La educación debe circular impulsando la justicia social de los ODS

Se ha puesto de moda hablar de la economía circular, esa que busca un sistema más sostenible y humano. Imaginemos por un momento que, como propaga en su página el Parlamento Europeo, la economía del mundo se basa en un modelo de producción y consumo cuyo lema es usar los ajustados recursos materiales o energéticos para hacerlo lo mejor posible. Necesariamente, habrá que compartir usos, reutilizar máquinas y materiales, reparar utensilios y destrozos, renovar procesos para usar menos y reciclar una y otra vez materiales y productos existentes, de tal forma que se logre darles un valor casi infinito; en algunos casos se puede. Si así se obra, el ciclo de vida de los productos se extiende; incluso los beneficios llegarán a las personas, más baratos y mejores, y al medio ambiente.

Repasemos estas ideas, tanto en la escuela como en la vida que es escuela sin pupitres. Comparémoslas con el modelo económico que domina en este momento: “usar y tirar”, referido no solo a lo material sino a lo aprendido dentro y fuera de las aulas. Si es aprendido, la mayor parte se desvanece una vez ha perdido el estímulo, o se ha pasado con éxito el examen o la eficacia del momento particular. La educación es un escenario social; no entenderlo así nos encamina al fracaso.

Se podría hablar mucho de este asunto en la escuela, del derecho a tener y compartir, a reutilizar lo que se tiene, a que el beneficio de los recursos convierta las relaciones económicas en convivencia entre iguales, a que impere la justicia social. Por eso, vamos a intentar emerger el poder no aprovechado de la educación circular.

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“Mi querida España” suspende en sostenibilidad, cantaría Cecilia

Cecilia le cantaría hoy mismo aquello de dónde están tus ojos, dónde están tus manos y dónde tu cabeza, por la lenta gestión que hace de los problemas ambientales que tiene encima.

Todo, a pesar de que durante los últimos meses, en España brilla un disco. Todo lleva el calificativo, apelativo si se quiere ser más justo porque supuestamente pretende influir en quien lo escucha, de sostenible o sostenibilidad; ambivalentes términos sujetos a controversias conceptuales y no digamos a acciones contradictorias. Pero mucha gente y bastantes empresas, no pronuncian bien esa idea, o no entendemos lo que dicen quienes observamos con detalle; por eso nos atrevemos a decir aquí que España balbucea sostenibilidad. Pongamos por ejemplo el asunto de la emergencia climática, mucho se dice y poco se hace. O si lo quieren el crecimiento económico, el PIB, que manda hasta en la sopa, cuando debería ser el IDH u otros índices. Pasa el tiempo, el año 2030 viene acelerado, y si se sigue hablando con esta pronunciación dificultosa, tarda y vacilante, qué pensamientos no habrá detrás. Al final, por unos u otros, la vida se nos hará insostenible. Si no lo creen, revísenlo en el futuro.

En la anterior entrada de este blog, dábamos cuenta de que la UE suspende clamorosamente en sostenibilidad. España, que gana a algunos países perezosos o con políticas perversas, va por detrás de la media en muchas cuestiones. Ante el estado de la cuestión hay quien se consuela; otros como las ONG ambientalistas y sociales se desesperan. Menos mal que la actual vicepresidenta del negociado global suele hablar con claridad; damos la bienvenida a la secretaria de Estado para la Agenda 2030.

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Para qué depurar las aguas. Es mejor pagar multas, aunque se enferme

Eso es lo que deben pensar las administraciones españolas pues su demora en acometer algo tan básico como la depuración de las aguas residuales está costando, a todos nosotros, multas millonarias de la UE y trastornos en la salud, que tardaremos mucho más en reponer, o puede que no lo logremos. No se entiende este asunto que está resultando hediondo, dañino y denunciable en los juzgados. Increíble pero cierto, las mayores multas que impone la UE a sus estados miembros están relacionadas con problemas ambientales, esos que se dice que tanto preocupan. España tiene en trámite cinco posibles sanciones por no depuración o calidad de las aguas, ¡Solo hay 1.100 aglomeraciones urbanas implicadas! La directiva comunitaria, aprobada en 1991, obliga a todas las aglomeraciones de más de 15.000 habitantes a depurar correctamente sus aguas residuales. Que nadie olvide el caso del Mar Menor, el icono del mal gobierno en España, de la despreocupación de agricultores y ciudadanos de todas las sensibilidades.

