El epílogo de la defunción rural se transforma en voz política

Publicado el

El 23 de abril de 2013 publicaba en Heraldo de Aragón un artículo que hablaba de la defunción rural. Alababa a los resistentes al desánimo, aquellos que aguantaron la penuria y se sobrepusieron al tedio de un lugar pequeño; quedan cada vez menos. En muchas tierras de Aragón, Galicia o Castilla y León se detuvo el reloj del tiempo. Sus moradores aceptaban los rigores de la soledad por el apego que tenían a sus raíces. 

Decía que el tiempo transcurrido desde la posguerra había azotado sin piedad a la España interior. Muchos jóvenes, uno mismo, emprendimos el camino de la capital para ampliar estudios; otros emigraron lejos para asegurarse un trabajo. Las aulas de los pueblos se cerraron paulatinamente y el silencio se adueñó del futuro. Algunos padres no pudieron soportar sus ausencias y emigraron tras ellos. El éxodo produjo la despoblación del territorio, el envejecimiento progresivo y el aumento considerable del índice de masculinidad, con la consiguiente imposibilidad de regeneración demográfica.

En la España rural, el tiempo se tornó estático, y por él transitan en forma de recuerdos los muertos que se quedaron, algunos vivos que regresan y los excursionistas pandémicos. En esta tesitura, surgen pequeñas iniciativas, asociaciones y particulares, que se empeñan en reanimar sus pueblos a pesar de las dificultades; la pandemia ha llevado a empadronarse y cambiar su vida a gente, todavía poca, a los pueblos. 

Aunque por los caminos de los campos ya no quede nadie más que las sombras furtivas, al pueblo retornan las miradas afectivas y los rostros de quienes allí dejaron de ser niños hace años. Si un milagro no lo remedia, la España rural sin servicios esenciales como la sanidad -hasta los bancos la han abandonado- quedará relegada, en el mejor de los casos, a meras urbanizaciones de verano.

Decía en aquel artículo que en unos años solo se podrá celebrar la fiesta patronal con un réquiem, analizando el exitoso modelo de desertificación social. Valdrán para ello las imágenes recogidas en los entrañables documentales etnográficos de Eugenio Monesma, en la lectura colectiva de La lluvia amarilla de Llamazares o de El disputado voto del señor Cayo de Miguel Delibes, versionado en la película de Antonio Giménez-Rico.

Hoy una parte de esa España rural, la vaciada por variadas circunstancias, quiere llevar su voz a los parlamentos autonómicos y de España, como hizo «Teruel existe». Quién sabe si tendrán éxito o no, si sus caminos son los más seguros, si coinciden las personas que se agrupan en torno a su bandera en sus postulados ideológicos, si algunas listas son amarillentas; si la política de los grandes no los fagocitará o por el contrario compartirá sus preocupaciones. Puede que acumulen votos de decepción con otros de ilusiones; algún arribista se les acercará.

Con todos los peros posibles, al menos han roto su secular silencio ante el desamparo. Quizás el resto de los partidos se den cuenta de que existe la España olvidada, esa que rara vez sale en los informativos como no sea para comentar un suceso. Estos movimientos de la España olvidada intentan no ser las últimas letras del epílogo rural. Quién sabe qué lograrán; al menos habrán recobrado por unos días el orgullo de su ruralidad. Quizás puedan ayudar a convertir algunas de sus peticiones en creencias de los partidos grandes. 

Vocación de enseñar en pandemia, la quimera de lo sencillo

Publicado el

Hace unos años publicaba una entrada en este blog en la que decía que lo natural es que las personas, los chicos aún más, quieran aprender. Que vocacional es una disposición generalizable a quien enseña y a quienes aprenden. Resaltaba que a ello unos y otros dedican cada día mucho más tiempo del que se cree. Ahora toda la vida es aprendizaje, razonado u obligado, mediatizado por las condiciones pandémicas.

Hoy la UNESCO ha declarado el Día Internacional de la Educación. Ahí aparecen los maestros y las maestras que aman su profesión, que son/eran felices en la escuela. Siempre prestos a ofrecer una mano afectuosa, ahora desde la distancia, para ayudar al alumnado a formar su personalidad, para rescatarlos de una parte de sus angustias. Pero esta difícil misión no tiene fin, el profesorado se cansa y tras el cansancio emerge el desánimo.

Cada día nuevo puede ser una aventura, tanto para el alumnado como para el profesorado, se encuentre bien o regular, en una clase con más o menos confinados. Para ambos colectivos la vida escolar no es sencilla, el miedo ambiental se lee en las caras y hasta en algunas pizarras. Ya no servirá solamente con que las clases en la escuela sean interesantes si se ama el trabajo de enseñar, si se ofrecen posibilidades para descubrir, si el maestro/la maestra sienten que también están aprendiendo.

Falta el contacto visual, la atención despreocupada, el cariño de los gestos, la proximidad, la pureza del aire, un ánimo cómplice, etc., tanto en la educación obligatoria como en la universidad. Sobran incertidumbres, temores, angustias y ansiedades.

Sirva el chispazo como agradecimiento a todas las comunidades educativas. En un grupo de investigación al que pertenezco, desarrollado por todos sus componentes en horario personal y con una alta implicación y profesionalidad, he leído mensajes que hablan de la intemperie en que se se encuentran en relación a los recursos materiales y anímicos. Cada vez es más complicado educar con sentido. No consiste en verter unos contenidos en un recipiente cerebral, esa quimera que todavía comparten las personas alejadas del mundo educativo.

