Ecología

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Las abejas tuvieron su día reivindicativo; nos necesitan

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Hace año y medio les dedicamos un homenaje sentido. Ahora, dado que el miércoles pasado fue su día mundial, retomamos aquel texto para animar a pensar en pequeñas cosas, algunas de las cuales nos animan la mirada crítica de la vida en estos tiempos en los que la pandemia nos nubla cualquier salida. Además, hay que hablar de algo placentero en estos días tan críticos.

El artículo se publicó el 14 de diciembre de 2018 en Ecoescuela abierta de El Diario de la Educación. Aquí va el enlace. Empezaba así:

De chiquillo las miraba y me imaginaba siendo una de ellas. Su vida se me antojaba complicada: ir y venir de flor en flor y vuelta a la colmena, sin parar allí dentro construyendo los panales. Pensaba si tendrían algún criterio para clavar el aguijón según a quién y por qué razón; defenderse casi seguro. Las consecuencias significaban para ellas muchas veces la muerte y habría que pensárselo bien, o no. Dudaba si ser zángano u obrera; me inclinaba por lo primero sin pensar mucho en las consecuencias. De joven participé en alguna saca de miel y me quedé prendado de la estructura geométrica de los panales, de la perfección de esas celdillas hexagonales que los componen.

La fascinación por ellas no ha desaparecido. En cierta ocasión, refugiado un día de calor a la sombra de la falsa acacia, un par de ellas revoloteaban de flor en flor; en aquel momento conjeturaba si prefería ser abeja o mariposa –una también se movía por ahí más grácilmente y tenía una espiritrompa maravillosa– o quizás prefería ser libélula. La libertad de volar me sugestionaba pero de pronto aparecía aquel abejaruco que las perseguía; abandoné momentáneamente aquellos deseos infantiles. 

Mi admiración por las abejas no decayó con el tiempo sino que se amplió al conocer más detalles de su vida. En los textos sagrados de varias religiones la miel, su producto más valorado, se asemeja al conocimiento que empuja a la felicidad humana. En la mitología griega la abeja está asociada a la diosa del amor, Afrodita, (Venus, en la mitología romana), y también a Deméter (diosa de la agricultura), como símbolo de fecundidad. Sin duda, el mundo hubiera sido diferente sin la cera y la miel de las abejas, como ya supieron apreciar los pobladores neolíticos; no es extraño que hasta don Quijote ensalzase a las abejas por ofrecer sin interés alguno la fértil cosecha de su trabajo. Más recientemente, su sabiduría provocó la admiración de los científicos. Tanto que la interpretación de sus códigos de comunicación para explorar el territorio le valió al naturalista austriaco Karl von Frisch el Nobel de Fisiología en 1973.

Ocurrencias pandémicas sin vacunar

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Un relato es una secuencia ordenada de hechos o ideas; otras veces una mezcla de apuntes varios, sin orden ni concierto. En fin, una reiteración sobre un asunto, más o menos banal. Quizás sea esto lo que sigue. Cada cual que interprete.

A menudo sentimos más necesidad de que los acontecimientos se articulen en relatos, para encontrarles un sentido.

El despiste actual nos impide ver que cada cosa que sucede es una parte de un sistema complejo, para bien y para mal.

En ocasiones, necesitamos algo o alguien que nos sirva de fuente de alivio. Ahora mismo sucede.

Debemos preguntarnos a menudo si somos o estamos siendo, si el ineludible cambio nos hace o nosotros construimos el cambio. La mirada condiciona el destino.

El límite de la saturación pandémica está superando sus niveles comprensibles; en este momento ya no sabemos a quién pedir cuentas ni dónde buscar socorro.

Las malas noticias de la pandemia, vestidas de salud y economía, giran en el vacío en el que se ha convertido el bien común, en unos periodos de confinamiento en los que casi han desaparecido la ambición y la codicia, ocultas por la felicidad íntima de pequeñas cosas, incluso agarrados a algo trivial que nos traiga un mundo suspendido.

Nos apremian tanto las incertidumbres que llegamos a pensar en el infierno, del cual Thomas Hobbes dijo que es la verdad vista demasiado tarde.

