El desarrollo humano es un compendio de incertezas y desigualdades

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Hasta hace unos años, el PIB nos decía si un país era rico o pobre, no hablaba de las personas. Ya está desfasado, aunque en términos económicos siga teniendo su tirón. Ahora le ha restado protagonismo el IDH (Índice de Desarrollo Humano) porque habla de personas (acceso a la educación, desigualdad, género, pobreza multidimensional, etc.) más que de dineros, productos elaborados y vendidos y esas cosas. Nos da una foto más nítida de los países y así podemos comparar los niveles de bienestar. En el último IDH conocido, referido a 2019, Noruega, Irlanda, Suiza, Islandia, Alemania, Suecia, Australia, Países Bajos, Dinamarca y Finlandia ocupan las diez primeras posiciones; España se encuentra en el lugar vigésimo cuarto.

Pero la lectura de los datos no puede ser unidireccional: si hay países que lo tienen mejor, en conjunto y sus habitantes, es a costa del planeta en su conjunto y del resto de las personas de otros países y de los seres vivos. Noruega  cae 15 posiciones en la lista si se incluye la presión que ocasiona al planeta por sus emisiones de dióxido de carbono y la huella ecológica de su elevado consumo, que por supuesto no se queda encerrada en su territorio. Otro tanto se podría decir de Islandia, la cuarta en la lista, que retrocede 25 lugares o Australia, que interconectada con el mundo occidental y formando parte de él pero situada en la antípodas, retrocedería más de 70 puestos.

Resulta que los nórdicos europeos, como el resto de los países ricos, son igualmente depredadores de un planeta que no es propiedad de nadie. Por todo esto, ¡más justicia universal ya!, para que el IDH refleje menos diferencias. Se decía que “el desarrollo desarrolla la desigualdad”, quién sabe si el argumento camina colgado de índices como el PIB, los del banco Mundial o la OCDE, e incluso el IDH 2019. ¡Es hora de cambiar el modelo de crecimiento, desarrollo, vida personal y en común! La pandemia nos lo ha demostrado claramente.

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El plástico no se desplastifica, falla el sistema

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La afirmación viene de la presencia continuada que tiene el plástico en nuestras vidas, más ahora con la pandemia. Todo se ha plastificado para defendernos del agresivo virus y sus consecuencias. Diríamos que se ha revitalizado el papel del plástico. Según un estudio de Environmental Science & Technology, cada mes se emplean en el mundo unos 129.000 millones de mascarillas desechables y 65.000 millones de guantes. Cómo debe ser la odisea de manipular estos residuos es un hospital. Pero claro, la gestión de esos incrementados residuos plantea problemas para los que no estábamos preparados. Consumer y otras ONG han dado alerta y consejos sobre este asunto. También WWF con su campaña «Recoge el guante».

El consumo del plástico ilustra una de las paradojas de la vida: algo que nos causa beneficios puntuales, que nos protege incluso de virus, daña la casa donde vivimos, el medioambiente global. En problema viene porque, como denuncia Greenpeace una parte considerable de los residuos plásticos, ya mucho antes de la pandemia, escapa a su razonable gestión. Cifra en un 25% el total de lo recuperado en España procedente en envases, que son más del 10% de nuestros residuos. Cabe preguntarse que si los envases, que se ven y se usan para guardar algo necesario, escapan a la adecuada gestión, ¡qué pasará con el resto de los plásticos! El reto de desplastificar poco a poco nuestra vida sigue pendiente, cuando han pasado ya tantos años desde que se empezó a hablar del reciclaje. 

 

Qatar y Luxemburgo ya han vaciado su despensa de 2021

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Estos pequeños países son, por las noticias que tenemos emitidas desde el Banco Mundial y organismos similares, dos de los más afortunados en renta per cápita del mundo. Allí hay bastante gente que debe vivir muy bien, o poca que vive muy mal. Pero claro, como en esto del PIB entran variables ligadas a movimientos dinerarios y comerciales, a la hora de prorratear por habitante, son pocos, la cosa sale bien. Digamos que desmesuradamente elevada para lo que sucede en otros lugares.

