La ciencia vive en la eterna controversia: esplendores y dudas la hacen ser ella misma

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Lo que hoy en un avance puede que mañana se quede viejo. Hace unos días nos confirmaron, ya lo supimos hace medio año, que puede haber un exoplaneta que contenga agua; “La guerra de las galaxias” en versión original es posible o la ONU de las galaxias. ¿Quién sabe? En los mismos días nos llegan los resultados de los pensamientos y supuestas certezas de los españoles con respecto a la ciencia. El Fecyt publica Percepción social de la ciencia y la tecnología 2014 en el que dice que muchos españoles creen en “la ciencia no ciencia”, lo cual ha puesto en pie de guerra a quienes defienden lo contrario. Además, crece el interés por la ciencia y la tecnología y la mayoría de los españoles rechazan la ciencia aplicada a la energía nuclear, la clonación y los transgénicos. Los ciudadanos perciben un déficit en su alfabetización científica, aunque esta ha mejorado algo. Sigan leyendo porque hay datos interesantes y comparen este informe con los precedentes.

El sábado 22 de abril fue el día señalado en 500 ciudades para marchar por la ciencia, con el pretexto tan sencillo y a la vez tan sublime de reformular la relación de la ciencia con la sociedad y la política, habida cuenta de los tremendos despistes de los políticos -no solo el negacionista Tump- y de la escasa dotación económica de la que disfruta la investigación. Al final, lo mejor es debatir en la sociedad por los tres asuntos que reclama el manifiesto por la ciencia: la pasión por la curiosidad y el método, una mejora de las dotaciones para hacer ciencia y la defensa del papel del conocimiento científico y humanístico en la opinión pública. Un par de pensamientos para el debate. Puede que Cervantes dijese Ninguna ciencia, en cuanto a ciencia, engaña; el engaño está en quien no sabe”, o que Da Vinci afirmase “La ciencia más útil es aquella cuyo fruto es el más comunicable“, o acaso que Pasteur opinase que “La ciencia es el alma de la prosperidad de las naciones y la fuente de todo progreso“. Aquí lo dejamos. Sigan ustedes, porque la controversia sobre lo que es o no es ciencia viene de lejos.

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Habrá que pensar qué somos nosotros cuando hablamos de la Madre Tierra

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Dicen que aquel 22 de abril de 1970 en el que 20 millones de norteamericanos unieron sus voces para denunciar la escasa conciencia de la fragilidad del planeta pudo ser el inicio del movimiento ecologista y del espíritu proteccionista. Treinta y siete años después, en el “Día Mundial de la Tierra” seguimos alzando voces en la misma dirección. Son más los que escuchan; muy pocos frente a los que callan. Este año tiene unos lemas diferentes según quienes los proponen, pero todos son atractivos, necesarios y concluyentes: “Alfabetización ambiental y climática” hemos leído en unos portales, “Salva el suelo” en otros. Lo del lema es lo de menos, importa difundir el mensaje por si hay gente a la escucha, porque falta mucho para hacer realidad los deseos. Porque la Tierra es un espacio físico y social; ambos son indisolubles y en estos momentos suman sus padecimientos. Hay que enverdecer la sociedad y la escuela, quizás empezando con una variada información, como se puede ver en la página “Planeta Tierra” de Huffintong Post. Después obrando en consecuencia, sin dilación. Prepárense, el día del comienzo puede ser mañana. Si quieren convencerse escuchen “Hermana Tierra” de Laura Pausini. O si lo prefieren quédense con el poema de Gloria Fuertes:

El corazón de la Tierra
tiene hombres que la desgarran.
La Tierra es muy anciana.
Sufre ataques al corazón
—en sus entrañas—.
Sus volcanes,
laten demasiado
por exceso de odio y de lava.
La Tierra no está para muchos trotes
está cansada.
Cuando entierran en ella
niños con metralla
le dan arcadas.

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España en el podio europeo de la pobreza infantil. ¿Qué pensarán del asunto nuestros políticos?