Añadamos el llamamiento de Audrey Azoulay, Directora General de la UNESCO, con motivo del Día Internacional de la Educación 2022.»En  esta época excepcional,  no podemos seguir haciendo  lo  mismo  de siempre. Si  queremos transformar el futuro, si queremos cambiar el rumbo, debemos repensar la educación. Se trata de forjar un nuevo contrato social para la educación, como se pide en el informe de  la  UNESCO  sobre  los Futuros de  la  educación, publicado  el  pasado  mes  de  noviembre. Tenemos que reparar las injusticias del pasado y orientar la transformación digital  hacia  la  inclusión  y la  equidad. Y  necesitamos  que  la  educación  contribuya  plenamente al desarrollo sostenible, por ejemplo, integrando la educación ambiental en todos los planes de estudios y formando a los docentes en este ámbito

La pobreza mundial de muchos frente a la escandalosa riqueza de unos pocos

Publicado el

Debía causar un sonrojo enorme, seguido de múltiples acciones compensatorias, el hecho de que en la actualidad «los diez hombres más ricos del mundo han duplicado su fortuna, mientras que los ingresos del 99 % de la población mundial se habrían deteriorado a causa de la COVID-19». Es lo que dice Oxfam en su último informe Las desigualdades matan, al que ha añadido en su presentación una propuesta universal: «tenemos la oportunidad de reformar drásticamente nuestros modelos económicos para que se basen en la igualdad. Podemos abordar la riqueza extrema aplicando una fiscalidad progresiva, invirtiendo en medidas públicas de eficacia demostrada para eliminar las desigualdades, y transformando las dinámicas de poder dentro de la economía y la sociedad. Sin duda, todo esto pasa por una decidida voluntad de adhesión y práctica a la idea de esos movimientos sociales que están exigiendo cambios, la creación de una economía en la que nadie viva en la pobreza, ni tampoco en una riqueza inimaginable: una economía donde las desigualdades dejen de matar».

Rebeldía general debería originar conocer que entre 22 ricachones multimillonarios del mundo poseen más dineros que 1.000 millones de mujeres y niñas de África, América Latina y el Caribe. Cómo hemos sido tan insensibles a escala global para permitir que, desde 1995, 1 % más rico haya acaparado cerca de 20 veces más riqueza global que la mitad más pobre de la humanidad. también mata la desigualdad degenerada por esas emisiones individuales de 20 de los milmillionarios más ricos que llega a ser 8000 veces superior a la de cualquier persona de entre los mil millones más pobres.

Aun hay más. Las desigualdades han provocado que la pandemia de coronavirus resulte más letal, más prolongada y más dañina para los medios de vida de los pobres, tal como constatan instituciones tan poderosas en el mundo de los dineros como el FMI, el Banco Mundial, Crédit Suisse, el Foro Económico Mundial.

Incluye el informe de Oxfam otros datos escalofriantes como la constatación de que las desigualdades contribuyen a la muerte de unas 23.800 personas en el mundo diariamente, o lo que es lo mismo: una cada cuatro segundos.

¿No podemos fabricar entre todos-as una vacuna contra estas desigualdades? Porque además estas diferencias se dan entre países pero también entre ciudadanos de un mismo país. También en los países ricos como España. Se nos ocurre que a escala política hay que promover leyes y reformas que eviten o al menos reduzcan tremendas desigualdades, que se apliquen de verdad y las ayudas lleguen pronto. Pero también que esos mismos legisladores o gobernantes se acuerden de que fuera de nuestras fronteras hay mucha gente que nos necesita, que tarde o temprano llegará a nuestra casa para hacérnoslo ver. Todos deberían leer con detalle y subrayar retos en el informe presentado ayer por Cáritas-Foessa, radiografía social tras la COVID-19, y ponerse en activa lucha para eliminar esta lacra social. 

Anomalías climáticas revuelven una diferente normalidad

Publicado el

No es normal que en Alaska se hayan dado a finales de diciembre temperaturas superiores a los 15 ºC. Tampoco que el Reino Unido, Bélgica y otros países del norte europeo sucediese algo parecido. En el norte de España Bilbao, sin ir más lejos, se registraron 23 ºC el 31 de diciembre, 24,6 en San Sebastián. En muchas ciudades de la costa cantábrica se superaron el 1 de enero los 25 ºC de máxima, ambiente más propio de una buena primavera o un otoño plácido. A no ser que la Tierra haya intercambiado los ejes y no nos hayamos dado cuenta. Además esto tan raro sucede cuando las horas de insolación son las mínimas del año. De eso sí que estamos seguros pues lo hemos observado con facilidad.

Por las noticias que tenemos el clima mundial anda revuelto; en Argentina se asan ahora mismo. Si esto se consolida quizás debamos darle un vuelco a nuestra vida. No basta con ponerse más o menos abrigo o unas gafas de sol cuando sea conveniente. Algo ya notamos, nos guste más o menos. Nuestro mundo plácido, no para todos claro, se ha vuelto inseguro. Empiezan a dominar las incertezas.

Recordemos aquello que dijo Robert Pirsig: el mundo viene hacia nosotros como una interminable secuencia de piezas que nos gustaría encajasen de alguna manera. En realidad, pocas veces se consigue de forma universal. El Planeta se encuentra cómodo en su entropía permanente. También añadió: por cada hecho hay una infinidad de hipótesis. Las enuncian hasta quienes no saben nada del asunto. Y no solo nos referimos a los comentarios climáticos de los expresidentes Rajoy o Trump, o al visionario Bolsonaro.

Ahí queríamos llegar. Anotémoslo para entender las anomalías, climáticas o de tipo social, y reflexionar sobre si estas no deberían formar parte de la cotidianeidad del pensamiento, que nunca será monótono para muchas personas. Así podremos actuar en consecuencia. Descubrir que lo monótono es poco más que un vacío interpretativo, a no ser que te veas muy afectado como sucede en algunos países según recoge el IRC (Índice de Riesgos Climáticos) del año 2021. Que se lo pregunten a esa gente que ha perdido todo por la repetición de esos fenómenos extremos que entrarían en la categoría de anomalías climáticas con extensión social profunda.