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La educación iba despacio en los ODS, nuestra guía hacia el 2030. ¿Y ahora qué?

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El texto se redactó antes de la pandemia. Ahora la educación es todavía más necesaria.

Una parte del mundo se hizo eco de la formulación de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Le resultó atractivo el mensaje que vino con ellos: buscan que ninguna persona se quede atrás en el camino hacia una vida digna en relación amistosa con el medioambiente, que es el planeta y sus moradores. No faltaría tampoco quien mirase con más detalle, especialmente dentro del mundo educativo, lo que venía a decir el ODS Núm. 4. Su mismo enunciado, Educación de calidad, ya expresa algo o mucho, depende de por donde se mire. Seguramente interesaría más a aquellas escuelas que tienen muchas necesidades internas; tantas que no les da tiempo de mirar cada día a escala global.  La educación lo es cuando mejora el pensamiento y la vida de las personas, hoy y mañana, cerca y lejos; en realidad, poca trascendencia adquiere para sí misma como no sea su cordura, que también debe tenerla y por desgracia pierde a menudo. La cultura de sostenibilidad lo será cuando se universalice el pensamiento colectivo frente a la protección de lo propio.
Insistimos en todo esto porque acaba de conocerse el Informe de Seguimiento de la Educación en el Mundo, publicado por la UNESCO; no tiene una palabra de más, ni un gráfico que sobre. Se detiene de forma especial en cinco escenarios fundamentales que debemos revisar y mejorar en la educación si queremos mantener la ilusión transformadora que posee: el acceso a ella, la búsqueda de la equidad, los renovados estilos de aprendizaje, su imprescindible calidad y la necesaria financiación. Convendría que los Departamentos o Ministerios de Educación, y quienes tienen competencias para hacer realidad los derechos de la infancia y adolescencia en cada país, se lo estudiasen con detalle y pusiesen en marcha lo que falta para conseguir en cada una de las metas del ODS 4.

Seguir leyendo en la revista de mayo de la Carpeta Informativa del CENEAM (centro Nacional de Educación Ambiental).

La pandemia permanente de la contaminación del aire

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Las imágenes de ciudades difuminadas en edificios ocultos y gente silueteada por la contaminación del aire, como las chinas en determinadas épocas, o Madrid y Barcelona, nos alertan una y otra vez de que la vida es aglomerada; en realidad un complejo invento que sirve mientras dura, permanece si no explota. La contaminación del aire es un signo distintivo de la urbanización; podría representar el símbolo de varios aconteceres que el tiempo ha ido combinando de forma más o menos organizada. Entre todos forman un escenario muy complejo que si hiciera falta concretar en una sola idea me inclinaría por decir que es mucha gente que aspira a vivir, sin más, o a vivir sin menos. Pero nada más formularla se complica ya que cada vez más gente se concentra en los mismos sitios y quiere hacer lo mismo.

Como la hipermovilidad era un signo del motor económico dominante hasta hace un par de meses, casi nadie se preguntaba si los rumores de los apocalípticos ambientalistas se confirmarían. Sorprendía la falta de escucha pues las muertes directamente relacionadas con la calidad del aire suponían en el año 2016 la cifra de 800.000 en Europa, 133 por cada 100.000 habitantes (European Herat Journal). La disminución/restricción de los movimientos motorizados – en España un 50 % de media según detalla en un informe Ecologistas en Acción-con la covid-19 ha devuelto la transparencia a los cielos de las ciudades chinas, europeas y suponemos que de todo el mundo, pues el transporte es el causante de más de la mitad de la contaminación. Pero el asunto es puntual y territorial, no nos felicitemos tan pronto. Según mide la NOAA (National Oceanic and Atmospheric Administration) en fecha 2 de mayo los niveles de CO2 en la atmósfera eran superiores a los de hace un año, pues cuando el dióxido sube es para quedarse un largo tiempo. Las organizaciones ecologistas y varias instituciones científicas que investigan la salud atribuyen esta contaminante pandemia sanitaria -ya permanente y con extensiones por todo el mundo- al descuido general, a la incompetencia de gobiernos y empresas y al egoísmo de todos, que impregna la vida en común. 

