Ecología

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¿Qué pensarán las hormigas europeas de nosotros como especie socializada?

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Decía una fábula que propagaron en sus tiempos Esopo y Jean de la Fontaine -este incluso se atrevió a decir que debían instruir a los humanos- que las laboriosas hormigas en nada se parecían a las ociosas cigarras. Félix  M. de Samaniego también abordó el asunto. Sin ir tan lejos,  Disney les dedicó un corto. No es extraño; unos y otros defendían que el esfuerzo y el trabajo aseguraban la vida. Ese principio ha formado parte de la cultura universal como una estrategia de supervivencia. Asunto que no hubiera venido muy bien en la actual pandemia, en la que se echa de menos previsión y solidaridad entre semejantes.

Volviendo a las hormigas y su espíritu colectivo, recuerdo un trabajo publicado por la revista “Behavioral Ecology and Sociobiology” en su número de septiembre de 2015  que recogía un estudio de la Universidad de Arizona que afirmaba que la mitad de los individuos del hormiguero son unos ociosos/ poco previsores y despreocupados; o sea, que ni su sociedad es perfecta. Los investigadores trataban de encontrar fundamento a esta inactividad: pereza, no hay trabajo para todos, ociosidad programada, son los privilegiados los que no hacen nada, algunos son reservistas, hay algo de falta de previsión, se desconoce el concepto de incertidumbre, un poco de chulería ante el enemigo, etc. Uno se acuerda de La Fontaine y trata de ver si en la sociedad actual hay individuos poco previsores, egoístas, reservistas o simplemente ineptos. las hormigas actúan como especie socializada pero no parece que tengan líderes; lo de la hormiga reina es otra categoría.

Viene todo esto a cuento del sálvese quien pueda que han entonado los países de la UE, del escaso eco que nos aquí nos hicimos de la pandemia de Wuham porque era cosa de chinos, de que creíamos tener suficiente llena la despensa de lo básico, de la tardanza en reaccionar a estímulos que no entendíamos -no solo es cosa de las hormigas-. En fin, que nos faltó el principio de precaución desde hace décadas y en esa tesitura cualquier enemigo hará estragos en una sociedad globalizada en múltiples fragmentos. Se destrozó de forma estrepitosa, bueno una vez más, la ilusión colectiva que en algún momento se llamó Unión; dicen que en unos 15 días van a encontrar una solución al egoísmo magnificado. Lo más grave es que barruntamos que solos no nos iría mejor, haríamos como las cigarras del cuento: cantar y cantar. Solamente tenemos que atender a las polémicas de algunos regidores y regidoras de las CC.AA. contra cualquier decisión que toma el Gobierno de España, que por supuesto puede estar equivocado o no, pero vaya papelón que le ha tocado. ¡Qué tenga suerte!, nos irá bien a todos. Como vemos, en esta colonia europea ahora debilitada hay muchos tipos de hormigas.

NOTA FINAL: Tras el día después deberemos dejar de formar parte de las hormigas egoístas, pero necesitaremos líderes, al menos en Europa, para demostrarles a las hormigas que no nos ganan en eso de ser especie socializada, y sin embargo solidaria.

Bosques desaparecidos, privados de biodiversidad interrelacionada vs virus expandidos

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DECIMOSEGUNDO DÍA DEL ESTADO DE ALARMA EN ESPAÑA:

De Nicolás Guillén : Mire la calle. /¿Cómo puede usted ver/ indiferente a ese gran río/ de huesos, a ese gran río/ de sueños, a ese gran río/ de sangre, a ese gran río?