Lo anómalo meteorológico de hoy puede ser una realidad mañana. ¿Lo llamaremos normalidad climática? O deberemos entrecomillar para siempre este término cuando nos referimos a la globalidad del Planeta y sus criaturas?

Ver artículo completo en el blog La Cima 2030 de 20minutos.es. 

El reverdecimiento de la energía nuclear y gasística. Versión I

Publicado el

Ambas estaban mustias y secas en los planes de la UE de cara a los años 2030 y sucesivos. Pero ahora, de pronto, parece que han recuperado un verdor diferente, vestidos de intereses múltiples que los profanos no entendemos. Dicen que detrás de todo este lío están las presiones de grupos energéticos y ciertos gobiernos del «sí quiero pero no puedo».

Quienes no estamos en el meollo del asunto nos encontramos perplejos. Hasta hace poco, quemar gas para producir electricidad era un desatino con plazos de finalización. Lo de las nucleares se llevaba más a escondidas, como diciendo que no tienen efecto negativo en el incremento de la temperatura global; ya había tiempo de pensar qué se hacía. Si bien algunos países, Alemania entre ellos, ya lo tenían decidido. Eso sí, tenían el grifo del gas muy abierto.

Sea como fuere, la UE no puede estar vendiendo ecología hasta en la sopa y a la vez acercándonos a los tizones. ¡Qué nos aclaren por qué, hasta cuándo y cómo! ¿Quizás es que ve como imposible mantener su poderío económico y a la vez cumplir eso de que no haya aumento de temperatura hasta el límite razonable? La gente necesita información clara y no cambiante, mantenida por unos principios sólidos. Siempre se dijo que el buen magisterio se apoya en el ejemplo. Así es posible que se creyese eso del calentamiento global y actuase al unísono. La mala educación es proponer un camino, razonar un aprendizaje y después poner obstáculos, sin explicar su necesidad. Por contra, la educación razonada, explicando sus pros y contras, ayuda a renovarse para tomar nuevo vigor hacia el bienestar colectivo en forma de unas temperaturas asumibles, y más cosas que implica el cambio climático.  Veremos más reculadas. 

Las incógnitas pandémicas de la vuelta a las aulas; otra vez

Publicado el

Toca reanudar las clases. Los temores vuelven a las aulas. Lo que pensábamos allá por finales de noviembre que iba a ser una sencilla fase del curso escolar se ha convertido en una aventura de incierto tránsito y sin final programado. 

Ahora, las comunidades educativas (profesorado, alumnado, familias y administración) se encuentran con unos miedos crecientes. A pesar de todo lo surgido últimamente, parece ser que poco o nada va a cambiar en la organización educativa, como no sea la «obligatoriedad» de portar mascarilla en todos los lugares del centro educativo, recreos incluidos. Además de la progresiva vacunación de 5-12 años. Y las ventanas abiertas, aunque la temperatura del invierno no acompañe. Similares protocolos en las universidades, si bien algunas materias tienen parte presencial y otra telemática.

La educación es un derecho que no se puede dejar a la consideración de los muchos imponderables que la condicionan. La mayor parte de los especialistas en pedagogía y salud recomiendan volver; los sectores económicos no digamos, debido a las incomodidades que suponen las faltas laborales por atención a los hijos. Sin embargo, reconocidos divulgadores de aire y salud ponen sus «peros», entre ellos el «insistente» José Luis Jiménez al que le debemos que nos diera a conocer, también a a la OMS, la contagiosidad debida a los aerosoles. Surgen preguntas varias: ¿Cómo se asegurará la buena calidad del aire?, ¿Las administraciones educativas han preparado a los centros para que no deban pasar los rigores del año anterior? Algunos vaticinan una eclosión de los contagios por ómicron vía escuela y familias.

Ha transcurrido tiempo suficiente desde que empezó todo para haber adaptado los centros escolares a la previsible eventualidad de que la COVID siguiese entre nosotros. De esta forma se hubiesen eliminado una parte de las prevenciones de las familias, de los miedos y angustias del profesorado, de los riesgos para el alumnado en forma de contagios o pulmonías. De ambas cosas se dice que habrá.

Toda la comunidad educativa, de forma especial los equipos directivos, dio un ejemplo de compromiso y disciplina el año pasado. Se merecía volver a clase con menos incertidumbres, ahora que ataca ómicron. Hacerlo con unos protocolos rigurosos, de acción rápida; algo más que la cuarentena del aula cuando se lleguen a 5 infectados. ¿Cómo se encontrarán por entonces el resto del alumnado y lo que se haya podido desarrollar fuera de las aulas si se cuenta cinco simultáneamente o progresivamente?

Sabemos que es muy difícil controlar todo esto, nos consta la preocupación de las administraciones educativa y sanitaria. Por eso, estas deberían desplegar, además de acciones contundentes, una pedagogía variada para encontrar la complicidad de todas las comunidades educativas. Casi seguro que necesitarán muchos más recursos. Suponemos que lo tendrán previsto. ¡Suerte en esta incógnita andadura! Ya es hora de reducir tensiones porque el cansancio se acumula, especialmente en los equipos directivos y en el el profesorado que debe desdoblarse en atenciones múltiples.

