Ecología

Ahora a vivir de la despensa ecológica

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El pasado día 12 habríamos consumido en España todo lo que el sistema tierra-aire-agua y social que nos corresponde habría sido capaz de generar durante el año 2022 completo. O dicho de otro modo: si todos los habitantes de la Tierra llevasen nuestro tren de vida ese día se deberían cerrar los supermercados de recursos ambientales. Lo dicen los cálculos del Global Footprint Netword, criticados por ciertas entidades que tienen intereses varios en la dinámica comercial. Nuestra huella ecológica no debería haber ido tan allá, pero aquí estamos echando mano de la despensa, bien sea propia o ajena. Cada año que pasa la fecha del sobrepaso se adelanta, la de España y la mundial. Y claro, hay que utilizar para vivir el remanente que durante tantos centenares de años fue generando el sistema global, que no sabemos cuánto durará.

La despensa ambiental es la depositaria del tiempo. En algunos lugares nació con esplendores varios mientras que en otros solamente exponía limitaciones. Para quienes no estén muy puestos diremos que para calcular el día del sobrepaso se tienen en cuenta dos cuestiones básicas: la biocapacidad de la Tierra (cantidad de recursos que el planeta puede generar ese año en las grandes áreas como las tierras de cultivo, las dedicadas al pastoreo, los enclaves forestales, las zonas de pesca y también las tierras edificadas. El segundo concepto que se emplea para ese cálculo es la huella ecológica, es decir, cuánta superficie de estas áreas productivas necesita determinada población (la de un país o la mundial) para “producir todos los recursos que consume y al mismo tiempo absorber los desechos que genera”.

Entre todas las despensas, que se rellenaban más o menos según lugar y otras circunstancias, componían el ecosistema Tierra, que cada vez se siente más vacío de valor. El asunto no afecta solamente a España, por desgracia. Si mal no recuerdo, hace unos 50 años, ese día del sobrepaso mundial se establecía alrededor del 30 de diciembre. Desde entonces la fecha se ha adelantado más de 200 días. 

Vamos a suponer, aunque sea mucha benevolencia, que gobiernos, empresas y ciudadanía quieren ponerse a trabajar para devolverle parte de lo robado al planeta. Hagan todo lo posible, pero sepan que las ONG ambientalistas no tienen dudas en que este déficit de esperanza de vida global es debido, entre otras causas, al actual modelo de producción y consumo. Generador además de buena parte de la crisis/emergencia climática y de la destrucción a ritmos acelerados de la biodiversidad.

Ahora viene la moraleja: si sabemos qué lo provoca cómo somos incapaces de reducir esos qué. La fábula de Jean de La Fontaine «La encina y la caña» venía a decir, más o menos, que en momentos de adversidad y problemas, la soberbia tumba incluso a los menos débiles. Por contra, el ejercicio sencillo y comprometido de la vida que practican los sensatos y humildes la sostiene.

El avance de la desertificación no cotiza en política

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Desertificación es una palabra poco amable, apenas se escucha en la vida cotidiana. Escasamente la emplean la gente que mira desde la geografía o el ambientalismo hacia el lugar donde vive y un poco más allá. Sin embargo, la lucha por evitarla debería ser una línea de retención para asegurar la vida futura. A veces no se pueden construir los diques vivenciales, pero en otras sí. Se dice, más o menos, que un territorio está en camino de sufrir desertificación cuando la proporción entre la precipitación anual y la evapotranspiración potencial está comprendida entre 0,05 y 0,65. Así lo marca el Convenio de la ONU para la Lucha contra la desertificación (CNULD). Casi todo el territorio español son áreas áridas, semiáridas y subhúmedas secas. Una mirada al mapa que define los territorios de España en esta situación produce temores, y el problema es que no hace sino aumentar. 

El riesgo y avance de desertificación no cotizan en las sedes parlamentarias de España. Apenas se les nombra y cuando se consiguen delimitar acciones importantes, como el ya antiguo Programa de Acción Nacional contra la Desertificación, estas acaban enseguida en el cajón del olvido. Así pues, no debe extrañarnos la reciente información periodística que afirmaba que las 3/4 partes del territorio es susceptible de desertificación, y eso solamente debido a causas climáticas. Merece la pena  echarle un vistazo  a esta entrada y revisar causas y repercusiones. Vienen varias informaciones globales y por comunidades autónomas.

Lo peor de lo malo es que la acción humana hace mucho para aumentar este riesgo. Greenpeace viene llamando la atención sobre el problema, que es global. Con su permiso recogemos lo que decía en junio de 2021:

  • Siete de las diez cuencas hidrográficas con mayor sequía crónica de toda Europa se encuentran en España
  • Según la Agencia Europea de Medio Ambiente, se prevé que la Península Ibérica sea la región europea más afectada por la sequía
  • La sobreexplotación de los recursos hídricos, la agricultura intensiva y la urbanización irracional, están entre las principales causas
  • Solo cambiando mucho las políticas hidráulica, forestal y agrícola podemos frenar uno de los principales problemas de nuestro futuro

Aunque insistiremos sobre el tema hacia el 17 de junio, Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía, el problema es tan grave y urgente, veamos lo que está sufriendo Doñana y los peligros que la acechan, para que la política en su conjunto actúe, vea la realidad del problema. ¡Qué alegría si celebrásemos ese día con proyectos y avances atrevidos!