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Las ficciones morales pueden estar muy alejadas de las prácticas cotidianas de la política. De otra forma no se explica la situación de vulnerabilidad en la que se encuentra la infancia en España. Que nos encontremos en el tercer lugar de Europa según el reciente informe pobreza infantil de Unicef debería provocar una auténtica revolución ciudadana que obligase a los políticos, absortos en sus peleas, a pensar en el presente y futuro de esta sociedad. No nos sirve de consuelo que la crisis económica mundial haya afectado a un gran número de niños en los países ricos, que la pobreza infantil haya aumentado en muchos de ellos. Nos escandalizan estos hechos: crece la inequidad pues la pobreza severa ha aumentado en los hogares más pobres; los recortes en educación, salud y protección afectaron mucho más a las familias con hijos, etc. A pesar de esto, el asunto no figura entre las primeras preocupaciones de los españoles en los barómetros que publica el CIS. Échenle un vistazo a los de los últimos diez años. Siga leyendo opiniones, también del año anterior, que ya nos avisaban pero por favor: ¡Hagamos algo entre todos!

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Ciudades descarbonizadas; en otro tiempo una quimera, ahora al alcance de los atrevidos

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La European Green capital es un título que se otorga a proyectos de modificación urbana que buscan una plena gestión ambiental. Fue concedida a Hamburgo en 2011 por, entre otras cosas, comprometerse a una reducción en 2020 de un 40% de sus emisiones de CO2 y un 80% en 2050, a que sus ciudadanos tuviesen acceso al transporte público a una distancia de menos de 300 metros de su domicilio. Su proyecto “Tren de las ideas”  tenía siete vagones, cada uno mirando a un aspecto diferente de la vida en una ciudad verde, como la movilidad, la energía, la protección del clima, la naturaleza, la economía y el consumo. En 2014, Hamburgo lanzó el plan de desarrollo urbano Grünes Netz o “Green Network” para la completa sostenibilidad ambiental: movilidad verde, medidas innovadoras en el uso de energía limpia, promueve la reducción en la compra pública de productos contaminantes (botellas de plástico, cápsulas de café, etc.), reforzamiento de la eficiencia energética desde las instituciones. Hamburgo persigue la suspensión total del coche en el centro de la ciudad en el 2034. Sentimos sana envidia de esas ciudades, Vitoria fue reconocida en 2012, que piensan que la mejora de la vida de sus habitantes es el mejor proyecto que pueden poner en marcha. Por si acaso, ahí van unos cuantos consejos para reducir su huella de carbono.

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La felicidad es un estado en el que la acumulación de momentos siempre es efímera

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Hace unas semanas se publicó el “Informe Mundial de la Felicidad 2017”, el quinto ya. En él se clasifica a 155 países según una serie de indicadores, entre los cuales se pueden resaltar la renta per cápita, ayudas y apoyo social, esperanza de vida, percepción de la corrupción, prevalencia de generosidad y libertad para tomar decisiones, además de cuestiones de salud física y mental. Como casi siempre, los países del norte de Europa (con Noruega a la cabeza) ocupan 7 de los 10 primeros puestos; a la cola los del África central más Siria, Haití o Yemen. España se sitúa en el puesto 34. La felicidad siempre es relativa, si bien se puede acercar a una medición si se pregunta –varias veces- a mucha gente que dice poseerla. Dicen quienes de esto saben que para enterarse utilizan seis claves de lectura: si la gente tiene objetivos claros, lleva una vida saludable (en relación al ejercicio, nutrición y pautas de sueño), es optimista desde el realismo, se centra en las fortalezas de uno y no en las debilidades, aprovecha el presente, además de otros factores relacionados con las relaciones sociales. Preguntan si hay diferencias entre la casa y el trabajo. El Índice del planeta feliz que elabora la Fundación de Nuevas Economías (Nef) se hace a partir de la consideración de otras claves como la esperanza de vida, la experiencia personal de sentirse bien y la huella ecológica. Ahí los primeros van los costarricenses. Entre unas cosas y otras se nos había olvidado preguntarle si es feliz, si piensa que también lo es la mayoría de la gente.

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La ambiental lectura crítica de la vida que a todos atañe y solo a unos pocos incomoda

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Decía un reciente Ecobarómetro para España –investigación financiada por Endesa y suponemos que por eso prioriza la cuestión energética- podemos aventurar unas cuantas ideas colectivas, muy interesantes para acometer actuaciones ambientales. Primera y dolorosa: la preocupación ambiental no figura bien situada para la buena calidad de vida. Segunda: la buena información ambiental la proporcionan los científicos y las organizaciones ecologistas, muy lejos quedan los medios de comunicación y qué decir de los partidos políticos y de las administraciones. Tercera: algunas medidas pro ambientales (triaje de residuos, uso de bombillas de bajo consumo) están muy asentadas pero otras muy poco (reducción del uso del transporte privado, participación en actuaciones colectivas a favor del medio ambiente). Cuarta: una buena parte son conscientes de que deben cuidar la naturaleza y hacer más por ella. Conclusión del informe: La cultura ecológica vivida se puede considerar media baja, que la preocupación ambiental no ocupa un lugar central, que los cambios observados en los últimos 20 años son limitados, que los niveles de conocimiento son muy mejorables. ¿Identifican esta sociedad con la que le rodea? Anímense y dedíquenle un tiempo a leer el informe en detalle.

