Educación

image_pdfimage_print

Recíclame, recíclate, para evitar montañas de basura

Publicado el

Dicen por ahí que hemos progresado mucho en la cuestión del reciclado de cosas, para que las materias primas con las que están elaboradas tengan varios usos, además se ahorre mucha energía. Sí y no. Sí, si atendemos a las cifras que presenta Ecoembes referidas al año 2019: cada ciudadano depositó 17,1 kg de envases de plástico, latas y briks en el contenedor amarillo (un 9,1% más que en 2018) y 19,4 kg en el contenedor azul (7,2% más que en 2018). Todavía más interesante es ver progresiones: en 2015 eran 12,7 kg que de media per cápita los residuos que se depositaban en el contenedor amarillo en 2015, 15,1 kg al de papel. Más cosas: más de millón y medio de toneladas de envases se recuperaron en 2019; 8 de cada 10 españoles, no se dice si hogares, tienen el cubo de residuos de tetrabrik y envases plásticos. Así pues, suficientes motivos para hablar con orgullo de la conciencia de la ciudadanía y su participación en una tarea colectiva tan interesante y necesaria. En la misma página del hipervínculo anterior se puede acceder, si se desea, al desglosado por autonomías.

Sí pero no. Las toneladas de productos “recuperadas” en los contenedores de las calles, en España hay más de 650.000 puntos, no se corresponderán seguramente con las “rescatadas” que se llevan a los puntos de recuperación de los materiales, a las plantas en donde de verdad se hace la maravillosa tarea de aprovechar lo máximo posible. Tampoco se dice nada de la morralla de cosas que van al contenedor amarillo y no deberían ir; aquí hay mucho despiste colectivo o las cosas no están muy claras en muchos ayuntamientos. Por eso, no suene raro que Greenpeace llegue a contradecir a Ecoembes en su informe Maldito plástico. Allí se afirma que en España apenas se recupera el 25% de los embases plásticos, muy lejos de lo que afirma la entidad gestora (75%). Así pues, los consumidores/productores de residuos plásticos andamos despistados: ¿Lo hacemos bien o mal? ¿Sirve nuestro empeño, o no tanto como nos creíamos?

No, claramente no. Un ejemplo como muestra pero habría muchos. La OCU ha realizado un seguimiento mediante GPS de 43 tetrabriks (de los de leche o zumos) depositados en los contenedores de 21 ciudades. Solo 1 terminó en una empresa preparada para reciclarlos correctamente (parece que solamente hay una planta en toda España, cerca de Zaragoza, pero apenas logra aprovechar un 30% del residuo). 

Seguir leyendo en La Cima 2030 de 20minutos.es.

El aula de la naturaleza espera a los escolares descofinados, y a la gente que quiera aprender de ella

Publicado el

Dicen que la naturaleza es libertad, por eso la gente la invadirá este verano buscando la suya tanto tiempo confinada. Hasta el sol hace lo que quiere allí pues cada día sale a una hora, minuto y segundos determinados, que no son iguales en todos los lugares, ni al norte o el sur, ni al este o al oeste. En realidad, en ese lugar tan inmenso nada está regulado por nadie; lo contrario que en nuestra vida de rígidos horarios, que en verano rompemos a conciencia. Son libertades sin escribir en una constitución pero condicionadas, pues cada uno de los seres vivos debe conocer los ritmos propios y los de los otros, que no son siempre los mismos ni van en idéntica dirección. De lo contrario, si se despistan, se exponen a no comer o ser comidos. J. J. Rousseau comparaba la naturaleza con un libro abierto que se nos muestra siempre presto para enseñar y del que debemos aprender.

La armonía de la naturaleza que tanto apreciamos es un poco inventada. No hagamos excesivo caso a lo del equilibrio ecológico; es una verdad débil porque nada está quieto permanentemente, ni siquiera tres minutos seguidos. El morir o vivir de tal o cual individuo tiene una importancia relativa. Es más terrible si una especie desaparece porque los individuos no supieron a adaptarse a los nuevos tiempos o climas. Muchos ya no están por la intervención humana, muy criticable. Por cierto, hay que buscar la armonía con la naturaleza, que significa no molestar demasiado a quienes por allí viven o transitan. Eso más o menos decía una resolución de la ONU de 2009 y que ha dado título a varios informes de este organismo internacional. De este asunto se habla todos los años el 22 de abril, coincidiendo con el Día de la Madre Tierra.

