Educación

Insistir en lo obvio: niños y adolescentes tienen sus derechos

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Repetimos casi textualmente una entrada que sobre el mismo tema publicamos en este blog en 2016. Entonces recordábamos que el 20 de noviembre de 1989 se firmaba un tratado internacional -ratificado en la actualidad por casi 200 estados- para proteger a niños, niñas y adolescentes, que se concretaba en la Convención de los Derechos del Niño. Resaltábamos que tuvo su precursor en la Declaración de los Derechos del Niño en 1959. Decíamos entonces que los 10 principios básicos de esta declaración tenían un limitado alcance, que eran incumplidos por muchos países, que hacía falta algo más.

Nos alegrábamos de que el texto vigente desde 1989 convierte a niños y jóvenes, a chicas y chicos, en sujetos de derecho; hasta entonces habían tenido el rol de un objeto pasivo de atención. Resaltábamos que el tratado  obliga a que los gobiernos cumplan todos los artículos, pues allí se recogen  los derechos económicos, sociales, culturales, civiles y políticos de todos los niños y niñas. Alertábamos de que su aplicación es obligación de los gobiernos, pero no solo ellos. Existen responsabilidades compartidas con otros agentes como los padres, profesores, profesionales de la salud, investigadores y los propios niños y niñas.

Alguien pensará que las ONG que se preocupan por la infancia siempre están demandando. Pero no es eso. Quieren conseguir lo que parece obvio, asunto del que a escala universal todavía se está muy lejos. ¿Es mucho pedir que de una vez por todas se haga realidad inclusión y educación como defienden los informes GEM, que todos los niños y niñas tengan escuela, que dejen de ser utilizados los niños como soldados, que la salud infantil sea un derecho consolidado en todo el mundo, que mejore el estado de la infancia en España?, y más cosas de coherencia natural. Para colmo, durante este año de pandemia las cosas no han hecho sino empeorar.

Terminamos la entrada repitiendo la petición que hacíamos a madres y padres y colegios en 2016 para que lo debatiesen en su entorno concreto: cuáles son los derechos que no podrían faltar a ningún niño, niña y adolescentes en todo el mundo. ¿A qué creen que se debe que llevemos 21 años insistiendo en prácticamente lo mismo?

Leyes educativas paradójicas, estilo Buridán

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Llevan años nuestros políticos imaginando una nueva Ley de Educación. Ahora mismo, España en noviembre del año 2020, quienes tengan el mínimo interés educativo, y por un momento puedan abandonar los estragos pandémicos, se encuentran un día sí y otro también en los medios de comunicación con pinceladas de cómo nuestros políticos intentan ser emuladores de Buridan, al menos quienes en el Congreso, o en sus respectivos partidos, están ocupados en configurar una ley para la educación obligatoria. No es nuestra intención llamar su atención comparándolos con acémilas, como aquella reducción al absurdo que se inventó el teólogo escolástico del siglo XIV, sino por lo frustrante que resulta que no se pongan de acuerdo en casi nada. Pudiendo mejorar la educación, deseo que estimamos comparten todas las fuerzas políticas, se enfangan en dilatadas discusiones. Quizás porque no aciertan a concretar lo que realmente buscan, o no quieren encontrarse en el camino, o la senda, por donde transitan sus rivales políticos.

Pierden el tiempo en razonar con argumentos conocidos y parcialmente interesados, difícilmente permeables con los de sus oponentes. Podrían separar lo prioritario de lo accesorio, emplear el razonamiento ético para avanzar. Se lo pedimos, se lo exigimos. Tienen sobrada capacitación para lograrlo.

La nueva ley educativa no puede retrasarse más. Al final, corremos el riesgo, como sucedió en el ejemplo de Buridán, de que la educación muera lánguidamente de inanición transformadora por carecer del sustento que la ha de nutrir: encontrar el camino para que cualquier estudiante pueda desarrollar todas sus potenciales capacidades educativas si así lo desea pues la sociedad pone a su disposición todos los recursos necesarios para lograrlo.

No queremos que de todo esto del trámite parlamentario quede una reducción al absurdo, como ya barruntaban los griegos allá por los siglos VII-VI a.C. que parece ser que ya utilizaban aquello de “unos por otros y la casa sin barrer”, más o menos. La educación de calidad es un derecho universal, no puede estar en una paradoja sin fin. Hay que encontrar la diferencia de valor entre unas posiciones y otras y sacar adelante una ley educativa para el siglo XXI, comprometida, que aminore a la gente una parte de las actuales incertidumbres.

