Ecología

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El prodigioso vidrio tiene muchas vidas si la gente colabora. ¿Cómo lo hace usted?

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De Ecoescuela abierta en El Diario de la Educación.

Seguro que en algún momento nos han atraído las botellas de vidrio, más ahora que las fabrican de tantas formas y colores. Como muchos de los antiguos adelantos, su historia es apasionante desde que aparecieron en Egipto o Mesopotamia hace unos 3.000 años. A partir de ahí llegó la revolución, primero se emplearon para guardar cosmética; después los antiguos romanos adoptaron esas vasijas para servir sus vinos en la mesa de los ricos. Quizás estas dos funciones (ser contenedores de perfumes y vino), además de su transparencia, estuvieron en el origen de la alta consideración que las botellas de vidrio han tenido siempre. 

Pocos dudan hoy que la sociedad tiene que volverse ecologista, a la vez realista, y no puede malgastar materias primas ni energía. Recoger el vidrio para darle una segunda vida, y muchos más usos, supone la no emisión de millones de toneladas de gases de efecto invernadero y se evita la extracción de millones de toneladas de materias primas. El vidrio de ida y vuelta emite destellos de una sociedad coherente, en forma de botellas y envases de distintos tipos y colores, que parece que están diciéndonos: úsame de nuevo o llévame al contenedor verde. Semejante logro daría sentido a lo que en nuestra sociedad es una tarea pendiente: la economía circular, de la que hay gente que “no ha oído hablar”. Hay que educar a los ciudadanos en este nuevo modelo de producción y vida.

De esto se debe hablar en las escuelas, al alumnado de cualquier edad. Uno de los temas del desarrollo curricular de muchos cursos trata de los materiales en la vida diaria. Por cierto, no estaría de más conocer qué materias primas y cantidad de energía se emplean para fabricar inicialmente el vidrio –junto con las emisiones que conlleva–, y cuáles si se hace mediante el reciclado de los frascos y botellas triturados.

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La semana contra la pobreza energética se alarga para algunos a todos el año

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La pobreza energética acecha a muchas familias. El alto coste económico de disponer de una energía que garantice al derecho humano que es vivir impide a bastante gente lleva una vida digna. En esta semana de “La pobreza energética” interesa conocer la realidad española, también la europea y la del mundo en donde hay muchas personas en semejante situación. Debemos ser conscientes del problema, saber lo que se está haciendo por disminuirlo, por si queremos apuntarnos a semejante reto. Visite esta página de la Asociación de Ciencias Ambientales y se enterará por qué se eligió esta semana; mi padre hablaba cada vez que las temperaturas eran muy bajas durante días seguidos del duro febrero de 1956 en Los Monegros aragoneses, que no fue tan horrible como en 1891 pero casi. No deje de visitar Ecodes para saber mucho de lo que supone y se hace en este cometido, tampoco estaría de más que leyese algunos artículos de la página especial de El País. Hemos de conseguir entre todos que no haya ningún hogar sin energía, el chispazo ético que no ayudará a acometer más proyectos colectivos. Por cierto, ¿ha hecho cuentas de cuánto gasta en energía eléctrica o para la calefacción un año entero en su casa? Divídalo por semanas o días. ¿Qué le parece?

Episodios meteorológicos extremos, recurrentes; ¿La evidencia del cambio climático?

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Recuerden los finales de enero y principios de febrero, cuando las televisiones nos traían imágenes de temperaturas invernales extremas en EE.UU. y Canadá -un vórtice polar que dicen no tiene relación con el cambio climático-, o nos hablaban de los elevados calores veraniegos de Australia. La diferencia de temperaturas entre algún lugar de un país y otro puedo estar en el mismo día en 100 ºC. Vale, pensemos que ha sido una casualidad -nos da pie a tonterías como la que expresó esos días Donald Trump-, pero los científicos aseguran, ya no solo opinan, que esta polarización meteorológica/climática irá en aumento. ¿Recuerdan The day after tomorrow (El día de mañana)? Claro que las cosas no suceden igual por todo el mundo, que hay regiones más “tranquilas” que otras. En casi todas hay un creciente número de periodos anormalmente cálidos al comienzo de la primavera, con los consiguientes efectos en el ciclo biológico de las plantas que no utilizan el fotoperiodo para regular sus floraciones, con los despistes vitales del resto de las criaturas. ¡Qué decir de los efectos en las personas! The Lancet publicó que en 2017 había acontecido más de 712 fenómenos climáticos extremos, que costaron, entre otras cosas, unos 285.000 millones de euros. Imaginen lo que sufrirían las personas y el resto de los seres vivos. ¿Estamos dispuestos a que siga el carrusel? Pues eso.

Antártida en deshielo acelerado; presagio de problemas globales

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De Ecoescuela abierta en El Diario de la Educación.

