El papel de la escuela en la búsqueda de la convivencia social, construida en torno a valores universales

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La convivencia es una experiencia, siempre inacabada, que enriquece a los individuos, y los obliga a pensar, absortos como están muchas veces en mirarse a sí mismos. Sucede en la sociedad individualizada, esa que ahora manda más que la compartida. Priman los desencuentros. La escuela, que es un reflejo social, se daña con esos ejemplos. Ahora dicen, proclaman, que se van a atender los acosos en el medio escolar como forma de educar en la ciudadanía. Bien y mal, según se mire. Bien porque ya era hora de que recapacite sobre el sentido de educar, alejado de lo que es corriente en los propósitos organizativos y curriculares que marcan las autoridades educativas. Mal porque evidencia que algo no funciona bien en nuestra sociedad democrática que, recordémoslo, siempre será imperfecta. Incluso leemos que va a haber un docente dedicado a evitar el acoso escolar. El artículo de “El Mundo” contiene suficientes elementos: mediadores, presupuestos, Observatorio de la Convivencia, protocolos, registro de casos, etc., para realizar un debate sosegado en la escuela, en los departamentos y en las Comisiones de Coordinación Pedagógica. Adelantémonos al futuro.  Necesitamos una escuela sustentada en valores universales, pero si la sociedad va por otro lado fracasaremos en el propósito. Por cierto, nos iría bien que los legisladores lo creyesen de verdad, que los valores universales fuesen su espejo, que no lo empañase el tiempo.

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Europa se despista: su Red Natura 2000 se desnaturaliza, como si fuera un invento de los humanos

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WWF alertaba hace un mes de que la red de protección europea – que se extiende por un 18% del territorio terrestre y un 6% del territorio marino- fallaba por todos los nudos. Europa está acechada por quienes solamente piensan en sí mismos, llámense políticos, ciudadanos o empresas, y solo se acuerdan del medio natural cuando van de excursión. ¡Alerta roja! España es el país que más aporta a la red europea; luego nos preguntamos si los responsables de las malas notas no seremos nosotros. En ese caso, habríamos de aplicarnos en cumplir los compromisos, en hacer ver a nuestros ciudadanos la importancia de preservar esos territorios por la riqueza biológica que contienen y los enormes beneficios ambientales y sociales que nos procuran. Por si acaso, dense una vuelta y verán lo que perderemos –tenemos casi 1.900 espacios protegidos- si no nos espabilamos, porque “en todas las cosas de la naturaleza hay algo maravilloso, ella misma no hace nada en vano”, dicen que dijo Aristóteles.

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Lo que nos faltaba: las zonas áridas emiten grandes cantidades de CO2. Un nuevo tizón para el cambio climático

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Uno pensaba que las zonas áridas apenas emitían a la atmósfera dióxido de carbono. Un grupo de investigadoras de la Universidad de Granada, coinciden sus datos con otros estudios llevados a cabo en Norteamérica y Europa Central, ha demostrado que el CO2 acumulado en el subsuelo pasa a la atmósfera en determinados momentos por el proceso de ventilación. Este hecho puede afectar muy negativamente al calentamiento global. Porque, si se cumple la previsión de la desaparición de una parte importante de los bosques, dejará de ser un sumidero de CO2 y las zonas áridas resultantes se convertirán en emisoras, como parece que va a suceder en el sureste español. ¿Podremos soportarlo? Quizás nos consolemos con lo que decía Antoine de Saint Éxupéry: “Lo bello del desierto es que en algún lugar esconde un pozo”.

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La hora del Planeta no acabó el 25 de marzo. No se mide en minutos sino en compromisos

