La rebelión de la naturaleza explosionó, y nosotros en medio

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Parece que todo se ha aliado para hacernos la vida más complicada, hasta la naturaleza está en nuestra contra. Se ha alejado de aquello que Dante decía de que era el arte de Dios; luego los dioses no nos quieren, o nos alertan de que todo es posible y nada es improbable. Llegó la COVID-19, atribuida por gente de ciencia a la liberación vírica de los bosques eliminados. Después de resistir a la pandemia el calor asfixiante nos envuelve, todos metidos en una multicrisis climática que nos sofoca y nos hurta el agua que magnánimamente nos daba. Olas de calor por todo el mundo, el dios del fuego bajó a la tierra. Tierra reseca cada vez más que sin la lluvia que la naturaleza enviaba de vez en cuando arde con el olor del fuego: incendios que la naturaleza generaba pero ahora llevan el mensaje de rebelión por tanta destrucción de hábitats. Destrucción, contaminación, desamparo y pérdidas irreparables. La naturaleza sufre y llora, las personas afectadas blasfeman contra ella, porque el mundo parece otro. Muchos la acusan de una rebelión a destiempo, sin ver que otras circunstancias acechan. 

Todo en el mismo lote. La sabiduría sobre el papel de la naturaleza la expresaba Francis Bacon en aquello de que solamente podemos «dominar» la naturaleza si la obedecemos. Ni aun así, le diríamos al filósofo y mucho menos si hemos hecho de la tierra un infierno para sus habitantes. ¿Quién no se rebelaría? Muchos de nosotros que seguimos empeñados en dominarla, cueste lo que cueste, aunque sea nuestra existencia. Era Julio Verne quien nos dijo aquello de que podemos desafiar las leyes humanas pero nunca las de la naturaleza, que tiene sus propios códigos no escritos pero visibles en sus formas. Incluso tras los incendios de estos días quedará algo maravilloso que será el rebrote de nuevas semillas, la vuelta de invertebrados y pájaros.

Todo en el mismo lote como aquellas filosofías críticas que hablaban que incluso en el año 2022 la naturaleza sería una necesidad del espíritu humano, como estamos comprobando estos años. En el momento en que nos han dejado visitarla ahí hemos estado. Pero nos han pillado de lleno explosiones no controladas de la naturaleza. En las anteriores rebeliones de la naturaleza, ha habido muchas, no ha incluido el papel incendiario de la especie humana. Le quita la razón a Lao Tzu que decía que la naturaleza nunca se apresuraba; nos gustaría saber lo que pensaría sobre la situación actual el sabio chino. Lo más probable es que se rebelara.

Además, la utilización torticera de la naturaleza lleva a algunos al improperio social de dejar de proporcionarnos el combustible clásico -manipulado por el hombre y cada vez más escaso o difícil de obtener en la naturaleza- y se rebela; como diciendo: basta. Pero, ¿quién escucha esa advertencia? Será alguien que consiga que entendamos que la naturaleza no es un lugar para visitar, sino para quedarse. Por eso no está solo en el campo, en el mar o lejos de las ciudades. Porque estas son hoy parte de la naturaleza, o deberían serlo sin tantos aspavientos.

Para terminar la llamada del artículo, o comenzar a entender algo de nuestra existencia, me quedo con aquello que decía Blaise Pascal, pues me sirve para entender la rebelión inducida y la explosión actual: «La naturaleza es una esfera infinita cuyo centro está en todas partes y la circunferencia en ninguna». Añado, dentro tiene muchos círculos y planos cruzados con matices siempre cambiantes que la someten a rebeliones varias; especialmente cuando los humanos pretendieron a la vez sofocar los desastres que ellos u otros provocaban. Ahora son tierras calcinadas en donde el negro parece maldecir el futuro. También valdría como ejemplo el agua que no tendrán, ni para beber -por su deteriorada calidad- ni para los usos que se van inventando. Pero son tantas las escenas olvidadas, los peligros que nos acechan, las palabras huecas de quienes tienen el mando de las cosas, que tardamos en entender las espoletas o detonantes, pero nuestra pólvora esta perfectamente identificada. Ahora en forma de incendios y problemas en el abastecimiento de agua, pero mañana…

Aprovechemos la rebelión de la  naturaleza para reclamar más atención y recursos a nuestras autoridades.

El incendio del Moncayo como metáfora del viaje a los infiernos

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Cuando se acerca el verano los bosques y montes tiemblan de miedo. Este año el verano llegó con meses de adelanto y nos trajo incendios en la sierra de la Culebra, en la sierra de Gata, Nonaspe, Monfragüe, Ateca-Moros, Navarra y un sinfín de lugares, incluso en tierras menos secas como Galicia. De hecho, llevamos más de 235.000 has. quemadas en los 7.234 incendios de este año (37 grandes, 4 veces más que en los últimos años). También por toda Europa (660.000 has. hasta ahora en la UE), California, etc., van de récords anuales.

No hemos esperado a ver el desenlace de una amargura colectiva que nos queda próxima. Las imágenes de hoy mismo son desoladoras, por el fuego aniquilador y las caras de amargura de aquellos lugareños que tratan de apagarlo. Este chispazo es un triste canto a la naturaleza en peligro, elaborado con retazos de artículos escritos desde hace 7 años, cuando empezamos. A los miles de has. quemadas en España hasta ahora se suman las cercanas al Parque Natural de nuestro Moncayo, el vigía del valle del Ebro que también mira a las tierras castellanas. El inspirador de leyendas desde tiempos de los romanos -el Mons Caius de Marcial- y emociones permanentes; hasta los Bécquer lo supieron apreciar. Esperamos que Eolo, el dios de los vientos, no lo lleve hasta nuestro icono ibérico, el Parque Natural en donde tantos aragoneses, navarros o sorianos buscamos refugio, emociones y aliento para disfrutar del paisaje y que nos empuje hasta llegar a su cima. Por eso nuestra metáfora debe quedar sin quemarse.