Por cierto, hay imputados varios regidores y otras gentes por la mala gestión del asunto, además de por los dineros escamoteados. Ecologistas en Acción lleva años luchando contra la desidia depuradora. A ver si logra sus objetivos.




La Unión Europea suspende en sostenibilidad

Apetece darse una vuelta por la Unión Europea, un escenario de los más convencidos para abordar de una vez los problemas ambientales y sociales, para ver cómo va el asunto de los ODS. Para ello qué mejor que leer el informe Europe Sustainable Development Report 2019 publicado por la Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible (SDSN, por sus siglas en inglés) y el Instituto de Política Ambiental Europea (IEEP), que aporta unos cuadros de indicadores para medir el progreso de los estados miembros. La afirmación que se subraya al comienzo deja en suspenso el futuro: ninguno de los 28 países de la Unión Europea está en camino de cumplir los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) para 2030, a pesar de que la UE lidera en el mundo el proceso de aproximación a los ODS.

Continúa subrayando el informe, casi transcribimos textualmente lo que dice, que son Dinamarca (puntuación 79,8), Suecia y Finlandia los países más cercanos al cumplimiento de los Objetivos, seguidos de Francia, Alemania y Austria, mientras que en el extremo contrario se encuentran Bulgaria, Rumania y Chipre (55,0). España se emplaza en el puesto 14 (66,8), en un término medio que sirve para consolar a unos y para alertar a otros.

Apuntemos los mayores desafíos pendientes en la UE: acciones para paliar la emergencia climática, políticas de salvaguarda de la biodiversidad y tránsito hacia economía circular; sin olvidar que hay que luchar más y mejor contra las desigualdades que afectan tanto a unos países en relación a otros como a grupos de personas dentro de cada país. El informe recomienda el urgente desarrollo de una estrategia, a escala de toda la UE, para descarbonizar completamente el sistema energético para 2050, fortalecer desde este momento la economía circular. Además, la promoción del uso sostenible de la tierra y una cuidadosa producción de alimentos, de sostenibles modelos productivos y comerciales, para el año 2050. También llama la atención sobre la necesidad de aumentar la inversión pública y privada en infraestructura sostenible, que pasa por el racional uso de la energía y las mejoras del transporte. No se olvida de recomendar el incremento de la inversión en educación, capacitación e innovación, con un enfoque especial en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas y en investigación de tecnología sostenible. Pero no se olvida de hacer llegar que el principio de todo es que la Unión Europea debe ser sostenible en sí misma, pero además ha de situar el desarrollo acorde en el centro de su actividad diplomática y en el área de la cooperación.

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Quién paga el peaje contaminante de los que viajan en avión

Volar es un deseo compartido por mucha gente; ya lo quiso Ícaro, pero se acercó demasiado al sol y acabó en el abismo. Viajar en avión hace realidad más de un sueño, aunque semejante placer individual tiene un alto coste ambiental. Se sabe que incluso un vuelo de corta distancia (poco más de 2 horas entre Madrid y Roma) produce más contaminación por pasajero que la provocada en todo un año por un habitante de países como Mali, Congo, Etiopía, etc. Quienes viajen desde aquí a Nueva York, sepan que generan semejantes emisiones a las que se surgen de calentar una casa normal europea durante todo un año.

