Ecología

Día Internacional contra el cambio climático

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Mañana 24 de octubre se «celebra» en todo el mundo este día. De celebrar poco, más bien recordar lo que deberíamos hacer para mitigar sus efectos, para adaptar nuestras condiciones de vida a la emergencia climática que ya tenemos delante. Piense en positivo. Analice aquello que ya ha hecho por disminuir su carga ecológica en forma de consumo desmesurado, movilidad innecesaria y otras muchas cosas. Valore los beneficios que sus actos positivos han tenido en le salud propia y en la del planeta. Consolide estos actos y promuévalos entre sus amigos, la familia o en el trabajo. Demande a la administración de su ciudad o país que se ponga a la tarea. Únase a asociaciones ecologistas u otras ONG sociales que buscan la reducción de los efectos del cambio climático en las personas y en el planeta. Celebre de verdad aquello que ya está haciendo, todos los días.

Échele un vistazo a los artículos que los medios de comunicación traen ese día sobre el tema. Visione algún programa en la televisión o en las plataformas. Dedique un tiempo de ese sábado a pensar en clima. En esta u otras plataformas. 

Pregúntese si le queda algo por hacer. Y no se desanime; la tarea es larga y siempre quedará incompleta. Pero en algún lugar, no se sabe quién ni porque, ya le está dando las gracias por sus esfuerzos.

El limbo de la Semana Verde Europea

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Hay sido excepción los medios de comunicación y agencias de noticias que se han enterado de que nos encontramos esta semana dentro de La Semana Verde de la UE 2020, a pesar de que los temas son importantes: naturaleza y biodiversidad. Si no recordamos mal, fue en mayo cuando se adoptó la nueva Estrategia de la UE sobre Biodiversidad para 2030. Entonces se dijo, y ahora se recuerda que la contribución de la biodiversidad es enorme, tanto para la sociedad como para la economía. Es más, cada día se escuchas más argumentos que subrayan el papel que la biodiversidad puede ejercer en el estímulo de la recuperación en el mundo después de la pandemia. Entre otras cosas, asegura la creación de empleo y poner las condiciones para un desarrollo sostenible más real. es una oportunidad que no se puede dejar pasar. Hay que repensar la relación con la naturaleza, lo cual implicará con seguridad el cambio en determinadas actividades que conllevan una considerable pérdida de biodiversidad. Si esta se deteriora lleva pareja, o es consecuencia quién sabe, de una profunda crisis ecológica. Ya se empieza a ver que esta tiene considerables implicaciones a escala económica y social.

Esperemos que la Semana Verde de la UE logre analizar la forma en que políticas de la UE, como el Pacto Verde Europeo, pueden contribuir a proteger y recuperar la naturaleza, conseguir la forma de que llegue a la ciudadanía. Al fin y al cabo se tratar de la vida de todos, y para eso debemos restituir a fases anteriores a la naturaleza y a la biodiversidad que que le da una de sus señas de identidad.

Compruebe lo que se dice en su ciudad, región o país del asunto. Por cierto, ¿Se dirá algo del tema en el Congreso de los Diputados de España? Veremos si sus señorías siguen en el limbo de sus pesares y divisaremos ya alguna perspectiva.

La escuela acoge a la Antártida

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Esta entrada tiene mucho de homenaje. Una parte va dirigido a las tierras australes, tanto por su belleza como por los beneficios que procuran a la dinámica climática global. Otra se fija en las mujeres y hombres -en este caso personalizados en dos entrañables amigos- que acuden al continente helado cada pocos años para realizar investigaciones que preserven el enclave o que aporten nuevas vías de mantenimiento y futuro de la biodiversidad global.

Pero también quiere que la escuela viaje allí, metafóricamente, para enriquecer sus conocimientos y percepciones, más bien desarrollar nuevas capacidades para entender el futuro global. Incluso va más allá: quiere que se reserve un rincón para la Antártida en cada escuela. Los pingüinos nos sirven de embajadores para conocer paisajes diferentes, para apreciar vidas difíciles, para conocer publicaciones interesantes, para valorar lo que tenemos y la necesidad de preservarlo, para disfrutar de la plástica antártica. Queremos una escuela que admita en sus aulas, dé albergue, proteja y ampare al sistema antártico: su dinámica, sus hielos y sus criaturas.