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Martes de pasión en Siria; un recuerdo para los que sufren

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La Semana Santa que celebra el mundo cristiano es tiempo de recogimiento espiritual, también de turismo y vacaciones. Hagamos un alto en el camino para acordarnos de los que sufren, de los que si tienen un día sin bombardeos, explosiones y hambre piensan que se encuentran en el paraíso. La comunidad internacional, ajena al sufrimiento, los ha abandonado. A la mayor parte de los occidentales poco nos preocupan. Siria en el pensamiento, para otros un maldito tablero de ajedrez. Reflexionen con las frases de Jean Paul Sastre “Cuando los ricos se hacen la guerra, son los pobres los que mueren”, Albert Camus “Para la mayoría de los hombres la guerra es el fin de la soledad. Para mi es la soledad infinita”, o Cicerón ” Preferiría la paz más injusta a la más justa de las guerras”. Mañana será ya tarde, siempre es tarde cuando se trata de evitar sufrimientos a los que nada pueden contra ellos. Piensen si se encuentran entre los ricos, si las guerras los sumen en soledades infinitas y si preferirían la paz aunque fuese injusta. Escuchemos cómo resume el holocausto sirio esta presentadora israelí.

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La inteligencia de los animales asombra a quienes olvidan qué son ellos

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Leímos en El País una reciente entrevista a Carl Safina, el autor de “Mentes maravillosas”, el libro que explora las conexiones cerebrales del mundo animal y que les recomendamos leer. Decía Safina que “veía en el pulpo una inteligencia propia de un extraterrestre”. Siempre nos pareció un animal singular. Por eso le dedicamos este cuento, esta parábola inédita que ya ha cumplido diez años (muchos más que cualquiera de sus congéneres, que con un par se despachan y así desaprovechan su maravillosa inteligencia):

El Octopus, 

Mentiría si les dijera que no sé quién soy, porque fui y sigo siendo la más lista criatura del reino animal, con permiso de unos pocos humanos. Por lo que se cuenta, permanecí oculto durante mucho tiempo en un poema infantil de Boy Lornsen, “Der Tintenfisch Paul Oktopus”. Seguro que ustedes no lo han leído. Tampoco yo, no sé leer. Me sacaron de él, la ignorancia humana es atrevida, cuando todas las máquinas electrónicas interconectadas fueron incapaces de predecir el futuro del mayor acontecimiento del mundo: el campeonato mundial de fútbol que se celebraba en 2006 en la Alemania reunificada y boyante. Muchos, demasiados, me conocen solamente por esto. Fui declarado la especie marina más insigne en Germania, en donde se me llamó “das Krakenorakel”  y mi fama se extendió al Reino Unido de la Gran Bretaña en donde fui nombrado como “The psychic Octopus” por los más reconocidos clubes balompédicos. Más tarde me adoptó la “Celtirroja pelotonera” y me hicieron una estatua que recorrió todas las capitales del suelo patrio para que quien lo desease pudiese hacerse una foto conmigo. Fueron 15 millones de instantáneas –las contó un insigne periodista de esos del fútbol pagado por la FIFA que todo lo paga-. Muchos establecimientos comerciales, bueno, algunos, fueron rebautizados con mi nombre; en otros colocaron imágenes mías en los escaparates, de variados tamaños y coloraciones más o menos acertadas.

