X”

Una duda casi metafísica: ¿En la ciudad mandan las personas o los coches?

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Para plantear mejor la disyuntiva deberíamos haber dicho las personas que se mueven por medios sostenibles y menos contaminantes -no perdamos de vista los humos que echan muchos autobuses urbanos- y aquellas que se mueven en su coche por placer/necesidad. El caso es que no acertamos a dinamizar la ciudad: cada vez las hacemos más extensas y los desplazamientos se hacen más largos y aunque apostemos por el uso del transporte público este no puede llegar a todos los sitios tan dispersos, o no es rentable económicamente. Para sostenerlo harían falta más impuestos; los ciudadanos se niegan. Uno se pregunta si es cierto el titular del artículo de El País que aboga por un cambio de paradigma en la movilidad. Reconocer que todavía hoy más del 95 % de los desplazamientos dependen de combustibles fósiles es realmente alarmante. Pero además, esos mismos ciudadanos que los emiten se tragan lo que sus vehículos sueltan.

Solamente por si quieren despejar la duda. Revisen esta noticia.

Las bolsas de papel van llegando a nuestras vidas; acojámoslas como se merecen

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Dicen que el 66 % de las panaderías y pastelerías utilizan mayoritariamente bolsas de papel para proteger los productos que venden, medida que los usuarios han acogido con satisfacción. Los fabricantes asociados a “Labolsadepapel” –hay mucho que leer en su Web- se congratulan de que grandes cadenas como Lidl, Mercadona, Carrefour o DIA estén preparadas para asumir el reto de acabar con el plástico como continente de sus ventas. ¿Lo estamos nosotros como consumidores? Si somos responsables e inteligentes diremos que sí; las prestaciones del papel son similares a las del plástico, generan menos carga ecológica y nos hacen sentirnos bien al reutilizarlas o llevarlas al contenedor azul una vez acabado su multiuso. ¡Demándelas en su comercio habitual! Hay más cosas interesantes en este artículo de Ecoticias.

Cayeron del cielo, no tienen fronteras, millones de virus y bacterias, cual plaga bíblica

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Los humanos somos algo ilusos; nos creemos a salvo de contingencias. Los humanos ricos de países ricos en 2018 buscamos la completa seguridad en nuestras vidas, y si no es así demandamos al estado que no nos la segura. También instalamos fronteras para impedir que nos entren males que nos traen gentes “potencialmente malas”, o más bien pobres. Pero hemos de saber que por el aire, que no respeta fronteras ni se puede destruir con misiles, viaja de todo: bueno y malo. Un grupo de investigadores liderado por la ecóloga de la Universidad de Granada Isabel Reche ha confirmado que los microorganismos que recorren el planeta impulsados por las corrientes atmosféricas son infinitos. El trabajo se publicó en la prestigiosa revista Nature. Se han ido a comprobarlo bien arriba, a Sierra Nevada pero aseguran que las bacterias viajan rápidamente hasta los Pirineos y mucho más lejos. Seguro que a alguien se le ocurre instalar fronteras para evitar esta “plaga bíblica”. ¡Es la vida!, cambiante, multidiversa, ecológicamente activa, socialmente responsable y necesariamente sostenible. Para gestionarla hace falta una sociedad comprometida.

Si los grillos desaparecen, ¿Quién nos cantará el transcurrir de los días?

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ECOESCUELA ABIERTA  de El Diario de la Educación 

La escuela apenas se detiene en educar para la escucha atenta de los ritmos de la naturaleza; acaso lo hace en forma de documentales que magnifican el cambio de color en los bosques, los fenómenos meteorológicos extremos o las peripecias existenciales de los grandes animales. Pero la vida se revuelve de miles de formas, sonidos y colores que cambian a lo largo del tiempo corto como pueden ser una jornada, de un ciclo anual o en los tiempos milenarios. Las especies animales y vegetales interaccionan con su medio: unas persisten y otras desaparecen; es el tiempo largo. Eso no se sabe si es bueno o malo, allá la naturaleza con sus ritmos, deseos y secretos. Nunca nos resultará totalmente comprensible, aunque le dediquemos tiempo y esfuerzo a su estudio.

Ahora mismo, grupos de científicos nos advierten de que los saltamontes, chicharras y grillos europeos están amenazados de desaparición, debido sin duda a la agricultura intensiva, la pérdida de humedales y los efectos del cambio climático. Las ONG ambientalistas pronostican que su ocaso puede suponer el quebranto de todos aquellos animales que se alimentan de estos ortópteros. El grillo, aquel insecto inmóvil y clandestino que como un constante obrero entonaba ansiedades por saber e ignorar, desde un mágico rincón de sombras, en el poema de Mario Benedetti. 

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Ni siquiera en el reciclaje de basuras aprueba España. ¿Qué deberá repetir?