¡Vaya! Se nos olvidó dar las gracias a los bosques el día 21 de marzo, que era antes el día del calendario que no señalaba por qué nuestra vida tiene todavía una cierta confortabilidad. La FAO lo había preparado recordar con un título de alerta global: Los bosques y la biodiversidad. Demasiado preciosos para perderlos; algunas organizaciones ecologistas también. No nos resistimos a copiar algo de la Web del Día Internacional de los Bosques de este año:

“Cuando bebemos un vaso de agua, escribimos en un cuaderno, tomamos medicamentos para la fiebre o construimos una casa, no siempre relacionamos estas acciones con los bosques. Sin embargo, estos y muchos otros aspectos de nuestras vidas están vinculados a los bosques de una manera u otra. Los bosques cubren un tercio de la superficie terrestre y juegan un papel fundamental en la vida del planeta. Más de 1 000 millones de personas —incluidas más de dos mil pueblos indígenas— dependen de los bosques para sobrevivir: les proporciona alimentos, medicinas, combustible y abrigo. Son fundamentales para combatir el cambio climático

Tantas palabras bellas, tantas ideas reconfortantes para perderlas oscurecidas por la pandemia del COVID-19, que en pocos días ha tapado el resto de nuestras preocupaciones; las retomaremos en cuanto nos dejen un poco de hueco en el pensamiento. Acabamos de leer que la pérdida de los bosques puede tener bastante relación con la propagación de los virus. Se destapó la capa protectora ecosistémica y de allí partieron los inductores del Ébola, el VIH o el dengue. Los virus se liberan de sus huéspedes originales por la acción humana.

Cuidado con la alerta: El Centro de Prevención y Control de Enfermedades de Estados Unidos (CDC, en sus siglas en inglés) estima que el 75% de las enfermedades nuevas emergentes que infectan a los humanos proviene de animales.

Si alguien no lo cree solamente debe escuchar el tiempo. Seguro que esta asociación será silenciada pero aquí queda escrita. Acostumbrémonos a pensar que lo increíble puede ser probable, o posible.

¡Salud a los bosques! Dejemos en paz su salvaje biodiversidad. ¡Qué la pesadilla del último virus salvaje acabe pronto!

No sé qué decir frente al contagio del patógeno humano

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UNDÉCIMO DÍA DEL ESTADO DE ALARMA EN ESPAÑA

Ante el naufragio vírico que nos está castigando no cabe sino protegerse de sus impactos. La descontrolada irrupción del COVID-19 ha puesto en cuarentena la multiforme economía mundial, derrotando incluso al dinero. ¡Quién lo iba a decir! Pero además ha limitado las libertades personales, ¿Dónde ha dejado tantas luchas sociales?; y está haciendo estragos en la sanidad colectiva, el gran logro universal del siglo XX. ¿Qué se puede argumentar ante semejante cataclismo? De tal calibre ha sido el envite, que algunos se sintieron dentro de un nuevo “apocalipsis bíblico”. Parecía una cosa remota cuando empezó, lo veíamos como imposible de llegar hasta nuestras súper protegidas sociedades. Quienes sufrieron al comienzo vivían tan lejos, eran tan diferentes a nosotros. Sin embargo, la distancia se hizo nada y el tiempo se constriñó. En estos momentos Italia y España se han colocado en el epicentro del coronavirus, donde más golpea. Los servicios sanitarios no dan abasto para limitar sus efectos; a pesar de ello, decenas de miles de personas enfermarán y demasiadas morirán.

No sé si lo que otros dicen me sirve; hay tantos mensajes que se superponen unos a otros que lo más que logran es acrecentar agonías;los avisos se convierten en necrológicas si alguien se engancha a los continuos informativos televisivos.

Seguir leyendo en La Cima 2030 de 20minutos.es.

Homenaje al agua, que hace de vehículo de antisépticos contra el coronavirus

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“Toda el agua del mundo es una abuela/ que nos cuenta naufragios y regatas/ que nos moja la sed y da permiso/ para seguir viviendo otro semestre”, al decir de Mario Benedetti.