El mundo se volvió “octopusiano u octopusino”, pues no se ponían de acuerdo en el calificativo. Muchos humanos quisieron copiar mi inteligencia, incluso se hicieron concursos de sabiduría en mi homenaje en las cadenas televisivas BBC y CNN, cuyos reporteros gráficos casi se convirtieron en mi sombra. Mi búsqueda en Internet arrasó. Pensé que el asunto terminaría ahí, pero no. Al principio, por qué no decirlo, me gustaba la cara de sorpresa que ponían los humanos cuando yo acertaba mis pronósticos futboleros. Todos los ojos pendientes de mí. Me pavoneaba ante los ¡Ohhhh! de admiración; si hubiera tenido pelo se me hubiera puesto como esparpias. Me henchía con la adulación universal, como hacen esos artistas que cantan o juegan al fútbol en el Real Madrid o el FC Barcelona. Pero lo que sucedió a continuación fue cargante, en cierto modo porque una estrella debe pagar más de una servidumbre, como les sucede a famosos que persiguen los paparazzi. Lo confieso sinceramente: no podía más. ¡A la mierda la fama! Varias sociedades protectoras de animales solicitaron mi liberación y el Zoo de Madrid pujó por mí. Fui nombrado hijo predilecto de Carballino. Todo esto a pesar de que las universidades de “Pierre y Marie Curie” de París, de Bath y de Cambridge quisieron echar lodo terrestre sobre mi fama. No digamos el daño moral que me produjo la maniobra del presidente iraní Ahmadineyad, que me acusó ser un agente de la propaganda occidental, de provocar una superstición mundial, y de haberme convertido en un símbolo de la decadencia y la podredumbre. A pesar de todos los sinsabores, mientras viví tuve la sensación de que mucha gente sana me adoró; en China me pusieron de protagonista en una película.

Imagino que con el tiempo nadie hablará de los pulpos. Antes solo se nos conocía algo porque Julio Verne intentó derrotarnos en sus viajes por el mundo submarino; no lo consiguió a pesar de lo que dejó escrito. Quien nos trató bien fue “El Roto”, que nos dibujó para la revista “Madriz” en forma de una lámpara y una fregona. No pudimos tener mejor homenaje pues esos utensilios no son sino luz y esclarecimiento universal. Sigo preguntándome desde tiempos inmemoriales sobre la influencia de la inteligencia animal en el espíritu, la cultura y las artes; en el fútbol no, va por otros derroteros.

P.D.: Tenía razón Paul; ahora nadie se acuerda de él ni de sus congéneres, excepto Safina.

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Mirar desde la escuela en el cofre del Ártico para entender los efectos del calentamiento global

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La escucha atenta de la vida colectiva es una buena manera de educarse uno mismo. Cada día, los medios de comunicación y las redes de Internet recogen varias noticias sobre incertidumbres ambientales que proporcionan excelentes materiales curriculares para la escuela; mucho más vivos que los que contienen los libros de texto. Debemos hablar de ellas con los escolares porque les facilita su comprensión; sirve para que se posicionen individualmente en relación con el asunto tratado y así es más probable, nunca seguro, que participen en su mejora. Se trata de hacer realidad la escuela de la vida, escrita en episodios cotidianos.

Hoy tenemos la certeza de que una de esas incertidumbres, el calentamiento global, se nota más en la región ártica que en el resto del mundo: la capa de hielo viejo –la tapa del cofre ártico- apenas ocupa en algunos periodos un 6% de la que tenía hace unos 30 años. Hace unas décadas los rompehielos solo conseguían cruzar el Ártico cuando se debilitaba en verano. Su desaparición realimenta el cambio climático pues ya no refleja la luz, añade aguas más cálidas a los mares, cambia las propiedades y dinámicas de las masas de agua, etc., y provoca que los aires que fluyen hacia las zonas limítrofes del sur sean más calientes y acrecienten los deshielos continentales. En Groenlandia hubo un momento en el mes de julio del pasado año en el que el 97% de su superficie helada estaba cubierto de agua de fusión. Pocos libros de texto hablan del asunto, pero Internet lo recoge, y lo vemos en Youtube.

Ese cofre del clima, que tanto influye en la corriente termohalina –la que cambia aguas costeras y calor entre Europa y América con el resto del mundo- está variando su función y dinámica. Si la capa de hielo desaparece del todo, no sólo se inundarán muchas playas por todo el mundo, sino que las radiaciones solares llegarán a las plataformas continentales del océano y zonas aledañas, calentarán el permafrost y se liberará el metano capturado, que es mucho más letal que el CO2 en la generación del efecto invernadero. El deshielo ártico ha provocado las apetencias energéticas de Rusia, China y los países ribereños de ese océano. A ellos no se sabe si los hará ricos; al resto del mundo lo empobrecerá con seguridad. Los científicos nos dicen que esto no ha hecho nada más que empezar. Por eso, hagamos caso a Greenpeace y otras ONG y “salvemos el Ártico”, o lo que queda de él. ¿Cómo? Hablando del asunto en clase, apuntándonos a la reducción de las emisiones de los gases de efecto invernadero, presionando a nuestros políticos, haciendo una buena gestión ambiental en los centros educativos y en nuestras casas. Por cierto, hay otro cofre que tiene el seguro estropeado en la Antártida y resiste a duras penas; las tapas de los glaciares alpinos o andinos hace días que no cumplen bien su función.

