Educación

Movilidad sostenible en un mundo hiperviajero dominado por los objetos

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Movilidad sostenible es permanecer un rato sin moverse, pensando lo viajera que es o no nuestra vida. También preguntarse cosas tan sencillas como; a dónde nos vamos a dirigir después y en qué medio de transporte; si utilizamos a menudo los pies y piernas que nos llevan a muchos lugares o acaso preferimos hacerlo en un medio de locomoción; a dónde va esa camiseta que tiramos a un contenedor que a su vez hizo un largo viaje hasta llegar a nuestra casa; de dónde vienen las cosas que comemos y el viaje largo o corto que hemos hecho para aprovisionarnos; anotar las veces que compramos por Amazon y esos sitios aunque sea una bagatela que no necesitamos; si en alguna ocasión el deseo de aventura nos ha llevado lejos en low cost; si cierto día nos dedicamos a contar el número de personas que viajaban en un coche y calculamos la media; las veces que utilizamos el vehículo personal para cosas innecesarias; si nos parece bien o mal esos megaaeropuertos que hay por el mundo y ahora quieren construir en Barcelona y Madrid; si pagaríamos la gasolina al precio que fuera con tal de tener la libertad de ir donde queramos en cada momento; si la movilidad tendrá algo que ver con lo del cambio climático; si la salud y la movilidad están relacionadas; si el lugar donde vive aprobaría o no en movilidad sostenible; si le cuesta mucho poco practicar la ciudadanía sostenible en una movilidad responsable; si antepone el disponer de cualquier cosa de inmediato al desplazamiento sostenible para lograrlo, etc. Por último, ¿cómo definiría movilidad? Lo de responsable es cosa suya.

Seguro que después de responder a estas preguntas y otras muchas podremos participar con más fundamento en la Semana Europea de la Movilidad. Tenga siempre en cuenta  cuando acabe el sonido de las bellas intenciones y el ruido del lavado de cara de la semana si la vida seguirá en un circunloquio permanente.

Caso de que no le apetezca, le invitamos a leer despacio y pensar aquello que dijo Jean Baudrillard, filósofo y sociólogo francés (1929 – 2007) y feroz crítico de la sociedad de consumo, que veía la movilidad desde la esfera de los objetos y necesidades:
„El mundo de los objetos y de las necesidades será así el de una histeria generalizada…, en el consumo, los objetos se convierten en un vasto paradigma donde se declina otro lenguaje, donde habla otra cosa. Y podría decirse que esta evanescencia, que esta movilidad continua que hace imposible definir una especificidad objetiva de la necesidad …, que esta huida de un significante al otro, no es más que la realidad superficial de un deseo que es insaciable porque se basa en la falta y que este deseo, por siempre insoluble, es lo que aparece representado localmente en los objetos y las necesidades sucesivas.“

Se nos ocurre una pregunta después de leer esto: ¿La movilidad se consume o se consume movilidad?

Un mar de fábula en su génesis que acabó no siendo, ni menor

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Lo llamaban Mar Menor pero no se sabe si lo era. En la costa sureste de la península Ibérica se cerró una parte de un mar abierto y nació otro. Una fábula sencilla de la naturaleza: crear y renovar, con algo de destruir. Para ello se alían las fuerzas naturales y el tiempo. El mar que no se sabe si lo era, en la interacción entre aguas saladas y otras llamadas dulces procedentes de la tierra. Daba un punto de arte a los mapas de España: azul apenas separado de azul, como en los cuentos en los que los dioses se reservan espacios peculiares. Acaso una copia de la Talasa griega.

 Pero llegaron los hombres y fabularon, mejor especularon con él. La riqueza entusiasmó en sus orillas. El suelo dejó de ser uno y pasó a otras tareas. El agua dulce llegada de muy lejos se llenó de sales. Qué ironía que ni aun así la llamasen salada. Los hombres lo convirtieron en un sumidero al que vertían las inmundicias de sus actividades económicas y vivenciales. Alguien protestaba pero era poca gente porque el dinero ganado a su costa tapaba muchas bocas.