Pocos se acordaron de su día, el 21 de marzo, que es cuando se le rinde todos los años un homenaje universal. Este año no, pasó sin hacer ruido, como siempre porque fluye delicadamente, pero prestando un servicio universal. Ya antes de consumirla, cada uno de los días de esta plaga del coronavirus, se alió con el hipoclorito y otros desinfectantes para destruir los posibles patógenos que pudiera tener en origen. También dentro de ella viaja el hipoclorito que lanzan los equipos de personas que desinfectan nuestra calles, ciudades y estancias; en ella se combina el jabón (con sus sales y triglicéridos) que protege nuestras manos una y otra vez de las posibles trazas del coronavirus. Con ella, convenientemente calentada y con los aditivos necesarios, lavamos buena parte de los materiales reutilizables para luchar contra la pandemia; las lavanderías de los hospitales saben de qué hablamos. Seguro que el personal sanitario se acuerda de ti cada vez que se enjabona las manos, cuando se ducha en casa tras una jornada agotadora, porque le acercas antisépticos o desinfectantes útiles. Sin ti no podrán protegerse ni siquiera las manos los pobres, los más pobres de los países ricos y quienes carecen de abastecimiento y saneamiento en el mundo.

Portadora de antisépticos y desinfectantes añadidos se lleva los patógenos víricos no se sabe dónde; tampoco nos importa mucho ahora si dañarán o no a alguien. Algo de esto sabremos con el tiempo. Tendremos que reflexionar sobre ello, porque el mundo se nos está haciendo multivírico, y nos ha sumido en el despiste total. Pero seguro que algo aprenderemos, seguro que te valoraremos cada día más; tú también necesitas cuidados.

Imaginamos que las aguas limpiadoras llegarán por las alcantarillas a las estaciones de depuración; allí nuevos tratamientos les devolverán una parte de aquella salud que en tiempos tuvieron, o no; los ríos nos dirán si los seres vivos encontraron rastros en su vida. El agua, siempre al agua, olvidada y a la vez objeto de adoración, como otras muchas cosas que nos pasan desapercibidas en esta vida acelerada. Ahora mismo, merece ese aplauso, al menos con el pensamiento, que lanzan en España los ciudadanos confinados.

Cuando todo esto pase recuperaremos tu fiesta, también la hemos dejado apartada para evitar las aglomeraciones.

Cambio climático y consumo se alían contra la salud infantil

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“El mundo no está ofreciendo a los niños una vida saludable ni un clima adecuado para su futuro”. Así se encabezaba la nota de prensa que la Organización Mundial de la Salud y Unicef, en base a un estudio realizado y publicado en The Lancet, lanzaron hace unos días de forma conjunta. Si se piensa con detenimiento, cuesta creer que nos encontremos en el año 2020 con amenazas planetarias varias, en particular las motivadas por la dejadez de las distintas sociedades, religiones y grupos colectivos, cuyo final supone el castigo a quienes más dicen querer: sus niños y jóvenes, eso que supone el porvenir de sus esperanzas como colectivo. Así limitan su potencia en el entramado futuro mundial. Es más, cuesta imaginar que una buena parte de las familias, lo podemos comprobar en algunas que tenemos al lado, permanezcan inconstantes en sus cuidados y consiguientes peticiones para la protección global de la salud de sus hijos. ¡Qué se puede demandar a quienes gobiernan si ellas mismas se despistan a menudo en la salvaguarda de la salud de sus hijos e hijas!

La nota aludida más arriba era muy seria, alertaba de catástrofes sociales. Seguir leyendo en La Cima 2030, de 20minutos.es.

Consumir cada vez antes todo lo que la Tierra generará en 2020

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El día en el que en su país desbordaría, si toda la humanidad consumiera per cápita lo mismo,  todo lo que la tierra generará en 2020 cambiará seguro en relación con 2019. Recordemos lo que sucedió el año pasado, que adelantó la fecha del anterior. Con datos de 2016, los países tardan bastante en remitirlos a la ONU, ahora nos dicen que la biocapacidad global era 1,63 gha (Una hectárea global es la cantidad anual mundial de producción biológica para uso humano y asimilación de desechos humanos, por hectárea de tierra y pesquerías biológicamente productivas). En Suiza, para el mismo año fue 4,64 gha por persona. es decir, si toda la gente del mundo mundial viviera como los suizos se necesitarían 2.8.  planetas. Digamos también que en algunos países no sobrepasan lo que les correspondería por persona para que todo se mantuviese más o menos igual que el año anterior; no llegan a 1,63 gha.