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WWF nos invita cada año a pensar durante 60 minutos que nos encontramos en la hora del Planeta, a que cambiemos nuestra forma de vida para rescatar al Planeta de su deriva. Este año el lema iba más allá “El Planeta primero. Que nadie te pare”. El mensaje tiene un alto contenido de universalidad, también de complejidad porque abarcar su comprensión se nos hace difícil. Pero focalizar el mensaje en ese destino universal que es defender la casa común -el Planeta- es todo un acierto. La segunda parte del mensaje incide en el papel que cada uno de nosotros de forma particular tenemos en la defensa del algo global, universal, que a todos incumbe y de nadie es, porque tiene entidad en sí mismo. No consiste solo en apagar la luz, en apuntarse de manera anecdótica -dicen que al acto del sábado se habían anotado 150 países y más de 3.000 ciudades- en la campaña, sino en creer y practicar sus mensajes: que nadie te pare, no hay planeta B, el cambio personal está en marcha, todos somos imprescindibles, etc. Hay que leer despacio el apartado “Actualidad en la hora del Planeta” o ver el vídeo en youtube para debatir en nuestra casa, en las escuelas y en los centros de trabajo u organizaciones si cada uno somos conscientes y responsables de que el Planeta esté consumiendo sus últimas horas, o va a tener una prórroga porque hemos llenado sus minutos de compromisos. Habrá que empujar para que nuestros gobiernos, esas ciudades que se han anotado, no se queden en la celebración. Tampoco nosotros, autosatifechos por apagar una bombilla durante sesenta minutos. Empecemos a llenar nuestro calendario de contenido ecológico para conseguir que el Planeta vaya primero.

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La escuela española lleva mucho tiempo esperando un cambio; de tanto nombrarlo ha desaparecido del ideario educativo

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La educación española que marcan las leyes –dicen que en esos ganamos a casi todos los países europeos- ha sido prolija. Muchos textos oficiales aprobados por los gobiernos y los parlamentos apenas han logrado remover el escenario. Aquí estamos, sin saber qué educación tenemos/queremos ni hacia dónde vamos: si el modo/modelo de enseñar está claro en conjunto y cada profesional lo tiene, si la educación tiene una multifuncionalidad para cada individuo o para el colectivo, si la distribución de los tiempos es la adecuada a los diferentes ritmos de aprendizaje y edades, si pensamos  la misma educación los diferentes agentes educativos, etc. Los artífices del “no cambio” ocupan lugares destacados en la vida pública: gobiernos, parlamentos, administraciones. Están bien secundados por una sociedad inexpresiva y una comunidad educativa que solo se mueve por cuestiones menores, más ligadas a la forma que al fondo. Pero alguna vez tendrá que cambiar todo esto. Mejor se leen las reflexiones de Jaume Carbonell “10 conexiones del cambio educativo” en El diario de la educación. Allí encontrarán temas para el debate educativo con sus compañeros-as, con las familias y con las administraciones, para hacer posible el cambio que tanto necesita la escuela, y de paso darle voz social.

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La observación meteorológica asegura, con datos rigurosos, que estamos ante un calentamiento global

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Hoy es el día señalado en el calendario para recordar el Día Meteorológico Mundial que este año tiene por mensaje “Entendiendo las nubes”, porque tienen un papel decisivo en las predicciones y avisos, porque no solo guardan humedades sino que condicionan todo el sistema climático. La observación del tiempo nos dice que el quinquenio 2011-2015 fue el más cálido desde que se tienen registros. A través de la página de inicio de la WMO (Organización Meteorológica Mundial) puede acceder a datos sobre los años/meses más cálidos, fríos, húmedos, etc. Queda lejos aquel 23 de marzo de 1950, en el que entró en vigor el Convenio de la Organización Meteorológica Mundial. Pero también es un día para reflexionar sobre los datos que nos aportan las estaciones de observación referidas a la temperatura global: el Planeta sufrió un calentamiento global en 2016 cercano a 1.5 °C, según el programa de observación Copérnicus de la Unión Europea. Parece que se nos escapan los acuerdos de la cumbre de París. Sorprende lo preocupados que estamos por el tiempo que hará mañana –todas la cadenas de televisión europeas y americanas que seguimos emplean muchos minutos cada día a hablar de este asunto, además hay muchas Web especialmente dedicadas a ello- y nos despistamos del clima que preparamos/tendremos en el futuro, el que dejamos a nuestros hijos. En piensaenclima nos dan claves para observarnos a nosotros mismos en nuestros comportamientos, aunque no sea con tantos datos como los que proporcionan los datos a las agencias estatales, pero con más afecto climático y participación solidaria. Si quiere saber mucho más de las nubes visite la página de la Aemet (Agencia estatal de meteorología).

Como el día va de nubes, mientras piensan en el cambio climático, ahí va como obsequio un fragmento de “Nubes blancas” de la poetisa chilena Gabriela Mistral.

