Educación

Viajes imaginativos por todo el mundo sin salir del aula; una experiencia en desuso que mezcla ecología y aventura

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Mark Twain nos animó una y otra vez a explorar, a soñar y descubrir. En la escuela del pasado se solía viajar leyendo -a veces en una escucha colectiva-, de la mano de autores tan reconocidos como Marco Polo, Stevenson, Kipling o Saint-Exupéry; también Herodoto, Estrabón e Ibn Battuta que nos pincelaron el mundo antiguo. Desgraciadamente, en nuestras clases ha desaparecido el carácter nómada de las viejas historias de Livingstone vs Stanley o Cook, o las que se inventó Julio Verne. Sin embargo, las nuevas tecnologías nos acercan documentales de calidad –un buen reportaje puede ser tan fascinante como una visita real- que permiten organizar una aventura colectiva. Nos apasionan más los que exploran mundos lejanos, por ejemplo la Antártida. Una lectura imaginativa de esa película se convierte en un cuento novelado que nos ayuda a contraponer invierno y verano –lo que significan temperaturas extremas allí y en nuestra ciudad-; desierto por falta de precipitaciones con capas de cielo de centenares de metros; posibilidades de colonización turística con preservación de enclaves singulares que son tesoros de la humanidad; mediciones en un mapa para entender lejanía en hemisferios y también día y noche. El simple hecho de imaginar un viaje hasta allí, donde poca gente va e irá, permite conjeturar sobre qué haríamos en el continente helado; incluso antes cómo llegaríamos, o qué vestimentas nos llevaríamos. Estos asuntos de logística sirven como excusa para el diálogo, para fomentar el trabajo en equipo y la búsqueda de información.

Niños y jóvenes que no sobrepasarán los 50 años por trabajar en penosas condiciones. ¿Y si fueran a la escuela?

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La historia se repite con casos recientes: niños trabajando como esclavos acabarán pagando con la vida. Ya sean buscadores del maldito coltán para nuestros móviles en R.D. del Congo, refugiados sirios en Turquía para elaborar ropa de marca, en Indonesia para extraer el aceite de palma. Ahora conocemos que los niños curtidores de Bangladesh no cumplirán los 50 años. ¿Por qué lo permitimos? Porque cambiamos de móvil con ligereza, nos gusta pasearnos por las pasarelas de la moda, comemos cantidad de alimentos preparados que otros nos envenenan y el cuero nos seduce, sin saber de dónde viene. La nómina de las maldiciones infantiles no acaba aquí. Otros son reclutados a la fuerza para ser soldados. ¿En qué mundo vivimos? Hipótesis indemostrable por ahora: ¿Qué sería del mundo si todos estos niños y niñas fueran a la escuela durante muchos años? Dicen que hoy es el Día Mundial contra el trabajo infantil. Conozcamos las estrategias que propone Unicef para eliminar esta lacra global.

La basura orgánica permanece en la zona crítica de nuestra educación ciudadana

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SEMANA PARA ESCUCHAR AL MEDIO AMBIENTE

Por si no lo saben, la basura orgánica representa más de la tercera parte de los residuos que producimos; eso sin contar los desechos/despilfarros en la cadena de producción y comercialización. No sabemos qué hacer con ella y tenemos un gran desafío delante; o sí, porque algunos ayuntamientos ya han comenzado a recogerla y someterla a ciertos tratamientos para recuperar una parte de la materia y energía que contiene. Pero van los de la Unión Europea y ponen plazos para recogerla, para teñir los contenedores de marrón; en esto estamos a la cola y por eso la UE nos sanciona, aunque parece que al Gobierno le sale a cuento pagar multas. Esto de los alimentos tiene su complicación: producimos más de los que necesitamos en conjunto y cada uno de nosotros compramos. En un año solemos arrojar entre todos los hogares españoles unos 24 millones de kilos semanales -el 85,6 son alimentos sin procesar, aquí es donde tenemos que mejorar mucho-. Llenamos la cesta de la compra con cosas de las que una buena parte tiramos al contenedor del que nada o poco se aprovecha. Antes tirar la comida era un pecado, porque se sabía lo que costaba producirla. Pero no nos desanimemos: parece que vamos reduciendo el desperdicio alimentario.