Sostenibilidad: el discreto encanto de la impostada modernidad

Publicado el

El título va dirigido a todas aquellas administraciones o marcas comerciales que venden sostenibilidad a raudales, sin importarles demasiado consumir mentalmente el mismo pensamiento (que conste que también las hay que obran de buena fe). Quiere lanzar una llamada de primeros de año para que intenten escalar la cima del coloso 2030, para que pongan todo tipo de ingeniería y logística al servicio de esa quimera que supone no dejar a casi nadie atrás, porque a todos no podrán convencer. Quiere llamar modernidad a esa sociedad que en algún momento creía aquello de que a todos debe venir bien lo que aprovecha cada cual. Queremos avisarles que detrás de la marca de la sostenibilidad se esconde la señalética del peligro. No sabemos qué querría decir Paracelso con aquello de que «el hombre fue formado a partir de la materia y del espíritu del mundo». Si se puede decir viceversa. Ahora comprobamos que las distintas modernidades consumadas a lo largo de siglos tienen puntos oscuros.

Dichas instancias administrativas y entes comerciales juegan con códigos que nos seducen, tras los cuales esconden entresijos cruciales, a la vez dramáticos para toda esa gente que no ha sido beneficiada con la suerte, esta que muchas veces llamamos progreso. En el corazón de la tormenta actual epidémica se encuentran desigualdades, hambres, exclusividades y deterioros varios; algún que otro egoísmo. A quienes perjudiquen más todos esos desajustes se les derrumbaron los soles y les cayeron encima descargas de nubarrones que muchas veces se convirtieron en enigmas insondables.

La vida es siempre una conjunción de alegorías; la modernidad también aunque se llame sostenibilidad. En algunos países los Reyes Magos, que dicen venían de Oriente, satisfacen este 6 de enero los deseos materiales de niños y niñas, jóvenes y no tanto. En otros Papá Noel ya hizo lo propio.

Por algún sitio pasaría de largo. Una jovial melancolía nos recuerda a toda esa gente que está en otra onda, en orillas desconcidas. Para ella, que el nuevo año sea de verdad próspero, universalmente provechoso, porque la inmensidad de lo desconocido siempre está al acecho. Los enigmas vendrán sin ir a buscarlos. Por eso, los Magos debían traer una mejor comprensión de los misterios para toda la humanidad, por si a Papá Noel se le olvidó. 

Empecemos el año combinando ética universal con salud y ecología. Impidamos que la economía tenga un sentido único. Pensemos en la infancia olvidada, que está pendiente de un acceso universal a la educación, salud, bienestar, etc. En algún momento, quizás obligados por las circunstancias, habrá que desentrañar eso de la sostenibilidad; los ricos pero también en los países de menos ingresos. ¡Qué 2022 sea el comienzo del «socioceno planetario»! Ese mundo moderno, nada impostado, en el que poco a poco se llegó a constituir una sociedad universal que mejoró los destrozos que estaba causando el antropoceno.

Se nos olvidaba: gratitud eterna a quienes desde cualquier instancia o colectivo luchan por que el mundo crea en la sostenibilidad, sustentabilidad, inclusividad, coherencia ética, etc. y tengan éxito. A aquellos (mujeres, hombres e instituciones, etc) que añoran que la sostenible modernidad es formar parte consciente y comprometida de un colectivo, en el espacio y por siempre.

Propuestas para la transición hacia una España más sostenible durante 2022

Publicado el

No me atrevo a decir que sea de obliga lectura, pero si convendría una atención pausada a algunos de los apartados que se recogen en el Informe de Sostenibilidad en España 2021. Propuestas para la recuperación. Es el sexto Informe que promueve la Fundación Alternativas sobre este asunto. En el presente se trata de calibrar los retos para conseguirla, superar las secuelas que la pandemia ha causado en todos los ámbitos de la vida, entre ellos la afección a la sostenibilidad ecosocial. En su preámbulo se anuncia que el objetivo es «ayudar a los encargados de adoptar las decisiones a comprender dónde las inversiones pueden tener mayor efecto para generar una transición realmente justa y sin dejar a nadie atrás». Se proponen una serie de medidas para acercarnos al mantenimiento de ciertos estándares amigables entre la vida planetaria y el colectivo social. 

Todo el informe está planteado en la necesidad de transiciones múltiples: el recuerdo de los compromisos adquiridos, la necesidad de avanzar mucho en las transiciones, la ecologización del sistema productivo, las obligadas necesidades fiscales de la transición ecológica, las oportunidades y desafíos que son ya una realidad, la recuperación pos pandémica a partir del impulso de lo natural, así como las obligaciones internacionales, de España y de todas las administraciones en la inevitables transformaciones que conduzcan a una sociedad diferente, más visible en el compromiso colectivo. También los retos en la formación (formal, no formal e informal) de la sociedad  para una transición duradera y renovada en forma de sostenilidad. Ámbito del que nos hemos encargado Javier Benayas y Carmelo Marcén.

El informe comienza haciendo una síntesis de los retos que tenemos planteados y de las recomendaciones para abordarlos poniendo énfasis no solo en la transformación, que siempre será provisional, sino en una transición social, política, económica, emocional y colectiva que encamine la manera de actuar ante los retos actuales y los futuros. Se trata de recuperar con cuidado múltiple las interacciones socioambientales para evitar caer en el abismo de las crisis posibles. Se concreta en el año 2022, paso intermedio para llegar al 2030 con una buena parte de las transiciones fuertemente consolidadas.

En fin: ¡Un próspero Año Nuevo en la convivencia entre el Planeta y sus criaturas!, porque las personas hemos entendido el fondo y la forma que justifican las ineludibles transiciones.

Detalles actuales de España fragmentada; un rompecabezas a finales de siglo

Publicado el

Muchos mundos reducidos a dos: los muy poblados, preferentemente en ciudades, y los abandonados por la gente; el llamado mundo rural. Desiertos humanos en tierras abandonadas donde crecen plantas de diversas formas y colores frente a zonas masivamente habitadas, donde el suelo se ha convertido en un pavimento continuo. Ciudades que a pesar de que solo ocupan el 3% de la tierra, representan entre el 60% y el 80% del consumo de energía y el 75% de las emisiones de dióxido de carbono. Ahora mismo, más del 65% de la población vive en ciudades, según el Banco Mundial. Dentro de poco… El EOM (Orden Mundial) avisa de que los habitantes de las ciudades se enfrentan cada día a más retos y de mayores dimensiones.

