Ecología

Parques sobre basureros reciclados; una segunda vida es posible si mejora la cultura ambiental

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La semana pasada se celebraba el Día Europeo de los Parques Naturales, para conmemorar aquel 24 de mayo de 1909 en el que se declaró el primero en Suecia; el nuestro fue en los Picos de Europa en 1918. El lema elegido para este año por Europarc no puede ser más ilustrativo “Cambia el clima, cambian los parques“. Supone una alerta sobre la gestión de los parques y de la vida. Porque tampoco hacemos bien lo primero: faltan recursos y preocupación sobre el estado general de nuestros parques nacionales. De hecho algunos han calificado como una hostia ambiental el rapapolvo que han recibido las autoridades españolas por el deterioro del P.N. de Doñana. Hay otros parques -también son naturales aunque no gocen de ninguna protección especial- sobre los que el cambio climático y la falta de recursos están dejando una pesada huella; los tenemos cerca de nosotros. En las ciudades guardan una enorme diversidad biológica, además de darnos sombra y purificarnos el aire. Por eso nos alegra tanto saber que sobre algunos lugares muy degradados del mundo han crecido parques. También por aquí cerca hay algún ejemplo, como en Bens (A Coruña). Eso nos hace creer un poco en que todavía es posible darle una vuelta a nuestro comportamiento ambiental, habrá que presionar mucho a los gobiernos, y celebrar con actuaciones durante todo el año que poseemos unos parques naturales biodiversos.

La Antártida explora constantemente los límites de la vida; un laboratorio donde aprender a ser

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La Tierra guarda innumerables incógnitas, a pesar de que nos parece que sabemos mucho de ella. Para saber más los científicos acuden a aquellos lugares en donde la naturaleza guarda una parte de sus secretos: allí donde se marcan todavía los límites de la vida porque los humanos no los han hecho suyos. Scott y Amudsen buscaban otras cosas hace 104 años. Ahora los científicos se preguntan, absortos en su silencio admirativo, cómo está afectando allí el cambio climático, si el agujero de ozono se abre o se cierra nos anuncia otros cataclismos. Porque allí donde compiten los blancos del suelo con negros nubarrones que exhibe el cielo sin avisar, se puede observar adaptaciones de los seres vivos a situaciones límite de temperatura o aislamiento. En este inmenso territorio, casi 30 veces el tamaño de España puede ocurrir cambios profundos en el caso de que la temperatura global aumentase un par de grados en unos pocos años. Algunos aseguran que ya son visibles. Allí está el laboratorio de nuestros científicos. Dejémosles investigar, ya lo hacen grupos de varias universidades como la Autónoma de Madrid –entre ellos el profesor Benayas- y démosles más recursos. No se puede perder el viaje del Hespérides, buque militar destinado a la investigación científica- en El escarabajo verde del 12-5-2017 y el del 19-5-2017. Gracias a todos, militares y científicos españoles y de otros países, por acercarnos a los límites de la Tierra. ¡Qué sus investigaciones sirvan para asegurar a la Antártida, a todos, un futuro más llevadero!

Armas disparando flores; con el 2,5% del presupuesto militar mundial se salvaría la biodiversidad

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No es exagerado decir que ha aumentado enormemente la superficie protegida en el mundo –alrededor del 15% de la terrestre y un 3% de la marina- , esa que guarda celosamente el tesoro que es la biodiversidad. Pero es obligado avisar que esos espacios pierden cada vez más calidad. El rendimiento y potencial de las áreas protegidas se publicó hace un par de años en Nature. En él los científicos constataban que cantidad es muy diferente a calidad, que a veces tener más espacios protegidos se convierte en un problema porque se destina el mismo dinero –o menos- para atender a más necesidades, además de que los políticos y gobiernos ya se ven satisfechos con declarar protegida una zona y la desatienden, aunque los Organismos Internacionales les amenacen con retirarles la distinción de enclave de biodiversidad, como está sucediendo en Doñana y en otros muchos lugares. En el mismo artículo, los científicos aseguraban que dedicar un 2,5 % del gasto anual en material bélico en el mundo supondría asegurar la salud de los enclaves protegidos y esparcir los beneficios ambientales por todo el mundo. Uno se pregunta si la humanidad se ha olvidado de su sabiduría; no querríamos pensar que el mañana no tiene retorno, pero ya empezamos a dudar. Por cierto, por aquellas fechas España gastaba tres veces menos que Europa en protección de la biodiversidad (49 € frente a 172). Así seguimos; así nos irá. Mientras, bueno anteayer mismo, la UNESCO lanzaba un ultimátum a España por la conservación del Parque Nacional de Doñana.

