Sociedad

Día Internacional contra el cambio climático

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Mañana 24 de octubre se «celebra» en todo el mundo este día. De celebrar poco, más bien recordar lo que deberíamos hacer para mitigar sus efectos, para adaptar nuestras condiciones de vida a la emergencia climática que ya tenemos delante. Piense en positivo. Analice aquello que ya ha hecho por disminuir su carga ecológica en forma de consumo desmesurado, movilidad innecesaria y otras muchas cosas. Valore los beneficios que sus actos positivos han tenido en le salud propia y en la del planeta. Consolide estos actos y promuévalos entre sus amigos, la familia o en el trabajo. Demande a la administración de su ciudad o país que se ponga a la tarea. Únase a asociaciones ecologistas u otras ONG sociales que buscan la reducción de los efectos del cambio climático en las personas y en el planeta. Celebre de verdad aquello que ya está haciendo, todos los días.

Échele un vistazo a los artículos que los medios de comunicación traen ese día sobre el tema. Visione algún programa en la televisión o en las plataformas. Dedique un tiempo de ese sábado a pensar en clima. En esta u otras plataformas. 

Pregúntese si le queda algo por hacer. Y no se desanime; la tarea es larga y siempre quedará incompleta. Pero en algún lugar, no se sabe quién ni porque, ya le está dando las gracias por sus esfuerzos.

El limbo de la Semana Verde Europea

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Hay sido excepción los medios de comunicación y agencias de noticias que se han enterado de que nos encontramos esta semana dentro de La Semana Verde de la UE 2020, a pesar de que los temas son importantes: naturaleza y biodiversidad. Si no recordamos mal, fue en mayo cuando se adoptó la nueva Estrategia de la UE sobre Biodiversidad para 2030. Entonces se dijo, y ahora se recuerda que la contribución de la biodiversidad es enorme, tanto para la sociedad como para la economía. Es más, cada día se escuchas más argumentos que subrayan el papel que la biodiversidad puede ejercer en el estímulo de la recuperación en el mundo después de la pandemia. Entre otras cosas, asegura la creación de empleo y poner las condiciones para un desarrollo sostenible más real. es una oportunidad que no se puede dejar pasar. Hay que repensar la relación con la naturaleza, lo cual implicará con seguridad el cambio en determinadas actividades que conllevan una considerable pérdida de biodiversidad. Si esta se deteriora lleva pareja, o es consecuencia quién sabe, de una profunda crisis ecológica. Ya se empieza a ver que esta tiene considerables implicaciones a escala económica y social.

Esperemos que la Semana Verde de la UE logre analizar la forma en que políticas de la UE, como el Pacto Verde Europeo, pueden contribuir a proteger y recuperar la naturaleza, conseguir la forma de que llegue a la ciudadanía. Al fin y al cabo se tratar de la vida de todos, y para eso debemos restituir a fases anteriores a la naturaleza y a la biodiversidad que que le da una de sus señas de identidad.

Compruebe lo que se dice en su ciudad, región o país del asunto. Por cierto, ¿Se dirá algo del tema en el Congreso de los Diputados de España? Veremos si sus señorías siguen en el limbo de sus pesares y divisaremos ya alguna perspectiva.

Desastres climáticos, efectos perversos

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Asegura la ONU, con ocasión del Día Internacional para la Reducción del Riesgo de Desastres, que se conmemoró el 13 de octubre, que 6.681 desastres naturales relacionados con el clima castigaron el mundo en las dos primeras décadas del siglo XXI. Esta cifra supone un aumento del 80% con respecto a los 3.656 registrados en los últimos 20 años del siglo pasado. Dicho en cuatro cifras: entre 2000 y 2019 murieron 1,23 millones de personas en desastres naturales (incluyendo los de origen climático y los geológicos, tales como terremotos), que también afectaron a 4.200 millones de personas.