Miremos más cerca. La España que va camino del año 2030, uno de los momentos de evaluación mundial, concentra en ciudades el 80% de la población total. La de las capitales de provincia supone un 32% de la población total según datos del INE. Entre seis provincias suponen el 43,5% de habitantes, las seis CC AA más pobladas acogen al 70% de la población. Casi nadie defendió  hace más de 70 años que en lugar de acopiar  habitantes en donde había riqueza se llevasen incentivos a donde había población. Me parece que lo contaba el NO-DO.

Al otro lado del balancín humanizado se encuentra buena parte de la España olvidada, menguante la llamaba Julio Llamazares en un artículo reciente. Entre esta, escondidos porque tienen pocos votos y menos voz, están 3.403 municipios (42% del total) en riesgo de despoblación, como los califica el Informe Anual del Banco de España. Acumulan apenas un 2,36% de la población. Por lo que podemos decir que la España fragmentada no solo se da entre la costa y el interior, sino entre el medio rural y urbano, también dentro de provincias o comunidades que cuentan con una elevada población como Madrid (el norte de su provincia es otro desierto demográfico). Otro detalle: Zaragoza concentra más de 680.000 habitantes de los 1.325.371 de Aragón. Imaginemos el reparto espacial en un territorio de 47.719,2 km².

Así pues, la distribución poblacional es un conglomerado con acumuladas incógnitas con respecto a sus posibilidades vitales y a la dotación de servicios indispensables, de complejo encaje en esta lanzada carrera hacia la difusa meta del año 2030. Dicen que van a llenar la España ignorada de molinos y huertos para producir energía, macrogranjas, enclaves de residuos; también de parques temáticos de aventura al aire libre para los urbanitas y con los dineros que den esos usos mantendrán a la población pegada al suelo. Les animarán con la música de Cecilia en Mi querida España o les pondrán películas del estilo del Disputado voto del señor Cayo de Giménez Rico, o mejor que lean el libro homónimo de Miguel Delibes. Cuando acaben que se pasen a La lluvia amarilla de Julio Llamazares. O los libros de Sergio del Molino que hasta viaja a un país que nunca fue. Al final, se responderán a la incógnita de por qué siguen ahí.

¿Cómo será en 2100, que es un futuro cercano? Algo de lo que deberían ocuparse mucho en los parlamentos europeos, español y autonómicos. Dentro de cada circunscripción se dan grandes diferencias ecosociales. Todo se fragmenta y para unirlo se necesitan variados pegamentos éticos. 

Seguir leyendo el artículo completo en el blog La Cima 2030 de 20minutos.es.

 

Cuando los ríos amplían sus cauces para recuperar libertad

Publicado el

Las crecidas de los ríos han afectado al norte de España. Son el recuerdo de que están vivos, por más que demasiadas veces su caudal sea invisible. Asomados a sus orillas, acostumbrados a su presencia, dejamos de verlos. Y sin embargo expresan la variabilidad de las condiciones ambientales que causan daños y beneficios a territorios y personas. La multiforme estampa de la interacción entre troposfera, suelo y agua con la población que vive cerca. Los cauces de los ríos son variables, algo que apenas aprendimos en las aulas como no fuera ligado a los meandros. Los ríos fueron libres en su tiempo, hasta que las apetencias humanas en forma de construcciones los asimilaron a calles o carreteras de agua. Muchos pueblos buscaron los beneficios de la cercanía de los ríos, sabiendo que los riesgos también llegarían. Los ríos y sus zonas de expansión se empequeñecieron y ahora solamente admiten un caudal mermado, acotado a unos metros cúbicos por segundo. Muchos pueblos y ciudades ven el río de paso, el paso del río con cierta indiferencia. Ese discurrir es difícil de gestionar para que siempre esté a nuestro servicio, porque el río quiere ser (es) libre, como la naturaleza a la que pertenece y vivifica en biodiversidad y suelos.  

Hay quien opina que es necesario dragar cauces y que las aguas corran; imposible de llevar a  cabo con eficacia permanente a lo largo de todo el recorrido, puede que sea imprescindible en momentos concretos en lugares puntuales, pero inútil siquiera a corto plazo. Es una lección a aprender mediante el consenso político y social y unos buenos protocolos.

El 9 de diciembre pasado, Lorenzo Milá, llevaba a su espacio «Objetivo planeta» la desnaturalización de los ríos. Entre él y sus invitados (Santiago Martín Barajas y Pedro Brufau) nos traían la mala praxis con respecto al devenir libre de los ríos. Se nos explicaba unos datos escalofriantes: se hablaba de que los ríos de España debían superar en total unos 600.000 obstáculos (unas 5.000 presas) de lo que en tiempos pasados fueron sus cauces. España ostenta el récord mundial es el país de la UE que más presas tiene y el quinto del mundo. Los años 50-70 fueron especialmente constructores, si bien se había empezado antes. Cauces achicados para encaminar caudales que se quieren domesticar. Cada vez con más frecuencias se desatan tormentas o danas que se dice ahora. El caudal se desvoca y se lleva por delante taponamientos varios del cauce reducido y causa dolor a los ribereños.