La Antártida es un tesoro largamente construido, ahora expuesto a peligros crecientes sobre todo motivados por el cambio climático; en concreto este año ha vivido el invierno más caluroso de los últimos 30 años. Por esto, y por muchas más cosas lo llevamos al blog «Ecoescuela abierta» de El Diario de la Educación con el título «La escuela antártica«, porque queremos reclamar su presencia en el ideario ambiental y vivencial de cada centro escolar. Les invitamos a leerlo. Además del aporte de algunas notas históricas, artísticas, de biodiversidad, etc., que siempre animan al conocimiento, recuerda una y otra vez que merece la pena luchar por la Antártida. A los estudiantes de hoy les va una parte del futuro en ello.

Desastres climáticos, efectos perversos

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Asegura la ONU, con ocasión del Día Internacional para la Reducción del Riesgo de Desastres, que se conmemoró el 13 de octubre, que 6.681 desastres naturales relacionados con el clima castigaron el mundo en las dos primeras décadas del siglo XXI. Esta cifra supone un aumento del 80% con respecto a los 3.656 registrados en los últimos 20 años del siglo pasado. Dicho en cuatro cifras: entre 2000 y 2019 murieron 1,23 millones de personas en desastres naturales (incluyendo los de origen climático y los geológicos, tales como terremotos), que también afectaron a 4.200 millones de personas.

Dice la Organización Meteorológica Mundial (OMM) que más de 100 millones de personas precisaron ayuda en 2018 tras los desastres ocasionados por grandes tormentas, inundaciones, acusadas y prologadas sequías e incendios forestales. Pronostica la misma organización que no sería de extrañar que esa cifra creciese un 50 por ciento en 2030. Estos desastres se han quintuplicado, da igual el territorio hacia donde miremos. Detrás de la mayor parte de ellos está el cambio climático. Parece ser que en 2018 se destinaron más de 500.000 millones de dólares a restituir una parte de lo destruido. La OMM asegura que como el cambio climático irá a más por la falta de medidas que aseguren que no se superan incrementos de 1,5 ºC, habría que invertir para paliarlos 1.800.000 millones hasta el año 2030, el de la evaluación de los ODS.

La OMS (Organización Mundial de la Salud) avisa: la asociación entre pandemia y cambio climático era cuestión de tiempo.

Cabe preguntarse si se puede aminorar esos perfectos perversos. Cada contribución, positiva o negativa, al cambio climático cuenta. No miremos hacia otro lado; exijamos a nuestros gobiernos y empresas una urgente acción comprometida.

¿Y si hacemos algo por el Ártico?, antes de que desaparezca.

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Se dice que el griego Piteas se atribuía haber llegado a zonas que podían ser las costas noruegas hace unos 300 y pico años a.C., acaso los vikingos también lo visitaron pronto.  O, puestos a fantasear, el Capitán Trueno, un aventurero español que tuvo gran difusión entre mediados de la década del 50 y la siguiente del siglo pasado. Ese personaje de finales del siglo XII nos llevaba hacia Thule, Groenlandia, en donde reinaba su novia Sigrid.

Otros muchos viajaron hacia la zona ártica. El Renacimiento impulsó expediciones que ideaban otras rutas para buscar comercio o lo que fuese; el flujo expedicionario siguió durante muchos años, en especial a lo largo del siglo XIX . Sin duda en esos viajes se inspiraría Julio Verne para escribir Las aventuras del Capitán Hatteras, que fue publicado hacia 1866. Después, otros se empeñaron en llegar al Polo Norte, unas veces con intereses científicos y otras más aventureros. ¡Vaya usted a saber quién fue el primero en llegar! Hay un libro La batalla por el Polo Norte que trata de las peleas de Peary con Cook, de nombre Frederick A. Incluso Georges Méliès, el gran impulsor de la cinematografía, realizó un cortometraje mudo en 1912 sobre el asunto À la conquête du Pôle. Hace un par de años se estrenó la película Artic, una semblanza de la difícil vida que ese entorno plantea a un hombre solitario.