Dice la Organización Meteorológica Mundial (OMM) que más de 100 millones de personas precisaron ayuda en 2018 tras los desastres ocasionados por grandes tormentas, inundaciones, acusadas y prologadas sequías e incendios forestales. Pronostica la misma organización que no sería de extrañar que esa cifra creciese un 50 por ciento en 2030. Estos desastres se han quintuplicado, da igual el territorio hacia donde miremos. Detrás de la mayor parte de ellos está el cambio climático. Parece ser que en 2018 se destinaron más de 500.000 millones de dólares a restituir una parte de lo destruido. La OMM asegura que como el cambio climático irá a más por la falta de medidas que aseguren que no se superan incrementos de 1,5 ºC, habría que invertir para paliarlos 1.800.000 millones hasta el año 2030, el de la evaluación de los ODS.

La OMS (Organización Mundial de la Salud) avisa: la asociación entre pandemia y cambio climático era cuestión de tiempo.

Cabe preguntarse si se puede aminorar esos perfectos perversos. Cada contribución, positiva o negativa, al cambio climático cuenta. No miremos hacia otro lado; exijamos a nuestros gobiernos y empresas una urgente acción comprometida.

¿Y si hacemos algo por el Ártico?, antes de que desaparezca.

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Se dice que el griego Piteas se atribuía haber llegado a zonas que podían ser las costas noruegas hace unos 300 y pico años a.C., acaso los vikingos también lo visitaron pronto.  O, puestos a fantasear, el Capitán Trueno, un aventurero español que tuvo gran difusión entre mediados de la década del 50 y la siguiente del siglo pasado. Ese personaje de finales del siglo XII nos llevaba hacia Thule, Groenlandia, en donde reinaba su novia Sigrid.

Otros muchos viajaron hacia la zona ártica. El Renacimiento impulsó expediciones que ideaban otras rutas para buscar comercio o lo que fuese; el flujo expedicionario siguió durante muchos años, en especial a lo largo del siglo XIX . Sin duda en esos viajes se inspiraría Julio Verne para escribir Las aventuras del Capitán Hatteras, que fue publicado hacia 1866. Después, otros se empeñaron en llegar al Polo Norte, unas veces con intereses científicos y otras más aventureros. ¡Vaya usted a saber quién fue el primero en llegar! Hay un libro La batalla por el Polo Norte que trata de las peleas de Peary con Cook, de nombre Frederick A. Incluso Georges Méliès, el gran impulsor de la cinematografía, realizó un cortometraje mudo en 1912 sobre el asunto À la conquête du Pôle. Hace un par de años se estrenó la película Artic, una semblanza de la difícil vida que ese entorno plantea a un hombre solitario.

El Ártico ejerce una gran atracción. Pero no todo es belleza allí: El Ártico se derrite, de ahí los temores de mucha gente por si le sucede algo. A eso íbamos. Esa es la principal señal que queremos lanzar desde aquí. Sin ir más lejos, el pasado 15 de septiembre el hielo ártico alcanzó su mínima extensión de este año, como certifica la NOAA (National Oceanic and Atmospheric Administration) estadounidense. Supone el segundo valor más bajo desde que existen registros; solo fue menor en 2012. Allí se sienten con especial crudeza los efectos del cambio climático. El grandioso Ártico se merece un compromiso colectivo, aunque solamente fuera por el egoísmo antropocéntrico que nos mueve la mayor parte de las veces . O también para ayudar a quienes sufren de cerca su pérdida, sean seres vivos de cualquier especie, incluidos los lapones o inuit.

El Ártico, tan lejos y a la vez tan cerca. Sus dolencias alterarán su antigua e idílica semblanza; casi al momento nos llegarán a nosotros. ¡Qué pena! Hace unos años, Bendt, un inuit que hizo de guía en una expedición de Greenpeace por Groenlandia expresaba sus temores diciendo que “como el Ártico se deshiele tendrán que aprender a nadar en el resto del mundo”. No especificó si eso lo temía para el año 2030, antes o después. Pero ahí queda.

