Las abejas tuvieron su día reivindicativo; nos necesitan

Publicado el

image_pdfimage_print

Hace año y medio les dedicamos un homenaje sentido. Ahora, dado que el miércoles pasado fue su día mundial, retomamos aquel texto para animar a pensar en pequeñas cosas, algunas de las cuales nos animan la mirada crítica de la vida en estos tiempos en los que la pandemia nos nubla cualquier salida. Además, hay que hablar de algo placentero en estos días tan críticos.

El artículo se publicó el 14 de diciembre de 2018 en Ecoescuela abierta de El Diario de la Educación. Aquí va el enlace. Empezaba así:

De chiquillo las miraba y me imaginaba siendo una de ellas. Su vida se me antojaba complicada: ir y venir de flor en flor y vuelta a la colmena, sin parar allí dentro construyendo los panales. Pensaba si tendrían algún criterio para clavar el aguijón según a quién y por qué razón; defenderse casi seguro. Las consecuencias significaban para ellas muchas veces la muerte y habría que pensárselo bien, o no. Dudaba si ser zángano u obrera; me inclinaba por lo primero sin pensar mucho en las consecuencias. De joven participé en alguna saca de miel y me quedé prendado de la estructura geométrica de los panales, de la perfección de esas celdillas hexagonales que los componen.

La fascinación por ellas no ha desaparecido. En cierta ocasión, refugiado un día de calor a la sombra de la falsa acacia, un par de ellas revoloteaban de flor en flor; en aquel momento conjeturaba si prefería ser abeja o mariposa –una también se movía por ahí más grácilmente y tenía una espiritrompa maravillosa– o quizás prefería ser libélula. La libertad de volar me sugestionaba pero de pronto aparecía aquel abejaruco que las perseguía; abandoné momentáneamente aquellos deseos infantiles. 

Mi admiración por las abejas no decayó con el tiempo sino que se amplió al conocer más detalles de su vida. En los textos sagrados de varias religiones la miel, su producto más valorado, se asemeja al conocimiento que empuja a la felicidad humana. En la mitología griega la abeja está asociada a la diosa del amor, Afrodita, (Venus, en la mitología romana), y también a Deméter (diosa de la agricultura), como símbolo de fecundidad. Sin duda, el mundo hubiera sido diferente sin la cera y la miel de las abejas, como ya supieron apreciar los pobladores neolíticos; no es extraño que hasta don Quijote ensalzase a las abejas por ofrecer sin interés alguno la fértil cosecha de su trabajo. Más recientemente, su sabiduría provocó la admiración de los científicos. Tanto que la interpretación de sus códigos de comunicación para explorar el territorio le valió al naturalista austriaco Karl von Frisch el Nobel de Fisiología en 1973.

Ocurrencias pandémicas sin vacunar

Publicado el

image_pdfimage_print

Un relato es una secuencia ordenada de hechos o ideas; otras veces una mezcla de apuntes varios, sin orden ni concierto. En fin, una reiteración sobre un asunto, más o menos banal. Quizás sea esto lo que sigue. Cada cual que interprete.

A menudo sentimos más necesidad de que los acontecimientos se articulen en relatos, para encontrarles un sentido.

El despiste actual nos impide ver que cada cosa que sucede es una parte de un sistema complejo, para bien y para mal.

En ocasiones, necesitamos algo o alguien que nos sirva de fuente de alivio. Ahora mismo sucede.

Debemos preguntarnos a menudo si somos o estamos siendo, si el ineludible cambio nos hace o nosotros construimos el cambio. La mirada condiciona el destino.

El límite de la saturación pandémica está superando sus niveles comprensibles; en este momento ya no sabemos a quién pedir cuentas ni dónde buscar socorro.

Las malas noticias de la pandemia, vestidas de salud y economía, giran en el vacío en el que se ha convertido el bien común, en unos periodos de confinamiento en los que casi han desaparecido la ambición y la codicia, ocultas por la felicidad íntima de pequeñas cosas, incluso agarrados a algo trivial que nos traiga un mundo suspendido.

Nos apremian tanto las incertidumbres que llegamos a pensar en el infierno, del cual Thomas Hobbes dijo que es la verdad vista demasiado tarde.

Seguir leyendo en La Cima 2030 de 20minutos.es.