Los expertos climáticos avisan de la dependencia del aumento de temperaturas medias con las emisiones aerotransportadas. Mal va la cosa, pues la Organización Mundial de Turismo (OMT) pronostica que en 2019 se voló un 5% más que el año pasado, que ya supuso un incremento respecto al anterior. Ahora, las emisiones totales ya representan un 300% más que en 1990 y se prevé que podrían triplicarse en las próximas tres décadas; normal, pues se esperan 40 millones de vuelos, más de 100.000 diarios. Solo un detalle: por los aeropuertos españoles se movieron en julio unos 30 millones de viajeros. Se entenderá el gran revuelo que ha organizado la gente de ‘Flygfritt 2020’, por ejemplo, comprometiéndose a no coger aviones en todo el año, o los deseos de algunos suecos que se han inventado el ‘flygskam’ (vergüenza de volar en avión) y el ‘tagskryt’ (orgullo de viajar en tren).

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El pin sostenible se viraliza

Los flamantes Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) han provocado una cantinela generalizada. Se los han aplicado por todos los lados: desde los calendarios y las marcas de coches hasta el turismo; en la última Fitur celebrada en Madrid incluso vendían destinos de aire sostenible (sic). Qué decir de los recientemente celebrados Premios Goya del cine español. Se ha hecho público que Aenor los certifica como evento cero emisiones lo mismo en el consumo energético que en el transporte y alojamiento de invitados, también en el consumo de agua y en la gestión de residuos, el merchandising, la seguridad y otras cosas; incluso algunas invitadas al evento han reutilizado vestidos de otras personas. Dice la nota de prensa emitida que la compensación se ha llevado a cabo mediante los mecanismos establecidos por la ONU; pero no los especifica. Algo se mueve todo para dar valor al ODS. Núm. 11, Acción por el clima.

Sea postureo o no, empieza a sonar el hecho de que la vida tal cual la llevamos es insostenible, que el pin sostenible debe ser visible permanentemente para recordárnoslo; lo más conveniente es portarlo en el interior de nuestro pensamiento, pero mientras tanto… Nos gustó que lo exhibiese el actor Jesús Vidal, o el director Javier Fresser, premiados por la excelente película “Campeones” en la entrega de los goyas del año pasado.

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Culpabilizar a la naturaleza no nos salvará del siguiente episodio

La naturaleza va a su ritmo entrópico pero cada vez tiene más incidencias antrópicas. Su devenir bascula de un lado para otro respondiendo a condiciones físicas extremadamente complejas, algunas se mantienen y otras cambian. Podemos pensar en un ámbito concreto, si quieren una serie de vectores, para anticiparnos a lo que puede suceder en el devenir natural, siempre cambiante pero ahora mucho más. Primera lección que nos deja la borrasca Gloria: La meteorología no sigue leyes humanas. Gloria vino y extendió su contradicción etimológica: dejó desastres allá por donde pasó, pérdidas humanas y materiales. También dejó lecciones, pero de esas pocos aprenden. Nos vino a decir que vendrán otras hermanas o primas suyas, casi seguro que pronto y no se sabe si con más energía acumulada y desordenada. Pero lo más importante que debíamos aprender es que la masiva ocupación del espacio costero, en las orillas de los ríos, la eliminación de los barrancos, la superurbanización de zonas frágiles nos ha preparado para sufrir, y sufriremos; da igual a quién le echemos la culpa. Esto no exime a las autoridades de la configuración de protocolos que aminoren los efectos de otros episodios de la naturaleza, pues esta siempre quiere sentirse libre por más que le vuelvan a poner los impedimentos que esta vez se llevó por delante.

Combinemos estas dos frases para pensar en Gloria: “La inocencia no encuentra protección en la culpabilidad” dijo François de la Rochefoucauld, a lo que se podría añadir aquello que manifestó más o menos Oscar Wilde sobre que el hombre puede soportar aquellas desgracias accidentales y que llegan de fuera; pero las que vienen de sus propias culpas son la pesadilla de la vida, al menos en lo colectivo. 




