Si la vida de las abejas es un buen indicador ambiental; estamos abocados a la enfermedad

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Nadie discute el poder de las abejas –polinizan uno de cada tres alimentos que nos llevamos a la boca-, como los beneficios de otros muchos insectos que contribuyen a que la naturaleza sea como es y nos aprovechemos todos de su riqueza. Pero claro, llegaron los insecticidas y pesticidas y el mundo natural dejó de ser libre. Los ciudadanos, sin poder de veto, confiábamos en que nuestros representantes en Bruselas no sucumbieran a las grandes químicas que han estado empujando más de dos años para que el glifosato siguiera autorizado. Pero no, la UE les dio permiso para otros cinco años, con el visto bueno de los países poderosos y el silencio cómplice de otros. Sepan también que los neonicotinoides van exterminando progresivamente a las abejas, aunque las empresas que los comercializan como Bayer o Syngenta lo niegan. Pero sepan que esos venenos también pueden haber llegado al agua que después beberemos nosotros. De esta no nos salva ni Greenpeace, que lleva años peleando por las abejas, confiado de que la vida de estos invertebrados alados y sus parientes es un buen indicador de salud ambiental y social.

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El reciclaje desordenado de nuestros equipos tecnológicos esconde peligros para la salud de los más pobres y el medio ambiente

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Nos impactó lo noticia que asegura que millones de personas –muchas con mujeres y niños- se dedican en América Latina a la recogida de basuras. Cerca del 90 % lo hacen de forma no regulada, exponiéndose a peligros derivados del contacto con materia fecal, materiales tóxicos, residuos químicos, jeringuillas usadas, pilas y baterías. Aunque hay varios proyectos para hacer las cosas bien, que comprenden el respeto por el medio ambiente, se avanza despacio. Aquí tenemos la recogida y selección muy regulada, pero bastante gente que mantiene una existencia difícil hurga en los contenedores de basura domiciliaria,  buscando la supervivencia; también se exponen a contagios no deseados. Pero en esto, como en casi todo de la vida, hay quien gana (o pierde) en la búsqueda de un sustento en la basura. Asómense un momento al vertedero mortal que es Ghana, en donde acaba una buena parte de nuestros desechos tecnológicos. Quédense con el nombre de Agbogbloshie. ¿No les entran ganas de reorientar su consumo, sabiendo que en una pequeña parte todos somos responsables?

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Ya imaginábamos algo parecido, ahora ha llegado la confirmación: las plantas pueden ver, oír y oler

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La vida nos enseña que lo que parece a veces es, que por mucho que miremos a menudo  no vemos, que lo que algunos intuimos con el tiempo se convierte en verdad si los científicos lo demuestran, aunque haya mucha gente que no lo crea. El caso es que el admirado mundo vegetal no deja de darnos sorpresas. Hemos leído que un grupo de plantas -alguna tiene un nombre tan bonito como Arabidopsis thaliana- pueden ver, oír y oler; atentos pues seguro que se descubrirán más. No, no es que les hayan salido ojos, orejas o narices ni nada por el estilo, sino que poseen unas proteínas que les ayudan a interactuar con el mundo, son como una especie de detectores del medio ambiente y sus cambios. ¿A qué esto le parece más creíble si recuerda cómo algunas cambian de aspecto o de forma y con el tiempo se recuperan de algún golpe ambiental? Los científicos han encontrado que saben defenderse de los patógenos, es casi como decir que elaboran sus propias medicinas.

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La pobreza energética impregna todo el ambiente pero no calienta

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Cada año, diversas asociaciones dedican una semana a recordarnos que la pobreza energética castiga la vida de muchas personas en la rica Europa, no digamos en los lugares pobres de los países pobres. Se sabe que es un problema serio, solamente hace falta leer algún informe de la Asociación de Ciencias Ambientales. El diario Público  nos avisaba que se unos 10 millones de españoles sufren este problema, el Gobierno afirma que unos 4,5 millones. Se sabe que tiene una incidencia real en la mortalidad de determinados colectivos. Hay iniciativas interesantes como las que se lanzan desde la Fundación ecodes -participa en el Observatorio Europeo de pobreza energética , para que no haya ningún hogar sin la energía necesaria para vivir con dignidad. Una pregunta bien intencionada. ¿Por qué razones piensa que se da, se ha extendido, se consiente esto de la pobreza energética?