Seguir leyendo el artículo completo en Ecoescuela abierta de El Diario de la Educación.

La expectante conquista de la naturaleza en un verano atípico

Publicado el

La naturaleza nos espera temblando. Este verano va a ser especial; vamos a salir de estampida al campo después de tantos días confinados. Puede que lleguemos a esos lugares tan deseados y encontremos lo que buscamos. Seguramente aparecerá algún personaje de los que hemos visto en los documentales que nos han entretenido estos días, o recordamos de experiencias pasadas. De entrada, saludémoslos con la mirada, esa que ayuda a entender la vida en libertad si se conecta con el pensamiento. No intentemos clasificarlos en buenos o malos, bonitos o feos, necesarios o no, simpáticos o molestos; también los hay ocultos, grandes y pequeños. A pesar de cualquier enumeración, las clasificaciones no existen allí, todo está mezclado en un complejo muestrario de vida y cosas, sin más. “La naturaleza nada guarda incompleto ni en vano”, vino a decir Aristóteles, a lo que añadiríamos que cuando no hay propósito de juzgar poco se puede echar en falta. Hay que mirar con el corazón alerta, pues de lo contrario nos perderemos muchos detalles, más todavía si no hemos desarrollado previamente el sentido de la observación o la escucha atenta, o se nos nubló después de estos meses de agobios varios. Allá donde vayamos, observemos a quien siempre nos llamaba aunque no pronunciase palabra; será por eso que Víctor Hugo se lamentaba de que la humanidad no escucha.

Dicen que la naturaleza es libertad, por eso la gente la invadirá este verano buscando la suya tanto tiempo confinada. Hasta el sol hace lo que quiere allí pues cada día sale a una hora, minuto y segundos determinados, que no son iguales en todos los lugares, ni al norte o el sur, ni al este o al oeste. En realidad, en ese lugar tan inmenso nada está regulado por nadie; lo contrario que en nuestra vida de rígidos horarios, que en verano rompemos a conciencia. Son libertades sin escribir en una constitución, pero condicionadas, pues cada uno de los seres vivos debe conocer los ritmos propios y los de los otros, que no son siempre los mismos ni van en idéntica dirección. De lo contrario, si se despistan, se exponen a no comer o ser comidos. J. J. Rousseau comparaba la naturaleza con un libro abierto que se nos muestra siempre presto para enseñar y del que debemos aprender.

Al final, en el mundo natural nadie que quiera se siente solo, ya que, si sabe percibir, cuenta más lo latente, casi oculto, que lo patente que se ve mucho. Cuando el verano acabe nos habremos llevado las confidencias del paisaje, que nos ha susurrado que ninguna especie destruye su propio nido. Costumbre que los humanos hemos olvidado a pesar de que ya el sabio Averroes explicaba a sus contemporáneos andalusíes del siglo XII que nada de la naturaleza le es superfluo. Cuando el verano pase, puede que olvidemos algunos descubrimientos;  los vientos nos traerán sus ecos a poco que nos esforcemos; si no, a esperar al siguiente, en donde la naturaleza ya no será como la de este año, tan inédita, o no tendremos tantas ganas de verla porque ya habrán acabado los confinamientos. ¡Ojalá!

Leer el artículo completo en Ecoescuela abierta de El Diario de la Educación.

El IDH (Índice de Desarrollo Humano) en suspensión de pagos éticos.

Publicado el

Pronostica la ONU que la actual pandemia causará un grave retroceso en el IDH –el mayor desde 1990-. Tal descenso supone una debacle en la vida de muchas personas, en particular las que habitan en esos países de IDH bajo. Algunas cifras del informe elaborado por el PNUD (Programa de las Naciones Unidad para el Desarrollo) asustan: la esperanza de vida descenderá, es posible que centenares de miles de niños menores de cinco años mueran por la falta de asistencia. Por si esto no fuera suficiente, la educación (factor del IDH que no del PIB) que transitaba mal que bien por países de ingresos bajos y medios no llega durante estos meses de pandemia pues las escuelas siguen cerradas para más del 60 % de los niños. Solamente teniendo en cuenta los millones de personas afectadas y los centenares de muertos ligados a la COVID-19 se atisba un panorama más que sombrío para el IDH global y el particular de los países de ingresos bajos o medios. No olvidamos esas Agendas 2030 que querían poner en valor el desarrollo sostenible. ¿Se rellenarán con hechos?