La tabla periódica invita a la Educación Ambiental para la Sostenibilidad

Así dicho suena raro, pero sí. Pongamos que la naturaleza es una mezcla de elementos diversos, de los cuales solamente reparamos habitualmente en los más nombrados: carbono, oxígeno, hidrógeno, nitrógeno, oro, plata, hierro y unos pocos más. Estos, como el resto, están por ahí combinados con otros y dan forma y propiedades a todo lo que vemos o utilizamos. Casi seguro que el medioambiente es eso. De ahí que haya que hablar de ellos, poco a poco, sin grandes aventuras, simplemente leyendo, viendo, oliendo, tocando y, cuando se despierte el interés, investigando. En la vida son omnipresentes (cualquier roca, el agua que se mueve, los animales que podamos encontrar en la naturaleza, las cosas que cada día vemos o utilizamos, el aire que nos trae lluvias y sequía, etc.); en la escuela ya aparecen sin darles importancia, pero a veces sí, inundan en los cursos más altos el mundo de la química, que es el mundo real: las experiencias de cada día.

Dicen quienes saben de esto que un objeto tan corriente ahora como es un móvil puede estar fabricado, contener, más de 30 elementos distintos. También hemos leído por ahí que el cuerpo humano podría llegar casi a 60. Más asombro todavía: por la vida circulan unos 120 elementos diferentes, que se sepa hasta ahora. La lista no ha hecho sino crecer desde que los primitivos humanos apreciaron las propiedades del hierro, cobre u otros metales, allá por la Prehistoria; en el siglo XIX aparecían identificados poco más de 60.

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Todos tenemos un primo en Sevilla que niega el cambio climático

Hace unos años, esta frase, pronunciada por el Presidente del Gobierno de entonces sirvió para justificar la incredulidad y la acción de los gobiernos frente/contra el cambio climático que ya era evidente para los científicos y línea de acción preferente de las organizaciones ecologistas. Pasados unos años, el presidente de los EE.UU Trump afirmaba sobre el asunto que era “un cuento chino“. Es bien cierto que los chinos son parte importante de la generación del cambio climático, que ahora mismo los tiene en parte atrapados, quebrando la salud colectiva y haciendo toser a su economía y la sociedad que la soporta. Ahora, cuanto todo el mundo empieza a ver que el problema es grave, es tal la emergencia que algunos científicos nos ven cerca del apocalipsis, uno se pregunta, ante la falta de acción colectiva, frente a la política contradictoria de gobernantes y gobernados, si cada uno no tendremos un primo en Sevilla susurrándonos que la cosa no es tan grave, que no hay que tener prisa y se puede seguir viviendo descuidadamente, que la naturaleza es muy sabia y ya repondrá los desajustes que a algunos hacen dudar de lo que dicen los primos.

Los gobiernos y los empresarios, algunos trabajadores, dicen estar muy preocupados pero a la vez no quieren saber casi nada de lo que algunos llaman transición ecológica justa, y manifiestan la imposibilidad de llevar a cabo las intenciones de la actual Ministra de cambiar el ritmo de la energía y hacer transiciones acordes con el problema que tenemos encima. En conciencia: ¿Se cree lo del primo o no? Si es que no, empiece a demostrarlo.




El mundo invisible de los gases transita por la escuela

Cada día, en la escuela se habla mucho de la materia que no se ve en toda la vida pero que es importante para toda la vida. Primer mensaje educativo que se debe lanzar más de una vez: lo que no se ve también existe. Sabemos que mucha gente anda despistada con este asunto; incluso algunos libros de texto se olvidan de que la naturaleza o la vida corriente son algo más que objetos, rocas, animales, o plantas. Los gases son, a pesar de su relevancia, unos protagonistas olvidados o, como mínimo, poco queridos. Basta recordar el “gran evento de oxidación” que ocurrió en la marina Tierra hace unos 2.000 años.