En una fábula atribuida a Esopo, “El granjero y el mar”, se cuenta que la diosa Talasa podía adoptar forma humana. Cierto día los dioses fluviales se reunieron para quejarse de Talasa, porque ellos le ofrecían el aguadulce, en tanto que ella, que tenía amargos dones, solo contenía agua salada, estéril para la vida. La fábula, sea cierta o no su atribución, tiene su reverso imaginado. Porque los dominios marinos de Talasa siempre eran menores que los de Neptuno o Poseidón. 

El mar clamaba su abandono con el altavoz de los ecologistas pero la escucha llegó tarde. Ahora el Mar Menor es poco más que un estanque muerto, no es ni siquiera mar. Lo dicen las toneladas de escombros de biodiversidad que se recogen en sus orillas y se ven dentro de él. Nadie se hace responsable; parece que en aquella tierra no ha habido ni gobernantes ni gobernados.
Mientras esperan que los dioses arreglen los desperfectos, el turismo sigue llenando hoteles, la agricultora circundante abona hasta el aire. Las autoridades de allí piden a las del Estado la declaración de “zona catastrófica”. Suponemos que será para mostrar a Europa y al mundo entero lo que no se debe repetir: la especulación con algo que es libre y debe quedar para el futuro. Más que nada para que aquellos ecosistemas únicos que quedan no acaben muertos. Por obra y gracia de la catastrófica acción humana. 

El mundo social se hace pedazos en un verano catárquico

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Cuesta mirar los informativos o leer las noticias. El verano ya no es anodino. Siberia y California siguen ardiendo; en Europa mediterránea España se suma a Grecia, Turquía e Italia. Olas de calor convertidas en océanos. Groenlandia perdiendo aceleradamente sus hielos fósiles. Más razones para creer en el calentamiento global. Tiembla de nuevo Haití a la espera de un nuevo ciclón que haga más difícil la vida. Parece que la corteza terrestre tiene una lista de lugares malditos que quiere eliminar. Afganistán entra en demolición; en realidad nunca salió de ella. Ya dudábamos que las potencias occidentales recompondrían el puzle étnico de aquella zona. La pandemia sigue campando a sus anchas en países más o menos ricos. Los inmigrantes continúan su calvario, aunque sean niños. Se anuncian nuevas riadas por el dominó afgano.

Un noticiario televisivo se ha convertido en una película de terror, en un escaparate de la negrura. Si sigue así la cosa dudaremos del futuro. Más todavía para esa gente que se acumula en el aeropuerto de Kabul y la que no se ve de Afganistán, donde mujeres e infancia serán quienes más pierdan. Las vacunas atemperan la vida de los países ricos a la vez que desesperan la mirada de los pobres, en una mezcla de miedo y petición angustiosa. A este paso deberemos dejar de hablar del mundo y escribir sobre los muchos mundos, que son la conjugación del verbo vivir con muchos complementos detrás. Malo será cuando el grito unánime se lamente de la situación y suene mucho el ¡tanto para tan poco!

La economía parece que se recupera, aunque no sepamos hacia dónde va. La gente rica o media rica sale de vacaciones más o menos largas hacia lugares más cercanos, pero se mueve. Las petroleras aprovechan para hacer su agosto elevando el precio de los combustibles fósiles. En España y otros países la luz sube sin parar; dicen que por el precio del gas. Casi nadie lo cree.

El verano ya no es la estación del relax sino un paréntesis ocupado por la preocupación: salud, economía, ecología, ética universal, educación, sociedad, infancia, etc. Incluso la gente positiva u optimista duda del futuro. La maniobras de quienes dominan el conjunto de los mundos se mantienen oscuras, puede que lleguen a ser perversas.

Por todos los lados surge la pregunta: ¿Qué vendrá después? Ojalá el fin del verano nos despeje alguna de las muchas incertezas, y que sea para bien.

Corresponsabilidad comprometida ante la COVID-19

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Vivir con otros es un ejercicio complejo, que no se resuelve de la misma manera un día y el siguiente. Lo propio manda demasiado, a no ser que tengamos los cinco sentidos bien abiertos y un buen acopio de sentimientos, emociones y sensibilidad. A vivir se aprende porque se enseña en ámbitos familiares y escolares; a veces con el ejemplo en otras con el razonamiento. La sociedad también muestra detalles, a menudo contradictorios, de lo que conviene a todos o beneficia solamente a uno mismo.