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Lo cotidiano es medioambiente; incluso si estamos confinados.

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A lo largo de las últimas semanas hemos ido incluyendo en el blog Ecoescuela abierta que mantenemos en El Diario de la Educación propuestas de actividades para realizar en casa, el familia o en equipo con los compañeros y compañeras del curso, ahora que estamos enlazados constantemente por medio de redes. Se trata de acciones diferentes a las que se proponen a menudo en las clases. La presente tiene que ver con la mirada crítica hacia determinados hábitos y consumos en relación con la energía, la producción de residuos y el uso del agua. También puede servir para buscar en porqué de las cosas en familias en las que no haya niños. La hemos titulado “Un diario muy resumido del medioambiente doméstico”. Ahí va:

En estos días hay tiempo para todo; por eso recomendamos pararse a pensar unos minutos en todo eso que hacemos cotidianamente en casa que tiene que ver mucho con nuestra relación con el medioambiente. Aquí caben cantidad de cosas, si bien vamos a indicar algunos caminos para no perderse. Hace falta ponerse las gafas de explorar y tomar notas, pues en muchas ocasiones nuestras rutinas nos impiden sacar partido de lo que hacemos bien, o menos bien. Por eso, mejor si lo vamos escribiendo; así nos servirá a nosotros e incluso podremos enseñarlo, o enviarlo en un whatsapp a nuestras amistades.

Esta es una propuesta para hacer en equipo; estaría bien ensayarla en familia. También la recomendamos para aquellos hogares en donde no haya niños y niñas. Después podemos llevarla al grupo de WhatsApp u otras redes que tenemos con las amistades, con los compañeros y compañeras de clase. Seguro que cada cual tendrá su visión de las cosas que hace, aunque si se piensa con un poco de detenimiento se verá que poco a poco surgen coincidencias. Se trata de ir anotando en una tabla pequeñas o grandes acciones que tienen que ver con una parte del medioambiente; el real, no ese que estudiamos en aquella lección en el colegio o el instituto. Esta actividad se podría titular “Una gincana por el medioambiente casero”. Avisamos ya de que nos dará una visión incompleta, hay otras muchas más cosas que podríamos revisar.

Vamos a fijarnos solamente en cada actuación que tiene que ver con el consumo de agua, energía y otros materiales que tienen que ver con la producción de residuos; no tratamos aquí de los alimentos pero habría mucho que hablar. Repasar ciertos hábitos cotidianos es como abrir una ventana de casa y lanzar una mirada a la naturaleza, ahora que está más lejos. Nadie negará que el agua y la energía son parte de ella, como la tierra y el aire. Solo es necesario recordar que en la cultura occidental, desde los griegos, los cuatro elementos motores de todo fueron agua, fuego, aire y tierra; de hecho, están incorporados a las ideas de varias religiones. Quiénes tengan interés lo pueden buscar en Internet y lo comprobarán.

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El azul soñado por Rubén Darío se evaporó de los océanos

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Dicho color, al decir del poeta nicaragüense impulsor del modernismo hispano, representaba “el color del ensueño, del arte, un color homérico y oceánico, y del firmamento”. Han transcurrido más de 130 años de la primera edición de ese libro de difícil clasificación pero nos sirve la metáfora para decir lo que hoy ya no es el color ligado al océano. Dejó de ser ensueño, se resiste a dejar de ser arte, dudamos si sigue siendo homérico. Al menos no lo es el Mediterráneo por donde se aventuraron los héroes del griego. Aquel pájaro azul que estaba en el cerebro del personaje de Rubén Darío; al final ganó su libertad. ¿Acaso el azul estaba preso en el mar? No parece que lo sea en el imaginario colectivo que siempre piensa del mar en azul, reflejo dicen de un cielo evanescente, o acaso precipitado por querer ser la luz. ¡Pobre mar condenado/ a eterno movimiento,/ habiendo antes estado/ quieto en el firmamento! Así lo poemó García Lorca.