Las causas de los incendios se saben: meteorología adversa aliada con cambio climático, una ola de calor que parece no tener fin, los caprichosos vientos y, en algunos casos el elevado índice de intencionalidad e imprudencias y el abandono generalizado de los montes. Contra las primeras es difícil luchar en el momento pues las llamas ganan a los medios técnicos y humanos. Pero contra las segundas sí. Sabemos que vivimos en la seca Iberia; hace falta creerlo. Todavía queda verano y mucha gente será desplazada, como ahora, por fuegos abrasadores. Al infierno forestal se llega pronto, pero la permanencia puede ser demasiado larga; las emociones de los vecinos afectados quedarán siempre en su historia personal. ¡Ojala no le suceda un gran desastre a nuestro Moncayo y sus aledaños! Habrá más incendios este verano, temblamos de miedo solo por pensar si se generan en el Norte de Aragón.

En agosto de 2015 WWF lanzó una campaña «Un grado de más un bosque menos», habría que añadir cerca de su casa, en un enclave querido o algo similar, como tantos ha habido en este año. Ya hemos superado la cifra de años anteriores en grados y en incendios. Pero las previsiones son peores: el sistema aire, suelo y agua se calienta como pocos en la zona mediterránea occidental. El Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) advertía entonces de que los bosques y ecosistemas mediterráneos se encontraban entre los más vulnerables del mundo y sufrirán impactos muy severos, la zona del Moncayo entre ellos. Además, el Instituto de Física de Cantabria (CSIC-Universidad de Cantabria) manifiestaba por aquel tiempo en un informe que las áreas quemadas en la Península Ibérica se triplicarán antes del año 2075 respecto a la actualidad. El tiempo les va dando la razón, por desgracia. El infierno socioecológico se ha extendido este año por toda España peninsular y las islas.

Hace tres años era la Sierra de Alcubierre la afectada. Sabemos que los incendios son una parte de la vida cuando los provocan causas propias. Cuando llevan el rastro de la negligencia o intencionalidad humana lastiman el entramado de los ecosistemas y atentan contra las emociones colectivas. Sucedió en territorio monegrino, una joya de la estepa mediterránea y lugar de nacimiento de quien esto escribe. También allí, como ahora, se destacó la lucha que desplegaron ante las llamas los habitantes del lugar, junto con las brigadas forestales, para evitar que el fuego se extendiera. Sin saber si lo lograrían allí donde ellos y ellas luchaban para salir del infierno.

El incendio actual se explaya por pueblos pequeños en habitantes pero grandes en corazón, que se ayudan en las desgracias, que lloran también por el Santuario de la Misericordia, que tan cerca ha estado del infierno. ¡Qué no habrá visto este edificio en sus casi seis siglos de existencia! ¿Cómo mirará el incendio? ¿Tendrá poderes mágicos para apagarlo o llamará a las Brujas de Trasmoz para que usen sus artes?

Los bosques y montes se seguirán quemando, en su errante devenir entrópico. Por eso, urgen políticas activas (antrópicas) de protección del monte y los bosques, impidiendo también que los urbanitas los empleen sin respeto para sus merecidos descansos o caprichos expansivos. La huida del medio rural, la despoblación de estos lugares y el abandono de tierras cultivadas no hacen sino aumentar la probabilidad de grandes incendios. Sin olvidar que caben políticas activas durante los inviernos, con incendios provocados y controlados para mantener cortafuegos, quizás con ganadería extensiva y mucha formación para el personal forestal, con planes de actuación para cada pueblo que tiene monte cercano, para que cada vecino-a sepa actuar cuando vea cerca las llamas del infierno o prevea que estas pueden llegar si se juega con fuego en momentos de temperaturas extremas y graves sequías.  

La maldición de ser pobre, enésimo capítulo sin final

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Cómo estará la cosa que hasta el BCE (Banco Central Europeo) ha tenido que llamar la atención de que el dinero (medidas fiscales incluidas) que se dio a los países europeos para paliar las desgracias pandémicas, bélicas y energéticas no ha llegado a los hogares más pobres; solamente el 12 %. pero es que el Fondo Monetario Internacional ha alertado sobre lo mismo. Pero aún hay más: lo destinado a acelerar la transición energética apenas llega al 1 %.

Tomemos nota del algo más a añadir a la desgracia de los pobres: entre las ayudas no vinculadas al nivel de renta de los hogares y las que se destinan a empresas suponen el 88 %. Eso es de lo que se quejan los dos extremos de los dineros: dinero y deducciones (son cuestionables los ayudas universales para mitigar el cambio climático y no adecuarlas a los niveles de renta) para los ricos y las migajas para los pobres.

No digamos ya con el asunto de la inflación galopante. Interfiere en la vida de los más pobres mucho más que en la de los ricos. Cuando hay expertos gabinetes de economía que dicen que habría que dedicar la mitad de los dineros a parar la inflación de quienes viajan en transporte público y son economías familiares muy débiles. Lo peor, que nos descalabra del todo es que más del 54 % de los dineros se vayan a subvencionar el empleo de combustibles fósiles. Suponemos que será una medida «muy transitoria» pues al paso que vamos el cambio climático se frotará sus apéndices con estas medidas. Lo de impulsar el gasto militar con estos dineros parece una aventura de alcance equívoco, pero dejamos la interpretación para posteriores fases de la guerra de nunca acabar desarrollada por Rusia en Ucrania. También se ceba con los más pobres y no hace sino aumentar desigualdades por el mundo donde extiende sus tentáculos.

NOTA: En EAPN encontrarán detallada la cuestión de la pobreza y el riesgo de exclusión. 

El evaporado poder del agua, versión 2022

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Cuenta la leyenda que una vez se reunieron en torno a una jarra de agua varios pensadores ilustres y cada cual expresó el valor del agua en una frase corta. Uno de los presentes, Leonardo da Vinci (en excelso pintor y dibujante del alma, además de ingeniero) decía que era la fuerza motriz que movía todo en la naturaleza. Lo razonada en que no solo los ingenios hidráulicos lo demostraban, sino cada gota que sube por los vasos leñosos de las plantas y vivifica las células que almacena en sus vacuolas.