La corresponsabilidad podría ser una capacidad para situarse ante los problemas propios o colectivos. La emergencias ecosociales se afrontarían desde dentro. Durante estos días dominan en los medios de comunicación noticias de desenfoques de responsabilidad. Afectan, entre otras, a las llamaradas del cambio climático: arde el NO de América del Norte o el petrolero Golfo de México, crecen las migraciones climáticas y parece ser que la temperatura global aumenta más de lo previsto. 

Debemos decir con pena que las crisis ecosociales no se arreglan apenas. El hambre mundial pierde los retoques de los últimos años, en muchos países se restringen derechos que costó mucho conseguir. Tampoco las relacionadas con la salud; ni siquiera aquellas en las que es evidente que la corresponsabilidad tiene efectos positivos casi inmediatos. Vemos con estupor conductas desarregladas de la gente con respecto a la COVID-19, en España y en el mundo.

El espíritu colectivo que creíamos haber potenciado en las escuelas y en las sociedades avanzadas se esfumó, o se diluye en lo particular con el tiempo. Sirvan como ejemplo las expansiones de parte de la gente joven que ahora provoca el aumento peligroso de los casos pandémicos. Las estadísticas los sitúan entre 15 y 40 años. Sin rubor, se autonombran los más perjudicados por las restricciones y desean liberarse de estampida. ¿Qué pensarán de ellos sus mayores, sanitarios, profesorado, trabajadores esenciales y un largo etcétera golpeado en la economía y la salud a lo largo de este año y medio?

En principio, sus maestros habíamos hablado de valores compartidos en la escuela democrática -muchos de ellos y ellas habrán cursado Educación en Valores o Ética-, las familias parecían estar en la misma sintonía hace unas décadas. Por lo que se ve, en ninguno de los dos ámbitos supimos enseñar con acierto el significado comprometido de la corresponsabilidad. Quizás pudo más la satisfacción rápida de los deseos individuales antes que la reflexión ética para ver si ciertos comportamientos particulares lastimaban la vida de todos. 

¿Quién sabe si no está detrás el desapego por el bien común que muestran ciertos iconos políticos o mediáticos? Sea por lo que fuere necesitamos la ayuda de la gente joven. Máxime en estos tiempos de tanta interdependencia. Usemos la pedagogía de lo posible, de lo necesario, para que se haga corresponsable de la mejora pandémica. ¡Qué bien haríamos en releer lo que manifiesta Adela Cortina sobre el ejercicio de la corresponsabilidad!, y llevarlo al debate público. También a los escenarios parlamentario y político.

Aprender por/para el planeta es imprescindible

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Conviene leer la publicación de la Unesco Aprender por el planeta. Revisión global de cómo los temas relacionados con el medio ambiente están integrados en la educación, por ahora solo está disponible en inglés . En este informe se realiza una lectura comparada de cómo la educación reglada de diversos países ha incorporado la temática ambiental a sus planes de estudio. El informe se ha dado a conocer coincidiendo con la Conferencia Mundial sobre la Educación para el Desarrollo Sostenible, un evento virtual celebrado entre el 17 y el 19 de mayo de 2021, en Berlín.

Es conveniente conocer muchos detalles sobre el planeta.  Así podemos completar nuestra educación, de la que una buena parte tiene relación con él. En cierta manera con nuestro interés le devolvemos el préstamo vital que nos ha hecho. Pero además, si nos implicamos en saber detalles de su estado realizamos una lectura reposada y crítica de la vida propia. Posiblemente revolveremos, o generaremos un cierto compromiso ecológico y social, que también se aprende y de tanta utilidad nos sería en este momento. 

En el informe, del cual existe un resumen en español, se aconseja que educar para el planeta (el medioambiente global) ha de ser una prioridad absoluta en los planes de estudio. En ellos debe figurar en lugar preeminente el cambio climático y biodiversidad, pero no solo. Hay que huir del mero conocimiento de conceptos más o menos importantes. El conocimiento generado mediante aprendizajes múltiples ha de ser mucho más holístico pues permite que se movilicen deseos y emociones en los estudiantes.

Aprender por/para el planeta es hacerlo sobre nosotros/para nosotros. Por eso debe formar parte importante de los currículos educativos, superando el mero conocimiento de conceptos, buscando entender interacciones y la generación de compromisos.