Los gases que intervienen en la respiración son los primeros que se citan en la escuela, aparecen ya en los cuadernillos de los cursos de educación infantil. El nombre de esos gases ya tiene algo de misterio: oxígeno (que genera ácido desde tiempos de Lavoisier) y dióxido de carbono (ya está presente de manera natural en el aire aunque en proporciones mínimas, lo cual dificulta la comprensión de la importancia que le reconocemos, y tiene). En realidad, estos dos gases se entienden, simplificando en exceso, como el derecho y el revés del aire que necesitan los seres vivos; las personas también. Prueben a comprobarlo en su clase.

La escuela debe ocuparse de hacer presente una parte del relato de lo desconocido, que también es real…

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Coincidiendo con el día de la Educación Ambiental, las escuelas se hacen ecosociales

EL 26 DE ENERO SE CELEBRA EL DÍA MUNDIAL DE LA EDUCACIÓN AMBIENTAL

La gente corriente tenemos cada vez más dificultades para entender el día a día. Imaginemos que queremos llevar a la escuela alguna noticia de contenido ecológico y social para un debate en clase. Elegiremos alguna que nos asombre, que afecte a todo el mundo o que traiga un asunto cercano. La escuela no trabaja suficientemente el hecho de que la mayor parte de las cuestiones de la vida (sobre todo las que evidencian la relación entre sociedad y medio ambiente), incluso las más sencillas, tienen enlaces con territorios, sociedades y futuros diversos o lejanos. La escuela, empezando por los administradores educativos, pasa bastante de la Educación Ambiental, o se limita a verdear un poco lo que hace.

Nos preguntamos de qué sirve si la escuela del año 2020 y sucesivos si no es mucho más ecosocial. ¡Y podría serlo con compromiso! Pongamos  en conocimiento del alumnado que el simple hecho de disponer de libros y cuadernos, encender una luz, llevar a nuestra boca un determinado producto, desplazarnos cerca o lejos para llegar a clase, o manejar un móvil, enlaza una malla de consecuencias ambientales y sociales múltiples; dialogar sobre estas cuestiones abre su percepción del mundo, que en estos tiempos no hace sino ensancharse.

El titular de este Chispazo quiere hacer una llamada a la ilusión escolar, en forma de Educación Ambiental para la Sostenibilidad…

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La poliética ambientalizadora luce en el Gobierno español. ¡Suerte y perseverancia!

Cuesta creer que cualquier gobierno, da igual el lugar del mundo del que hablemos, no se esmera en preservar el medioambiente propio dado los beneficios sociales, económicos y ambientales que le genera. Por eso, cuando sucede lo que sería lógico sorprende: el nuevo Gobierno de España piensa ejercer una transición ecológica justa, que tenga en cuenta a las personas de su país, y además con la vista puesta en el mundo bajo el formato de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. A este empeño dedica una Vicepresidencia y una Secretaría de Estado. Quienes criticamos más de una vez lo que no se hace, debemos reconocer la apuesta. Lógico el empeño, habida cuenta de la incertidumbre global en la que vivimos. Por eso, ¡Suerte al Gobierno en el manifestado empeño!

Sin embargo, no está todo hecho con solo manifestar intenciones. Hace falta un compromiso general del resto de los Ministerios, para que las políticas de uno y otros no se peleen. Es necesario que el resto de las fuerzas políticas critiquen cuando sea necesario y colaboren al objetivo global que es proteger el medioambiente y mejorar la vida de las personas; a la vez. Es imprescindible que los actores sociales, empresas y sindicatos, piensen un poco más en los logros colectivos que en las mejoras particulares. Convendría, que la ciudadanía sintiese como propia la preservación del medioambiente, dado los enormes beneficios personales y colectivos que genera. La lámpara ambientalizadora acaba de encenderse; no la dejemos que se consuma enseguida.