A lo que Lao Tzu, el del Tao y sus virtudes, hubiera respondido (vivió casi 2.000 años antes) que en el mundo no hay nada más sumiso y débil que el agua. Sumiso porque siempre va hacia abajo y parece que deja que la gente hagamos lo que queramos con ella, incluso penetra en el suelo formando grandes almacenes freáticos. Sin embargo, para atacar lo que es duro y fuerte nada puede superarla. De esto no hemos encontrado la razón documentada pero imaginamos que se referiría a que desgasta hasta a las rocas y vence al fuego, a los incendios, haciendo una especie de cápsula alrededor de lo que arde para evitar que el oxígeno del ambiente reavive los fuegos. Benjamin Franklin, hubiera dicho de vivir en aquellos tiempos lo de que cada paisano del mundo árido conoce: el valor del agua si el pozo se seca a menudo. Si pudiéramos haber asistido a la reunión hubiésemos precisado que eso antes sucedía en lugares extremadamente secos pero que ahora pasa en sitios muy castigados por el cambio climático y la falta de precipitaciones. Como ahora en España, el país de Europa que más embalses tiene (ahora mismo están al 40 % de su capacidad, 8 puntos menos que el año pasado y 19 que la media de los últimos 10 años), donde ya han empezado las restricciones, y lo que nos queda por delante. También en Francia andan secos y con restricciones y en…

Después de escuchar decir a Henry Thoreau que el agua es la única bebida del hombre sabio, llenaron sus vasos y bebieron la parte que les tocó, no sin antes haberla bendecido Nelson Mandela deseando que hubiera siempre trabajo, pan, agua y sal para todos. No se ha cumplido porque una parte de la población no tiene de casi nada de eso, otra desprecia el agua porque en su proyecto de vida no parece que falte. Otros porque ya culparán al Gobierno respectivo, en España al Presidente preferentemente, o pensarán que lo arregle el sursuncorda. Por cierto, no lo habíamos dicho pero la jarra estaba medio vacía o medio llena como cada cual prefiera, incluso puede que tuviese algún agujero que minaba su contenido.

NOTA: No sabemos si la reunión fue virtual. Por eso esta versión es provisional, ni siquiera si se celebró. Aun así, los cenizos, entre los que se encuentra quien esto escribe que nació y se crió en la reseca estepa, piensan que la cosa irá a peor en su país y limítrofes. para hacer semejante conjetura se ha informado en la Aemet  y en la OMM. Sin embargo estamos de vacaciones, y no es conveniente anunciar cosas malas a la gente. Por eso que quede entre los que leen estos chispazos. Por cierto, si quieren saber un poco más lean este artículo de eldiario.es.

 

 

Convivir con un entorno sano, derecho humano universal

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Todos sabemos que la ONU existe, que es un lugar donde se habla mucho y por lo que parece pinta poco. Los medios de comunicación la vituperan constantemente; no digamos ya los países que no se salen con la suya o esos que han convertido el Consejo de Seguridad en una partida de mus. Otros nos preguntamos sobre qué sería del mundo sin las 15 agencias de la ONU: Unicef, Unesco, FAO, PNUD, Acnur, OMS, OMM, OIT, etc., por citar solamente a las más conocidas. Las sedes de cada una no están en Nueva York, como la de la ONU sino que se sitúan en varios continentes.

La Organización de las Naciones Unidas, vamos a dejar aparcados los comentarios sobre el término organización y unidad de las naciones, es tan necesaria que debería tener más poder decisorio para que sus mensajes llegasen nítidamente a todos los rincones del mundo. No es así, pero su liderazgo inestable es el único al que pueden sujetarse los países e individuos con más desigualdades. Pero claro, para eso hace falta un presupuesto y todos los países son cicateros; recordemos los abandonos o amenazas de EEUU. Por cierto, España es el décimo contribuyente mundial. Mientras hay muchos que no pagan o se retrasan indefinidamente.

Todo esto viene a cuento de que la Asamblea General de la ONU adoptó el jueves pasado una resolución que reconoce como derecho universal el acceso a un medio ambiente limpio, sano y sostenible. Hubo 161 votos a favor, ocho abstenciones (ya se lo imaginaban pero los citamos aquí: China, Rusia, Bielorusia, Camboya, Irán, Kirguistán, Siria y Etiopía)  y ningún voto en contra. Antonio Guterres, ese buen hombre que es el actual Secretario General, subrayó, sin embargo, que la adopción de la resolución «es sólo el principio» e instó a las naciones a hacer de este derecho recién reconocido «una realidad para todos, en todas partes». La resolución, basada en un texto similar adoptado el año pasado por el Consejo de Derechos Humanos (cuya Presidenta Bachelet ya ha dicho que van a estar muy atentos) supone un hito para abordar la crisis medioambiental, de contaminación, de pérdida de biodiversidad, etc. que nos amenaza.

¿De qué sirve esto? Al menos de reconocimiento, de catalizador de ilusiones, de refrendo de acciones de la ciudadanía y de obligaciones de los gobiernos. De paso, servirá de aval a muchas ONG del ámbito socioambiental para reclamar a sus gobernantes próximos que no vayan en contra de esa resolución. Falta mucho para hacer realidad lo de derecho humano, pero es bueno que aparezca ligado a la biodiversidad. Suponemos que se regularán plazos, acciones, cómo se denuncian incumplimientos, etc. La pena es que, por ahora, no es jurídicamente vinculante

Lo dicho, sin la ONU, con todos sus fallos, viviríamos peor. Recordemos que algunas declaraciones de derechos humanos parecían una quimera cuando se aprobaron y hoy son norma casi generalizada en muchos países, todavía pocos para lo que tenemos enfrente.

La guerra del trigo azuza el (des)orden mundial

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La alimentación es la clave principal de la supervivencia de la especie. Tanto que ha provocado grandes convulsiones a lo largo de los siglos. Se anuncia que Ucrania y Rusia, bajo mediación de la ONU y Turquía, han firmado un acuerdo para dar salida al trigo que una parte de la población mundial necesita para no sucumbir. Queda ver cómo discurre su cumplimiento.

El amarillo de la bandera de Ucrania viene del alto valor que allí tiene el trigo y otros cereales, cultivados en tierras negras (chernozem). Estas cubren una parte de ese país, que a la vez suponen la cuarta parte de las existentes en el mundo que todavía conservan su fertilidad. Como retienen mucha humedad y el clima todavía les es propicio, los rendimientos por hectárea son muy elevados. De ahí aquel dicho que afirmaba que «Ucrania es el granero de Europa».