El gas consumido como moneda de pago ético

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Las atrocidades que están cometiendo los proyectiles rusos se difuminan en el gas consumido por las economías europeas de la UE, que tantas amenazas han lanzado contra la economía rusa. En casos como este, el pensamiento, por más altruista que sea, no da de comer, no mueve la industria ni los transportes, no incrementa las cuentas de resultados de las grandes multinacionales. Por cierto, algunas de ellas se están enriqueciendo a manos llenas con la guerra y sus consecuencias.

En bastantes ocasiones, la sociedad que pretende ser ética se mantiene sin caer a plomo a costa de mirar hacia otro lado cuando el espectáculo la contradice. Pero el asunto no es sencillo. Planteemos la siguiente hipótesis: se celebra una consulta popular en los países de la UE. Solo con tres cuestiones: A su juicio: A. Se debería priorizar el mantenimiento económico, o el crecimiento del PIB, de su sociedad; B. Habría que renunciar al consumo de gas ruso aunque supusiese posibles desgracias (los precios más caros, imposibilidad de viajar en determinados casos, cierre de muchas industrias, aumento del paro, etc.); C. No sabe, no contesta. Es posible que el resultado no fuese favorable a la segunda posibilidad. Quien busca la verdad corre el riesgo de encontrarla, vino a decir alguna vez Manuel Vicent. La ética no es una amiga permanente; si lo fuera no fallaría cuando más necesidad tenemos de ella.

Demos tiempo al tiempo. La ética global y sostenible, ahora con mil caras y adornos, se materializa en dineros a nada que nos descuidemos. Pero mientras el cielo se derrumba sobre nosotros, explórense todas las posibilidades para mantener una ética global de la que nos sintamos un poco más orgullosos. No vaya a sucedernos aquello que temía Jean Paul Sartre: Como todos los soñadores, confundí el desencanto con la verdad.

 

Invertir en la Tierra da réditos de supervivencia global

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Todos los años aparece en el calendario mundial para decirnos que está ahí. Cada 22 de marzo se generan multitud de noticias y actos que hablan de un continente olvidado, casi desaparecido, llamado Tierra. Por eso hemos querido retrasar un poco esta entrada, para que la ola biogeográfica llegue más de una vez a la orilla pensativa de quienes más pueden hacer por no estropear su devenir natural. Siempre se suele decir que es nuestro continente. Iría mejor hablar que es el lugar que nos contiene, del que somos deudores como el resto de las criaturas que lo habitan. Unos y otras somos privilegiados. Pero ya se sabe, cuando algo no falta poco suele recordarse a menudo.

La Tierra es vida; ahora enferma porque debe cogestionar demasiados cambios bruscos. Algunos son propios de su existir, y cambiarían de forma progresiva o regresiva en su entropía permanente. Mientras que otros se han incrementado aceleradamente a causa sin duda de la sensación de pertenencia que los humanos tenemos con respecto al Planeta.

En los mensajes que se prodigan estos días manda el hecho indudable de la contaminación del aire, que también pertenece al sistema Tierra. De esto se habla mucho pero no se escucha apenas, al menos lo que debiera. Seguro que el Planeta está triste por esa falta de atención, que es global. Tierra antigua que se mezcla con una nueva, que cambia los ritmos vitales de forma acelerada. Se dice con vanagloria que poco a poco la especie humana conquistó la naturaleza. Craso error pues la conquista supuso demasiada destrucción. Si pudiésemos hacer un viaje en el tiempo retrocediendo unos 2.000 años no la reconoceríamos. Este sistema biogeográfico es un ir y venir unas veces calmado, otras convulso. Por eso no debe haber un solo Día de la Tierra.

Las personas, como colectivo, somos arrendatarias de su destino. Pero la están destruyendo y acabarán quedándose sin oportunidades. Algo así vino a decir la pintora mexicana Frida Kahlo. ¿Qué pensaría ahora vistos las crisis causadas por el cambio climático, la COVID-19 o las guerras? ¿Con qué trazos pintaría al Planeta y sus criaturas?

Vivir es una experiencia compartida, por eso deberíamos tener señalado en todos los días de nuestra agenda el deber de acaparar lo menos posible para que nada cambie demasiado rápido, o sea irreparable. Alguien tan respetado como John J. Audubon manifestaba que los verdaderos conservacionistas son quienes saben que el mundo no ha sido heredado de sus padres, sino prestado por sus hijos. En cierta manera todos tenemos interés en seguir siendo habitantes de la Tierra, luego deberíamos hacernos conservacionistas, aunque nada más fuese por egoísmo. Debemos comprender el valor de la naturaleza en sí misma y actuar en consecuencia. Si así sucede, la naturaleza permitirá que los humanos estemos mucho tiempo más con ella.

Me gustaría terminar este chispazo invitando al pensamiento crítico en torno a una frase del filósofo argentino Santiago Kovadloff: “Durante centenares de miles de años, el hombre luchó para abrirse un lugar en la naturaleza. Por primera vez en la historia de nuestra especie, la situación se ha invertido y hoy es indispensable hacerle un lugar a la naturaleza en el mundo del hombre”. Ahora a esperar hasta abril de 2023, pero manteniendo la mente comprometida en torno a lo que significa el Planeta sin tener las manos quietas, comprometiéndonos sin excusas en las reparaciones que podamos desarrollar, individual o colectivamente.

