Educación

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Las abejas vuelan y no vuelven; la escuela de la vida debe protegerlas

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ECOESCUELA ABIERTA de El Diario de la Educación

En los textos sagrados de varias religiones la miel, su producto más valorado, se asemeja al conocimiento que empuja a la felicidad humana. En la mitología griega la abeja está asociada a la diosa del amor, Afrodita, (Venus, en la mitología romana), y también a Deméter (diosa de la agricultura), como símbolo de fecundidad. Sin duda, el mundo hubiera sido diferente sin la cera y la miel de las abejas, como ya supieron apreciar los pobladores neolíticos; no es extraño que hasta don Quijote ensalzase a las abejas por ofrecer sin interés alguno la fértil cosecha de su trabajo. Más recientemente, su sabiduría provocó la admiración de los científicos. Tanto que la interpretación de sus códigos de comunicación para explorar el territorio le valió al naturalista austriaco Karl von Frisch el Nobel de Fisiología en 1973.

No es extraña esa adoración secular, pues estos insectos provocan la fecundación de muchas especies vegetales. Cada primavera árboles frutales, leguminosas forrajeras, plantas silvestres y todos los cultivos hortícolas lanzan desde sus flores COV (compuestos orgánicos volátiles) para atraerlas; esperan ansiosos la incesante actividad polinizadora de las diosas aladas. Su poder fecundante llega hasta la economía: la UE les asigna un rédito anual de 15.000 millones de euros por su influencia en las producciones agrarias. Desde el PNUMA (Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente) se recuerda que limitan el hambre en el mundo pues de las cien especies de cultivos que proporcionan el 90% de la alimentación mundial, un 70% son polinizados por las abejas.

Pero están en peligro…

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CDAMAZ, un oasis ambiental que irradia compromiso y esperanza

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Quizás las siglas le digan poco, pero el Centro de Documentación del Agua y Medio Ambiente de Zaragoza cumple 15 años. Empezó casi como una utopía necesaria: soñar que desde la información y la selección de recursos ambientales se podrían mejorar nuestras relaciones con el entorno. Durante estos años ha conseguido dar contenido a la acción ambiental pues ha generado cantidad de información relevante, ha servido de punto de encuentro, de lugar de reflexión, de búsqueda de caminos nuevos hacia la sostenibilidad, etc. Todo ello ha sido posible porque el Equipo de personas que lo dirige y construye cada día creen en un mundo diferente, más sostenible y son inasequibles al desánimo; también hay que agradecer el espíritu que llevó al Ayuntamiento de Zaragoza a crearlo y su mantenimiento a pesar de las crisis presupuestarias. El CDAMAZ es un ejemplo para otras muchas ciudades y países. Merece la consideración de todos los ambientalistas y de los ciudadanos de Zaragoza. ¡Feliz cumpleaños! Os necesitamos.

Mapas multimensionales para soñar desde la escuela hacia el futuro

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Los mapas tienen actualmente una existencia ambigua en la escuela; se ven bastante pero sitúan poco. Sin embargo, mapa es una palabra inequívoca; señala algo importante plasmado en una superficie de apoyo. Es algo universal, casi nadie podrá decir que no ha utilizado varios en su vida. La palabra que los marca viene del latín y designaba, más o menos, un pañuelo sobre el que se podía dibujar un plano. Seguro que en la escuela se sabe que los intentos de entender el mundo y de aprehenderlo mediante símbolos vienen de antiguo: los babilonios hace casi 4000 años y los griegos posteriormente se ocuparon de plasmar en una lámina el mundo conocido. 

En cierta manera, todos los mapas, hasta los más científicos que podamos ver hoy, implican cierto grado de invención. Líneas y colores sirven a sus autores para dar forma a resúmenes y localizaciones del espacio; a los demás nos guían para encontrar lo buscado o descubrir lo recóndito, o simplemente nos dejan viajar con la imaginación. Por eso, la escuela -escenario de aventuras formativas en un mundo global- debe asignarles un protagonismo diario, ahora que Google Maps u otros sistemas cartográficos nos lo ponen más fácil.