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Océanos de plástico. Existen y son cada vez más extensos

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ECOESCUELA ABIERTA  de El Diario de la Educación

Hubo que cambiar la clasificación escolar de los océanos y añadir el de plástico 

Los océanos y mares, habrá que recordar para los curiosos que representan el 71 % de la superficie del planeta, se estudian en muchos cursos de la escuela y adornan nuestra vida con cantidad de imágenes, casi todas espectaculares. Son protagonistas de muchos documentales –recordemos a Jacques Y. Cousteau, la BBC o National Geographic- en los que se ensalza su inmensidad, el color y los movimientos de sus aguas, la grandiosidad de la vida que albergan. Su magnetismo atrae desde hace siglos en la cultura universal y por eso son protagonistas de aventuras noveladas, como “Moby Dick” de Herman Melville –vivió sus andanzas oceánicas con poco más de 20 años y publicó en 1849 su ballenero libro, que supuso entonces un espectacular fracaso- o “20 000 leguas de viaje submarino” de Julio Verne –publicado veinte años más tarde, en donde se explora la variada vida marina y las contradicciones de la condición humana-. 

Pero además los grandes depósitos de agua pueden ser una muestra novelada de la vida …

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Un top ten, se podrían describir muchos, de los contaminantes ambientales

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No mire para otro lado que seguro tiene alguno por su casa, o en su vida los utiliza; nos referimos a productos fabricados mediante prácticas altamente contaminantes. Vale, disculpamos sus despistes porque usted mismo no los fabrica ni legisla para ellos, pero es bueno que sepa a que contribuye o se expone. En el top ten de los más contaminantes figuran en lugar privilegiado las baterías de plomo/ácido, ciertas sustancias empleadas en la minería, incluida la del carbón, los plaguicidas con los que nos “cuidan” los productos hortofrutícolas para que no lleven bichitos y tengan buen color y forma, y muchos más que harían interminables la lista. Un dato terrible: la mayoría de ellos circulan por el agua que mucha gente bebe. ¿Qué estamos haciendo mal? Los de la OMS están muy preocupadosPuede añadir alguno a la lista y reducir su impacto personal y global. Pero ante todo permanezca alerta, infórmese y únase a causas justas que eviten la proliferación de venenos, estén claros o viajen escondidos.

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Se dice por ahí que la escuela española es una de las que más segrega. Si es así la inequidad consentida es un atraco social

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Anda revuelto (sic) el mundo educativo español con el asunto de la segregación que es como el aire: nadie la ve pero existe y la respiramos. No lo decimos solamente quienes intentamos llevar a cabo una lectura crítica del devenir colectivo sino que lo corroboran hasta los datos del PISA (Programme for International Student Assessment). Los investigadores de la Universidad Autónoma de Madrid F.Javier Murillo y Cynthia Martínez Garrido son los autores del estudio Magnitud de la segregación escolar por nivel socioeconómico en España y sus Comunidades Autónomas y comparación con los países de la Unión Europea a partir de los datos del último Informe PISA. Han comprobado lo que nosotros sospechábamos: el sistema educativo español es segregador, lo sitúan en el sexto lugar de Europa, con niveles similares a los de Eslovenia, Bulgaria o República Checa; la peor comunidad es Madrid, allá dónde se aloja la capital de España hacia la que todos miramos. Nos quedamos, nos produce una gran preocupación, con una afirmación de las muchas que advierten del peligro: “La segregación escolar (…) es uno de los factores que contribuyen en mayor medida a impedir una verdadera igualdad de oportunidades y generar desigualdad social”. El tiempo pasa y la esperanza se nubla. Por cierto, poco revuelto anda el sistema educativo; casi ni siquiera protestan los que sufren la segregación. Los políticos hablan y hablan pero poco dicen; actuar no entra en sus cálculos.

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Las tóxicas adelfas son semáforos ambientales pues delatan la calidad del aire en las ciudades

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Son unos arbustos peculiares. La Nerium oleander, presente de forma natural en terrenos poco productivos, ignorada y denostada por su toxicidad, ha conquistado buena parte de nuestros jardines, en donde por nada del mundo debería encontrarse y por eso en algunos lugares le han declarado la guerra; pero el caso es que todavía se sigue vendiendo. ¿Por qué? Pensábamos que era por dejadez o desconocimiento de los responsables de parque y jardines pero no, ahora los de Instituto Pirenaico de Ecología han descubierto que las adelfas son unos magníficos testeadores del aire contaminado; se lo tragan todo, más o menos como los humanos. Por cierto, ¿sabría identificarlas?

En la rosa y el blanco de tus luces,

bajo tu flor de azúcar y veneno,

adelfa de jardines andaluces,

pierden los pulsos su latir sereno.