Gracias señoras y señores diputados por intentar alejarse del estilo Buridán. Estamos seguros de que pueden lograrlo. Lo celebraremos en este blog y en muchos centros educativos de toda España.

Los maestros y maestras frente a la pandemia, versión «a lo Albert Camus»

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Pocas personas reconocidas mundialmente han sabido expresar como Albert Camus la figura de lo que hacen o representan maestros y maestras de todos los niveles educativos, desde infantil a la universidad. Sus palabras pronunciadas, desde la sencillez nada impostada, en la aceptación de Nobel en 1957 nos sirven para componer esta entrada. Por ello, y con el debido respeto si alguna la hemos utilizado incorrectamente, gracias Maestro.

Por las escuelas de hoy, pendientes de los sobresaltos pandémicos, conviven profesores y profesoras con sus dudas. Desarrollaron el hábito de cierta soledad en su trabajo, reducidos al silencio social. A veces sienten inquietud y malestar por ello; para superar ambas han de apelar a menudo a su destino generoso: educar para que los demás sepan educarse. Buena parte de ellos y ellas no pueden vivir sin su trabajo, lo llevan fuera de la escuela, lo comentan en sus casas; les cuesta desprenderse de su interés social. Porque se empeñan en emocionar, y las emociones no se dejan en las aulas. Educar es para muchos una diversión también, a veces colectiva y a menudo solitaria, íntima.

Intentan congeniar lo que mandan las autoridades educativas con aquello que demandan sus alumnos. Difícil tarea hacer comprensible lo uno con lo otro, siempre pero más todavía en este año tan singular. Por eso han de ser comprensivos con el error, venga de un lado o del otro, sea cierto  o percibido. Ahora se afanan en vivir educando en tiempos catastróficos, por eso su tarea es infinitamente mayor: han de preparar a los estudiantes para restaurar su vida y el mundo, cuando todo esto de la pandemia amaine.

Están comprendiendo mejor su oficio. Por eso, si cuando superemos la pandemia como sociedad escribiésemos una carta de agradecimiento a los profesores y profesoras, como hizo Camus a su maestro Germain, no olvidaríamos agradecerles habernos tendido una mano afectuosa y una mirada alegre. Además de otras emociones y sentimientos vividos, no vendría mal repetir aquello que él recordó a su maestro: “sus esfuerzos, su trabajo y el corazón generoso que usted puso continúan siempre vivos en uno de sus pequeños discípulos, que, a pesar de los años, no ha dejado de ser su alumno agradecido”. Gracias Camus, gracias maestras y maestros.

Diario escolar, de autoría universal

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Seguro que alguien, por todo el mundo, va anotando cómo es su día a día escolar. Por sus páginas transitarán prevenciones junto a despreocupaciones, dificultades frente a logros, emociones y disimulos, reprimendas y recomendaciones, acogimientos o descuidos de inclusividad, demandas satisfechas o no, sonrisas y llantos. 

Seguro que en muchas páginas se verán retratados el profesorado y el alumnado, en forma de anécdotas o posturas firmes. La escuela enseña con el ejemplo pero también con los acuerdos, con las pautas convenidas, con las esperanzas frustradas, con los deseos por encima de todo. 

La escuela es una maravillosa maraña de emociones, era y lo seguirá siendo cuando todos nos libremos de estas ataduras que no entendemos bien. Por eso, la escuela debe reflexionar sobre el momento, aprender cada día a construirse a sí misma con formatos diferentes a los que la inercia anterior nos tenía acostumbrados. Estaría bien que cada centro llevase su diario escolar. En este cometido no debe faltar la autoría de nadie: profesorado, alumnado, familias y administración.

A la vez, la escuela puede aprovechar el momento para reinventarse, para rescatar del olvido ilusiones no satisfechas. también emergen en el día a día y merecen que se tome nota de ellas. A la vez, las discusiones de una ley educativa en cualquier parlamento deben servir para acordar aquello que es mejor para el conjunto, para buscar la incorporación de la finura en el tratamientos de los más vulnerables. Las peleas partidistas que están tramitando los políticos españoles no hablan bien de la escuela universal. Más de uno de quienes resuelven estos días problemas críticos en las aulas se escandalizaría si leyese en el Diario de las sesiones colectivas, o en el de las Comisiones de las Cortes o en los respectivos parlamentos autonómicos, lo que allí se dice.