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La educación en el mundo en el contexto de migraciones y desplazamientos

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La UNESCO acaba de publicar  el informe “Migración, desplazamiento y educación. Construyendo puentes, no muros” como parte del seguimiento de la educación de cara a la consecución de ODS 4. En él trata de demostrar la limitaciones educativas que sufren los niños, niñas y adolescentes que migran o se desplazan, por voluntad propia o empujados por el hambre, las guerras o la miseria.  Básicamente trata de responder a tres preguntas: ¿Cómo inciden los movimientos de población en el acceso y la calidad de la educación? ¿Cuáles son las consecuencias a nivel individual, para los migrantes y refugiados?¿Cómo puede la educación cambiar la vida de las personas que migran y de las comunidades que las acogen? Entérese de como marca la migración interna en este mundo cada vez más urbanizado, en qué medida las migraciones mejoran o no la educación de los llegados a entornos más o menos favorables, si la llegada de los migrantes plantea o no problemas en los sistemas educativos de las zonas de acogida, etc. Y reflexione en particular sobre qué situación educativa padecen los millones de niños, niñas o adolescentes migrantes. Un dato para empezar: 1 de cada 5 alumnos de 15 años son migrantes de primera o segunda generación en los países de la OCDE.

Salvar la Amazonía debería ser un empeño de todas las escuelas del mundo

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Nombrar Amazonas no es solo decir agua, es hablar de la Amazonía que comprende territorios de 9 países sudamericanos –unos 6,7 millones de km2, casi 12 veces la península Ibérica– y se identifica con la selva tropical por excelencia. Además de ser el hogar de casi el 10% de la biodiversidad conocida, entre otras unas 40.000 especies de plantas y 2.500 de peces fluviales, también de singulares invertebrados; seguro que guarda muchas especies desconocidas. Por otra parte, captura cientos de miles de millones de toneladas de óxido de carbono y libera parte de sus equivalentes de oxígeno. Es el gran pulmón del aire, de la vida global; la evapotranspiración de sus plantas es fundamental para la dinámica climática de todo el planeta. Es la casa de más de 30 millones de personas, además del refugio de más de 300 grupos indígenas –entre ellos los Yanomami y los Kayapó, nombrados en varios documentales por su oposición a las tropelías de los nuevos colonizadores de la selva–.

Los científicos aseguran que la Amazonía –la magnífica reserva de la biosfera– está en peligro. Interesaría plantear en la escuela un debate sobre a quién pertenece la Amazonía: a los gobiernos de los países que engloba, a los habitantes indígenas que viven dentro de ella o, por los beneficios que reporta, a todo el mundo, se podría decir que es un patrimonio global; por eso la Unesco la habrá nombrado Patrimonio Natural de la Humanidad. Esta figura de protección plantea una serie de beneficios pero a la vez conllevaría otros tantos compromisos o más para conservarla. Los periódicos de la zona se lo preguntan a menudo; para comprobarlo solamente hace falta realizar una búsqueda en internet. Si lo dejamos en manos de aquellos países, pueden hacer con ella lo que quieran; incluso talarla del todo, lo cual deja a la intemperie a sus habitantes y maltrechos a los pueblos indígenas. Nosotros lo notaremos enseguida: el clima y nuestras vidas cambiarán mucho. Si pensamos que es propiedad colectiva habremos de implicarnos en su protección. ¿Cómo podemos hacerlo desde la escuela?

El medioambiente todavía camina a trompicones por las aulas, merece una mayor atención. Ahí va un pequeño empujón

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Empeñados en rescatar lo difícil, nos ha dado por interpretar la relación entre medioambiente y educación, ¿quién sabe si existe o es una quimera de gente rara? Pero parece que sí, que hay bastantes personas que al menos la nombra. En la educación formal debería estar omnipresente en forma de pequeños o grandes proyectos, dentro del debate escolar, como escenario para el desarrollo del pensamiento crítico, llevando a cabo una gestión ambiental de los espacios, etc., para ver en él sus vertientes social y natural, para entender si circula por la vida o es en realidad nuestra vida. Animar al profesorado y al alumnado a acogerlo en sus clases es el propósito del librito Medioambiente y educación, que nos hemos atrevido a escribir. Va dedicado a la enseñanza obligatoria, pero como es sencillo y reducido de páginas no le sentará mal a nadie que le eche un vistazo. Si quiere saber algo más de él y dónde adquirirlo visite la página de la editorial Octaedro; allí encontrará el índice y se podrá descargar en pdf el prólogo. Pruébelo y díganos qué le parece. Si le gusta, anime a la gente a que lo compre y lo pase a otras personas, sean o no enseñantes. También puede servir para esas escuelas amigas del otro lado del Atlántico. Un pequeño empujón sobre el medioambiente siempre le viene bien a la educación y, en consecuencia, a la cultura social .