Día Mundial del Medio ambiente; tenemos que empezar a darle valor perpetuo en la escuela

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SEMANA PARA ESCUCHAR AL MEDIO AMBIENTE

La escuela debe ser un escenario vivo en la formación de una cultura global para la sostenibilidad. Hoy, como todos los años cada 5 de junio toca celebrar el Día Mundial del Medio Ambiente. Parece mentira, pero después de tanto tiempo la relación entre medio ambiente y escuela es un vademécum de aciertos y carencias; merece la pena echarle un vistazo a los artículos de la Carpeta Informativa del Ceneamque lleva muchos años luchando porque estos temas no caigan en el olvido. Y eso que desde que la Logse se inventó lo de los Temas Transversales parecía que el asunto iba a transcurrir por otros derroteros. Los aciertos se notan en que en que casi una tercera parte de toda la información sobre cuestiones ambientales la reciben los chicos y chicas en la escuela (lo decía PISA in Focus 15, publicado en 2006). También en que los centros educativos desarrollan bastantes actividades -puntuales o más sistematizadas- sobre consumo, cuidado del medio natural, residuos, papel, energía o agua. Es más, la gestión ambiental escolar sobre estos tres últimos consumos –que produce enseguida réditos económicos- ha mejorado bastante. Tampoco hay que olvidar las redes ambientales activas; nos quedamos con iniciativas como EsenRed y sus conexiones territoriales. Pero en este cometido pesan bastante las carencias. El mismo informe del PISA nombrado subraya que el futuro de la sostenibilidad del medio es imposible para el 80% de los preguntados. Un reciente trabajo de María González Reyes publicado en Fuhem (Fundación Hogar del Empleado) asegura que se puede llegar a terminar la ESO sin conocer realmente lo que supone el cambio climático. ¡Con la que está cayendo! Y encima viene los “trumpianos”, y otros olvidadizos que se les irán añadiendo.

¡Hala, todos a celebrarlo!

  • El artículo completo se publicó en diariodelaeducación el 2 de junio de 2017.

Segregar por sexo en la escuela cuestiona toda expresión de derecho universal. ¡Ni que la educación fuese un wáter!

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Cualquiera sabe que educarse –entendido el proceso como una formación integral-  significa compartir vivencias, deseos y metas con personas diferentes. Si así se hace, es más fácil caminar hacia una sociedad preocupada por conseguir objetivos colectivos. En la vida no hay calles para hombres y otras para mujeres, ni tiendas separadas, ni lugares de diversión específicos, ni sanidad o pediatras especializados en uno u otro sexo, etc. Estamos hablando de España en 2017, no imaginando países en los que los fundamentalismos religiosos mandan y el modelo educativo mixto -vigente en nuestro país desde hace más de 40 años- ni se adivina. Por eso, ya nos manifestamos en contra hace tiempo de que la Lomce dijese que no se podían negar los conciertos, subvenciones públicas para educar en la diferencia, a centros que segregaban por sexos; otro efecto más de la Ley Wert. Ahora el Tribunal Supremo dice que sí, que se les pague,  que “no se puede asociar la enseñanza separada con la discriminación por razón de sexo“; algunos ejemplos tenemos en la historia de costumbres sociales y religiosas que sí se asocian. El argumento nos resulta incomprensible a quienes no entendemos los vericuetos de la Justicia. ¿De qué sirve la Constitución española, la Convención de los Derechos de la Infancia y tantos otros convenios internacionales? Muchas voces dicen que si las familias quieren llevar a sus hijos a esos centros que separan por sexo paguen su educación, no que lo haga la sociedad que tantas necesidades educativas no puede atender por falta de recursos.