  • Resumen de un artículo publicado en el blog La Cima 2030 de 20minutos.es

Hasta la arena quiere ir al Himalaya

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No es un asunto baladí, ni un chiste malo. La realidad es que el polvo que viaja con el aire ventoso y recorre largas distancias acaba posándose allá donde la física le manda. Ya se sabía que ciertas partículas contaminantes que la combustión genera ennegrecían la nieve y los hielos y alteraban el efecto albedo (manera de reflejar la radiación solar). Era de todos conocido que las tierras amazónicas proceden en buena parte de los desiertos africanos, llevadas allí por los vientos que van de este a oeste por el Atlántico. Pero a veces los vientos cambian de dirección.

Los vientos primaverales que circulan en sentido contrario llevan el polvo desértico -sahariano pero también arábigo y del enorme desierto indio del Thar- hasta el Himalaya, el Karakórum o el Hindú Kush (HKH); sube más allá de los 3.000 metros, altura a la que llegan las emisiones antrópicas. El hecho de que el polvo desértico se acumule en las nieves de las citadas montañas reduce el albedo de estas masas heladas, que se calientan y se deshielan. Si a esto unimos los estragos del cambio climático, tenemos recorridas varias fases de la tragedia que por aquellos lugares ha escrito ya bastantes páginas. Si desean ampliar la información solamente tienen que visitar el estudio publicado en Nature Climate Change.

Los ríos anhelan vida; no hay vida sin ríos sanos

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El próximo día 27, domingo, se dirige en algunos lugares una mirada especial hacia los ríos. Se la ha llamado World Rives Day y tiene un foco espacial en la India. Los ríos son pero parece que no están. Cumplen múltiples funciones básicas para la vida, la nuestra y de otros muchos seres vivos. Vidas direntes según lugares, también propias que anhelan cada vez más, pues sufren no solo el olvido sino sus consecuencias: desconsideración, cauces cada vez más alterados, caudales exiguos, represas y detracciones múltiples, además de cargas contaminantes tóxicas y otros sufrimientos.

Ríos que quieren vida para darla; ríos que van y vienen con el pasar de sus aguas que besaron cantando las montañas, al decir de Gloria Fuertes; que juegan y brillan a la luz de la luna en palabras de Dulce Mª Loynaz; de dulce pasar que llevan sueños a la mar, como poemó Unamuno. Ríos por los que vamos o van tras nosotros puliéndonos como hacen con los guijarros, dijo Ángel González. Ríos deseados -para ser otra vez ellos mismos como en sus inicios y en sus libertades- por asociaciones protectoras desde el conocimiento científico como el Ciref (Centro Ibérico de Restauración Fluvial)  y el ECRR (European Centre for River Restoration). Ríos diversos como defiende la FNCA (Fundación Nueva Cultura del Agua).

Al final, ríos, para sí y de paso sirviéndonos sus aguas en vasos de esperanza, remansada en ocasiones y fluyente en otras, pues  baila y camina por los filos de los sueños.

Ver el artículo completo en La Cima 2030 de 20minutos.es.

El tiempo sin tiempo, ya lo poemó Benedetti

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Se cumplen cinco años desde que los ODS (Objetivos de Desarrollo Sostenible) abrieron la caja de las ilusiones globales. No sabemos si es mucho o poco tiempo, seguramente Carlos Gardel nos diría que no son nada. Depende si miramos a lo hecho en relación con lo que nos queda por hacer. 

Seguramente se hubiera necesitado para la transformación «odsiana» ese tiempo que otros dejan abandonado porque les sobra o no saben qué hacer con él. En este asunto de las tareas puestas en marcha diríamos como el poeta: para lograr los ODS precisamos o sea necesitamos, digamos que nos hace falta tiempo sin tiempo. Este año, el día 14 de septiembre, el poeta, escritor y pensador uruguayo hubiera cumplido 100 años. No sabemos qué diría sobre los avances de los ODS, quizás nada, o mucho. En cualquier caso, sus palabras o sus silencios nos empujarían. Así lo pensamos quienes hemos disfrutado de sus pensamientos.

En el artículo «¡Qué cinco años no es nada!, cantan los ODS», publicado en La Cima 2030, de 20minutos.es, hablamos más detenidamente del tiempo sin tiempo.