Descubrimos que el solucionario de los incrédulos climáticos está en blanco

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La vida sigue igual, y no nos estamos refiriendo al éxito de aquel cantante español. Hablamos de la climática. Igual pero con dimensiones distintas. Más cambios, más grandes, más urgentes y sin embargo, parece que la gente, en sentido universal, está dormida. O tiene tantas preocupaciones diarias que le impiden avanzar en el tiempo. Los incrédulos climáticos tienen un solucionario: si no te afecta bruscamente, si no te empuja por un precipicio, si no arden tus propiedades, si no te ha chamuscado hasta las cejas, etc., déjala pasar que mañana será otro día. 

El solucionario de los incrédulos no necesita fechas, no dice cuando se arreglará el panorama mundial que sí afecta al resto de los vivientes. El IPCC, ese conjunto de científicos que no les hacen ni cosquillas a los incrédulos, afirma con rotundidad que el planeta ya no va a ser el mismo y que hay cambios irreversibles que no hacen bien a nadie. Pero también habla de que existen las herramientas para limitar algunos efectos. Se sabe que estos últimos años la contaminación del aire no ha crecido a la velocidad de antes, pero también se constata que no se ha hecho lo suficiente para controlarla más. 

Estamos en la cuenta atrás. «Las emisiones de gases de efecto invernadero deben llegar a su momento pico antes de 2025, con ese año como punto de límite. Además, deben caer hasta reducirse un 43% para 2030», dice el último informe del IPCC. Se desgañita Antonio Guterres, el Secretario General de la ONU, con sus advertencias: Los topes marcados por el IPCC no son ficción, no son exageración, antes bien algo real que deja claro lo que se le viene encima al planeta. Una advertencia general nuestra: somos parte de ese planeta, por más que muchas veces lo disimulemos. 

Descubrimos que el solucionario de muchas empresas y gobiernos que se apuntaron al pacto verde europeo tiene poco más que las tapas, muy bonitas eso sí. La únicas hojas escritas sirven para demostrarse a ellos mismos que si un problema tiene solución se arreglará libremente, y que si no la tiene por qué preocuparse. No han debido leer nunca lo que dicen que Albert Einstein, le han atribuido tantas frases que ya dudamos de muchas de ellas, dijo: los problemas de hoy no los puedes solucionar pensando (y actuando) igual que pensabas cuando los creaste. Casi podíamos resumir nuestro solucionario en esa frase. Pero mientras lo hacemos queremos darle una vuelta a aquello que afirmaba el filósofo Ludwig Wittgenstein referido a la cosa matemática: «No hay enigmas. Si un problema puede plantearse, también puede resolverse». ¡A ver si se van a agarrar a la idea los incrédulos climáticos» 

Hace años ya era tarde para retener el cambio climático, pero todavía podemos aminorar su magnitud

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Dice el último informe del panel IPCC que el pico de las emisiones de gases de efecto invernadero debería conseguirse en 3 años, y a partir de ahí bajar por un pendiente sostenida. Todos somos conscientes de que se nos acabó el tiempo de gloria consumista y del estado de binestar sin esfuerzo propio, pero también conocemos que no todo está perdido. Alguien dirá que está hasta … de tanto aviso. Que no será para tanto cuando seguimos viviendo, que es más importante acabar con la COVID, con la guerra de Ucrania o encontrar un trabajo digno que nos permita aspirar a logros mayores en nuestro bienestar. Pues no, se equivocan. Lo de la huella ecológica de cada cual por su consumo de combustibles fósiles o con productos y materiales tiene repercusiones en la vida propia y de los vecinos.

Las mujeres y hombres que constituyen el panel que estudia el clima en la ONU avisan de que el calentamiento amenaza el bienestar humano y la salud planetaria, que será letal para una parte de la humanidad, porque la vulnerabilidad es otra de las desigualdades de la sociedad actual y futura. La lectura de miles de investigaciones les obliga a reconocer que “el alcance y la magnitud de los impactos” de esta crisis “son mayores de lo estimado” hasta ahora. Mientras los gobiernos de los países ricos, no tenemos datos de los de los pobres, siguen primando el consumo de combustibles fósiles. 

Hace un par de días escuchaba decir a un afectado por las convulsiones del Mediterráneo que era la cuarta vez que este año se le destrozaba su negocio de restauración colocado al borde de la playa. Me interesaría conocer a qué achacaba esa desgracia. Por lo que leo en un periódico, el problema es que no dará tiempo de restaurar todo antes de las vacaciones de Semana Santa y muchos negocios perderán. Me pregunto qué no hemos entendido del cambio climático, o nos negamos a ver. Los medios de comunicación y las administraciones son cómplices de la falta de educación informal de la gente sobre este asunto.

El reciente récord de temperaturas alcanzado en la Antártida no es una buena noticia. Empecemos a pensar lo que les sucedería a las zonas de la playa mundial, el agua de los océanos fluye a lugares lejanos por si no lo sabían, se se repite esa tendencia. Digámosles que uno de los reguladores del clima son las corrientes oceánicas, que están cambiando de patrones de funcionamiento. Por eso no nos parece desacertado el título del artículo de El País que enfatiza diciendo «Ahora o nunca«. No lo veamos como una catástrofe sino como un recordatorio del día a día.