Posdata del 5 de junio: la tarea ambiental no ha hecho sino empezar

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Empecemos por recordar que somos ecodependientes, que la naturaleza que nos acoge merece una consideración afectiva, que no solo tiene la cualidad de utilidad. Las capacidades individuales y colectivas se generan en el campo de la experimentación, si es un grupo salen reforzadas. Pasó la fecha del 5 de junio. Para que los deseos de esos días no se desvanezcan enseguida debemos poner en marcha otros sistemas de convivencia ecosocial.  El informe IPBES puede servir de referencia para empezar a hacer lo que se evaluará dentro de una año. Lleva un título reflexivo: Evaluación mundial sobre la diversidad biológica y los servicios de los ecosistemas. Resumen para los encargados de la formulación de políticas. Ahí está el asunto vital, o uno de ellos.

Rescatemos solamente dos supuestos del Informe. Están traducidos a guías de acción para quienes se encargan de formular/acordar políticas:

  • La naturaleza es profundamente ecosocial.  Busquemos una convivencia sin estridencias entre una y otra. Logremos que en todo el mundo mejore la alimentación, se reparta y se utilice mejor la energía, la salud universal sea casi una realidad. hagamos realidad que el bienestar humano sea universal. Alcancemos la mitigación del cambio climático. Conservemos más y mejor la naturaleza y hagamos de ella un uso hiper sostenible. Movámonos en el escenario de las alianzas, con instrumentos normativos ágiles nacionales y suprenacionales que ilusionen a la gente de todo el mundo. En fin, consigamos el apoyo individual y colectivo para impulsar el cambio transformador, tan urgente y necesario.
  • Convenzámonos de que todavía es posible conservar, restaurar y coexistir con la naturaleza de manera amigable, sostenible a la vez que se pueden alcanzar varias metas sociales. Para lograrlo los formuladores de políticas debemos acometer urgentemente iniciativas coordinadas en todo el mundo. Empecemos a hacerlas realidad en la Conferencia del Cambio Climático de Glasgow.

Leer artículo completo Con(Pre)servar la naturaleza en el blog La Cima 2030 de 20minutos.es.

Preludio para el Día del Medio Ambiente: la Tierra agotará pronto su despensa anual

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La Tierra en su conjunto, sus habitantes con ella, se enfrentan cada año a un reto no superado: limitar su uso de los recursos naturales que se pueden generar en el año. La sobrecapacidad es un término que asusta en cualquier actividad humana individual y colectiva. En el caso de la Tierra no, será porque parece que es de todos para utilizarla y de pocos para protegerla. «Eart Oversoot Day», El Día de superación de la Tierra se establece con una operación simple, entendible por toda la gente (Biocapacidad del planeta / Huella ecológica de la humanidad) x 365 = Día de la superación de la Tierra. Se han mejorado los cálculos por parte de Global Footprint Network. 

Cada año llega antes, cada año se consumen tesoros guardados en la despensa Tierra. ¿Hasta cuándo durarán? Ya tenemos cerca el día global del mundo -en España fue en mayo, en China llega en unos días, otros muchos países lo hicieron con antelación- y nos da tiempo para pensar qué significa y hablarlo con la gente que nos rodea, para lo que podemos consultar cómo han ido o irán distintos países. Por eso avisamos con antelación. Acaso prever la posible influencia del cambio climático en algunos de los parámetros que tienen que ver en el acontecer de la vida en la Tierra. 

Cuando llegue el día D, cuando la Tierra esté sobrepasada lanzará llamadas de socorro. ¿Quién las escuchará? Habremos de prepararnos para los años venideros, que por ahora parece que van a restar hojas del calendario global. Las generaciones actuales deberían dejar una Tierra menos maltrecha a las futuras. Es una de las misiones que se marca cualquier especie. La humana, dotada de una enorme capacidad de pensar, perdió la referencia biológica hace demasiado tiempo.

Pero todavía puede… Mañana se habla en todo el mundo de Día del Medio Ambiente. Algo que celebrar habrá, pero pesará mucho más lo que hay que lamentar: apenas cambiamos nuestra manera de ver las relaciones ecosociales.