Eso sucedía antiguamente, hasta que los rusos decidieron invadirla, era uno de los principales graneros del mundo. Lo saben bien los países del este africano y todo el Oriente Medio en los cuales han comenzado ya las hambrunas. Se teme que este nuevo escenario tenga que ver en posibles revueltas en los países árabes. Ya sabemos que las guerras del pan han estado presentes siempre a lo largo de la historia. En España se recuerdan las algaradas causadas por la carestía del pan en Requena (1748 y 1766), año este en el que sucedió el motín de Esquilache, en donde se mezclaron granos con vestimentas. Se extendió como la harina impulsada por el viento y adoptó diversas dimensiones, como el «Motín de los broqueleros» en Zaragoza. Fuertes fueron las revueltas de 1904 en Valladolid, antes ya hubo otras en 1856. Por eso, en la FAO andan muy preocupados se la actual invasión rusa se prologa durante mucho tiempo. Tanto es así que avisan de que estamos ante una crisis alimentaria sin precedentes en la historia.

Todo lo anterior venía a cuento para insistir una vez más en que cualquier desarreglo mundial en la cadena de producción y consumo, llega hoy a todos los confines del mundo. La interdependencia es hoy total. Cada obús que explota en Ucrania imposibilita la alimentación de mucha personas situadas a miles de kilómetros de la acción bélica. Tenemos la demostración en los sufrimientos de muchos pobres de países ricos, y países pobres de solemnidad, a algunos de los cuales se forzó al abandono de los cereales que les procuraban proteínas, en el desorden mundial. Detrás vino la inseguridad alimentaria y de nutrición que la FAO lleva tantos años denunciando. Esto, dicen algunos, no ha hecho nada más que empezar y vaticinan migraciones en bandada o revueltas generalizadas, que también expulsarán a mucha gente de su territorio. No se pierdan el último número de EOM (El Orden Mundial) especialmente preocupado en ilustrarnos sobre los desórdenes mundiales de plena actualidad.

Y no solo es el trigo.

Ozonizados además de socarrados. Cuando respirar aire limpio es un lujo

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Había una vez un «ozono bueno» que se acumulaba formando una capa finísima en la estratosfera (la capa de la atmósfera situada entre 15 km y 60 km por encima de la superficie). Ejercía de escudo contra los rayos ultravioleta del Sol, lo cual permitía la vida en la Tierra. Esto no es un cuento sino una realidad, por eso la ciencia se alarma cuando se hace algún agujero en la capa que protege en el Ártico y en la Antártida.

Hay también un «ozono malo» que es el que está soportando buena parte de España, también Europa, Los actuales niveles de ozono troposférico son muy dañinos para la salud. Tanto calor y tan seguido provoca un alarmante aumento de la proporción de ozono (O3) en el aire que respiramos. Las actividades industriales y el transporte emiten compuestos químicos (COV y óxidos de nitrógeno) que aumentan la proporción de ozono en el aire que respiramos. Aquí un esquema del proceso de formación de ese ozono malo. Y si quiere saber más cosas entre aquí.

Este gas es oxidativo para los seres vivos y daña a las células, reduce la función pulmonar, causa dolor de cabeza, fatiga y efectos vasculares. Pero lo más grave es que su intensidad y a largo plazo causa efectos graves en el desarrollo de los pulmones, aumenta las situaciones de asma y activa alteraciones cognitivas. La ciencia ha constatado que también incrementa la mortalidad en personas afectadas por diabetes y con problemas de insuficiencia cardíaca.

Hay una normativa que regula las proporciones máximas de ozono en el aire respirado, pero según Ecologistas en Acción, una de cada tres estaciones de las 500 que miden el ozono en el aire urbano han superado los límites permitidos estos días. Incluso algunas ciudades españolas han debido limitar la circulación en el centro para reducir los alarmantes niveles. Como hace tiempo que emprendieron acciones muchas ciudades europeas.

Por cierto, el ozono ciudadano se va de excursión y llega a las periferias y más allá. No se crean los rurales que están del todo a salvo. Infórmense y reclamen medidas a las autoridades; allá donde vivan. Otro riesgo más de la mal planificada movilidad urbana y su habitabilidad.

Me duele especialmente la infancia. ¿Cuánto tóxico acumulará a lo largo de su vida.

La anónima culpa de los niños sin escolarizar, o sin educación de calidad

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Niños y niñas, adolescentes sin una posibilidad de subir peldaños en su formación personal. Las escalas sociales se agrandan. Pocos dicen algo. La educación tiene una autoría anónima y como tal si falta las culpas se diluyen. Se dijo en tiempos aquello de que el Objetivo de Desarrollo Sostenible núm. 4 nos iba a llevar a una educación de calidad en el año 2030, o casi porque los puntos de partida no eran similares en todo el mundo. 

Acabamos de conocer el informe «Establecimiento de compromisos: puntos de referencia nacionales del ODS 4 para transformar la educación» (por ahora el texto completo en inglés). El asunto no va bien. Incluso da vergüenza leer algunos párrafos que muestran la deshumanización educativa. Porque, ya decía Emilio Lledó que «la riqueza del pueblo no es la del suelo, sino la del cerebro».

Eso se traduce en estos momentos en que 84 millones de niños y niñas corren el riesgo de estar sin escolarizar en 2030. De ahí que el Secretario General de las Naciones Unidas convocase la Cumbre de Transformación de la Educación (aquí entran los países pobres y los niños y niñas de los países ricos que viven en entornos de pobreza o riesgo de exclusión) con el objetivo de dejar bien claro que la educación como niveladora social debe colocarse en la parte superior de la agenda política.

