Educación

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¿Y si el camino más apropiado hacia la sostenibilidad planetaria fuese la multiforme educación?

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Para que el Día de la Tierra sea eterno:

Caminar hacia el planeta deseado.

Hay mucha gente a la que le preocupa el futuro del planeta. Seguro que son conscientes de que, mal que nos pese, siempre será imperfecto, pues está marcado por las incertidumbres. Estas las provocan sucesos diversos. Unos le son propios, procedentes del medio natural en forma de dinámica atmosférica, pulsiones geológicas y muestras de biodiversidad, y sus interconexiones en ritmo rápido o lento. Otros vienen de la apropiación social y económica que la humanidad ha construido a partir de su uso: de un lado, la práctica antropocéntrica, que entendió que todo estaba a su servicio; de otro, el hecho de que el medioambiente se ha convertido en un espacio político multivariable y cambiante, que se mejora o debilita con acciones u olvidos tóxicos, con tendencias de moralidad o presiones económicas bajo la forma de crecimiento.

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La salud planetaria se asegura con dietas personales acordes

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Mucha gente no se da cuenta, pero las dietas humanas están totalmente vinculadas con la sostenibilidad ambiental. Es indudable que el incremento de la producción de alimentos en los últimos 50 años ha contribuido a mejorar la reducción del hambre severa y la esperanza de vida pero también ha generado cambios de dieta planetaria poco saludables. Las tradicionales –basadas más en alimentos de origen vegetal– han cambiado hacia un “modelo alimentario de estilo occidental” –un alto consumo de calorías, alimentos altamente procesados, bastantes azúcares añadidos, sodio y grasas no saludables– procedentes de altas cantidades de productos animales, con los consabidos peajes ambientales que supone; en ellos, el gran incremento de productos utilizados en la ganadería intensiva para hacerla económicamente rentable, que después dañan el planeta y nuestra salud. Por otro lado, no se está priorizando el consumo de alimentos vegetales de temporada y de agricultura de cercanía. Así el planeta sufre trastornos en su salud, que nunca será perfecta porque la entropía siempre está presente.

Todo esto está teniendo sus impactos en la salud humana, a escala personal y colectiva, con elevados gastos sanitarios, pero también es insostenible a escala ambiental. La producción actual de alimentos ya está impulsando el cambio climático, la pérdida de biodiversidad, la contaminación y demasiados cambios drásticos en los usos del suelo y el agua.

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Es urgente desarrollar una Educación para la Sostenibilidad que genere compromisos participativos

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Han transcurrido 20 años desde que se publicó el Libro Blanco de la Educación en España, un trabajo colectivo de búsqueda y de pensamiento acerca de qué hacer para sintonizar nuestras acciones educativas a la salvaguarda del medioambiente en las mejores condiciones. Ahora REDS (Red Española de Desarrollo Sostenible) y el Ministerio de Transición Ecológica impulsan la publicación de Hacia una Educación para la Sostenibilidad. 20 años después del Libro Blanco de la Educación Ambiental, que ayer se presentó en la Universidad Autónoma de MadridSe trata de un compendio de visiones retrospectivas, una expresión de necesidades y deseos, una formulación de propuestas para avanzar en la imprescindible y urgente tarea de repensar nuestras relaciones e impactos en el medio ambiente, en la articulación de acciones educativas para fomentar en toda la población una cultura de la sostenibilidad. Nos atañe a todas personas, las que tenemos cerca y lejos (familias, administración, empresas, medios de comunicación, etc.), ahora y para siempre. Debemos empezar ya, mañana puede ser tarde. Identifiquen sus relaciones cotidianas con el medioambiente e implíquense en nuevos aprendizajes y cambios sociales. El reto es colectivo: para quienes piensan, sueñan, proyectan futuro, o simplemente quieren vivir. Las generaciones futuras se lo agradecerán.