La Antártida apenas tiene cabida ni en la vida ni en la escuela, tanto que mucha gente duda si es un continente o no. Está tan lejos y es tan desconocida que solo sabemos de ella por fotos, y porque hace más de 100 años Scott y Amudsen se lanzaron a recorrerla. Pero tiene una importancia trascendental en el presente y en el futuro. El también llamado desierto helado –por la escasez de precipitaciones básicamente– resulta ahora un poco más cercano porque cada año lo visitan varias expediciones científicas en los meses de enero y febrero; allí es verano como en el mayor parte de América del Sur; cuesta explicar esto en clase pues los argumentos científicos chocan con las ideas desordenadas que el alumnado -la gente normal también- utiliza para interpretar la esfericidad de la Tierra y sus movimientos elípticos. Quienes están allí ahora, algunos compañeros de quien esto escribe, científicos de la UAM, rastrean marcas que sirvan para entender el pasado, que saben que está conectado con el futuro, pues conocen que el hielo acumulado atrapó restos, semillas, granos de polen, etc., a lo largo de tiempos remotos. También se asombran de la pérdida de una buena parte de su hielo.

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¿La hora climática de los jóvenes?; en ellos estará la esperanza si se movilizan y cambian sus hábitos

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En los ámbitos ecologistas y sociales ha llamado la atención la protesta de los jóvenes belgas –no solo había jóvenes sino también de todas las edades- ante la dejadez de sus dirigentes para atajar de verdad una parte de los efectos del cambio climático. A esa protesta social, el Primer ministro Michel respondía en Le Soir que se ha hecho mucho contra el cambio climático pero quizás no se ha explicado bien. Quizás hay que escuchar con más atención la contundente crítica de la adolescente sueca Greta Thunberg en el sentido de que se está robando el futuro de la gente que viene detrás y por eso anima a la “Huelga climática, Climate Strike” – , no yendo los viernes a clase, para que el problema climático forma parte de la acción colectiva. ¿Qué deberíamos dejar de hacer los demás para recordarnos a nosotros mismos que el asunto es serio? Sin duda arrimarnos al fuego que pretende calentar el debate climático en Europa. Cada día que permanezcamos impasibles, los niños y jóvenes lo sufrirán en sus vidas.

Medioambiente y escuela se interpelan en clave de sostenibilidad

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De Ecoescuela abierta en El Diario de la Educación.

Se trata realmente de rescatar la posible trascendencia de la escuela en la mejora o el deterioro del escenario ambiental y social, y de sus múltiples expresiones. Ahora mismo, la escuela puede ser un laboratorio de participación en torno a lo que es la vida, a cómo una parte de las sociedades han llegado a ser ecológicas, a debatir de qué forma se puede mitigar las complejas problemáticas ambientales o compartir si simplemente nos queda adaptarnos a ellas. Para lograrlo, la escuela debe llevar a cabo una revisión crítica de sus currículos, una buena parte de ellos obsoletos y marcadamente epistemológicos. Además, debe ser en sí misma sostenible, como institución formada por personas que se relacionan con distintos intereses: la gestión de los recursos, la generación de residuos, el uso de la energía, los planes de movilidad que aconseje al alumnado y al profesorado, etc.  Aunque todo salga bien, siempre hay que tener presente que cuando se crea disponer de todas las respuestas a las problemáticas socioambientales, después de un trabajo bien hecho, seguro que aparecerán nuevas preguntas; eso es el diálogo vivo entre medioambiente y escuela: (en)clave de sostenibilidad.

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La salud planetaria necesita un cambio de dieta urgente

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Por si no había reparado en ello, las dietas humanas están totalmente vinculadas con la sostenibilidad ambiental. Es indudable que el incremento de la producción de alimentos en los últimos 50 años ha contribuido a mejorar la reducción del hambre severa y la esperanza de vida pero también ha generado cambios de dieta poco saludables. Las tradicionales dietas –basadas más en alimentos de origen vegetal- han cambiado hacia  un “modelo alimentario de estilo occidental” – un alto consumo de calorías, alimentos altamente procesados, bastantes azúcares añadidos, sodio y grasas no saludables- procedentes buena parte de productos animales. Todo esto está tendiendo sus impactos en la salud humana, a escala personal y colectiva, con elevados gastos sanitarios pero también es insostenible a escala ambiental. La producción actual de alimentos ya está impulsando el cambio climático, la pérdida de biodiversidad, la contaminación y demasiados cambios drásticos en los usos del suelo y el agua. Si quieren más fundamentación de esta cuestión, lean el artículo Plate and the Planet de Harvard Chan; no tiene desperdicio ese plato del planeta. Alíñenlo con La dieta perfecta para salvar el planeta y la salud del ser humano, publicado en El País. Y mantengan siempre en la despensa EAT Fundation, que se titula como la plataforma mundial basada en la ciencia para la transformación del sistema alimentario.