 

Preparándonos para lucir la lucha climática.

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Es mañana pero aquí lo traemos hoy, casi en forma de contrapuntos entre mundos diferentes: el individual y el mundial. Digamos que lo primero es parte de lo segundo porque se manifiesta en forma de un destino, deseado u obligado por las circunstancias climáticas. Alguien anda por ahí encerrado en una cáscara de nuez, como si no le afectara nada. Alguien que en realidad son bastantes; todos no. Porque el tiempo que le falta al clima para ser catástrofe no se mide con los relojes, sino con los sentimientos. Porque el rastro de cada cual va más allá de las huellas que dejaron sus zapatos. Hay gente tan despistada o egoísta que cuando la ciencia descubra donde está el centro del clima se va a enfurecer al descubrir que no es ella misma. No sabemos cómo reaccionará al saber que este invierno ha sido el más caluroso desde 1961. 

Lucir o enlucir el clima, ¡Vaya impertinencia! Más de uno de los que se mirasen en un espejo para ver cuál de las dos tareas están realizando desaparecerían al instante. Frente a los activistas por el clima están quienes no hacen nada, tienen la ventaja de que nunca yerran. Aunque a decir verdad, la mayoría de los humanos climáticos tenemos un polo positivo que atrae y uno negativo que repele; todo depende de quien nos mire. Lucir o traslucir, enlucir o deslucir, son cosa particular y colectiva. Con todo, la humildad climática consiste en transigir con nuestros errores y ser conscientes de que la moderación consumista y el compromiso personal casi nunca encuentran aplauso fuera de nuestra propia esfera. A veces hemos de conformarnos con no ser de lo peor que hay, que nos suena como a un elogio. ¡A ver si la felicidad, climática, va a consistir en saber unir el principio de lo que hacemos con el final de lo que conseguimos! 

Se me había olvidado. Ayer 23 de marzo se recordaba el Día Meteorológico Mundial. En esta página se contaban los desastres provocados por las bruscas o largas variaciones meteorológicas. Atentos a los informativos el día 26 para ver qué nos cuentan sobre el Día Internacional contra el Cambio Climático, hay dos en el calendario. Imaginamos que entre todo lo hablado entenderemos algo del momento crítico, pero no sabemos lo que quedará en la conciencia colectiva unos días después.

El agua olvidada en un mundo convulso

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El título de esta entrada está casi copiado de una obra literaria. Quiere llamar la atención sobre el agua que somos. Necesitamos llenar nuestro diario del agua, desde que nos levantamos hasta que nos acostamos, en cualquiera de las actividades de trabajo u ocio. Por eso se verá que la relacionamos con todas las categorías de este blog. No llueve y los embalses están casi vacíos, como retándonos al olvido que seremos por no saber recordar.

Según parece, en la mitología griega, a quien moría le daban a elegir antes de volver a nacer dos posibilidades: beber de un río que le proporcionaba el olvido absoluto de su vida anterior y el otro le otorgaba la posibilidad de recordarlo todo. Habida cuenta del riesgo en que nos encontramos en relación con la disponibilidad del agua cabe preguntar algo parecido a cada una y a todas en conjunto de las personas: nos olvidamos del pasado y presente de nuestra relación con el agua o mejor recordamos todo lo pasado para sostener un futuro menos incierto. 

Desde muchos lugares se nos lanzan mensajes que nos recuerdan el riesgo de los olvidos. Hoy mismo, 22 de marzo, se celebra el Día Mundial de las Aguas, en plural porque aguas hay muchas, con diversos usos, en formatos más o menos útiles para nosotros, en el planeta de las aguas que es la Tierra. Lo sabe bien quien se crió en la estepa monegrina, en donde se adoraba el agua por su escasez. Las generaciones posteriores habrán bebido otras aguas, pero siempre quedará en el recuerdo las balsas donde se recogía el agua de lluvia, siempre escasa, para beber. Atrás quedaron las novenas y la canción infantil que imploraba que lloviese a la Virgen de la Cueva.

Por entonces nada se decía de esos 60 litros por persona y día como derecho humanoLa ONU viene publicando cada año sus informes esos que nos dicen cómo va evolucionando el derecho, que todavía no disfrutan cientos de millones de personas Hay que leerlos y saborearlos para entender el agua que fuimos y podemos ser.

Agua de Alfonsina Storni, que veía «Elásticos de agua mecen la casa marina. Como a tropa la tiran. La tapa del cielo desciende en tormenta ceñida: Su lazo negro. Vigila. Asoman en la tinta del agua su cabeza estúpida las bestias marinas». Agua para no olvidar. Como aquella agua cortesana de la que hablaba Juana de Ibarbourou: El agua tiene un alma melancólica y suave/ que en el lecho arenoso de las ondas solloza,/ atrae, llama, subyuga. ¡Dios sabe si la nave/ que naufraga, en sus brazos de misterio, reposa!

Agua de ayer y de hoy para no olvidar ni a los que la despilfarran ni a quienes no la tienen ni para satisfacer sus necesidades básicas.