Caudal dejó de rimar con cauce. Llegó la conversión en ríos ciudad, cauces de aceleración y de riesgos críticos cuando las lluvias o deshielos no se dan a nuestra conveniencia, o se empeñan en coincidir. Se producen avenidas, palabra que tan acertadamente concreta la dinámica fluvial, normales o extraordinarias que nos hablan de los cauces olvidados. A pesar de las represas los ríos van a su marcha, porque su espacio es toda una cuenca. No solo pasa en España. Los parapetos que se le han ido poniendo no todos son útiles; habrá que eliminar aquellos que no sirven para nada. Será necesario reservar grandes espacios para que los ríos se expandan en circunstancias críticas y dañen menos a las poblaciones. A la vez que descartar el uso habitacional (se han construido hasta residencias de mayores) de lugares potencialmente inundables, incluso en crecidas ordinarias. Con todo, se necesitarán protocolos de acción para proteger a las poblaciones porque las inundaciones se repetirán; dicen que cada día más por la crisis climática. Zaragoza expuesta ahora mira el río con temor. Ojalá se libre de daños graves y aprenda para el futuro.

Los estrechados cauces dejaron de ser la vía natural de escape del agua. Menos mal que ahora existen protocolos de vigilancia y acción para proteger a la población. En estos días, los ríos del Norte, incluido el padre Ebro que no sabemos qué dirá cuando atraviese Zaragoza, recordaron parte de su historia y se metieron en la historia de poblaciones, causándoles daños, sin duda por haberse apropiado de sus llanuras de inundación. Justo término para adornar los cauces libres. ¿Pasará la solución por dejarles espacios de expansión y laminación de caudal exentos de cargas poblacionales? No es fácil utilizar el pasado dañado con el futuro protector. Pero hay que intentar una amable convivencia entre ríos y poblaciones. Mientras tanto, vaya desde aquí un extraordinario caudal de solidaridad para los afectados y que amplios cauces de las administraciones les lleven las imprescindibles ayudas laminadoras de sus temores.

Entre algo de Mecanópolis de Unamuno y Walden de Thoreau se desliza la vida

Publicado el

Seguramente don Miguel de Unamuno no había leído Walden. La vida en el bosque (1854) de Henry D. Thoreau. Tampoco, según lo vemos hoy, estuvo muy afortunado al sugerir «que inventen ellos». Las genialidades de los genios a veces derrapan, quién sabe la intencionalidad con la que las expresan y frente a qué. Hace más de 100 años Unamuno publicaba el cuento Mecanópolis. Parece ser que don Miguel estaba muy enfadado con las contradicciones y complicaciones que el avance material y tecnológico produce en los seres humanos. Ahora lo querríamos ver dándonos su opinión acerca de la multiconexión on line que maneja nuestras vidas. Unamuno, como Thoreau, se preguntaría por las nuevas formas de sociabilidad generadas por el ya por entonces creciente predominio de la vida en las ciudades, por contraposición a la vida en el campo en contacto con la naturaleza.

El cuento de Unamuno presenta las andanzas de un hombre perdido en un desierto. Alcanza a llegar a una misteriosa e inquietante ciudad en la que al parecer no habita ningún ser humano visible, pero sí unas máquinas extremadamente avanzadas que había adquirido funciones humanas, hasta conducían trenes autómatas que llevan al protagonista a una ciudad fastuosa. Tanto lo deslumbró que se dio cuenta de que hasta las obras de arte que sus museos atesoraban eran las originales; mientras que las que él conocía en su vida anterior eran copias. Hasta su hotel llegaba el periódico local, redactado, se suponía por máquinas inteligentes. Al final del cuento, el único protagonista llega a un oasis habitado y vuelve a la vida. Manifiesta que desde entonces «he concebido un verdadero odio a eso que llamamos progreso, y hasta a la cultura, y ando buscando un rincón donde encuentre un semejante, un hombre como yo, que llore y ría como yo río y lloro, y donde no haya una sola máquina y fluyan los días con la dulce mansedumbre cristalina de un arroyo perdido en el bosque virgen».

Si hubiera leído Walden pensaría en ese párrafo donde se dice «Hay un flujo incesante de innovación en el mundo, pero toleramos una opacidad increíble. Bastará con que mencione la clase de sermones que aún se escuchan en los países más ilustrados». O aquello de «Antes que el amor, el dinero y la reputación, denme la verdad». Quizás «Necesitamos ver que nuestros propios límites han sido sobrepasados y alguna criatura viviente paciendo con libertad donde jamás apacentaríamos nosotros». A cambio le pediría a Thoreau que interpretase lo de Unamuno: Hay que sentir el pensamiento y pensar el sentimiento. O mejor: Lo natural de un hombre es buscarse a sí mismo, en su prójimo. Sin embargo, el hombre huye de sí mismo hacia las plantas y las piedras (la naturaleza), por odio a su propia animalidad, que la ciudad exalta y corrompe (Juan de Mairena).

Me gustaría enfrentarlos en una conversación. ¿Qué pensarían ambos de la domótica, los 5G y la posibilidad de generación de vida a partir de restos de ADN antiquísimos? Mejor aún, cómo hablarían de las generaciones actuales y su vida conectada a la nube? Podríamos invitar a Orvell para que nos aportase su visión del «Gran Hermano».

Son dos historias para ser leídas al unísono. Si no las pueden comprar búsquenlas en la Red, están en pdf, como casi todo de ahora. Suponemos que ambos filósofos del tiempo vivido sentirían curiosidad por lo actual pero manifestarían escaso convencimiento. 

Y se hizo la luz

Publicado el

Estamos en tiempos de génesis, casi con mayúscula como en la Biblia. De allí hemos copiado el título del presente chispazo. La luz exterior como resurgir interior; no digamos ya como estética metafísica y a la vez teológica. Así dicen que la veía la gente de la Edad Media, así la pintó fra Angélico y no fue el único. Luz como belleza pero a la vez como anuncio de un deseo de felicidad. Necesario en estos tiempos de desgracias varias. Luces y sombras que alternándose nos dibujan la vida.