El calentamiento de los océanos va más rápido de lo que se pensaba

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Uno quería empezar el año dando una buena noticia sobre el cambio climático. Pues no. Ahora resulta que el calentamiento global de los océanos todavía es mayor de lo que se pensaba, según publica recientemente (el 11 de enero) Science. Los científicos han utilizado nuevos sistemas de medición (balizas Argo que recogen cambios en los 2000 primeros metros) para asegurarse de que es verdad lo que ahora cuentan. Previenen de que ese más elevado calentamiento, y también su distribución espacial no homogénea, van a intensificar la intensidad de las precipitaciones, va a suponer un aumento del nivel del mar con el consiguiente efecto en las zonas costeras, la destrucción de los arrecifes de coral va a extenderse. Al calentarse más, los océanos contendrán menos niveles de oxígeno con las consiguientes afecciones a la vida. Y uno de efectos más graves del calentamiento global que ya todos conocemos: la disminución de las capas de hielo, bien sean glaciares o  casquetes en las regiones polares. ¿Hay por ahí alguien que no sea consciente? Por lo que se ve, dirigentes de varios países sí, como se ha podido comprobar con el fracaso de Katowice; ¿No será que las apetencias económicas impiden cualquier acuerdo?

Las toallitas húmedas tienen un lugar principal en el rutilante escenario del consumo contaminante

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De Ecoescuela abierta en El Diario de la Educación

Imaginemos que los estudiantes de primaria y secundaria realizan tareas caseras de compra, aunque sea como acompañantes. Pregúnteles si han visto en las estanterías a las reinas de la higiene personal; sí, estamos refiriéndonos a las toallitas húmedas, que son “lo más plus”. Han colonizado nuestros cuartos de baño y por ellos expanden su glamour; tienen un gran poder de seducción. Por eso no debe sorprendernos que en un colegio de una gran ciudad española el papel higiénico haya sido sustituido por las toallitas húmedas. Así me lo contó una compañera entusiasmada (sic). Normal que así pase pues en cualquier supermercado se pueden encontrar de diversas marcas y calidades. Parece que nos dicen: ¡Cómprame, soy lo mejor que te puedes encontrar! Pero tienen bastantes peros. Su primera paradoja existencial es que su vida útil es efímera: duran unos segundos, se cargan de cosas sucias y enseguida se tiran. La segunda es que en el envase pone que son biodegradables, que se pueden tirar al inodoro directamente; gran mentira, y si no que se lo pregunten a las depuradoras, a donde llegan casi intactas. Algunos de sus componentes tardan 500 años en desaparecer.

Indaguen entre el alumnado de su clase si se conocen, si en su casa las emplean, si hay alguien que las utiliza, o, incluso, si hay alumnas o alumnos que las portan en la mochila…

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La transición climática de los bosques no es sencilla; el tiempo los encorre

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Cada cual, unos más que otros, se prepara para llevar a cabo su transición climática. Todo el mundo biológico está en marcha, adaptándose a la entropía que siempre nos dominará. Escuchamos noticias de variaciones en la vida de animales y plantas, que colonizan sitios antes impensables, como algunas aves migratorias africanas que se quedan en España a pasar el invierno y se irán de veraneo a Europa del Norte. Las personas también caminan en diferentes direcciones. Los aciertos y los errores se combinan: unas veces empujados por la ignorancia, otras por la imposibilidad de recorrer semejante camino en tan poco tiempo.

Los bosques aguantan como pueden los embates del cambio climático. La debilidad permite que agentes patógenos se ceben en ellos, o será cosa de la entropía permanente de la naturaleza, que así acaba con el arbolado más debilitado. Sin frío proliferan más los atacantes, sin agua los árboles no son capaces de generar estructuras resistentes que les hagan frente. El antropizado cambio climático actúa de impulsor del deterioro global que padecen ya casi una cuarta parte de los bosques. Si alguien no lo cree, que pregunte a las encinas, acuciadas por sequías y lluvias torrenciales en el sur, que en tiempos sabían responder a los agentes patógenos con más o menos generación de biomasa y asignación de sus recursos. Seguro que las masas boscosas van a cambiar. ¿Hacia dónde? No se sabe porque el tiempo los encorre y ellos permanecen anclados en el suelo.

Treinta años ya del Protocolo de Montreal, un acuerdo básico para la vida

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En ocasiones triunfa el sentido común, incluso en las relaciones entre países, y se conciertan iniciativas globales para proteger a la gente y a la compleja biosfera en la que esta vive. El Protocolo de Montreal -negociado largo tiempo antes tuvo su antecedente en el Convenio de Viena para la Protección de la capa de ozono y fue firmado en 1987- entraba en vigor del 1 de enero de 1989, al ser ratificado por los países necesarios. Supuso un hito en las relaciones internacionales, un ejemplo que podría haberse seguido en otras muchas problemáticas ambientales y sociales, una lección para la lucha contra el cambio climático. Después se han hecho correcciones que han mejorado estrategias y compromisos. La realidad es que se ha salvado la capa de ozono, tan importante para nuestra vida. De la destrucción de la capa de ozono ahora casi nadie habla, pero hace cuarenta años las perspectivas eran muy sombrías. Si no las recuerda, si quiere saber más, aquí tiene dónde mirar.