Piense, viendo esta imagen, dónde harán más y donde menos (no olvide que son previsiones) por restañar la ética global, esa que en algún punto dice que hay que caminar coordinados para no dejar a nadie atrás, que debemos preservar el planeta para las generaciones futuras. Aquí va la tabla de Global Footprint Network si quiere verlo de otra manera, si le apetece enterarse de cómo se realizan los cálculos. Por cierto, la misma institución ha organizado un concurso para que cada cual, usted mismo, aventure qué día será realmente cuando su país sobrepase la huella ecológica personal que le correspondería. Participe.

Si la contaminación del aire fuese un coronavirus

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Seguramente saldríamos con mascarillas de las buenas, o estaríamos confinados en casa. Se habrían suspendido no solo la circulación de coches por las calles sino el transporte de mercancías. Las autoridades sanitarias se reunirían todos los días y en le tele y las tertulias no se hablaría de otra cosa. ¿Por qué cuesta reconocer que respiramos un aire que envenena, que enferma y mata más lentamente que un coronavirus pero se extiende por todos los lados? La Fundación Española del Corazón alerta de que unas 30.000 muertes anuales en España están vinculadas a la contaminación al aire respirado, buena parte de las cardiovasculares entre ellas. Ante semejante emergencia, que lo es claramente, los gobiernos miran para otro lado; la gente calla y no se alarma como con el coronavirus dichoso, incluso se sienta a tomar algo en terrazas situadas en calles con niveles de contaminación alarmantes. Una pregunta bienintencionada. ¿Cómo cambiaría la vida si las autoridades, sanitarias o no, tomasen este asunto como una pandemia “coronavírica” y desarrollasen serios protocolos de prevención y atención? Es posible que las urgencias de los hospitales se aligerasen. Otra cuestión que se nos escapa: ¿La autoridades sanitarias de cada CC.AA. informan a la ciudadanía de cuántas muertes se producen en su territorio ligadas a la contaminación del aire? Pues eso.

Si se quieren enterar de las ciudades españolas donde más se enfermará por respirar miren aquí

La odisea “ODSiana” de las CC.AA. va para largo

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El Informe 17 ODS x 17 CCAA es el primer estudio que se lleva a cabo en estos ámbitos de forma conjunta. Analiza unos 200 indicadores para “tratar de dilucidar la aproximación diferencial a las Metas de cada ODS en las 17 CC AA, a la vez que evaluar el desempeño comparado de cada CC AA en todos los ODS, en los diferentes bloques temáticos y a nivel general de la Agenda 2030”. En el informe se establecen rankings. En realidadintenta detectar carencias y pretende focalizar el grado de cohesión territorial en la transición hacia los presupuestos de sostenibilidad y de equidad establecidos en la AgendaImaginamos que con el informe se pretende que a partir de él cada administración se mire en el espejo.

Las conclusiones del estudio advierten de una enorme disparidad en el cumplimiento de los ODS por CC AA Esto se produce a pesar de que los organigramas de los Gobiernos de muchas Comunidades aparecen cargos que llevan el apellido ODS. Habremos de darles tiempo. Porque, mal que nos pese, ninguna de esas se podría calificar como totalmente sostenible, pues no alcanzan buena nota en el conjunto de los cerca de 200 indicadores que se tienen en cuenta. Hay que resaltar que no todas las CC AA avanzan igual de rápidas hacia la meta de la Agenda 2030. Hay que denunciar que algunas se contentan con poco, o partieron desde muy atrás.

