Educación

La ciencia vive en la eterna controversia: esplendores y dudas la hacen ser ella misma

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Lo que hoy en un avance puede que mañana se quede viejo. Hace unos días nos confirmaron, ya lo supimos hace medio año, que puede haber un exoplaneta que contenga agua; “La guerra de las galaxias” en versión original es posible o la ONU de las galaxias. ¿Quién sabe? En los mismos días nos llegan los resultados de los pensamientos y supuestas certezas de los españoles con respecto a la ciencia. El Fecyt publica Percepción social de la ciencia y la tecnología 2014 en el que dice que muchos españoles creen en “la ciencia no ciencia”, lo cual ha puesto en pie de guerra a quienes defienden lo contrario. Además, crece el interés por la ciencia y la tecnología y la mayoría de los españoles rechazan la ciencia aplicada a la energía nuclear, la clonación y los transgénicos. Los ciudadanos perciben un déficit en su alfabetización científica, aunque esta ha mejorado algo. Sigan leyendo porque hay datos interesantes y comparen este informe con los precedentes.

El sábado 22 de abril fue el día señalado en 500 ciudades para marchar por la ciencia, con el pretexto tan sencillo y a la vez tan sublime de reformular la relación de la ciencia con la sociedad y la política, habida cuenta de los tremendos despistes de los políticos -no solo el negacionista Tump- y de la escasa dotación económica de la que disfruta la investigación. Al final, lo mejor es debatir en la sociedad por los tres asuntos que reclama el manifiesto por la ciencia: la pasión por la curiosidad y el método, una mejora de las dotaciones para hacer ciencia y la defensa del papel del conocimiento científico y humanístico en la opinión pública. Un par de pensamientos para el debate. Puede que Cervantes dijese Ninguna ciencia, en cuanto a ciencia, engaña; el engaño está en quien no sabe”, o que Da Vinci afirmase “La ciencia más útil es aquella cuyo fruto es el más comunicable“, o acaso que Pasteur opinase que “La ciencia es el alma de la prosperidad de las naciones y la fuente de todo progreso“. Aquí lo dejamos. Sigan ustedes, porque la controversia sobre lo que es o no es ciencia viene de lejos.

La inteligencia de los animales asombra a quienes olvidan qué son ellos

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Leímos en El País una reciente entrevista a Carl Safina, el autor de “Mentes maravillosas”, el libro que explora las conexiones cerebrales del mundo animal y que les recomendamos leer. Decía Safina que “veía en el pulpo una inteligencia propia de un extraterrestre”. Siempre nos pareció un animal singular. Por eso le dedicamos este cuento, esta parábola inédita que ya ha cumplido diez años (muchos más que cualquiera de sus congéneres, que con un par se despachan y así desaprovechan su maravillosa inteligencia):

El Octopus, 

Mentiría si les dijera que no sé quién soy, porque fui y sigo siendo la más lista criatura del reino animal, con permiso de unos pocos humanos. Por lo que se cuenta, permanecí oculto durante mucho tiempo en un poema infantil de Boy Lornsen, “Der Tintenfisch Paul Oktopus”. Seguro que ustedes no lo han leído. Tampoco yo, no sé leer. Me sacaron de él, la ignorancia humana es atrevida, cuando todas las máquinas electrónicas interconectadas fueron incapaces de predecir el futuro del mayor acontecimiento del mundo: el campeonato mundial de fútbol que se celebraba en 2006 en la Alemania reunificada y boyante. Muchos, demasiados, me conocen solamente por esto. Fui declarado la especie marina más insigne en Germania, en donde se me llamó “das Krakenorakel”  y mi fama se extendió al Reino Unido de la Gran Bretaña en donde fui nombrado como “The psychic Octopus” por los más reconocidos clubes balompédicos. Más tarde me adoptó la “Celtirroja pelotonera” y me hicieron una estatua que recorrió todas las capitales del suelo patrio para que quien lo desease pudiese hacerse una foto conmigo. Fueron 15 millones de instantáneas –las contó un insigne periodista de esos del fútbol pagado por la FIFA que todo lo paga-. Muchos establecimientos comerciales, bueno, algunos, fueron rebautizados con mi nombre; en otros colocaron imágenes mías en los escaparates, de variados tamaños y coloraciones más o menos acertadas.