Familias educadoras: sí y no, según y cómo; mejor aquí que en la Unión Europea

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Seguimos dándole un repaso a “El bienestar de los estudiantes: resultados de PISA 2015” publicado recientemente. Hemos mirado el apartado de “La implicación familiar, el rendimiento de los estudiantes y su satisfacción por la vida”, pág. 34-35 del informe en español. Según vemos, España es uno de los países donde más conviven las familias: 6 de cada diez madres-padres suelen intercambiar con el profesorado ideas sobre su papel en el desarrollo de su hijos e hijas (4 en la UE-18), el 67,4 % colaboran en casa para favorecer sus aprendizajes (55,5 en la UE-18), y también son más los que asisten a reuniones en el centro escolar, hablan sobre los estudios con sus hijos-as y entre ellos. Échenle un vistazo a las páginas 6 y 7 del resumen. Si quiere puede leer el informe completo (en inglés y francés); hay un Power que lo explica muy bien, y comparar. Esta cuestión es importante pues a partir de ella se puede organizar mejor una buena educación que se base en la formación integral, que descargue los currículos de todo aquello que le sobra, que priorice entre las materias o áreas aquellas que ayudan a entender la vida, en fin, que pueda ilusionar a toda la comunidad educativa. Este menester es cometido especial de las administraciones que nos castigan con leyes y normas que ralentizan el cambio educativo que tanto necesitamos.

Lecciones para una cultura del riesgo ambiental

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Vivimos en una sociedad plena de contrastes educativos. Sobreprotegemos a los hijos de un posible peligro inmediato y los dejamos libres ante un probable riesgo acumulativo. Lo hacemos ante los fenómenos naturales, cada vez más evidentes; valdría para otras muchas cuestiones. La naturaleza demuestra su libertad en episodios espasmódicos: los relacionados con la geología (sismos, erupciones volcánicas o movimientos de tierras y derrumbes), la meteorología, la hidrología, las plagas y epidemias y un largo etcétera, que traen graves consecuencias a las personas. Los medios de comunicación nos informaron recientemente de las desgracias de “El Niño” en la costa peruana, el desastre de la Mocoa colombiana, o las sequías que llevaron a una tremenda hambruna al África central o Somalia; también de los temporales que no hace mucho asolaron las costas españolas. ¿Podremos hacer algo en la escuela, al margen de compadecernos de los afectados o contribuir a las ONG con más o menos ayudas? Algunos profesores opinan que no, que estas cuestiones desbordan el marco curricular. Sin embargo, otros argumentan que el estudio de casos reales es uno de los mejores aprendizajes para entender la vida. En la misma categoría de desastres, pero con cogeneración humana, estarían afecciones locales y globales por el cambio climático, contaminación de las aguas terrestres y marinas, emisiones tóxicas al aire, alarmas alimentarias, exposiciones por proximidad a fábricas o centrales nucleares, etc., que son muy aprovechables como currículo dinámico – sobre todo los de afección más próxima- en cualquier nivel escolar. 

En este asunto de llevar la vida a la escuela y que esta sirva para la vida, como en otros muchos, el conocimiento no garantiza que cambie el comportamiento -la con(s)ciencia del peligro tiene una marcada dimensión subjetiva- pero si se trabaja bien algunos individuos sí adoptan actitudes precautorias porque se han aprendido las lecciones de vida.

Los españoles ya están envidriados; un buen motivo para reducir el resto de los residuos

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Si recogemos 16 kilos de vidrio por persona (62 envases) y año puede querer decir  que la batalla del reciclaje está bien encaminada. Si valoramos que eso supone el 73% debemos aplicarnos más; Ecovidrio se ha marcado el 77% para 2020, más chulos que en Europa, aunque siempre habrá una parte que escapará al buen hacer ciudadano, que nunca será unánime. Pero hay que dejar constancia de la implicación de la gente en este menester pues la recogida selectiva del vidrio apenas tiene 20 años y se encuentra ya en un estado de madurez. Todo lo recogido en 2016 supone dejar de emitir 500.000 toneladas de dióxido de carbono (CO2) a la atmósfera (más o menos como retirar de la circulación unos 125.000 coches durante un año) y no extraer casi un millón de toneladas de materias primas así como el ahorro de 1.670.000 megavatios-hora de energía (más o menos el consumo doméstico de Barcelona en ese año). ¿Quién pensó alguna vez que lo de la recogida y el reciclaje era una tontería? Así pues, gracias a todos. Ya estamos en la senda del reciclaje y podemos recorrerla recuperando otros materiales. 

P.D.: Para los curiosos, aquí tienen una breve historia del vidrio.