El IDH se fija especialmente en la esperanza de vida al nacer, los años esperados de escolaridad, los años promedio de escolaridad y el PIB per cápita. Pero también se ajusta en su relación con la desigualdad en general, con el desarrollo y la desigualdad de género, con la pobreza multidimensional, con la salud, con el empleo y bastantes indicadores que permiten dibujar una imagen de los países, agrupados para su estudio en aquellos que tienen un desarrollo humano muy alto, alto, medio, y bajo. Tras la COVID-19 es mejor esta lectura.

Seguir leyendo en La Cima 2030 de 20minutos.es

Reflexiones para la escuela de septiembre, de la mano de Jaume Carbonell

Publicado el

Este septiembre van a reabrirse las aulas. No va a ser un septiembre cualquiera porque el último trimestre de curso pasado ha sido tan extraordinario que poco de lo hecho se puede utilizar como argumento. Por eso, interesa leer y compartir textos como los que escribe Jaume Carbonell en Pedagogías del siglo XXI de El Diario de la Educación. Se pregunta Carbonell, al cual la educación española debe tanto por su magisterio innovador y reflexivo desde los tiempos de su época de director de Cuadernos de Pedagogía, sobre los modelos que la nueva escuela puede adoptar. De un lado, analiza el modelo on line, al que llama sin escuela y menos educación; de otro, se detiene en el modelo presencial institucional y el modelo escolar expandido en el territorio. Paradojas del presente y del futuro que se combinan con la formación dual entre la escuela institucional y la formación en el territorio circundante, sea urbano o rural. Seguramente, los responsables educativos y una buena parte del profesorado se interrogan en este final de curso tan atípico como será septiembre. Sus dos artículos son elocuentes y nada mejor podríamos añadir. Léanlos con atención. Organicen sobre ellos un claustro de debate virtual. Anímense a prepararlo. Llegarán con más ímpetu a septiembre, y con alguna nueva seguridad si la acción educativa y la planificación escolar son compartidas. 

La deseada y necesaria transición escolar no es una preocupación política

Publicado el

El mundo es como es, por más que le demos muchas vueltas. España es como es, dan lo mismo sus circunstancias. Más de una vez surge la duda sobre si la educación es importante. Se ha podido comprobar durante estos meses. Ha sido la gran ausente de los combates partidarios que se han librado entre los políticos, dentro y fuera de las sedes parlamentarias, a lo largo de tantos días de castigo pandémico. A la vez, hemos tenido que soportar una profusión de noticias sobre si era bueno o malo abrir cualquier negocio; he ahí la cuestión. Cada sector económico ha ido empujando para resolver su problema concreto, su ERTE o la desaparición de tal o cual empresa, si el PIB iba a caer más o menos de diez dígitos.
La escuela ha hablado menos, o los medios de comunicación no se han echo eco de sus inquietudes. Nada se ha dicho de la caída de un imaginado TEC (Tesoro Educativo Común) ni de los consumidores finalistas más expuestos durante este cierre (vulnerables por no poseer recursos o por tener limitadas ciertas capacidades, familias estresadas, alumnado desorientado). De vez en cuando, desde el Ministerio de Educación o las Consejerías -que no consiguen unanimidad en el resto de los departamentos administrativos- se lanzan ideas que son matizadas por quienes las divulgaban. Algunos colectivos educativos o sindicales levantaron la mano tímidamente para hablar pero enseguida perdieron su turno, qué decir de las quejas de familias concretas.

La escuela vaciada merece algo más. Debería estar en el centro, no solo ahora, del interés social y político. Necesita una transformación profunda, llenarse de compromiso y esperanza. Este sería un buen momento para acordar la transición -se habla de la ecológica, la económica y la social pero de la educativa poco- hacia el futuro compartido, pero nos tememos que los ruidos políticos y mediáticos no dejen hacerla -deben pensar que no da réditos económicos- y anulen las buenas intenciones que muy de vez en cuando se escuchan. Al final, habrá que darle a la razón a aquel lugareño que decía que muchos de los actuales políticos no sirven para hablar de educación; no la tienen, o si la poseen no la practican. ¡Qué pena que no tengamos a Luis Carandell para hacernos las crónicas parlamentarias menos dolorosas! Si incluso algunos políticos se quejan de que el Plan del Gobierno para salir de la pandemia les obligue a gastar una parte de los dineros en restañar la heridas de la escuela. Pero aún están a tiempo. La escuela necesita una urgente y comprometida transición, como las que se anuncian en otros campos, pero sobre todo la consideración política que conduzca a un Pacto Educativo. ¿Tan difícil les resulta a los políticos dejar de ser ellos y pensar que son nosotros?