Ovejas blancas, dulces ovejas de vellones/ que subieron del mar,/ asomáis en mujeres los gestos preguntones/ antes de remontar. Se diría que el cielo o el tiempo consultaseis/ con ingenuo temor,/ o que, para avanzar un mandato esperaseis. /¿Es que tenéis pastor?/ Sí que tenemos un pastor:/ el viento errante es él./ Y una vez los vellones nos trata con amor,/ y con furia otra vez./ Y ya nos manda al Norte o ya nos manda al sur./ El manda y hay que ir…

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La disposición del agua vital marca una de las fronteras de la dignidad global

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Día Mundial del Agua para recordar olvidos: esos casi 700 millones de personas que viven sin un suministro de agua segura cerca de su casa, que dedican diariamente muchas horas de su vida haciendo colas o caminando a fuentes lejanas para conseguir una garrafa de agua, mientras nosotros la tenemos simplemente con girar un grifo. Día para volver a pensar en quienes beben y utilizan agua contaminada -dicen que unos 1.800 millones de personas- que se exponen a contraer enfermedades como cólera, disentería, fiebre tifoidea o poliomielitis, que muchas figurarán en la lista de las 850.000 muertes inducidas por la mala calidad del agua. Por si se nos había olvidado, casi el 80 % de las aguas residuales de todo el mundo vuelve a las corrientes o cauces sin ser tratadas o reutilizadas. ¿Por qué desperdiciar agua? es el lema de este día, o si lo prefieren “Aguas residuales”. Invertir en la reutilización del agua supondría un ahorro del 90% de energía y 70% de agua. Debemos ponernos en marcha para responder al desafío: “Habrá suficiente agua para todos”; agua para vivir dignamente, una de las muchas quimeras no resueltas desde que la humanidad se extendió por la tierra. Todavía viven sus “Sueños del agua”.

Tantas aguas hay que forman un todo –limpio de residuos y consecuencias- al que debemos prestar atención para tenerla con los atributos de aquella que cantaba Mario Benedetti:

 “La del grifo/ la mineral/ la tónica/ la del río/ la dulce/ la salada/ la del arroyo/ la del mar/ la regia/ la de las cataratas/ la del pozo. La de la lluvia/ la de aguanieve/ la de fuentes o la del rocío/ la del océano/ la de aljibe/ la del diluvio o la de la cascada. Toda el agua del mundo es una abuela/ que nos cuenta naufragios y regatas/ que nos moja la sed y da permiso/ para seguir viviendo otro trimestre.”

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El bosque: algo más que muchos y bonitos árboles

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Los bosques cubren casi un tercio de la superficie del planeta, aunque desigualmente repartidos y con desarrollos muy diferentes. Tienen unos beneficios evidentes, que aprovechan directamente quienes viven cerca: alrededor de 1.600 millones de personas –que sostienen con ellos parte de su economía y dulcifican el día a día– y los animales, plantas y otros seres vivos que en ellos se acomodan (casi el 80% de las especies conocidas). Pero los bosques extienden sus beneficios sociales y ecológicos por todo el mundo. Procuran materias primas imprescindibles para ciertas tareas constructivas o de consumo, protegen el suelo y evitan la desertificación, atemperan el clima y limpian el aire. Pero los incendios forestales y las talas masivas relacionados con intereses económicos de grandes multinacionales están acabando con ellos –por ejemplo en Indonesia- y dañan la vida de las poblaciones que allí se asientan y custodian  el territorio. La FAO propone para este año “Los bosques y la energía”, un buen tema para el debate.

“Al bosque mío entro con raíces,/ con mi fecundidad: De dónde/ vienes?, me pregunta
una hoja verde y ancha como un mapa./ Yo no respondo. Allí/ es húmedo el terreno
y mis botas se clavan, buscan algo,/ golpean para que abran,/ pero la tierra calla.
Callará hasta que yo comience a ser/ substancia muerta y viva, enredadera,/ feroz tronco del árbol erizado/ o copa temblorosa.
Calla la tierra para que no sepan/ sus nombres diferentes, ni su extendido idioma,/ calla porque trabaja/ recibiendo y naciendo:/ cuanto muere recoge/ como una anciana hambrienta:/ todo se pudre en ella,/ hasta la sombra,/ el rayo,/ los duros esqueletos,/ el agua, la ceniza,/ todo se une al rocío,/ a la negra llovizna/ de la selva.
El mismo sol se pudre/ y el oro interrumpido/ que le arroja/ cae en el saco de la selva y pronto/ se fundió en la amalgama, se hizo harina,/ y su contribución resplandeciente
se oxidó como un arma abandonada.