La belleza de los océanos y mares, que para unos es alegoría y para otros realidad, se perdió en buena parte. ¡Hasta puede que García Lorca se sorprendiera! No solo se evaporó el azul modernista sino que cambio la biodiversidad debido a los desechos humanos. Además dejó de ser la luz, ahora aguanta su sufrir porque el hombre miserable es un ángel caído, quién sabe si “sus tristezas son bellas,/ mar de espasmos gloriosos”; le copiamos al de Fuente Vaqueros.

Los mares de plástico no dejan de crecer y ahora se confirma el gran contenido de plásticos en la profundidades. Vivimos ahogados en un mar de plásticos, como denuncia National GeographicTodo el mundo es plástico, que transparenta el azul homérico de Rubén Darío del Mar Mediterráneo, así lo denuncia GreenpeaceAhora nos hemos enterado de que los microplásticos han inundado el fondo marino. Las corrientes los llevan por todos los mares.

Otro día nos preguntaremos a dónde han ido los plásticos protectores que han usado sanitarios y quienes los han utilizado frente al coronavirus.

 

El sueño de repartir agua como respuesta al COVID-19

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Para empezar a repartir afectos hacia el agua un poema. “Toda el agua del mundo es una abuela/ que nos cuenta naufragios y regatas/ que nos moja la sed y da permiso/ para seguir viviendo otro semestre”, al decir de Mario Benedetti.

Soñar con el agua conduce a espejismos. Para conocer lo que suponen estos en algunos lugares, invitamos a todos a realizar un viaje a la India en busca de “Los sueños del agua”, expresados en el material que la ONU preparó para la exposición internacional “Agua y Sostenibilidad” celebrada en Zaragoza en el año 2008. Soñar con el agua en Mumbay Es lo que hace una niña, Nandini, cada día. En un país de tantos contrastes sobra el agua para unos pocos y falta para otros muchos. Repartir el agua no resulta fácil.

Hay un pueblo nativo de Bolivia, los Ayoreos –gente que vive de la caza y de la recolección- que tenía una abuela Direjna que era la dueña del agua. Así, dónde sea que ella fuere llovía. Parece ser que hubo un tiempo en el que la gente no la quería. La abuela Grillo se marchó ofendida. A partir de entonces aumentaron los días de calor y sequía. Dice la leyenda que marchó al segundo cielo y desde ahí es capaz de enviar lluvia cada vez que alguien cuenta su historia con un buen deseo. ¿Conocería la leyenda Benedetti que acaba su poema agua que encabeza este artículo diciendo que la abuela da seis meses más de vida? A partir de esta trama, inventada o no, se hizo el guión de La abuela Grillo, un corto de animación precioso.

Agua que se ha convertido en un sueño debido al COVID-19. En estos momentos, disponer de agua suficiente y de calidad es todavía un ilusión mayor, pero en este caso también está mal repartida. Leímos en una Web americana que millones de personas no tienen agua para combatir el coronavirus. Dicen las cifras del Banco Mundial que por más que Latinoamérica disponga de casi un 31% de las fuentes de agua dulce del mundo, casi 37 millones de personas no tienen acceso al servicio de agua potable. ¿Qué puede suponer eso si allí llega la pandemia? Ahora, según UNICEF-OMS alrededor del 82% de la población de Latinoamérica tiene acceso a agua potable segura, mientras que solo el 37% a un saneamiento seguro; qué decir de lo que está ocurriendo ahora mismo en África, en donde si la pobreza se alía con la pandemia puede componer un aterrador escenario. Tendrán que apelar muy fuerte a Yemayá reparta agua por Nigeria o que el dios Anzar haga lo mismo en el norte. Agua suficiente para mejorar la economía pero también la salud. Por eso, el lavado de manos varias veces al día es fundamental. Si alguien tiene alguna duda, solamente debe mirar la página de Unicef, que habla de lo importante que es el lavado de manos y otras cosas que relacionan agua con higiene y salud.

Leer la propuesta completa para abordar en familia en el confinamiento en el blog Ecoescuela abierta de El Diario de la Educación.