La contaminación del aire da por finalizada la covid-19

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Los confinamientos generalizados de hace unos meses, con buena parte de la actividad económica y los desplazamientos masivos parados, redujeron la carga contaminante del aire. La reanudación de una parte de las actividades previas a la emergencia pandémica está devolviendo los niveles de contaminación del aire a valores de primeros de año. Por lo que se ve, los acuerdos de París no se van a cumplir. Así lo denuncia la Organización Meteorológica Mundial (OMM), en nombre de seis agencias y organismos internacionales, en el informe United in Science 2020, presentado en Nueva York el miércoles pasado. 

Tomemos nota de lo que resalta el informe sobre el creciente cambio climático: «los impactos que afectan a la dinámica global pueden ser irreversibles en los glaciares, los océanos, la naturaleza, las economías y las condiciones de vida de la población, y que a menudo se perciben en forma de peligros relacionados con el agua, como los episodios de sequía o las crecidas». Es más, dice que la covid-19 ha dificultado la capacidad de monitorear esos cambios a través del sistema mundial de observación.

No se pierda la nota de prensa de la Organización Meteorológica Mundial. 

Educación Ambiental para la Sostenibilidad; ahora más que nunca

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Buena parte de la sociedad, por muchos países y en diferentes ámbitos, se encuentra desorientada sobre qué hacer en favor de un medioambiente más saludable. Piensa en acciones propias, desearía esfuerzos colectivos, demandaría mayor interés de gobiernos, empresas y otros agentes sociales.

Se nos ocurre pensar que el entorno escolar es un buen escenario para representar ideas, lances y desenlaces; para imaginar y reflexionar, tanto que tras bajar el telón de un debate o una acción se vean otros mundos posibles. proponer como objeto de debate la Educación Ambiental para la Sostenibilidad. 

Así lo hablamos con casi dos centenares de profesores y técnicos de Chile, tras la invitación que se nos hizo desde el Ministerio de Medio Ambiente de aquel país.  A lo largo del conversatorio fluyeron saberes ambientales, propuestas metodológicas, esperanzas, modelos de otros lugares, el uso de las redes para comunicarse, la necesidad de volcarse en iniciativas de este estilo. Se subrayó el hecho de que la pandemia nos hace ver que si antes era importante una visión de la interrelación entre nosotros y el medioambiente ahora es imprescindible una participación comprometida.

Aquí encontrarán la grabación completa de ese grato encuentro «Reflexiones y propuestas en torno a la Educación Ambiental para la Sostenibilidad en la enseñanza obligatoria» con el profesorado chileno, que mostró un interés tan grande que nos hace pensar que es posible educar con/por el medioambiente, tanto en Chile como en España.

La vuelta a las aulas como parte del derecho humano a la educación

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El derecho a la educación aparece ya en la Declaración Universal de los Derechos Humanos en 1948, en su artículo 26. Pero este ideal común no obligaba al cumplimiento por parte de los estados. En 1959 se firmaba la Declaración Universal de los Derechos del Niño. Unos años más tarde, 1966 y 1976, se rubricaron pactos mundiales en los que se añadía la obligación de los estados firmantes de hacer realidad esa educación en sus territorios.

Se han cumplido 30 años desde que en septiembre de 1990 comenzó su andadura la Convención sobre los Derechos del Niño (CDN), encomienda asumida por la mayor parte de los países del mundo; todavía falta EE UU por ratificarla. La vuelta a las aulas, incierta y estresante para familias, profesorado y administración, es un buen estímulo para la reflexión. Primero debe llevarse a cabo con todos los requisitos de protección de la salud colectiva, con protocolos y recursos de todo tipo.

Pasados unos meses habrá que hacer un análisis crítico de lo acontecido. Si se busca de una manera objetiva se encontrarán fortalezas y debilidades, se verá dónde se han limitado las amenazas y se han reducido las inseguridades. Los Gobiernos deben involucrar a todos los sectores implicados en la consecución de este derecho humano, mantener una interlocución permanente entre ellos. Han de considerar la educación de calidad como una prioridad, ahora mismo y siempre. Los dineros dedicados a la educación son una inversión con altas rentabilidades éticas, sociales y económicas; la mejor pues beneficia a la sociedad al completo. Si hacen dejación de este deber, o cometen serios despistes en la búsqueda del derecho humano que es la educación universal, de calidad y gratuita, no merecen tener la responsabilidad que la sociedad les hemos entregado.