El urogallo de Senarta encontró la muerte cuando pretendía alcanzar la gloria reproductiva. ¡Puerca vida!

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La vida en la naturaleza es un compendio de peligros y éxitos por eso algunas especies tienen el futuro amenazado. A pesar de pertenecer a una de ellas, unos 50 urogallos machos reproductores  (Tetrao urogallus aquitanicus) resisten en el Pirineo. Quién iba a decirle al macho que sintió la llamada interior que todo individuo lleva para perpetuar la especie que en semejante menester iba a encontrar la muerte; sucedió en abril de 2017. En la naturaleza no siempre se puede ser bello y pregonarlo, menos todavía si por allí pululan los humanos, aunque estos no vayan cargados de malas intenciones. Lo peor del caso es que ha sido a mucha altura, en la Pla de Senarta (más de 1.400 metros de altitud) cerca de Benasque y dentro del Parque Natural de Posets-Maladeta; allá donde solamente llegaban los montañeros y amantes de la naturaleza. Ahora el turismo se masifica. Dicen que pudo sucumbir al sentirse estresado por la gente, que solamente buscaba hacerse “selfies”. ¡Vaya forma tan absurda de morir!, y hacer un roto a la pervivencia de la especie.

P.D.: Ayer era el Día Mundial de la Biodiversidad. Lean la relación de especies de aves amenazadas que quieren defender SEO/Bird Life. No se les ocurra hacerse autofotos con ellas; demuéstrenles su admiración dejándolas en paz.

Lecciones para una cultura del riesgo ambiental

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Vivimos en una sociedad plena de contrastes educativos. Sobreprotegemos a los hijos de un posible peligro inmediato y los dejamos libres ante un probable riesgo acumulativo. Lo hacemos ante los fenómenos naturales, cada vez más evidentes; valdría para otras muchas cuestiones. La naturaleza demuestra su libertad en episodios espasmódicos: los relacionados con la geología (sismos, erupciones volcánicas o movimientos de tierras y derrumbes), la meteorología, la hidrología, las plagas y epidemias y un largo etcétera, que traen graves consecuencias a las personas. Los medios de comunicación nos informaron recientemente de las desgracias de “El Niño” en la costa peruana, el desastre de la Mocoa colombiana, o las sequías que llevaron a una tremenda hambruna al África central o Somalia; también de los temporales que no hace mucho asolaron las costas españolas. ¿Podremos hacer algo en la escuela, al margen de compadecernos de los afectados o contribuir a las ONG con más o menos ayudas? Algunos profesores opinan que no, que estas cuestiones desbordan el marco curricular. Sin embargo, otros argumentan que el estudio de casos reales es uno de los mejores aprendizajes para entender la vida. En la misma categoría de desastres, pero con cogeneración humana, estarían afecciones locales y globales por el cambio climático, contaminación de las aguas terrestres y marinas, emisiones tóxicas al aire, alarmas alimentarias, exposiciones por proximidad a fábricas o centrales nucleares, etc., que son muy aprovechables como currículo dinámico – sobre todo los de afección más próxima- en cualquier nivel escolar. 

En este asunto de llevar la vida a la escuela y que esta sirva para la vida, como en otros muchos, el conocimiento no garantiza que cambie el comportamiento -la con(s)ciencia del peligro tiene una marcada dimensión subjetiva- pero si se trabaja bien algunos individuos sí adoptan actitudes precautorias porque se han aprendido las lecciones de vida.

Los españoles ya están envidriados; un buen motivo para reducir el resto de los residuos

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Si recogemos 16 kilos de vidrio por persona (62 envases) y año puede querer decir  que la batalla del reciclaje está bien encaminada. Si valoramos que eso supone el 73% debemos aplicarnos más; Ecovidrio se ha marcado el 77% para 2020, más chulos que en Europa, aunque siempre habrá una parte que escapará al buen hacer ciudadano, que nunca será unánime. Pero hay que dejar constancia de la implicación de la gente en este menester pues la recogida selectiva del vidrio apenas tiene 20 años y se encuentra ya en un estado de madurez. Todo lo recogido en 2016 supone dejar de emitir 500.000 toneladas de dióxido de carbono (CO2) a la atmósfera (más o menos como retirar de la circulación unos 125.000 coches durante un año) y no extraer casi un millón de toneladas de materias primas así como el ahorro de 1.670.000 megavatios-hora de energía (más o menos el consumo doméstico de Barcelona en ese año). ¿Quién pensó alguna vez que lo de la recogida y el reciclaje era una tontería? Así pues, gracias a todos. Ya estamos en la senda del reciclaje y podemos recorrerla recuperando otros materiales. 