Pues bien, no es oro todo lo que reluce. El primero consumió los recursos generados por el planeta para el año 2021 en relación con sus habitantes, llamámosle la huella ecológica permitida si hubiera una cosa que se podría llamar estrategia de supervivencia global, el día 9 de febrero; Luxemburgo el 15 del mismo mes. Si todos los países del mundo hiciesen lo mismo ahora mismo nos encontraríamos al borde de una grave extinción. Las diferencias de los niveles de vida entre países es abismal, más todavía en este 2020 que la pandemia ha hecho estragos en muchos. Echemos una mirada a la previsión del Earth Overshoot Day (Día de Sobrecapacidad de la Tierra) para el año presente; en la asignación de días no se tienen todavía en cuenta el impacto de la pandemia, que por lo que se dice va está siendo brutal y se verá reflejada en los datos de los años 2020-2021. 

Tenemos siempre la duda ética de si esto es justicia universal; también hasta cuándo durará el planeta si las prácticas no se detienen. Los países pobres, que tienen huellas menos dañinas para el planeta, no pueden proporcionar una vida digna a sus habitantes, aunque les quede algo en la despensa. Qatar y Luxemburgo, y muchos de los que están representados en la parte derecha de la esfera planetaria y parte de la izquierda, consumen en demasía. Pero claro, unos cuantos guardan en su despensa/bancos muchos dineros que les sirven para comprar el futuro de aquellos que tienen una huela ecológica más llevadera. Para colmo, se nombran muchas veces como modelo y no faltan reportajes televisivos que nos muestran sus derroches/bienestares. No pasa un día sin que dudemos si nos acercaremos a aquello que decía Wangari Maathai: El mundo necesita una ética global con valores que den sentido a la experiencia de vivir. En fin.

La piel del planeta, el arte de las emociones

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Esta entrada quiere ser un reconocimiento a la gente que interpreta el planeta desde las emociones, algo imprescindible en tiempos de crisis. El detonante de su escritura fue el corto Cambio a flor de piel elaborado por el Instituto Pirenaico de Ecología del CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas), de la mano de Graja Producciones. Con sus mensajes hemos compuesto los nuestros, algunos pueden ser de todos, ahora mismo o dentro de poco. Los hay que hablan de que con nuestro calor y humo estamos elevando su temperatura, tanto que el planeta está en alerta pues ya calza otras huellas nuestras. Además el agua grita. El planeta vivo tiene una memoria que está escrita en las páginas de su libro, prestas a ser leídas e interpretadas; un resumen escrito del confuso camino de la vida. El planeta tiene muchas bibliotecas por los lagos, la tierra o en las montañas. También luces visibles u ocultas en los bosques que fueron y no son; en estos nuestros ojos se sorprenden con las heridas de la tierra.

En un artículo que publicamos ayer en La Cima 2030 de 20minutos.es, decimos que el planeta presenta imágenes plenas de estética o contradictorias, por las que viajan placeres y desastres, naturaleza y personas; parece saludable o peligroso, previsible o incierto, etc. En “La sal de la Tierra” se recoge una visión emocionada de la piel del planeta de Sebastiao Salgado, dibujada con trazos diversos. Está accesible en HBO y varias plataformas.

Por esto, y muchas más cosas nos atrevemos a decir, copiando a Vicente Huidobro que «el planeta que atravesó la noche no se reconoce al salir por el otro lado, y mucho menos al entrar en el día».

El sí de las niñas a la ciencia no puede esperar

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Sabemos que ya pasó su día dedicado, pero por eso queremos volver a decirlo: sí valen, disponen de valiosas capacidades, las necesitamos, a las mujeres en puestos de relevancia científica. Unas pocas han llegado, otras muchas, muy preparadas, se vieron obligadas a dejarlo porque el entramado social no se esfuerza en colocarlas donde merecen. El pasado día 11 se recordó en todo el mundo la aportación de las mujeres a la investigación científica, la necesidad de acercar a las niñas a ese campo de cultura e investigación. Dado el retraso que llevamos en ese cometido, urge darle un impulso general. Cuesta vencer los estereotipos, pero la ciencia es universal, no caben en ella desigualdades de género. Quienes lo duden que visiten en Youtube la cantidad de aportaciones que provocó ese día, muchas impulsadas por las universidades. Conocerlas todas nos llevaría varios días. Guardémonos una copia para revisarlas de vez en cuando y no olvidar el asunto.