Lecciones para resolver pronto: Reciclamos poco y mal

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Llevamos ya tantos años practicando que todos dábamos por aprendida la lección del reciclaje, pero no. Habremos ganado en eso de separar unos residuos de otros pero de ahí a recuperar materiales para posteriores usos la cosa cambia. Pasa en muchos lugares, en ciudades y países más o menos responsables con el despilfarro de recursos. Y es que la vida es tan compleja que a veces nos puede la desidia o ignorancia. 

Hace ya muchas décadas que nos creímos lo de que que consumir y tener más nos daba confortabilidad vivencial y hasta emocional. Alguien lo supo expresar muy bien en el Homo consumus. Así pasamos a un derroche de recursos que va y viene sin parar. La fabricación acelerada de casi todo lo impulsó, como nos cuenta de Annie Leonard en la estupenda lección La historia de las cosas. Hace un tiempo nos encariñábamos con tal o cual objeto aunque no le diésemos uso; ni siquiera nos deshacíamos de él cuando ocupaba un espacio que nos era vital. Lo guardábamos en el trastero por su carga afectiva o porque creíamos que volvería a acompañarnos en la vida. Los desvanes se convertían en libros de historia.

Tal está las cosas en este momento que hasta lo objetos más familiares y cercanos han perdido singularidad; son “no-cosas”. Antes se hablaba de mi… (pongámosle el producto que queramos) como denotando una cierta familiaridad por la cercanía o el uso práctivo. Ahora se habla de “el o un” lo que sea, ya no ocupa un lugar en la existencia personal. Es algo así como el vaquero de Toy Story  que va y viene, perdiendo parte de su existencia afectiva.

Pero no todo está perdido; nos puede ayudar el reciclaje bien entendido pues el mismo concepto o ideal emocional nunca deja de tener algún uso. Una pregunta indiscreta: ¿Qué diez cosas (objetos o productos) has llevado al contenedor de residuos respectivo esta semana pensando que tendrán seguro posteriores usos, totalmente o en parte? Seguir leyendo en el blog La Cima2030

Aprender la ciudadanía global como estrategia de futuro

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Hace un par de meses fui invitado a participar en un encuentro que tenía como nexo de unión la función educadora de la ciudadanía global, manifestada en la forma de aprenderla y practicarla. Allí se dijo que lo que se pretendía con esa estrategia era la construcción permanente de ciudadanía, en este caso aragonesa, que fuese crítica y activa, que estuviese comprometida en la construcción de una sociedad más lejana, marcadamente global, pero en la que no faltase nunca la solidaridad, la justicia universal y la búsqueda de la equidad como camino para limitar las desigualdades.

Todo lo anterior surge en forma de un proyecto basado en alianzas entre el Gobierno de Aragón, Diputación Provincial de Zaragoza, Ayuntamiento de Zaragoza, Universidad de Zaragoza, la FAMCP y la FAS (Federación Aragonesa de Solidaridad) y cuenta con la colaboración de la Comisión Europea a través de la iniciativa “Global Schools”. Ese proyecto, marcadamente escolar pero no solo, coexiste con la Estrategia aragonesa de Educación para el Desarrollo y la Ciudadanía Global. En ella se han definido 26 líneas estratégicas (LE) y 61 medidas de acción (MA), estructuradas en seis ámbitos de actuación que suponen una vuelta ideológica a la atonía que observamos en el conjunto social. Tres abordan los compromisos educativo, social e institucional. Uno pone toda su énfasis en la participación, en la potencia de las redes y en el valor de la coordinación. El quinto se fija en la imprescindible formación de todos los agentes implicados. No falta uno dedicado a los supuestos metodológicos que harían más eficaz el proyecto y valorar posibles cambios. El tiempo nos dirá si el trayecto fue fácil, si los cambios cualitativos en las personas de aquí ayudaron en algo a mejorar el mundo de allá.

El anterior es un ejemplo de lucha contra las desigualdades. Se conocen otros muchos en España y en el mundo, impulsados por ONGs muy conocidas o entidades diversas, grandes y pequeñas. Ante la creciente intransigencia y barbarie -jaleada en Europa y en España por partidos políticos con evidentes carencias democráticas y medios de comunicación tergiversadores de la realidad- hacia los diferentes, extranjeros, inmigrantes o menores sin respaldo social, etc., ¿quién se atreve a asegurar que no se puede hacer nada o que ya está todo dicho?