El mundo se volvió “octopusiano u octopusino”, pues no se ponían de acuerdo en el calificativo. Muchos humanos quisieron copiar mi inteligencia, incluso se hicieron concursos de sabiduría en mi homenaje en las cadenas televisivas BBC y CNN, cuyos reporteros gráficos casi se convirtieron en mi sombra. Mi búsqueda en Internet arrasó. Pensé que el asunto terminaría ahí, pero no. Al principio, por qué no decirlo, me gustaba la cara de sorpresa que ponían los humanos cuando yo acertaba mis pronósticos futboleros. Todos los ojos pendientes de mí. Me pavoneaba ante los ¡Ohhhh! de admiración; si hubiera tenido pelo se me hubiera puesto como esparpias. Me henchía con la adulación universal, como hacen esos artistas que cantan o juegan al fútbol en el Real Madrid o el FC Barcelona. Pero lo que sucedió a continuación fue cargante, en cierto modo porque una estrella debe pagar más de una servidumbre, como les sucede a famosos que persiguen los paparazzi. Lo confieso sinceramente: no podía más. ¡A la mierda la fama! Varias sociedades protectoras de animales solicitaron mi liberación y el Zoo de Madrid pujó por mí. Fui nombrado hijo predilecto de Carballino. Todo esto a pesar de que las universidades de “Pierre y Marie Curie” de París, de Bath y de Cambridge quisieron echar lodo terrestre sobre mi fama. No digamos el daño moral que me produjo la maniobra del presidente iraní Ahmadineyad, que me acusó ser un agente de la propaganda occidental, de provocar una superstición mundial, y de haberme convertido en un símbolo de la decadencia y la podredumbre. A pesar de todos los sinsabores, mientras viví tuve la sensación de que mucha gente sana me adoró; en China me pusieron de protagonista en una película.

Imagino que con el tiempo nadie hablará de los pulpos. Antes solo se nos conocía algo porque Julio Verne intentó derrotarnos en sus viajes por el mundo submarino; no lo consiguió a pesar de lo que dejó escrito. Quien nos trató bien fue “El Roto”, que nos dibujó para la revista “Madriz” en forma de una lámpara y una fregona. No pudimos tener mejor homenaje pues esos utensilios no son sino luz y esclarecimiento universal. Sigo preguntándome desde tiempos inmemoriales sobre la influencia de la inteligencia animal en el espíritu, la cultura y las artes; en el fútbol no, va por otros derroteros.

P.D.: Tenía razón Paul; ahora nadie se acuerda de él ni de sus congéneres, excepto Safina.

Mirar desde la escuela en el cofre del Ártico para entender los efectos del calentamiento global

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La escucha atenta de la vida colectiva es una buena manera de educarse uno mismo. Cada día, los medios de comunicación y las redes de Internet recogen varias noticias sobre incertidumbres ambientales que proporcionan excelentes materiales curriculares para la escuela; mucho más vivos que los que contienen los libros de texto. Debemos hablar de ellas con los escolares porque les facilita su comprensión; sirve para que se posicionen individualmente en relación con el asunto tratado y así es más probable, nunca seguro, que participen en su mejora. Se trata de hacer realidad la escuela de la vida, escrita en episodios cotidianos.

Hoy tenemos la certeza de que una de esas incertidumbres, el calentamiento global, se nota más en la región ártica que en el resto del mundo: la capa de hielo viejo –la tapa del cofre ártico- apenas ocupa en algunos periodos un 6% de la que tenía hace unos 30 años. Hace unas décadas los rompehielos solo conseguían cruzar el Ártico cuando se debilitaba en verano. Su desaparición realimenta el cambio climático pues ya no refleja la luz, añade aguas más cálidas a los mares, cambia las propiedades y dinámicas de las masas de agua, etc., y provoca que los aires que fluyen hacia las zonas limítrofes del sur sean más calientes y acrecienten los deshielos continentales. En Groenlandia hubo un momento en el mes de julio del pasado año en el que el 97% de su superficie helada estaba cubierto de agua de fusión. Pocos libros de texto hablan del asunto, pero Internet lo recoge, y lo vemos en Youtube.

