Ecología

Ilusión interesada: la etiqueta ecológica es el emoticono más querido y utilizado

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ECOESCUELA ABIERTA  de El Diario de la Educación 

La escuela es un conjunto diverso y cambiante, un magnífico caleidoscopio de la vida cotidiana, tanto por lo que recoge del mundo exterior, sobre todo próximo, como por lo que puede proyectar sobre él. Por eso no estaría de más que acogiese, como tema de estudio o debate, cuestiones que pueden parecer ajenas al aprendizaje. Alguien pensará que es una audacia sin sentido hablar en las escuelas e institutos de las etiquetas, pero dado que tienen una potencialidad plena en la sociedad actual nos atrevemos a proponerlo. Además, las portamos tanto las personas como lo animales o los objetos. Son marcas resistentes -se convierten en señales de comportamiento con el tiempo- que resultan difíciles de separar de alguien o algo; tanto es así que nos previenen o nos dicen qué debemos hacer ante esa señal, incluso cómo debemos sentirnos.

Nos hemos acostumbrado a ello y no sabríamos vivir de otra forma. En el diario de una jornada de cualquiera de nosotros tienen un papel importante. ¿Cómo podrían vivir nuestros abuelos sin ellas? 

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Geografía para entender el medio ambiente

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Para abarcar el medio ambiente es imprescindible moverse con soltura por la Geografía. Solamente nos cabe conocer la dimensión geográfica, también la física y social, de cada uno de los problemas que nos atañen para hacer posible la vida en la Tierra. La comprensión del medio ambiente global es una buena manera de entender lo que nos pasa cada día. Tenemos la idea de que un determinado territorio condiciona la vida que en él se desarrolla. Lo hemos estudiado muchas veces en la escuela. Allí se habla de que tanto las plantas como los animales no son otra cosa que indicadores de la posición y las características climáticas, que también justifican que la historia de los pueblos haya discurrido de una u otra forma. Lo dicen los libros de primaria y secundaria al hablar de climas o biomas; también los de historia.Tanto es así que en nuestra imagen del mundo vemos a los americanos del norte o del sur de una forma determinada, diferente a la de los asiáticos –a los que igualamos a pesar de ser tan diversos, y tantos–. Estos en nada se parecen a los europeos; los africanos suelen quedar unificados en su negrura y asociados a los desiertos; de los oceánicos casi nadie se acuerda. Pero esta simplificación de la vida y la historia podría ser calificada como una pérdida de tiempo… 

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Millones de toneladas de alimentos a la basura; parece que la cordura se tomó un largo descanso en España

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No por decirlo más veces se torna creíble: los españoles tiran a la basura unos 1250 millones de toneladas de alimentos, aprovechables sin riesgos para la salud, cada año. El ranking de nuestros desatinos lo encabezan frutas, verduras y hortalizas. Piensen los millones de litros de agua que habrán sido necesarios para cultivarlas, los abonos utilizados, la tierra ocupada, los dineros y horas invertidos, lo gastado en su transporte, etc. Dicen que cada semana son 24 millones de kilos que deben recoger los servicios de basura, transportar a donde sea, gestionarlos como pueden, llenar vertederos, etc. Son datos del “Informe del consumo de alimentación en España” del Ministerio de Agricultura, Pesca, Alimentación y Medio Ambiente del año pasado referidos a 2016. Todavía no hemos leído los de este año. ¿Dirán que hemos mejorado el despilfarro? Por cierto, se está escribiendo una enciclopedia titulada “La frugalidad de la España opulenta. Tomo X”

Las áreas protegidas expresan su tristeza en el Día Mundial del Medio Ambiente

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Ayer se celebraba en todo el mundo el Día del Medio Ambiente. Allá donde esté seguro que le habrán chillado los oídos, acostumbrado a ser citado en vano, no por toda la gente afortunadamente. Dicen que en las áreas protegidas se conserva la biodiversidad; son como el último santuario. ¿Se acuerdan de aquel convenio de diversidad biológica de Río 1992?, CDB se llamaba y ha sido firmado por todos los países del mundo, menos EE.UU. Sepan que apenas quedan territorios libres de la acción humana, que un tercio de esas áreas (tres veces la superficie de España) soportan un elevado impacto ambiental. Algún investigador ha dicho algo muy fuerte para leer un día después del 5 de junio: Muchas de esas áreas se limitan a simples líneas en un mapa o son parques de papel.