  • Publicado hoy en El diario de la educación, un periódico on-line que ninguna persona interesada en la educación se debería perder.
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Calor para los incrédulos, ahí quietos hasta que suene la campana de la agonía climática

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Hoy se trata de recordar que hay muchos periódicos que tienen páginas especiales para hablar del calentamiento global y del consiguiente cambio climático. De la de “El independiente” llama la atención la contundencia de los titulares de las pestañas: 2016 el año más caluroso, el Ártico en estado líquido, París un acuerdo de manga ancha, revolución renovable. En torno a ellos, les proponemos debatir con alguien que tengan cerca en qué medida preocupan estos cuatro apartados. Si no se animan, échenle una ojeada a la página de la OMM. Piensen con detalle “Las cinco fases del cambio climático” de National Geographic. No solo es este diario el que incorpora información sobre la cuestión climática. Entre en la Web del periódico de su preferencia y encontrarán algo similar. Si el diario que siguen no la tiene, piensen en cambiarse a otro; no recoger el cambio climático, uno de los principales retos a los que nos enfrentamos es una manera de tener desinformados a sus lectores. Si se animan, envíenle una carta, redactada de forma educada pero contundente, al señor Trump, uno de los que lo niega con tanta rotundidad que casi hace dudar hasta a los crédulos.

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Al paso que vamos, combatir el impacto de los desastres naturales va a ser una asignatura escolar

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Las circunstancias de la vida nos abocan a continuos sobresaltos naturales; de los sociales hablamos en otros chispazos. Sucede por todo el mundo, cada año; el 2017 no va a ser una excepción. Hace un mes, la costa española del sur y sureste sufría inundaciones que destrozaban infraestructuras y bienes particulares. Recientemente, un Niño desbocado ha hecho de las suyas en Perú, llevando la destrucción y desolación a mucha gente desprotegida. Hace unos días, Australia se preparaba para hacer frente al mayor ciclón hasta ahora conocido allí. Colombia sufría en Mocoa unas devastadoras inundaciones con dos centenares de muertos o desaparecidos. En un contexto global, también a escala local, debemos aprender a convivir con estos eventos, que volverán a producirse porque hemos cambiado el ritmo de los tiempos. Por eso, hay que fomentar la cultura de la prevención para conseguir mitigar los seguros efectos. Una sociedad preparada también auxilia a otras que lo están menos; habremos de mejorar la solidaridad entre territorios. 

Hay que estar alerta: prevenir, preparar a la gente, responder rápidamente y con eficacia. El proyecto I-REACT, que durará 3 años, está financiado por el programa de Investigación e Innovación de la Unión Europea Horizonte 2020. Tiene 20 socios europeos de nueve países, entre ellos tres empresas españolas.

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La escuela deambula en el empeño de formar cultura ecológica

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La incorporación de los contenidos ambientales a los currículos se lleva a cabo en la Logse (1992). Desde entonces han aparecido, con más o menos acierto, en las sucesivas reformas educativas con las que han estudiado muchos jóvenes. Es por tanto interesante conocer lo que recuerdan sobre esta cuestión. Un reciente Ecobarómetro –investigación financiada por Endesa y suponemos que por eso prioriza la cuestión energética- recoge que más de la mitad de los encuestados (18-35 años) considera que el tratamiento de estos conceptos fue insuficiente cuando estudiaron y querrían haber conocido más aspectos, en particular los relacionados con afecciones graves al medio ambiente y las soluciones a estas (energías renovables, estilo de vida, cambio climático, etc.). También opinan que era bastante mejorable la preparación del profesorado, que descendía desde Primaria hasta la Universidad. Es significativo el resultado que arrojan los contextos metodológicos en los que se trabaja el medio ambiente -que requeriría proyectos de interpretación con una alta participación del alumnado-. Predominaba la enseñanza tradicional: son poco o nada habituales los proyectos prácticos hechos en grupo (16,6 y 29,1% respectivamente) y o entre varias clases (2,8 y 14,2), así como el uso de Internet (11,1 y 22,0%). Hubiéramos querido ver cambios desde entonces, porque no podemos permitirnos que los escolares de ESO acaben sin saber lo que significa el cambio climático, por ejemplo. La escuela construida de espaldas a la sostenibilidad. ¡Con la que nos está cayendo!