Vengo a buscar raíces,/ las que hallaron/ el alimento mineral del bosque,/ la substancia
tenaz, el cinc sombrío,/ el cobre venenoso./ Esa raíz debe nutrir mi sangre./ Otra encrespada, abajo,/ es parte poderosa/ del silencio,/ se impone como paso de reptil:
avanza devorando,/ toca el agua, la bebe,/ y sube por el árbol/ la orden secreta:/ sombrío es el trabajo/ para que las estrellas sean verdes.”

Pablo Neruda

NOTICIAS DE ÚLTIMA HORA: La sequía planea sobre todos los bosques del planeta, asegura una reciente investigación.

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La AOD (Ayuda Oficial al ¿desarrollo?) en África tiene muchas caras, no todas sonrientes

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La buena cara se aprecia en que se han mejorado las tasas de escolarización, que determinadas enfermedades como la malaria y el VIH han sido frenadas, que la esperanza de vida crece. La mala es que la educación no llega a la mitad de los jóvenes africanos entre 15 y 17 años, que las niñas no encuentran en la escuela su mejora social, y que las desigualdades se cronifican en el complejo continente. Parece que la AOD de los países occidentales –que ha caído vertiginosamente según Oxfam– es interesada: para sus amigos y si pueden sacar rédito de ella. Hay quien aboga por darle a la AOD un giro completo -las corrupciones hacen perder millones de dólares por el camino-, por que se vigilen los neocolonialismos como los que han puesto en marcha los chinos, pero no solo ellos. Se cuenta hoy que las remesas de los migrantes a los países pobres suponen más dinero que los que les llegan por parte de la AOD –que muchos países donantes “engordan” con maniobras vergonzosas-. Por ahí ha visto alguien una puerta para favorecer la acogida; otros le han puesto muchas cerraduras de seguridad. Pero no debemos olvidar que si los estados frágiles se convierten en fallidos todos tendremos un problema. Lo dijo Bill Gates. Los incumplimientos de los compromisos de los donantes son clamorosos.

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El tiempo no siempre está de buen humor; expande sin orden tormentas y silencios

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Un día empieza cuando otro acaba. Si se accede a las noticias de lo que sucede en el mundo se percibe una mezcla de ironía negra -escrita en muchas lenguas- con algunos paisajes agradables –trazados por gente especial-; todo ello sin orden aparente y cargado con tintes de melancolía por lo que en ese día nos vamos a perder. Al momento la noticia deja de serlo; lo efímero es un distintivo de nuestro tiempo. La redes sociales amontonan tiempos de otros y se comen el nuestro; imposible huir de ellas, mejor es sobrellevarlas. El tiempo es imperfecto, incluso en su misma polisemia; hasta la naturaleza tiene los suyos. Hay varios tiempos, o este tiene diversas dimensiones, vino a decir Zubiri. Contamos el tiempo alternando días y noches, inviernos y veranos; cada cierto tiempo nos lanza sus exabruptos. Las tormentas y las riadas se suceden, con una cadencia sin tino con las sequías; todas son producto de muchos tiempos entremezclados. Las televisiones aumentan el tiempo de sus programas dedicados a explicarnos el tiempo que ha hecho o el que va a hacer. Se nos amontonan los tiempos, que dejan de medirse pues entre ellos se desvanecieron las pausas, y nos quedamos sin tiempo. No sé de qué tiempo escribo. Quizás debería empezar por preguntarme si el tiempo existe. Lo dejo; no tengo tiempo. Bueno, me queda un poco para releer “Tiempo sin tiempo” de Mario Benedetti.

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La inteligencia animal tiene forma de pájaro y se llama cuervo; aunque la cultura popular lo haya ennegrecido más que sus plumas

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Habíamos alabado durante mucho tiempo la habilidad mental del pulpo, uno llamado Paul se atrevía a predecir los resultados de los partidos de fútbol, o de animales como los simpáticos delfines. Sin embargo, hoy sabemos que los cuervos –los lúgubres pájaros negros de los que hablaba Rimbaud- son capaces de identificar a la gente, a la cual observan y aprenden en relación con sus hábitos. Ya apreció su sabiduría Esopo y así los dejó escrito en su fábula El cuervo y la jarra. El documental Cuervos, las aves oscuras, nos sirve para demostrar su aguda inteligencia, la cual supera a veces a los despistados humanos. Su lenguaje, que por ahora se nos escapa, cuenta a sus parientes episodios de la vida y avisa de los peligros. En concreto. hoy queremos hablar de unos que viven en una pequeña isla del pacífico –Nueva Caledonia- que son capaces de fabricar herramientas y usarlas. En su escuela al aire libre enseñan a sus congéneres –que poseen una excelente memoria y son capaces de anticipar lo que va a suceder- a fabricar herramientas y utilizarlas en su beneficio. Pero además, parece que son imaginativos. ¿Qué esperamos para cambiar la imagen que tenemos de ellos?