Leer el artículo completo en el blog La Cima 2030 de 20minutos.es.

Día Mundial de los Bosques, complejos mundos donde no solo hay árboles

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Como antaño, el árbol tiene su día en el calendario mundial y son muchos los lugares en donde escolares o personas mayores ejemplifican eso que dicen que asegura la vida completa: plantar un árbol. Hoy mismo se celebra en todo el mundo un recuerdo al árbol, al tótem sagrado que ha sido utilizado siempre para representar a los bosques. Durante mucho tiempo se denominó «del árbol» pero la ONU decidió en 2012 cambiarlo por el Día Mundial de los Bosques. Así daba valor a los ecosistemas complejos que forman los bosques, no solo los árboles. A estos ya los había homenajeado Joan Manuel Serrat. Nos cantó la rebelión de los árboles solidarios del mundo, poniendo música al cuento de Mario Benedetti. Pero los bosques son algo más, son un compendio de biodiversidad allá dónde existen, por pequeños que sean. El amor al bosque lo poema como pocos Nacha Guevara, aquella actriz y cantante que supo hablar claro y alto en No llores por mí Argentina.

Hay cientos de cuentos sobre los bosques pero de lo que vamos a hablar aquí no es ningún cuento. Procede de un artículo publicado en elDiario.es. Lleva por título una alerta poderosa: La crisis climática empuja a la selva del Amazonas a un punto de no retorno en su senda de degradación. Cuenta las conclusiones de una publicación de la revista Nature en que se afirma que «El 75% de la selva amazónica muestra un incremento en su deterioro desde el año 2000 “compatible con la aproximación a una transición crítica” en la que “la deforestación y el cambio climático pueden haber empujado a la Amazonía hacia un umbral de extinción del bosque”. Uno de los grandes pulmones del Planeta en riesgo de no serlo. Nos recuerda que entre la deforestación, los grandes incendios forestales intencionados o no, el creciente cambio climático y el uso del terreno para actividades humanas están aniquilando la selva.

Una curiosidad: ¿Tiene pensando algo especial para acordarse hoy de los bosques? ¿Acaso la planificación de una acción posterior? Se puede empezar por una respiración profunda pensando en ellos, una mirada cómplice al contenedor azul de su calle junto con el deseo de visitarlo más a menudo.  Pueden visionar El hombre que plantaba árboles de Jean Giono, con la pretensión de que pasado un largo tiempo llegasen a ser un bosque. O quizás regalarse, para leer en familia y prestarlo después, Walden.La vida en el bosque de H. Thoreau o el más actual Un bosque herido de José Ignacio Vesga.  Adelante. Artemisa y Silvano, cuidadores de los bosques, se lo agradecerán, y las generaciones futuras también.

Con(ciencia) ciudadana para valorar la biodiversidad

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Que la gente, urbana en este caso, está mejor informada que hace unas décadas es un hecho innegable. Conoce más detalles de las causas y consecuencias de fenómenos o tendencias sociales a las que antes apenas miraba. Menos aún se preguntaba dónde estaban la raíz y los frutos del tal o cual fenómeno o acontecimiento. La ciencia aplicada se ha acercado a la ciudanía para darle claves del origen y del proceso que siguen determinadas cuestiones. De entre todas estas, podríamos detenernos en algunas tan importantes como la contaminación o la movilidad urbana, etc., pero las dejamos para otra entrada.

Pensemos simplemente en la biodiversidad. Llevémosla al ambiente urbano porque en el natural parece condición implícita. La biodiversidad urbana no siempre se ve. Se diría que queda al margen del mundo natural. Sin embargo, basta un paseo para comprobar que no vivimos solos en la ciudad, que la vida se expande fuera de nuestra casa. Posiblemente, conocer la existencia de esa vida, identificar alguno de sus componentes, es un primer paso para despertar en interés individual. Observemos mientras paseamos, detengámonos frente a algo vivo, preguntémonos qué le permite vivir ahí y si desempeña un papel vital en el ecosistema que es la ciudad a la que pertenece.

Ciencia que acerca a un conocimiento más riguroso de la problemática ambiental, que puede llevar a una valoración crítica, valorativa y transformadora. Dicen que en eso se basan los aprendizajes servicio, conocer algo que nos mueve a actuar en beneficio de todos. Ciencia que abre la puerta a la conciencia de que la biodiversidad, en este caso urbana, es una de las variables de la sostenibilidad global.

Ciencia urbana es seguir la evolución de ciertas especies, apreciar si abundan o no en nuestras calles, tejados o parques. Ciencia es fijarse y anotar cuándo tal o cual especie vegetal florece, preguntarse por qué lo hace así y anotar los resultados año tras año; mirar a los árboles de otra forma para que no queden como estatuas que adornan nuestras calles. Ciencia es mirar al cielo para ver cuando llegan vencejos, aviones y golondrinas, dónde tendrán sus nidos. Ciencia es buscar y fotografiar, ahora que todos llevamos cámara en nuestro móvil, a los insectos que aparecen cuando hace menos frío, en particular abejas y mariposas que pasan por un mal momento. Ciencia es cultivar y anotar sus cambios de plantas en el jardín o macetas de casa. Ciencia es mirar al suelo para ver qué tipo de tierra hay en determinados lugares y aventurar cuáles sostendrán mejor a las plantas. Ciencia es reconocer lo que sucede en determinadas plantas cuando aparecen nuestras alergias. Ciencia es descubrir a los líquenes que se agarran en árboles, muros o suelos. Ciencia es apuntarse a un proyecto de investigación sobre los ríos urbanos. Y tantas otras acciones que pueden formar conciencia de que la malla que une a toda la vida está pendiente de unos factores que genéricamente se llaman sostenibilidad. Ciencia es dejarse llevar en un parque o en el entorno urbano para soñar emociones. Ciencia es hablar de todo con nuestra familia y amistades, avanzar en darle contenido a la sostenibilidad urbana viva.