Ese cofre del clima, que tanto influye en la corriente termohalina –la que cambia aguas costeras y calor entre Europa y América con el resto del mundo- está variando su función y dinámica. Si la capa de hielo desaparece del todo, no sólo se inundarán muchas playas por todo el mundo, sino que las radiaciones solares llegarán a las plataformas continentales del océano y zonas aledañas, calentarán el permafrost y se liberará el metano capturado, que es mucho más letal que el CO2 en la generación del efecto invernadero. El deshielo ártico ha provocado las apetencias energéticas de Rusia, China y los países ribereños de ese océano. A ellos no se sabe si los hará ricos; al resto del mundo lo empobrecerá con seguridad. Los científicos nos dicen que esto no ha hecho nada más que empezar. Por eso, hagamos caso a Greenpeace y otras ONG y “salvemos el Ártico”, o lo que queda de él. ¿Cómo? Hablando del asunto en clase, apuntándonos a la reducción de las emisiones de los gases de efecto invernadero, presionando a nuestros políticos, haciendo una buena gestión ambiental en los centros educativos y en nuestras casas. Por cierto, hay otro cofre que tiene el seguro estropeado en la Antártida y resiste a duras penas; las tapas de los glaciares alpinos o andinos hace días que no cumplen bien su función.

  • Publicado hoy en El diario de la educación, un periódico on-line que ninguna persona interesada en la educación se debería perder.

La escuela deambula en el empeño de formar cultura ecológica

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La incorporación de los contenidos ambientales a los currículos se lleva a cabo en la Logse (1992). Desde entonces han aparecido, con más o menos acierto, en las sucesivas reformas educativas con las que han estudiado muchos jóvenes. Es por tanto interesante conocer lo que recuerdan sobre esta cuestión. Un reciente Ecobarómetro –investigación financiada por Endesa y suponemos que por eso prioriza la cuestión energética- recoge que más de la mitad de los encuestados (18-35 años) considera que el tratamiento de estos conceptos fue insuficiente cuando estudiaron y querrían haber conocido más aspectos, en particular los relacionados con afecciones graves al medio ambiente y las soluciones a estas (energías renovables, estilo de vida, cambio climático, etc.). También opinan que era bastante mejorable la preparación del profesorado, que descendía desde Primaria hasta la Universidad. Es significativo el resultado que arrojan los contextos metodológicos en los que se trabaja el medio ambiente -que requeriría proyectos de interpretación con una alta participación del alumnado-. Predominaba la enseñanza tradicional: son poco o nada habituales los proyectos prácticos hechos en grupo (16,6 y 29,1% respectivamente) y o entre varias clases (2,8 y 14,2), así como el uso de Internet (11,1 y 22,0%). Hubiéramos querido ver cambios desde entonces, porque no podemos permitirnos que los escolares de ESO acaben sin saber lo que significa el cambio climático, por ejemplo. La escuela construida de espaldas a la sostenibilidad. ¡Con la que nos está cayendo!

El papel de la escuela en la búsqueda de la convivencia social, construida en torno a valores universales