El Ártico ejerce una gran atracción. Pero no todo es belleza allí: El Ártico se derrite, de ahí los temores de mucha gente por si le sucede algo. A eso íbamos. Esa es la principal señal que queremos lanzar desde aquí. Sin ir más lejos, el pasado 15 de septiembre el hielo ártico alcanzó su mínima extensión de este año, como certifica la NOAA (National Oceanic and Atmospheric Administration) estadounidense. Supone el segundo valor más bajo desde que existen registros; solo fue menor en 2012. Allí se sienten con especial crudeza los efectos del cambio climático. El grandioso Ártico se merece un compromiso colectivo, aunque solamente fuera por el egoísmo antropocéntrico que nos mueve la mayor parte de las veces . O también para ayudar a quienes sufren de cerca su pérdida, sean seres vivos de cualquier especie, incluidos los lapones o inuit.

El Ártico, tan lejos y a la vez tan cerca. Sus dolencias alterarán su antigua e idílica semblanza; casi al momento nos llegarán a nosotros. ¡Qué pena! Hace unos años, Bendt, un inuit que hizo de guía en una expedición de Greenpeace por Groenlandia expresaba sus temores diciendo que “como el Ártico se deshiele tendrán que aprender a nadar en el resto del mundo”. No especificó si eso lo temía para el año 2030, antes o después. Pero ahí queda.

  • Resumen de un artículo publicado en el blog La Cima 2030 de 20minutos.es

Elogio del planeta vivo, escenario biodiverso

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Cualquier persona apostaría por mantener un planeta vivo, rico en biodiversidad y con perspectivas de futuro. No tendría muchas dificultades para encontrar una o muchas razones que apoyasen esa manifestación. La vida llama a la vida, dijo alguien hace mucho tiempo. Sin embargo, mucha gente desconoce los riesgos a los que se enfrenta esa biodiversidad: unos propios de su evolución, otros inducidos por la creciente presión humana. 

El elogio más sublime y duradero que se puede hacer al planeta vivo es mantener actitudes comprometidas para su conservación. Conocemos 13 actualizaciones desde que en 1998 WWF publicaba su primer informe sobre este planeta vivo. La biodiversidad planetaria la componen múltiples formas de vida, en ambientes diferentes, con desempeños diversos, interaccionando unas y otras hasta formar un conjunto. Este cambia constantemente, casi al segundo pero se aprecia mejor durante una sola jornada, día tras otro y según las estaciones, a lo largo de los años; por no poner medidas del tiempo más largas que complican su comprensión. 

Aseguran WWF y la Sociedad Zoológica de Londres (ZSL) en su reciente informe de 2020, que entre 1970 y 2016 las poblaciones de especies de vertebrados en el mundo han retrocedido una media del 68%, que la biodiversidad está disminuyendo a diferentes ritmos en lugares concretos, con las mayores pérdidas en áreas tropicales; en especial América. 

La sociedad debe comprometerse en la ayuda activa a las organizaciones que luchan por mantener esa biodiversidad que a todos enriquece. Se puede empezar desde la escuela para lo cual podemos echar mano de La biodiversidad en el centro educativo del Centre d’Educació Ambiental de la Comunidad Valenciana. Merece una reposada mirada y la replicación de algunas de sus actividades, pues habla tanto del medio rural como urbano.

Leer artículo completo en el Blog Ecoescuela abierta de El Diario de la Educación.

Hasta la arena quiere ir al Himalaya

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No es un asunto baladí, ni un chiste malo. La realidad es que el polvo que viaja con el aire ventoso y recorre largas distancias acaba posándose allá donde la física le manda. Ya se sabía que ciertas partículas contaminantes que la combustión genera ennegrecían la nieve y los hielos y alteraban el efecto albedo (manera de reflejar la radiación solar). Era de todos conocido que las tierras amazónicas proceden en buena parte de los desiertos africanos, llevadas allí por los vientos que van de este a oeste por el Atlántico. Pero a veces los vientos cambian de dirección.

Los vientos primaverales que circulan en sentido contrario llevan el polvo desértico -sahariano pero también arábigo y del enorme desierto indio del Thar- hasta el Himalaya, el Karakórum o el Hindú Kush (HKH); sube más allá de los 3.000 metros, altura a la que llegan las emisiones antrópicas. El hecho de que el polvo desértico se acumule en las nieves de las citadas montañas reduce el albedo de estas masas heladas, que se calientan y se deshielan. Si a esto unimos los estragos del cambio climático, tenemos recorridas varias fases de la tragedia que por aquellos lugares ha escrito ya bastantes páginas. Si desean ampliar la información solamente tienen que visitar el estudio publicado en Nature Climate Change.