Demasiada gente juega con la pandemia

Publicado el

image_pdfimage_print

La memoria borrada de los días pasados, el desprecio insensato hacia lo que pueda venir, quizás el deseo de la inoculación de rebaño como lucha colectiva. Solo así se explica la estampida deportiva y paseante tras la autorización para salir o hacer deporte, expansión necesaria tras tantos días de confinamiento. Menos fundamento tiene el asalto a las terrazas para, en algunos casos, apiñarse con los amigos o familiares para degustar afecto y una bebida más o menos espirituosa. ¡Qué decir de los juegos infantiles compartidos o de las concentraciones de jóvenes! Estampas todas de la intemperie que nos acoge.

Mientras tanto, sanitarios y gente damnificada por el coronavirus luchan con las últimas energías que el deseo de resistir y vencer les procura. Necesitan nuestro sosegado aliento y la protección ante riesgos presentes, pero más nuestros comedidos comportamientos.

Lo que tiene menos explicación razonada son las concentraciones gritando libertad para, suponemos, manifestar tensiones y enfados que la gestión gubernativa desplegada y la dilatada reclusión como la que hemos padecido ha podido causar. Pero claro, juntarse, apiñarse en algún momento, pone en riesgo a los protestantes pero también los convierte en posibles vectores de la nueva propagación de la pandemia, con los riesgos que eso entraña para sus conciudadanos y el sistema sanitario español, tan maltrecho tras la reciente batalla; más bien al borde del colapso que todavía merodea. Aún peor el hecho de que algunos dirigentes disculpen, incluso alienten, estas concentraciones. Menos mal que no estamos en Michigan, donde cualquiera tiene un arma.

Todo esto durante una pequeña pausa de la batalla, pendientes de escaramuzas que pueden seguir igual de terribles, o más.

NOTA: Frente a esos o aquellos, otros muchos ciudadanos cumplen escrupulosamente con las normas de protección y separación física que la situación exige.

La educación iba despacio en los ODS, nuestra guía hacia el 2030. ¿Y ahora qué?

Publicado el

image_pdfimage_print

El texto se redactó antes de la pandemia. Ahora la educación es todavía más necesaria.

Una parte del mundo se hizo eco de la formulación de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Le resultó atractivo el mensaje que vino con ellos: buscan que ninguna persona se quede atrás en el camino hacia una vida digna en relación amistosa con el medioambiente, que es el planeta y sus moradores. No faltaría tampoco quien mirase con más detalle, especialmente dentro del mundo educativo, lo que venía a decir el ODS Núm. 4. Su mismo enunciado, Educación de calidad, ya expresa algo o mucho, depende de por donde se mire. Seguramente interesaría más a aquellas escuelas que tienen muchas necesidades internas; tantas que no les da tiempo de mirar cada día a escala global.  La educación lo es cuando mejora el pensamiento y la vida de las personas, hoy y mañana, cerca y lejos; en realidad, poca trascendencia adquiere para sí misma como no sea su cordura, que también debe tenerla y por desgracia pierde a menudo. La cultura de sostenibilidad lo será cuando se universalice el pensamiento colectivo frente a la protección de lo propio.
Insistimos en todo esto porque acaba de conocerse el Informe de Seguimiento de la Educación en el Mundo, publicado por la UNESCO; no tiene una palabra de más, ni un gráfico que sobre. Se detiene de forma especial en cinco escenarios fundamentales que debemos revisar y mejorar en la educación si queremos mantener la ilusión transformadora que posee: el acceso a ella, la búsqueda de la equidad, los renovados estilos de aprendizaje, su imprescindible calidad y la necesaria financiación. Convendría que los Departamentos o Ministerios de Educación, y quienes tienen competencias para hacer realidad los derechos de la infancia y adolescencia en cada país, se lo estudiasen con detalle y pusiesen en marcha lo que falta para conseguir en cada una de las metas del ODS 4.

Seguir leyendo en la revista de mayo de la Carpeta Informativa del CENEAM (centro Nacional de Educación Ambiental).

La pandemia permanente de la contaminación del aire

Publicado el

image_pdfimage_print

Las imágenes de ciudades difuminadas en edificios ocultos y gente silueteada por la contaminación del aire, como las chinas en determinadas épocas, o Madrid y Barcelona, nos alertan una y otra vez de que la vida es aglomerada; en realidad un complejo invento que sirve mientras dura, permanece si no explota. La contaminación del aire es un signo distintivo de la urbanización; podría representar el símbolo de varios aconteceres que el tiempo ha ido combinando de forma más o menos organizada. Entre todos forman un escenario muy complejo que si hiciera falta concretar en una sola idea me inclinaría por decir que es mucha gente que aspira a vivir, sin más, o a vivir sin menos. Pero nada más formularla se complica ya que cada vez más gente se concentra en los mismos sitios y quiere hacer lo mismo.