50 años no eran nada en la salud de la Tierra, ahora son una barbaridad

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Ayer era un día especial. Hacía 50 años que un grupo de gente se preguntó en voz alta por la salud de la Tierra, de todos su habitantes, fuesen capaces de imaginar o no. Se preguntaban entonces si la huella de los humanos estaba deteriorando demasiado la salud global del planeta, si ya había sobrepasado lo que era permisible. Ahora saben que los humanos consumimos/malgastamos 1,7 veces lo que ella puede generar intercambiando materias y energías varias. Ahora, desde Global Footprint nos invitan a preguntarnos si preferimos la salud del planeta o su paulatina miseria, de él en concreto poco -seguirá el curso de los tiempos hagamos lo que hagamos-, más de los seres vivos que disfrutamos de sus donaciones continuadas. Así es la vida, un vaivén de bucles de actividad. Las decisiones de dar forma al futuro son individuales y colectivas. ¡Ahí estamos las personas! La degradación ecológica es una tragedia global. Estos últimos 50 años han estado marcados por la barbarie depredadora del planeta. No es necesario poner ejemplos. Miremos a nuestro alrededor o consultemos las hemerotecas.

Ironías de la vida: la tragedia de la pandemia del COVID-19 está teniendo algunos efectos beneficiosos en la salud del planeta. Magro consuelo que no nos alivia la pena pero nos alerta de que la vida actual necesita una reconversión urgente. Mientras tanto, como dicen desde la Islas Canarias, Sigue girando

Reflexivas condolencias de la Madre Tierra

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Hoy era su día, pero seguramente pasará desapercibido en todo el mundo, ocupado en la lucha contra la pandemia vírica. Se me ocurre imaginar los mensajes que nos enviaría para reconfortarnos y a la vez ponernos sobre aviso de nuevos peligros.

Querría negarlo, pero se ve en un mundo de soledad. Apenas escucha sonidos fuera de las ciudades. Ve menos luces en la noche pero siguen luciendo; por eso está segura de que nos encontramos ahí. De hecho, desde su marcado periplo de traslación y rotación, cada día ve más estrellas que pueden guiarnos, antes ocultas tras el aire contaminado. Recuerda, sin resquemor, el pasado compartido con la gente; incluso parece que lo escucha y quiere entender no se qué del futuro. Seguro que le gustaría adentrarse en la mente de los humanos para advertirles que se enfrentan al mayor desafío desde hace muchas generaciones, que a la vez les permitirá entrenarse para el futuro, que no tardará en llegar pues las frecuencia se van a reducir; al menos eso ha escuchado decir a los científicos que la auscultan.

Aprovecharía para ofrecernos su sentido deseo de reconciliación, alertándonos de que nunca debemos separar los caminos tal cual sucedía hasta anteayer. A pesar de que la han acusado de haber liberado el maldito virus que ahora nos mantiene atrapados. Incluso sabedora de que algunos malpensados han entendido la pandemia como una venganza de la Madre Tierra; una madre nunca actúa así. Para quienes lo quieran entender, explica que tenía retenido a este coronavirus, como a otros muchos, en sus ecosistémico mundo, pero la gente empezó a darle dentelladas, abrir trozas y de allí partieron sus bichos que ahora atacan a una parte, sufridora, del conjunto humano que bien podría calificarse como especulador.

Por experiencia sabe que  el futuro es distópico, siempre la entropía ha tenido sus caprichos. Por eso, lanza un entrañable aviso: Aislarse de la Madre Tierra es una aventura de alto riesgo. A la vez nos pide que celebremos su día o mejor una semana, una vez que el agobio pandémico nos deje pensar, pues hay suficientes motivos  para la reflexión terrícola y social, aunque haya transcurrido mucho tiempo desde este 22 de abril de 2020.

¿Qué pensarán las hormigas europeas de nosotros como especie socializada?