Temores para imaginar la transición a la inesperada escuela de todos

Publicado el

Qué raro se hace todo, qué pena da ver cerradas nuestras escuelas, qué miedos salen de dentro al intentar abrirlas, todavía embozados y plenos de lenguajes de miradas desconfiadas. Qué difícil es conjugar lo deseable con lo satisfactorio, lo necesario con lo accidental. Porque todo esto ha sido como un grave accidente colectivo prolongado, casual o no, eludible o avisado, pero para nada trivial; de ahí su difícil encaje en el futuro. Nada más pensar este tiempo y enseguida emerge el dilema: cómo encajar lo que unos desean o necesitan con lo que otros temen o se niegan a aceptar. Aceptar aparece al lado de acertar; combinación difícil en situaciones de emergencia. Emergencia es sinónimo de catástrofe como la actual pandemia. Pandemia eventual o trance permanente pues los temores serán difíciles de borrar; nos avisan de los riesgos otoñales. El contratiempo de los meses pasados se podría tachar, si bien las marcas dejadas en los más vulnerables quedarán, nadie sabe con qué dimensión. Dimensión educativa compleja la desarrollada durante este meses. La formación on line no es buena ni mala sino una incógnita en la que no teníamos experiencia previa de forma tan masiva. Masiva se parece a excesiva, como ha sido la implicación del profesorado y de algunas familias, convertidas a la vez en profesores y alumnos. Los alumnos habrán ido respondiendo mal que bien a las demandas de la escuela cerrada. Cerrada la posibilidad de socialización la escuela se desvanece, como los posibles conocimientos aprendidos a golpe de pantalla. Pantallas que no todos tienen en las mejores condiciones, como esas redes con apagones inoportunos.

Una oportunidad para aprender, han titulado algunos a esta emergencia escolar. Escolar es alianza y convivencia, entre la administración que regula y el profesorado que interpreta, de un lado las familias que desean retomar el pulso ordinario y de otro los alumnos que se encuentran en un limbo difícil de entender y explicar. Deseos que se sobreponen a los temores en algunas familias (trabajan todos los adultos o sus hijos soportan vulnerabilidades o discapacidades) y se convierten ahora mismo en necesidades: piden que abran las escuelas ya con cuidados particularizados. Para eso, hay que explicar posturas que lleven a concertar entre todos (equipos técnicos, administración, profesorado, sindicatos, familias y asociaciones de alumnos) los pasos a dar ahora mismo, de aquí a septiembre o cuando sea, para disipar temores y convertirlos en deseos. Deseos que compondrán realidades diferentes: la escuela no puede resucitar como si no se hubieses destrozado sus deseos.

Vayan desde aquí los mejores para la tarea compleja que espera, sin olvidarme de una duda permanente: la seguridad nunca será evidente en este mundo que nos ha demostrado una parte importante de nuestra fragilidad, como especie y educativa. La escuela es de todos y a nadie pertenece. ¡Suerte para avanzar en este escenario de tránsito, que concierte a la nueva escuela con menos atemorizados! 

Conmemorar en el confinamiento sin escuela el Día del Medio Ambiente mirando el uso de las cosas de casa

Publicado el

Cada 5 de junio la gente habla del medioambiente. Este año es especial porque se conmemora dentro de un mundo en modo pandemia. Seguro que dentro de unos años los libros de Historia recogerán que hubo una pandemia por un coronavirus. Detallarán que afectó a más de mil millones de personas y provocó centenares de miles de muertes por todo el mundo. No cabe duda de que hablarán también de cómo se pusieron en marcha investigaciones para encontrar una vacuna que protegiese a la gente. Es posible que en los textos se recuerde a Jenner y a Pasteur. Entre el uno y el otro dieron valor a un proceso que se llama vacunación.