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Cápsulas de café: el derroche ambiental y ecológico al alcance de un simple gesto

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En Hamburgo han prohibido las cápsulas de café en los edificios gubernamentales; parece que detrás de esta ciudad van a ir otras. Aseguran los responsables del Departamento de medio ambiente de la ciudad alemana que: “Las cápsulas de café requieren innecesarios recursos para su fabricación y generan excesivos desechos. No pueden reciclarse fácilmente porque mezclan plástico y aluminio. Son 6 gramos de café y 3 gramos de envoltorio. Es un derroche”. Son cápsulas de mala conciencia porque cada minuto se producen unas 39.000 en el mundo, de las cuales apenas se recicla un 16%.

Como dicen los responsables de la política de desechos de la Oficina Europea de Medio Ambiente: “el tema no es que las cápsulas sean o no reciclables, sino de reducir este tremenda cantidad de envases innecesarios que tiramos cada día a la basura”. Habremos de preguntarnos por qué no reciclamos las cápsulas de café. Las pequeñas acciones y compromisos son importantes; animan la a(e)fectividad de la vida y no tienen efectos secundarios.

NOTA AÑADIDA: Ayer era el día señalado en muchos países latinoamericanos para recordar el Día Mundial del clima. Este año ha coincidido con las desastrosas inundaciones en Perú por el efecto “El Niño”, con los desastres de Mocoa en Colombia. Un día más, van tantos, para reflexionar sobre el cambio climático.

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Residuos que van y vienen. Mucho mejor, pero no todos hemos superado aún la asignatura

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Hay que dedicar un tiempo a conocer los residuos que generamos en Europa, forman parte de nuestra vida y debemos gestionarlos bien, y educarnos al efecto, por ejemplo produciendo menos. La batalla del reciclaje aún no está ganada, aunque la situación real de la recogida de residuos de envases en domicilios en España  haya experimentado una mejora de un 70% en menos de 20 años. En el barómetro de recogida selectiva de Ecoembes comprobamos que unas comunidades lo hacen mejor que otras. Recoger las basuras no es gratis, lastra algunas economías municipales, según asegura un estudio impulsado por el Instituto de Estudios Fiscales. Luego, hacerlo bien es una cuestión económica además de ecológica. Un estudio reciente dice que de media se pagan unos 82 euros anuales por domicilio, sea o no respetuoso con la generación y separación de lo que va a las diferentes bolsas de basuras. Dice el estudio que tampoco se incentiva suficientemente a las empresas que lo hacen bien. Eso sí, la recogida automática ha crecido exponencialmente. Aún nos queda algún empujoncillo para acercarnos a los niveles de los países europeos que van delante de nosotros. Y también convencer a la gente que “pasa” de reciclar. Por cierto, hay una invitación para sumarse a la semana europea de prevención de residuos. También en ella se promueve producir menos, aprovechar más y gestionar mejor los potencialmente peligrosos o tóxicos. No se pierdan el diagnóstico de residuos en España, aunque tenga ya un par de años.

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El papel de la escuela en la búsqueda de la convivencia social, construida en torno a valores universales

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La convivencia es una experiencia, siempre inacabada, que enriquece a los individuos, y los obliga a pensar, absortos como están muchas veces en mirarse a sí mismos. Sucede en la sociedad individualizada, esa que ahora manda más que la compartida. Priman los desencuentros. La escuela, que es un reflejo social, se daña con esos ejemplos. Ahora dicen, proclaman, que se van a atender los acosos en el medio escolar como forma de educar en la ciudadanía. Bien y mal, según se mire. Bien porque ya era hora de que recapacite sobre el sentido de educar, alejado de lo que es corriente en los propósitos organizativos y curriculares que marcan las autoridades educativas. Mal porque evidencia que algo no funciona bien en nuestra sociedad democrática que, recordémoslo, siempre será imperfecta. Incluso leemos que va a haber un docente dedicado a evitar el acoso escolar. El artículo de “El Mundo” contiene suficientes elementos: mediadores, presupuestos, Observatorio de la Convivencia, protocolos, registro de casos, etc., para realizar un debate sosegado en la escuela, en los departamentos y en las Comisiones de Coordinación Pedagógica. Adelantémonos al futuro.  Necesitamos una escuela sustentada en valores universales, pero si la sociedad va por otro lado fracasaremos en el propósito. Por cierto, nos iría bien que los legisladores lo creyesen de verdad, que los valores universales fuesen su espejo, que no lo empañase el tiempo.

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