En lo que contamos no ha intervenido ninguna deidad, sino los gobernantes de las ciudades que se han iluminado a raudales. ¿Acaso viene el renacer tras la pandemia que nos dejó a oscuras? ¿O es queremos enfadar al recibo de la luz que crece sin cesar y amenaza con dejarnos en una oscuridad permanente? Luces para alargar el día que fue corto pues el invierno está cerca en el Hemisferio Norte y se alarga la noche. Luces para captarlas con el móvil e intercambiarlas con nuestros allegados y competir en felicidad. Sería interesante conocer los miles de millones de WathspApp  que nos enviaremos con las luminarias como protagonistas.

Luz que choca con los objetos y nos viene reflejada para enriquecer nuestra percepción de aquello que de otra forma podrá pasarnos desapercibido. Será eso lo que sucede cuando vamos por la calle comercial resplandeciente, un mes antes de que se celebre la Navidad. Porque en estas fiestas debe abundar la alegría iluminada y los regalos engrandecidos por la luz, que nos miran como diciendo: mes ves, yo te veo y puedo ser tuyo. Aunque algunos pierdan parte de su encanto al liberarlos de su envoltura.

Llegaron alcaldes iluminadores, en España su paradigma sería el de Vigo, y embellecieron el cielo comercial. Pero no se quedaron cortos los de Madrid o Sevilla que encendieron sus candelas en el centro para reclamar que sus habitantes lo visitasen ya antes del viernes negro, ese que se inventó para los monederos sin cierre firme. Todas ciudades quisieron ser las de la luz, antes era un privilegio de París. Eso sí, los ediles convocaron a sus ciudadanos al acto de encendido y les explicaron que no se trataba de un despilfarro lumínico, cosa criticable con los actuales precios de la luz, pues se habían instalado millones de leds en lugar de las clásicas bujías. Como aquellas 35 que tanto impresionaron al poeta Pedro Salinas.

La iluminación de un mundo nuevo, percibido, y el camino para salir de las oscuridades. ¿Será cierto? Educados en la potencia de la luz no podemos prescindir de ella. Luz y consumo como génesis de vida. Mundo iluminado que nos traerán los satélites de la NASA con sus fotografías y con los  que nos guiaremos para reconocer los territorios ricos frente a los enclaves pobres. En nuestras casas también habrá una explosión de luces,  alumbradas cada vez con una electricidad más cara. Siempre nos gustan; ahora las necesitamos para aparcar desgracias y sentimientos pandémicos. La vida es grandiosa en sus contradicciones, como apreciamos cuando viene el recibo mensual. Pero, ¿quién no da bien empleados unos euros en iluminarse un poco la vista, la vida?

¿De dónde vendrá la luz? ¿O la llevamos dentro y estos días nos sale del alma? Que al menos nos sirva para ver nuestros pensamientos y aprovechar los que sean más lúcidos y sanatorios. Y que duren mucho, más allá del apagado de las luces navideñas. 

La salud se mejora con el retrete

Publicado el

Lo saben bien los centenares de millones de personas en el mundo que carecen de una humilde y digna letrina para no tener que defecar a la vista de todos.

La historia está llena de episodios de contagios por este motivo: no depositar en su lugar conveniente las deposiciones humanas. Pero remontémonos únicamente al que ocurrió en España hace 50 años cuando circuló «algo» por el río Jalón en la provincia de Zaragoza. Las diarreas de entonces obligaron a hervir el agua de boca y cocina, clorar el agua, pelar las frutas, lavar las verduras convenientemente. Unas 600.000 personas fueron vacunadas en Zaragoza y ciudades próximas. Algo parecido, pero amplificado se repite ahora mismo en otros lugares.

El sábado pasado se dedicaba a recordar la necesidad de tener una inodoro al alcance de todos los habitantes del mundo, al día siguiente se hablaba de la infancia. La diarrea provocada por la falta de agua segura y malos hábitos higiénicos, junto con la defecación al aire libre, supone la segunda causa de mortalidad infantil en el mundo. No está de más conocer el proyecto La infancia en transformación de Unicef. Por cierto, no se olviden de Los sueños del agua de Nandini. Se difundió en la Expo Agua y Desarrollo Sostenible de Zaragoza 2008.

Disponer de letrina, la pariente pobre de lo que aquí llamamos cuarto de baño, es una cuestión de salud básica pero también de supervivencia en muchos países del mundo, especialmente para las mujeres. La existencia de letrinas en las escuelas en lugares donde ciertas religiones coartan la vida social marca la diferencia entre las chicas que van o no a estudiar. Con ello se las condena a la sumisión analfabeta de por vida. Por fortuna, los Gobiernos y Ministerios de Sanidad de los países afectados han empezado a hacer algo y la cifra va en descenso según nos explica el Banco Mundial; incluso podía haberse reducido a la mitad. Pero en Haití por ejemplo más del 20 % de la población defeca al aire libre. Además, esta práctica está muy extendida en Bolivia, Brasil, Colombia, México, Perú y Venezuela, etc., que suman cientos de millones de habitantes. Por eso no debemos darnos por satisfechos si nos creemos lo que dice el sexto de los Objetivos de Desarrollo Sostenible: la cifra debe quedar a 0 en el año 2030.

Seguir leyendo en el blog La Cima 2030 para conocer la historia y el futuro de la defecación con salud.