Como la hipermovilidad era un signo del motor económico dominante hasta hace un par de meses, casi nadie se preguntaba si los rumores de los apocalípticos ambientalistas se confirmarían. Sorprendía la falta de escucha pues las muertes directamente relacionadas con la calidad del aire suponían en el año 2016 la cifra de 800.000 en Europa, 133 por cada 100.000 habitantes (European Herat Journal). La disminución/restricción de los movimientos motorizados – en España un 50 % de media según detalla en un informe Ecologistas en Acción-con la covid-19 ha devuelto la transparencia a los cielos de las ciudades chinas, europeas y suponemos que de todo el mundo, pues el transporte es el causante de más de la mitad de la contaminación. Pero el asunto es puntual y territorial, no nos felicitemos tan pronto. Según mide la NOAA (National Oceanic and Atmospheric Administration) en fecha 2 de mayo los niveles de CO2 en la atmósfera eran superiores a los de hace un año, pues cuando el dióxido sube es para quedarse un largo tiempo. Las organizaciones ecologistas y varias instituciones científicas que investigan la salud atribuyen esta contaminante pandemia sanitaria -ya permanente y con extensiones por todo el mundo- al descuido general, a la incompetencia de gobiernos y empresas y al egoísmo de todos, que impregna la vida en común. 

Seguir leyendo en La Cima 2030 de 20minutos.es

Lo cotidiano es medioambiente; incluso si estamos confinados.

Publicado el

image_pdfimage_print

A lo largo de las últimas semanas hemos ido incluyendo en el blog Ecoescuela abierta que mantenemos en El Diario de la Educación propuestas de actividades para realizar en casa, el familia o en equipo con los compañeros y compañeras del curso, ahora que estamos enlazados constantemente por medio de redes. Se trata de acciones diferentes a las que se proponen a menudo en las clases. La presente tiene que ver con la mirada crítica hacia determinados hábitos y consumos en relación con la energía, la producción de residuos y el uso del agua. También puede servir para buscar en porqué de las cosas en familias en las que no haya niños. La hemos titulado “Un diario muy resumido del medioambiente doméstico”. Ahí va:

En estos días hay tiempo para todo; por eso recomendamos pararse a pensar unos minutos en todo eso que hacemos cotidianamente en casa que tiene que ver mucho con nuestra relación con el medioambiente. Aquí caben cantidad de cosas, si bien vamos a indicar algunos caminos para no perderse. Hace falta ponerse las gafas de explorar y tomar notas, pues en muchas ocasiones nuestras rutinas nos impiden sacar partido de lo que hacemos bien, o menos bien. Por eso, mejor si lo vamos escribiendo; así nos servirá a nosotros e incluso podremos enseñarlo, o enviarlo en un whatsapp a nuestras amistades.

Esta es una propuesta para hacer en equipo; estaría bien ensayarla en familia. También la recomendamos para aquellos hogares en donde no haya niños y niñas. Después podemos llevarla al grupo de WhatsApp u otras redes que tenemos con las amistades, con los compañeros y compañeras de clase. Seguro que cada cual tendrá su visión de las cosas que hace, aunque si se piensa con un poco de detenimiento se verá que poco a poco surgen coincidencias. Se trata de ir anotando en una tabla pequeñas o grandes acciones que tienen que ver con una parte del medioambiente; el real, no ese que estudiamos en aquella lección en el colegio o el instituto. Esta actividad se podría titular “Una gincana por el medioambiente casero”. Avisamos ya de que nos dará una visión incompleta, hay otras muchas más cosas que podríamos revisar.

Vamos a fijarnos solamente en cada actuación que tiene que ver con el consumo de agua, energía y otros materiales que tienen que ver con la producción de residuos; no tratamos aquí de los alimentos pero habría mucho que hablar. Repasar ciertos hábitos cotidianos es como abrir una ventana de casa y lanzar una mirada a la naturaleza, ahora que está más lejos. Nadie negará que el agua y la energía son parte de ella, como la tierra y el aire. Solo es necesario recordar que en la cultura occidental, desde los griegos, los cuatro elementos motores de todo fueron agua, fuego, aire y tierra; de hecho, están incorporados a las ideas de varias religiones. Quiénes tengan interés lo pueden buscar en Internet y lo comprobarán.