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La convivencia es una experiencia, siempre inacabada, que enriquece a los individuos, y los obliga a pensar, absortos como están muchas veces en mirarse a sí mismos. Sucede en la sociedad individualizada, esa que ahora manda más que la compartida. Priman los desencuentros. La escuela, que es un reflejo social, se daña con esos ejemplos. Ahora dicen, proclaman, que se van a atender los acosos en el medio escolar como forma de educar en la ciudadanía. Bien y mal, según se mire. Bien porque ya era hora de que recapacite sobre el sentido de educar, alejado de lo que es corriente en los propósitos organizativos y curriculares que marcan las autoridades educativas. Mal porque evidencia que algo no funciona bien en nuestra sociedad democrática que, recordémoslo, siempre será imperfecta. Incluso leemos que va a haber un docente dedicado a evitar el acoso escolar. El artículo de “El Mundo” contiene suficientes elementos: mediadores, presupuestos, Observatorio de la Convivencia, protocolos, registro de casos, etc., para realizar un debate sosegado en la escuela, en los departamentos y en las Comisiones de Coordinación Pedagógica. Adelantémonos al futuro.  Necesitamos una escuela sustentada en valores universales, pero si la sociedad va por otro lado fracasaremos en el propósito. Por cierto, nos iría bien que los legisladores lo creyesen de verdad, que los valores universales fuesen su espejo, que no lo empañase el tiempo.

La escuela española lleva mucho tiempo esperando un cambio; de tanto nombrarlo ha desaparecido del ideario educativo

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La educación española que marcan las leyes –dicen que en esos ganamos a casi todos los países europeos- ha sido prolija. Muchos textos oficiales aprobados por los gobiernos y los parlamentos apenas han logrado remover el escenario. Aquí estamos, sin saber qué educación tenemos/queremos ni hacia dónde vamos: si el modo/modelo de enseñar está claro en conjunto y cada profesional lo tiene, si la educación tiene una multifuncionalidad para cada individuo o para el colectivo, si la distribución de los tiempos es la adecuada a los diferentes ritmos de aprendizaje y edades, si pensamos  la misma educación los diferentes agentes educativos, etc. Los artífices del “no cambio” ocupan lugares destacados en la vida pública: gobiernos, parlamentos, administraciones. Están bien secundados por una sociedad inexpresiva y una comunidad educativa que solo se mueve por cuestiones menores, más ligadas a la forma que al fondo. Pero alguna vez tendrá que cambiar todo esto. Mejor se leen las reflexiones de Jaume Carbonell “10 conexiones del cambio educativo” en El diario de la educación. Allí encontrarán temas para el debate educativo con sus compañeros-as, con las familias y con las administraciones, para hacer posible el cambio que tanto necesita la escuela, y de paso darle voz social.

El tiempo no siempre está de buen humor; expande sin orden tormentas y silencios

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Un día empieza cuando otro acaba. Si se accede a las noticias de lo que sucede en el mundo se percibe una mezcla de ironía negra -escrita en muchas lenguas- con algunos paisajes agradables –trazados por gente especial-; todo ello sin orden aparente y cargado con tintes de melancolía por lo que en ese día nos vamos a perder. Al momento la noticia deja de serlo; lo efímero es un distintivo de nuestro tiempo. La redes sociales amontonan tiempos de otros y se comen el nuestro; imposible huir de ellas, mejor es sobrellevarlas. El tiempo es imperfecto, incluso en su misma polisemia; hasta la naturaleza tiene los suyos. Hay varios tiempos, o este tiene diversas dimensiones, vino a decir Zubiri. Contamos el tiempo alternando días y noches, inviernos y veranos; cada cierto tiempo nos lanza sus exabruptos. Las tormentas y las riadas se suceden, con una cadencia sin tino con las sequías; todas son producto de muchos tiempos entremezclados. Las televisiones aumentan el tiempo de sus programas dedicados a explicarnos el tiempo que ha hecho o el que va a hacer. Se nos amontonan los tiempos, que dejan de medirse pues entre ellos se desvanecieron las pausas, y nos quedamos sin tiempo. No sé de qué tiempo escribo. Quizás debería empezar por preguntarme si el tiempo existe. Lo dejo; no tengo tiempo. Bueno, me queda un poco para releer “Tiempo sin tiempo” de Mario Benedetti.