Humboldt se apunta a la conmemoración del Día del Medio Ambiente

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Para entender la vida es necesaria la observación científica, la curiosidad y la intrepidez deben acompañarla siempre; hacen falta también unas grandes ganas de saber y experimentar. Estos postulados han movido a la humanidad en su camino hacia la cultura, deben estar presentes siempre en la escuela. Pocas personas los atesoran. Una de ellas fue Alexander von Humboldt (1769-1859), el gran naturalista berlinés. Como quiera que el año próximo se cumplen 250 años de su nacimiento, invitamos a los centros educativos de España y particularmente de América a que dediquen un tiempo a conocer qué hizo tan importante para figurar entre los sabios universales. De paso, a ver si descubren por qué no figura en casi ningún libro de texto con la importancia que se merece. A los profesores y profesoras les animaríamos a que rescaten alguna intención investigadora de su vida para llevarla a sus clases y que los chicos y chicas sean observadores, curiosos, intrépidos, ávidos de saber y experimentar.

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Una duda casi metafísica: ¿En la ciudad mandan las personas o los coches?

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Para plantear mejor la disyuntiva deberíamos haber dicho las personas que se mueven por medios sostenibles y menos contaminantes -no perdamos de vista los humos que echan muchos autobuses urbanos- y aquellas que se mueven en su coche por placer/necesidad. El caso es que no acertamos a dinamizar la ciudad: cada vez las hacemos más extensas y los desplazamientos se hacen más largos y aunque apostemos por el uso del transporte público este no puede llegar a todos los sitios tan dispersos, o no es rentable económicamente. Para sostenerlo harían falta más impuestos; los ciudadanos se niegan. Uno se pregunta si es cierto el titular del artículo de El País que aboga por un cambio de paradigma en la movilidad. Reconocer que todavía hoy más del 95 % de los desplazamientos dependen de combustibles fósiles es realmente alarmante. Pero además, esos mismos ciudadanos que los emiten se tragan lo que sus vehículos sueltan.

Solamente por si quieren despejar la duda. Revisen esta noticia.

Las bolsas de papel van llegando a nuestras vidas; acojámoslas como se merecen

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Dicen que el 66 % de las panaderías y pastelerías utilizan mayoritariamente bolsas de papel para proteger los productos que venden, medida que los usuarios han acogido con satisfacción. Los fabricantes asociados a “Labolsadepapel” –hay mucho que leer en su Web- se congratulan de que grandes cadenas como Lidl, Mercadona, Carrefour o DIA estén preparadas para asumir el reto de acabar con el plástico como continente de sus ventas. ¿Lo estamos nosotros como consumidores? Si somos responsables e inteligentes diremos que sí; las prestaciones del papel son similares a las del plástico, generan menos carga ecológica y nos hacen sentirnos bien al reutilizarlas o llevarlas al contenedor azul una vez acabado su multiuso. ¡Demándelas en su comercio habitual! Hay más cosas interesantes en este artículo de Ecoticias.

Cayeron del cielo, no tienen fronteras, millones de virus y bacterias, cual plaga bíblica

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Los humanos somos algo ilusos; nos creemos a salvo de contingencias. Los humanos ricos de países ricos en 2018 buscamos la completa seguridad en nuestras vidas, y si no es así demandamos al estado que no nos la segura. También instalamos fronteras para impedir que nos entren males que nos traen gentes “potencialmente malas”, o más bien pobres. Pero hemos de saber que por el aire, que no respeta fronteras ni se puede destruir con misiles, viaja de todo: bueno y malo. Un grupo de investigadores liderado por la ecóloga de la Universidad de Granada Isabel Reche ha confirmado que los microorganismos que recorren el planeta impulsados por las corrientes atmosféricas son infinitos. El trabajo se publicó en la prestigiosa revista Nature. Se han ido a comprobarlo bien arriba, a Sierra Nevada pero aseguran que las bacterias viajan rápidamente hasta los Pirineos y mucho más lejos. Seguro que a alguien se le ocurre instalar fronteras para evitar esta “plaga bíblica”. ¡Es la vida!, cambiante, multidiversa, ecológicamente activa, socialmente responsable y necesariamente sostenible. Para gestionarla hace falta una sociedad comprometida.