Educación en Finlandia: no todo lo que reluce es oro, tampoco en cuestión de género, según PISA

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Estamos acostumbrados a ponderar el modelo finlandés de educación para denostar el nuestro. Sí y no, depende del cristal con que se mire. Si leemos con detenimiento algunos resultados del “El bienestar de los estudiantes: resultados de PISA 2015” Vemos que los estudiantes de 15-16 años tanto de Finlandia (7,9 de satisfacción de vida y 2º lugar) como Islandia (7,8 de satisfacción de vida y 4º lugar) deben ser los más felices del mundo. Pero si atendemos a las diferencias de género en estas manifestaciones –pág. 12 y 13 del Informe, Fig. 4- resulta que allí se dan las mayores distancias entre los que declaran sentirse muy satisfechos-as: Islandia (56% chicos; 38% chicas) y Finlandia (52% chicos; 36% chicas) frente al 36 y 30% en España. Pero es que también son esos dos países los que arrojan las mayores diferencias de género entre los no satisfechos-as. Parece ser que existe una relación entre esa satisfacción y el rendimiento en ciencias. Aquí ganan las chicas, aunque la cultura construida diga lo contrario. Finlandia y Países Bajos, entre otros, presentan puntuaciones medias altas en ciencias junto con una valoración media también alta en la satisfacción con la vida (Fig. 5 de la página 14). Pero no en todos los países: los alumnos de países de rendimiento medio bajo como República Dominicana, México, Colombia y Costa Rica tienden a mostrar mayor grado de satisfacción con la vida que aquéllos que muestran mejor rendimiento medio. ¿Será que la educación no da la felicidad? Tendríamos que revisarlo, porque hasta ahora defendíamos lo contrario. Por cierto, en España los chicos son más ambiciosos, las chicas están más motivadas; ¡Ser o estar, he ahí un dilema educativo! Como ven, esto da para muchos debates sosegados. Seguiremos detallando partes del Informe.

Acción global para las personas migrantes y refugiadas: conveniente e imprescindible

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Hoy 11 de mayo es el día marcado por Amnistía Internacional y Oxfam Intermón (ver su propuesta Conectando mundos: derechos sin fronteras) para que en muchos centros educativos de toda España se desarrolle una acción simbólica que llame la atención sobre la necesidad de apoyo hacia las personas migrantes y refugiadas. Consistirá en derribar un muro de tetrabriks construido previamente. Pero ese muro estará plagado de mensajes en los que chicas y chicos de esas escuelas habrán colgado palabras de denuncia para defender los derechos de las personas migrantes y desplazadas. Para quienes no puedan construir el muro, aquí van una serie de propuestas para trabajar en las aulas. No estaría de más construir puentes como recomiendan organizaciones que luchan por los refugiados y migrantes.

Por cierto, Oxfam Intermón denuncia que el Gobierno de España, como sucede en Europa, incumple sus compromisos de acogida (17.387 comprometidos; faltan por acoger 16.083). La ONG nos demanda la adhesión a esta campaña y a otras que denuncien la situación. Infórmese. Aquí la tiene por si quiere colaborar.

La escuela está llena de metáforas: el bolígrafo como ejemplo de la importancia de lo pequeño

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Podíamos hablar de muchos elementos sencillos, menudos, que pueden marcar la diferencia entre aprender o no dentro de las aulas. Más allá de brillos tecnológicos o modas educativas, cualquier pequeño detalle resulta importante para educar(se).

En la escuela abundan escenas sutiles que configuran el mundo de las relaciones, pero no se explicitan en la teoría educativa. Da la impresión de que cada día se lleva menos aquello de que “lo pequeño es hermoso” que escuchamos a E.F. Schumacher. Y, sin embargo, en lo sencillo y menudo -un esfuerzo en un momento concreto, un afecto a tiempo, una simple mirada, una explicación particular, una duda compartida- puede encontrarse implícita la grandeza de la educación.

Sucede lo mismo con algunas herramientas escolares. Nos servimos de ellas para enseñar y el alumnado las utiliza para aprender; nada más, no reciben ni una mirada de admiración o agradecimiento. El bolígrafo es una de estas. En tiempos difíciles del siglo XX fue parte activa del mundo escolar pues facilitó la conexión entre el cerebro y las manos para recoger físicamente lo aprendido, y dejarlo escrito para el recuerdo. Ahora sigue prestando sus servicios con humildad, arrinconado por los ordenadores y tabletas. No está de más recordar que fue el húngaro László Bíró quien lo patentó en 1938. La persecución nazi lo llevó de su país a Argentina, desde donde “los lapicitos a tinta Birome” llegaron a EE.UU. y ayudaron a las personas a relacionarse, pues permitían una escritura ágil, limpia y continua. El impulso de las marcas americanas (Reynolds y Parker) y, sobre todo, la francesa Bic, fue trascendental en su difusión escolar. Este progreso llegaba más tarde, en los años 60 del siglo pasado, a las escuelas españolas y aún compite con los imprescindibles lápices en algunas de Latinoamérica.