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Decía una fábula que propagaron en sus tiempos Esopo y Jean de la Fontaine -este incluso se atrevió a decir que debían instruir a los humanos- que las laboriosas hormigas en nada se parecían a las ociosas cigarras. Félix  M. de Samaniego también abordó el asunto. Sin ir tan lejos,  Disney les dedicó un corto. No es extraño; unos y otros defendían que el esfuerzo y el trabajo aseguraban la vida. Ese principio ha formado parte de la cultura universal como una estrategia de supervivencia. Asunto que no hubiera venido muy bien en la actual pandemia, en la que se echa de menos previsión y solidaridad entre semejantes.

Volviendo a las hormigas y su espíritu colectivo, recuerdo un trabajo publicado por la revista “Behavioral Ecology and Sociobiology” en su número de septiembre de 2015  que recogía un estudio de la Universidad de Arizona que afirmaba que la mitad de los individuos del hormiguero son unos ociosos/ poco previsores y despreocupados; o sea, que ni su sociedad es perfecta. Los investigadores trataban de encontrar fundamento a esta inactividad: pereza, no hay trabajo para todos, ociosidad programada, son los privilegiados los que no hacen nada, algunos son reservistas, hay algo de falta de previsión, se desconoce el concepto de incertidumbre, un poco de chulería ante el enemigo, etc. Uno se acuerda de La Fontaine y trata de ver si en la sociedad actual hay individuos poco previsores, egoístas, reservistas o simplemente ineptos. las hormigas actúan como especie socializada pero no parece que tengan líderes; lo de la hormiga reina es otra categoría.

Viene todo esto a cuento del sálvese quien pueda que han entonado los países de la UE, del escaso eco que nos aquí nos hicimos de la pandemia de Wuham porque era cosa de chinos, de que creíamos tener suficiente llena la despensa de lo básico, de la tardanza en reaccionar a estímulos que no entendíamos -no solo es cosa de las hormigas-. En fin, que nos faltó el principio de precaución desde hace décadas y en esa tesitura cualquier enemigo hará estragos en una sociedad globalizada en múltiples fragmentos. Se destrozó de forma estrepitosa, bueno una vez más, la ilusión colectiva que en algún momento se llamó Unión; dicen que en unos 15 días van a encontrar una solución al egoísmo magnificado. Lo más grave es que barruntamos que solos no nos iría mejor, haríamos como las cigarras del cuento: cantar y cantar. Solamente tenemos que atender a las polémicas de algunos regidores y regidoras de las CC.AA. contra cualquier decisión que toma el Gobierno de España, que por supuesto puede estar equivocado o no, pero vaya papelón que le ha tocado. ¡Qué tenga suerte!, nos irá bien a todos. Como vemos, en esta colonia europea ahora debilitada hay muchos tipos de hormigas.

NOTA FINAL: Tras el día después deberemos dejar de formar parte de las hormigas egoístas, pero necesitaremos líderes, al menos en Europa, para demostrarles a las hormigas que no nos ganan en eso de ser especie socializada, y sin embargo solidaria.

Bosques desaparecidos, privados de biodiversidad interrelacionada vs virus expandidos

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DECIMOSEGUNDO DÍA DEL ESTADO DE ALARMA EN ESPAÑA:

De Nicolás Guillén : Mire la calle. /¿Cómo puede usted ver/ indiferente a ese gran río/ de huesos, a ese gran río/ de sueños, a ese gran río/ de sangre, a ese gran río?

¡Vaya! Se nos olvidó dar las gracias a los bosques el día 21 de marzo, que era antes el día del calendario que no señalaba por qué nuestra vida tiene todavía una cierta confortabilidad. La FAO lo había preparado recordar con un título de alerta global: Los bosques y la biodiversidad. Demasiado preciosos para perderlos; algunas organizaciones ecologistas también. No nos resistimos a copiar algo de la Web del Día Internacional de los Bosques de este año:

“Cuando bebemos un vaso de agua, escribimos en un cuaderno, tomamos medicamentos para la fiebre o construimos una casa, no siempre relacionamos estas acciones con los bosques. Sin embargo, estos y muchos otros aspectos de nuestras vidas están vinculados a los bosques de una manera u otra. Los bosques cubren un tercio de la superficie terrestre y juegan un papel fundamental en la vida del planeta. Más de 1 000 millones de personas —incluidas más de dos mil pueblos indígenas— dependen de los bosques para sobrevivir: les proporciona alimentos, medicinas, combustible y abrigo. Son fundamentales para combatir el cambio climático