Utopía educativa; siempre encontraremos algo valioso en el camino

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Ambas palabras son grandiosas y complejas. Pronunciar la palabra primera en una conversación es como ver caer una losa; lo más probable es que surja un silencio atronador, acompañado de bastantes miradas o muecas escépticas, incluso que se escuche algún razonamiento inhabilitador. Si la acompañamos de educativa se nos tachará de ilusos. Más de uno dirá que casan mal ambas palabras, por más que en cierta forma siempre hayan ido de la mano; ¿qué es si no educar a alguien en algo que no conoce, ni se está seguro si lo sabrá después, ni siquiera si le sirve para algo? Para mucha gente, docentes o no, la escuela es simplemente un engranaje entre enseñar y aprender. Pero la escuela es imperfecta y no evita la posibilidad de fracaso. Sin embargo, tras un empeño renovador siempre podrán extraer algo. habrá que conseguir que el profesorado acepte que la anómala realidad también puede ser un acicate para levantar el pesimismo que reina en algunos centros educativos. Lo peor es perder la esperanza de ayudar al conjunto, a personas o colectivos desfavorecidos. Piensen en algo que parece utópico en su escuela, busquen complicidades sobre el asunto, inténtelo y sientan si se han acercado. Quizás ya lo hayan hecho y así están reactivando el sentido crítico de la utopía educativa y rehabilitando el papel emancipador que la educación debería tener, dando recorrido a esos sueños que surgieron tras pensar en un mundo menos desigual. Aunque la práctica pueda ser pesimista, la voluntad ha de ser optimista. ¿Qué todavía tienen dudas? Visiten utopías educativas y disfruten.

  • Una parte de este chispazo nació como artículo en El Escolar, de Heraldo de Aragón (7/8/2018)

Demasiadas escuelas se asemejan en esencia a una factoría que quiere elaborar los mejores productos en forma de estudiantes

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Craso error porque por la escuela circulan personas y estas no admiten diseños; son ellas mismas las que dan forma a sus capacidades. Si nos atrevemos a semejante afirmación es porque puede que ahora ya no se nos echen encima quienes lo ven de otra forma, como nos sucedió cuando escribimos La factoría educativa; ahora también lo ha dicho Andreas Schleicher, el mandamás del PRISA. En las escuelas españolas domina la reproducción del conocimiento –rutina, calendario y exámenes-, como si eso tuviese algún valor hoy que todo se encuentra en internet. También ha afirmado con rotundidad que el cambio de las leyes educativas, costumbre muy española, no ha supuestos cambios en la práctica educativa.

Basta ya de parches políticos a la necesaria transformación de la escuela; hace falta más dinero, mejor empleado y profesionales mejor formados. Hace un tiempo que a las Facultades de Educación acceden buena parte de quienes no pueden entrar en otras carreras. En su estudio de Grado, deambulan muchas veces entre cuestiones que poco los acercan a la práctica escolar.

Pregúntense a favor de quién y sobre qué educamos, como hace este artículo de Carlos Aldana en eldiario.es.

Climatizar la escuela para atemperar la incertidumbre

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Las puertas de la escuela siempre deben estar abiertas a recoger opiniones y percepciones de los escolares, aunque sean controvertidas, y tratarlas de forma dialogada, para aventurar lo que supone cada deseo de las personas en la aldea global en la que vivimos. En esta ocasión, se trata de algo menos continuado, por eso escasamente perdurable en la preocupación curricular, pero suponemos que más importante: escuchar y entender desde las aulas el clima y sus vaivenes locales o globales, a la vez que prepararnos y comprometernos para aprehenderlo mejor y así actuar todos los días. Si se logra este propósito, se ayudará a limitar las incertidumbres meteorológicas, que las habrá siempre, de distinta intensidad y afectando a más o menos gente; esta última idea debe quedar clara entre los escolares pues la experimentarán en la vida adulta. Porque, no lo olvidemos, el clima ya no es lo que era: lo manifiestan de forma subjetiva los más mayores, lo corroboran de forma objetiva los científicos.