Resumen del artículo publicado en La Cima 2030 de 20minutos.es.

La captura del tiempo como aventura evanescente

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Desde que la pandemia atropelló nuestras vidas hemos tenido dificultades para dimensionar el paso del tiempo, y manejar los tiempos propios. Casi nada se mide como antaño. Dudamos si esperar a que el tiempo pase o empujar al tiempo para que transcurra a una velocidad de vértigo; a ver si así llega antes la salvadora vacuna que nos libre de tantos males. ¡Qué ganas tenemos de vivir con relativa tranquilidad cada uno de nuestros días!

Todo ha transcurrido tan deprisa, o despacio, que no sabemos si decir que nada entendemos. A la vez, han desaparecido de nuestros tiempos sociales y de los gobiernos muchas de la preocupaciones ambientales o sociales que antes nos mantenían ocupados: cambio climático, restricciones de biodiversidad, desigualdades de todo tipo, hambre, pobreza, etc. El tiempo eran momentos o logros, ahora no se sabe qué. Por más que se haya intentado poner metas en el calendario; de lo contrario las esperanzas se difuminan. Mala cosa esta de la engrandecida duda.

Sobre todo esto, y de algo más, reflexionamos en nuestra entrada «Perseguir el tiempo es una aventura quebradiza» del blog La Cima 2030 de 20minutos.es.

La educación fragmentada de las generaciones covid-19

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La suspendida escuela muestra como pocos ámbitos la desazón global que nos acecha. Un centro escolar es un laboratorio social, además del primer escenario no familiar donde se construyen capacidades. Como sociedades nos habíamos acostumbrado a tener nuestra escuela, era algo casi tan necesario como el comer. Pocos eran los grupos sociales, los países, que estaban dispuestos a renunciar a ello. Pero el deseo mundial se quebró en una explosión continuada. Desde educación infantil hasta la universidad se perdió el hilo del saber, más bien la red que une el presente con el futuro, al individuo con el colectivo, la técnica con las destrezas, los deseos con las realidades. Ya nada fue ni será como entonces pues la educación quedó fragmentada, en pedazos cuál jarrón de vidrio caído. Costará reponerla porque los hábitos y las relaciones sociales, que antes hacían de pegamento, han desaparecido temporalmente o limitado parte de sus propiedades.

Nadie se habría atrevido a imaginar qué tal cosa pudiera suceder. La pandemia trastocó los aprendizajes de ricos y pobres, estos ya andaban bastante mal a pesar de que la educación tiene la categoría universal de derecho humano. ¿Cómo componer los fragmentos?, porque queda mucho por delante para recuperar el ritmo perdido. Ensayos va a haber de todos los estilos, en diversas circunstancias, con más o menos sobresaltos. Ojalá tengan éxito.

¿Qué dirán los libros de historia dentro de unas décadas sobre las generaciones covid-19? Seguro que comentan cuestiones sanitarias -como golpeó más o menos a distintos tramos de edad-, acaso el crac económico -feroz como siempre con los más vulnerables-, ¿pero se acordarán de la rémora educativa y cultural que la pandemia dejó por todo el mundo? Porque los principales lastimados educativos han sido niños, jóvenes y universitarios pero los destrozos han llegado a gentes de todas las edades. Cualquier persona, en cualquier país, habría imaginado un porvenir diferente, había ido construyendo sus capacidades y vio como sus referencias y deseos se vinieron abajo; todo lo cual forma parte también de la educación individual y colectiva, de jóvenes o mayores. Esperemos que los libros hablen también de que la recuperación de todo, incluidos los ánimos, no llevó demasiado tiempo.