Chequeo al papel ambiental del papel en la escuela

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Hubo quien afirmó hace unos años que la llegada de la informática a las escuelas iba a suponer una auténtica revolución en el uso del papel: menos fotocopias y cuadernos junto con la paulatina desaparición de los libros de texto tal como los conocíamos hasta entonces. Pero la experiencia nos ha demostrado que no ha sido así, hasta el punto de que en la entrada de todas escuelas habría que colgar un cartel que dijese: STOP a las fotocopias y al derroche de papel.

Sucede que, desde la educación infantil hasta la universidad –aunque ahora esta esté plagada de archivos en la nube-, las fotocopias son el medio más utilizado para animar o retener aprendizajes, al menos en los países ricos. Los costes ambientales que esta moda supone son enormes: papel virgen más o menos clorado procedente de bosques bien o mal gestionados, lixiviados más o menos controlados, emisiones más grandes o pequeñas, energía de todo tipo, transportes desde los centros de producción más bien largos, y más cosas como los residuos del tóner y similares. Además, los cuadernos que atiborran las mochilas se utilizan mal, quedan en blanco cientos de hojas. Por eso, el papel es un buen material para hablar de medioambiente y escuela, pues su uso tiene un elevado papel ambiental.

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Con menos plástico también hay vida placentera

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De Ecoescuela abierta en El Diario de la Educación.

Era por junio de 2015 cuando propuse al alumnado de secundaria un asunto que por entonces parecía de ciencia ficción: Es posible vivir en un mundo sin apenas plásticos. Para motivar los posicionamientos apelé a la ciencia, que siempre ayuda al reconocimiento de lo que uno dice. Les conté que la prestigiosa revista Science había publicado una investigación que estimaba que en 2010 se vertieron entre 4,8 y 12,7 millones de toneladas de basura plástica a los océanos de todo el mundo. Sin duda era una cantidad enorme –difícilmente imaginable para quienes pocas veces medimos o pesamos las cosas- pero que taparía con una altura de varios metros el césped de un campo de fútbol; eso sí que tenemos idea de lo que abarca. Tal cantidad, aunque enorme, representaba una pequeña parte de los 275 millones de toneladas que aquel año se generaron solo en los países que tienen costa. También decía el artículo que la producción mundial de plástico se había incrementado un 500% desde 1980.

Como no quería que cundiese ni la indiferencia ni la impotencia, les propuse imaginar cómo vivían sus abuelos hace 60 años. Entonces el tema dejó de ser tan ajeno, más todavía cuando empezamos a enumerar los objetos plastificados que nosotros utilizamos cada día y no tendrían entonces.

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Ha comenzado la rebelión reclimatizadora de los jóvenes. El 15 de marzo tendrá el impulso definitivo

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De Ecoescuela abierta en El Diario de la Educación.

Por una vez se escucha el quejido de una parte de los sectores “invisibilizados”: aquellos adolescentes y jóvenes que se verán muy afectados por el cambio climático. Demandan al sistema político-económico que empiece a limpiar el desastre en el que nos han metido. La sociedad ha pasado mucho tiempo ajena al medioambiente global. Por eso, las marchas o concentraciones de jóvenes que tendrán lugar el 15 de marzo de 2019 contra la inacción climática de los políticos de todo el mundo –recordemos aquí la denuncia de 21 adolescentes estadounidenses contra el presidente Trump o la iniciativa de los jóvenes colombianos contra la deforestación–, nos refrescan. Las queremos ver como una alegoría del futuro. Ese mundo imaginado y demandado por ellos llegará o no pronto, adornado de esperanza o teñido de incógnitas climáticas; de una forma u otra se verán afectados. Por eso, los escolares que desde hace varios viernes se manifiestan, tienen prisa por cambiar las políticas gubernativas y económicas, principales causantes del incremento de las emisiones de GEI (Gases de Efecto Invernadero) y sus efectos colaterales.

Las redes sociales habrán acercado a los jóvenes de su centro educativo la propuesta de celebrar el “Fridaysforfuture”. La huelga de esos “viernes por el futuro” –que tanta carga alegórica encierran– recorrerá grandes capitales de Europa al menos. Esta protesta no puede ser vista como una simple maniobra de relajación escolar. Quienes no la aprueben, al menos, que observen y se pregunten qué querrán decir los chicos y chicas con esos posicionamientos críticos, apoyados desde fuera de la escuela, como ha sucedido en España por medio centenar de académicos e investigadores. 