Los ríos anhelan vida; no hay vida sin ríos sanos

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El próximo día 27, domingo, se dirige en algunos lugares una mirada especial hacia los ríos. Se la ha llamado World Rives Day y tiene un foco espacial en la India. Los ríos son pero parece que no están. Cumplen múltiples funciones básicas para la vida, la nuestra y de otros muchos seres vivos. Vidas direntes según lugares, también propias que anhelan cada vez más, pues sufren no solo el olvido sino sus consecuencias: desconsideración, cauces cada vez más alterados, caudales exiguos, represas y detracciones múltiples, además de cargas contaminantes tóxicas y otros sufrimientos.

Ríos que quieren vida para darla; ríos que van y vienen con el pasar de sus aguas que besaron cantando las montañas, al decir de Gloria Fuertes; que juegan y brillan a la luz de la luna en palabras de Dulce Mª Loynaz; de dulce pasar que llevan sueños a la mar, como poemó Unamuno. Ríos por los que vamos o van tras nosotros puliéndonos como hacen con los guijarros, dijo Ángel González. Ríos deseados -para ser otra vez ellos mismos como en sus inicios y en sus libertades- por asociaciones protectoras desde el conocimiento científico como el Ciref (Centro Ibérico de Restauración Fluvial)  y el ECRR (European Centre for River Restoration). Ríos diversos como defiende la FNCA (Fundación Nueva Cultura del Agua).

Al final, ríos, para sí y de paso sirviéndonos sus aguas en vasos de esperanza, remansada en ocasiones y fluyente en otras, pues  baila y camina por los filos de los sueños.

Ver el artículo completo en La Cima 2030 de 20minutos.es.

La contaminación del aire da por finalizada la covid-19

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Los confinamientos generalizados de hace unos meses, con buena parte de la actividad económica y los desplazamientos masivos parados, redujeron la carga contaminante del aire. La reanudación de una parte de las actividades previas a la emergencia pandémica está devolviendo los niveles de contaminación del aire a valores de primeros de año. Por lo que se ve, los acuerdos de París no se van a cumplir. Así lo denuncia la Organización Meteorológica Mundial (OMM), en nombre de seis agencias y organismos internacionales, en el informe United in Science 2020, presentado en Nueva York el miércoles pasado. 

Tomemos nota de lo que resalta el informe sobre el creciente cambio climático: «los impactos que afectan a la dinámica global pueden ser irreversibles en los glaciares, los océanos, la naturaleza, las economías y las condiciones de vida de la población, y que a menudo se perciben en forma de peligros relacionados con el agua, como los episodios de sequía o las crecidas». Es más, dice que la covid-19 ha dificultado la capacidad de monitorear esos cambios a través del sistema mundial de observación.

No se pierda la nota de prensa de la Organización Meteorológica Mundial. 

Educación Ambiental para la Sostenibilidad; ahora más que nunca

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Buena parte de la sociedad, por muchos países y en diferentes ámbitos, se encuentra desorientada sobre qué hacer en favor de un medioambiente más saludable. Piensa en acciones propias, desearía esfuerzos colectivos, demandaría mayor interés de gobiernos, empresas y otros agentes sociales.

Se nos ocurre pensar que el entorno escolar es un buen escenario para representar ideas, lances y desenlaces; para imaginar y reflexionar, tanto que tras bajar el telón de un debate o una acción se vean otros mundos posibles. proponer como objeto de debate la Educación Ambiental para la Sostenibilidad. 

Así lo hablamos con casi dos centenares de profesores y técnicos de Chile, tras la invitación que se nos hizo desde el Ministerio de Medio Ambiente de aquel país.  A lo largo del conversatorio fluyeron saberes ambientales, propuestas metodológicas, esperanzas, modelos de otros lugares, el uso de las redes para comunicarse, la necesidad de volcarse en iniciativas de este estilo. Se subrayó el hecho de que la pandemia nos hace ver que si antes era importante una visión de la interrelación entre nosotros y el medioambiente ahora es imprescindible una participación comprometida.

Aquí encontrarán la grabación completa de ese grato encuentro «Reflexiones y propuestas en torno a la Educación Ambiental para la Sostenibilidad en la enseñanza obligatoria» con el profesorado chileno, que mostró un interés tan grande que nos hace pensar que es posible educar con/por el medioambiente, tanto en Chile como en España.