Si los grillos desaparecen, ¿Quién nos cantará el transcurrir de los días?

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La escuela apenas se detiene en educar para la escucha atenta de los ritmos de la naturaleza; acaso lo hace en forma de documentales que magnifican el cambio de color en los bosques, los fenómenos meteorológicos extremos o las peripecias existenciales de los grandes animales. Pero la vida se revuelve de miles de formas, sonidos y colores que cambian a lo largo del tiempo corto como pueden ser una jornada, de un ciclo anual o en los tiempos milenarios. Las especies animales y vegetales interaccionan con su medio: unas persisten y otras desaparecen; es el tiempo largo. Eso no se sabe si es bueno o malo, allá la naturaleza con sus ritmos, deseos y secretos. Nunca nos resultará totalmente comprensible, aunque le dediquemos tiempo y esfuerzo a su estudio.

Ahora mismo, grupos de científicos nos advierten de que los saltamontes, chicharras y grillos europeos están amenazados de desaparición, debido sin duda a la agricultura intensiva, la pérdida de humedales y los efectos del cambio climático. Las ONG ambientalistas pronostican que su ocaso puede suponer el quebranto de todos aquellos animales que se alimentan de estos ortópteros. El grillo, aquel insecto inmóvil y clandestino que como un constante obrero entonaba ansiedades por saber e ignorar, desde un mágico rincón de sombras, en el poema de Mario Benedetti. 

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Ni siquiera en el reciclaje de basuras aprueba España. ¿Qué deberá repetir?

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Si les dijésemos que España solamente recicla el 29 % de la basura, mientras que en la UE supone el 45 %, según los últimos datos de Eurostat. Si les contásemos que para 2025 todos los países de la UE deberán reciclar al menos el 55% de los residuos municipales, porcentaje que se deberá elevar hasta el 65 % en 2035, que estamos a diez puntos porcentuales de como nos encontrábamos hace 10 años. ¿Dirían que se van a cumplir los compromisos? Dicen que el reciclaje es un eslabón crítico en la economía circular, esa que afirman que nos va a limitar un poco el caos de los recursos y los residuos. ¡Qué envidia nos da Alemania (66 %) y otros países aventajados! Por cierto, uno recuerda que el Gobierno de España y bastantes Comunidades Autónomas y Ayuntamientos habían publicitado hace tiempo maravillosos planes de reciclaje. Será que nos lo hemos inventado, tantos no puede fallar en lo mismo.

Ecoescuelas sociales. ¡Sí, por favor!

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El simple hecho de utilizar un libro, encender una luz o manejar una tablet enlaza una malla de consecuencias múltiples. Reconocer el entramado de la vida debería ser un argumento principal en la enseñanza escolar. Sin embargo, la tendencia de manejar los contenidos aislados hace que las distintas dimensiones que tiene la vida activa y pensada todavía se mantengan alejadas de los intereses curriculares. Pero el tiempo apremia; hay que actuar sin demora para que la escuela sea ecosocial.

No se trata de fomentar un adoctrinamiento nuevo sino de preparar ciudadanos críticos que sepan entender las problemáticas sociales y ambientales. Frente a la múltiple y variada crisis ecológica y social que tenemos planteada, ya son pocos los que la niegan, se necesitan chicos y chicas que se ejerciten en el pensamiento crítico para que hagan de este un argumento de vida. Anotemos algunos ámbitos de trabajo escolar que nos sugiere la Fundación FUHEM: la superación del antropocentrismo, el cambio climático, la energía y los materiales, la alimentación, el capitalismo y las economías alternativas, la ciudadanía y la desigualdad de género, los conflictos y valores ecosociales. Es tiempo de mudanza, de hacer de la escuela un escenario de vida real que necesitará considerables cambios metodológicos.