No estaría de más que se leyese el artículo «La ciencia necesita a las mujeres (y los datos lo demuestran)« publicado en Ethic. Escuchemos lo que dijo Margarita Salas, enterémonos de algo sobre lo que trabajó, que ha tenido un alcance universal: eso del ADN y algo de proteínas. No siempre lo tuvo fácil, por el hecho de ser mujer. O disfrutemos del mensaje de Jane Goodall. Son sólo dos ejemplos. Además, quienes sean docentes o madres o padres de familia, pueden revisar con sus hijas e hijos la selección sobre mujeres y medio ambiente que ha realizado el Cdamaz (Centro de Documentación del Agua y Medio Ambiente del Ayuntamiento de Zaragoza). 

La entropía planetaria y nosotros en medio; ya lo intuyó Mafalda

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El planeta Tierra es algo multiforme. Cada cual lo percibe a su manera, según intereses concretos y saberes más o menos cultivados. Mafalda lo veía achacoso, le hacía muchas preguntas para resolver cuestiones para ella incomprensibles. El personaje de Quino no había caído en la cuenta, lo barruntaba pero nadie se lo había explicado, que la Tierra se encuentra en una entropía permanente, cambia (evoluciona, se transforma) a cada instante. Quino, Mafalda, se ocupó de ella en muchas viñetas: le adhirió un cartel donde ponía irresponsables trabajando; le dio la vuelta colgada del polo Sur para imaginarla diferente; le colocó macetas con plantas al lado para hacerle la vida más placentera y restituirle un poco la masa vegetal perdida; también quiso embellecerla con cremas para darle otro aspecto a su ajada piel. En una ocasión le pidió que parase de girar porque ella quería bajarse del mundo. Incluso la imaginó tan enferma, después de escuchar las noticias en la televisión, que le puso el termómetro para ver si tenía calentura. 

Por ahí se dice que es un conjunto unitario –formado por una infinidad de seres vivos, relaciones, intereses y muchas más cosas geológicas y astronómicas-. Con tanta complejidad no puede ser perfecta cada día, al menos no tiene la prestancia que querríamos para cada uno o para todos. Es más, nosotros no hacemos otra cosa que añadir nuevas variables, antrópicas, a su deambular entrópico. Los ciclos se combinan con episodios. 

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STOP: biodiversidad amenazada clama oportunidades

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Conocemos que el paso del tiempo ha cambiado innumerables veces la imagen global de biodiversidad; seguro que enseguida nos vienen a la memoria los dinosaurios y otras extinciones espectaculares. En cualquier momento y lugar se manifiesta, exhibe tanto su potencial como una belleza que complace los ojos, a la vez asoma una vulnerabilidad creciente. Lo bello, que es el acuerdo entre el contenido y la forma en palabras del dramaturgo noruego del XIX Henrik Ibsen, es frágil. No podemos resignarnos a perder lo bello o lo útil.

Pues bien, está en serio peligro. WWF, en su informe Planeta vivo 2020, alerta de la caída de un 68% en “21.000 poblaciones salvajes (de mamíferos, aves, peces, reptiles y anfibios) monitorizadas entre 1970 y 2016”. La FAO, con una mirada diferente, hacía hincapié en El estado de la biodiversidad para la alimentación y la agricultura en el mundo, en que se detectan “pruebas crecientes y preocupantes de que la biodiversidad que sustenta nuestros sistemas alimentarios está desapareciendo, lo que pone en grave peligro el futuro de nuestros alimentos y medios de subsistencia, nuestra salud y medio ambiente”. Ecologistas en Acción habla de que España fracasa en la meta para detener la pérdida, sobre las relaciones entre biodiversidad y cambio climático, de luces y sombras de la estrategia europea, de la enorme y creciente tasa de extinción de los insectos. Hay muchas más voces que claman por lanzar políticas que limiten las extinciones, para que el saber el estado real se convierta en oportunidad de actuar ya.

Por cierto, hablando de biodiversidad nunca debemos olvidar a Rachel Carson y su Primavera silenciosa, de cuya primera edición se van a cumplir pronto 60 años. Ella iluminó al ecologismo protector de la biodiversidad, entre otras cosas, para transitar desde las amenazas a las oportunidades.  Su luz todavía continúa encendida. En nuestra mano está la búsqueda de oportunidades, la manera de limitar las amenazas.