El consumo responsable es una lucha permanente contra la algarabía de mensajes que nos incitan a lo contrario

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Seguramente mienten quienes dicen ser consumidores-as responsables. Porque un despiste los hará caer en un momento u otro. La vida es un consumo; llevarla sin que se pisoteen la inteligencia y los derechos es una tarea compleja, siempre inacabada y de la cual no podemos apartarnos. El consumo esconde desigualdades sociales en la producción de lo que consumimos, en el “disfrute” de los productos o derechos. El comportamiento consumista incentiva a las redes distribuidoras, que no dudan en “explotar” sus posiciones de privilegio y pueden originar atropellos en los lugares de producción. El híper consumo actual provoca el deterioro y agotamiento de los recursos naturales (como el suelo, el agua, aire, etc.), incrementa enormemente la contaminación industrial, provoca la generación de residuos innecesarios, significa un claro derroche de recursos, con el consiguiente deterioro del entorno próximo o lejano y esconde múltiples situaciones de desigualdad social. Consumiendo bien se expresan posiciones personales, se reivindica que otra vida es posible, incluso se actúa socialmente. Si quieren algunos espejos en donde mirarse, ahí van: ¿Necesitamos todo lo que compramos? ¿Hacemos regalos excesivos a niños y adultos en alguna ocasión? ¿Sabe dónde y cómo ha sido fabricada esa ropa que ahora porta o las zapatillas que tanto le gustan? ¿La da más de un uso a productos que otras personas utilizan solo una vez?, y así podríamos llegar hasta el infinito. Dicen que hoy es el Día Internacional del Consumidor, que hace hincapié en los derechos. Nosotros nos quedamos con el Día del Consumo Responsable, que habla mucho más de economía solidaria, comercio justo y preservación del medio ambiente. Por citar solo alguna de sus caras.  Si quieren una buena guía del consumo responsable, Oxfam Intermón se la proporciona gratis. Para leerla despacio. Porque ya es hora de pasar del “Homo consumus al homo responsabilus”.

La ayuda española a la educación en países pobres sigue empobreciéndose

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España era generosa en ayuda para educación pero ha desaparecido del panel de donantes. Se ha recortado un 90%, de 354 millones en 2008 a 34 en 2015, llegando a los niveles que se tenían hace 30 años cuando la conciencia de globalidad educativa apenas se formulaba. En la actualidad estamos en un 0,13 % la renta Nacional Básica, la media europea supone el 0,4%. Varias son las conclusiones más llamativas del informe La ayuda en educación, a examen elaborado por la Fundación Etea para el Desarrollo y la Cooperación y por Entreculturas y Alboan, dos ONG de la Compañía de Jesús. Merece la pena darle un repaso. Otro dato: España fue el país que más recortó en 2014 –los datos de los años siguientes no han mejorado- a la AOD en general; estamos en la cola  de los 34 donantes del Comité de Ayuda al Desarrollo (CAD) de la OCDE, solo por delante de Polonia, Eslovaquia, Grecia, República Checa, Eslovenia y Corea. Nos preguntamos qué queda del Pacto de Dakar por la Educación que se firmó en el año 2000, cuando muchos pensábamos que la educación era la mejor herramienta para el desarrollo, y UNESCO así lo justificaba para el periodo 2000-2015. No ha tenido todo el efecto deseado. En nuestros días, merece la pena recordar que más de 750 millones de personas son analfabetas, un 64% mujeres. Algo habrá que hacer.

La UE suspende a España por su política ambiental; aquí no caben las repeticiones

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La UE acaba de publicar su “The Environmental Implementation Review”. España siempre figura entre los malos aprendices ambientales de la UE. Año tras año es reprendida por sus malas notas. Se nos antoja que no lo hace por falta de capacidades sino por un evidente desinterés. Da igual el gobierno que (mal)gobierne lo ambiental, siempre necesita mejorar en su interés y esfuerzo. Ya nos pasó en 2010 con la calidad del aire y la edificabilidad, después en 2011 con la condena por el impacto ambiental de la M-501, también por el reciclaje. Así año tras año. Las últimas notas, con reprimenda incluida, son por el desempeño en 2014. La UE escribe en rojo que nuestro país debe aumentar los impuestos verdes (1,85% frente a 2,46% de media en la UE), eliminar las subvenciones que perjudiquen al medio ambiente, potenciar su capital natural, mejorar el uso y saneamiento del agua, aumentar el reciclado de residuos, mejorar la calidad del aire, entre otros. La relación sería muy extensa; lo dejamos aquí.