Seguir descubriendo cómo vivimos en Ecoescuela abierta.

El imperio del desinfectante, distancia social incluida, se extiende a lo escolar

Publicado el

image_pdfimage_print

Unicef tiene fijado el 15 de octubre como Día Mundial del Lavado de Manos. Desde hace muchos años, esa iniciativa ha logrado salvar de muchas enfermedades a la infancia mundial, ha generado unos hábitos que son parte de la cultura social.

El pasado 5 de mayo la Unesco recordaba la necesidad del lavado de manos como medio de supervivencia. Sin duda, los efectos de la actual pandemia han generado actuaciones diversas, como  el Marco para abrir las escuelas ideado por UNESCO, el UNICEF, el Banco Mundial y el Programa Mundial de Alimentos. No solo está pensado para aquellos países de ingresos medios o bajos en donde muchos hogares no disponen de abastecimiento y saneamiento, en donde el agua como derecho humano es un lujo. En estos momentos muchos niños y niñas no tienen clases (más de 1.200 millones por todo el mundo), sus escuelas cerraron por la pandemia. El día que vuelvan se encontrarán con nuevos dispositivos de higiene, con protocolos más estrictos para evitar contagios. El Marco dice que “es indispensable asegurar condiciones que reduzcan la transmisión de enfermedades, salvaguarden los servicios y suministros esenciales y promuevan un comportamiento saludable. Esto incluye el acceso a jabón y agua limpia para el lavado seguro de las manos, procedimientos para cuando el personal o los estudiantes se sientan mal, protocolos de distanciamiento social y buenas prácticas de higiene”.

También en esto hay clases:  solo el 53% de las escuelas del África subsahariana tienen instalaciones básicas de saneamiento y agua. Nuestros responsables educativos está lanzando ideas para la reapertura en septiembre, si es que se lleva a cabo. En todas prima el desinfectante: previo antes de llegar, mantenido cada día, apoyado en la separación física de quienes coincidan en las aulas, con seguimiento pormenorizado de unidades higiénicas dentro de la administración. En fin, con protocolos muy serios en donde los contactos quedan limitados a verse y escucharse, poco más. No va a ser sencillo recuperar ritmos pasados, pero llegarán más tarde que pronto. Después es posible que los afectos se manifiesten de formas diferentes; el yo y los otros adquirirá dimensiones diversas. La distancia social es un desinfectante con riesgos colaterales; ya se ha experimentado antes con las ideologías.

La mitigación de la pandemia y la adaptación a los nuevos protocolos sociales no es sencilla; necesitará bastante comprensión y algo de acompañamiento. Aquí sí que la sociedad educativa debe ser una comunidad de intereses compartidos, que se pueden acordar mirándolos siempre desde el bien común y la necesidad de no dejar a nadie atrás o apartado.

La verdad en tiempos de pandemia; da para una novela

Publicado el

image_pdfimage_print

Es posible que el momento actual hubiera inspirado a García Márquez una nueva novela sobre la condición humana, trayendo a cuento alguno de sus grandes amores y desafectos. En este convulso periodo pandémico, la gestión de la verdad ha sido una de las dolencias más extendidas, lo cual nos da argumento para hilvanar este y muchos artículos. No es aventurado empezar opinando que cada cual construye con los hechos y sentimientos una idea/verdad, que se está viendo bastante condicionada por aquellos que chillan más o dicen las cosas con palabras más gruesas. Esta estrategia belicosa la emplean bastantes los actuales grandes opinadores que invaden las cadenas de los medios de comunicación, incluso algunos ejercen de soliviantadores de oficio. Qué decir de los políticos que hacen interpretaciones banales de lo que la ciencia ni siquiera se atreve a considerar imaginariamente cierto. En el castigado escenario español de la Covid abundan de los unos y de los otros. Así no es de extrañar que cada vez sean más los ciudadanos que ya no soportan sus peleas para defender su parcial interpretación de la pandemia y sus consecuencias. ¡Con lo bien que nos iría una verdad acordada! Al despiste contribuyen las autoridades sanitarias de algunas CC.AA. y el Gobierno. Ni siquiera se ponen de acuerdo para contar afectados; cada cual utiliza sus varas de medir para atizar al otro. Suponemos que habrían de considerar los detalles de aquello que Antonio Machado apuntaba en el sentido de que “la verdad es lo que es, y sigue siéndolo aunque se piense al revés” o cuando se pregunta en un proverbio de Nuevas canciones. “¿Dijiste media verdad? Dirán dos veces que mientes si dices la otra mitad”.