Si quieren saber más lean El ingenio de los pájaros de Jennifer Ackerman. Aquí va un fragmento.

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El consumo responsable es una lucha permanente contra la algarabía de mensajes que nos incitan a lo contrario

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Seguramente mienten quienes dicen ser consumidores-as responsables. Porque un despiste los hará caer en un momento u otro. La vida es un consumo; llevarla sin que se pisoteen la inteligencia y los derechos es una tarea compleja, siempre inacabada y de la cual no podemos apartarnos. El consumo esconde desigualdades sociales en la producción de lo que consumimos, en el “disfrute” de los productos o derechos. El comportamiento consumista incentiva a las redes distribuidoras, que no dudan en “explotar” sus posiciones de privilegio y pueden originar atropellos en los lugares de producción. El híper consumo actual provoca el deterioro y agotamiento de los recursos naturales (como el suelo, el agua, aire, etc.), incrementa enormemente la contaminación industrial, provoca la generación de residuos innecesarios, significa un claro derroche de recursos, con el consiguiente deterioro del entorno próximo o lejano y esconde múltiples situaciones de desigualdad social. Consumiendo bien se expresan posiciones personales, se reivindica que otra vida es posible, incluso se actúa socialmente. Si quieren algunos espejos en donde mirarse, ahí van: ¿Necesitamos todo lo que compramos? ¿Hacemos regalos excesivos a niños y adultos en alguna ocasión? ¿Sabe dónde y cómo ha sido fabricada esa ropa que ahora porta o las zapatillas que tanto le gustan? ¿La da más de un uso a productos que otras personas utilizan solo una vez?, y así podríamos llegar hasta el infinito. Dicen que hoy es el Día Internacional del Consumidor, que hace hincapié en los derechos. Nosotros nos quedamos con el Día del Consumo Responsable, que habla mucho más de economía solidaria, comercio justo y preservación del medio ambiente. Por citar solo alguna de sus caras.  Si quieren una buena guía del consumo responsable, Oxfam Intermón se la proporciona gratis. Para leerla despacio. Porque ya es hora de pasar del “Homo consumus al homo responsabilus”.

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No vamos a dedicarle una oda al papel higiénico, pero sí una mirada de agradecimiento y una propuesta de reducción

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Se cuenta que los chinos fueron los primeros en emplearlo, unos siglos antes de nuestra era, pero no debía estar muy extendido en aquellos años. En Roma no parecía un invento necesario, pues la gente, quién sabe si toda o no, se limpiaba con una esponja amarrada en el extremo de un palo, que se guardaba, cual si fuera una escobilla como las de hoy, en un cubo de agua salada. Durante muchos siglos la historia no se ocupó de este menester –parecería un poco escatológico y se llevaban más las guerras y esas cosas- aunque se supone que los pobres harían uso de lo que tuviesen más a mano mientras que la aristocracia se limpiaría con paños de algodón humedecidos en agua de rosas; eso sí, hasta que apareció en algunos baños el bidé. Cuentan los británicos que un paisano suyo, Joseph C. Gayetty empezó a comercializar allá por 1857 unas láminas de papel humedecidas con aloe, papel medicinal lo llamaban, que lógicamente estaba reservado para unos pocos por su prohibitivo precio; el resto de la gente seguía utilizando lo que tenía a mano, ya fuera vegetal o no. En 1880, los hermanos Scott, ¿seguro que les suenan porque los han visto en su baño” empiezan a comercializar un papel en rollo que se vendía casi a escondidas –ellos ni siquiera le pusieron su nombre- y que no debía ser muy fino todavía y erosionaba la salida del tubo digestivo, casi como aquel de la marca “El elefante” que hizo furor en la autárquica España. Dicen los mal pensados que la generalización del uso del papel higiénico fue un detalle de mejora social, vamos que como si hubiera ido parejo a la democracia. Incluso hemos leído que una marca ha creado la primera boutique del papel higiénico. Así se explica que hoy se puedan producir diariamente más de 80 millones de rollos, lo cual tiene un coste ambiental considerable en árboles cortados, clorados de agua en su producción, depuración de agua antes de verterla, etc. Después de dedicarle una mirada por el servicio prestado, no estará de más utilizar menos –puede que en España gastemos unos 3.000 millones de rollos al año- y apuntarse a la moda del chorrito que tan bien llevan los japoneses, o darle protagonismo al despreciado bidé que tenemos en los baños españoles.