Los recientes episodios meteorológicos ocurridos en España, también en Francia, como sucede cada mes en casi todos los países del mundo, han tenido graves repercusiones en el medio natural y en la vida de muchas personas, tanto que han sido objeto de una enorme atención mediática. Pregunten en su clase cómo el alumnado ha percibido estos episodios, quizás ni siquiera se hayan enterado. Avancen con los escolares las causas y consecuencias que han tenido, intenten situar las localidades o regiones afectadas en el mapa y buscar alguna relación entre las pulsiones de la naturaleza y el bienestar y las necesidades de las poblaciones. 

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RESCLIMA es una parte de la resistencia a la inacción social, provista de estrategias educativas para limitar lo (ir)reversible

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Esas gentes son incombustibles. En cierta manera se parecen a aquellos galos de la aldea minúscula que luchaban contra todo un gran imperio -ahora mismo hay muchos imperios políticos comerciales y políticos que quieren acabar con los “pesados climapensantes” o simplemente los desprecian-. Estos irreductibles modernos, ahora reunidos en el extremo noroeste de Hispania, otra similitud curiosa, utilizan la pócima mágica de la ética global elaborada por ellos a partir de los ingredientes de millones de científicos, que operan como druidas.  Mujeres y hombres que se preguntan sobre el modo correcto de vivir, que permanecen en la duda socrática sobre si esta es la sociedad global deseada. También tienen algo de Mafalda y Quino que hace años ya nos avisaron con gracia y sarcasmo del asunto climático a todos; solo unos pocos lo quisimos entender y por eso nos llamaron “cargantes”, y un poco de Lisa Simpson, que una y otra vez recordaba a quienes le rodeaban que hay una válvula de escape -la educación- para atemperar el desarreglo colectivo y en eso se empeñaba. Hoy mismo, una parte de quienes creen que otra educación ambiental es posible -que hay respuestas educativas y sociales al cambio climático- se reúnen en Santiago de Compostela (España) en Resclima. Un colectivo heterogéneo, como lo es el sistema clima, del que forman parte varias universidades y grupos de investigación, que trata de relacionar ciencia y cultura, cuestión climática y representaciones sociales, y se propone hacerlo mediante la educación y la comunicación; loable atrevimiento al que pocos se suman, y menos en estos momentos de falta de respeto social.

El sistema clima -pasado y actual- va a su marcha, pero nosotros -profesoras, profesores y centros educativos- viajamos con él y podemos ejercer de retardadores de sus velocidades y fuerzas: sus hechos, nuestras percepciones y emociones, también los deseos y las maniobras de todo tipo de nuestro alumnado y de la gente despistada o negacionista forman parte del clima objetivo y subjetivo, y admiten prácticas educadoras ahora y pasado mañana -a pesar de la lacra de los desarrollos curriculares-. Aun así, siempre hay diferencias entre lo que uno ve, o cree firmemente, y aquello que efectivamente ocurre, lo que enseña y lo que se puede aprender, que no siempre coinciden. 

La gente de Resclima sabe que el asunto siempre estará abierto, algo así nos susurraría Mario Benedetti; conoce que aunque se crean tener todas las respuestas al cometido de armonizar un poco más cambio climático y educación -no es el caso todavía para mucha gente-, enseguida aprecia que han cambiando muchas de las preguntas; ahora mismo les estará sucediendo en su encuentro. Ellas y ellos reconocen también que cuando esto no se sienta así, hay que escuchar al pálpito social que nos recuerda que el final de un proyecto ambientalizador (re)climático siempre es el comienzo de otro nuevo. Cada día la escuela necesita pensar u hablar sobre los meteoros perceptivos, y la sociedad todavía más. ¡Qué decir de los medios de comunicación y sus noticias episódicas! Pero siempre quedará el compromiso de grupos de acción (Resclima, Comunidad #PorElClima, Greenpeace, Ecologistas en Acción, Escaparate #PorElClima, Global Climate Change, IPCC, etc.) que utilizan el cambio climático para desenmascarar a aquellos “imbéciles o ignorantes con poder, pues sus actuaciones dificultan nuestra vida”, hubiera dicho con seguridad el filósofo y profesor Emilio Lledó; y si no, lo decimos desde aquí. ¡Ánimo a quienes combaten la ignorancia y la dejadez climáticas!