Con el tiempo se fabricaron con diseños elegantes y modernos, anatómicos, con diversos componentes plásticos y metálicos; un compendio de tecnología que deja fluir la tinta sin derramarse obedeciendo a leyes físicas. Aunque, tras utilizarlos, se comprueba que no son perfectos; se gasta la carga. La mayoría van directamente a la basura, no se pueden recargar o deberíamos visitar muchas papelerías y grandes almacenes si quisiésemos reponerla. La acelerada “sociedad del ahora mismo” desdeña lo todavía útil, aunque sustituirlo suponga un aumento considerable de materia y energía, además de provocar efectos contaminantes.

¿Acaso la escuela también? ¡Pobres bolígrafos, fuisteis sobrepasados por el consumo y solamente os valoran quienes sienten la hermosura de lo pequeño y no se ven deslumbrados por pantallas, que también acabarán yendo a la basura! En todas las aulas de España o América podríamos dedicar un rato a hablar de ti, de lo pequeño, a pensar por qué decimos aquí que fuiste una metáfora del progreso educativo. Este se escribe con pausada reflexión y con perseverancia, siempre con el mimo pedagógico de maestras y maestros que no se deslumbran por los brillos tecnológicos o las modas educativas y utilizan prácticas metodológicas adecuadas al alumnado que tienen delante; en donde cualquier pequeño detalle resulta importante, y nada es de usar y tirar.

El bienestar del alumnado podría ser una clave para mejorar su calidad de vida y el rendimiento escolar

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Hace unos días hubo un titular repetido en muchos medios de comunicación españoles. Decía a propósito de los resultados de PISA 2015 que más de la mitad del alumnado de 15 años sentía ansiedad ante los exámenes. Este es solamente uno de los apartados del informe “El bienestar de los estudiantes: resultados de PISA 2015”. En él se desgranan las dimensiones del bienestar: psicológica, social, cognitiva y física. Es conveniente enterarse del grado de satisfacción con su vida y por qué, de las diferencias entre países de la OCDE (México en el extremo más positivo, Turquía en el contrario), si varían entre chicos y chicas (Islandia y Finlandia los que más), si hay mucha diferencia entre los muy satisfechos y los nada satisfechos (otra vez los países escandinavos marcan enormes diferencias entre los extremos, ¡Con lo idealizados que los tenemos!). Y muchas cosas más de las que seguiremos informando en sucesivos chispazos.

La ciencia vive en la eterna controversia: esplendores y dudas la hacen ser ella misma

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Lo que hoy en un avance puede que mañana se quede viejo. Hace unos días nos confirmaron, ya lo supimos hace medio año, que puede haber un exoplaneta que contenga agua; “La guerra de las galaxias” en versión original es posible o la ONU de las galaxias. ¿Quién sabe? En los mismos días nos llegan los resultados de los pensamientos y supuestas certezas de los españoles con respecto a la ciencia. El Fecyt publica Percepción social de la ciencia y la tecnología 2014 en el que dice que muchos españoles creen en “la ciencia no ciencia”, lo cual ha puesto en pie de guerra a quienes defienden lo contrario. Además, crece el interés por la ciencia y la tecnología y la mayoría de los españoles rechazan la ciencia aplicada a la energía nuclear, la clonación y los transgénicos. Los ciudadanos perciben un déficit en su alfabetización científica, aunque esta ha mejorado algo. Sigan leyendo porque hay datos interesantes y comparen este informe con los precedentes.