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Si les dijésemos que España solamente recicla el 29 % de la basura, mientras que en la UE supone el 45 %, según los últimos datos de Eurostat. Si les contásemos que para 2025 todos los países de la UE deberán reciclar al menos el 55% de los residuos municipales, porcentaje que se deberá elevar hasta el 65 % en 2035, que estamos a diez puntos porcentuales de como nos encontrábamos hace 10 años. ¿Dirían que se van a cumplir los compromisos? Dicen que el reciclaje es un eslabón crítico en la economía circular, esa que afirman que nos va a limitar un poco el caos de los recursos y los residuos. ¡Qué envidia nos da Alemania (66 %) y otros países aventajados! Por cierto, uno recuerda que el Gobierno de España y bastantes Comunidades Autónomas y Ayuntamientos habían publicitado hace tiempo maravillosos planes de reciclaje. Será que nos lo hemos inventado, tantos no puede fallar en lo mismo.

El consumo tiene atrapados a los jóvenes; la sociedad se desentiende de educarlos

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ECOESCUELA ABIERTA  de El Diario de la Educación 

Desde hace unas décadas las múltiples televisiones privadas irrumpieron en nuestras vidas para, supuestamente, hacérnoslas más amenas. Entremezclados con los multiplicados programas e informaciones en los medios audiovisuales llegaron infinidad de mensajes consumistas. Nos decían que estaban destinados a prestar un servicio completo al ciudadano que le permitiese mejorar su vida; nos mentían. Hoy, nos pueden llegar diariamente unos 3.000 mensajes sin solicitarlos –un millón al año si echamos cuentas–, a poco que estemos enganchados a redes y a la televisión; con solo unos 100 impactos de esta tenemos condicionada la vida.

Nuestros jóvenes son la diana publicitaria perfecta; los saben bien quienes gestionan las redes sociales. El consumo de los niños y jóvenes lo mueve hoy la mercadotecnia. Los eslóganes de las campañas explotan el hecho de que cuando se porta un estilo, en forma de ropa o complementos, lo que se desea es atraer con la imagen, al margen de sentirse cómodo o gratificarse personalmente.

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El contador del cambio climático global no se detiene. Ha sonado ya la tercera alarma pero pocos la escuchan

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Muchos ciudadanos andan despistados ante la poca insistencia del Gobierno en la lucha contra el cambio climático; lo único que invierte son palabras. Ahora ha rebajado las asignaciones en los todavía “no presupuestos”. Casi un 20 % de lo que destinó en 2017, que tampoco fue mucho. Comparen los 21,8 millones previstos con las indemnizaciones a tropelías como el almacén Castor y cosas por el estilo. Así los ciudadanos comodones pierden estímulos y miran para otro lado en la reducción de sus contribuciones al desastre global. Los Gobiernos saben que invertir en la reducción del cambio climático tiene unos enormes beneficios en la salud de los ciudadanos, y en el dinero que en preservarla o mejorarla deben gastar. Se lo acaban de recordar unos investigadores en The Lancet Planetary Healt ¿A qué esperan?

Los polos dejarán de estar helados y el Everest, aunque crece, se acercará al nivel del mar

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ECOESCUELA ABIERTA  de El Diario de la Educación 

Que la playa en donde nos bañamos se acerca a la cima del Everest es un hecho probado con medidas matemáticas, al margen de la exageración premeditada que busca esta afirmación. La distancia entre la altura global del nivel de mar y la cima de nuestro monte más alto se acorta, y no es debido a que la cumbre se erosione a marchas forzadas o que se esté hundiendo toda la cordillera del Himalaya; más bien parece que sucede lo contrario, que la montaña crece algo cada año pues la placa indo-australiana se empeña en no estarse quieta y chocar con la euroasiática.

Siendo rigurosos debemos decir que el acortamiento en metros es debido al aumento generalizado del nivel del mar; así de sencillo. Como los océanos están comunicados, el agua que se vierte en un sitio de la superficie terrestre, por ejemplo, la lejana y desconocida Groenlandia, acabará llegando a todo el Atlántico, o más lejos. Los efectos se sentirán con el tiempo en la línea de playa de ciudades tan alejadas como Barcelona, Lisboa, Lima, Guayaquil o Buenos Aires; en el Caribe la situación puede ser catastrófica. Pero hay otros movimientos raros.

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Producir y consumir alimentos también tiene riesgos y peajes

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Comer saludable es un empeño de cualquier persona. Lograrlo ya es más difícil. Que toda la humanidad se aproveche de este hecho se nos antoja por ahora imposible. No lo es solo porque la producción y distribución de alimentos falle, que también, sino por la elevada carga en plaguicidas que soportan las frutas y verduras, los cereales y cualquier cosa que salga de la tierra. Casi 80 000 toneladas de fitosanitarios riegan los campos españoles, una buena parte sales de cobre, pero también glifosato e imidacloprid. Unos dicen que son imprescindibles para producir los alimentos necesarios, para acabar con las crecientes plagas que acechan los cultivos; otros que no tanto, que la agricultura excesivamente intensiva no es sostenible. Podríamos pensar si no sería deseable una agricultura más respetuosa con el medio ambiente, menos costosa para los agricultores y aceptada socialmente, incluso por la salud de todos. Lean el artículo de El País del domingo pasado. Por cierto, y que produjese lo necesario, no tirase una tercera parte, como ahora. Atentos: incluso en agricultura ecológica hay problemas con el uso del sulfato de cobre