Cada día que permanezcamos impasibles, aumentarán los riesgos para los niños y jóvenes en el presente y en el futuro. ¿Acaso no merece la pena intentar (re)climatizar el cambio climático?

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La naturaleza a la escuela o viceversa; pero algo habrá que hacer

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De Ecoescuela abierta en El Diario de la Educación.

Cada vez son más los niños y niñas que viven todo el año en un entorno totalmente urbano, tanto que el contacto con la naturaleza se está reduciendo al mínimo. La ven un poco en parques y jardines, domesticada, o por la televisión; a veces tienen la suerte de que en su escuela se la muestren. La naturaleza vivida es biodiversidad múltiple, diferente según dónde y cómo, lugar donde aprenden muchas cosas que ayudan a crecer personalmente, rica en afectos si se sabe sentir, y también escenario con alguna incógnita. Por eso, la educación reglada debe ser en buena parte un contexto de naturaleza en donde se representen pasajes de vida real.

No pretendemos crear escuelas al estilo del Emilio de Rousseau ni atiborrar cada día a los estudiantes con capítulos de National Geographic –por cierto, no dejen de ver Planeta Tierra y Planeta azul con David Attenborough en la BBC– pero, al menos, sugerimos que la naturaleza tome presencia activa en la escuela o, mejor, que la escuela salga de vez en cuando a la naturaleza.

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Por cierto, dicen que ayer, 3 de marzo, era el Día Mundial de la Naturaleza. ¿Qué querrá reseñar? Hay muchas maneras de celebrarlo. Elija una.

La lechuza entró en la escuela en busca del aceite de la sabiduría

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De Ecoescuela abierta en El Diario de la Educación.

El sentido de los poderes asignados a los animales en la cultura universal es variopinto: va desde la idealización al menosprecio; incluso en ocasiones coinciden ambos matices. Los observadores de la SEO (Sociedad Española de Ornitología) ya no ven a la lechuza volar sobre el olivar, como cantaba Antonio Machado hace cien años al describir el viaje alado hacia la catedral para beber del velón de aceite. Allí San Cristobalón la quiso espantar pero la Virgen intervino en su favor; la lechuza agradecida le llevó un ramito de olivo –un recuerdo del árbol que fabrica el tesoro del aceite que alumbraba en las iglesias–. Merece la pena leer el poema de Machado. ¿Estaría en el líquido la sabiduría que dicen que acumulan las observadoras rapaces? Ese tesoro no lo pudo alcanzar la lechuza cantada por Tomás de Iriarte en una de las fábulas que sobre ellas escribió, y que también merece la pena conocer. Demostremos a nuestros alumnos que la literatura universal interpreta la vida; por eso debe tener una acogida permanente en la escuela para su estudio y porque puede introducir debates más profundos. ¿Qué querría decir Javier Tomeo en su El poeta y la lechuza?

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La escuela olvida a menudo el escenario habitado, que es muy diferente de lo que se estudia en ella

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La enseñanza reglada habla poco del mundo cercano que nos rodea, o al menos no logra interconectar lo cotidiano y lo escolar. Así es difícil la motivación continuada, encontrar sentido a lo que se aprende. Lo que interesa al alumnado a menudo no coincide con lo que cada materia necesitaría para ser bien aprendida como tal. Cada persona construye muchos aprendizajes, de forma particular, en la vida, y sin embargo la escuela es muchas veces despersonalizada; todo el alumnado de un curso concreto debe aprender de manera similar y con parecidos argumentos lo que dicen los currículos y llegar juntos a la meta. ¡Hay que encontrar sentido a lo que obligamos a aprender en la escuela! Hay que buscar qué parte de lo que se enseña es trascendente, para las diversas materias y para el alumnado de una determinada edad que las disfruta o soporta. No todo lo que es conveniente saber se aprende en la escuela, no solo se aprende en la escuela; por eso hay que lanzar una mirada hacia los contenidos del escenario cotidiano.