Pierden los pulsos su latir y viertes

en la sangre letárgicas esencias

en tu débil aroma dulces muertes

coronan andaluzas indolencias

Misterio de la adelfa  de Joaquín Romero Murube (Paco Bailo me la susurró)

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No hay pobres en España. Si acaso duda pregúntele a cualquier miembro del Gobierno

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El balance del Gobierno del año 2017 resaltaba que la recuperación económica estaba llegando ya a la gente más pobre, que iba saliendo del riesgo de pobreza y exclusión social. El indicador AROPE (At Risk Of Poverty or Exclusion) que enumera a personas en riesgo de pobreza :tienen unos ingresos que se consideran insuficientes para vivir, sufren una carencia material severa que les limita considerablemente su vida (poder pagar alquiler o hipoteca, mantener su hogar a una temperatura adecuada, comer carne o proteínas equivalentes con regularidad, entre otros), o viven en hogares en los que hay una baja intensidad de trabajo -los adultos de 18 a 59 años han trabajado durante menos del 20% de su potencial durante el año-. Vale, ha mejorado algo pero se encuentra en niveles anteriores a 2009 y muy por debajo de la media europea; la tasa de pobreza no ha dejado de crecer desde 2006. Tanto que dice que se ha generado “Aporofobia” que más o menos es el miedo a las personas pobres, quizás su  rechazo o aversión. Febrero de 2018.

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(Volver a) aprender que tiempo y clima no son la misma cosa

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ECOESCUELA ABIERTA  de El Diario de la Educación

Deberemos estudiar si tanto tiempo atmosférico revuelto no significa que estamos en un cambio climático.

La costa este de los Estados Unidos se vio sacudida por violentas nevadas en las navidades pasadas, como sucede en muchas ocasiones. Los hechos, más bien las incomodidades causadas a la población, llevaron al presidente Trump a tuitear algo así como que anhelaba un poco de calentamiento global para evitar esos fríos. Por lo que se ve, ningún asesor del mandatario americano le ha explicado que tiempo y clima no son la misma cosa. Claro que el señor Trump también dijo que lo del cambio climático es cosa de los chinos; en parte tiene razón pero también de los americanos, de los europeos y de todos los habitantes que consumen una parte del futuro del Planeta. Desde aquí le invitamos a nuestras clases para explicarle algunas relaciones y las enormes diferencias entre tiempo y clima; también nos interrogaremos con él sobre qué puede suceder si las temperaturas globales siguen con su ritmo ascendente y continuado

No resulta fácil utilizar con corrección tiempo y clima…

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La burocracia educativa corre el riesgo de convertirse en la estampa fija de la acción escolar

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Los docentes deben rellenar cada vez más papeles para justificar a la administración lo que hacen, o no pues no siempre coincide lo dicho con lo ejecutado; pero manda el protocolo burocrático, que al fin y al cabo es lo que cuenta desde hace bastantes años. La Lomce convirtió la evaluación como método de progreso en un fin en sí misma; se evaluaban todos los estándares, hasta casi cuando tosía cada alumno-a, tanto que se han convertido en una pesadilla para los enseñantes. Antes se decía que la función básica del profesorado era enseñar bien para que así el alumnado tuviera el mejor escenario para aprender. Cuanto más tiempo se emplea en rellenar casillas para los que mandan menos se utiliza en preparar, en pensar si servirá el método, en cuestionar el proceso, en atender las demandas. La práctica educativa se ha mecanizado. Con lo necesaria que para progresar es la evaluación de nuestras intervenciones y el efecto provocado, pero si la atiborramos de estándares corre el peligro de hacerse indigesta.

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Las ciudades expelen acelerantes del cambio climático, pero en ellas está también buena parte de la solución

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Las gentes que viven en las ciudades generan múltiples actividades relacionales. Las gentes que se acumulan en las ciudades usan grandes cantidades de energía para mantener su ritmo vital. La misma organización interna es una fábrica compleja. En cada una de estas acciones toda la ciudad y cada uno de sus habitantes emiten enormes cantidades de dióxido de carbono que deterioran su vida cotidiana –el calentamiento global se cebará en ellas debido a las islas de calor- y afectan a entornos próximos o lejanos. La movilidad en las ciudades, su mismo biorritmo, se ha diseñado érroneamente, en épocas en donde el consumo de energía importaba poco. Pero en donde están los males las cosas deben empezar a cambiar. El C40 Cities está centrado en la lucha contra el cambio climático y lleva a cabo acciones urbanas que reducen las emisiones de gases de efecto invernadero y los riesgos climáticos, mientras que aumentan la salud, el bienestar y las oportunidades económicas de los habitantes de las ciudades.  ¿Qué le parece? El futuro de las ciudades está bajo amenazas por eso obliga a hacer predicciones de futuro.