El Día de la Sobrecapacidad de la Tierra se retrasa este año; cosas de la pandemia

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No será «hasta el 22 de agosto», en el año 2019 fue el 29 de julio. Todo se debe a la pandemia. El Earth Overshoot Day sería la fecha en la que a escala global consumimos todo lo que el planeta sería capaz de generar durante el año. La gente que estudia estas cosas ha localizado reducciones en varios indicadores: el efecto del carbono (se redujo un 14,5% desde 2019) y la carga de productos forestales (disminuyó un 8,4% desde 2019). Asigna a la dichosa pandemia, una reducción de la huella ecológica global próxima al 10 %; si bien no se atreve a relacionar todos sus efectos en la huella alimentaria. Tanto confinamiento en el amplio mundo que supuso la disminución drástica de desplazamientos y de actividad productiva se tenía que notar. Aunque siempre hay países más derrochadores que otros, como se resalta en los enlaces que sugerimos en el artículo que escribimos del asunto en La Cima 2030 de 20minutos.es. Seguro que le interesa leerlo para saber algo más del asunto y reflexionar en fechas previas al 22 de agosto, que este año cae en sábado y por tanto no es un día de mucho pensar en estas cosas. ¿O sí?

Clamor de los jóvenes por su futuro tras la pandemia

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El Día Internacional de la Juventud fue ayer. Hemos revisado los portales de información general y poco o nada se dice, ni siquiera como anécdota. Han pasado 75 años desde que la ONU empezó a andar, tenemos un reto extraordinario en el año 2030 en relación con los ODS, con un marchamo especial para la juventud. Dice la ONU que la proporción de jóvenes sin empleo, educación o formación (tasa NEET juvenil) se ha mantenido persistentemente alta en los últimos 15 años y ahora es del 30 por ciento para las chicas y del 13 por ciento para los chicos en el conjunto del mundo. 

La respuesta de la juventud ante la covid-19 es multiforme; por eso mismo, desempeñan un papel especial en cómo asumen responsabilidades en materia sanitaria. Para ello necesitan una educación en temas de salud, la promoción de la salud pública y la información basada en pruebas para combatir la propagación y los efectos del COVID-19, pero más concretamente para contrarrestar la propagación de la desinformación en la red.

Pero además, o sobre todo, los jóvenes necesitan que las escuelas sean más inclusivas cuando abran tras la pandemia. Así lo demandan en la Carta abierta que dirigen a todos los gobernantes y actores sociales del mundo. Promovida desde el Blog de la Educación Mundial merece nuestra atención, ¿y por qué no la adhesión? Léanla al menos y piensen si están de acuerdo con lo que solicitan. Nos presentan el propósito de forma elocuente: Salvar nuestro futuro.

Si yo soy yo, ¿mis circunstancias qué?

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¿Tú y vosotros, acaso ellos y ellas? Una mezcolanza de quienes están cerca o lejos, aquí y allá; aquellos que padecen o gozan, gente seria o sonriente, poderosa o débil, callada y conversadora, animosa resuelta o vergonzosa quieta, indignada o indignante, cumplidora o dilatante; la clase política en general y quienes aborrecen a unos cuantos, suertudos o desgraciados, apasionados o no, sanos y enfermos, trabajadores y parados; también nacionales o extranjeros, jóvenes o viejos, ricos o pobres, agobiados e intrépidos, perdedores y triunfadores, ególatras y generosos, mujeres y hombres, junto con otras muchas variaciones que no cito; no faltan banqueros y desbancados, aprendices del arte de la brujería y del embaucamiento, difamadores y difamados, etc. Y todo el resto de los extremos o tangentes, en donde las verdades, si las hubiera, valen tanto como si se toman como mentiras, pues la vida no deja de ser en cierto modo una antítesis de sí misma. Ahora espolvoreada por la maldita pandemia, por las multiplicadas incertidumbres que la bandean a su gusto, cual enjambre de miedos y emociones que la llenan de circunstancias.

Al final, ¿quién soy yo y cada uno de los otros yoes? Un yo no concluyente, que puedes ser tú, él o ella, depende de las circunstancias, tuyas o de todos. Me veo dentro de un tranvía del que sube y baja mucha gente, con sus pasiones y emociones, con su nada o su mucho. Disfruta, no eres yo desubicado.