CODA: Un par de preguntas para sincerarse, pertenezcan o no al ámbito profesional de la educación: ¿Cuándo iban a la escuela dudaban alguna vez de si les servían o no los contenidos que les obligaban a aprender? ¿Cuánto tardaron en olvidar una buena parte? Pues eso; los conocimientos son una construcción personal motivada. ¡Nuevos currículos ya!, pero dejando una parte importante a la opcionalidad.

Antártida en deshielo acelerado; presagio de problemas globales

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De Ecoescuela abierta en El Diario de la Educación.

La Antártida apenas tiene cabida ni en la vida ni en la escuela, tanto que mucha gente duda si es un continente o no. Está tan lejos y es tan desconocida que solo sabemos de ella por fotos, y porque hace más de 100 años Scott y Amudsen se lanzaron a recorrerla. Pero tiene una importancia trascendental en el presente y en el futuro. El también llamado desierto helado –por la escasez de precipitaciones básicamente– resulta ahora un poco más cercano porque cada año lo visitan varias expediciones científicas en los meses de enero y febrero; allí es verano como en el mayor parte de América del Sur; cuesta explicar esto en clase pues los argumentos científicos chocan con las ideas desordenadas que el alumnado -la gente normal también- utiliza para interpretar la esfericidad de la Tierra y sus movimientos elípticos. Quienes están allí ahora, algunos compañeros de quien esto escribe, científicos de la UAM, rastrean marcas que sirvan para entender el pasado, que saben que está conectado con el futuro, pues conocen que el hielo acumulado atrapó restos, semillas, granos de polen, etc., a lo largo de tiempos remotos. También se asombran de la pérdida de una buena parte de su hielo.

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¿La hora climática de los jóvenes?; en ellos estará la esperanza si se movilizan y cambian sus hábitos

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En los ámbitos ecologistas y sociales ha llamado la atención la protesta de los jóvenes belgas –no solo había jóvenes sino también de todas las edades- ante la dejadez de sus dirigentes para atajar de verdad una parte de los efectos del cambio climático. A esa protesta social, el Primer ministro Michel respondía en Le Soir que se ha hecho mucho contra el cambio climático pero quizás no se ha explicado bien. Quizás hay que escuchar con más atención la contundente crítica de la adolescente sueca Greta Thunberg en el sentido de que se está robando el futuro de la gente que viene detrás y por eso anima a la “Huelga climática, Climate Strike” – , no yendo los viernes a clase, para que el problema climático forma parte de la acción colectiva. ¿Qué deberíamos dejar de hacer los demás para recordarnos a nosotros mismos que el asunto es serio? Sin duda arrimarnos al fuego que pretende calentar el debate climático en Europa. Cada día que permanezcamos impasibles, los niños y jóvenes lo sufrirán en sus vidas.

Medioambiente y escuela se interpelan en clave de sostenibilidad

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De Ecoescuela abierta en El Diario de la Educación.

Se trata realmente de rescatar la posible trascendencia de la escuela en la mejora o el deterioro del escenario ambiental y social, y de sus múltiples expresiones. Ahora mismo, la escuela puede ser un laboratorio de participación en torno a lo que es la vida, a cómo una parte de las sociedades han llegado a ser ecológicas, a debatir de qué forma se puede mitigar las complejas problemáticas ambientales o compartir si simplemente nos queda adaptarnos a ellas. Para lograrlo, la escuela debe llevar a cabo una revisión crítica de sus currículos, una buena parte de ellos obsoletos y marcadamente epistemológicos. Además, debe ser en sí misma sostenible, como institución formada por personas que se relacionan con distintos intereses: la gestión de los recursos, la generación de residuos, el uso de la energía, los planes de movilidad que aconseje al alumnado y al profesorado, etc.  Aunque todo salga bien, siempre hay que tener presente que cuando se crea disponer de todas las respuestas a las problemáticas socioambientales, después de un trabajo bien hecho, seguro que aparecerán nuevas preguntas; eso es el diálogo vivo entre medioambiente y escuela: (en)clave de sostenibilidad.