Para explorar más visite Ciencia ciudadana, naturaleza urbana y educación ambiental. Desarrollo de observatorios ciudadanos para la conservación de la biodiversidad y la transformación ambiental de las sociedades metropolitanas.

Ríos medicados, alarma sanitaria

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Hemos reconocido estos días algo que hace tiempo que sabíamos: los ríos están cada vez más medicados. La cosa es grave, más que nada por las afecciones a la salud de las aguas y a la biodiversidad que albergan. El agua que sale de los inodoros y otros usos domiciliarios, no vamos a decir nada de los residuos industriales porque hablaremos en otra ocasión, lleva cada vez añadidos. Recordemos que las aguas residuales, que al final van al río o al mar por muchas depuradoras que pongamos, se utilizan para saber la carga que hay en una ciudad de coronavirus.

Pero es que la cosa de la medicación se está poniendo fea. Acaba de publicarse en la revista cien tífica PNAS (Proceedings of the National Academy of Sciences) que la contaminación farmacéutica representa una «amenaza global para la salud humana y ambiental». No es un estudio más, sino que se refiere a ríos a los que van los impactos de 470 millones de personas en todo el mundo. Ya se sabía que los productos farmacéuticos y otros compuestos biológicamente activos utilizados por los humanos dañan considerablemente la vida silvestre, que los antibióticos en el medioambiente aumentan el riesgo de resistencia a los medicamentos, una de las mayores amenazas para la humanidad. Según cuenta The Guardian “las regiones que sufren el mayor impacto de la resistencia a los antibióticos en ese estudio se alinean estrechamente con las del estudio con la peor contaminación por medicamentos, lo que sugiere que la contaminación de los ríos puede estar jugando un papel en el aumento de la resistencia.” Trae una lista de los ríos analizados. Lahore (Pakistán), La Paz (Bolivia), Adis Abeba (Etiopía), Nueva Delhi (India) y Túnez se encuentran en los primeros lugares. Podemos imaginarnos la salud que tendrán los humanos que viven en sus orillas. 

En España, el río Manzanares es el más contaminado de los ríos europeos. Claro que aquí el asunto estriba en que lleva siempre tan poco agua que incluso se lamentaba  de tener tan gran puente en el poema de Lope de Vega «¡Quítenme aquesta puente que me mata,/ señores regidores de la villa;/ miren que me ha quebrado una costilla;/ que aunque me viene grande me maltrata! . “Manzanares, Manzanares, arroyo aprendiz de río, practicante de Jarama, buena pesca de maridos. Muy hético de corriente, muy angosto y muy roído, con dos charcos por muletas, …”, y más poemas que sobre él escribió don Francisco de Quevedo. Su “amigo” Luis de Góngora acuñó aquel chascarrillo de que los orines den salud al río. Y algunas descripciones más: Bien es verdad que dicen los doctores./ Que no es muerto, sino que del estío/ Le causan parasismos los calores;/  Que a los primeros del diciembre frío,/ De sus mulas harán estos señores./ Que los orines den salud al río.” Es que muchas veces todo el caudal procede de las residuales, que a la misma cantidad de medicamentos en un hilillo de agua mayor concentración. Despejemos una duda para la gente bien pensadas: las depuradoras solo se tragan lo gordo o fácilmente capturable. El resto de contaminantes se les escapan y vuelven otra vez a los ríos.

Son las aguas medicinales de las que nos habla El Roto. A quien no hemos pedido permiso, y nos disculpamos, para publicar su viñeta, pero expresa con pocas palabras todo lo que nosotros queremos decir.Imagen

Así pues, aquí tenemos una tarea pendiente: reducir la medicación para que el agua limpia permita que más seres vivan en ella sin peligros acumulados. Por cierto, en algunos tramos renaturalizados del Manzanares al menos se ha recuperado en parte la flora y la fauna visibles.

La calentura de los océanos nos puede socarrar

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Poseidón, en latín Neptuno, y sus cohortes anduvieron muchos tiempos protegiendo los mares. Empezaron en el Mediterráneo, que visto lo conocido hasta entonces debería parecer un océano. La tarea se tornó complicada pues los descubrimientos de los hombres añadían masas y masas de agua. Empezaron Colón y compañía. Puede que antes los vikingos ensancharan las aguas libres en grandes masas, pero estos ya tenían a Njord y a su diosa Ram para modular las aventuras de esos individuos. Después Magallanes y Elcano tuvieron su aventura de circunvalación marítima y la cosa se complicó. A todos estos se añadió el inglés James Cook  que igual se iba, en barco, a la isla de Terranova que al Océano Pacífico, se pasaba años viajando por los océanos durante los cuales estableció el primer contacto registrado de los europeos  en Australia o las islas Hawái. En fin, que los dioses de los mares y océanos no pudieron llegar a proteger tanta masa de agua. Además tenían enfrente un enemigo poderoso: los humanos y sus afanes de conquista.