La mayoría de la gente va buscando razones para explicar lo que no entiende.

Seguir leyendo en La Cima 2030 de 20minutos.es

El azul soñado por Rubén Darío se evaporó de los océanos

Publicado el

image_pdfimage_print

Dicho color, al decir del poeta nicaragüense impulsor del modernismo hispano, representaba “el color del ensueño, del arte, un color homérico y oceánico, y del firmamento”. Han transcurrido más de 130 años de la primera edición de ese libro de difícil clasificación pero nos sirve la metáfora para decir lo que hoy ya no es el color ligado al océano. Dejó de ser ensueño, se resiste a dejar de ser arte, dudamos si sigue siendo homérico. Al menos no lo es el Mediterráneo por donde se aventuraron los héroes del griego. Aquel pájaro azul que estaba en el cerebro del personaje de Rubén Darío; al final ganó su libertad. ¿Acaso el azul estaba preso en el mar? No parece que lo sea en el imaginario colectivo que siempre piensa del mar en azul, reflejo dicen de un cielo evanescente, o acaso precipitado por querer ser la luz. ¡Pobre mar condenado/ a eterno movimiento,/ habiendo antes estado/ quieto en el firmamento! Así lo poemó García Lorca.

La belleza de los océanos y mares, que para unos es alegoría y para otros realidad, se perdió en buena parte. ¡Hasta puede que García Lorca se sorprendiera! No solo se evaporó el azul modernista sino que cambio la biodiversidad debido a los desechos humanos. Además dejó de ser la luz, ahora aguanta su sufrir porque el hombre miserable es un ángel caído, quién sabe si “sus tristezas son bellas,/ mar de espasmos gloriosos”; le copiamos al de Fuente Vaqueros.

Los mares de plástico no dejan de crecer y ahora se confirma el gran contenido de plásticos en la profundidades. Vivimos ahogados en un mar de plásticos, como denuncia National GeographicTodo el mundo es plástico, que transparenta el azul homérico de Rubén Darío del Mar Mediterráneo, así lo denuncia GreenpeaceAhora nos hemos enterado de que los microplásticos han inundado el fondo marino. Las corrientes los llevan por todos los mares.

Otro día nos preguntaremos a dónde han ido los plásticos protectores que han usado sanitarios y quienes los han utilizado frente al coronavirus.

 

Pasado mañana no es anteayer, como nos repite la covid

Publicado el

image_pdfimage_print

En este escenario que nos ha tocado vivir sucede todo tan despacio que uno no acaba de entender qué día es hoy. Si el que sumó uno a ayer o el que restó algo al mañana. A la vez, los ciclos pasan sin darnos cuenta; cada cual tiene su calendario, a veces una misma hoja contiene muchos renglones de escritura. El número del mes apenas importa, 18 es más o menos lo mismo que 24; si es lunes o viernes casi es lo de menos, a no ser que se trabaje de forma presencial o telemática. Las jornadas se cuentan y sin quererlo te pasas al descuento que no sabes de qué restarlo; que se lo pregunten a quienes fueron atrapados por la espiral pandémica o a la gente que cuida.

El hoy se ha dilatado tanto, por las similitudes entre las jornadas, que parece que las 24 horas que antes lo delimitaban tienen una duración indeterminada, acaso interrumpida por las noches, más o menos durmientes. El reloj, tan reconocido hasta hace poco, ha perdido su función primordial para muchos de nosotros. Si miramos bien, de verdad, queda reducido a un amasijo de cuestiones puramente biológicas, propias y ajenas. Acaso logremos algo de paz emocional si se recuerda lo que sucedió anteayer, aquel lejano estadio de hace un par de meses. Sirve para no lamentar el pasado mañana, o creer que estos días que llevamos de confinamiento sean simplemente un paréntesis. En esta condición colectiva de shock hasta ha perdido casi todo su valor el “más pronto que tarde”, porque a nada que te descuides compite con su contrario.

Seguir leyendo en La Cima 2030, de 20minutos.es.