Cualquier persona que quiera saber algo de la vida debe enterarse de lo que descubrieron ambos; más todavía han de hacerlo los estudiantes que no van ahora a las aulas. No sabemos lo que dirán los libros de cuándo se descubrió la vacuna o las vacunas contra el coronavirus de ahora, ni siquiera si se logró. Porque a veces no hay defensas colectivas frente a determinadas enfermedades, como sucede con el VIH. Tampoco si dirán mucho de cómo se conmemoró el 5 de junio. Como va de vacunas, aquí queremos llamar la atención sobre nuestro Premio Nobel Ramón y Cajal o del médico Jaime Ferrán que andaban bastante atinados cuando la epidemia de cólera de 1885. Otro asunto para buscar información.

Proponemos conmemorar el Día Mundial de otra forma: relacionando las cosas o productos que usamos con el medioambiente que nos las procura. Seguro que los libros de dentro de unos años dirán que durante unos meses hubo mucha gente sin poder salir de su casa, o que solo lo hacía para comprar lo imprescindible para vivir, que en realidad era poco. El tema/la lección de Historia que trate de esto explicará que se pararon muchas fábricas, se destruyeron muchos empleos, que las economías de muchos países se resintieron. ¡Qué decir de aquellos hogares en donde no entraba nada de dinero! Lo más probable es que los libros no reflexionen sobre cómo una buena parte de la gente, millones de personas de todo el mundo, se las arregló durante los confinamientos con las cosas básicas; incluso una parte de la que vivía en los países de ingresos altos. Puede que tampoco hablen de que el medioambiente natural se benefició del parón mundial, al menos en lo que respecta a la contaminación del aire.

Seguir leyendo en el blog Ecoescuela abierta de El Diario de la Educación.

A qué sonará el medioambiente pasados unos años

Publicado el

Como cada 5 de junio, también en este tan pandémico, el medioambiente volará desconfiado. Durante unos días será tan nombrado que acaparará protagonismo en televisiones, periódicos y cadenas de radio. Sin quererlo nos impregnará los pensamientos. Las emociones convivirán con sentimientos placenteros. No faltarán recuerdos de desastres puntuales. Quizás ese día traiga a la memoria compromisos propios o ajenos que quedaron atrás: la emergencia climática entre ellos. El tiempo los borró cuando el mundo convivencial se vino abajo por efecto del maldito coronavirus.

En el pasado, el medioambiente se hizo canción y lamento. Dejó ideas críticas en la cultura social. Unas de estas las declamaba el cantor multicultural Georges Moustaki. Hacia 1970 ya poemaba que existió en tiempos un jardín llamado Tierra. Se trataba de un lugar mágico. No lo habían conocido los niños de aquellos años, que siempre caminaban sobre el asfalto o el hormigón. Un jardín lo suficientemente grande como para acoger incluso a todos los niños de entonces. Los nietos de unos abuelos muy antepasados. Gentes que lo cuidaron porque lo habían heredado a su vez de los suyos.

Ligadas a esas letras vienen detrás otras. Aquellas del chileno Pablo Neruda. Alertaba por los mismos años acerca de unos hombres “voraces manufacturantes”. Se trataba de los que tomaron un planeta desnudo y lo llenaron de lingotes de aluminio. Seguramente impulsados maquinalmente por unos intestinos eléctricos. Dónde jugarán los niños, se preguntaban los mexicanos Maná. Hay otros muchos cantos sin rima pero con hondo sentimiento. La ONU se empeña una y otra vez en avisar a las instituciones de gobernanza mundial de que deben promover un mundo más justo e igualitario en un medioambiente compartido. Vivir en común exige más transparencia y una continuada rendición de cuentas. Conocer el peligro anima a la sociedad civil a la defensa de sus espacios naturales o sociales. Los cantores hablan de paraísos perdidos. Cualquiera de esos expresa una parte de vida y esperanza. Trae una voluntad de transformación. Se hace leve porque las desigualdades no paran de crecer.