¡Así estamos ahora! La OMM (Organización Meteorológica Mundial) avisa que el calentamiento de los océanos está alcanzando niveles de récord, y lo más grave es que dice que lo peor está por venir. El nivel de los mares del mundo ha aumentando 15 cm por cuestiones de deshielo glaciar y otras. El calentamiento global acelerado por nosotros lo está debilitando. Más nos valdría ser cuidadosos al menos para agradecer que en los últimos 40 años al agua marina haya absorbido entre el 20 % y el 30 % de las emisiones de dióxido de carbono que flotan por los aires, lo cual se traduce en que se ha «tragado» una buena parte del calentamiento global».  

Las consecuencias del calentamiento marino, en particular de los 500 metros superiores, pueden ser devastadoras, según cálculos del IPCC. Y no hemos dicho nada de la contaminación de las aguas y sus consecuencias, que colaboran en un desastre anunciado. Ya se empieza  a notar el socarrado en algunos territorios terrestres (sequías, hambres, migraciones, incendios, etc).

Algo se podría hacer para frenar semejante desastre, pero los países que podrían liderar el cambio de tendencia andan ocupados preparando guerras, como ahora sucede con el caso de Ucrania. 

España pierde el primer lugar de los infractores ambientales en la UE

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La Unión Europea, lenta para casi todo por los múltiples papeleos y presiones diversas, elabora cada año unos listados de las infracciones ambientales abiertas a los países miembros.

Nos habíamos resignado a ver a España en primer lugar pero mira por donde en el último informe aparecemos, con 24, detrás de Grecia (27) y Francia (25), aunque a corta distancia de estos y de otros muchos. Que si medimos las infracciones, con lo que cuesta abrirlas, podemos afirmar que los países miembros pueden hacer bastante mejor las cosas para mejorar su calidad ambiental.

En la estadística de infracciones abiertas por la UE correspondiente a 2021, pensemos que la pandemia habrá tenido su incidencia en el número de investigaciones en curso por causas diversas, aparecen 373 casos, muy alejados de los 451 del año 2020. Si analizamos los sectores donde hay más expedientes abiertos vemos que son gestión de residuos (79 infracciones que representan el 36 % del total), contaminación del aire (60 y 16 % respectivamente), en la naturaleza (86  son el 14 %), agua y otras.

Por cierto, en el año 2020 éramos los primeros detrás del Reino Unido, que por lo que se veía «pasaba un poco o bastante de lo que dijera la UE. Ojo a los datos de 2018, cuando ciertos gobiernos andaban en manos de algunos. ¿A qué habrá sido debida esta pérdida de España en la lista del horror ambiental en la UE? Hagamos cábalas. Además, pensemos que estas listas recogen las infracciones grandes abiertas, por ejemplo Doñana, el Mar Menor y compañía, y se pierde la contabilización de muchos golpes ambientales que en cualquier región se están soportando con los usos del agua, la contaminación del aire, la gestión de residuos y el reciclaje, etc. 

Nada se dice ahora del Algarrobico y otros atentados ambientales en nuestras costas. La entrada daría para mucho pero la dejamos aquí.

Las sequías marcarán el futuro, o lo negarán

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Nadie sabe cuando va a llover. Los trigales salen en romería para encomendarse a los campos, los frutales tempranos miran hacia arriba. El conjunto de la biodiversidad se sorprende de la despreocupación humana, cual si vivieran en un tiempo transitorio. Unos y otros se conforman, o mejor prefieren no decir nada, esperando que la diosa Naturaleza los socorra.

A la vez, la gente escucha un día tras otro los noticiarios del tiempo. Pero para saber si la lluvia le fastidia sus previsiones del fin de semana o vacaciones.  España es una tierra de sequías pero no lo parece. Los embalses se vacían aún más por servidumbres agrícolas y desembalses para generar electricidad cuando la luz estaba por las nubes.

Acaso es que la lluvia se ha cansado de llover, de ser un remedio sin tiempo ni colores, de figurar como una esperanza a caer en el olvido. La lluvia vivió siempre en el escenario de las incertidumbres; tanto que se llevó con su ausencia civilizaciones enteras. 

La sequía en España es un fenómeno recurrente, pero ojo cuando se inmortaliza la sequía. Al principio es una anécdota que el tiempo de días o meses se llevará por delante. Y vuelta a empezar. Pero ahora no sucede tan sencillamente. Dicen que se va intensificando por eso del cambio climático. Pero ojo, con negarla por olvido. Por muchos embalses que queramos hacer la lluvia no se retiene, se olvidó de llenarlos. Sequía prolongada es sequía vivida, aunque los urbanitas no la lleven dentro de sus preocupaciones. Poco les importan las sequías hidrológicas y agrícolas.