Héroes educativos en las ondas; merecen un aplauso unánime

Publicado el

image_pdfimage_print

Estamos en España, uno de los países más castigados por el COVID-19.

Cerraron las escuelas y universidades. La educación formal (en todas sus etapas) entró en un receso. Cayeron principios básicos que antes fundamentaban los aprendizajes: la relación personal y el aprendizaje en grupo. El tamaño de la tarea de sustitución entrañaba múltiples dificultades. Las autoridades educativas apelaron a las ondas para hacer llegar los mensajes al alumnado de todos los niveles. El profesorado se vio inmerso en unos quehaceres para los que no estaba totalmente preparado, o no en la dimensión que se le exigía. Hizo un enorme esfuerzo por enviar reclamos educativos para el alumnado interconectado, no siempre en el formato aconsejado pero la cuestión admite disculpas. Una parte diseñó actividades diferentes a las que se realizaban de forma presencial, más atractivas y en formatos diversos. Otra parte se decantó por mandar trabajos sobre lo tradicional, en formato cansino. Pero las autoridades y el alumnado les exigían corrección rápida de lo propuesto, ahí estuvo un trabajo extra que los mantuvo al borde del enfado. Las cadenas televisivas y plataformas diversas inundaron las ondas de tareas y entretenimientos, un buen ensayo ante otros episodios de estilo parecido. Es pronto para enjuiciar la calidad de la respuesta al cierre de las aulas. ¿Qué parámetros objetivos se podrían emplear para ello cuando nada estaba previsto? Pero después hay que hablar del asunto.

Tras el receso toca evaluar: qué y cómo, para qué y a quién. Algunas autoridades, empeñadas en que la nota al alumnado es lo único que importa, quieren mantener el sistema clásico, como si existiera una obligatoriedad de aparentar que nada ha sucedido; corren el riesgo de verse ofuscadas por la razón, pero dudamos que esta se pueda concretar ahora, mucho menos que sea pedagógica. Harían mejor en atender qué ha supuesto el tránsito arrasador desde el libro de texto a lo digital, multiforme y más disperso, variablemente útil y entretenido, pero siempre limitado por la inconcreción de objetivos. 

El profesorado y el alumnado (desde Infantil hasta la Universidad) merecen ser añadidos a esos que se llama héroes frente a la pandemia. No les llegan aplausos. ¡Qué pena!, con lo bien que les hubieran venido para incentivarlos. A partir de ayer los pequeños pudieron salir al recreo, pasear por el mundo exterior sin dejar en casa el temor; pesada carga. ¿hasta dónde llegaremos en esta carrera? Nadie lo sabe. No será el fin de la escuela física, pero sí puede ayudarnos a un cambio de ciclo, a revisar qué es importante aprender y cómo, si las TIC estaban engrasadas. Para que esta emergencia no recidive, ni cambie de cepa, hace falta una seria reflexión sobre lo acontecido. 

El sueño de repartir agua como respuesta al COVID-19

Publicado el

image_pdfimage_print

Para empezar a repartir afectos hacia el agua un poema. “Toda el agua del mundo es una abuela/ que nos cuenta naufragios y regatas/ que nos moja la sed y da permiso/ para seguir viviendo otro semestre”, al decir de Mario Benedetti.

Soñar con el agua conduce a espejismos. Para conocer lo que suponen estos en algunos lugares, invitamos a todos a realizar un viaje a la India en busca de “Los sueños del agua”, expresados en el material que la ONU preparó para la exposición internacional “Agua y Sostenibilidad” celebrada en Zaragoza en el año 2008. Soñar con el agua en Mumbay Es lo que hace una niña, Nandini, cada día. En un país de tantos contrastes sobra el agua para unos pocos y falta para otros muchos. Repartir el agua no resulta fácil.

Hay un pueblo nativo de Bolivia, los Ayoreos –gente que vive de la caza y de la recolección- que tenía una abuela Direjna que era la dueña del agua. Así, dónde sea que ella fuere llovía. Parece ser que hubo un tiempo en el que la gente no la quería. La abuela Grillo se marchó ofendida. A partir de entonces aumentaron los días de calor y sequía. Dice la leyenda que marchó al segundo cielo y desde ahí es capaz de enviar lluvia cada vez que alguien cuenta su historia con un buen deseo. ¿Conocería la leyenda Benedetti que acaba su poema agua que encabeza este artículo diciendo que la abuela da seis meses más de vida? A partir de esta trama, inventada o no, se hizo el guión de La abuela Grillo, un corto de animación precioso.