Los polos dejarán de estar helados y el Everest, aunque crece, se acercará al nivel del mar

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Que la playa en donde nos bañamos se acerca a la cima del Everest es un hecho probado con medidas matemáticas, al margen de la exageración premeditada que busca esta afirmación. La distancia entre la altura global del nivel de mar y la cima de nuestro monte más alto se acorta, y no es debido a que la cumbre se erosione a marchas forzadas o que se esté hundiendo toda la cordillera del Himalaya; más bien parece que sucede lo contrario, que la montaña crece algo cada año pues la placa indo-australiana se empeña en no estarse quieta y chocar con la euroasiática.

Siendo rigurosos debemos decir que el acortamiento en metros es debido al aumento generalizado del nivel del mar; así de sencillo. Como los océanos están comunicados, el agua que se vierte en un sitio de la superficie terrestre, por ejemplo, la lejana y desconocida Groenlandia, acabará llegando a todo el Atlántico, o más lejos. Los efectos se sentirán con el tiempo en la línea de playa de ciudades tan alejadas como Barcelona, Lisboa, Lima, Guayaquil o Buenos Aires; en el Caribe la situación puede ser catastrófica. Pero hay otros movimientos raros.

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Producir y consumir alimentos también tiene riesgos y peajes

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Comer saludable es un empeño de cualquier persona. Lograrlo ya es más difícil. Que toda la humanidad se aproveche de este hecho se nos antoja por ahora imposible. No lo es solo porque la producción y distribución de alimentos falle, que también, sino por la elevada carga en plaguicidas que soportan las frutas y verduras, los cereales y cualquier cosa que salga de la tierra. Casi 80 000 toneladas de fitosanitarios riegan los campos españoles, una buena parte sales de cobre, pero también glifosato e imidacloprid. Unos dicen que son imprescindibles para producir los alimentos necesarios, para acabar con las crecientes plagas que acechan los cultivos; otros que no tanto, que la agricultura excesivamente intensiva no es sostenible. Podríamos pensar si no sería deseable una agricultura más respetuosa con el medio ambiente, menos costosa para los agricultores y aceptada socialmente, incluso por la salud de todos. Lean el artículo de El País del domingo pasado. Por cierto, y que produjese lo necesario, no tirase una tercera parte, como ahora. Atentos: incluso en agricultura ecológica hay problemas con el uso del sulfato de cobre

El cambio climático amenaza a la biodiversidad

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Siempre se habla de que el cambio climático nos está afectando en múltiples variables sociales y económicas, que algo habrá que hacer para mitigar sus efectos y adaptarnos a las nuevas situaciones, algunas críticas. Se habla menos, o muy poco, de cómo el cambio climático está afectando a la biodiversidad. Apunten esto: si la cosa sigue  aumentando, la mitad de las especies actuales están en riesgo de desaparecer. Como imaginamos su cara de sorpresa y su interés por saber más. Lean la investigación de WWF y las universidades de East Anglia en el Reino Unido y James-Cook en Australia en la revista Climate Change. ¿Qué opinan al respecto? ¿Qué harían para reducir la hecatombe biodiversa?

Los animales insultados merecen un desagravio razonado

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Seguro que a quienes amen la naturaleza les chirría cada vez que la escuchan. Vino a quedarse desde aquellos días aciagos, se cumplen ya diez años en los que las malditas hipotecas subprime tambalearon nuestras vidas; después empujaron los “Lehman Brothers y compañía” para decirnos que lo de la felicidad mundial por eso de la globalización era un cuento mal contado. Si buscan allí donde miran todos, en la Wikipedia, para conocer los entresijos del término no encontrarán ninguna justificación para semejante atropello lingüístico y conceptual hacia estas aves. Ellas, los buitres animales, no invierten en animales cercanos a la quiebra, ni especulan con nada; simplemente aprovechan los cadáveres para vivir, y de paso retornan a las redes tróficas una parte de lo que de ellas salió. Además nos “limpian” la naturaleza y favorecen el trabajo de otros descomponedores. Quizás el embrollo lingüístico que tanto nos desagrada a los naturalistas venga de la segunda acepción que le da el Diccionario de la RAE, que identifica a buitre como: “Persona que se ceba en la desgracia de otro”. ¡Mira que había posibilidades para identificar los atropellos dinerarios: fondos especulativos, aprovechados, estafadores, impíos, etc.! Sugerimos estudiar este asunto en la escuela.

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