¿Qué haremos si no llueve pasado un tiempo? Un buen tema de debate social. Un asunto prioritario para ser tratado con coherencia en los parlamentos, allá dónde los políticos soportan aguaceros de verborrea sus sesiones y pocas veces sacan a relucir la lluvia fina. Esa que esperan sobre todo la gente rural y la biodiversidad en retroceso, muchas veces por falta de agua. Quienes sí tienen miedo a la sequía. Los parlamentarios deben hablar de la lluvia. Máxime cuando se pronostican años más secos. Apetece entrar en el hemiciclo y recitarles el poema de Federico García Lorca (1919):

La lluvia tiene un vago secreto de ternura,
algo de soñolencia resignada y amable.
Una música humilde se despierta con ella
que hace vibrar el alma dormida del paisaje.
Es un besar azul que recibe la tierra,
el mito primitivo que vuelve a realizarse.
El contacto ya frío de cielo y tierra viejos
con una mansedumbre de atardecer constante.
Es la aurora del fruto. La que nos trae las flores
y nos unge de espíritu santo de los mares.
La que derrama vida sobre las sementeras
y en el alma tristeza de lo que no se sabe.
La nostalgia terrible de una vida perdida,
el fatal sentimiento de haber nacido tarde,
o la ilusión inquieta de una mañana imposible
con la inquietud cercana del dolor de la carne.
El amor se despierta en el gris de su ritmo,
nuestro cielo interior tiene un triunfo de sangre,
pero nuestro optimismo se convierte en tristeza
al contemplar las gotas muertas en los cristales.
Y son las gotas: ojos de infinito que miran
al infinito blanco que les sirvió de madre.
Cada gota de lluvia tiembla en el cristal turbio
y le dejan divinas heridas de diamante.
Son poetas del agua que han visto y que meditan
lo que la muchedumbre de los ríos no sabe.
¡Oh lluvia silenciosa sin tormentas ni vientos,
lluvia mansa y serena de esquila y luz suave,
lluvia buena y pacífica que eres la verdadera,
la que amorosa y triste sobre las cosas caes!
¡oh lluvia franciscana que llevas a tus gotas
almas de fuentes claras y humildes manantiales!
cuando sobre los campos desciendes lentamente
las rosas de mi pecho con tus sonidos abres.
El canto primitivo que dices al silencio
y la historia sonora que cuentas al ramaje
los comenta llorando mi corazón desierto
en un negro y profundo pentágrama sin clave.
Mi alma tiene tristeza de la lluvia serena,
tristeza resignada de cosas irrealizables,
tengo en el horizonte un lucero encendido
y el corazón me impide que corra a contemplarle.
¡Oh lluvia silenciosa que los árboles aman
y eres sobre el piano dulzura emocionante,
das al alma las mismas nieblas y resonancias
que pones en el alma dormida del paisaje!

¿Quién sabe si será el detonante parlamentario de la sensatez compartida?

Los mayores carbonizadores del aire «se acercan» al ecologismo

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Me ha hado por introducir descarbonización en el buscador de Internet y en los primeros lugares aparecen una industria energética, un gran banco que tiene parte de su dinero en fondos de inversión poco beligerantes con el intento de hacer el aire más respirable, seguidas de otras dos multinacionales de la energía, amén de marcas de coches excelentes. A poco que alguien sea avispado y piense, entenderá que si semejantes empresas se promocionan como líderes en la descarbonización es por algo. Apuntemos que quizás actúan así porque que sienten remordimientos por sus antiguas y nuevas prácticas o, muy probablemente, porque necesitan presentar su teñido de verde a la ciudadanía. Así venden más.

Leemos en la prensa y escuchamos muchas veces cada día que nuestra tarea de habitantes de 2022 consiste en impedir que el mundo ecodependiente se deshaga. Albert Camus sigue vivo, a pesar de haber fallecido en enero de hace ya 62 años. Nos quedamos con aquello de que “Cada generación, sin duda, se cree destinada a rehacer el mundo. La mía sabe, sin embargo, que no lo rehará. Pero su tarea quizás sea más grande. Consiste en impedir que el mundo se deshaga”.  Será que, como él y otros muchos filósofos, poetas y escritores han lamentado que “todas las desgracias del hombre provienen de no hablar claro”. Suficiente material para la reflexión de si somos o no los principales, o algo, responsables del cambio climático.  Si lo conseguimos se lo iremos a contar a Camus al cementerio de Lourmarin. 

Por cierto, hace 125 años, allá por 1896, Svante Arrhenius, premio Nobel de Química unos años más tarde (1903), predijo que los niveles de COatmosféricos podrían alterar sustancialmente el clima de la Tierra. Desde aquí vaya un merecido homenaje.

A pesar de haber transcurrido tanto tiempo y de tener muchas evidencias, los mayores contaminantes siguen sin creer del todo aquella predicción. Por eso hay que descarbonizar la mente y la vida con urgencia, cada cual en sus responsabilidades, que todos las tenemos.  “La verdad, como la luz, ciega. La mentira, por el contrario, es un bello crepúsculo que realza cada objeto”. También lo expresó con dulzura Albert Camus.

Leer artículo completo en el blog La Cima 2030, de 20minutos.es. 

Por cierto, dediquen unos minutos a enterarse del estado real de los humedales en su territorio. Hoy es su Día Mundial. Por ello duele más el estado de los Parques Nacionales de Daimiel y Doñana, en España. También el hecho de que en los últimos 50 años se haya perdido el 50 % de su superficie.