El bosque imaginado puede ser realidad

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Si lo escuchara Henry D. Thoreau al menos sonreiría. El bosque puede crecer y mucho, aseguran un grupo de investigadores del Instituto de Biología Integrativa del Instituto Federal Suizo de Tecnología de Zurich (ETH-Zurich), en un artículo publicado hace un año en Science pero que volvemos a releer porque lo del cambio climático no se detiene a pesar de leve reposo de la actividad económica durante la pandemia. Dicen que imaginar bosques y hacerlos realidad es una de las formas más baratas de luchar contra el cambio climático –reduciría un 25% de los GEI-, si bien dicen que ha de estar acompañada de otras. Proponen la plantación de 500.000 millones de árboles por todo el mundo. Para que no hagamos una idea de tamaña tarea ahora habrá unos 3 billones, según cálculos más o menos optimistas. ¿Dónde?, se preguntarán. Por todo el mundo, aseguran los investigadores que se han dedicado a visitar hasta las tierras más recónditas de la mano de Google Earth y dicen que cabrían muchos más. No se trata de arrebatar sitio a la agricultura, ni de quitar lo urbanizado para plantar árboles. Imaginemos una Tierra azul y verde, bosque y mar. No piensan en verlo de inmediato pero si animan a empezar ya. De hecho, el informe especial del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) sugiere que será necesario un aumento de mil millones de hectáreas de bosques para limitar el calentamiento global a 1,5 ° C para 2050.El tiempo de la emergencia climática debe marcarnos la pauta.

Por cierto, ¿dónde imagina que podría ir un bosque?, que es algo más que una acumulación de árboles

Lean al poeta Ángel González para inspirarse: Cruzas por el crepúsculo. /El aire/
tienes que separarlo casi con las manos/ de tan denso, de tan impenetrable./ Andas. No dejan huellas/ tus pies. Cientos de árboles/ contienen el aliento sobre tu/ cabeza. Un pájaro no sabe/ que estás allí, y lanza su silbido/ largo al otro lado del paisaje./ El mundo cambia de color: es como el eco/ del mundo. Eco distante/ que tú estremeces, traspasando/ las últimas fronteras de la tarde.

El Día de la Sobrecapacidad de la Tierra se retrasa este año; cosas de la pandemia

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No será «hasta el 22 de agosto», en el año 2019 fue el 29 de julio. Todo se debe a la pandemia. El Earth Overshoot Day sería la fecha en la que a escala global consumimos todo lo que el planeta sería capaz de generar durante el año. La gente que estudia estas cosas ha localizado reducciones en varios indicadores: el efecto del carbono (se redujo un 14,5% desde 2019) y la carga de productos forestales (disminuyó un 8,4% desde 2019). Asigna a la dichosa pandemia, una reducción de la huella ecológica global próxima al 10 %; si bien no se atreve a relacionar todos sus efectos en la huella alimentaria. Tanto confinamiento en el amplio mundo que supuso la disminución drástica de desplazamientos y de actividad productiva se tenía que notar. Aunque siempre hay países más derrochadores que otros, como se resalta en los enlaces que sugerimos en el artículo que escribimos del asunto en La Cima 2030 de 20minutos.es. Seguro que le interesa leerlo para saber algo más del asunto y reflexionar en fechas previas al 22 de agosto, que este año cae en sábado y por tanto no es un día de mucho pensar en estas cosas. ¿O sí?

El campo resucita en el pandémico escenario social

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La gente del campo suele ser callada, su voz apenas se escucha. Claro, son pocos y sus protestas rara vez llegan a los parlamentos. Comer y dar de comer, que todos coman, no es una preocupación de noticiarios ni de tertulias en los medios de comunicación; ni siquiera en tiempos de crisis pandémica. Si revisan los periódicos gordos, de tirada amplia, casi nada se dice de los campesinos. Aportan una parte importante en la reducción del déficit exterior. Además resulta que sus producciones no nos han faltado en los tiempos duros de la pandemia; y así seguirán.

La agricultura merece una atención delicada, como bien de interés social. Con esa intención le dedicamos el artículo «Agricultura poliédrica» en Heraldo de Aragón del pasado martes. Redactado en un sentido crítico y a la vez constructivo, en parte social y con matiz de economía sencilla, de dignidad humana también, vale para cualquier territorio porque tiene muchas caras y admite múltiples perspectivas.