Cuando todo esto pase, ¡Ojalá sea el curso 2021-2022!, deberíamos poner en común nuestros diarios. Habría que buscar una semana del año para reflexionar en todos los centros educativos acerca de las lecciones aprendidas. Por supuesto que deberían participar, en niveles de igualdad, los responsables políticos y educativos.

La contienda pandémica en la escuela

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Ahí siguen las escuelas, manteniendo su esencial contribución a paliar los desastres pandémicos. Tienen algunas instrucciones de la OMS y de sus autoridades educativas y sanitarias para reducir los impactos. Pero eso no resuelve todo. En algunos países han sido dotadas de recursos extraordinarios, en otros no. Pero el día a día no es fácil, siempre pendientes del episodio crítico.

Utilizan el rigor para moverse cada jornada, con grave preocupación y enormes esfuerzos, adaptando horarios y movimientos, modificando agrupaciones. En general, el alumnado cumple las prevenciones dictadas; el profesorado mantiene el tipo, no sin sobresaltos. Las familias ayudan lo que pueden, a pesar de los pesares. 

Cada día se cierran muchas aulas, otras reabren después de periodos de cuarentena. Ojalá la creciente incidencia de casos covid que sufre Europa no obligue a cerrarlas de nuevo; sería un tremendo fracaso de la sociedad entera que no supo poner freno a los daños colaterales de su mala gestión de la pandemia, tuvo muchos meses para prepararse, y también actuó con irresponsabilidad ciudadana en muchos casos, todavía visibles hoy.

Los medios de comunicación hablan poco de la escuela «pandemiada»; les preocupa más si se cierra la hostelería, foco reproductor de casos según muchos científicos. Algunas personas se manifiestan contra las limitaciones impuestas porque dicen coarta su libertad individual. ¿Acaso no cercena más el derecho individual que supone la educación la actitud irresponsable de algunos frente a la pandemia?

No sabemos el devenir de la escuela en los meses venideros. Siempre quedará en el recuerdo el esfuerzo de maestras y maestros, pero habrá que acompañarlos en su tarea restringiendo las actividades personales o familiares que la puedan poner en más riesgos.

La escuela acoge a la Antártida

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Esta entrada tiene mucho de homenaje. Una parte va dirigido a las tierras australes, tanto por su belleza como por los beneficios que procuran a la dinámica climática global. Otra se fija en las mujeres y hombres -en este caso personalizados en dos entrañables amigos- que acuden al continente helado cada pocos años para realizar investigaciones que preserven el enclave o que aporten nuevas vías de mantenimiento y futuro de la biodiversidad global.

Pero también quiere que la escuela viaje allí, metafóricamente, para enriquecer sus conocimientos y percepciones, más bien desarrollar nuevas capacidades para entender el futuro global. Incluso va más allá: quiere que se reserve un rincón para la Antártida en cada escuela. Los pingüinos nos sirven de embajadores para conocer paisajes diferentes, para apreciar vidas difíciles, para conocer publicaciones interesantes, para valorar lo que tenemos y la necesidad de preservarlo, para disfrutar de la plástica antártica. Queremos una escuela que admita en sus aulas, dé albergue, proteja y ampare al sistema antártico: su dinámica, sus hielos y sus criaturas.

La Antártida es un tesoro largamente construido, ahora expuesto a peligros crecientes sobre todo motivados por el cambio climático; en concreto este año ha vivido el invierno más caluroso de los últimos 30 años. Por esto, y por muchas más cosas lo llevamos al blog «Ecoescuela abierta» de El Diario de la Educación con el título «La escuela antártica«, porque queremos reclamar su presencia en el ideario ambiental y vivencial de cada centro escolar. Les invitamos a leerlo. Además del aporte de algunas notas históricas, artísticas, de biodiversidad, etc., que siempre animan al conocimiento, recuerda una y otra vez que merece la pena luchar por la Antártida. A los estudiantes de hoy les va una parte del futuro en ello.

Elogio del planeta vivo, escenario biodiverso

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Cualquier persona apostaría por mantener un planeta vivo, rico en biodiversidad y con perspectivas de futuro. No tendría muchas dificultades para encontrar una o muchas razones que apoyasen esa manifestación. La vida llama a la vida, dijo alguien hace mucho tiempo. Sin embargo, mucha gente desconoce los riesgos a los que se enfrenta esa biodiversidad: unos propios de su evolución, otros inducidos por la creciente presión humana. 