La estrategia contra la inequidad se puede llamar Educación para la Ciudadanía Global, y a veces lleva el añadido de Desarrollo, que se hace visible en forma de ayudas y compromisos con gente de otros países que nos siguen mirando con envidia pero también con algo de pena, sobre todo por cómo somos. Ahora es más necesaria que nunca esa ciudadanía global que a menudo nos interroga. Si alguien se esfuerza llega a aprenderla y entenderla, a practicarla finalmente.

Galimatías etiquetados en pegatinas de eficiencia energética

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La etiqueta de eficiencia energética europea apareció para decirnos qué aparatos eléctricos de los que tenemos en nuestra casa eran más o menos derrochadores. Quería alertar a la ciudadanía como diciéndole: ¡Ojo que está tirando el dinero! Porque claro, para despertar al consumidor-a se ha demostrado bastante más eficaz revolver en su bolsillo que en su conciencia ecológica. La etiqueta portaba las primeras letras del abecedario, después la complicaron con el signo +, el ++, o el +++ siguiendo a la A cual si fuera una potencia. Tuvo cierto efecto limitador  en el derroche, tanto en la fabricación del aparato en cuestión como en la destreza energética de los consumidores.

A partir del 1 de marzo se ha actualizado la etiqueta y se ha simplificado, si bien no entrará en vigor hasta el 1 de septiembre. Vuelve al original listado de las letras mayúsculas, de la A a la G. La Comisión Europea calcula unos enormes beneficios a partir de las etiquetas y del diseño ecológico. Más o menos 230 millones de toneladas equivalentes de petróleo por año para el año 2030. Supondría un ahorro medio de casi 300 € al año en la factura energética de cada uno nuestros hogares.

La norma es conveniente, incluso han dejado la A libre para asignársela a los electrodomésticos del futuro que sean supereficientes. Sin embargo, en este cometido del ahorro energético echamos en falta una formación ciudadana, llamativa y continuada, por parte de las autoridades pero también de los fabricantes o asociaciones de consumidores, que ayude a entender que es muy importante utilizar bien los aparatos y ver cuáles consumen más a la larga, no solo por la potencia momentánea sino por el tiempo en el que están en uso a lo largo de las 24 horas; por ejemplo frigoríficos y aparatos de congelación. También que es necesario entender el resto de las anotaciones de la etiqueta. Incluso nos atrevemos a proponer que hubiese una clara información diciendo por ejemplo: el aparato calificado como G supone un consumo x veces mayor que el B. Eso a lo largo de su vida útil significa la emisión de tantas toneladas equivalentes de petróleo al año y una diferencia estimada en euros de … Usted decide pero todos le agradeceremos que lo haga lo mejor posible.

Adhieran la pegatina en un lugar bien visible, léanse de inicio al final las instrucciones de manejo y, sobre todo, sientan que la eficiencia energética no es un galimatías, que se entiende mejor si cada cual la siente como propia. Por cierto, ¿por qué se permite seguir fabricando electrodomésticos de poca eficiencia energética y se descarga la responsabilidad en quienes los compran, más o menos ricos y concienzudos?

La sociedad ecodependiente como argumento de cambio educativo

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La ecosociedad manifiesta una interdependencia ya en su misma expresión. Sucede así porque constantemente se interrelacionan ambos ámbitos en casi todo lo que ocurre en la vida cotidiana. Acabó aquella concepción de un mundo en el que la sociedad prevalecía por encima de la naturaleza y no debía preocuparse por nada de lo que a esta le ocurriera.

Decía Yann Arthus-Bertrand, divulgador ecologista y fotógrafo francés que tantas bellas imágenes nos proporcionó, que nadie es ambientalista de nacimiento, que hay que recorrer un camino propio. Este recorrido se identifica enseguida con la educación, ya sea social o reglada. Con seguridad, la escuela es un buen escenario de experimentación. En este momento los escolares conocen sus impactos negativos en la dinámica ambiental, están más informados y más sensibilizados sobre lo que sería conveniente hacer para mejorar las posibles consecuencias. Así han descubierto que la gestión de residuos y el reciclaje es una aventura en la búsqueda de tesoros ocultos; que la biodiversidad es una riqueza con riesgos, o que el cambio climático condiciona sus vidas y todo lo que pasa. A la vez, y no es poco dadas las circunstancias, las autoridades educativas empiezan a entender que es inexorable la incorporación de la sostenibilidad en sus programas, bastantes centros desarrollan proyectos en este sentido, el profesorado descubre la potencia del fomento del pensamiento crítico sobre la problemática ambiental para la transformación ecosocial, etc. En conjunto, se vuelve a la naturaleza, a la magia de los bosques por ejemplo, como catalizadores de la nueva visión; la pandemia ha ayudado a redescubrirla.