La contaminación por plásticos en el Día de la Tierra

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Durante la semana pasada habremos leído noticias y loas sobre la necesidad de cuidar nuestra Madre Tierra. Amigos de la Tierra denuncia la creciente contaminación por plásticos que sufren cada día más los suelos, aguas y seres vivos. Justifica esta llamada en los datos aportados por el informe en el que ha colaborado Al desnudo. Los envases de plástico no evitan el despilfarro alimentario. Lea lo que en él se dice sobre el despilfarro de alimentos y entenderá si hay motivos de alarma o no. De paso revise los plásticos para contener alimentos que tiene por casa, llevan un símbolo en la parte inferior. Si los emplea mal, deséchelos. Por cierto, poco le cuesta hacerse amigo de la Tierra, pero sepa que adquiere varios compromisos, que habrá de ver cómo los ha cumplido pasado un tiempo.

 

Vida saludable en núcleos urbanos: complejo asunto de gestionar

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La vida en la ciudad tiene demasiados peajes. La mejora en una parte de las condiciones saludables en una ciudad se contrapone con el deterioro en otras; afectan de manera desigual a la gente, ya sean ricos o pobres, gente sana o con ciertas enfermedades, niños y ancianos o jóvenes. Si nos fijamos en las ciudades de países en desarrollo el porcentaje de personas afectadas es tan grande que su vida se convierte en una carrera de obstáculos. Como dicen algunos “el código postal tiene más importancia que el genético para llevar una vida urbana saludable”. Una parte del problema viene de la calidad del aire. No, es de la contaminación que nosotros echamos constantemente al aire, las responsabilidades son de casi todos. Revise un día cualquiera de su vida urbana. Anote si puede estar emitiendo gases o partículas que deterioran la calidad del aire y la salud de todos, la suya también. Pero además hay otras cuestiones preocupantes, como detallaba el informe del Observatorio salud y medio ambiente de DKV-Ecodes. ¡Un poco de autolimitación, por favor!

Hoy es un buen día para quijotear con Azorín y Llamazares por la naturaleza cervantina

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ECOESCUELA ABIERTA  de El Diario de la Educación 

En escuela solemos explicar los contenidos como algo definitivo, poco abierto a variadas percepciones. Los conceptos, incluso las actitudes que pululan por los desarrollos curriculares, admiten pocas modificaciones en una clase normal; hay que aprenderlos porque se consideran relevantes para las asignaturas. En las cuestiones de postulados y leyes físicas o matemáticas, o reglas del lenguaje, cabe un poco esa necesidad pero es bastante cuestionable en muchas otras temáticas. Pongamos el caso de la naturaleza, que viaja por los desarrollos curriculares de Educación Primaria y Secundaria. En sí misma, fuera de los textos, es multiforme, viva, cambiante, conecta el pensamiento científico con el cotidiano, nos deja relacionar el presente con el futuro pues mantiene una carga de afectividad. Sin embargo, en la escuela se asienta en conocimientos cerrados, que el alumnado debe aprender de forma machacona una y otra vez. Craso error pues las percepciones de las diferentes personas sobre un aspecto o tema concreto de la naturaleza, sujeto a la visión particular de algo tan vivo y condicionado por la variabilidad de los tiempos y espacios, son muy diferentes. Un espacio natural es visto de distinta forma por gente del mundo rural o de la ciudad, en la cultura europea o americana. Hoy sabemos que no hay una sola visión del mundo, que la idealización que uno realiza es particular, que la verdad posible es una construcción cognitiva sujeta a muchas variables, que es necesario compartir. Así debería ser la escuela naturalizada.

Pongamos un ejemplo hoy 23 de abril… Seguir leyendo en El Diario de la Educación

Si la península Ibérica fuese África climática, ¿qué seríamos nosotros? Acaso “hispafricanos” migrantes

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No es descabellado afirmar, ya se decía en 2015, que la península Ibérica en cuestión meteorológica/climática se parece cada vez más al norte de África, incluso en algunos momentos la suplanta, como sucedió con la megaola de calor de 2017. En esos momentos nos da por pensar cómo sería nuestra vida, si la convivencia social sería igual, si la economía marcharía por los mismos cauces, si se producirían migraciones masivas dentro del Estado o hacia otros países europeos menos cálidos. Ante la incertidumbre en la que nos colocan las anomalías térmicas solo nos queda prever lo que puede pasar, adaptarnos poco a poco, mitigar nuestras actuaciones que pueden deteriorar el clima, pues sabemos que España se halla situada en un punto crítico del cambio climático. Por cierto, ¡seríamos nosotros africanos o refugiados?