El elogio más sublime y duradero que se puede hacer al planeta vivo es mantener actitudes comprometidas para su conservación. Conocemos 13 actualizaciones desde que en 1998 WWF publicaba su primer informe sobre este planeta vivo. La biodiversidad planetaria la componen múltiples formas de vida, en ambientes diferentes, con desempeños diversos, interaccionando unas y otras hasta formar un conjunto. Este cambia constantemente, casi al segundo pero se aprecia mejor durante una sola jornada, día tras otro y según las estaciones, a lo largo de los años; por no poner medidas del tiempo más largas que complican su comprensión. 

Aseguran WWF y la Sociedad Zoológica de Londres (ZSL) en su reciente informe de 2020, que entre 1970 y 2016 las poblaciones de especies de vertebrados en el mundo han retrocedido una media del 68%, que la biodiversidad está disminuyendo a diferentes ritmos en lugares concretos, con las mayores pérdidas en áreas tropicales; en especial América. 

La sociedad debe comprometerse en la ayuda activa a las organizaciones que luchan por mantener esa biodiversidad que a todos enriquece. Se puede empezar desde la escuela para lo cual podemos echar mano de La biodiversidad en el centro educativo del Centre d’Educació Ambiental de la Comunidad Valenciana. Merece una reposada mirada y la replicación de algunas de sus actividades, pues habla tanto del medio rural como urbano.

Leer artículo completo en el Blog Ecoescuela abierta de El Diario de la Educación.

Las escuelas «pandemiadas» redescubren el medioambiente

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A pesar de todo, o por eso mismo, ahora más que nunca hay que mirar hacia el medioambiente, vivirlo con intereses diferentes a como se hacía antes. Para llevarlo a cabo no son necesarias grandes aventuras. Desde diversas plataformas relacionadas directamente con la escuela o de fuera, pero que piensan en educar y prestar servicios educativos básicos, se ofrecen muchas posibilidades.

Las metodologías sugeridas, los proyectos desarrollados, las actividades aportadas sirven para traducir necesidades actuales de la que podría ser nueva enseñanza obligatoria. Dado que lo más probable es que haya que reformular los proyectos educativos y curriculares de los centros, no estaría de más que se visitase: #EA26,  una plataforma de búsqueda de horizontes didácticos;  ESenRED, una red de centros que quiere rescatar de la vida los temas ambientales y llevarlos a las aulas; Profesores por el futuro (Teachers for future Spain), que, entre otras propuestas, se detienen en el cambio climático y las emergencias que trae consigo. Hay también impulsos muy interesantes que surgen desde fuera de las aulas como Re-conectándonos, el programa piloto de apoyo al sistema educativo mediante la generación de nuevos aprendizajes desde la Educación Ambiental, elaborado por la Red de Equipamientos de Educación Ambiental para el primer trimestre del curso 2020-21.

Un merecido reconocimiento a todas estas iniciativas, a otras muchas que no hemos citado aquí. La escuela actual necesita ver la educación de otra forma, en estos momentos tan complicados; incluso nos atrevemos a proponer que después de todo esto debe surgir una nueva escuela, ambiental y colectivamente sostenible.

Ver al artículo completo en Ecoescuela abierta, de El Diario de la Educación.

Educación Ambiental para la Sostenibilidad; ahora más que nunca

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Buena parte de la sociedad, por muchos países y en diferentes ámbitos, se encuentra desorientada sobre qué hacer en favor de un medioambiente más saludable. Piensa en acciones propias, desearía esfuerzos colectivos, demandaría mayor interés de gobiernos, empresas y otros agentes sociales.

Se nos ocurre pensar que el entorno escolar es un buen escenario para representar ideas, lances y desenlaces; para imaginar y reflexionar, tanto que tras bajar el telón de un debate o una acción se vean otros mundos posibles. proponer como objeto de debate la Educación Ambiental para la Sostenibilidad. 

Así lo hablamos con casi dos centenares de profesores y técnicos de Chile, tras la invitación que se nos hizo desde el Ministerio de Medio Ambiente de aquel país.  A lo largo del conversatorio fluyeron saberes ambientales, propuestas metodológicas, esperanzas, modelos de otros lugares, el uso de las redes para comunicarse, la necesidad de volcarse en iniciativas de este estilo. Se subrayó el hecho de que la pandemia nos hace ver que si antes era importante una visión de la interrelación entre nosotros y el medioambiente ahora es imprescindible una participación comprometida.