Seguir leyendo en La Cima 2030 de 20minutos.es

La resurrección del plástico debe sanearse con el tiempo

Publicado el

El plástico ha recuperado el protagonismo soñado en estos meses de emergencia sanitaria. Ha medio protegido a la gente sanitaria, ha separado estancias, nos ha cubierto manos, ha embalado cientos de alimentos. Ha vuelto a ser una estrella de la vida, en este caso sanitaria. ¡Bien por la labor prestada! Pero claro, tanto plástico de uso efímero se ha convertido en un potencial de riesgo. Adosado a él viajarán los malditos virus; si no se manipulan y tratan como se merecen los residuos hospitalarios y de residencias (dice la prensa que solo en Valencia se han recogido 134 toneladas de 20 de estos centros en un solo mes), y algunos domésticos, por los servicios de limpieza expandirá su fea estampa, visible o no. Como nos cuenta National Geographic estupendamente lo reutilizable plástico ya no se lleva, no sea que contamine nuestra salud. Asegura Ecoembes que durante estos días los contenedores amarillos han incrementado su volumen de recogida en un 15%.

También las mascarillas portan plásticos y sucedáneos víricos. Cada día millones de ellas acabarán en la basura, o por los montes o ríos y mares. Dice la gente que sabe que mientras dure la pandemia no se puede prohibir el plástico de un solo uso. Pero todo es revisable después, nuestra misma vida con sus peculiares estilos lo que más. Porque la socorrida incineración de estos meses o la peligrosa acumulación de estos días tiene sus riesgos. No dejemos que esa imagen salvadora de los plásticos de estos días nuble todos los esfuerzos que se han hecho hasta ahora para encauzar sus usos. Por cierto, hagamos una revisión crítica del Anteproyecto de ley de residuos y usos contaminados presentado. Vaya un dato para animar el necesario debate. Lo dijo la ministra Teresa Ribera ayer en la presentación: “Si juntáramos el conjunto de los residuos acumulados en un año en España, sería posible rellenar 2.900 veces el estadio Bernabéu”.

En fin, gracias a los plásticos pero según y cómo. Nos apuntamos al deseo de que desaparezcan casi totalmente los de un solo uso en julio de 2021, a pesar de la pandemia.

Los pupitres desinfectados de la escuela que nos espera

Publicado el

Las propuestas de vuelta a las aulas, cuando sea, viajan de la imaginación al deseo, de la necesidad a la realidad. Se ven condicionadas por los números y los espacios. En realidad, nadie sabe nada aunque haya gente que lleva tiempo pensando como desinfectar pupitres. Estamos en otra ola.

La protección al alumnado y del profesorado será negociada mentalmente; después la realidad la pondrá en su lugar. Normas y más normas para contener la anormalidad. Consejos amontonados en clases partidas, horarios partidos en los que se mezcla sin mezclar. Herramientas telemáticas que se cuelgan y no siempre llegan a todos. El profesorado en medio del laberinto sin saber para dónde tirar. El contexto digital que sirve para unos y es poco útil para otros. Exámenes que dejaron de serlo por razones diversas. Familias que no pueden hacer lo que se les pide. Al final, la vulnerabilidad que se agranda, querer hacer lo mismo que antes sabiendo que es imposible. Regular las comidas cuando se come tanto al mediodía como en España, y así un sinfín de cosas. 

Hay gente que ha trabajado propuestas para pensar ahora mismo, sabiendo que todo es imprevisible. Como aportan alguna estrategia de interés las traemos aquí. Se publicaron en El Diario de la Educación. Sobre ellas se puede hablar en los claustros telemáticos, pero ante todo las autoridades educativas que, a poco que puedan, van a desviar el marrón a los equipos directivos de los centros. ¡Bastante tarea tienen ya por delante! Suerte en el empeño. Menos mal que ya no nos ha tocado manejar este asunto.

Volver a las aulas en condiciones es algo más que desinfectar pupitres. Hace falta un cuidado saneamiento de las propuestas curriculares para que cuando se pueda volver se dedique el reducido tiempo a aprender lo que verdaderamente sirve para la vida, aquello que favorece el aprendizaje autónomo, lo que ayuda a componer una perspectiva ecosocial. Este crítico momento debe servir para dar otro sesgo a lo que se aprende en las aulas. Siempre faltará lo que enseña vivir juntos, repartir afectos y emociones. Pero todo llegará.