El sábado 22 de abril fue el día señalado en 500 ciudades para marchar por la ciencia, con el pretexto tan sencillo y a la vez tan sublime de reformular la relación de la ciencia con la sociedad y la política, habida cuenta de los tremendos despistes de los políticos -no solo el negacionista Tump- y de la escasa dotación económica de la que disfruta la investigación. Al final, lo mejor es debatir en la sociedad por los tres asuntos que reclama el manifiesto por la ciencia: la pasión por la curiosidad y el método, una mejora de las dotaciones para hacer ciencia y la defensa del papel del conocimiento científico y humanístico en la opinión pública. Un par de pensamientos para el debate. Puede que Cervantes dijese Ninguna ciencia, en cuanto a ciencia, engaña; el engaño está en quien no sabe”, o que Da Vinci afirmase “La ciencia más útil es aquella cuyo fruto es el más comunicable“, o acaso que Pasteur opinase que “La ciencia es el alma de la prosperidad de las naciones y la fuente de todo progreso“. Aquí lo dejamos. Sigan ustedes, porque la controversia sobre lo que es o no es ciencia viene de lejos.

La inteligencia de los animales asombra a quienes olvidan qué son ellos

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Leímos en El País una reciente entrevista a Carl Safina, el autor de “Mentes maravillosas”, el libro que explora las conexiones cerebrales del mundo animal y que les recomendamos leer. Decía Safina que “veía en el pulpo una inteligencia propia de un extraterrestre”. Siempre nos pareció un animal singular. Por eso le dedicamos este cuento, esta parábola inédita que ya ha cumplido diez años (muchos más que cualquiera de sus congéneres, que con un par se despachan y así desaprovechan su maravillosa inteligencia):

El Octopus, 

Mentiría si les dijera que no sé quién soy, porque fui y sigo siendo la más lista criatura del reino animal, con permiso de unos pocos humanos. Por lo que se cuenta, permanecí oculto durante mucho tiempo en un poema infantil de Boy Lornsen, “Der Tintenfisch Paul Oktopus”. Seguro que ustedes no lo han leído. Tampoco yo, no sé leer. Me sacaron de él, la ignorancia humana es atrevida, cuando todas las máquinas electrónicas interconectadas fueron incapaces de predecir el futuro del mayor acontecimiento del mundo: el campeonato mundial de fútbol que se celebraba en 2006 en la Alemania reunificada y boyante. Muchos, demasiados, me conocen solamente por esto. Fui declarado la especie marina más insigne en Germania, en donde se me llamó “das Krakenorakel”  y mi fama se extendió al Reino Unido de la Gran Bretaña en donde fui nombrado como “The psychic Octopus” por los más reconocidos clubes balompédicos. Más tarde me adoptó la “Celtirroja pelotonera” y me hicieron una estatua que recorrió todas las capitales del suelo patrio para que quien lo desease pudiese hacerse una foto conmigo. Fueron 15 millones de instantáneas –las contó un insigne periodista de esos del fútbol pagado por la FIFA que todo lo paga-. Muchos establecimientos comerciales, bueno, algunos, fueron rebautizados con mi nombre; en otros colocaron imágenes mías en los escaparates, de variados tamaños y coloraciones más o menos acertadas.

El mundo se volvió “octopusiano u octopusino”, pues no se ponían de acuerdo en el calificativo. Muchos humanos quisieron copiar mi inteligencia, incluso se hicieron concursos de sabiduría en mi homenaje en las cadenas televisivas BBC y CNN, cuyos reporteros gráficos casi se convirtieron en mi sombra. Mi búsqueda en Internet arrasó. Pensé que el asunto terminaría ahí, pero no. Al principio, por qué no decirlo, me gustaba la cara de sorpresa que ponían los humanos cuando yo acertaba mis pronósticos futboleros. Todos los ojos pendientes de mí. Me pavoneaba ante los ¡Ohhhh! de admiración; si hubiera tenido pelo se me hubiera puesto como esparpias. Me henchía con la adulación universal, como hacen esos artistas que cantan o juegan al fútbol en el Real Madrid o el FC Barcelona. Pero lo que sucedió a continuación fue cargante, en cierto modo porque una estrella debe pagar más de una servidumbre, como les sucede a famosos que persiguen los paparazzi. Lo confieso sinceramente: no podía más. ¡A la mierda la fama! Varias sociedades protectoras de animales solicitaron mi liberación y el Zoo de Madrid pujó por mí. Fui nombrado hijo predilecto de Carballino. Todo esto a pesar de que las universidades de “Pierre y Marie Curie” de París, de Bath y de Cambridge quisieron echar lodo terrestre sobre mi fama. No digamos el daño moral que me produjo la maniobra del presidente iraní Ahmadineyad, que me acusó ser un agente de la propaganda occidental, de provocar una superstición mundial, y de haberme convertido en un símbolo de la decadencia y la podredumbre. A pesar de todos los sinsabores, mientras viví tuve la sensación de que mucha gente sana me adoró; en China me pusieron de protagonista en una película.