 

“Earth Overshoot Day”, o cuándo nos acabamos lo que el sistema Tierra genera cada año

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La realidad compartida se acercará a la constatación de que cada día, año o curso realizamos una serie de acciones que vienen marcadas en el calendario personal que, en cierta manera, es un reflejo del ritmo social impuesto. Para pasar de manera adecuada ese cada día se obtienen del sistema Tierra (aquí entran también océanos y atmósfera) una serie de recursos que viajan hasta nosotros y aprovechamos de forma distinta. Cada jornada que vivimos generamos individual y colectivamente unos cuantos rastros en el suelo, el aire y el agua; visibles también en la vida diversa. Esos peajes inducidos no tienen medida común de tiempo: unos permanecen siempre, otros van y vienen, algunos son reversibles, los hay fácilmente reparables. En realidad, la gente no se preocupa y tiene la sensación generalizada de que siempre se reponen; otra forma de equivocarse al medir el tiempo. Pero la principal característica de esos efectos es la interrelación que, aunque no aparente, planea entre todos ellos y empuja la vida del conjunto del medio ambiente, incluidos nosotros, hacia uno u otro lado, o dando vueltas en espiral sobre sí mismo. Además, otra travesura el tiempo, afecta a distintas generaciones y de modo diferente.

Cada año que pasa consumimos antes los recursos globales que puede generar la Tierra en todo el año. En este 2018 vivimos en parte de lo ahorrado en millones de años. Hace 30 años, lo que generaba el medio ambiente global anualmente nos duraba hasta el 15 de octubre, hace 10 años se acababa el 15 de agosto.

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Cada día millones de maestras y maestros intentan dar valor a la educación. Necesitan el aliento social

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Coincidiendo con el 5 de octubre -hace 70 años se firmaba la declaración Universal de los derechos Humanos, la educación entre ellos- se conmemoraba el Día Mundial de los Docentes por parte de la UNESCO, hasta Google nos lo recordaba. Hemos querido dejar pasar unos días para señalar que su trabajo está ahí, siempre atento a resolver las demandas del alumnado; aunque a veces no lo consigan del todo. Utilizan diariamente magia, acompañamiento, ilusión, creatividad, emoción, insistencia, crítica y otras muchas destrezas para animar a aprender. Olvidadas en el tiempo, en este oficio vital son más las mujeres, por la sociedades que tanto los necesitan, cada día; criticados quienes enseñan por déficits de aprendizaje de sociedades que planificaron mal su escuela. Maestros y maestras van y vienen en formatos diversos, con formaciones más o menos completas, con empujes continuados o no, con sus problemillas personales que siempre intentan dejar fuera de la escuela para dar lo mejor de sí mismos; a veces no lo consiguen. Necesitan sentir muchos días el aliento social para sentirse profesores de algo, más o menos científico o humano, para ayudar a hacer un mundo mejor. Por eso, este año el PNUD señala que “El derecho a la educación implica el derecho a docentes cualificados; que este llegue incluso a los resistentes escépticos, nos atreveríamos a decir. Escuchen sus palabras, atiendan sus demandas, animen a sus hijos e hijas a entender lo que quieren decir, dótenles de todos los recursos necesarios. Por cierto, por mucha tecnología que se emplee en educación siempre serán imprescindibles ellas y ellos; lo sabía Albert Camus, nos lo recordaba una y otra vez Freire y si dudan pregúntenle a Emilio Lledó, o a aquellos docentes que tienen cerca y sirven a sus hijos e hijas. 