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El año de los camélidos, un acertado homenaje a sus servicios en todo el mundo y en reconocimiento a sus adaptaciones

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Reconozco que de chico me resultaban indiferentes, a no ser porque los Reyes habían venido en ellos varias veces a traerme regalos y les ponía un poco de cebada para que se alimentaran. También por verlos en el cine con Lawrence de Arabia. De joven tuve algún contacto con ellos, más que nada porque entonces fumaba, desconocedor de los problemas del tabaco. Había una marca “Camel” que se ilustraba con un dromedario, y el error al identificarlo me persiguió durante un tiempo, por la cosa de una o dos jorobas. Luego supe que unos, los del cartel del tabaco eran mayormente africanos y otros, de dos jorobas, asiáticos y a partir de ahí ya no hubo errores. Mi sorpresa fue conocer que el género Camellus era mucho más amplio, incluía unos camélidos americanos que me resultaban simpáticos: las lamas, alpacas y vicuñas. Cuando la cosa me interesó, ya de profesor, me asombré de que tuviesen tres estómagos, de que su ovulación fuese inducida, de que las dos extremidades del mismo lado se moviesen simultáneamente y del poder nutritivo de su leche, y de otras cosas que cuenta National Geographic. Por eso me parece genial que los Reyes Magos sigan trayendo los juguetes todos los años montados en ellos. De no ser así caerían en el olvido, como otras muchas especies. Si tuviera alguna influencia intentaría que las ONG ambientalistas celebrasen por todo lo grande el “Año Internacional de los camélidos”, como ha hecho la FAO con el año que ahora comienza.

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El reloj circadiano mantiene el desarrollo de los seres vivos, pero está en riesgo, despistado por el cambio climático

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El Nobel de Medicina 2017 fue concedido a los científicos que pusieron en valor la existencia del reloj circadiano en el metabolismo de los seres vivos, un mecanismo que fundamental en la salud humana. Pero el asunto llega hasta las plantas. Decir que estas tienen un reloj interno puede parecer atrevido a algunos, afirmar que los sincronizan según las revoluciones de la Tierra es una aventura. Pero parece que sí, que son las proteínas quienes tienen un papel importante como reguladores de ese ciclo circadiano del que tanto se habla. Pero es que además esos extraños, o no, relojes ayudan a predecir el cambio climático, y nos atestiguan por sus marcas que antes ha podido haber otros cambios climáticos de diferente duración e intensidad.

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Los animales migrantes nos enseñan que el mundo ya no es lo que era, ni en lo climático y en lo social

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ECOESCUELA ABIERTA  de El Diario de la Educación

La escuela lleva muchos años hablando de migraciones. Lo hace para explicar la aventura de la especie humana en su expansión por todo el mundo desde las tierras africanas –por allá donde cae Etiopía–. ¿Quién no tiene noticias de Lucy?, aquella Australopitecus affarensis que caminaba erguida y dejaba la permanente vida arbórea para demostrarnos con su esqueleto fosilizado la evolución de los homínidos –por cierto, las últimas investigaciones dicen que murió por la caída de un árbol, ¡qué ironía!–. Los currículos escolares recogen las migraciones en Educación Primaria si bien suelen hacerlo con un mero tratamiento fenológico. También en la cultura popular planean muchos animales migrantes: “Por san Blas (3 de febrero) la cigüeña verás, y si no la vieres año de nieves”, o “A 15 de marzo da el sol en la umbría y canta la golondrina” decimos en España, pero los ciclos migratorios no están nada claros hoy; vamos a tener que cambiar libros y cultura popular. Esas dos aves podrían representar al resto de migrantes pues resultan universalmente reconocidas: la una hasta se ha idealizado trayendo los niños de París y la otra sale tanto en poemas como en obras pictóricas, ya desde “La Anunciación” de Fra Angélico. Tal recorrido social, metafórico y paradójico, ha tenido la migración de las golondrinas que hasta llegó al cine en forma de canción con Sam Peckpinhah, que contrapuso su violencia en Grupo salvaje (1969) con un final músico y lírico escalofriante en donde habla de una golondrina mexicana que marcha de la patria querida porque no tiene cielo y se halla extraviada buscando abrigo, y no lo encontrará. Pero a la vez le ofrece su pecho para hacer de nido en donde pueda la estación pasar, porque el que canta también está perdido -¿será migrante?- y sin poder volar. No dejen de escuchar esta canción, figuran muchas ediciones en Youtube pero gustan especialmente las de Los Panchos, aunque no se pierdan las de Alfredo Kraus o Nana Mouskouri, y tantos cantantes latinoamericanos. ¿Por qué será? Usemos una parte de esta lírica en el aula y unamos ambas intenciones formativas: las especies migrantes con el fenómeno de la migración humana, la actual especialmente. Podemos abrir en clase debates, disponemos hoy de bastantes documentales que pueden servir de referencia, para acercarnos a la historia vivida –cambiante y anónima- y dejar de lado la historia contada –excesivamente ligada a grandes hombres y conquistas-.

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