P.D.: Para los curiosos, aquí tienen una breve historia del vidrio.

El mapa del tiempo es un espejo donde mirarnos, en nuestro afán por dominarlo todo

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Dicen que es el espacio más seguido en las televisiones; las Web que hablan de él son las más visitadas. De siempre ha preocupado predecir el tiempo: los egipcios se basaban en las crecidas del Nilo, Aristóteles escribió hace 2.350 años su “Meteorológica”. La cultura popular ha impregnado de refranes la predicción, hasta se decía que la pimpinela escarlata avisaba abriendo y cerrando pétalos. Menos mal que a principios del siglo XVII Torricelli empezó a medir con precisión la presión atmosférica y abrió el camino de la predicción científica a base de interpretar que las diferencias de presión entre las masas de aire están en el origen de esos vientos que todo lo condicionan. Pulse aquí si quiere saber más.

Pero como estamos en 2017, les proponemos una Web global VENTUSKY; de esas que permiten entretenerse en un día ventoso, soleado, en ese que no quiere llegar como nosotros deseamos, en el que hizo ayer, en el que tienen en mi pueblo ahora mismo, en aquel que disfrutan en aquella ciudad que tanto me gustó, para preparar ese viaje que quizás no hagamos. Pero intriga más conocer el que hace ahora mismo en nuestra antípodas o en aquella capital de ese país del otro hemisferio que se nos había olvidado. Ya sea por la tarde o a primeras horas de la mañana, apetece darse una vuelta por el tiempo: temperaturas, precipitación, etc., hasta conocer a qué altura se encuentra encima de su casa la isoterma cero.

¡Albricias! España mejora en el EPI (Índice de Desempeño Ambiental).

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De verdad que leer algunas noticias alegra. El EPI (Environmental Performance Index) recoge y mide las actuaciones de los países en temas ambientales como la protección de la salud y de los ecosistemas humanos. Utiliza unos 20 indicadores agrupados en áreas tan importantes como la influencia en la salud en forma de exposición al riesgo ambiental (aquí estamos en el puesto 24), calidad del aire (puesto 33), agua y saneamiento (el 9) –por la seguridad del abastecimiento y porque el 99,9% de la gente dispone de él).  Apunten también que en vitalidad del ecosistema somos los octavos, sobre todo por el tratamiento de aguas residuales, por el cuidado de la biodiversidad y la áreas protegidas (20) porque fallamos estrepitosamente en la agricultura (puesto 103) por la nitrogenización de los suelos y el agua, en la gestión de los bosques (puesto 79 y no llegamos ni al aprobado), también en el conjunto clima y energía (puesto 40). Seguro que les apetece dedicarle un tiempo a bucear por la página, a comparar países. Se puede leer el informe completo, descargarse lo que les interese, etc. Un lujo al alcance de un simple clic, dos si quiere verlo en español. Si quiere conocer un poco más cómo se elabora el índice échele un vistazo al informe de España del año pasado.

Entender los tipos de nubes no es solo un ejercicio escolar; las antroponubes lo complementan

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Pasamos mucho tiempo en la escuela para entender los diferentes tipos de nubes, de cómo se producían estas y si podían traer más o menos agua. Escuchamos los refranes populares y como son tan peculiares no acabamos de conocer los detalles de lo que anunciaban nubes y vientos. Ahora, a la clasificación -10 géneros, 15 especies, 9 variedades y 9 rasgos suplementarios de nubes que combinándolos pueden clasificar los tipos de nubosidad que se observen en el cielo desde cualquier lugar del mundo- de la Organización Meteorológica Mundial -que ha declarado este año como el dedicado a las nubes- se han añadido las “antroponubes” o “Cirrus Homogenitus”. Las hay altas, medias y bajas. Pero todas ellas tienen un origen común: se han originado por actividades humanas, y tienen una alta incidencia en los cambios climáticos. Si estamos atentos podremos descifrarlas y condicionar su evolución. El cielo ya forma parte de la “antroposfera”, aunque el cielo nunca será nuestro, aunque sea impetuoso y desgarrado por nuestra culpa, por más que consigamos lavarlo un poco, acaso debamos buscarlo allá donde se encuentran juntos el pájaro con la nube y el pino: en la vida de cada día.