Agua que se ha convertido en un sueño debido al COVID-19. En estos momentos, disponer de agua suficiente y de calidad es todavía un ilusión mayor, pero en este caso también está mal repartida. Leímos en una Web americana que millones de personas no tienen agua para combatir el coronavirus. Dicen las cifras del Banco Mundial que por más que Latinoamérica disponga de casi un 31% de las fuentes de agua dulce del mundo, casi 37 millones de personas no tienen acceso al servicio de agua potable. ¿Qué puede suponer eso si allí llega la pandemia? Ahora, según UNICEF-OMS alrededor del 82% de la población de Latinoamérica tiene acceso a agua potable segura, mientras que solo el 37% a un saneamiento seguro; qué decir de lo que está ocurriendo ahora mismo en África, en donde si la pobreza se alía con la pandemia puede componer un aterrador escenario. Tendrán que apelar muy fuerte a Yemayá reparta agua por Nigeria o que el dios Anzar haga lo mismo en el norte. Agua suficiente para mejorar la economía pero también la salud. Por eso, el lavado de manos varias veces al día es fundamental. Si alguien tiene alguna duda, solamente debe mirar la página de Unicef, que habla de lo importante que es el lavado de manos y otras cosas que relacionan agua con higiene y salud.

Leer la propuesta completa para abordar en familia en el confinamiento en el blog Ecoescuela abierta de El Diario de la Educación.

50 años no eran nada en la salud de la Tierra, ahora son una barbaridad

Publicado el

image_pdfimage_print

Ayer era un día especial. Hacía 50 años que un grupo de gente se preguntó en voz alta por la salud de la Tierra, de todos su habitantes, fuesen capaces de imaginar o no. Se preguntaban entonces si la huella de los humanos estaba deteriorando demasiado la salud global del planeta, si ya había sobrepasado lo que era permisible. Ahora saben que los humanos consumimos/malgastamos 1,7 veces lo que ella puede generar intercambiando materias y energías varias. Ahora, desde Global Footprint nos invitan a preguntarnos si preferimos la salud del planeta o su paulatina miseria, de él en concreto poco -seguirá el curso de los tiempos hagamos lo que hagamos-, más de los seres vivos que disfrutamos de sus donaciones continuadas. Así es la vida, un vaivén de bucles de actividad. Las decisiones de dar forma al futuro son individuales y colectivas. ¡Ahí estamos las personas! La degradación ecológica es una tragedia global. Estos últimos 50 años han estado marcados por la barbarie depredadora del planeta. No es necesario poner ejemplos. Miremos a nuestro alrededor o consultemos las hemerotecas.

Ironías de la vida: la tragedia de la pandemia del COVID-19 está teniendo algunos efectos beneficiosos en la salud del planeta. Magro consuelo que no nos alivia la pena pero nos alerta de que la vida actual necesita una reconversión urgente. Mientras tanto, como dicen desde la Islas Canarias, Sigue girando

Reflexivas condolencias de la Madre Tierra

Publicado el

image_pdfimage_print

Hoy era su día, pero seguramente pasará desapercibido en todo el mundo, ocupado en la lucha contra la pandemia vírica. Se me ocurre imaginar los mensajes que nos enviaría para reconfortarnos y a la vez ponernos sobre aviso de nuevos peligros.

Querría negarlo, pero se ve en un mundo de soledad. Apenas escucha sonidos fuera de las ciudades. Ve menos luces en la noche pero siguen luciendo; por eso está segura de que nos encontramos ahí. De hecho, desde su marcado periplo de traslación y rotación, cada día ve más estrellas que pueden guiarnos, antes ocultas tras el aire contaminado. Recuerda, sin resquemor, el pasado compartido con la gente; incluso parece que lo escucha y quiere entender no se qué del futuro. Seguro que le gustaría adentrarse en la mente de los humanos para advertirles que se enfrentan al mayor desafío desde hace muchas generaciones, que a la vez les permitirá entrenarse para el futuro, que no tardará en llegar pues las frecuencia se van a reducir; al menos eso ha escuchado decir a los científicos que la auscultan.