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La educación debe circular impulsando la justicia social de los ODS

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Se ha puesto de moda hablar de la economía circular, esa que busca un sistema más sostenible y humano. Imaginemos por un momento que, como propaga en su página el Parlamento Europeo, la economía del mundo se basa en un modelo de producción y consumo cuyo lema es usar los ajustados recursos materiales o energéticos para hacerlo lo mejor posible. Necesariamente, habrá que compartir usos, reutilizar máquinas y materiales, reparar utensilios y destrozos, renovar procesos para usar menos y reciclar una y otra vez materiales y productos existentes, de tal forma que se logre darles un valor casi infinito; en algunos casos se puede. Si así se obra, el ciclo de vida de los productos se extiende; incluso los beneficios llegarán a las personas, más baratos y mejores, y al medio ambiente.

Repasemos estas ideas, tanto en la escuela como en la vida que es escuela sin pupitres. Comparémoslas con el modelo económico que domina en este momento: “usar y tirar”, referido no solo a lo material sino a lo aprendido dentro y fuera de las aulas. Si es aprendido, la mayor parte se desvanece una vez ha perdido el estímulo, o se ha pasado con éxito el examen o la eficacia del momento particular. La educación es un escenario social; no entenderlo así nos encamina al fracaso.

Se podría hablar mucho de este asunto en la escuela, del derecho a tener y compartir, a reutilizar lo que se tiene, a que el beneficio de los recursos convierta las relaciones económicas en convivencia entre iguales, a que impere la justicia social. Por eso, vamos a intentar emerger el poder no aprovechado de la educación circular.

Seguir leyendo en Ecoescuela abierta de El Diario de la Educación.

“Mi querida España” suspende en sostenibilidad, cantaría Cecilia

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Cecilia le cantaría hoy mismo aquello de dónde están tus ojos, dónde están tus manos y dónde tu cabeza, por la lenta gestión que hace de los problemas ambientales que tiene encima.

Todo, a pesar de que durante los últimos meses, en España brilla un disco. Todo lleva el calificativo, apelativo si se quiere ser más justo porque supuestamente pretende influir en quien lo escucha, de sostenible o sostenibilidad; ambivalentes términos sujetos a controversias conceptuales y no digamos a acciones contradictorias. Pero mucha gente y bastantes empresas, no pronuncian bien esa idea, o no entendemos lo que dicen quienes observamos con detalle; por eso nos atrevemos a decir aquí que España balbucea sostenibilidad. Pongamos por ejemplo el asunto de la emergencia climática, mucho se dice y poco se hace. O si lo quieren el crecimiento económico, el PIB, que manda hasta en la sopa, cuando debería ser el IDH u otros índices. Pasa el tiempo, el año 2030 viene acelerado, y si se sigue hablando con esta pronunciación dificultosa, tarda y vacilante, qué pensamientos no habrá detrás. Al final, por unos u otros, la vida se nos hará insostenible. Si no lo creen, revísenlo en el futuro.

En la anterior entrada de este blog, dábamos cuenta de que la UE suspende clamorosamente en sostenibilidad. España, que gana a algunos países perezosos o con políticas perversas, va por detrás de la media en muchas cuestiones. Ante el estado de la cuestión hay quien se consuela; otros como las ONG ambientalistas y sociales se desesperan. Menos mal que la actual vicepresidenta del negociado global suele hablar con claridad; damos la bienvenida a la secretaria de Estado para la Agenda 2030.