La Educación también se expresa con los ejemplos parlamentarios

Publicado el

En estos tiempos críticos cualquier ejemplo tiene sus consecuencias. Lo sabe bien el profesorado y el alumnado de nuestras escuelas y universidades que ahora mismo están realizando un enorme esfuerzo por adaptarse a las dificultades de todo tipo que el confinamiento exige. Lo reconoció Albert Camus cuando elogiaba a su maestro en el discurso de recogida del Nobel en 1957. Las palabras vienen cargadas de atributos, son una lección permanente de vida; se mira con palabras, nos recuerda una y otra vez el maestro Emilio Lledó que apela a aquello que dijo Platón: “Lo bello es difícil, por eso lo necesitamos”.

Cualquiera que escuche las palabras, plenas de mensajes hirientes, que se lanzan los parlamentarios españoles sentirá enojo y pena. Los representantes políticos son elegidos por mujeres y hombres que les piden que trabajen para la sociedad. En estos momentos de emergencia deberían animar la esperanza, luchar por el bien común, concertar lo que es mejor para la ciudadanía y ponerse a su servicio. Los malos ejemplos parlamentarios, plenos de maniobras de distracción para no abordar lo importante, desaniman a la ciudadanía, y especialmente a la comunidad educativa. Esta se empeña en enseñar competencias que sirvan para la vida, para los proyectos compartidos, para aminorar desigualdades, para construir sociedad. La comunidad educativa está pendiente de una Ley que, de una vez por todas, ponga a las personas en el eje de la Educación Obligatoria. Por eso, sufre cuando ve esos comportamientos expresados en los lugares en donde menos se deberían escuchar. ¿Si esto es lo que dicen cómo será lo que piensan? De ahí que la escuela se desanime, que dude mucho que alguna vez haya una Ley educativa que sea útil para la necesaria adaptación a los nuevos tiempos.

Aunque nada más fuese como homenaje al profesorado y al alumnado, pediríamos a quienes ostentan representación parlamentaria que dejen de herirse y piensen en el bien común, eso tan bello que se sabe es difícil, pero están ahí para intentarlo.

Mascarillas mentales frente al cambio climático

Publicado el

El cambio climático, que no se ha ido de nuestra vida, ha quedado sepultado por las trágicas consecuencias de la pandemia vírica. A lo largo del proceso vivido, la reacción ha sido más tardana de lo conveniente y con una organización mejorable. Aún así se ha producido una lucha colectiva ante la hecatombe generada en la salud colectiva; ha sido posible porque la especie humana, como buena parte de los animales, tiene un cerebro preparado para responder a puntuales sucesos catastróficos, visibles y contundentes. Ese mecanismo lo emplean los gobernantes y lo enseñan a sus ciudadanos.

Aun con todo, a pesar de los recientes episodios de masas tras los pases de fases de desescalada que ponen en peligro los esfuerzos colectivos en España y en otros países de la UE, podríamos calificar como adecuado el desempeño ciudadano y social. Sin embargo, en el asunto de cambio climático, seguramente es el mayor reto de salud que hay planteado actualmente, casi nadie piensa, a pesar de preocupación de hace unos meses, cuando era noticia permanente en los medios de comunicación. No se han usado ningún tipo de mascarillas mentales y vivenciales –estas serían construcciones emocionales o razonadas que evitan pasar hacia muy adentro los peligros y como reacción expanden hacia afuera la participación- para evitar sus estragos. Si se ha hecho algo, casi siempre se ha actuado tarde, mal y a desgana, con leves correcciones. Craso error. Ahí sigue, en tierra de nadie porque no hay vacuna mental inmediata y los laboratorios del pensamiento no están en ello o no se les hace caso. Bueno, algunos equipos investigan y razonan, como es el caso del IPCC (Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático) o las organizaciones ecologistas como Greenpeace o Ecologistas en Acción. También otras implicaciones como la Fundación Bill y Melinda Gates, por poner solo unos pocos ejemplos; acaso citar también las continuas llamadas de la ONU.

Seguir leyendo en La Cima 2030 de 20minutos.es.

Las abejas tuvieron su día reivindicativo; nos necesitan

Publicado el

Hace año y medio les dedicamos un homenaje sentido. Ahora, dado que el miércoles pasado fue su día mundial, retomamos aquel texto para animar a pensar en pequeñas cosas, algunas de las cuales nos animan la mirada crítica de la vida en estos tiempos en los que la pandemia nos nubla cualquier salida. Además, hay que hablar de algo placentero en estos días tan críticos.