Algo se mueve. Por eso, ¿si no es ahora, cuándo impulsar la transformación hacia una lectura ecosocial de la vida, de la educación como agente de cambio?

Leer el artículo completo en el Blog Ecoescuela abierta de El Diario de la Educación.

El libro de la Tierra guarda la esencia colectiva.

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Ayer se dedicaba una mirada a la Tierra, esa entelequia que a todos nos sorprende por su inmediatez y fragilidad. Es a la vez real, un planeta biodiverso en construcción permanente  por fuerzas geológicas y climáticas, e irreal porque a pesar de ser aprendido siempre tiene sus matices según quién lo mira y desde qué tiempo y lugar. Benedetti ya decía en su poema que desearía «otra suerte para esta pobre reseca que lleva todas las artes y los oficios en cada uno de sus terrones y ofrece su matriz reveladora para las semillas que quizá nunca lleguen; que un desborde caudal viniera a redimirla y la empapara con su sol en hervor o sus lunas ondeadas y las recorriera palmo a palmo y la entendiera palma a palma». Tierra material e imaginario colectivo del que los libros son como el estandarte que la mira, a la vez que un recopilatorio donde permanecer siempre.

Hoy se celebra en España el Día del libro, ese espacio común donde la Tierra mira y ve los desvelos de la gente. ¿Leerá libros la Tierra?, se preguntaría el poeta. Da lo mismo que el libro recoja cualidades y temores de la madre Tierra, placeres y desdichas de sus habitantes, pasado o futuros. Siempre un libro como esperanza generando cultura ya sea mirando al pasado clásico o al presente convulso, para que no nos manipulen. Diría Irene Vallejo, Premio Nacional de Ensayo por El infinito en un junco. 

«Nadie rebaje a lágrima o reproche esta declaración de la maestría de Dios, que con magnífica ironía me dio a la vez los libros y la noche» decía Jorge L. Borges. A lo que Juan Ramón Jiménez respondería: «Quisiera que mi libro fuese, como es el cielo por la noche, todo verdad presente, sin historia. Que, como él, se diera en cada instante, todo, con todas sus estrellas; sin que, niñez, juventud, vejez, quitaran ni pusieran encanto a su hermosura inmensa.» La Tierra es ese libro inmenso, adornado con un cielo que pisamos presente día y noche, con presente instantáneo por cada percepción diferenciada, y con historia porque tuvo periodos pasados. Su niñez no se perdió del todo, visible en la hermosura del encanto inmenso que es hoy.

La Tierra es una historia por reescribir, tarea en la que muchas personas están implicadas ya. Hoy es el Día del Libro. Tome uno entre sus manos, siempre contendrá algo de la Tierra, trate o no de la naturaleza biodiversa. Regálelo como muestra de afecto. Pero elija aquel que contenga algunas páginas en blanco para que cada cual escriba en él sus esperanzas. 

Las recetas de la OMS para la recuperación saludable tras la COVID

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La OMS (Organización Mundial de la Salud) quiere que todos seamos partícipes activos de su manifiesto de recetas saludables. La mayoría de sus propuestas son para ahora mismo, pero hay que mantenerlas de forma decidida y con compromiso en el tiempo, para pensar en ellas como argumento de vida, para recuperarnos de tantos males, para vivir las personas del mundo entero. No se trata de volver a la situación previa en salud y medioambiente sino de hacerlo mejor que antes. El envite es para todos: personas, administraciones y empresas, etc. Aquí las vamos a enumerar simplemente. Lean lo que se dice en el artículo completo.

Serían estas:

1) Proteger y preservar la fuente de salud humana: la naturaleza. 

2) Invertir en servicios esenciales, desde agua y saneamiento hasta energía limpia en las instalaciones de salud.