Los incendios australianos como símbolo, a la vez que aviso

Decir que han ardido en Australia 11 millones de hectáreas significa un desastre sin precedentes; ¡Desde octubre y tantos millones! Algo así como toda Bulgaria, que en los mapas de Europa se ve de buen tamaño; o si lo prefieren lo equivalente a una quinta parte de España. Semejante magnitud asusta, nos coloca ante la intemperie pues algo así podría suceder en otro lugar. Pocas veces somos conscientes del reto ambiental que tenemos por delante, algo enorme que cuestiona el futuro ambiental, económico y social. Los incendios son a la vez símbolo de una naturaleza entrópica, de un calentamiento global, de unas dinámicas climáticas extremas con episodios rápidos y graves, pero ante todo evidencian un desprecio grave de gobiernos y ciudadanos ante lo que supone vivir al límite de lo desconocido. Las autoridades australianas, que desprecian eso del cambio climático, han reaccionado tarde y mal; en Australia del Sur se han cargado a los dromedarios salvajes para que no se bebiesen el agua superficial. Pasado unos días, si los incendios se llegan a apagar, las cenizas del olvido laminarán la catástrofe, a pesar de haber tenido que suspender los entrenamientos del Open de Australia por la mala calidad del aire. El olvido y la dejadez reinarán hasta que llegue otra catástrofe de mismo signo o no, allí o en cualquier parte del mundo. Poco importarán los daños ambientales y a la salud de las personas, poco habremos aprendido lejos de Australia, ni siquiera nos quedará el aviso de uno de los símbolos de la incertidumbre: se nos quema la casa. 




España es un territorio de elevado riesgo ambiental. Prevengamos

¡Y tanto! Aviso para quienes tienen el poder de asegurar un mejor futuro. Dice el Instituto Geográfico Nacional (IGN) que España se encuentra ya ante un elevado riesgo ambiental. Solamente hace falta observar los mapas que proporciona en su Atlas. Hay riesgos biogeográficos y biológicos, entre los que sobresalen los incendios forestales y las plagas. También peligros asociados a fenómenos meteorológicos extremos como las lluvias intensas y torrenciales que originan inundaciones, las sequías, las tormentas de granizo, los distintos episodios de frío y calor; se producen a menudo temporales de viento, tornados y fenómenos subtropicales en Canarias. Sin olvidar los riesgos geológicos y geomorfológicos (terremotos, maremotos, volcanismo, movimientos de terreno, avalanchas de nieve y erosión). Ante todo esto, cabe preguntarse los planes que tienen las distintas administraciones para minimizar sus efectos. examine con detalle los gráficos del atlas y demande acciones preventivas. No solo el cambio climático nos acecha.




Por un 2020 para salir del laberinto

Permítaseme la licencia de inventar una palabra: ‘odsano’. Quizás pasado un tiempo la RAE la estudie para incluirla en nuestro diccionario. Aunque parezca rara, que lo es, se entiende si se separa ODS -esos objetivos de mejora colectiva aprobados hace unos años por la ONU- y la terminación -ano, que quiere simular perteneciente o relativo a. Pero además, la palabra podría ser un gentilicio, odsiano’, que identificase tanto a los nacidos o pertenecientes al mundo de los ODS (Objetivos de Desarrollo Sostenible) como a quienes se esfuerzan por hacerlos realidad; igualmente a las personas que habitan actualmente el planeta y a las que vendrán después.

Una simple búsqueda de ODS en Internet a la hora de redactar estas líneas me proporciona 96 millones de resultados en 0,44 segundos. Tal presencia no debe ser una cuestión de casualidad o un caso de trending topic. En este 2020, el asunto va a ocupar titulares múltiples y pláticas políticas y empresariales con variada intención. Para quien no los conozca todavía, se podría decir, simplificando bastante en una interpretación libre, que son algo así como un cuaderno de viaje acordado entre muchos gobiernos de países dentro de la ONU para que en todos mejore cada día más la vida de la mayor parte de la gente en asuntos tan importantes como el hambre, la pobreza, la salud, el trabajo, la educación, la igualdad de género, el agua disponible, el acceso a la energía, la justicia social y más cosas importantes.

Los ODS, como otros asuntos de la maraña mundial, hacen visible una parte de la contienda entre ricos y pobres, sean individuos o países; hablan de personas, de mejorar su futuro. No nos olvidemos hoy de Somalia.

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