No los vamos a cansar con una larga perorata de la carga ética que la universalización de la educación lleva consigo. Nos limitaremos a notificar en qué indicadores se puede concretar, entre 2025 y 2030, para servir de referencia siempre, los comprometido deseos de la educación en cada país:

  • asistencia de la educación en la primera infancia
  • tasas de no escolarización
  • tasas de finalización de los diferentes estudios
  • brechas de género en las tasas de finalización
  • índices mínimos de competencia en lectura y matemáticas
  • maestros y maestras capacitados
  • gasto público en educación

«Según el informe, basado en datos facilitados por nueve de cada diez Estados Miembros de la Organización, los países prevén que el porcentaje de estudiantes que alcanzan las competencias básicas en lectura al final de la escuela primaria aumentará del 51% en 2015 al 67% en 2030. A pesar de este progreso, se estima que 300 millones de niños y jóvenes seguirán sin tener las competencias básicas en aritmética y alfabetización que necesitan para acercarse al éxito vivencial». Hay mucho más para sonrojarse: «solo uno de cada seis países pretende cumplir el objetivo de conseguir la superación de la secundaria para 2030, y solo cuatro de cada diez jóvenes del África subsahariana la terminarán».

Las culpas se reparten, diluidas, entre todos los integrantes del pueblo mundo. Sí, alguna nos llega. La educación es el camino incluso más que el objetivo. Repartir los recursos abre sendas, veredas o carreteras que lleven a la oportunidad de educarse. Cualquier postura insolidaria debería entenderse como un atentado contra la propia dignidad. Como dice Oxfam «la desigualdad no se va de vacaciones«.

No nos dejemos vencer, no perdamos la ilusión. La pandemia y la guerra en Ucrania nos han demostrado que los de aquí no somos los únicos en el mundo. No vendrán tiempos mejores si no luchamos por ellos. Exijamos un compromiso también a nuestros gobiernos por una educación pública y de calidad, también para los pobres. Por cierto, si encuentran tertulias sobre el fin de la educación y su generalización hacia el ODS 4 atiendan a lo que se dice y reaccionen. Guarden las frases diana de algunos-as dirigentes nacionales y autonómicos para debatirlos en familia, o en la escuela a la vuelta de vacaciones. Al menos hablemos de la justicia educativa en España.

COROLARIO centrado en España: Una familia superrica, que matricula a sus hijos en centros educativos privados, merece una ayuda educativa. O sería más demócrata y humanitario destinar los recursos a las familias pobres o con muy bajos recursos, que escolarizan a su descendencia en centros públicos, y así favorecer el ascensor social que debe proporcionar la educación.

Contra el tiempo y la desesperanza, diversas raciones de rebeldía social

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Vivimos tiempos difíciles. Se podría resumir diciendo que no se encuentra una solución que reduzca las desigualdades y atempere las incertezas. Las plagas que azotan el mundo tienen nombres comunes (hambre, pobreza, desigualdad, guerras, genocidios, limitación de derechos universales, persecuciones por causas subjetivas, falta de alimentos y agua, desnutrición, alzas aceleradas de precios, etc. Pero detrás, esos nombres comunes llevan lugares concretos, muchas personas anónimas. A poco que nos esforcemos vemos el planisferio entintado, con colores en rojo y matizados. Pero estas calamidades se distribuyen de manera desigual también dentro de cada país. El Índice Gini así lo confirma. Ya sucedía antes de que la COVID-19 y la guerra expansionista de Rusia y otras olvidadas en el mundo destruyesen una parte de la esperanzas en los lugares expuestos. Ahora se han incrementado.

Cabe esperar a que las cosas cambien a mejor por algo indefinido; quién sabe si sucederá y cuándo. Casi siempre, si ocurre, beneficiará a los ricos, de ingresos altos o medio altos. En cualquier país de mundo. No podemos resignarnos, nunca es demasiado tarde para no hacer nada. El nada ya nos hubiera convertido en no ser. La vida es una aventura por la que se transita mejor amparado en la ética, removiendo la personal y pensando en la ecosocial. En ese caso, cualquier avance conmueve a quienes escuchan el latir del mundo. En otras ocasiones se ha demostrado que la capacidad de resistir las contrariedades puede ser infinita y nos aproxime a la tabla de salvación. Tocará compartirla y agrandarla con ciertas dosis razonadas de rebeldía social. Pues desconocemos si el tiempo sicológico dura más o menos que el real.

Hasta hace poco se predicaba que la esperanza es universal, incluso los pobres la atesoran por si en algún momento pueden intentar dar el salto definitivo. Pero para ello hay un componente básico. Se identifica con la rebeldía, con la lucha contra los infortunios. No solamente los propios sino los ajenos;  nos lo dice la supervivencia de la especie. Contra el tiempo y la desesperanza no cabe resignarse. Sin embargo, vemos con preocupación que, como recoge EOM, el mundo se rearma para las que llaman paces armadas. No es buena noticia. Por eso, hay que demandar acciones a las administraciones, más en los países llamados democráticos. Máxime cuando los gobiernos, no sólo de la OTAN que ahora se va a rearmar de obuses contra la esperanza, de muchos países que hacen de las cosas de las guerras una parte importante de sus presupuestos. Rebeldía frente a aquellos países, pero también empresas y partidos políticos cercanos, o ciudadanos de aquí que los aplauden; empeñados en “explotar su libertad” sin importarles para nada la de los demás. Para entender esos comportamientos leamos detenidamente “De la necesidad y la esperanza” de María Zambrano, escrito en Roma en 1949. Tan actual como desconocido.

Busquemos contenido y acción, curiosidad y posibilidad de actuar, en aquello que decía A. Schopenhauer: quien ha perdido la esperanza es que ha perdido también el miedo, eso es lo que distingue a las personas desesperadas. Qué si no impulsa a los migrantes africanos que buscan el infinito a pesar de verse sometidos a tantas maldades en el camino. Un recuerdo especial para quienes mueren en el intento, como los fallecidos la última semana en la frontera entre la pobre África y la deseada Europa. También para la gente humanitaria que se rebela e insiste en socorrerlos, trata de apagar el miedo y alargar la esperanza de un mundo menos injusto.

Ecovestimenta para rescatar la ética olvidada; menos «fast fashion»

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Dicen por ahí, seguro que lo ha escuchado, que la moda de usar y tirar puede resultarnos cara. Pensemos en esa ropa barata, que se vende en esas grandes cadenas, que nos compramos cada año. Dado que el coste económico no ha sido grande podemos desecharla a los cuatro días. Quienes están influidos por la recuperación y el reciclaje la lleva en bolsas a los puntos de recogida que han puesto en marcha ayuntamientos o algunas instituciones de socorro colectivo ligadas a las iglesias. 