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Los misterios de la naturaleza generan emociones y deseos

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La naturaleza nos seduce quizás por guardar una parte de sus enigmas. De una forma u otra nos atrae. Una vez allí invita a asomarnos a alguna de sus claves. Supongamos que desvelamos una o varias; se nos abrirán otras. Es posible que no resultase tan atractiva si no estuviese adornada de ocultaciones. Acaso por eso siempre haya impregnado culturas y religiones. Jean-Jacques Rousseau ya alababa sus misterios; antes, Galileo barruntaba que el gran libro de la naturaleza revelaba símbolos matemáticos.Ahora mismo, a la vez que viaja por las redes sociales, miles de científicos quieren desvelar sus entresijos; insisten en buscar secretos para hacérnoslos comprensibles.

A menudo se nos presenta grande e inabarcable. Sin embargo nos queremos sentir dentro –pequeños y con limitada capacidad de entenderla bien–. Acudimos frecuentemente a su encuentro, siquiera con el pensamiento. La anhelamos más todavía en estos meses en los que el horizonte vital se nos ha limitado con confinamientos y peligros. Percibimos una imagen de sus ritmos, que encontramos o no según situación personal y lugar. Lo sentido por cada cual se podría calificar como una especie de artesanía, algo evocador de esas obras maestras que nos aportaron la literatura o tantos pintores desde antaño; o ahora pregonan los naturalistas y los documentales tipo BBC o National Geographic. El paisaje representado llega a provocar sentimientos; por eso reconforta emociones, o ayuda a crearlas si faltan.

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Los humedales, museos y catedrales de biodiversidad; pero con agua

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El titular viene a cuento del lema del Día Mundial de los Humedales del año 2020. Como después pasó lo que pasó, las buenas intenciones quedaron en suspenso por la maldita pandemia. Por eso volvemos a recordar lo que se decía ese febrero del año 2020. Lo de catedrales no va es gratuito; estamos hablando de los humedales, que son lugares representativos de la biodiversidad, como algunos lugares no religiosos a los que se asigna el atributo. Lo de museos tampoco debe tomarse en sentido estricto, de acumulación de obras artísticas, que lo son todas las que por allí están o transitan. En este caso nos referimos a espacios en donde se puede observar la biodiversidad en interacción entre distintas especies, entre ellas y el lugar físico. Esto es, el ecosistema acuático y sus aledaños; El agua facilita mucho las cosas a la vida diversa. Las obras de arte vital van y vienen, siguen sus ritmos estacionales, se ven acompañadas de la meteorología y dedican todo su tiempo a asegurar que la especie sobreviva. Frente a ellas estamos nosotros, también cabría decir a su lado.

Dicen que hoy es el día de los humedales; bueno, el que se recuerda que se firmaron una serie de protocolos que deberían protegerlos. La Convención sobre los Humedales, Ramsar para abreviar debe su nombre a esa ciudad iraní, sede en el año 1971 de las conversaciones y firmas consiguientes. Aquí un vídeo que lo explica. Por si lo quieren mostrar en clase los maestros y maestras que nos siguen.

La misión de salvaguarda va lenta, unos humedales tienen más suerte que otros. A decir verdad hemos mejorado bastante en la protección pero a la vez las masas vivas ligadas al agua soportan tropelías que crecen sin parar, en cualquier lugar del ancho mundo. Se cometen también con el agua, el eje alrededor del que gira todo. Cualquiera que piense sobre el asunto dirá con razón: si se cargan el continente, como se podrá albergar el contenido. Debe ser por eso que este año 2021 se ha elegido como lema «Los humedales y el agua«.

Para quienes no están muy enterados del asunto, aquí va un resumen preparado por WWF. Pero a nosotros nos gusta especialmente el mensaje que ya en el año 2013 se lanzó a la consideración mundial: los humedales cuidan el agua. Aunque solamente fuera por eso, siendo tan egoístas como somos los humanos y cerrando los ojos al escenario de biodiversidad que atesoran los humedales, merecerían una atención especial. ¡O no? Pues eso, que la celebración no se quede en un simple gesto. Viajen por Internet en su busca y disfrute. Échenle una ojeada a nota informativa de Ramsar y entenderán porque la gente ligada a la ecología está tan preocupada. A este paso ni museos ni catedrales, y casi sin agua que pueda llamarse tal.