Verkhoyansk en la memoria meteorológica, para recordarnos el presente climático

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En los inviernos fríos de la estepa, cuando las temperaturas podían alcanzar alguna noche los 10 grados bajo cero, aquel estudiante adolescente que esto escribe recuerda el pueblo de la URSS, muy cerca del Círculo Polar Ártico, donde el 7 de febrero de 1892 se había alcanzado la mínima temperatura registrada en todo el mundo: -70 ºC. Cualquiera puede entender el asombro de la gente de entonces -a pesar de conocer que Siberia era una tierra helada- que este dato generaba. La incredulidad mostrada por los mayores de mi pueblo era total, pues más de uno recordaba inviernos extremos en la estepa monegrina en donde soportaron aquel gélido inicio de febrero de 1956, pero con temperaturas distantes a ese cifra. Lógico, dado que sus escasos termómetros no estaban preparados para registrar esos valores. Ni siquiera servía mostrar en el atlas la situación de la mencionada localidad en el norte polar, encontrarla en la bola del mundo que había en la escuela, lo cual hablaría de su importancia.

El presente climático nos sorprende mucho más que el pasado. Dicen las noticias que el 20 de junio de 2020 se alcanzaron en esa pequeña localidad rusa los 38 ºC, cuando por allí apenas se rebasaban en verano los 15 ºC. Al margen del hito de la temperatura alcanzada, lo preocupante es que los veranos duran cada vez más y con valores más altos, como sucede en toda la Europa septentrional. Esta tendencia, mantenida desde hace unos años, nos alerta de los riesgos añadidos al cambio climático en forma de emergencia global. El suelo helado ha perdido su albedo, ya no refleja la luz que le llega y la mayor parte se convierte en calor del suelo y atmosférico; con él viene la rápida descongelación del permafrots, su debilitamiento permanente en muchos lugares, y la liberación del metano escondido en el suelo; se ponen en marcha varias espoletas del cambio climático que tienen repercusiones muy serias en la dinámica atmosférica global.

Verkhoyansk en el memoria y en el presente, que ya es futuro; un aviso para los incrédulos.

NOTA:
En realidad, en Oymyakon, también en la Siberia recóndita, se registraron -71,2 C el 16 de enero de 2018, lo que la convertiría en el récord en un lugar habitado. No nos sirven los -89,2 C medidos en la base rusa Vostok de la Antártida oriental.

Desplazados climáticos: la cara amarga de un mundo estúpido

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Cada poco tiempo los medios de comunicación se hacen eco de grandes proclamas sobre la necesidad de una acción mundial ante la emergencia climática. Los buenos deseos enseguida se desvanecen, tanto del escaparate mediático como de la acción mundial; o no se ven resultados. Esto puede ser debido a que es asunto es difícil, o directamente, a que una parte de la gente que compone el mundo, al menos buena parte de ella, es estúpida; así, sin paliativos. Porque saber que algo te va a ir mal y no hacer nada por cambiarlo es difícilmente entendible para cualquiera que lo observe desde fuera.

Pero todavía estamos a tiempo de limitar ciertos desperfectos. Debemos actuar aunque solamente fuera por los graves efectos que va a ocasionar en amplias zonas del planeta, provocando enormes desplazamientos de  gente, sin rumbo, malqueridas allá dónde lleguen. Para entender esto se puede visitar la página elaborada por UNHCR/ACNUR y El País Desplazados climáticos: pobres, cuantiosos e invisibles. Poco podemos añadir a lo que allí se dice pero vamos a subrayar unas cuantas claves: la degradación mundial desatada no consigue que la comunidad haga lo necesario por evitarla, los efectos de las catástrofes medioambientales -1.900 en 2019 provocadas por los cambios climáticos y sus efectos principalmente- serán universales –afectaron a 140 países- pero originarán emergencias graves en ciertos lugares –India, Filipinas, Bangla Desh, China, Estados Unidos, y muchos más- provocarán enormes desplazamientos de personas internos -24,9 millones en 2019- y externos. Mientras, los gobernantes de esos países -que se encuentran en la vanguardia del mundo estúpido- , no solo ellos, siguen en sus cosas, sin importarles mucho su gente. ¡Qué decir entonces de su atención al medio ambiente global, y del ejemplo que transmiten a la ciudadanía! Sigan mirando en la página y definan su posición ante el tema.