El artículo se publicó el 14 de diciembre de 2018 en Ecoescuela abierta de El Diario de la Educación. Aquí va el enlace. Empezaba así:

De chiquillo las miraba y me imaginaba siendo una de ellas. Su vida se me antojaba complicada: ir y venir de flor en flor y vuelta a la colmena, sin parar allí dentro construyendo los panales. Pensaba si tendrían algún criterio para clavar el aguijón según a quién y por qué razón; defenderse casi seguro. Las consecuencias significaban para ellas muchas veces la muerte y habría que pensárselo bien, o no. Dudaba si ser zángano u obrera; me inclinaba por lo primero sin pensar mucho en las consecuencias. De joven participé en alguna saca de miel y me quedé prendado de la estructura geométrica de los panales, de la perfección de esas celdillas hexagonales que los componen.

La fascinación por ellas no ha desaparecido. En cierta ocasión, refugiado un día de calor a la sombra de la falsa acacia, un par de ellas revoloteaban de flor en flor; en aquel momento conjeturaba si prefería ser abeja o mariposa –una también se movía por ahí más grácilmente y tenía una espiritrompa maravillosa– o quizás prefería ser libélula. La libertad de volar me sugestionaba pero de pronto aparecía aquel abejaruco que las perseguía; abandoné momentáneamente aquellos deseos infantiles. 

Mi admiración por las abejas no decayó con el tiempo sino que se amplió al conocer más detalles de su vida. En los textos sagrados de varias religiones la miel, su producto más valorado, se asemeja al conocimiento que empuja a la felicidad humana. En la mitología griega la abeja está asociada a la diosa del amor, Afrodita, (Venus, en la mitología romana), y también a Deméter (diosa de la agricultura), como símbolo de fecundidad. Sin duda, el mundo hubiera sido diferente sin la cera y la miel de las abejas, como ya supieron apreciar los pobladores neolíticos; no es extraño que hasta don Quijote ensalzase a las abejas por ofrecer sin interés alguno la fértil cosecha de su trabajo. Más recientemente, su sabiduría provocó la admiración de los científicos. Tanto que la interpretación de sus códigos de comunicación para explorar el territorio le valió al naturalista austriaco Karl von Frisch el Nobel de Fisiología en 1973.

La educación iba despacio en los ODS, nuestra guía hacia el 2030. ¿Y ahora qué?

Publicado el

El texto se redactó antes de la pandemia. Ahora la educación es todavía más necesaria.

Una parte del mundo se hizo eco de la formulación de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Le resultó atractivo el mensaje que vino con ellos: buscan que ninguna persona se quede atrás en el camino hacia una vida digna en relación amistosa con el medioambiente, que es el planeta y sus moradores. No faltaría tampoco quien mirase con más detalle, especialmente dentro del mundo educativo, lo que venía a decir el ODS Núm. 4. Su mismo enunciado, Educación de calidad, ya expresa algo o mucho, depende de por donde se mire. Seguramente interesaría más a aquellas escuelas que tienen muchas necesidades internas; tantas que no les da tiempo de mirar cada día a escala global.  La educación lo es cuando mejora el pensamiento y la vida de las personas, hoy y mañana, cerca y lejos; en realidad, poca trascendencia adquiere para sí misma como no sea su cordura, que también debe tenerla y por desgracia pierde a menudo. La cultura de sostenibilidad lo será cuando se universalice el pensamiento colectivo frente a la protección de lo propio.
Insistimos en todo esto porque acaba de conocerse el Informe de Seguimiento de la Educación en el Mundo, publicado por la UNESCO; no tiene una palabra de más, ni un gráfico que sobre. Se detiene de forma especial en cinco escenarios fundamentales que debemos revisar y mejorar en la educación si queremos mantener la ilusión transformadora que posee: el acceso a ella, la búsqueda de la equidad, los renovados estilos de aprendizaje, su imprescindible calidad y la necesaria financiación. Convendría que los Departamentos o Ministerios de Educación, y quienes tienen competencias para hacer realidad los derechos de la infancia y adolescencia en cada país, se lo estudiasen con detalle y pusiesen en marcha lo que falta para conseguir en cada una de las metas del ODS 4.

Seguir leyendo en la revista de mayo de la Carpeta Informativa del CENEAM (centro Nacional de Educación Ambiental).