 

Resistir en las burbujas escolares

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No debe resultar sencilla la gestión diaria en un centro escolar, da lo mismo de enseñanza obligatoria que universitaria, y en las escuelas infantiles. Por allí conviven miedos con alertas varias, prevenciones con despreocupaciones. Cada día será diferente, por más que el entramado anti covid sea parecido. El fugaz tránsito por los lugares comunes se convierte en una experiencia laberíntica; salir de un sitio más o menos protegido para llegar a otro con similares características. Cuesta relajarse para disfrutar de lo que se hace, en este caso enseñar y aprender. El placer de ambas sensaciones tiene ahora armadura, no solamente en forma de mascarilla en las caras del profesorado y el alumnado. Todos conocemos el valor de una sonrisa en el cometido educativo.

Dicen que se van incrementando el número de aulas cerradas. Dicen, porque la información se gestiona de forma distinta según su emisor, tanto que los receptores apenas escuchan; desconfían. En unos sitios un simple caso es motivo para cerrar la escuela, en otros no se sabe nada. En unos centros todas las clases son presenciales en secundaria y bachillerato, en otros las familias presionan y el profesorado no encuentra un lugar físico para ubicar con garantías de seguridad al alumnado. Hay recomendaciones por ahí que aconsejan al alumnado no formar corrillos en los recreos, otras piden no apelotonarse en las universidades para acudir a los cuestionados exámenes. Pero cuidado cuando las cifras van para récord como recoge hoy mismo El Diario de la Educación

Todo esto es nuevo, y lo nuevo a la vez que previene asusta. En algunos países como Portugal cierran las aulas, a la espera de tiempos mejores o porque desconfían de que las burbujas escolares se rompan por la entrada de punzantes virus. Resistir es vencer, dijo alguien, pero cuesta tanto.

Mientras otros sectores sociales o laborales esgrimen sus afecciones y pérdidas y claman por soluciones varias, algunas contrarias a las normas sanitarias, el entramado educativo permanece silencioso, intentando aportar lo que mejor conoce: la profesionalidad en la tarea bien hecha. ¡Qué decir de las maestras y auxiliares que atienden en guarderías a niños y niñas de 0 a 3 años!

Sin duda la educación merece más atención social y parlamentaria, máxime si junto con las prevenciones llegan recursos suficientes y algunos afectos; y una continuada información veraz. Desde aquí no nos cansaremos de repetir nuestra gratitud al profesorado y al alumnado por implicarse en el mantenimiento de las burbujas, en la confección de paredes más sólidas en su idealizada estancia para laminar los contagios y evitar posibles fallecimientos de fuera de las aulas. Se merecen que la suerte acompañe.

La calidad del aire deteriora la salud, más en las ciudades

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En la crisis pandémica que tanto nos golpea se está demostrando que en su propagación tiene una alta incidencia la calidad del aire respirado. Se ha escrito mucho sobre la permanencia de aerosoles en espacios cerrados, de cómo el virus se ha propagado desde el aire espirado al inspirado, de la peligrosidad de ciertas concentraciones, como ha insistido una y otra vez el investigador José Luis Jiménez. Se ha evidenciado su incidencia con contagios y problemas posteriores, incluso con fallecimientos. También se ha conocido que la calidad del aire urbano tiene una carga en la salud, incluso se han relacionado ciertos parámetros a muertes evitables. Además, no han faltado investigaciones que relacionan lo uno con lo otro. Por eso en esta entrada queremos proponer un esfuerzo colectivo para mejorar el aire urbano, es decir, la salud colectiva.

El Ranking ISGlobal de ciudades, cuyos resultados se han publicado en The Lancet Planetary Health concreta la contaminación en ciudades de más de 31 países europeos debida a partículas finas (PM2,5) –en este caso afirma que el 84% de los habitantes de estas ciudades están expuestos a niveles superiores a los que marca la OMS-  y en dióxido de nitrógeno (NO2). Se estimó que, en 2016, más de 400.000 muertes (equivalentes al 7% de la mortalidad anual) en Europa se podían atribuir a la exposición acumulada a las partículas citadas mientras que más de 70.000 muertes (equivalentes al 1% de la mortalidad anual) fueron atribuibles a la exposición al dióxido de nitrógeno. Es más, el informe afirma que reduciendo drásticamente los niveles de las primeras se podrían evitar 125.000 fallecimientos al año y otros 80.000 limitando el porcentaje del segundo. Muchas capitales fallan, lastiman la salud de sus habitantes; Madrid y Barcelona entre ellas. Pero no se quede ahí. Chequee cómo está el aire de su ciudad.