Aquí encontrarán la grabación completa de ese grato encuentro «Reflexiones y propuestas en torno a la Educación Ambiental para la Sostenibilidad en la enseñanza obligatoria» con el profesorado chileno, que mostró un interés tan grande que nos hace pensar que es posible educar con/por el medioambiente, tanto en Chile como en España.

La vuelta a las aulas como parte del derecho humano a la educación

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El derecho a la educación aparece ya en la Declaración Universal de los Derechos Humanos en 1948, en su artículo 26. Pero este ideal común no obligaba al cumplimiento por parte de los estados. En 1959 se firmaba la Declaración Universal de los Derechos del Niño. Unos años más tarde, 1966 y 1976, se rubricaron pactos mundiales en los que se añadía la obligación de los estados firmantes de hacer realidad esa educación en sus territorios.

Se han cumplido 30 años desde que en septiembre de 1990 comenzó su andadura la Convención sobre los Derechos del Niño (CDN), encomienda asumida por la mayor parte de los países del mundo; todavía falta EE UU por ratificarla. La vuelta a las aulas, incierta y estresante para familias, profesorado y administración, es un buen estímulo para la reflexión. Primero debe llevarse a cabo con todos los requisitos de protección de la salud colectiva, con protocolos y recursos de todo tipo.

Pasados unos meses habrá que hacer un análisis crítico de lo acontecido. Si se busca de una manera objetiva se encontrarán fortalezas y debilidades, se verá dónde se han limitado las amenazas y se han reducido las inseguridades. Los Gobiernos deben involucrar a todos los sectores implicados en la consecución de este derecho humano, mantener una interlocución permanente entre ellos. Han de considerar la educación de calidad como una prioridad, ahora mismo y siempre. Los dineros dedicados a la educación son una inversión con altas rentabilidades éticas, sociales y económicas; la mejor pues beneficia a la sociedad al completo. Si hacen dejación de este deber, o cometen serios despistes en la búsqueda del derecho humano que es la educación universal, de calidad y gratuita, no merecen tener la responsabilidad que la sociedad les hemos entregado.

Resumen del artículo publicado en La Cima 2030 de 20minutos.es.

La educación fragmentada de las generaciones covid-19

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La suspendida escuela muestra como pocos ámbitos la desazón global que nos acecha. Un centro escolar es un laboratorio social, además del primer escenario no familiar donde se construyen capacidades. Como sociedades nos habíamos acostumbrado a tener nuestra escuela, era algo casi tan necesario como el comer. Pocos eran los grupos sociales, los países, que estaban dispuestos a renunciar a ello. Pero el deseo mundial se quebró en una explosión continuada. Desde educación infantil hasta la universidad se perdió el hilo del saber, más bien la red que une el presente con el futuro, al individuo con el colectivo, la técnica con las destrezas, los deseos con las realidades. Ya nada fue ni será como entonces pues la educación quedó fragmentada, en pedazos cuál jarrón de vidrio caído. Costará reponerla porque los hábitos y las relaciones sociales, que antes hacían de pegamento, han desaparecido temporalmente o limitado parte de sus propiedades.

Nadie se habría atrevido a imaginar qué tal cosa pudiera suceder. La pandemia trastocó los aprendizajes de ricos y pobres, estos ya andaban bastante mal a pesar de que la educación tiene la categoría universal de derecho humano. ¿Cómo componer los fragmentos?, porque queda mucho por delante para recuperar el ritmo perdido. Ensayos va a haber de todos los estilos, en diversas circunstancias, con más o menos sobresaltos. Ojalá tengan éxito.

¿Qué dirán los libros de historia dentro de unas décadas sobre las generaciones covid-19? Seguro que comentan cuestiones sanitarias -como golpeó más o menos a distintos tramos de edad-, acaso el crac económico -feroz como siempre con los más vulnerables-, ¿pero se acordarán de la rémora educativa y cultural que la pandemia dejó por todo el mundo? Porque los principales lastimados educativos han sido niños, jóvenes y universitarios pero los destrozos han llegado a gentes de todas las edades. Cualquier persona, en cualquier país, habría imaginado un porvenir diferente, había ido construyendo sus capacidades y vio como sus referencias y deseos se vinieron abajo; todo lo cual forma parte también de la educación individual y colectiva, de jóvenes o mayores. Esperemos que los libros hablen también de que la recuperación de todo, incluidos los ánimos, no llevó demasiado tiempo.