No existe esponja para lavar el cielo
pero aunque pudieras enjabonarlo
y luego echarle baldes y baldes de mar
y colgarlo al sol para que se seque
siempre faltaría el pájaro en silencio.

No existen métodos para tocar el cielo
pero aunque te estiraras como una palma
y lograras rozarlo en tus delirios
y supieras al fin como es al tacto
siempre te faltaría la nube de algodón.

No existe un puente para cruzar el cielo
pero aunque consiguieras llegar a la otra orilla
a fuerza de memoria y pronósticos
y comprobaras que no es tan dificil
siempre te faltaría el pino del crepúsculo.

Eso es porque se trata de un cielo que no es tuyo
aunque sea impetuoso y desgarrado
en cambio cuando llegue al que te pertenece
no lo querrás lavar ni tocar ni cruzar
pero estarán el pájaro y la nube y el pino.

Mario Benedetti.

La lluvia de animales nos sorprende. La vida sigue siendo cada día una incógnita

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Cuando éramos chicos nos pareció que los sapos y algunas ranas habían bajado de las nubes; alguien nos sacó del error, pero era raro ver tantas por las calles. Nada dijimos desde entonces para no ser objeto de burla. Pero ahora, con la noticia de que en Ecuador cayeron peces del cielo hemos recuperado aquellas vivencias. Parece ser que el asunto está documentado desde hace mucho tiempo, al menos eso dice la Wikipedia; también la divulgadora América Valenzuela en la página de Rtve. Recuerden la sorpresa de la gente de Alaska cuando hace un par de años vieron lampreas por las calles. Pero la gente sigue creyendo que con fábulas o montajes del photoshop, a pesar de que lo recojan periódicos tan respetables como La Vanguardia. Por si acaso, aquí queda la duda. Quienes estén interesados que investiguen.

Quisimos hacernos verdes y en eso estamos. ¡Éramos tan jóvenes! Ahora somos todavía más necesarios

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El movimiento ecologista es una esperanza que nunca llega al final de sus deseos. El escenario de la vida cambia tan rápidamente que obliga a una continua readaptación: ¡Éramos y estábamos tan verdes! Éramos muchos muy jóvenes cuando empezamos a mirar la naturaleza, porque ella fue nuestro gran amor, de una manera diferente: quererla por ser ella misma, no por servirnos a nosotros. El movimiento anti nuclear, junto con espíritus naturales como el de Félix Rodríguez de la Fuente, Cousteau o Sagan estuvieron en el origen y posterior desarrollo del movimiento ecologista español. La televisión nos acercó el planeta. Apetece recordar aquellos momentos en este documental de Rtve: Corazón verde. No se lo pueden perder; enséñenlo a su amigos, a sus hijos.

Ahora lo verde, apelativo que nos vino perfecto, ha cambiado a lo global, a lo sostenible, se ha adornado de una participación más razonada impulsada por Greenpeace, Ecologistas en Acción, WWF y muchos otros que harían interminable la lista. Quisimos hacernos verdes; después de tantos años todavía necesitamos creer que es posible conseguir los Objetivos del Desarrollo Sostenible. No nos podemos parar. Desde aquí un recuerdo y homenaje a quienes han puesto una parte de su vida en entender la ecología en su interacción natural y social. De su nacimiento y desarrollo se han escrito bastantes libros, hasta tesis doctorales. Aunque todavía hay mucha gente que los mira con mala cara, que los acusa de ir contra el “desarrollo”; también contra eso deben luchar. No cejan en su empeño. Saben que la Tierra solo seguirá siéndolo si hay muchas personas aquí y en todo el mundo que piensan y actúan como ellos.

El cambio climático golpea especialmente a la infancia en España, más todavía si es pobre

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Unicef acaba de presentar su informe “El impacto del cambio climático en la infancia en España” elaborado por ecodes. Un acierto tratar este tema porque, a pesar de que nuestros políticos y mucha gente pase del asunto, en España, un país rico, también es un problema. ¡Imagínense en los países pobres! La misma organización ya alertaba del que era una tragedia para muchos niños en el mundo en su informe “Nuestro clima, nuestros niños, nuestra responsabilidad: las consecuencias del cambio climático para la infancia del mundo” puede consultarse (en inglés), y elaboró un dossier hace unos 10 años. El informe actual recoge una primera aproximación sobre lo que supone el cambio climático aquí y ahora, el impacto de este en la infancia y sugiere una serie de políticas para que la infancia y sus derechos estén en el centro de la agenda climática. No pueden perdérselo.