Hasta ahora todo parecerá bien, comparado con quienes se deshacen de ella en el contenedor de residuos donde va el «resto» o directamente la amontonan en sus repletos armarios. Pues sí y no. Vivimos en el denominado fast fashion, que más o menos se podría traducir con indulgencia diciendo que es una renovación constante y acelerada de la vestimenta. Por si se había olvidado, las industrias que elaboran esa ropa son de las más contaminantes del planeta (responsables de casi un 10 % del CO2) y de las que más agua utilizan. Marcan a demasiadas personas «el estilo tendencia» y mucha gente se apunta a esa corriente. 

Tanto cuestan tanto duran puestos en un cuerpo, dirían los más viejos del lugar. Pero hay otra cuestión de esclavitud encubierta. De igual valor son los derechos humanos y sueldos de las trabajadoras y trabajadores de esas fábricas de lo efímero. Seguro que saben cuáles son pero los voy a recordar: Bangladesh, India, Camboya, Indonesia, Malasia, Sri Lanka y China, etc..

Apuntemos estas razones para abandonar la moda de la brevedad, según cuenta una investigación divulgada por Greenpeace México: Entre 2000 y 2015 la producción de esa ropa se duplicó (unos 100 millones de prendas), las veces que se ha usado una ropa ha decrecido un 36 %, hay muchas prendas que se usan 7 o 10 veces como máximo, un 75 % de esa ropa recogida termina incinerada (no admite un 2º uso), y un etcétera muy largo.

Según leemos en la revista Ethic «el sector textil genera más de un millón de toneladas de residuos solo en España, situándose entre las cuatro industrias más contaminantes del mundo y siendo la segunda en mayor consumo de agua (con una reutilización, además, de apenas el 1%)». parece ser que la UE, en Bruselas, están trabajando para reducir y, si pueden, eliminar esta lacra del consumismo. Quieren revisar el vigente «Reglamento de la Directiva de Ecodiseño» para que la economía circular mande y el ciclo de la vida de los productos sea razonable. De hecho la UE calcula que estas modas, generalizadas en consumos de ropa y productos en general suponen el 80% de impacto medioambiental. Es decir, rescatar un carácter más sostenible en toda la cadena de valor. Dicho de otra forma: evitar el nacimiento de «la ropa muerta que mata», que podría ser una traducción muy libre de la versión inglesa de la ropa efímera que nos han vendido con el único atractivo del costo para el bolsillo del quien la compra (quizás se desconocía lo anteriormente escrito), pero deudora y derrochadora de la ética global. 

No tengo ni idea de quien es Vivienne Westwood, ni cómo vivía ni a qué se dedicaba pero me gustaría que su frase fuese el nuevo estilo de vestimenta, su tarjeta de pago: “Compra menos, elige bien, hazlo durar”. Y añado: piensa un rato antes en los costes ecosociales de su ciclo de vida.

Por cierto, vienen días de REBAJAS en casi todos los comercios. Saque la mano del bolsillo y olvídese del tarjetero. Compre solamente aquello que de verdad necesite. Gracias globales.

 

Si juegas con el calor te expones a quemaduras

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En pleno ola de calor, tan adelantada que casi quema el calendario, mucha gente sigue comportándose como si tal cosa. Tal cual si no fuera con nosotros, excepto para iniciar conversaciones, maldecir el asunto o el lugar donde vivimos o dotarnos de sistemas climatizadores del aire. Este gente no se habrá dado cuenta de que no solo cuenta el calor encerrado en los lugares habitados. Puede que desconozca que el calor de lo que se llaman olas se refiere a la energía acumulada en la atmósfera, más presente en la troposfera, que es ahí donde vivimos nosotros y el resto de las criaturas del planeta. 

La vida no es un juego, y aquí jugamos al escondite cuando nos toca esforzarnos por algo que no se ve pero de lo que más o menos podemos defendernos. La ciencia asegura, ya no dice probablemente, que la frecuencia de las olas de calor tiene mucho que ver con el cambio climático incentivado por los modelos de vida. Ahí estamos nosotros. El IPCC viene avisando del peligro del aumento del calor en el aire, de lo que ha dado en llamar cambio climático, después crisis, y últimamente emergencia. En su sexto informe afirma que las cosas de la energía en el aire y lo de los gases contaminantes van a peor. Es más apuntan que las temperaturas extremas serán frecuentes en los valles del Guadiana, Guadalquivir y Ebro si persiste la inacción.

Mientras esto acelera, los Parlamentos apenas se ocupan de las consecuencias, no aprueban normativas contundentes. Prefieren emplear el tiempo en maldecirse los unos-as a los otros-as. Imaginemos que existiera una justicia social que vigilase la no protección parlamentaria de la población a la que representan. Entonces se iniciarían expedientes judiciales por la dejación de responsabilidades climáticas. Así los jueces dedicarían menos esfuerzos en castigar los presuntos delitos o faltas que cometieron gente ecologista, científicos y científicas lanzando agua con tintes disueltos a la fachada y puerta del Parlamento español; si es que se han abierto expedientes. Así querían denunciar la inacción comprometida de las Cortes ante el cambio climático y la falta de apoyo a la ciencia en general. La pena es que se recordará el hecho en sí mismo, no las razones que lo provocaron.

Asamblea ciudadana por el clima, una experiencia comparativa

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La existencia de cada uno de nosotros está plena de deseos pero es escasamente visible fuera de nuestro círculo próximo. Solo cuenta lo que expresen la celebridades, aunque no digan cosa comprensible, más que nada por lo que ocultan. Asomarse a ciertas redes sociales es una manera segura de flagelarse por el diluvio de vacuidad que expulsan.