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Para qué depurar las aguas. Es mejor pagar multas, aunque se enferme

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Eso es lo que deben pensar las administraciones españolas pues su demora en acometer algo tan básico como la depuración de las aguas residuales está costando, a todos nosotros, multas millonarias de la UE y trastornos en la salud, que tardaremos mucho más en reponer, o puede que no lo logremos. No se entiende este asunto que está resultando hediondo, dañino y denunciable en los juzgados. Increíble pero cierto, las mayores multas que impone la UE a sus estados miembros están relacionadas con problemas ambientales, esos que se dice que tanto preocupan. España tiene en trámite cinco posibles sanciones por no depuración o calidad de las aguas, ¡Solo hay 1.100 aglomeraciones urbanas implicadas! La directiva comunitaria, aprobada en 1991, obliga a todas las aglomeraciones de más de 15.000 habitantes a depurar correctamente sus aguas residuales. Que nadie olvide el caso del Mar Menor, el icono del mal gobierno en España, de la despreocupación de agricultores y ciudadanos de todas las sensibilidades.

Por cierto, hay imputados varios regidores y otras gentes por la mala gestión del asunto, además de por los dineros escamoteados. Ecologistas en Acción lleva años luchando contra la desidia depuradora. A ver si logra sus objetivos.

La Unión Europea suspende en sostenibilidad

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Apetece darse una vuelta por la Unión Europea, un escenario de los más convencidos para abordar de una vez los problemas ambientales y sociales, para ver cómo va el asunto de los ODS. Para ello qué mejor que leer el informe Europe Sustainable Development Report 2019 publicado por la Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible (SDSN, por sus siglas en inglés) y el Instituto de Política Ambiental Europea (IEEP), que aporta unos cuadros de indicadores para medir el progreso de los estados miembros. La afirmación que se subraya al comienzo deja en suspenso el futuro: ninguno de los 28 países de la Unión Europea está en camino de cumplir los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) para 2030, a pesar de que la UE lidera en el mundo el proceso de aproximación a los ODS.

Continúa subrayando el informe, casi transcribimos textualmente lo que dice, que son Dinamarca (puntuación 79,8), Suecia y Finlandia los países más cercanos al cumplimiento de los Objetivos, seguidos de Francia, Alemania y Austria, mientras que en el extremo contrario se encuentran Bulgaria, Rumania y Chipre (55,0). España se emplaza en el puesto 14 (66,8), en un término medio que sirve para consolar a unos y para alertar a otros.

Apuntemos los mayores desafíos pendientes en la UE: acciones para paliar la emergencia climática, políticas de salvaguarda de la biodiversidad y tránsito hacia economía circular; sin olvidar que hay que luchar más y mejor contra las desigualdades que afectan tanto a unos países en relación a otros como a grupos de personas dentro de cada país. El informe recomienda el urgente desarrollo de una estrategia, a escala de toda la UE, para descarbonizar completamente el sistema energético para 2050, fortalecer desde este momento la economía circular. Además, la promoción del uso sostenible de la tierra y una cuidadosa producción de alimentos, de sostenibles modelos productivos y comerciales, para el año 2050. También llama la atención sobre la necesidad de aumentar la inversión pública y privada en infraestructura sostenible, que pasa por el racional uso de la energía y las mejoras del transporte. No se olvida de recomendar el incremento de la inversión en educación, capacitación e innovación, con un enfoque especial en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas y en investigación de tecnología sostenible. Pero no se olvida de hacer llegar que el principio de todo es que la Unión Europea debe ser sostenible en sí misma, pero además ha de situar el desarrollo acorde en el centro de su actividad diplomática y en el área de la cooperación.

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Quién paga el peaje contaminante de los que viajan en avión

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Volar es un deseo compartido por mucha gente; ya lo quiso Ícaro, pero se acercó demasiado al sol y acabó en el abismo. Viajar en avión hace realidad más de un sueño, aunque semejante placer individual tiene un alto coste ambiental. Se sabe que incluso un vuelo de corta distancia (poco más de 2 horas entre Madrid y Roma) produce más contaminación por pasajero que la provocada en todo un año por un habitante de países como Mali, Congo, Etiopía, etc. Quienes viajen desde aquí a Nueva York, sepan que generan semejantes emisiones a las que se surgen de calentar una casa normal europea durante todo un año.