Tantas palabras bellas, tantas ideas reconfortantes para perderlas oscurecidas por la pandemia del COVID-19, que en pocos días ha tapado el resto de nuestras preocupaciones; las retomaremos en cuanto nos dejen un poco de hueco en el pensamiento. Acabamos de leer que la pérdida de los bosques puede tener bastante relación con la propagación de los virus. Se destapó la capa protectora ecosistémica y de allí partieron los inductores del Ébola, el VIH o el dengue. Los virus se liberan de sus huéspedes originales por la acción humana.

Cuidado con la alerta: El Centro de Prevención y Control de Enfermedades de Estados Unidos (CDC, en sus siglas en inglés) estima que el 75% de las enfermedades nuevas emergentes que infectan a los humanos proviene de animales.

Si alguien no lo cree solamente debe escuchar el tiempo. Seguro que esta asociación será silenciada pero aquí queda escrita. Acostumbrémonos a pensar que lo increíble puede ser probable, o posible.

¡Salud a los bosques! Dejemos en paz su salvaje biodiversidad. ¡Qué la pesadilla del último virus salvaje acabe pronto!

No sé qué decir frente al contagio del patógeno humano

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UNDÉCIMO DÍA DEL ESTADO DE ALARMA EN ESPAÑA

Ante el naufragio vírico que nos está castigando no cabe sino protegerse de sus impactos. La descontrolada irrupción del COVID-19 ha puesto en cuarentena la multiforme economía mundial, derrotando incluso al dinero. ¡Quién lo iba a decir! Pero además ha limitado las libertades personales, ¿Dónde ha dejado tantas luchas sociales?; y está haciendo estragos en la sanidad colectiva, el gran logro universal del siglo XX. ¿Qué se puede argumentar ante semejante cataclismo? De tal calibre ha sido el envite, que algunos se sintieron dentro de un nuevo “apocalipsis bíblico”. Parecía una cosa remota cuando empezó, lo veíamos como imposible de llegar hasta nuestras súper protegidas sociedades. Quienes sufrieron al comienzo vivían tan lejos, eran tan diferentes a nosotros. Sin embargo, la distancia se hizo nada y el tiempo se constriñó. En estos momentos Italia y España se han colocado en el epicentro del coronavirus, donde más golpea. Los servicios sanitarios no dan abasto para limitar sus efectos; a pesar de ello, decenas de miles de personas enfermarán y demasiadas morirán.

No sé si lo que otros dicen me sirve; hay tantos mensajes que se superponen unos a otros que lo más que logran es acrecentar agonías;los avisos se convierten en necrológicas si alguien se engancha a los continuos informativos televisivos.

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Homenaje al agua, que hace de vehículo de antisépticos contra el coronavirus

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“Toda el agua del mundo es una abuela/ que nos cuenta naufragios y regatas/ que nos moja la sed y da permiso/ para seguir viviendo otro semestre”, al decir de Mario Benedetti.

Pocos se acordaron de su día, el 21 de marzo, que es cuando se le rinde todos los años un homenaje universal. Este año no, pasó sin hacer ruido, como siempre porque fluye delicadamente, pero prestando un servicio universal. Ya antes de consumirla, cada uno de los días de esta plaga del coronavirus, se alió con el hipoclorito y otros desinfectantes para destruir los posibles patógenos que pudiera tener en origen. También dentro de ella viaja el hipoclorito que lanzan los equipos de personas que desinfectan nuestra calles, ciudades y estancias; en ella se combina el jabón (con sus sales y triglicéridos) que protege nuestras manos una y otra vez de las posibles trazas del coronavirus. Con ella, convenientemente calentada y con los aditivos necesarios, lavamos buena parte de los materiales reutilizables para luchar contra la pandemia; las lavanderías de los hospitales saben de qué hablamos. Seguro que el personal sanitario se acuerda de ti cada vez que se enjabona las manos, cuando se ducha en casa tras una jornada agotadora, porque le acercas antisépticos o desinfectantes útiles. Sin ti no podrán protegerse ni siquiera las manos los pobres, los más pobres de los países ricos y quienes carecen de abastecimiento y saneamiento en el mundo.