Aprovecharía para ofrecernos su sentido deseo de reconciliación, alertándonos de que nunca debemos separar los caminos tal cual sucedía hasta anteayer. A pesar de que la han acusado de haber liberado el maldito virus que ahora nos mantiene atrapados. Incluso sabedora de que algunos malpensados han entendido la pandemia como una venganza de la Madre Tierra; una madre nunca actúa así. Para quienes lo quieran entender, explica que tenía retenido a este coronavirus, como a otros muchos, en sus ecosistémico mundo, pero la gente empezó a darle dentelladas, abrir trozas y de allí partieron sus bichos que ahora atacan a una parte, sufridora, del conjunto humano que bien podría calificarse como especulador.

Por experiencia sabe que  el futuro es distópico, siempre la entropía ha tenido sus caprichos. Por eso, lanza un entrañable aviso: Aislarse de la Madre Tierra es una aventura de alto riesgo. A la vez nos pide que celebremos su día o mejor una semana, una vez que el agobio pandémico nos deje pensar, pues hay suficientes motivos  para la reflexión terrícola y social, aunque haya transcurrido mucho tiempo desde este 22 de abril de 2020.

Escuelas en suspense pandémico

Publicado el

image_pdfimage_print

Se cerraron las escuelas y las universidades debido a la pandemia. La educación formal intentó combatir la pandemia mediante la formación en Red, en distintas plataformas. Pero no es lo mismo, cuesta entender una escuela sin muros; no estábamos preparados todavía. Las escuelas y universidades han programado actividades para mantener ocupados a los estudiantes, para que “no pierdan curso”. Loable intención si el cierre es corto, envite complicado cuando se alarga como está sucediendo. Las rutinas han funcionado en unos casos, en otros no porque la pereza puede con los deseos, a veces las tareas –empeñadas en lo curricular y tradicional- han sobredimensionado el objetivo de no romper el hábito de querer aprender, siempre difuso cuando la recompensa no se divisa cerca. Transcurridas un par de semanas el alumnado ya habría perdido algo de su motivación; el profesorado dudaría si sus mensajes llegaban bien, si al otro lado se entendería que la situación tan excepcional requería disciplina en el trabajo propio y compromiso. A la vez, buena parte de las familias, que han necesitado estar bastante más implicadas en la educación escolar –seguramente por ello habrán entendido de otra manera el valor de la escuela- se empezarían a despistar porque no sabían cómo desarrollar bien la tarea. Seguro que todos los confinamientos serán difíciles, más todavía en esos domicilios reducidos en donde no es sencillo canalizar las energías de los más pequeños. La tarea escolar es una cosa, se hará mejor o peor; la (con)vivencia diaria otra, pues disfruta y sufre momentos más o menos relajados. Llevamos así más un mes; ya se anuló la socialización, que es el primer argumento de cohesión para el desarrollo, y los niños y jóvenes la necesitan pues la interacción entre semejantes también es profesora. Las redes no las pueden suplantar porque carecen de afectividad. Cabe preguntarse si después de esto la vida será como antes o aumentarán actos de rechazo ante tareas o comportamientos. Habrá que escuchar con detalle lo que dice el ilustre pedagogo Francesco Tonucci sobre el asunto.

Cuando todo esto amaine, y si volvemos siquiera unos días a las aulas para retomar las clases hay una lección sobre la que hablar detenidamente, un buen tema de diálogo para tratar con el alumnado de los cursos más mayores, una experiencia o muchas a compartir entre los más pequeños. Unos y otros deberán comunicar(se) cómo han sido capaces de superarlo, qué estrategias les han resultado más valiosas. Un trance social tan doloroso (apreciable en múltiples emergencias) del que debemos aprender y saber explicar a quienes ahora estudian, para que figure siempre en su libro personal con letras más o menos grandes: viviremos siempre en alguna incertidumbre; otras vendrán, más mortíferas o menos. Los ahora estudiantes habrán de estar preparados, educados en desarrollar hábitos personales dentro de estrategias colectivas. Si se retoman antes del verano algunos días de clase, es necesario concretar si es más importante evaluar contenidos (poner una nota más o menos justa) que reflexionar sobre lo vivido, que siempre enseña si se aprende de forma colectiva. La escuela no debería retomar, en septiembre o cuando sea, el pulso normal como si nada hubiese sucedido. Sin embargo, la educación reglada es esclava de las calificaciones; mal asunto siempre, un tremendo desatino en momentos de múltiples incógnitas.

Ver artículo completo en La Cima 2030 de 20minutos.es