Clamor de los jóvenes por su futuro tras la pandemia

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El Día Internacional de la Juventud fue ayer. Hemos revisado los portales de información general y poco o nada se dice, ni siquiera como anécdota. Han pasado 75 años desde que la ONU empezó a andar, tenemos un reto extraordinario en el año 2030 en relación con los ODS, con un marchamo especial para la juventud. Dice la ONU que la proporción de jóvenes sin empleo, educación o formación (tasa NEET juvenil) se ha mantenido persistentemente alta en los últimos 15 años y ahora es del 30 por ciento para las chicas y del 13 por ciento para los chicos en el conjunto del mundo. 

La respuesta de la juventud ante la covid-19 es multiforme; por eso mismo, desempeñan un papel especial en cómo asumen responsabilidades en materia sanitaria. Para ello necesitan una educación en temas de salud, la promoción de la salud pública y la información basada en pruebas para combatir la propagación y los efectos del COVID-19, pero más concretamente para contrarrestar la propagación de la desinformación en la red.

Pero además, o sobre todo, los jóvenes necesitan que las escuelas sean más inclusivas cuando abran tras la pandemia. Así lo demandan en la Carta abierta que dirigen a todos los gobernantes y actores sociales del mundo. Promovida desde el Blog de la Educación Mundial merece nuestra atención, ¿y por qué no la adhesión? Léanla al menos y piensen si están de acuerdo con lo que solicitan. Nos presentan el propósito de forma elocuente: Salvar nuestro futuro.

La escuela pospandémica incrementará las desigualdades

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Toca cerrar por unas semanas el escaparate de la ecoescuela abierta, que ha querido llevar a los domicilios de los escolares confinados, al profesorado, una parte de la naturaleza para hacerla perceptible en su relación con las personas: cometido social o asignatura escolar que todavía necesita bastantes empeños. Estos días de julio, muchas escuelas, a un lado y otro del Atlántico, retoman las vacaciones. Pero ahora todo resulta extraño; ni las pausas lectivas se miran como antes. La emergencia sanitaria nos ha roto los ritmos, además de otras muchas cosas. Lo ha hecho en España, pero qué decir de lo que sucede en México, Perú, Ecuador o Brasil por citar solo unos ejemplos de América Central y del Sur. Un recuerdo especial para las maestras y maestros de Chile.

En estos meses, los cierres han ocasionado graves prejuicios en todo el mundo, más todavía en los países de ingresos medios como es el caso de una buena parte de Latinoamérica. El retroceso que conllevarán estos cierres va a ser tremendo. El último informe GEM (Global Education Monitoring) de Unesco pronostica que las ayudas a la educación mundial, que habían alcanzado buenos valores en 2018, van a sufrir un descenso por la COVID-19 cercano al 12 %, lo cual deja inermes a muchos escolares de países con evidentes dificultades educativas. Además, en territorios en los que las desigualdades en ingresos familiares ya alcanzaban valores graves, el virus no ha hecho sino flagelar todavía más a los desfavorecidos, acaso provocarles cicatrices permanentes. Estas heridas serán pésimas acompañantes para retomar los impulsos educativos cuando las circunstancias los permitan.

Cuando la emergencia de salud disminuya habrá que renovar la educación colectiva y particular; hacerla más reflexiva. En este proceso, cabría preguntarse si la monotonía escolar dificulta su comprensión organizativa, si no se interioriza la dimensión de la escuela como institución, con sus virtudes y sus defectos. Nos tememos que tampoco queda manifiesto, aquí y en América Latina, ese cometido ecosocial dirigido a ayudar a entender la vida cotidiana y el mundo, circundante o no, en temas como el cambio climático o la pobreza e igualdad de oportunidades, por ejemplo.

Seguir leyendo en Ecoescuela abierta, de El Diario de la Educación.

Una educación de calidad tras la pandemia

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Ya nada será como nunca. Pero queremos repetir aquello de que la educación de calidad adorna la vida de esperanza, de compromiso, de universalidad y de futuro. Cualquier reflexión educativa se estructura en torno a la valoración del acceso universal a la educación, la equidad, las variables referidas al aprendizaje en sí, la calidad de la educación apoyada también en la formación inicial y permanente del profesorado. Asuntos todos sobre los que hay que trabajar mucho en este momento, cuando la educación formal ha sufrido tanto.