Tantos años de escuela y todavía tenemos dudas sobre si debemos priorizar instrucción o educación

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Ya Aristóteles se planteaba en su “Política” sobre lo que debían aprender los jóvenes: “no está claro si conviene más atender a la inteligencia o al carácter del alma”.  A pesar del tiempo transcurrido, de las diferentes pedagogías y metodologías que han sustentado los diferentes planes de estudio, todavía no se ha logrado la intersección entre ambos cometidos, aunque ya hace un par de décadas Fernando Savater tachaba la contraposición de obsoleta y muy engañosa en “El valor de educar”, pág 47. Insistimos en la cuestión porque ante unos currículos cargadísimos en todas las materias de la enseñanza obligatoria –marcadamente instructivos, pocos lo negarán- hemos de pensar si queda tiempo para incentivar esa educación más compleja, que facilite posicionamientos personales del alumnado ante asuntos que suceden a su alrededor y de los que oye citar a menudo: libertad individual, salud, convivencia, educación ambiental, participación, paz y solidaridad, educación vial, consumo y un largo etcétera. Paradójicamente, es frecuente que los políticos–que se pierden a menudo en el desempeño de semejantes cuestiones- encarguen a la escuela la instrucción/educación sobre estas cuestiones. Recientemente la reina Leticia abogaba por convertir a los centros escolares en “prescriptores de salud”. Todavía en nuestros centros la instrucción -parte ineludible en la educación civilizadora- busca dar inmediata aplicabilidad a lo que se trabaja/aprende, mientras que la educación parece que está más preocupada de que el alumnado desarrolle un criterio propio y sepa combinarlo con los demás tanto dentro como fuera de la escuela, pues ambos entornos están muy marcados por una función formativa y socializadora. En este asunto siguen las controversias dentro de los centros entre el profesorado, y de este con las familias. Por eso, hemos de seguir hablando del asunto; aunque Savater lo daba hace mucho tiempo por resuelto. Habremos de releer “Creer en la educación” de Victoria Camps en donde dice que “no es posible educar sin enseñar, aunque es muy posible enseñar sin, a la vez, educar”.

Escuelas de Siria: algunas se reabren, intentan poner un pequeño remiendo en la infancia maltratada

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Decía Saramago que “Solo si nos detenemos a pensar en las pequeñas cosas llegaremos a comprender las grandes”. Que Unicef logre reabrir unas pocas escuelas en Alepo, siendo un pequeño detalle dentro de la barbarie internacional que es la guerra en Siria, supone que los niños y jóvenes retoman una parte de su cotidianidad, que aparcan los desgarros anímicos que están sufriendo. Los niños y jóvenes sirios necesitan la educación para mantener sin romper uno de los pocos hilos de esperanza que les quedan. Las imágenes son elocuentes: carteras y sonrisas entre los escombros. La educación es la última puerta para la esperanza individual y la supervivencia colectiva, pero para este cometido falta hacer algo más. ¡Lleva tanto tiempo cerrada!

P. D.: No nos olvidemos de las escuelas a las que acuden los niños sirios en Líbano, Jordania o Turquía. Tampoco de las de Yemen, Afganistán y ese largo etcétera que no deja de crecer. Más de una vez nos preguntamos qué podemos hacer desde aquí. Seguro que algo. ¡Encuéntrelo y adelante! La presión de muchos puede mover montañas.