Frente a esas hay experiencias renovadoras e ilusionantes de las que tenemos ejemplo por toda Europa y el mundo: las Asambleas Ciudadanas por el clima. La que se ha puesto en marcha recientemente en España (100 mujeres y hombres anónimos, elegidos al azar) se ha reunido, debatido, acordado, ilusionado, leído con compromiso, etc. Sus integrantes, mujeres y hombres sin especiales vínculos con acciones contra el clima, han compartido sus visiones. Fruto de ellas se han «atrevido» a presentar 172 propuestas a este gobierno y los que vengan detrás. Seguro que la actual Ministra ha tomado buena nota; a ver si las circunstancias la dejan ser valiente y le dan tiempo a serlo. A veces los mensajes del Ministerio son interpretados de forma «peculiar» por quienes gobiernan en las CCAA, provincias, ayuntamientos, etc. No digamos ya del mundo empresarial, excepción hecha de unas cuantas empresas que han interiorizado que no hay otro camino. Pero la mayoría son incrédulas o directamente negacionistas. A ver si va a ser verdad aquello que dicen que dijo el filósofo y escritor británico Bertrand Rusell, Nobel de Literatura,  sobre que “Los científicos se esfuerzan por hacer posible lo imposible. Los políticos (influenciados por sus creencias y por las empresas multipoderosas) por hacer imposible lo posible». Afortunadamente para nosotros no son todos.

Las conclusiones de la Asamblea Ciudadana, por ahora, están en las antípodas de las que hacen los poderes públicos y empresariales. Para estos últimos las palabras enmudecen a las obras, mientras que los primeros proponen palabras de esperanza. Pero de entrada, gracias al Ministerio de Transición Ecológica por promoverla. Ha querido crear un laboratorio sin contaminar que debía imaginar la mejor manera de hacer que España sea climáticamente neutra. O casi, por que a nuestro modo de ver hay probables que resultan en sí mismos imposibles. A la vez que se dan improbables cercanos a lo posible. Albert Einstein hubiera dicho que “Los que dicen que es imposible no deberían molestar a los que lo están haciendo». 

Los procesos de deliberación ciudadana son necesarios siempre, ahora todavía más que los problemas aumentan y da la sensación de que nos hemos vuelto tan «exclusivistas» con nuestros ideales. Más ahora que en España los procesos de deliberación han huido de muchos parlamentos, qué es parlamentar sino escuchar con respeto para llegar a acuerdos, en los que se practica mucho más el «tiro al plato», con proyectiles verbales. 

Desde muchos sectores se intenta luchar contra el cambio climático. Creámoslo: es un problema serio de atención urgente que implica cambios de estilos de vida profundos. Lo expresaba con una rotunda claridad la gran filósofa y poeta María Zambrano: No se pasa de lo posible a lo real, sino de lo imposible a lo verdadero. Al menos, que los políticos se esfuercen en mirar con ese planteamiento las 172 propuestas y las clasifiquen según su urgencia. 

Las bombas de la guerra de Ucrania caen en África

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No solo en África sino en otros muchos países del mundo. El alza generalizada de materias primas y de productos de consumo básicos amenaza la economía global, pero especialmente en los países pobres de África. Una sola cuestión explota y sus esquirlas afectan en todo el mundo. La subida de los combustibles y otras materias primas ahoga la economía mundial. Pero detengámonos en la crisis alimentaria que se ha generado con la imposibilidad de exportación del trigo ucraniano o ruso a los países africanos. Si no se garantiza la salida del trigo desde el puerto de Odesa se vislumbran consecuencias graves que se alargarán varios años. 

Como denuncia Oxfam, en países como Kenia, Somalia, Etiopía y Sudán del Sur, castigados ahora mismo por una sequía sin precedentes en los últimos 40 años, se ven privados del trigo que les llegaba regularmente desde Ucrania y Rusia. No solo esos sino que también otros del norte de África (Egipto, Libia, Argelia…) y Oriente Medio (Yemen, Líbano, Irak), y algo afecta al África subsahariana (Nigeria, Sudán, Senegal…) o central (R.D. del Congo y Madagascar, y en Asia (Bangladesh). En total cientos de millones de personas.

Las guerras son crueles y malditas para todas las personas pero en especial para las más vulnerables. Durante estos días se ha celebrado en Estocolmo una conferencia de la ONU para abordar las tres graves emergencia que amenazan el presente y futuro del planeta y sus habitantes: climática, de contaminación y pérdida de biodiversidad. En ella, Antonio Guterres, el Secretario General de la ONU ha dejado claro que el mundo sabe qué hay que hacer y dispone de las herramientas necesarias, pero faltan liderazgo, cooperación y compromiso. La primera ministra sueca, Magdalena Andersson, defendió la necesidad de hablar menos y hacer más, y más rápido. 

Volvió a plantearse como en la primera conferencia mundial que tuvo lugar en Estocolmo ahora hace 50 años aquello que predicaba una y otra vez Olof Palme, el primer ministro sueco entonces: «No hay ningún futuro individual, nuestro futuro es común. Debemos compartirlo y darle forma juntos». Los ecos de la inacción global llegan a todo habitante del planeta, no solo las personas, pero se ceban especialmente en los más vulnerables y entonces causan más daños que el simple eco de que algo ocurre. Nos quedamos con las palabras de Teresa Ribera, Vicepresidenta del Gobierno de España y Ministra de Transición Ecológica: Necesitamos una transformación profunda y radical, los retos de hace cincuenta años se han transformado ahora en crisis». Considera que «estamos muy lejos de los objetivos marcados o de diseñar las respuestas que necesitamos» porque «los retos de entonces se han convertido en emergencias», por lo que es ineludible una transición profunda y radical a la hora de plantear la vida global. 

El estruendo de las bombas ha impedido la escucha del socorro demandado por las ONG y organismos internacionales. La espigas del cereal están huecas o quemadas. ¿Ahora o nunca? Ya. Acuerdos internacionales para abrir corredores que permitan la salida de alimentos básicos para el mundo desde Rusia y Ucrania. El tiempo corre más deprisa que los dirigentes mundiales. 