Toca hablar de financiación; máxime ahora cuando los dineros destinados a hacer frente a la pandemia en todo el mundo dejan en incógnita las necesarias inversiones educativas. Cuando volvamos a las aulas hay que examinar si la educación de cualquier país –lo centramos en España y América porque desde allí se visita este blog- dispone de recursos económicos, traducidos en programas y profesorado. El comienzo del informe nos avisa de lo que viene detrás: “Uno de cada cuatro países no cumple ninguno de los principales objetivos de referencia sobre financiación para los gobiernos esbozados en el Marco de Acción de Educación 2030”. Dice la UNESCO que para empezar medianamente bien hay que dedicar al menos el 4 % del PIB a la educación. Claro que es difícil hacer lo que Suecia (7,7 %), Dinamarca (7,6) o Islandia (7,5) pero ahí tenemos a Costa Rica y Belice (7,4) y Bolivia (7,1).

La pandemia debe hacernos cambiar aquellos contenidos estáticos de los que tanto hablamos normalmente en las aulas para acoger acontecimientos de alcance social, propios de una ecoescuela abierta, como puede ser otra de las contundencias del informe: “Las ambiciosas metas en materia de educación no se alcanzarán a tiempo sin recursos adicionales, especialmente en los países más rezagados”. Tomemos nota: de los aproximadamente 5 billones de USD que se destinan a educación al año en el mundo, solamente el 0,5 % se emplea en los países de ingresos más bajos mientras que más del 65 % se dedica a la educación de los de ingresos más altos. Esto se llama injusticia global, es un motivo más para que aumente la explotación de los débiles en muchos países, para anular sus ilusiones colectivas, para que la emigración multidireccional se convierta en una espoleta social. Por eso, solo estos datos nos deben empujar a hacer las cosas de otra forma. Ahí vamos.

Seguir leyendo en Ecoescuela abierta de El Diario de la Educación.

La movilidad como símbolo de libertad ilustra el despiste vital

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Ya hemos hablado de esto otras veces: ¿De qué forma se contraponen el ejercicio de la libertad personal con los efectos éticos, sociales o ambientales de cada una de nuestras acciones? Si difícil era la respuesta a esta pregunta enrevesada hace medio año, ahora casi habría que hacer un ejercicio de pensamiento elevado en un cónclave. ¡Vaya despiste en el que estamos metidos! Por ejemplo, imaginemos una situación cotidiana en nuestras ciudades: movilidad y consecuencias ambientales y en la salud. Antes, ya nos resultaría complejo decantarnos por una postura drástica. En estos días casi es eso lo que menos nos preocupa si pensamos en el concepto movilidad, la queremos toda pues de lo contrario no nos sentimos libres. Esto a pesar de que el asunto no deja de ser serio, como lo demuestran los frecuentes atascos que han vuelto a repetirse en salidas y entradas a grandes ciudades cuando nos han dejado pasar a «la extraña normalidad». ¡Esto a pesar del riesgo de volver a extender la pandemia!

Para analizar lo que hacemos nosotros y los otros hemos de utilizar algo de crítica, compromiso, deseos, derechos y deberes, o lo que mejor vaya. Casi nunca se encuentran resultados duraderos, lo de ahora no me vale después, lo de aquí no sirve allá, etc. Algunas personas sí tienen las cosas claras, o al menos eso demuestran; se mueven por donde quieren poniendo en riesgo la salud de los demás. Las tenemos a nuestro lado o lejos -gobernando grandes países en donde la libertad de unos lastima la salud de otros hasta costarles la vida; no es necesario citarlos-. Hagamos el ejercicio de preguntar a la gente que vive o trabaja con nosotros, lo más probable es que no se encuentren mayorías estables. Aquí va una secuencia de ABC news aunque sea de hace más tres años. Aunque parezca exagerada la imagen, sirve para rescatar uno de los vectores/modelos de la insólita normalidad. Hay quien dice que no piensa comportarse de forma sostenible y saludable ante contaminaciones y pandemias. Otros, tal como están las cosas, acuden en masa a celebraciones deportivas o lugares de ocio sin prevenciones ni protecciones mínimas. El despiste vital no parece normal, a pesar de que se haya viralizado. ¿Es eso libertad?