Portadora de antisépticos y desinfectantes añadidos se lleva los patógenos víricos no se sabe dónde; tampoco nos importa mucho ahora si dañarán o no a alguien. Algo de esto sabremos con el tiempo. Tendremos que reflexionar sobre ello, porque el mundo se nos está haciendo multivírico, y nos ha sumido en el despiste total. Pero seguro que algo aprenderemos, seguro que te valoraremos cada día más; tú también necesitas cuidados.

Imaginamos que las aguas limpiadoras llegarán por las alcantarillas a las estaciones de depuración; allí nuevos tratamientos les devolverán una parte de aquella salud que en tiempos tuvieron, o no; los ríos nos dirán si los seres vivos encontraron rastros en su vida. El agua, siempre al agua, olvidada y a la vez objeto de adoración, como otras muchas cosas que nos pasan desapercibidas en esta vida acelerada. Ahora mismo, merece ese aplauso, al menos con el pensamiento, que lanzan en España los ciudadanos confinados.

Cuando todo esto pase recuperaremos tu fiesta, también la hemos dejado apartada para evitar las aglomeraciones.

Cambio climático y consumo se alían contra la salud infantil

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“El mundo no está ofreciendo a los niños una vida saludable ni un clima adecuado para su futuro”. Así se encabezaba la nota de prensa que la Organización Mundial de la Salud y Unicef, en base a un estudio realizado y publicado en The Lancet, lanzaron hace unos días de forma conjunta. Si se piensa con detenimiento, cuesta creer que nos encontremos en el año 2020 con amenazas planetarias varias, en particular las motivadas por la dejadez de las distintas sociedades, religiones y grupos colectivos, cuyo final supone el castigo a quienes más dicen querer: sus niños y jóvenes, eso que supone el porvenir de sus esperanzas como colectivo. Así limitan su potencia en el entramado futuro mundial. Es más, cuesta imaginar que una buena parte de las familias, lo podemos comprobar en algunas que tenemos al lado, permanezcan inconstantes en sus cuidados y consiguientes peticiones para la protección global de la salud de sus hijos. ¡Qué se puede demandar a quienes gobiernan si ellas mismas se despistan a menudo en la salvaguarda de la salud de sus hijos e hijas!

La nota aludida más arriba era muy seria, alertaba de catástrofes sociales. Seguir leyendo en La Cima 2030, de 20minutos.es.

Consumir cada vez antes todo lo que la Tierra generará en 2020

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El día en el que en su país desbordaría, si toda la humanidad consumiera per cápita lo mismo,  todo lo que la tierra generará en 2020 cambiará seguro en relación con 2019. Recordemos lo que sucedió el año pasado, que adelantó la fecha del anterior. Con datos de 2016, los países tardan bastante en remitirlos a la ONU, ahora nos dicen que la biocapacidad global era 1,63 gha (Una hectárea global es la cantidad anual mundial de producción biológica para uso humano y asimilación de desechos humanos, por hectárea de tierra y pesquerías biológicamente productivas). En Suiza, para el mismo año fue 4,64 gha por persona. es decir, si toda la gente del mundo mundial viviera como los suizos se necesitarían 2.8.  planetas. Digamos también que en algunos países no sobrepasan lo que les correspondería por persona para que todo se mantuviese más o menos igual que el año anterior; no llegan a 1,63 gha.

Piense, viendo esta imagen, dónde harán más y donde menos (no olvide que son previsiones) por restañar la ética global, esa que en algún punto dice que hay que caminar coordinados para no dejar a nadie atrás, que debemos preservar el planeta para las generaciones futuras. Aquí va la tabla de Global Footprint Network si quiere verlo de otra manera, si le apetece enterarse de cómo se realizan los cálculos. Por cierto, la misma institución ha organizado un concurso para que cada cual, usted mismo, aventure qué día será realmente cuando su país sobrepase la huella ecológica personal que le correspondería. Participe.