Los maestros dan vida a muchas películas, con destellos anímicos, tramas diversas y variados protagonistas

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Cada día, en millones de aulas del mundo, maestros y maestras tratan de desarrollar su guión educativo previsto. Frente a ellos los actores esperan. El aula es un plató en el que los personajes se comunican, o no. Escenas repetidas conviven con sorpresas, emociones con bostezos, aplausos con malas caras, alabanzas con exabruptos, interés con dejadez. Se inicia la representación. Todo pasa mientras algo queda, porque cada alumno espera una escena diferente cada hora; después gestionará lo que en ella ha visto a su modo, en su cabeza. El cine, como espejo de la vida, ha representado -con aciertos diversos y estereotipos varios- el trabajo de los profesores. Aquí van muchos títulos de películas que ha recopilado Educacion 3.0. Seguro que conocen una buena parte; intenten ver si en ellas se ven representados, si son docentes, o si los protagonistas se parecen en parte a quienes les inculcó, o no, el placer de aprender. Lleven alguna a las aulas o véanlas en familia. En realidad, bien mirada, la escuela es una película, o muchas entremezcladas.

El comercio de las armas frente a preservación de la Vida, de la biodiversidad. ¿Y si intentáramos el recambio?

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Si la sociedad avanza o retrocede es algo difícil de explicar categóricamente; queda al albur de quien opina y del apartado de la existencia que revisemos. Si el asunto lo vemos en su conjunto nos inclinamos a decir que no, porque es de idiotas gastar dinero para tener la posibilidad de matar , asunto que se convierte en una prioridad de muchos gobiernos. Porque quienes matan lo hacen con armas que otros han fabricado y vendido. Amnistía Internacional denuncia que el comercio de armas es un negocio cada vez más lucrativo, que España está aprovechando. Desde hace tiempo, Oxfam Intermón se pregunta si es necesario y para qué sirve un Tratado Internacional sobre Comercio de Armas que ayude a preservar la vida. El presupuesto para la paz no figura en los balances económicos de los gobiernos.

Esta manía de matar al diferente, aunque no sea humano, acaba con “todo bicho viviente”. Recomendamos la lectura de un artículo antiguo (finales de 2014), que recogía datos de una investigación publicados en la revista Nature, que hemos rescatado porque el tiempo no le ha restado nada de actualidad. Habla de que con el 2,5% del presupuesto militar mundial se salvaría la biodiversidad del Planeta. ¿Qué opina del asunto? ¿Por qué opción votaría si le dieran a elegir?

P.D.: Algunos escolares se implicaron ayer en actos para conmemorar el Día de la No Violencia y la Paz. Proponemos a sus maestros que lleven más de una vez a debate en las aulas el comercio de armas, esas que siguen matando en Siria, Yemen, Afganistán, y tantos lugares de África.

La educación ambiental aparece como una luz intermitente ante la incógnita ecológica

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En el Día Mundial de la Educación Ambiental toca soñar, aunque el devenir diario te despierte. Lo pequeño puede ser hermoso para quien intente verlo así, vino a decir Schumacher hace tiempo; al menos reconforta momentáneamente haberlo intentado. En realidad, estos días están puestos en el calendario mundial para recordarnos que las cosas cambian en cada momento. “Evolución sí, destrucción desaforada no”, nos diría Mario Bunge para recordarnos que no es inevitable que sigamos destruyendo a posta la biosfera, como consecuencia de la absurda y acelerada depredación de los recursos naturales o de las estúpidas guerras. Como vivir de la nada es imposible, si queremos mantenernos, habremos de pasar de ser torpes explotadores a convertirnos en sabios administradores de los ecosistemas, una parte de ellos somos nosotros. Aun así, dentro del género humano son demasiados los incapaces de aprender que no tienen que ensuciar su propio nido más de lo necesario. A todos estos, a quienes dominan el mundo, los envalentona la creencia de que los humanos, como seres excepcionales, pueden dominar la naturaleza y prescindir de sus quejas. Pero suenan cada vez más fuerte las voces de quienes intentan convencer de que el principio básico de la vida es la aceptación de la finitud de los recursos del planeta y la interconexión entre todos los seres vivos que lo habitan (Kuhn). Ante esta tesitura, solo cabe armarse de la educación ambiental como proceso participativo, que siempre dejará algo pendiente. Porque en este asunto se cumple aquello que dijo Saramago: “La derrota tiene algo positivo, nunca es definitiva. En cambio la victoria tiene algo negativo, jamás es definitiva” ¡A ver si logramos derrotar a los malos!