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La crisis global ha raspado el significado de la palabra “humanitaria”; hay que quitarla del diccionario

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Cuesta entender que en otro tiempo ese adjetivo significase que tiene la finalidad de aliviar los efectos que causan la guerra u otras calamidades en las personas que la padecen, como decía la RAE. Incluso se ha perdido el matiz de benigno, caritativo o benéfico, que también portaba. Qué decir de aquella otra acepción que postulaba todo aquello que mira o se refiere al género humano. Decimos esto con tristeza, mientras escuchamos la enésima llamada de la ONU -qué debería hacer más, nos preguntamos- ante la situación que se está cronificando en Sudán del Sur, Yemen, Somalia o una parte de Nigeria. La indiferencia mata más que el subdesarrollo, incluso la guerra. Cuesta reconocer que no se haga nada para detener esa catástrofe que ha llevado a la inanición a millones de personas. Los titulares son dramáticos: “El mundo padece la hambruna más grave de los últimos 70 años” dice El Periódico. “La hambruna ataca en Sudán del Sur” titula El País. Como “Catástrofe humanitaria” lo califica la revista mexicana Siempre. “No los mató la guerra, pero los está ahorcando el hambre” dice eldiario.es. Cuesta entender que como sociedad no presionemos a nuestro gobierno para que presione en la esfera internacional y se detenga el holocausto que está en marcha. Acostumbrarnos a ver los padecimientos de los demás –vean el noticiario de la cadena colombiana-, aunque sean negros y vivan lejos, es uno de los motivos por los que hay que borrar del diccionario la palabra humanidad. ¡Cómo es posible que aumente la producción de alimentos y mueran más personas de hambre!, muchos de ellos niños. Reflexionemos sobre lo que dice este documental de DW. Recordemos mientras tanto el descenso de las ayudas de España y otros muchos países para socorro internacional. Una anécdota: cuenten el tiempo y el espacio que le dedican los medios de comunicación hoy mismo a este asunto y compárelo, por ejemplo, con el que emplean para desgranar pequeñeces de eventos o competiciones deportivas del fin de semana. Es un decir. 

ÚLTIMA HORA: Por lo que se conoce, el Gobierno español NO se plantea enviar ayuda urgente.

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Salud infantil en riesgo permanente es igual a futuro comprometido

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Aseguran quienes piensan que cuidar la infancia de una sociedad la engrandece. La historia nos ha dado muchos ejemplos pero nos quedamos con tres estrategias sociales determinantes para la infancia: educación, protección y salud. Sobre este querríamos llamar la atención de ciudadanos y autoridades. Mira que los estudios dicen una y otra vez que poner el empeño en conseguir ambas es un seguro de futuro, al menos de que sea más llevadero; pero ni aún así. Lo afirmamos taxativamente: La contaminación de las ciudades es la plaga del siglo XXI. Se sabe con certeza que sus efectos no son esporádicos; se acumulan con el tiempo. Los niños de hoy serán unos adultos con muchos registros negros en su vida. En la prevención de la salud infantil están implícitas las tres funciones sociales antes aludidas, que interaccionan y se hacen cíclicas: hemos de protegerla, debemos educarnos para llevar una vida más saludable y ambas nos llevan a una mejor protección de la infancia, que crece más sana y educada. El proyecto INMA, en el que han participado más de 70 científicos, ha concluido que la contaminación es el principal riesgo para la salud infantil, pues tiene influencia desde el desarrollo del feto. Se acumula en su vida diaria. El Ministerio de Sanidad y los Departamentos siguen mudos, a pesar de que los últimos datos de la OMS sobre la relación entre contaminación y muertes de niños y niñas son escalofriantes. Echen un vistazo a las infografías que se muestran en esta página y difúndanlas. ¿A qué esperan para intervenir de verdad?

 

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