“The Ecologist” se asoma al mundo despoblado para rescatar sus pequeños detalles

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Hay publicaciones que se dedican a ponernos delante los detalles que dan argumento a la vida; The Ecologist es una de esas. En este caso aborda la despoblación y explora caminos para salir de ella. ¿valdrán para el caso de España? A lo largo de los años nos presenta argumentos para cuestionar la vida atropellada en la que nos hemos (han) metido, sin saber realmente hacia dónde vamos (nos llevan). Merece la pena leer de vez en cuando  (cada día más) palabras críticas, pensamientos razonados, denuncias de atropellos, etc., para entender que la visión del mundo no solo admite miradas forzadas, que es mejor el pensamiento lento y compartido para retomar algo sencillo que nos permita vivir mejor en conjunto y retomar una parte de la satisfacción personal; quizás un poco de la vida más sana que está por llegar si todos nos empeñamos.

Por cierto, ¿qué opinan del anuncio que vende un pueblo abandonado? Mejor lean el artículo completo. Tiene miga.

“Mi vecino Totoro” recuerda, después de 30 años, el valor del medio natural y la vida tranquila

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No lo vamos a explicar mejor que el artículo de Francesc Miró en eldiario.es. Acérquese al cine a ver la película cuyo argumento sigue vivo después de 30 años. Algunos la tacharán de sensiblera pero otros la consideramos un canto a la naturaleza, al valor de la amistad y al poder de las relaciones familiares. Y, ¡por qué no?, a creer en el mundo mágico de los duendes y deseos. Vayan a verla y comenten en familia lo que dice sin utilizar sobresaltos, y debatan si no haríamos bien en retomar la vida tranquila. Si quiere saber más entre en Generación Ghibli.

Microplástico llegó en 2018 a ser una estrella de la lengua española; ojalá sea para bien

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La lengua española se enriquece por el uso que se da a nuevas palabras, por más que algunas de estas delaten lo alejados que estamos de ser coherentes en nuestra vida individual y colectiva. Cuando la Fundéu elegía las 12 que iban a competir por ser la palabra del año 2018, se encontró con nuevos formatos de hablar en lo social (mena o menores no acompañados, los nadie, micromachismo, dataísmo, nacionalpopulismo, etc.) y en el medioambiente (ecocidio, alargascencia, ecoimpostura  o ecopostureo, esmog, Hora del Planeta). Todas ellas cargadas de sentido y trascendencia. Al final la elegida ha sido microplástico, que designa a aquellos fabricados de forma diminuta –presentes en muchos productos- o a los trozos degradados de otros más grandes. La palabra está ya en nuestra vida, como en todo el medioambiente. ¿Por qué no hablar del asunto y de paso restarle protagonismo actuando para reducir al máximo los perjuicios que ya nos causa? Por cierto, los microplásticos nos pertenecen, los hemos generado nosotros; ¿Misión nuestra será recogerlos? Digo.

Cómo no vamos a insistir si hasta la sal está plastificada. Acabo de darle acomodo en el procesador de textos, para que no me dé error de escritura, a pesar de que la RAE no lo tenga en su diccionario. Pero claro, así deja de recordarme la necesidad de hacer un uso más razonable de los plásticos y esos otros productos que contienen los “micro”. Mejor lo dejo. Por cierto, varios países ya los han prohibido en los cosméticos.

Descarbonizar, se hizo célebre en 2018 por necesidad

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Era una de las palabras nominadas a la celebridad por la Fundeu en este 2018 que acaba hoy. Mañana empieza la maniobra para cerrar las explotaciones de carbón, combustible que tiene una parte de la culpa de la notoriedad de la palabra. El cierre de las minas provoca un desastre de empleo y vida en algunas poblaciones. Los administradores de lo público lo sabían y poco o nada han hecho; habrá que actuar con premura para devolver la esperanza a la gente de esos territorios, que la hay fuera del carbón.

Pero descarbonizar puede ser tan famosa o más en el año que mañana comienza; queda pendiente una  transición energética que reduzca los combustibles fósiles en la movilidad, que fomente las energías renovables y vaya elininando de nuestras vidas la dependencia de las fósiles. Un consejo: celebre la entrada del año nuevo con el propósito de descarbonizarse a partir del 1 de enero, para acabarlo con un futuro menos negro. Su salud se lo agradecerá.