3) Asegurar una transición energética rápida y saludable.

4) Promover sistemas alimentarios saludables y sostenibles.

5) Construir ciudades saludables y habitables.

6) Dejar de usar el dinero de los contribuyentes para financiar la contaminación.

Al final, o al principio, de lo que se trata es de que se ponga en marcha de verdad un movimiento mundial por la salud y el medioambiente; la universal naturaleza también cuenta.

Hasta la ley quiere reducir el cambio climático

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Mal que nos pese, el cambio climático es todavía un espacio social sin alerta contundente, a pesar de sus riesgos, algunos muy graves y de difícil gestión. Debe abordarse con un gran compromiso social. En España se acaba de aprobar una Ley de Cambio Climático y Transición Energética. Se trata de poner en marcha transformaciones que hagan más racional la movilidad, la generación energética y su consumo o la industria turística; entre otras muchas cosas.

Si la ley fuese perfecta, si en su desarrollo se implicasen todas las fuerzas sociales, las administraciones y la ciudadanía, nos acercaría a esa utopía que quiere detener buena parte de las afecciones del cambio climático en todo el mundo. Gente de ciencia, ONGs y cada vez más entidades públicas y privadas son conscientes de que su aspiración nunca debe parecer inalcanzable, por más que ahora mismo sean visibles múltiples transgresiones que la dificultan demasiado.

Pero toda ley tiene tramitaciones que la despojan de parte de su ser. Se cuenta que al final las leyes se convierten en el máximo posible o en el mínimo común. De ahí que no lleguen a la ciudadanía las mejoras buscadas. Si lo hiciese es posible que se entendiesen los protocolos del camino a recorrer, para acelerar el paso si se intuye que la resolución de la crisis climática se ve cada vez más lejos, para demandar cambios a los poderes públicos y comerciales.

Los medios de comunicación no se han ocupado del tema, con escasas excepciones. En general han estado más pendientes de los argumentos de laboratorio mesiánico de algunos negacionistas exhibidos en los diferentes ámbitos legislativos, de partido y mediáticos.

Desde diversas instancias se ha criticado la escasa ambición de la ley, que le falta velocidad en sus fases y deseos más contundentes, que no lleva pareja una educación ambiental que sostenga a los gestores y anime a la ciudadanía. Aún así, habrá un antes y un después a partir de esta Ley, por más que su andadura no sea fácil. Por lo tanto, gracias a quienes han luchado por sacarla adelante. Apetece imaginarse, a pesar de sus imperfecciones, que la mayoría de los países del mundo tuviesen algo similar.

Pero para salir de esta situación de crisis climática se necesita algo más que una ley, hay que convertir la lucha contra el cambio climático en una especie de utopía que suponga la modificación del estilo de vida. Costará, sí, tampoco será fácil, pero no hay otra opción de futuro.

Leer artículo completo en el blog La Cima 2030 de 20minutos.es.

La escuela olvidada, versión Latinoamérica y el Caribe

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Mientras aquí por Europa docentes, alumnado y familia esperan las vacaciones de Semana Santa, en otros sitios quieren volver a la escuela. Pronunciar escuela es abrir una puerta a la esperanza en Latinoamérica y el Caribe. Cerrar una escuela es limitar una parte importante de la vida, acaso negar un recorrido básico para millones de niñas y niños; siempre los más desfavorecidos. Algunos países latinoamericanos y del Caribe llevan un año con sus escuelas cerradas. Cabe pensar en las graves repercusiones que eso tendrá en sus vidas, en países en donde la desigualdad y la vulnerabilidad acamparon hace tiempo.

¿No les podríamos ayudar un poco desde los países ricos? Parece que no porque merman la ayudas desde buena parte de los ayuntamientos y gobiernos autonómicos (incentivados por el partido de los localistas excluyentes- y el Gobierno de España tampoco anda muy listo en eso de la Ayuda al Desarrollo de los que menos tienen. 

No se pierdan la entrada de Planeta Futuro «Un año sin pisar mi escuela» es como un espejo donde deberían mirarse quienes no ven más allá de sus fronteras. ¡Qué todavía no se convencen! Revisen lo que dice el Banco Mundial sobre el asunto de la desigualdad en educación.