Trampantojo climático. Versión COP26

Publicado el

¿Si lo que es es pero no se ve acaso no deja de serlo? Mirar sin ver es un ejercicio universal. Semejante afirmación valdría para calificar la COP26 de Glasgow, que acaba sin acabar de ver todo el lío climático que pende sobre nuestras vidas. Faltaron espejos grandes en donde no solo se devolviese la imagen de lo que somos sino la posibilidad de ser otros. Se dice que para curar algo es necesario construir a partir de sí mismo, en este caso con dimensión universal, un futuro soportable. Si se permanece un rato delante de ese espejo cuarteado se nos presenta un autorretrato de la vida global, pero con esfuerzo se puede llegar a ver una reinvención del entramado convivencial. A eso parecen aspirar las sucesivas cumbres sobre el cambio climático.

Pero la COP26 se convirtió en un trampantojo porque la mayor parte de la gente nunca la vio con pasión; acaso unas cuantas ONG muy fragmentadas en su ilusión. Al final, si se acumula el aburrimiento de escuchar siempre lo mismo desaparece la pasión, que viene cargada de fuerza y vida, si bien no siempre compensadas en lo individual y social. Somos, nuestros representantes debían serlo aún más, aquello hacia lo que vamos en la cuestión climática, lo que perseguimos, eso concreto por lo que luchamos. Pero por ahora apenas llegan a ser una mera enumeración de proposiciones reclimatizadoras que tardarán en llegar. ¡Qué decir de los recursos económicos comprometidos por los ricos para que los pobres salgan nítidos en la imagen! Así gana el dejarse llevar hasta que la COP27 nos rescate, o no.

Los países que más contaminan el aire -empujados por causas diversas- se han esforzado en decir con mentiras lo que querrían ser, pero ahí hemos visto cómo son. Sus oscuras proposiciones de compromisos, en torno a la emisiones de metano y el abandono del carbón, resultan a la vez delatoras y transparentes: primero mi país (sobre todo si es poderoso como EEUU, China, Rusia o India) y después todo lo demás. Nunca les perdonaremos lo imperdonable: que aparezcan tan difuminados en el esfuerzo mundial; si bien es cierto que algunos como la India tienen el atenuante de su punto de partida. 

Al final, algo bueno saldrá de la COP26. Los medios de comunicación han hecho lecturas varias; ninguna ilusionante como en París. Quien lea de forma crítica los resultados de Glasgow se preguntará si todos, cada cual también, decimos mucho en esto del cambio climático y no hacemos lo que decimos; una parte de lo que pensamos no tiene que ver con cómo vivimos. Querámoslo o no, la acción no responde solamente a la intención, bien sea singular o colectiva. Precisamos de otros que sean francos para que nos hagan ver lo  verdadero. Eso deberían ser la cumbres del clima. En esta se ha avanzado poco, tanto es así que la ONU lo ha hecho saber. Aún así, gracias a quienes – desde la sociedad civil sobre todo- han sabido decir con valentía, con coraje, con ilusiones y sin trampantojos que riesgo incluso, por que el tiempo se acorta. Sin embargo, los plazos se han alargado cual chicle envejecido. 

Por todo esto bienvenido sea aquello que la COP26 pueda significar en el fortalecimiento de una cultura mitigadora o adaptativa, bien sea voluntaria o forzada por las circunstancias. Todavía podemos descifrar los enigmas si nos empeñamos. Nunca el silencio, nos convertiría en cómplices; en un trampantojo de nosotros mismos.

La causalidad climática llama a la renovación ética: un todo humanizado

Publicado el

El refranero español está lleno de aforismos en los que se alaba el buen hacer para alcanzar un saludable vivir. Sencillos unos, retorcidos otros, hablan de la condición humana, muy diferenciada. Viene esto a cuento de un pensamiento repetido en todas las cumbres climáticas y olvidado por casi todos apenas esas echan el cierre: la aceleración del cambio climático  ha sido motivada por la acción humana, ergo se puede revertir en parte si los humanos se ponen de acuerdo en hacerlo. La ciencia, ¡cuántos dineros se han gastado en callar su denuncia climática!, ha demostrado la incidencia de la acción antrópica en la generación del cambio climático. De hecho, más del 99,9 % de los 88.125 artículos científicos revisados por pares coinciden en darlo por irrefutable.

La catástrofe climática está en código rojo casi negro en algunos aspectos porque todavía no se aprecia la marca de los acordado en la COP25 de París, ni Río 92. En la actual COP26 de Glasgow se habla mucho pero el adorno en el vestido climático de las palabras no siempre deja ver los pensamientos; o engaña directamente. Resumamos lo que todo el mundo sabe: se trata de elegir entre implicarse todos en la consecución de un planeta vivo, amigable con sus criaturas, o mantener nuestro insostenible sistema de vida hasta que llegue el colapso. O lo que es lo mismo: decrecimiento saludable, asumido sobre todo por quienes más contribuyen a la catástrofe climática, o crecimiento abrasador, primero para los vulnerables y después para todos. Porque, lo queramos ver o no, en el origen del embrollo está el aumento del incentivado consumo. 

Parecía que, ante la contundente lectura que realiza el IPCC de lo que está pasando, la Cumbre de Glasgow sería el momento del arranque hacia un destino mejor. Pues no. “Estamos a años luz de alcanzar nuestros objetivos del cambio climático” proclama una y otra vez Antonio Guterres desde la Secretaría General de la ONU. La gente que se manifiesta en tantas ciudades contra la inacción climática siente lo mismo. En este blog vemos el aire en color rojo oscuro casi negro.

La causalidad climática debe ser reversible para bien. Nos tememos que transcurridos unos días casi todos los medios de comunicación se quedarán mudos ante este problema existencial. La verdad molesta si se ve como posible cambio/limitación de intereses. Pero necesitamos que sigan hablando siempre para que llegue la mejora de la calidad el aire que cada día nos permite ser y estar, nos renueva las ilusiones.

Ver artículo completo en La Cima 2030, el blog de 20minutos.es.