Puede ver el artículo completo en La Cima 2030, de 20minutos.es.

El infinito de la Educación Ambiental

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La Educación Ambiental (EA) es muy variopinta en sus formas, a la vez enorme o diminuta en sus dimensiones, en sus afectos y emociones. No podría ser de otra manera pues educar sobre el medioambiente, del cual nunca se conocerán los límites, así lo requiere. La EA, tal que infinita, debe estar en todos lados; incluso estas dos ideas, extensión y dimensión cualitativa, no dejan de ser una analogía. Pero cuidado, no sea que tanto buscarla e intentar ampliarla se nos haga vaga, se vaya alejando de su sentido primero. ¿Cuál era? O por el contrario, a través de insistir en ella acopiemos energía de la gente con la que la buscamos; es nuestra gran pasión y como tal no tiene frontera. Acaso, en una mala copia socrática, podríamos decir que en cualquier dirección que la recorramos nunca encontraremos la terminal. El mero intento de cambiar las reglas del mundo, ¿no es eso lo que busca la EA?, es moverse hacia el infinito, máxime si se quiere impulsar mediante la educación.

Cada día que viene es nuevo, la EA debe reinterpretarse; siempre proceso inacabado. Eso es algo que algunas veces se nos olvida, máxime en nuestra cultura tan supeditada a objetivos cuantificables. ¡Ya está logrado!, pero no. A la vez, le concedemos el mayor valor que se pueda, se trata de vivirla; no puede tener una cantidad asignable de intenciones o logros. Como también son incontables las gentes que la buscan y los medios sobre los que transitan. ¡Qué difícil resulta dimensionar lo infinito! Nunca la EA, a nuestro pesar, podrá explicarlo todo, porque hay demasiadas cosas que escapan a la razón humana.

Tan grande es y tanto se extiende que en ocasiones la asimilamos a sostenibilidad, por eso de los ODS. También en este caso es permanente, sin fin; durable o sustentable como la caracterizan por tierras americanas. Por eso quedaría mal reducirla a un signo, ese ocho volteado que dicen que tiene relación con la religión o la alquimia. Es más bien una lemniscata abierta, la cinta que nunca se acaba. En cierta manera similar a la que nos regaló la escritora Irene Vallejo a propósito de los libros en El infinito en un junco, de quien somos deudores en la composición de esta entrada.

26 de enero, al menos un día para dar protagonismo a la Educación Ambiental, en un calendario de innumerables hojas. 

El mar Caspio, uno de los olvidados en las crisis ecológicas

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Incierto futuro espera a muchos ecosistemas por todo el mundo. Unos pocos gozan de más presencia en los medios de comunicación o en las campañas de los ecologistas. Aun así nada tienen asegurado. La velocidad de los infortunios les impide recomponerse a tiempo antes de desaparecer, o de cambiar tanto que son irreconocibles.

Peor todavía lo tienen aquellos enclaves que apenas salen en los medios de comunicación, o que los mandatarios de los países que los albergan practican el enmudecimiento informativo. Ni siquiera son «adoptados» por alguna ONG combativa. Por eso hemos querido llevar a la escuela lo que está pasando en el mar Caspio y sus aledaños, para que al menos el alumnado no permanezca en la ignorancia. Recordemos el precedente del mar de Aral, otro lago tan importante que merecía llamarse mar.

El Caspio se enfrenta a grandes peligros: extracción de petróleo (plataformas, vertidos), construcción de islas artificiales y contaminaciones diversas debidas a la actividad agrícola e industrial intensa y sin control, vertidos de ciudades que no depuran. Y sobre todo, la pérdida de agua –algunos estudios impulsados por el PNUMA hablan de que el nivel bajará 18 metros durante este siglo- por evaporación y menos aportaciones de los ríos, lo cual llevará a un aumento de la proporción de contaminantes, una disminución del oxígeno disuelto y la consiguiente pérdida de vida.