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Las toallitas húmedas tienen un lugar principal en el rutilante escenario del consumo contaminante

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De Ecoescuela abierta en El Diario de la Educación

Imaginemos que los estudiantes de primaria y secundaria realizan tareas caseras de compra, aunque sea como acompañantes. Pregúnteles si han visto en las estanterías a las reinas de la higiene personal; sí, estamos refiriéndonos a las toallitas húmedas, que son “lo más plus”. Han colonizado nuestros cuartos de baño y por ellos expanden su glamour; tienen un gran poder de seducción. Por eso no debe sorprendernos que en un colegio de una gran ciudad española el papel higiénico haya sido sustituido por las toallitas húmedas. Así me lo contó una compañera entusiasmada (sic). Normal que así pase pues en cualquier supermercado se pueden encontrar de diversas marcas y calidades. Parece que nos dicen: ¡Cómprame, soy lo mejor que te puedes encontrar! Pero tienen bastantes peros. Su primera paradoja existencial es que su vida útil es efímera: duran unos segundos, se cargan de cosas sucias y enseguida se tiran. La segunda es que en el envase pone que son biodegradables, que se pueden tirar al inodoro directamente; gran mentira, y si no que se lo pregunten a las depuradoras, a donde llegan casi intactas. Algunos de sus componentes tardan 500 años en desaparecer.

Indaguen entre el alumnado de su clase si se conocen, si en su casa las emplean, si hay alguien que las utiliza, o, incluso, si hay alumnas o alumnos que las portan en la mochila…

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Hay un diálogo entre medioambiente y sociedad expresado en la pintura

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De Ecoescuela abierta en El Diario de la Educación. 

El medio ambiente ha condicionado el devenir de las civilizaciones y estas, a su vez, lo han marcado desde siempre y, sobre todo ahora, tienen un impacto importante en cómo es o puede ser. El reconocimiento de cómo ha podido desarrollarse la interacción sociedad-territorio cabe hacerlo mediante estudios científicos o también de la mano del arte, más bien de una serie de pinturas que muestran una parte de los ritmos de la sociedad junto con la naturaleza. 

Los frescos murales del Panteón Real de la Colegiata de San Isidoro de León que representan el calendario agrícola sugieren que el medio dominaba la vida social, marcaba los ritmos; sin duda, la agricultura y la ganadería empezarían a hacer mella en los primitivos bosques. Unos siglos más tarde, Pieter Brueghel mostraba con sus cuadros que la vida había adquirido algo de dominio social, sus escenas del quehacer cotidiano resultan ilustrativas. Por aquellos tiempos, el pintor italiano Giuseppe Archimboldo creó cabezas fantásticas compuestas con los vegetales de cada estación, también las hizo con animales. 

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La educación no sobrevuela la escena política en España ni rotulada en avioncitos de papel

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Érase un país en el que los políticos se dedicaban a menoscabar el prestigio de sus oponentes. Daba igual que la verdades se tornasen mentiras, que el pueblo del que hablaban no estuviese en su pensamiento, que los desfavorecidos hubiesen desaparecido de sus plegarias, que lo blanco fuese negro a los cinco minutos, etc. Se lanzaban proyectiles verbales un día sí y otro también; lo que decían los unos lo machacaban los otros con dispositivos electrónicos varios a la velocidad de la luz. La razonada convivencia ni siquiera era razonada: la convivencia se ejercía solamente con los de su tribu.

Eso sí, entre sus mensajes no aparecía la palabra educación, no nos referimos a las formas sino a lo que se entendía en tiempos como sistema educativo, tal maltrecho en ese país después de tantas leyes partidistas, de tanto abandono de la escuela a su languidez tradicional. Un día apareció en los cielos un avioncito de papel rotulado con la frase “Educación de calidad para todos”. ¿Quién lo habría lanzado? Seguro que alguien que creía estar en el siglo XXII. Habrá que localizarlo; puede desestabilizar la convivencia no razonada.