Crisis alimentaria a la vista: más pobres y con menos salud

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La tranquilidad mundial, es un decir, que reinó durante unos años en Europa a comienzos del siglo XXI dejó a los países ricos al margen de las penurias alimentarias, con la excepción de las derivas de incertidumbre de la crisis de 2008. A todos sus habitantes no, porque también tenían ciudadanos pobres y hambrientos, particularmente en las grandes ciudades. Pero, aunque no llegasen a todos, tenían sistemas de protección social que aminoraban en parte las tragedias de determinadas familias. Si no que se lo pregunten a muchos de los inmigrantes, que desde su llegada a Europa, los que no murieron en el intento, sufren penalidades económicas que palían con economías de corto alcance.

El descontrol en el precio de los alimentos tiene muchas caras. La COVID nos enseñó la más amarga, porque mezclar hambre con una epidemia, en un contexto de pobreza nacional, desestabiliza hasta a las ratas, con perdón por poner en medio a estos animales. Las rutas comerciales se rompieron, los compromisos se anularon, las globalizaciones alimentarias cayeron por su propio desastre conceptual. La FAO lleva tiempo avisándonos. Aunque eso que pasa en muchos países africanos, asiáticos o de América no se nombra en los noticiarios. Por si acaso ahí va un resumen de Rtve.

Después, más bien enseguida, los rusos decidieron invadir Ucrania, el granero de Europa se decía cuando el que escribe estudiaba el Bachillerato, y de eso han pasado ya muchos años. Dado que se han establecido vetos a la exportación rusa en respuesta a la guerra que han provocado, los canales comerciales se han roto. Se han cumplido las profecías de los simples: a menos oferta, si la demanda se mantiene, escalada de precios y escaseces de alimentos en quienes no los pueden pagar. La segunda dice: las personas mayores y la infancia serán los mayores damnificados. Ver lo que dice Unicef.

Quienes quieran entender mejor lo que aquí expongo que entren en el International Food Policy Reseach Institute, que titula de una forma clara su artículo: De mal en peor en el asunto de la seguridad alimentaria. Incluyen una comparativa entre la crisis de 2008 y la de 2020. Habla de la diversidad de factores que motivan la percepción de que la crisis alimentaria se llevará por delante parte de los amargos recuerdos que nos dejó la COVID-19. Atentos a la falta de fertilizantes. Uno, que es ignorante, suponía que ese asunto estaba resuelto en los países ricos.

Los más damnificados serán los de siempre. Se adivinarían fácilmente, pero para evitarles pensar los citamos aquí: India, Egipto, Asia central y África sahariana, Mongolia, etc. En el artículo se recuerda que “muchas restricciones a la exportación no son prohibiciones absolutas, sino impuestos u otros costos de transacción que elevan los precios de las importaciones de productos básicos pero no las impiden per se”. Total, el efecto es parecido.

La UE, que tiene bolsas de pobreza, capea como puede por ahora las crisis. Pero el alza, entre otros, de los precios de los alimentos llevará a tiempos peores, a los que habrá que hacen frente con desembolsos comunitarios y personales ingentes. No se pierdan los pronósticos del Banco Mundial. Se me olvidaba: tampoco en España la seguridad alimentaria está asegurada, por ahora los precios de los alimentos han subido como la espuma. Los ricos protestan, los pobres (6 millones en riesgo y 2,4 con falta de recursos) tiemblan.

Educación acantonada: horizonte sombrío

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A uno le cuesta creer lo que no entiende; para otros la educación es fundamentalmente creencia sin ir más allá. En educación hay banderas y bandos. Cada tendencia asegura que busca la perfección, sabiendo que es una quimera. Cada nueva ley educativa se asemeja a una pulida colección de virajes erráticos, más o menos grandes.

Una parte del profesorado quiere elevar las leyes a la excelencia, otra la ignora y va a lo suyo; para buena parte pasará desapercibida. Las leyes siembran las semillas o enseñan las flores esperando que el público (profesorado y alumnado) las admire o ponga en un jarrón. Por lo que parece, cada día sabemos más de cómo educar y entendemos menos sobre qué educar. Lo que pueda saber el alumnado siempre será un grano de arena en una gran playa. Deberá emplearlo para construir o coleccionar; nunca será lo mismo. Todos tenemos derecho a saber y conocer; así podremos contribuir a construir un mundo más justo, o no. La cuestión principal siguen siendo las banderas o los iconos.

En las leyes educativas se potencia el aprender, muchas veces sin reflexionar. ¡Vaya pérdida de energía! Así no se fomenta el hambre de descubrir que enfatizaba Camus. Porque por mucho que insistamos en presentar lo esencial muchas veces es invisible a los ojos, o estos no conectan con el pensamiento. Para el profesorado, enseñar debería ser aprender a dudar. Se empeña en enseñar qué pensar, de ahí que contribuya a delimitar los cantones de las sucesivas leyes. Valdría más entrenar en cómo pensar, ya sea hacia lo simple o lo complejo, con más o menos compromiso. 

La educación española balbucea en la penúltima ley; la última será la del partido que gane las próximas elecciones. Esto va de cantones. Entre el profesorado hace tiempo que se instaló la esperanza perdida, que es el peor de los desastres educativos. Tampoco ayuda que la sociedad no se dé cuenta de que la vida es una continua educación. Un proceso que no termina nunca si las semillas germinaron y los brotes fueron bien abonados. Lo contrario sería un permanente estado de tedio, que ha cubierto desde antiguo buena parte de los cantones. Además, los partidos políticos han ido cavando zanjas alrededor de los exclusivismos.

Quienes impulsan las sucesivas leyes educativas olvidan que hay que regarlas continuamente, dentro de la escuela y fuera. Si así fuere, quizás bastantes profesores y profesoras tendrían a mano la solución a los problemas que seguro se les van a presentar a su heterogéneo alumnado. ¡Se habla tanto de la inclusión educativa, de la educación para la vida! En demasiadas ocasiones lo aprendido en la escuela sobre una temática ecosocial, aspectos de la crisis climática o la educación para la ciudadanía global por ejemplo, se contradice con las maneras de conducirse la sociedad. Zonas estancas dentro de los cantones.

Pronto vendrán las vacaciones. ¿Y después? Ojalá los cantones sean capaces de aliarse en un Pacto por la Educación y construyan puentes de tránsito educativo. Que sirva también para quienes tienen menos posibilidades por el entramado social donde viven u otras causas relacionadas con las capacidades.