Leer el artículo completo, con la propuesta de tratamiento escolar, en el blog Ecoescuela abierta, de El Diario de la Educación. 

El caro cambio climático, ruinoso en salud y para la economía

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No resulta sencillo reconvertir una vida global, dentro de la inercia internacional, para disminuir la velocidad del cambio climático, que ya está aquí. Cómo será dentro de un tiempo, difícil de prefijar, depende del valor que demos a nuestras acciones u omisiones. Siempre resultará caro, por el esfuerzo que supondrá después de tantos años de manga ancha en la percepción colectiva de las afecciones ambientales.

Hay un escenario muy visible y a pesar de eso menospreciado: los graves perjuicios a la salud humana. De ello se ocupaba un artículo publicado en The Lancet hace poco más de un año en unos escenarios que valoraban tanto la adaptación, planificación y resiliencia para la salud como las actuaciones de mitigación y cobeneficios para la salud, además del análisis de indicadores en otros tres aspectos básicos: impactos, exposiciones y vulnerabilidad del cambio climático; economía y finanzas; y participación pública y política.

Decía el mismo artículo que El costo económico proyectado de la inacción para abordar el cambio climático es enormePor ejemplo, en comparación con mantener un límite de 2 ° C, se espera que los costos de calentamiento de 3 ° C alcancen los cuatro  billones de dólares por año para 2100 (alrededor del 5% del PIB mundial total en 2018), y los costos económicos totales de un aumento de 4 ° C se estiman en 17,5 billones de dólares (más del 20% del PIB en 2018)”. Insistía, como se ha hecho desde muchos ángulos de la ciencia y la economía que “la inversión para mitigar el cambio climático reduce sustancialmente estos riesgos y genera más beneficios económicos”. ¿Por qué no se hace?

Leer el artículo completo en La Cima 2030 de 20minutos.es.

La nieve también tiene su día mundial

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El tercer domingo de enero suele dedicarse al Día Mundial de la nieve. Nos imaginamos que el asunto nacerá de algo relacionado con los deportes de invierno, con la promoción comercial de las estaciones de ski, pero se puede aprovechar para reflexionar acerca de  la atracción que ejerce sobre la gente; la alegría de ver nevar debe esconderse en recónditas tradiciones. Gabriela Mistral le dedicó un sentido poema en el que la llamaba divina criatura. Amado Nervo, en tiempos del modernismo, le escribió una jaculatoria que hemos de leer despacio y descifrar.

¡qué milagrosa es la naturaleza!
pues, ¿no da luz la nieve? inmaculada
y misteriosa, trémula y callada,
paréceme que mudamente reza
al caer… ¡Oh nevada!:
tu ingrávida y glacial eucaristía
hoy del pecado de vivir me absuelva
y haga que, como tú, mi alma se vuelva
fúlgida, blanca, silenciosa y fría.

Otros muchos escritores nos dejaron pasajes personales sobre su quieta faz. Algunos como Gómez de la Serna hacen con ella greguerías: de la nieve caída en los cielos nacen los cisnes. La colisión de la borrasca Filomena y los aires fríos desprendidos del vórtice polar han cubierto de nieve la península Ibérica, dejando una estampa admirada, a la vez que un caos de movilidad y otras cosas que todavía no ha acabado, diez días después. La capital de España sigue medio paralizada por la nieve, que para más de uno será la antítesis de los poemas antes mencionados. Acaso estaba pensando en ellos el polifacético mexicano José Tomás de Cuéllar cuando en el siglo XIX le dedica un poema que empieza diciendo «¡Qué triste es ver la nieve…

Nieve que va y viene, o se queda combinando emociones e inconvenientes, . Para recordarla en su día, sea promocional o no, nos queda la reflexión pausada del poema «Revolución» de León Felipe.

Siempre habrá nieve altanera
que vista el monte de armiño
y agua humilde que trabaje
en la presa del molino.
Y siempre habrá un sol también
un sol verdugo y amigo
que trueque en llanto la nieve
y en nube el agua del río.

De otras obras que nos pintan la nieve nos quedamos con Pieter Brueghel el Viejo y con Goya. Disfrutemos de su contemplación. ¿Quién sabe si año de nieves año de bienes? Ojalá.