Los expertos climáticos avisan de la dependencia del aumento de temperaturas medias con las emisiones aerotransportadas. Mal va la cosa, pues la Organización Mundial de Turismo (OMT) pronostica que en 2019 se voló un 5% más que el año pasado, que ya supuso un incremento respecto al anterior. Ahora, las emisiones totales ya representan un 300% más que en 1990 y se prevé que podrían triplicarse en las próximas tres décadas; normal, pues se esperan 40 millones de vuelos, más de 100.000 diarios. Solo un detalle: por los aeropuertos españoles se movieron en julio unos 30 millones de viajeros. Se entenderá el gran revuelo que ha organizado la gente de ‘Flygfritt 2020’, por ejemplo, comprometiéndose a no coger aviones en todo el año, o los deseos de algunos suecos que se han inventado el ‘flygskam’ (vergüenza de volar en avión) y el ‘tagskryt’ (orgullo de viajar en tren).

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El pin sostenible se viraliza

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Los flamantes Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) han provocado una cantinela generalizada. Se los han aplicado por todos los lados: desde los calendarios y las marcas de coches hasta el turismo; en la última Fitur celebrada en Madrid incluso vendían destinos de aire sostenible (sic). Qué decir de los recientemente celebrados Premios Goya del cine español. Se ha hecho público que Aenor los certifica como evento cero emisiones lo mismo en el consumo energético que en el transporte y alojamiento de invitados, también en el consumo de agua y en la gestión de residuos, el merchandising, la seguridad y otras cosas; incluso algunas invitadas al evento han reutilizado vestidos de otras personas. Dice la nota de prensa emitida que la compensación se ha llevado a cabo mediante los mecanismos establecidos por la ONU; pero no los especifica. Algo se mueve todo para dar valor al ODS. Núm. 11, Acción por el clima.

Sea postureo o no, empieza a sonar el hecho de que la vida tal cual la llevamos es insostenible, que el pin sostenible debe ser visible permanentemente para recordárnoslo; lo más conveniente es portarlo en el interior de nuestro pensamiento, pero mientras tanto… Nos gustó que lo exhibiese el actor Jesús Vidal, o el director Javier Fresser, premiados por la excelente película “Campeones” en la entrega de los goyas del año pasado.

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Culpabilizar a la naturaleza no nos salvará del siguiente episodio

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La naturaleza va a su ritmo entrópico pero cada vez tiene más incidencias antrópicas. Su devenir bascula de un lado para otro respondiendo a condiciones físicas extremadamente complejas, algunas se mantienen y otras cambian. Podemos pensar en un ámbito concreto, si quieren una serie de vectores, para anticiparnos a lo que puede suceder en el devenir natural, siempre cambiante pero ahora mucho más. Primera lección que nos deja la borrasca Gloria: La meteorología no sigue leyes humanas. Gloria vino y extendió su contradicción etimológica: dejó desastres allá por donde pasó, pérdidas humanas y materiales. También dejó lecciones, pero de esas pocos aprenden. Nos vino a decir que vendrán otras hermanas o primas suyas, casi seguro que pronto y no se sabe si con más energía acumulada y desordenada. Pero lo más importante que debíamos aprender es que la masiva ocupación del espacio costero, en las orillas de los ríos, la eliminación de los barrancos, la superurbanización de zonas frágiles nos ha preparado para sufrir, y sufriremos; da igual a quién le echemos la culpa. Esto no exime a las autoridades de la configuración de protocolos que aminoren los efectos de otros episodios de la naturaleza, pues esta siempre quiere sentirse libre por más que le vuelvan a poner los impedimentos que esta vez se llevó por delante.

Combinemos estas dos frases para pensar en Gloria: “La inocencia no encuentra protección en la culpabilidad” dijo François de la Rochefoucauld, a lo que se podría añadir aquello que manifestó más o menos Oscar Wilde sobre que el hombre puede soportar aquellas desgracias accidentales y que llegan de fuera; pero las que vienen de sus propias culpas son la pesadilla de la vida, al menos en lo colectivo.