Agua del futuro: menos disponibilidad y más necesidad de reutilización

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El agua es vida, y también dinero; país/región con mucha agua equivale siempre a más riqueza potencial de los que no la tienen. El agua se almacena en los acuíferos, que van perdiendo progresivamente su capacidad. El agua se utiliza más, para generar PIB, en aquellos lugares en donde no se dispone de reservas; luego hay que transportarla. Por cierto, el 82% del agua utilizada en España se va a la agricultura, con una escasa recuperación de costes en algunos lugares; la industria lo hace mejor en unos sitios que en otros. Agua y valor añadido se unen a agua y supervivencia. Se extrae mucha agua y no llueve; así las cuencas hídricas se resienten: siete de cada diez de las cuencas fluviales con mayor estrés hídrico de la UE están en España. Solución posible: optimizar el uso del agua, recuperar para un segundo uso toda la que se pueda, reducir el consumo agrícola, etc. La España del agua esconde una gran crisis oculta, de la que alguna vez deberemos ocuparnos en serio. Porque ni el sistema político -los políticos solo la manejan para echársela a la cara a los contrarios- ni el social hablan del agua del futuro. ¿A qué esperan? No se pierdan el El País del domingo 2 de abril de 2017. Anímense, algunos opinan que la crisis del agua se puede solucionar.

Sin hacer ruido, apenas un minuto de silencio

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Apenas un minuto de silencio para recordar que hoy dicen que pensemos en la contaminación acústica. ¿Para qué? Para disfrutar de los silencios, para poder escuchar a los otros, para trabajar sin perder salud, para circular por las calles sin tocar la bocina, para respetarnos. Lo cierto es que apenas se actúa ante este problema de salud pública, como denuncia Ecologistas en Acción. España es el país del ruido, Barcelona se ha puesto en marcha para sensibilizar a sus ciudadanos. Si quieren alguna idea para este día ahí van los consejos de la Sociedad Española de Acústica. Los jóvenes son ajenos al ruido, forma parte de ellos mismos, pero más de la mitad se exponen a niveles peligrosos. El periódico El País publicaba un interesante artículo allá por 2012 “Somos ruido“. Merece la pena volver a leerlo. La OMS hace tiempo que ha puesto su grito en el cielo, pero debe ser bajito porque apenas se le escucha.

P.D. : Si quieren conocer más cosas ahí tienen las propuestas del Cdmaz (Centro de Documentación del Agua y del Medio Ambiente del Ayuntamiento de Zaragoza). Como siempre, sin hacer ruido, nos muestran la valía de su trabajo.

Habrá que pensar qué somos nosotros cuando hablamos de la Madre Tierra

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Dicen que aquel 22 de abril de 1970 en el que 20 millones de norteamericanos unieron sus voces para denunciar la escasa conciencia de la fragilidad del planeta pudo ser el inicio del movimiento ecologista y del espíritu proteccionista. Treinta y siete años después, en el “Día Mundial de la Tierra” seguimos alzando voces en la misma dirección. Son más los que escuchan; muy pocos frente a los que callan. Este año tiene unos lemas diferentes según quienes los proponen, pero todos son atractivos, necesarios y concluyentes: “Alfabetización ambiental y climática” hemos leído en unos portales, “Salva el suelo” en otros. Lo del lema es lo de menos, importa difundir el mensaje por si hay gente a la escucha, porque falta mucho para hacer realidad los deseos. Porque la Tierra es un espacio físico y social; ambos son indisolubles y en estos momentos suman sus padecimientos. Hay que enverdecer la sociedad y la escuela, quizás empezando con una variada información, como se puede ver en la página “Planeta Tierra” de Huffintong Post. Después obrando en consecuencia, sin dilación. Prepárense, el día del comienzo puede ser mañana. Si quieren convencerse escuchen “Hermana Tierra” de Laura Pausini. O si lo prefieren quédense con el poema de Gloria Fuertes:

El corazón de la Tierra
tiene hombres que la desgarran.
La Tierra es muy anciana.
Sufre ataques al corazón
—en sus entrañas—.
Sus volcanes,
laten demasiado
por exceso de odio y de lava.
La Tierra no está para muchos trotes
está cansada.
Cuando entierran en ella
niños con metralla
le dan arcadas.