Esto de recordar las celebraciones con retraso va bien pues permite reflexionar con más detalle sobre ellas. Por cierto, ¿se habían enterado de que ayer fue el Día Mundial de la Educación Ambiental? ¿Cómo piensa celebrarlo con su clase, en su centro?

La Comisión Ambiental tiene un papel trascendente en la escuela

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Una Comisión Ambiental encamina a la escuela hacia la sostenibilidad. Es necesario constituirla en todos los centros, grandes o pequeños, para que se encargue de impulsar la educación acerca del medio ambiente y/o la sostenibilidadPara acercarse a estos postulados sería necesario que el profesorado estuviese informado, creciese en su sabiduría y compromiso ambiental de tal forma que diese a su tarea un sentido transformador social, tanto dentro del contexto como con respecto al alumnado, para que este quedase habilitado para reconocer lo que sucede a su alrededor o más lejos. Así se conseguirá animar a quienes quieren participar desde el centro en aminorar un problema determinado o el conjunto ambiental, que en este momento se nos tambalea. Al final, seguro que si estos postulados son objeto de conversaciones entre los distintos actores educativos queda la convicción de que es necesario constituir una comisión ambiental que se encargue de impulsar la educación acerca del medio ambiente y/o la sostenibilidad.

Tiene evidentes ventajas: favorece la participación y hace grupo; es estimulante porque trabaja sobre valores colectivos, actitudes propias y ajenas; adquiere las características de un proceso formativo en el plano individual y colectivo; seguramente mejora los compromisos mediante la participación. Además, será viable sin grandes modificaciones de los quehaceres diarios pero a la vez es casi seguro que provoque cambios visibles en el día a día escolar.

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Las olas de calor no entienden de vacaciones; van a su marcha, cada vez más atropelladas

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Ahora mismo las sufren escolares de una parte de Europa, en este septiembre desmelenado en cuanto a sus ritmos climáticos y variables meteorológicas.

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El escritor y periodista Ramón Gómez de la Serna, pintó la vida de ocurrencias –greguerías las llamaba él–. En realidad, la vida es así: plena de idas y venidas de cosas que no entendemos aunque nos sucedan una y otra vez, ideas sobre la naturaleza y las personas que cambian con el tiempo, días fríos seguidos de calores y viceversa, jornadas de trabajo escolar seguidas de vacaciones. Las vacaciones se asocian al calor; que algunos lo sobrellevan con aparatos refrigeradores de aire o con simples ventiladores. Gómez de la Serna decía que el ventilador afeita al calor. Puede que sí, pero la cosa no funciona a escala global porque al calor se le han revuelto los pelos de la barba.

La temperatura global se ha desmelenado y las olas de calor no entienden de vacaciones; nos visitan todo el año. El pasado mayo leímos los resultados de una investigación de la NOA (Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de EE UU) que decía que desde 1977 hasta ahora todos los meses han sido más cálidos que la media del siglo XX salvo uno, diciembre de 1984. Los mayores aumentos de promedio se dieron en el sur de Sudamérica, Europa central, el este de Rusia y Australia donde las temperaturas fueron tres grados más altas que el promedio. 

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La etiqueta ecológica podría ser el distintivo de todo lo escolar

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Cada año, con la vuelta al cole en septiembre, en muchos centros educativos españoles se expresa el mismo deseo: es imprescindible que la escuela sea cada vez más ecológica. La lucha y el compromiso por la protección ambiental y la sostenibilidad del planeta ha dejado de ser una ilusión de unos cuantos excéntricos naturalistas, para convertirse en una necesidad para el presente y de cara al futuro. Así lo manifiestan quienes de esto saben: desde los organismos de la ONU hasta las ONG, avalados por los informes que elaboran los científicos, que utilizan datos contrastados.

Sabemos que bastantes centros escolares viven inmersos en la búsqueda de su sostenibilidad ambiental. No lo decimos nosotros, se puede comprobar con una sencilla búsqueda en Internet. Por eso nos gustaría proponerles que declaren este curso como el de “La etiqueta ecológica”. Esta tiene al menos dos dimensiones: la una afecta a las personas mismas –cómo piensan y se comportan- y la otra a lo que usan y consumen –se decantan o no por los productos o materiales que están etiquetados como ecológicos-.

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