Imagino que con el tiempo nadie hablará de los pulpos. Antes solo se nos conocía algo porque Julio Verne intentó derrotarnos en sus viajes por el mundo submarino; no lo consiguió a pesar de lo que dejó escrito. Quien nos trató bien fue “El Roto”, que nos dibujó para la revista “Madriz” en forma de una lámpara y una fregona. No pudimos tener mejor homenaje pues esos utensilios no son sino luz y esclarecimiento universal. Sigo preguntándome desde tiempos inmemoriales sobre la influencia de la inteligencia animal en el espíritu, la cultura y las artes; en el fútbol no, va por otros derroteros.

P.D.: Tenía razón Paul; ahora nadie se acuerda de él ni de sus congéneres, excepto Safina.

Mirar desde la escuela en el cofre del Ártico para entender los efectos del calentamiento global

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La escucha atenta de la vida colectiva es una buena manera de educarse uno mismo. Cada día, los medios de comunicación y las redes de Internet recogen varias noticias sobre incertidumbres ambientales que proporcionan excelentes materiales curriculares para la escuela; mucho más vivos que los que contienen los libros de texto. Debemos hablar de ellas con los escolares porque les facilita su comprensión; sirve para que se posicionen individualmente en relación con el asunto tratado y así es más probable, nunca seguro, que participen en su mejora. Se trata de hacer realidad la escuela de la vida, escrita en episodios cotidianos.

Hoy tenemos la certeza de que una de esas incertidumbres, el calentamiento global, se nota más en la región ártica que en el resto del mundo: la capa de hielo viejo –la tapa del cofre ártico- apenas ocupa en algunos periodos un 6% de la que tenía hace unos 30 años. Hace unas décadas los rompehielos solo conseguían cruzar el Ártico cuando se debilitaba en verano. Su desaparición realimenta el cambio climático pues ya no refleja la luz, añade aguas más cálidas a los mares, cambia las propiedades y dinámicas de las masas de agua, etc., y provoca que los aires que fluyen hacia las zonas limítrofes del sur sean más calientes y acrecienten los deshielos continentales. En Groenlandia hubo un momento en el mes de julio del pasado año en el que el 97% de su superficie helada estaba cubierto de agua de fusión. Pocos libros de texto hablan del asunto, pero Internet lo recoge, y lo vemos en Youtube.

Ese cofre del clima, que tanto influye en la corriente termohalina –la que cambia aguas costeras y calor entre Europa y América con el resto del mundo- está variando su función y dinámica. Si la capa de hielo desaparece del todo, no sólo se inundarán muchas playas por todo el mundo, sino que las radiaciones solares llegarán a las plataformas continentales del océano y zonas aledañas, calentarán el permafrost y se liberará el metano capturado, que es mucho más letal que el CO2 en la generación del efecto invernadero. El deshielo ártico ha provocado las apetencias energéticas de Rusia, China y los países ribereños de ese océano. A ellos no se sabe si los hará ricos; al resto del mundo lo empobrecerá con seguridad. Los científicos nos dicen que esto no ha hecho nada más que empezar. Por eso, hagamos caso a Greenpeace y otras ONG y “salvemos el Ártico”, o lo que queda de él. ¿Cómo? Hablando del asunto en clase, apuntándonos a la reducción de las emisiones de los gases de efecto invernadero, presionando a nuestros políticos, haciendo una buena gestión ambiental en los centros educativos y en nuestras casas. Por cierto, hay otro cofre que tiene el seguro estropeado en la Antártida y resiste a duras penas; las tapas de los glaciares alpinos o andinos hace días que no cumplen bien su función.

  • Publicado hoy en El diario de la educación, un periódico on-line que ninguna persona interesada en la educación se debería perder.